4. Plomo en vez de pan
Gran Círculo de Obreros Libres. La industria del hilado y el tejido hallábase muy diseminada a lo largo y ancho del país, y daba ocupación a mucha gente. Al frente del gremio se encontraban el Gran Círculo de Obreros Libres, con sede en el distrito industrial de Orizaba, y la Gran Liga Obrera "Esteban de Antuñano", en Puebla, Pue., con sus dirigentes Manuel Ávila, Eduardo Cancino, José Rumbia, Rafael Moreno, Pánfilo Méndez y José Neira; este último se guiaba por las directivas del Partido Liberal Mexicano. En Puebla vivía el líder obrero Pascual Mendoza, presidente de la Gran Liga Obrera, quien anualmente acompañaba, en manifestación, a los patronos de la industria, a depositar ofrendas ante el monumento a don Esteban de Antuñano; así mismo era afecto a la versificación, y trabó estrecha amistad con Fernando Celada y Lauro de Gante; los tres se reunían en la redacción de El Mensajero (pulquería con espejos y pinturas), donde escribían y bebían. El Mensajero salía a platicar los domingos con el hombre de barrio, al sol de la mañana de las mañanas, lo mismo que La Guacamaya, de Fernando Torroella.
El ataque pretoriano del 7 de enero de 1907 en Río Blanco rebasó los límites de la mesura que los gobernantes suelen mantener. Sucedió durante la mañana. Las voces de aquellos proletarios del telar lo dicen todo: ¡Abajo Porfirio Díaz! ¡Viva la Revolución Obrera!; voces que resonaban por todo el contorno montañoso próximo, hasta alcanzar la cima del Citlaltépetl.
¡Plomo en vez de pan!
Pero la tendencia liberal de ese entonces (1907, cincuentenario de la Carta Magna de 1857) no aflojaba la garra: derribar la dictadura o morir defendiendo a la Reforma.
En el historial de la lucha social mexicana lo acaecido en Río Blanco configura una efeméride lamentable; en su enfrentamiento con el poder de los ricos, el pensamiento político lo fue todo. Cobardemente destrozados, los obreros se desorientaron; la mira del porfirismo se cifraba en contrarrestar la proyección del Partido Liberal Mexicano; sin embargo, la repulsa crecía; todas las inteligencias no contaminadas por la cultura corrompida (crucifijo y espada) se horrorizaron ante aquella persecución.
¡Salud, compañeros de Río Blanco, héroes de la jornada de 1907, mártires de la impiedad de los poderosos, salud!
Pensaba el tirano de Chapultepec cicatrizar heridas (Cananea y Río Blanco) mediante el mutualismo ¡Qué ingenuidad la de los dictadores!; tras de incurrir en odiosos despropósitos; pretenden que se les crea divinos, no solamente humanos.
Semana tras semana acudía Guillermo de Landa y Escandón a las factorías prometiendo paz y concordia, y con un fondo constante y sonante para echar a andar la Sociedad Mutualista y Moralizadora de Obreros.
Porfirio Díaz se cubría su rostro de déspota con la máscara de benefactor.
Acerca de esta Sociedad Mutualista y Moralizadora nos dice don Pedro Malabhear: "...los fines principales de ellas son: el mutualismo entre sus miembros, enseñándoles a desprenderse en favor de sí mismos y de sus compañeros menesterosos de una parte ínfima de sus jornales, representada por cuotas de veinticinco y cincuenta centavos mensuales; la ayuda para que todos obtengan trabajo cuando carezcan de él; la administración de auxilios a los mismos obreros en caso de enfermedad o falta de trabajo justificada, y a las familias de los trabajadores muertos; la creación de instituciones en que puedan ser asilados, educados e instruidos los hijos de artesanos, durante las horas de labor de éstos y, en general, la educación del obrero, poniendo todos los medios disponibles para darles centros de distracción y cultura y alejarlos de los de degeneración y vicio.”
(Tomado de: Salazar, Rosendo: Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México (Los años convulsos). Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, número 57 México, Distrito Federal, 1973)











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