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lunes, 23 de marzo de 2026

El celo asturiano

 


El celo asturiano 

La historia del Club Asturias arranca en Rivadesella, el pueblo asturiano donde nació Antonio Martínez Cuétara, su futuro artífice. Ya instalado en México, repartía el tiempo libre que le dejaba su empleo entre dos aficiones: una, las lecturas sobre espiritismo, teosofía, masonería y temas afines; la otra, el fútbol. 

En 1914 se hizo socio del Deportivo Español, cuna de resentidos con el Club España, y desde ahí planeó la formación de un club que congregara a todos los residentes asturianos, que entonces conformaban la mitad de la colonia española en México. El 7 de febrero de 1918 reunió a un grupo de paisanos en su casa de la calle de La Amargura 52 y los convenció de la urgencia de formar un club que representara los colores de la patria astur. Constituida la primera mesa directiva, anunciaron su intención de dar apoyo al deporte, "especialmente al emocionante y populoso sport, el foot-ball". 

A fines de julio de 1918 el Club Asturias solicitó entrar a la Liga Mexicana Amateur de Association Foot-Ball (LMAAFB). La liga respondió que de acuerdo con los estatutos deberían disputar tres encuentros con equipos de primera categoría para evaluar su nivel de juego. Los astures obtuvieron buenos resultados: derrotaron al Germania 3-0, empataron con el América 3-3 y vencieron al Tigres 1-0; sin embargo, su solicitud fue rechazada. 

Nunca se aclararon las causas del fallo, pero es muy probable que el Club España se opusiera, al sentir amenazados los privilegios de que gozaba como único representante de la colonia española. En respuesta, los asturianos, encabezados por Antonio Martínez Cuétara, mejor conocido como "Chicorro", quizás por su baja estatura y su aspecto de niño calvo, se lanzaron a la aventura de formar su propia liga. 

En una junta celebrada en el Orfeón Catalán quedó constituida la Unión Nacional de Association Foot-Ball, en la que participarían equipos como ABC, Blanco y Negro, San Cosme, Cataluña y Águila de Pachuca. Construyeron su campo en el Paseo de la Reforma, justo frente a la casa de don Venustiano Carranza, y anunciaron la entrada gratuita a sus juegos. Tal medida afectó los bolsillos de los dirigentes de la Liga Mexicana, especialmente del España, dueño del parque oficial. Ante esta presión, tuvieron que ceder. Aceptaron al equipo azul y blanco, que debutó en el torneo 1919-20.

Obsesionados con la idea de ganarle al España, contrataron de Escocia a míster Gerald Brown, un excelente entrenador que trajo a los pastos mexicanos lo mejor del estilo escocés. Lo acertado de esa medida se reflejó en la participación del Club Asturias en la Copa del Centenario, en 1921, donde deslumbraron al público con un fútbol nuevo, de fulminantes combinaciones, calificados de matemático y científico, en el que las cargas violentas no existían, ni tampoco los pelotazos sin más. Ese mismo año los asturianos le arrebataron a España la Copa Covadonga y al siguiente le ganaron el campeonato de liga. Sus deseos se cumplieron, pero a partir de entonces el fútbol ya no tuvo el mismo sabor para ellos.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

jueves, 12 de marzo de 2026

La dinastía azulcrema

 


La dinastía azulcrema 

En 1918 existía preocupación en el medio futbolístico por la falta de equipos que ofrecieran mayor oposición al Club España. El inglés Percy C. Clifford, figura central de la etapa pionera, pensaba que la gente terminaría alejándose de los campos, aburrida de ver ganar siempre y con tanta facilidad a los españoles. Lo que mister Clifford no imaginaba era que el equipo que iba a romper la hegemonía españolista acababa de debutar en la liga: el Club América

Para 1916, en los colegios particulares de la capital la práctica del balompié era un asunto cotidiano. De esos ambientes escolares surgió el Club América, resultado de la fusión de dos equipos ligados al Colegio Francés de los hermanos maristas. Uno era el Récord, encabezado por los alumnos Germán Núñez Cortina y Rafael Garza Gutiérrez, quien habría de heredar como apodo el nombre del equipo; el segundo era el Colón, que entrenaba el profesor Eusebio Cenoz, quien sugirió la formación de un solo conjunto. Para ello se convocó a una junta en los llanos de la Condesa el 12 de octubre de 1916 y ahí reunidos los 22 jugadores, sin pensarlo demasiado, eligieron el nombre de América para el nuevo club. 

La liga los aceptó en la temporada 1917-18, luego de que consiguieron un inesperado empate frente al España. Quedaron en último lugar. Influidos por el profesor Cenoz, y otros miembros del Colegio Francés, decidieron llamar Unión al equipo. Las cosas no mejoraron y al finalizar la campaña 1919-20, un grupo de jugadores rompe con sus tutores franceses y decide regresar al nombre original. Inicia entonces la fama de los muchachos azulcrema. 

A partir de 1920 empezó a formarse el cuadro base que les permitiría aspirar al campeonato. Las primeras adquisiciones fueron Enrique "La matona" Esquivel y Horacio Ortiz, que venían del extinto Pachuca. Después recibieron a un grupo de orizabeños muy experimentados que estudiaban en la capital. El primero de ellos en ponerse la camiseta crema fue Firpo Nadal, que llegó en 1923. Luego le siguieron Ernesto Sota, Juan Terrazas y los hermanos Cerrilla. El equipo había ganado en fortaleza física y velocidad. La falta de técnica la suplían con empuje y agobio al contrario que, por lo general, acababa siendo arrollado. 

Entonces comenzó el verdadero despegue del club, que conquistó cuatro títulos de manera consecutiva, empezando por el de 1924-25. Por fin un cuadro formado exclusivamente por mexicanos se imponía a los orgullosos españoles y además los mantenía alejados del título por cuatro años. Eso le dio un nuevo interés al fútbol y permitió que las tribunas volvieran a llenarse.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 2 de marzo de 2026

Dominio hispano

 


Dominio hispano 

El entusiasmo que despertó el Club España se vio reflejado en la cantidad de equipos formados por hispanos que comenzaron a proliferar por toda la ciudad. El club los adoptó y abrió sucursales en distintas zonas de la capital. En 1916 había uno en San Antonio Abad, otro en la colonia Guerrero, en Santa María la Ribera, en San Cosme y una más en la prolongación de las calles de Bolívar. 

Ese efervescencia futbolística se extendió a otras ciudades del país con fuerte presencia ibérica, como Tampico, Torreón, Tuxpan, Veracruz, Villahermosa, Oaxaca, Puebla y Pachuca, donde los residentes españoles formaron sus propias oncenas, integrando en 1918 una Confederación Deportiva, comandada por el Club España de la capital. 

