lunes, 20 de julio de 2026

Peñón del Rosario, Tlaxcala

 


Peñón del Rosario, Tlaxcala 

Descripción del lugar.- En la Sierra de Acopinalco o de Tlaxco en Tlaxcala, ya en las cercanías del poblado de Acopinalco del Peñón, está enclavado este peñón, una de las cumbres poco visitadas en relación con su belleza y posición geográfica. 

Cómo llegar.- El Peñón se encuentra a 6.5 Km de Tlaxco y a 25 km de Apizaco, al cual se llega por dos carreteras desde la Ciudad de México: la autopista a Puebla, saliendo en San Martín Texmelucan y pasando por Tlaxcala o bien por la de México por la de Texcoco-Calpulalpan. Al llegar al pueblo El Peñón, se deja la carretera para entrar por una calle paralela que se dirige al norte, en busca de la cañada principal. Como dato curioso, en una casa de techos de tejamanil, que llama la atención, se puede dejar el vehículo. 

La ruta se inicia por el fondo de la cañada donde se entra el bosque de pino, otra vereda que se le une, menos marcada, sube a la izquierda para seguir el recorrido. Continúa bordeando las grandes paredes del Peñón, al terminar éstas, de pronto, ganan altura para encontrar una vereda en filo que viene del Rancho del Rosario. 

Siguiéndola hasta el final, se llega a la base del Peñón por la parte posterior, aquí empieza prácticamente lo mejor del ascenso. La vereda sube entre un laberinto de peñas bastante empinadas, y aunque en algunas ocasiones hay que utilizar las manos, el ascenso es sumamente seguro. Ya en la cima, una pequeña escalera hecha con troncos ayuda a encontrar la cumbre de 3,380 msnm. Un extraordinario panorama domina la cima, abajo se puede admirar el Peñón del Loro y Los Gavilanes. 

Equipo necesario.- El que se requiere para media montaña. Este recorrido es ideal para aquellas personas que aunque no tengan experiencia en el montañismo, puedan disfrutar recorriendo a pie los senderos. Se recomienda llevar una piolita para facilitar el ascenso. 

Servicios existentes.- Ninguno. Se pueden encontrar en Apizaco restaurantes y hoteles. 

Duración de la excursión.- La mejor época del año para realizar este recorrido es la de secas. Se puede hacer en uno o dos días. El ascenso a paso moderado, se lleva a cabo en tres horas y media, aproximadamente.


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)


Un video del Peñón del Rosario, AQUÍ

jueves, 16 de julio de 2026

Teresa Hernández Antonio

  


Recordando a Teresa Hernández Antonio 

Por Arturo Rivas 


La revolucionaria Teresa Hernández Antonio fue una militante destacadísima de la Brigada Roja agrupación, de la Liga Comunista 23 de Septiembre que operó en el Distrito Federal y estados circunvecinos. 

A Teresa Hernández la conocí años antes, en el fragor del Movimiento Estudiantil de 1968. Cuando los activistas de la Preparatoria N° 9 de la UNAM forzaron y se posesionaron del taller de impresión de esa escuela y, como pudieron, echaron a funcionar su pequeña imprenta. La mayoría de esa cuadrilla de improvisados impresores era del sexo femenino, y Teresa de las más entusiastas. Sin embargo, la inexperiencia impidió sacar ventaja provechosa de esa máquina y a los pocos días dejó de funcionar. Pero ello no desalentó a estos artífices de Gutenberg y, de inmediato, se coordinaron con los estudiantes de la cercana Unidad de Zacatenco, del instituto Politécnico Nacional. Pronto la Prepa 9 se vio invadida por cuantiosos activistas de las más diversas escuelas; y con ellos, como por arte de magia, también mimeógrafos, tintas y papeles. De ese taller salían diariamente kilos y kilos de octavillas, manifiestos, proclamas, carteles, engomados, pancartas, volantes, etc., etc. Se trabajaba ininterrumpidamente las 24 horas del día; los voluntarios sólo paraban para las necesidades más elementales, dormían pocas horas sobre los montones de papel y continuaban con la faena. 

Ese entusiasmo se mantuvo durante el mismo tiempo que duró el Movimiento Estudiantil. Pero el verdadero motor de esa actividad siempre fue ese puñado de muchachas y muchachos idealistas de "la 9". Eran incansables, inteligentes, disciplinados y también muy alegres y bulliciosos. Y Teresa Hernández Antonio, con ellos. 

Fue en esos días cuando Teresa inició su noviazgo con David Jiménez Sarmiento, el líder más carismático de esa escuela universitaria. Ese amor de ellos surgió y desarrolló enmedio de los mítines, las lecturas socialistas, los debates, las interminables asambleas, las marchas demandantes de libertades ciudadanas, las consignas pintarrajeadas en las paredes y los cánticos rebeldes. Fue cuando estaba prohibido prohibir. 

Después, como es del conocimiento general, las lozanas voces de ese portentoso movimiento estudiantil y popular fueron reprimidas y pisoteadas por el autoritarismo gubernamental. El pueblo mexicano fue burlado y matado por sus propias autoridades, una vez más. 

El estudiantado asimiló la derrota y volvió a las aulas. También Teresa y David retomaron sus estudios, pero ahora con una hija recién nacida. Se habían casado -para disgusto de sus propias familias- e iniciaban vida marital, que sólo la muerte interrumpiría. 