De su fuerza deportiva hablan los nueve campeonatos que lograron entre 1912 y 1922, jugando un fútbol simple, nada vistoso pero muy efectivo, basado en la fortaleza física y en la valentía para entrar a rematar los centros que enviaban los extremos, conocidos en aquellos tiempos como alas. Intentaban pocas combinaciones y preferían el rápido pelotazo al área enemiga; con ellos el balón permanecía poco tiempo pegado al pasto. 

Entonces se decía que el Club España jugaba "feo, pero ganaba" y que sus triunfos se debían antes que nada "al nervio de la raza, coraje y amor propio". Entre los más destacados jugadores de aquellos años se recuerda a Enrique Gavaldá, "El Portero Caballero", a Lázaro Ibarreche, "El Chuteador As del Fútbol Mexicano", a Eladio Olarra, "El Jugador Ardilla", por su gran rapidez y astucia para buscar el gol, y Antonio y Jaime Arrechederra, "Los Hermanos Terremoto", por más de diez años el mejor dueto defensivo de México. 

La pérdida del título de la temporada 1922-23 ante el Asturias fue la primera señal de que la era del dominio españista estaba llegando a su fin. Dos años más tarde cedieron para siempre su trono ante un grupo de jóvenes impetuosos que fundó la primera dinastía futbolera mexicana

El Club España tardó en aceptar que su fútbol había envejecido y por ello vivió una larga decadencia, hasta que en 1934 resurgió con jovencitos de su cantera que dominaban las claves modernas del balompié. 

Pero esa es otra historia.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

jueves, 19 de febrero de 2026

Del mostrador a la realeza

 


Del mostrador a la realeza 


El ascenso del Club España marcó una nueva época, en la que el fútbol rompió de manera definitiva el aristocrático cascarón inglés y se convirtió en un asunto de la calle. La comunidad española, mucho más integrada a la sociedad mexicana, se encargó de difundir el nuevo juego por todos los vecindarios de la Ciudad de México. 

La idea de un equipo formado únicamente por españoles surgió dentro del Club México de San Pedro de los Pinos. Ahí jugaban Francisco Arias, Ramón Lanza, Pedro Bargay, Francisco Gómez Alonso y Rafael Hernández, cinco jóvenes hispanos empleados de distintas casas comerciales de la capital, quienes el 20 de marzo de 1912 levantaron el acta constitutiva del Club España. Su capital no ascendía a más de 20 pesos, dinero que les permitió adquirir su primer balón y unos palos para las porterías que plantaron en un terreno de Santa María la Ribera, en las calles de Fresno y La Rosa. 

Ese mismo año, 1912, entran a la liga y consiguen, una tarde gris de noviembre, su primer triunfo nada menos que contra el poderoso Club Reforma. Se mudan a un campo de la Condesa, ubicado donde hoy se encuentra el Parque España, que adornan con una sencilla caseta en la que los jugadores se cambiaban de atuendo. 

Casi al año de la fundación del club eligen a su primera mesa directiva formal, la cual encabeza don Julio Alarcón, un comerciante vasco que logra aumentar el número de socios de 20, en 1913, a 83, en 1914. También en esa época llegan jugadores que se convertirán en pilares del equipo, ayudándolo a alcanzar su primer título. 

En noviembre de 1914 conquistan el bicampeonato al derrotar 2-0 al Pachuca en el campo del Club Reforma, ante una asistencia de cinco mil espectadores, algo que nunca se había visto en un partido de fútbol. La oncena se mete en el ánimo y las conversaciones de toda la colonia hispana. Llega la popularidad, los jugadores salen en hombros de la cancha y la gente los saluda en la calle. Españoles de todos los estratos, desde el mozo de cantina hasta el dueño de los almacenes Fábricas de Londres, se afilian al club, que logra una membresía de 1500 socios. 

La racha de títulos continuó. Para 1918 algunos reconocían que el ejemplo de los éxitos deportivos del equipo había influido en el cambio de hábitos de los muchachos españoles, cuyos "espíritus maltrechos y envilecidos por las duras tablas del mostrador" obtenían con el deporte un estímulo positivo que los alejaba de "tabernas y prostíbulos, de plazas de toros y juegos de toda clase". Ahora, decían, el centro de sus intereses era el campo de fútbol. 

Gracias a ese reconocimiento, el Club España ganó no solo las simpatías de los hombres ricos de la colonia sino también su apoyo económico, el cual les permitió inaugurar el 17 de mayo de 1919 su lujoso casino en la calle de Bolívar. Su fama llegó, incluso, a oídos del Rey don Alfonso XIII, quien le concedió el título de "Real" el 3 de diciembre de 1919. La colonia española vivía una euforia futbolística que no tardaría en contagiar al resto de la sociedad.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

jueves, 14 de agosto de 2025

Consuelo Guerrero de Luna

 


Consuelo Guerrero de Luna 

(actriz)

(1905-1972, Madrid, España). Actriz cómica de procedencia escénica, encontró eco en nuestro país luego de salir exiliada a raíz de la guerra civil en su patria. Supo imponer inteligencia, humor elegante y estupendas caracterizaciones como mujer de clase alta, envuelta en situaciones comprometedoras a partir de ¡Ay qué tiempos señor don Simón! (1941) y El gendarme desconocido (1941). De hecho, Consuelo Guerrero de Luna fue una notable actriz de apoyo en cintas de la belle epoque como Yo bailé con Don Porfirio (1942) y El globo de Cantolla (1943) o curiosas zarzuelas como La corte del faraón (1943). Fue nominada al Ariel como mejor actriz de cuadro por Su última aventura (1946) con Arturo de Córdoba y resulta memorable en la farsa feminista Arriba las mujeres (1943), al igual que en La liga de las muchachas (1949) y como una de las tantas señoras ricas engañadas por De Córdoba en la cinta En la palma de tu mano (1950) y también destacó como la mujer del boticario seduciendo a Tin Tan en Las aventuras de Pito Pérez (1956). 

Rafael Aviña


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

viernes, 6 de junio de 2025

Prudencia Griffel


 Prudencia Griffel 

(actriz)

(1880-1970, Lugo, España), Era una veterana del teatro cuando hizo su debut en el cine con Viejo nido (1940). Su aspecto bondadoso y canosa cabellera la ubicaron en el tipo de personajes con los cuales los productores la ponían a competir con Sara García que era la "abuela oficial" del cine mexicano. Esa longevidad le sirvió para recorrer varias décadas haciendo historias melodramáticas aunque también exhibió su buena disposición para la comedia como lo prueban dos títulos que filmó con el director Gilbert Gilberto Martínez Solares: Internado para señoritas (1943), y El globo de Cantolla (1943). En varias ocasiones le enfrentaron con Sara García y el resultado fue un triunfo para ambas actrices como en La tercera palabra (1955), Las señoritas Vivanco (1958) y su secuela El proceso de las señoritas Vivanco (1959). 

Mauricio Peña


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

domingo, 25 de mayo de 2025

Manolo Fábregas


Manolo Fábregas 

(Actor)

(1921-1996, Vigo, España). Nieto de la gran diva del Teatro Virginia Fábregas e hijo de otra gran actriz cinematográfica Fanny Schiller, obtuvo sus primeros aplausos desde la niñez. A los 13 años y por invitación del director norteamericano David Kirkland, hace su debut en Pecados de amor. Pero hasta los 18 años otros directores mexicanos le confían personajes de mayor importancia como El hotel de los chiflados con Carlos Orellana y El cementerio de las águilas con Jorge Negrete, ambas de 1938. Encasillado en papeles de Don Juan, en comedias o melodramas fue hasta Mujeres sin mañana, de Tito Davidson, en 1951, que le encargaron papeles estelares. También hizo películas en España: con María Félix, La noche del sábado (1950) y con Amparo Rivelles De mujer a mujer. Casado con Rafaela Salinas Fábregas procrearon, cinco hijos, dos de ellos actores, Rafael Sánchez Navarro y Mónica Sánchez Navarro.

Mauricio Peña


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000) 

domingo, 15 de septiembre de 2024

Luis Buñuel

 


Luis Buñuel 

(director y argumentista)

(1900-1983, Aragón, España). Inmerso en el movimiento surrealista, en 1928 hizo El perro andaluz, escrita junto con el pintor Salvador Dalí. Dos años más tarde, dirigió La edad de oro que provocó escándalo a causa de su inconformismo. La película fue prohibida y Buñuel se trasladó a Hollywood. En 1946 llegó accidentalmente a México donde debutó con la película Gran casino, con Jorge Negrete y Libertad Lamarque. Aquí realizó su segunda carrera, donde filmó un total de 20 películas. En 1949 adquirió la nacionalidad mexicana y un año después dirigió Los olvidados, violenta denuncia del problema de la infancia abandonada y delincuente, la cual constituyó su primera obra personal. Además de la dirección de las cintas, participó en la creación de los argumentos, por ejemplo, con Luis Alcoriza hizo el guion de Subida al cielo (1951), con Felipe Roll la adaptación de la novela de Daniel Defoe, Robinson Crusoe, ganadora del Ariel en 1952 y en 1953; además realizó Abismos de pasión y La ilusión viaja en tranvía, con Mauricio de la Serna y José Revueltas, respectivamente. Entre sus magnas obras también se encuentran Ensayo de un crimen (1955) y Nazarín (1958). En 1961 regresó a España para realizar Viridiana, con la cual obtuvo la Palma de Oro, en Cannes, Francia. Su vida transcurrió entre este país, México y España donde dirigió la cinta Ese obscuro objeto del deseo (1977). Murió el 29 de junio de 1983 en el Distrito Federal (SOMOS 190 y 193, año 1999).

César Aguilera.


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

jueves, 14 de septiembre de 2023

Luis Alcoriza

 


Luis Alcoriza

(director y argumentista, 1921-1992, Badajoz, España)

De joven, Luis Alcoriza de la Vega se incorpora a una compañía teatral y durante una gira con las hermanas Blanch llega a América. Debutó como actor de cine en La torre de los suplicios (1940). Seis años después surge en el guionismo con El ahijado de la muerte en colaboración con la actriz Raquel Rojas (Janet), seguido por Una extraña mujer y El rey de México. En 1949 empieza a trabajar con Luis Buñuel en El gran calavera y continuó en Los olvidados (1950) ganando el Ariel, y  Buñuel la Palma de Oro de Cannes por dirección. Después La hija del engaño (1951), El bruto (1952). Él, (sobre la novela de Mercedes Pinto), La ilusión viaja en tranvía (1953), La muerte en este jardín (1956) también con Raymond Queneau de la novela de José André Lacour, Los ambiciosos (1959) además de Louis Sapin Charles Dorat y Henri Castillou (sobre la novela de este último) y El ángel exterminador (1962). Con su esposa Janet concibió los argumentos para Nocturno amor (1947) estelarizada por Miroslava y dirigida por Emilio Gómez Muriel. De 1950 fueron: Huellas del pasado del realizador Alfredo B. Crevenna y El siete machos para Mario Moreno "Cantinflas" y Si viviera don Porfirio. En 1956 hace la adaptación para Escuela de rateros, basado en una pieza teatral de Carlos Llopis. En su faceta como guionista y realizador se cuentan: Los jóvenes (1960), Tlayucan (1961) y Mecánica Nacional (1971), entre otras.

César Aguilera.


(Tomado de: Aguilera, César. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

lunes, 17 de abril de 2023

Códice Madrid

 


Códice Madrid 

Merideth Paxton

Doctora en historia del arte. Investigadora asociada en el Instituto Latinoamericano e Ibérico de la Universidad de Nuevo México. Estudia formas y contenidos de los códices mayas y su relación con las pinturas de los sitios arqueológicos, particularmente de Yucatán, así como la información etnohistórica generada a partir de la conquista española.


Traducción del inglés: Xavier Noguez


Contenido

El códice contiene escenas adivinatorias en un contexto de ciclos calendarios (zolkín y haab) y direcciones del universo. Las imágenes representan rituales y actividades cotidianas como la agricultura, petición de lluvia, apicultura, caza, actividades bélicas, sacrificio humano y tejido, como se reflejaban en el ámbito de las deidades. Por ejemplo, se ilustra una serie de mujeres tejiendo en telar de cintura, tema que se ha asociado con la diosa lunar y que se compara con el movimiento de nuestro satélite. También se ilustraron ceremonias que marcan el término de un ciclo de 365 días (haab) y el inicio del siguiente. El contenido de algunos pasajes muestras similitudes con partes de pictografías procedentes del centro de México.


Fecha de elaboración 

Posclásico Tardío.


Lugar de origen 

Tal vez proceda de Yucatán. Sin embargo y debido a la escasez de información, es necesario plantear nuevas hipótesis a partir del examen directo del códice. El tipo de corteza de una higuera usada para hacer el papel fue identificado a principios del siglo pasado, pero este dato no ayuda a determinar su lugar preciso de origen, porque la distribución de esa higuera o ficus es muy extendida.

Dominante en los textos glíficos es el maya yucateco (incluidos el mismo yucateco, lacandón, mopán e itzá), el cual en la actualidad se habla en la península, en las tierras bajas de Chiapas, el Petén y Belice. A principios del siglo pasado, algunos especialistas consideraron la posibilidad de que el códice pudo haber sido obtenido del grupo maya-itzá asentado en una isla del lago de Petén, conocida como Flores, lo que ocurrió después de la conquista española de este reducto independiente en 1697.

Aunque algunos motivos que aparecen en el códice representan objetos usados no sólo en Yucatán sino en un área más amplia, el análisis iconográfico indica una asociación con la península yucateca. Algunas ilustraciones de recipientes de cerámica tienen semejanza con los incensarios del Posclásico Tardío excavados en Mayapán y con los del Petén. Las representaciones de hachas que llevan algunas deidades también pueden compararse con objetos líticos recuperados arqueológicamente.


Características físicas 

Este es el más extenso de los códices mayas prehispánicos. Consta de 112 páginas (56 hojas pintadas en ambos lados), que miden  23.2 cm de altura por 12.2 cm de ancho (con ligeras variantes). El papel es de amate y originalmente se preparó como una larga tira que se doblaba como acordeón. Sobre las páginas se aplicó una capa de estuco muy fino como base, sobre la cual se pintaron jeroglíficos e imágenes. Los colores ahora visibles son café rojizo oscuro, amarillo-café claro, dos tonos de azul, negro y gris. En algún momento la pictografía fue dividida en dos partes. Un gran fragmento de estuco pintado, desprendido de la parte superior de la página 56, se guarda junto con las dos partes señaladas.


Formas y colores 

John Eric Thompson ha señalado que la ejecución artística del códice no tuvo la calidad de otras pictografías prehispánicas, como la del Dresde y París. El mayista inglés consideró que las figuras de los dioses en el Madrid eran descuidadas y estaban delineadas con prisa. También criticó la falta de claridad en el registro glífico. A pesar de la opinión adversa de uno de los grandes especialistas en la materia, la importancia del códice radica en su mera existencia y en la validez general de su información.


Breve historia del códice 

Hasta la fecha no se ha encontrado datos relacionados con la llegada del códice a Europa. En un momento fue dividido en dos secciones que, durante algún tiempo, se consideraron autónomas con los títulos de Códice Troano y Códice Cortesiano. En 1866, el primer fragmento estaba en manos de Juan Troano y Ortolano. Charles Etienne Brasseur de Bourbourg lo vio en Madrid en el mismo año e hizo los arreglos necesarios para hacer una reproducción litográfica, en 1869. El Troano fue adquirido por el Museo Arqueológico Nacional en 1888. Juan Palacios, un residente de Madrid, intentó vender el Cortesiano hacia 1867. El museo citado también lo adquirió del bibliófilo José Ignacio Miró en 1872. Miró afirmó que lo había adquirido recientemente en Extremadura debido a que Hernán Cortés provenía de esa provincia, y con la idea de que el mismo Cortés lo había traído a España, el director del museo lo bautizó con el nombre del conquistador. Una edición limitada de fotos del Cortesiano circuló alrededor de 1880, que ayudó a aclarar que se trataba de un solo manuscrito, debido al empalme correcto de las dos secciones.


Principales estudios 

La primera reproducción de una de las partes del códice (Troano) fue dada a conocer por el abad Brasseur de Bourbourg en 1869. A ésta siguieron varias ediciones no facsimilares, con estudios parciales. Entre éstos destacan los de León de Rosny (1883), Cyrus Thomas (1882), Paul Schellhas (1897), Eduard Seler (a partir de 1902), Villacorta y Villacorta (1933) Zimmermann (1956) Yuri Knorozov (1963), Ferdinand Anders (1963), John Eric Thompson (1950 y 1972) y David Kelley (1976). Hay también trabajos más recientes, como el de Roberto Escalante Hernández (1992), Gabrielle Vail (1996) Victoria R. Bricker y Gabrielle Vail (1997), y Laura Elena Sotelo Santos (2002).


Otros nombres

Códice Tro-Cortesiano, Códice Matritense Maya, Códice Maya del Museo de América de Madrid.


Lugar donde está depositado

Museo de América de Madrid, España.


(Tomado de: Paxton, Merideth. Códice Madrid. La religion mexica. Arqueología Mexicana, Vol.XVI núm. 91. Editorial Raíces, México, 2008)

lunes, 7 de febrero de 2022

Diego García Conde

 


General ingeniero militar, nació en Barcelona, España, en 1760; murió en la Ciudad de México en 1825. Fundó y dirigió la Academia de Cadetes (1822), primera escuela militar mexicana, antecesora del Colegio Militar. En 1793 levantó un plano de la capital, considerado uno de los más exactos hasta entonces. Trabajó en el camino de Perote a Veracruz y participó en la construcción del Puente del Rey (hoy Puente Nacional). Combatió a los insurgentes, pero en 1821 reconoció el Plan de Iguala, y en 1822, al organizarse el nuevo ejército nacional, se le nombró el primer director de ingenieros del México independiente.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

jueves, 20 de enero de 2022

Liberales en Cádiz, 1812

  


Mientras las guerrillas españolas y los soldados británicos combatían a los franceses, los liberales españoles pasaban el tiempo en Cádiz entre intrigas y peroratas. Cuando las cortes iniciaron sus procedimientos el 24 de septiembre de 1810, su primer acto fue declarar que estaban investidas con la soberanía de la nación española y que la regencia, como poder ejecutivo nacional que actuaba en representación de Fernando VII, debía reconocer esa soberanía mediante juramento formal. Fue entonces cuando el obispo de Orense prefirió renunciar a prestar juramento. El número de integrantes de las cortes fue muy variable en las distintas sesiones, pero según alguna fuente se componía de 158 diputados peninsulares y 53 americanos, aunque había entre estos últimos numerosos diputados suplentes. Un treinta por ciento de los diputados pertenecían al clero y un veinte por ciento eran funcionarios de gobierno; los demás eran abogados, militares y funcionarios locales en su mayoría. Desde un principio, predominaron en la asamblea los jóvenes liberales, quienes se habían nutrido de libros franceses, habían seguido modelos franceses en arte y literatura, y no veían razón alguna para optar por una política de corte británico. Al mismo tiempo temían la democracia pura y repudiaban el Terror que había ensombrecido el nombre de la revolución francesa.

El resultado de las deliberaciones de las cortes fue la Constitución de Cádiz, firmada el 18 de marzo de 1812 por 184 diputados. En ella se afirmaba que "la Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios" y que "la soberanía reside esencialmente en la Nación..." La principal encarnación de esta soberanía eran las cortes, cuyos miembros debían ser elegidos mediante un complicado sistema de juntas electorales en diversos niveles. Las cortes tenían poder para legislar; pero "la potestad de hacer ejecutar las leyes reside exclusivamente en el Rey", quien también era responsable de mantener el orden público y la seguridad nacional. Así se estableció de hecho una rigurosa separación de los ramos legislativo y ejecutivo del gobierno. A diferencia de su ejemplo francés, no hubo en ella una declaración de los derechos del hombre; en cambio, estableció que "la religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única verdadera". El propósito fue crear un Estado unitario, una nación homogénea compuesta por ciudadanos libres e iguales, pero se hizo caso omiso de las hondas lealtades provinciales de tantos españoles, en la península y en América.

Una vez concluidas las deliberaciones acerca de la Constitución, las cortes procedieron a suprimir todos los derechos y las jurisdicciones feudales que seguían existiendo, y luego, el 22 de enero de 1813, votaron por abolir la Inquisición. Con ánimo aún más desafiante, en febrero de 1813 prohibieron a las comunidades religiosas pedir dinero para restablecer sus casas tras la salida de las tropas francesas, y de hecho les ordenaron no admitir novicios. Estos actos fueron los que llevaron a Wellington a criticar a los diputados, porque "no se preocupan más que de su estúpida Constitución y de cómo seguir en guerra con obispos y sacerdotes..." Sin embargo, lo que más lo inquietaba era que la Constitución no ofrecía protección a los derechos y propiedades de los terratenientes. Por su parte, José María Blanco y Crespo, español exiliado en Inglaterra, descalificó la Constitución como pieza literaria, simple documento que no guardaba relación con las realidades de la sociedad y la política españolas.

(Tomado de: Brading, David - Apogeo y derrumbe del imperio español. Traducción de Rossana Reyes Vega. Serie La antorcha encendida. Editorial Clío Libros y Videos, S.A. de C.V. 1a. edición, México, 1996)

lunes, 22 de noviembre de 2021

José Gaos

 


Nació en Gijón, España, en 1900; murió en la Ciudad de México en 1969. Hizo sus estudios en el Colegio de Santo Domingo en Oviedo y en las universidades de Valencia, Madrid y Montpellier. De 1933 a 1936 fue director del período preparatorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y rector de ésta de 1936 a 1938, en que llegó a México. Fue catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y miembro de El Colegio de México. Sus obras: La filosofía de Maimónides y Dos ideas de la filosofía (junto con F. Larroyo) (1940); Antología filosófica (1941); El pensamiento hispanoamericano (1944); Pensamiento español, Pensamiento de lengua española, Antología del pensamiento de lengua española y Dos exclusivas del hombre (1945); Filosofía de la filosofía y Tratados de Gamarra (1947); Filosofía del entendimiento de Bello (1948); Un método para resolver los problemas de nuestro tiempo y Escritores místicos españoles (1949); Introducción a Heidegger (1951); En torno a la filosofía mexicana (1952-1953); Filosofía mexicana en nuestros días (1954); La filosofía en la Universidad (1956-1957); Sobre Ortega y Gasset (1957); Confesiones profesionales y Discurso de filosofía (1958); Introducción a la fenomenología, Sobre enseñanza y educación, Museo de filósofos y Orígenes de la filosofía y de su historia (1960); Las críticas de Kant, Filosofía contemporánea y De la filosofía (1962).

Tradujo, además, obras fundamentales de R. Odebrecht, M. Scheler, E. Husserl, B. Grothuysen, W. Dilthey, W. Jaeger, J. Wahl, H. Heidegger, K. Jaspers, L. Levelle, N. Abagnano, y N. Hartmann. Gaos fue discípulo de Ortega y Gasset y de Manuel García Morente. Tuvo, a su vez, distinguidos discípulos mexicanos e influyó profundamente en la enseñanza de la filosofía. La UNAM y el Fondo de Cultura Económica le rindieron un homenaje póstumo en Dianoia, Anuario de Filosofía, 1970. Escribieron Augusto Salazar Bondy, Alain Guy, Udo Rukser, José Luis Abellán, Bernabé Navarro, Justino Fernández, Vera Yamuni, Luis Recaséns Siches y Patrick Romanell. En 1971, El Colegio de México publicó Nuestra idea del mundo.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

lunes, 26 de julio de 2021

Rodolfo Gaona

 


El Califa, torero, nació en León de los Aldamas, Gto., en 1888 [murió el 20 de mayo de 1975]. Fue discípulo de Saturnino Frutos, Ojitos, en el propio León. El 1° de octubre de 1905 hizo su presentación en la plaza El Toreo, de la Ciudad de México. El 31 de mayo de 1907 recibió la alternativa española de manos de Manuel Lara, Jerezano, en la plaza de Tetuán de las Victorias, en Madrid; el 5 de julio siguiente, en una plaza de la carretera de Aragón, Juan González Nandín le confirmó la alternativa. Después de varias temporadas en el país y en España se retiró de los ruedos el 12 de abril de 1925, en la plaza El Toreo. Destacó por su personalidad y elegancia, sobre todo con la capa. Un lance del toreo se llama gaonera en honor suyo.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)


martes, 22 de junio de 2021

Bernardo de Gálvez

 


49° virrey de la Nueva España (1785-1786), nació en Macharavialla, España, en 1746; murió en la ciudad de México, en 1786. Militar de carrera, conde de Gálvez e hijo de Matías de Gálvez -48° virrey-, llegó al país en 1765, con el cargo de capitán, destinado a las campañas de la frontera norte. En 1772 regresó a España en compañía de su tío José de Gálvez y en 1775 tomó parte en la expedición a Argel; en 1776 regresó a Nueva España con el puesto de coronel de regimiento de Luisiana, provincia que llegó a gobernar en 1777. Durante esta época practicó una política antibritánica, persiguió el contrabando inglés y favoreció el comercio con Francia, estableció el libre tráfico con Cuba y Yucatán, y fomentó la colonización de Nueva Iberia y Gálveston, llamada así en su honor. Se preparó secreta y activamente para la guerra con Gran Bretaña y obtuvo notables triunfos como los de Manchac, Baton Rouge y Panmure, en 1779; de Mobila, en 1780, y de Panzacola, en 1781, que le valieron los grados de mariscal de campo y teniente general de Luisiana y Florida -segregadas de Cuba-, el mando del ejército expedicionario en América y el título de conde de Gálvez (1783). En 1785 se le confió a Gálvez el gobierno de Cuba e inmediatamente el virreinato de México, por fallecimiento de su padre; entró a la capital de Nueva España el 17 de junio de ese mismo año. Su virreinato fue breve y llegó a despertar sospechas en la corte por su popularidad. Durante su gobierno ocurrieron dos grandes calamidades: la helada de 1785 -año del hambre- y su consecuencia, la epidemia de 1786 -año de la peste-.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

martes, 25 de mayo de 2021

Gabino Gaínza

 


Militar, nació en Pamplona, España, en 1754; murió en la ciudad de México en 1825. En 1780 llegó a América para luchar a favor de la independencia de E.U.; en 1784 se trasladó a Perú, en 1814 a Chile y en 1820 llegó a Guatemala como subdirector general del ejército. En 1821, siendo jefe absoluto del mando militar y civil de Guatemala, al enterarse de la sublevación de Iturbide, de la proclamación del Plan de Iguala y de la insurrección de Chiapas, convocó el 13 de septiembre a la reunión de autoridades y notabilidades guatemaltecas que acordó proclamar la independencia respecto de España, convocar un Congreso que decidiera la forma de gobierno y constituir una Junta Provisional Consultiva presidida por él mismo. A invitación de Iturbide, en el sentido de que la América Central debía formar parte del Imperio Mexicano. Gaínza logró la anuencia de los gobernadores de Nicaragua y Honduras, y en el plebiscito del 5 de enero de 1822, la mayoría de la opinión guatemalteca; tres días después, Gaínza declaró la incorporación de América Central al Imperio Mexicano. Al oponerse San Salvador, Gaínza le declaró la guerra y tras de sucesivas derrotas, Iturbide le hizo relevar por Filisola el 22 de junio de 1822, año en que regresó a la Ciudad de MexIco.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

sábado, 2 de enero de 2021

León Felipe


(León Felipe Camino y Galicia), poeta nacido en Tábara, Zamora, España, en 1884; muerto en México en 1968. Comenzó su vida literaria en Madrid (1920), con Versos y oraciones de caminante. Residió en México, como exiliado político, desde 1940; junto con otros intelectuales y literatos, alentó la creación de la revista Cuadernos Americanos. Su obra comprende también traducciones, prosa y teatro; pero debe a la poesía su gran celebridad. Entre los veinticinco volúmenes por él publicados se encuentran: Antología poética (1935), El payaso de las bofetadas y El pescador de caña (1938), Español del éxodo y del llanto (1939), Ganarás la luz (1942), Antología rota (1947), El ciervo (1958), ¡Oh, este viejo y roto violín! (1966). En 1964 la Editorial Losada publicó en Buenos Aires sus Obras completas.

COMO TU

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen IV, - Familia - Futbol)

viernes, 20 de noviembre de 2020

Fray Diego Durán

Llegada de los conquistadores, según el Atlas o Códice Durán.

Nació en Sevilla, España, hacia 1537, y no en Texcoco como se ha venido repitiendo; murió en la Ciudad de México en 1588. Llegó a Nueva España entre 1542 y 1544. Su padre, probablemente de origen judío francés, de la Provenza (Durand, hispanizado el apellido en Durante, Durán), se estableció con su familia en Texcoco. Era de oficio calcetero y zapatero. Allí vivió Diego, hasta 1554 en que tomó el hábito blanco y negro de los dominicos en la Ciudad de México. En 1556 hizo profesión de fraile y en 1559 ya era presbítero. Dos años más tarde pasó a diversos sitios de la Provincia de Oaxaca. En 1565 radicó en Chimalhuacán Atenco y en 1581 fue vicario de Hueyapan. En 1587 enfermó gravemente, permaneciendo en el convento de Santo Domingo de la Ciudad de México. 
Profundo conocedor del náhuatl, fue uno de los más ardientes propagadores del Evangelio en el siglo XVI, al tiempo que diligente investigador y conservador de tradiciones y monumentos históricos (códices y manuscritos). Entre 1570 y 1575 escribió tres obras: Ritos, fiestas y ceremonias de los antiguos mexicanos (1570), en que proporciona datos de la región texcocana y traza el cuadro de los dioses y ritos con tal minucia, que da el sentido de la realidad vista; Calendario Antiguo (1579), en el que involucra al Tonalamatl -calendario mágico- con el que se llama civil, y describe las numerosas fiestas y ceremonias, y habla de la holganza de los mexicanos, que ellas propiciaban; e Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme. José Fernando Ramírez publicó una parte de ésta última obra en 1867 y Alfredo Chavero la restante, con los Ritos, fiestas y Ceremonias, el Calendario Antiguo y un Atlas de pinturas jeroglíficas (1880). Ambos volúmenes contienen la obra completa de Durán. De nuevo la dio a las prensas el padre Ángel María Garibay K. (2 bolsa., 1967), tomada del ológrafo original que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Hay una traducción al inglés, incompleta, por Doris Heyden y y Fernando Horcasitas. Es una historia de los pueblos antiguos. Comienza con la peregrinación de los mexica desde Aztlán y llega hasta la expedición de Cortés a las Hibueras (Honduras). Es "una historia radicalmente mexicana con fisonomía española", como la definió José Fernando Ramírez, obra de auténtico, pronunciado y rancio sabor primitivo. Ningún cronista retrató más al natural el carácter del indio mexicano; ninguno logró compenetrarse, como lo hizo el fraile dominico, de su compleja psicología. Adentró y se posesionó de minuciosos pormenores relativos a las prácticas religiosas y civiles, usos y costumbres públicas y domésticas, aspectos que otros cronistas desdeñaron en parte o trataron sin la profundidad con que los describe Durán. Sus relatos, llenos de vida y de brío, son de lo mejor que se ha escrito sobre el pasado antiguo de los mexicanos. Reivindica la cultura mexica ante los ojos de los europeos, dando una visión panorámica de la vieja vida del Anáhuac, y en esto muestra una tendencia hacia la historia universal. Por otro lado, sus páginas destilan nacionalismo, expuesto "con amor de mexicano antiguo", como dijera de él el padre Ángel María Garibay K. El Atlas es muy importante: se le ha dado el nombre de Códice Durán y lo forman numerosas pinturas jeroglíficas. Como apéndice al Atlas, trae un códice, asimismo, de pictografías fielmente reproducida, cuyos originales existen en la Colección Aubin-Goupil de la Biblioteca Nacional de París, riquísima en antigüedades mexicanas. A esta parte se le ha llamado Códice Ixtlixóchitl o Códice Mariano Fernández Echeverría y Veytia, quien lo mandó copiar del original. 


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen III, Colima - Familia)

miércoles, 1 de julio de 2020

Magda Donato

(Carmen Nelken Masberger), nació en Madrid, España, en 1902; murió en la Ciudad de México en 1966. Hija de alemán y francesa, se hizo famosa por sus reportajes, pues llegó a introducirse a la cárcel de mujeres y al manicomio para dar cuenta de la situación que ahí privaba. Escribió también cuentos e historietas infantiles, junto con su esposo el dibujante Salvador Bartolozzi. Se inició como actriz bajo la dirección de Azorín. En 1940 llegó a México, donde organizó un teatro para niños. Después, unida al grupo de la Maison de France, se dedicó a la escena, actuando en idioma francés. Tradujo al español, entre otras obras, Las sillas, de Ionesco, que representó, interpretando el papel de La Vieja, lo cual le valió ser designada la mejor actriz de 1960. Actuó también en la televisión. Poco antes de morir, instituyó el Premio Magda Donato con el que quiso estimular el quehacer artístico.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

miércoles, 24 de junio de 2020

Fray Bernardino de Sahagún

Fray Bernardino de Sahagún era Ribeira por su verdadero apellido, y usó en religión el nombre de su natal villa de Sahagún, en el reino de León, en la cual vio la luz hacia el último año del siglo XV.
Estudió en Salamanca. Era de gallarda apostura; su retrato, existente en el Museo Nacional, nos lo revela  como un tipo de fina belleza ascética. muy joven aún, tomó el hábito en el convento de San Francisco de la vieja ciudad universitaria. Vino a la Nueva España en 1529 con otros diecinueve frailes que trajo Fr. Antonio de Ciudad Rodrigo. Consagróse al estudio de la lengua mexicana con ardor y sapiencia. Habiendo comenzado a aprenderla durante la travesía misma, con los indios que por orden del Emperador, y tras de haber sido llevados a España por Cortés, regresaban a su patria; continuó, ya en México, el estudio de aquel idioma que hubo de poseer con absoluta perfección.
Los primeros años de su residencia los pasó en el convento de Tlalmanalco, y por ese tiempo emprendió una expedición al Popocatépetl y al Ixtaccíhuatl. Entregado a los menesteres de su orden anduvo por el valle de Puebla y por Michoacán, y fue, a lo que se conjetura, guardián del convento de Xochimilco. Pero el periodo más largo, no interrumpido y, acaso por fecundo, el mejor de su vida, lo pasó en el colegio de Sangra Cruz de Tlatelolco. A poco de fundado éste, en 1536, se encargó de dar la cátedra de latinidad a los jóvenes indios de familias principales que allí acudían, puesto en el que duró hasta 1540. Al propio colegio volvió hacia 1570 y, consagrado a la enseñanza tanto como a la administración del establecimiento y a sus trabajos históricos, permaneció hasta el fin de sus días. Falleció en el convento de San Francisco de México el 5 de febrero de 1590.
La obra de Sahagún es gigantesca y dificilísima de establecer su bibliografía. "Ocupado casi cincuenta años en escribir -expresa García Icazbalceta- no solamente trabajó muchas obras, sino que a estas mismas dio diversas formas, corrigiéndolas, ampliándolas, redactándolas de nuevo y sacando de ellas extractos o tratados sueltos que corrían como libros distintos. Ya escribía en español, ya en mexicano, ya agregaba el latín o daba dos formas al mexicano." Evangelizador, filólogo e historiador, la obra de Sahagún sigue estas tres direcciones de su actividad. En el género religioso escribió: Epístolas y evangelios de las domínicas en mexicano, Sermonario, Evangeliarum, Epistolarium et lectionarium; una Vida de San Bernardino de Sena según se escribe en las Crónicas de la Orden, traducida al mexicano; Ejercicios cuotidianos en lengua mexicana, Manual del Cristiano, Doctrina Cristiana en mexicano, Tratado de las Virtudes Teologales en mexicano, Libro de la venida de los primeros padres y las pláticas que tuvieron con los sacerdotes de los ídolos, Catecismo de la Doctrina Cristiana, Psalmodia Cristiana, y muchos tratados sueltos sobre diversas cuestiones, tales como: Pláticas para después del bautismo de los niños, Lumbre espiritual, Bordón espiritual, Regla de los casados, Impedimento del matrimonio, Doctrina para los médicos, etc., etc. En materia filológica se registran las siguientes: un Arte de la lengua mexicana, un Vocabulario triligüe: en castellano, latín y mexicano, y el llamado Calepino, que nadie vio y forma probablemente parte de la Historia.
Toda esa enorme producción es en cierto modo, incógnita. De sus libros, el único publicado en vida de Sahagún, es la Psalmodia Cristiana. De los demás, unos existen manuscritos, otros se hallan perdidos, y no faltan los que sólo se conocen por referencias de los historiadores.
Es la Historia general de las cosas de Nueva España la obra sobresaliente del franciscano. Prodigioso cuadro de las coastiumbres, creencias y artes de los antiguos mexicanos, más que una historia propiamente dicha, considérasela una enciclopedia, "tesoro inagotable de noticias" - como dice García Icazbalceta- acerca de la principal de las razas aborígenes.
Gran parte de la vida de su autor ocupó este libro. Una vez trazado el plan del mismo, Sahagún se trasladó al pueblo de Tepeapulco, en 1557, y allí, de boca de ancianos indios, a los que se agregaron cuatro estudiantes de los que él había enseñado en Tlatelolco, tomó las noticias que deseaba consignar. Con esto se constituyó el primer manuscrito de la Historia, para elaborar en él sus largos años de estudio. Habiendo venido a México para asistir al Capítulo de su Orden en 1560, reunió en Santiago de Tlatelolco a ocho o diez indios principales "muy hábiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas", y con ellos y cuatro o cinco colegiales trilingües se encerró en el colegio y por espacio de más de un año corrigió y adicionó lo escrito en Tepeapulco, sacándose copia de todo, "aunque de ruin letra, porque se escribió con mucha prisa". Fue éste el segundo manuscrito de la obra. Trasladóse después Sahagún a su convento de México y allí, durante tres años, pasó y repasó las escrituras, las corrigió, dividiólas en doce libros, cada libro en capítulos y algunos de éstos en párrafos. Se hizo la copia correspondiente, a la que añadieron y enmendaron muchas cosas los indios mexicanos, y éste fue el tercer manuscrito o texto. Acabáronlo los escribientes indios en 1569, y -añade García Icazbalceta- "parece ser el definitivo, y el que contenía el texto mexicano de la obra, tal a lo menos como su autor le aceptaba".
Concluida la obra, el laborioso fraile solicitó que se designara a algunos religiosos la que la examinasen. Los censores opinaron que era de mucha estimación y que debería acabarse la versión española de ella, quizá ya empezada. Opúsose alguien en el definitorio a que se siguiera gastando en amanuenses, por ser contrario al voto de pobreza de la Orden, y se mandó al autor despidiese a "los escribanos", dejándolo en libertad de escribir por sí mismo cuanto quisiera. Mas como Fr. Bernardino pasaba entonces de los setenta años, y sus manos, de tan temblorosas, no le permitían escribir, el trabajo quedó en suspenso por más de un lustro. Deseoso de darle fin, sacó Sahagún un sumario de su Historia, que envió a España en 1570 con Fr. Miguel Navarro y Fr. Jerónimo de Mendieta. En una Advertencia al lector, que figura en uno de los prólogos añadidos al sumario susodicho, se lee: "Lo de la lengua española y las escolias no está hecho, por no haber podido más por falta de ayuda y de favor: si se me diese la ayuda necesaria, en un año o poco más se acabaría todo; y cierto que, si se acabase, sería un tesoro para saber muchas cosas dignas de ser sabidas, y para con facilidad saber esta lengua con todos sus secretos, y sería cosa de mucha estima de la nueva y vieja España."
Entretanto, y si no por la imprenta, fueron conocidos de muchos religiosos los libros de la Historia, en virtud de haberlos "tomado y esparcido por toda la provincia" en el mismo año de 1570 el provincial Fr. Alonso de Escalona. ¡Milagro que no se perdieran entonces, y que tres años más tarde, al tornar a México como Comisario Fr. Miguel Navarro, y proceder a recogerlos conforme al deseo de Sahagún, volvieron todos a manos de éste en 1574! Por fin, al año siguiente o principios del 76, habiendo llegado a México el nuevo Comisario Fr. Rodrigo de Sequera, quien traía encargo del Presidente del Consejo de Indias licenciado Juan de Ovando, de remitirle copia de la obra, de la cual le había interesado mucho el Sumario, mandó al autor que acabase de traducirla, y que se escribiese de nuevo en dos columnas, una en mexicano y en castellano la otra. Fue éste el primer manuscrito en ambas lenguas y el cuarto de la Historia.
Tan azarosa como su composición misma, sería la suerte que, ya terminada, corriera. Muerto Ovando el mismo año de 1575, el Consejo de Indias dio orden para que se recogiesen y enviaran a España todos los originales y copias de la Historia. Reiteró la orden el Rey en julio de 1578. Sahagún, enternecido, pensando quizá que le pedían su libro para imprimirlo, había escrito al monarca en 26 de marzo del propio año, informándole tenía entendido que el Virrey, tanto como el Comisario de la Orden, le habían enviado ya los cuatro volúmenes de la obra; pero, "si no los envían -agregaba- suplico a V.M. humildemente sea servido de mandar que sea avisado, para que se torne a trasladar de nuevo, y no se pierda esta coyuntura, y queden en el olvido las cosas memorables de este Nuevo Mundo".
¡Pobre Sahagún! La coyuntura se perdió; el olvido duró más de de dos siglos... ¡y aun, en parte, subsiste!
Felipe II pasó la carta al Consejo, y éste ordenó secamente el 18 de septiembre: "Dése cédula para que el Virrey tome lo que allá queda, traslados y originales, y lo envía todo, sin que allá quede ningún traslado."
¿Qué fue lo que motivó tan radical, violenta y absurda decisión?¿Qué sucedió con los manuscritos de Sahagún? ¿Qué se hicieron las sucesivas y diferentes versiones de la obra? La copia enviada por el Virrey en 1578, llegó a su destino; pero ¿qué pasó con ella? También parece evidente -según García Icazbalceta- que la copia en castellano y mexicano sacada por orden del P. Sequera en 1575-77, se la llevó éste mismo. Mas como Ovando, que se la encargó, había ya muerto, y por tanto no era posible que se la entregase, ¿qué ocurrió con este manuscrito?
He aquí varios enigmas de nuestra historia literaria que no han llegado todavía a aclararse.
Dos siglos permaneció ignorada la obra de Sahagún. En 1779, habiendo sido nombrado historiógrafo de las Indias D. Juan Bautista Muñoz, con la comisión de escribir la "Historia general de América", se dio a investigar su paradero, y supo después que existía un ejemplar de ella en el convento de franciscanos de Tolosa, en la provincia de Cantabria. Provisto de una real orden se presentó allí en abril de 1753 y recogió el códice: era éste un tomo en folio que contenía únicamente el texto castellano de los doce libros. No corresponde a ninguno de los manuscritos mencionados por Sahagún, ni tiene su firma; y, en opinión de García Icazbalceta, "el original de que se copió esta parte castellana bien pudo ser el manuscrito del P. Sequera, que según toda probabilidad es el mismo que hoy está en la Biblioteca Laurenziana de Florencia".
De esa copia de Tolosa proceden las tres únicas ediciones hasta ayer hechas de la Historia de Sahagún: la de D. Carlos María de Bustamante, publicada en México en 1829-30; la que lord Kingsborough incluyó en su colección ya citada, y la de D. Ireneo Paz (1890-95), que reproduce la de Bustamante. Ambas son defectuosas. Bustamante cometió el error de publicar por separado y primeramente el libro XII en 1829,en un volumen en 4°, y los once restantes después, reunidos en tres volúmenes. Hizo alteraciones y supresiones graves, y sembró el libro de comentarios pueriles. Cábele la gloria, sin embargo, de haber sido el primero en dar a la estampa la magna producción de Sahagún, de la cual está aún por hacer, de acuerdo con los códices, una edición crítica definitiva. Con todo, excelente versión de la Historia general de las cosas de Nueva España se ha dado últimamente a la estampa, y es la que, enmendando errores y lagunas de Bustamante y Kingsborough, y aprovechando los trabajos de Paso y Troncoso, Jourdanet, Rémi Siméon, y Seler, publicó D. Pedro Robledo en cinco espléndidos volúmenes (México, 1938). La Editorial Porrúa, S.A., publicó en 1956 en cuatro volúmenes una nueva edición de la Historia general del P. Sahagún, confiada al P. Ángel Ma. Garibay K., quien hizo una revisión del texto sobre el Códice Florentino; corrigió la mala grafía de las palabras nahuas, dividió las partes de la Historia en párrafos marginales para facilitar la localización de materias, y compuso el cuarto tomo con ricos materiales que amplían las proporciones y alcances, hasta ahora conocidos, de la obra sahaguniana.

(Tomado de: González Peña, Carlos - Historia de la literatura mexicana. Desde los orígenes hasta nuestros días. Editorial Porrúa, Colección "Sepan cuantos..." #44, México, D.F., 1990)