Ella procedía de una familia de clase media acomodada y pretenciosa; era una güerita modosita y educada, gustaba de tocar piano (había piano en su casa). David, por el contrario, derivaba de una familia proletaria, del arrabal, del mal comer y vivir al día. Tiempos difíciles enfrentaba el matrimonio de Teresa y David. Él consiguió un modesto empleo con el que mantenía dignamente a su nueva familia, y continuaba tozudamente con su formación académica; aspiraba a graduarse como economista. Ella atendía amorosamente a su hija y hogar, y por las tardes asistía a la escuela, sentía el llamado de la sociología. Además, ambos incrementaron también su actividad política. 

Para muchos, la represión brutal al Movimiento del 68 y demás movilidades de en esa época (la de los médicos, la de los ferrocarrileros, los copreros, el asesinato de Rubén Jaramillo, etc.) había demostrado el verdadero carácter del Estado mexicano: burgués, reaccionario y  represor. Sin ninguna viabilidad para las necesidades democráticas de la sociedad. Entonces la lucha armada fue vista como un camino necesario por mi generación. 

Cuando yo decidí incorporarme a la guerrilla, mi primera alegría fue constatar allí la amplia presencia del sexo femenino. Mi segunda sorpresa agradable fue reencontrarme también allí a Teresa Hernández Antonio, siempre con su inseparable esposo David Jiménez. 

En la Liga Comunista 23 de Septiembre, la presencia de las mujeres era cotidiana. Esa presencia femenil, natural y militante, le confería a la Liga unas maneras, un vocabulario y un olor distintivos que impedía la vulgaridad y los desplantes machistas, que muchos de nosotros pretendíamos justificar por la clandestinidad y actividad militar. ¡Qué orgullo concurrir a la utopía juntamente con estos seres! No sólo su belleza e inteligencia, sino por su característico pensamiento, sinuoso, perspicaz, alegre y malicioso para llegar a conclusiones sorprendentes. Ellas siempre nos regalaron nuevos argumentos más angelicales, y también más endemoniadamente atravesados. Igual de disciplinadas, igual de valientes, igual el temple y la entereza. Estas guerrilleras le dieron a la palabra compañera otra connotación. 

Era tan amplia la comparecencia femenina, que existieron en la Liga comandos integrados exclusivamente por mujeres. Y no pocas de ellas figuraron en las diligencias regionales y nacional.

Teresa Hernández Antonio, con una bebita de dos o tres años y, además, con un nuevo bebé recién nacido, participó en varias acciones -expropiaciones, les decíamos-, primero con el comando "Lacandones" y luego en la Liga. Este tipo de acciones demandaron siempre de un alto grado de sorpresa, brevedad y contundencia por lo que se requirió previamente de investigaciones y preparación minuciosas. Era en la planeación de estos operativos donde la mente calculadora, curiosa y observadora de Teresa se desplegaba en toda su magnitud, y siempre fueron exitosos. 

Pocos con la capacidad, energía, disciplina y entrega a la Revolución como Teresa Hernández Antonio. Ella llegó a comandar simultáneamente a varias células de la Brigada Roja; y téngase en cuenta que capitanear cualquier célula de esta Brigada Roja era tarea más que dificultosa ¡Allí, hasta el más chimuelo mascaba rieles!

Años después, preso yo en la cárcel de Lecumberri, me enteré de la trágica muerte de esta admirable revolucionaria. Que cayó en combate contra las fuerzas gubernamentales; que Teresa junto con el también dirigente Adolfo Lozano Pérez, Mariano, cayeron en una emboscada -ella, tan precavida y ducha-; que se suscitó el enfrentamiento en Ciudad Universitaria, durante una exposición canina; que los camaradas usaron sus armas de fuego, pero la desventaja fue abrumadora; que sus cuerpos mostraban el tiro de gracia. En fin, ¡Qué pérdida! 

Quiero terminar la evocación a Teresa Hernández Antonio con estas líneas, que son de la autoría de Fernando Pineda Ochoa, camarada del Movimiento de Acción Revolucionaria: 


¿Cómo imaginarte antes 
                                            compañera? 
¿Eras buena?
                        Eres mejor ahora 
Tus manos 
                de madre 
                                de hermana 
                                                     de hija 
                                                                de novia 
Recogieron el fusil 
                                    del comandante Guevara. 
La ternura atesorada mezquinamente 
                                    para el macho se derrama...
Amorosamente se diluye 
                                repartida para todo aquel que lucha. 
Estás presente 
                        Mujer 
                                   Camarada 
                                                    Compañera. 
La miel de tu palabra 
                                    la silvestre fruta de tu boca 
Cuerpo frágil ceñido 
                                    al arma 
Una granada de adorno 
                                        una gorra de campaña 
Te entrego todo mi amor 
                                            Compañera 
                                                                Proletaria.


Muchas gracias por su atención.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

lunes, 13 de julio de 2026

El otro Juan Diego

 


El otro Juan Diego 

Por A.C.

Cuenta la tradición que Juan Diego Bernardino era natural del pueblo de Santa Isabel Xiloxostla, Tlaxcala. En la primavera de 1541 penetró en un bosque de ocotes a orillas de una barranca. Angustiado por los estragos que la peste hacía entre los suyos, en el pueblo de Santa Isabel, resolvió recoger agua del río Zahuapan, que corría por ahí cerca, para aliviar un poco el malestar de los enfermos. De pronto salió a su encuentro una hermosísima mujer que le dijo: -Dios te salve, hijo mío. ¿A dónde vas? 

Cuando recuperó el habla, Juan Diego respondió: -Voy a llevarles un poco de agua del río a mis enfermos, que se mueren sin remedio. 

Ante la bondad del indio, la virgen le ordenó: -Ven conmigo. Te daré otra agua para que se extinga el contagio y salven no sólo tus parientes sino todos los que beban de ella, pues mi corazón ya no soporta tantas desdichas sin remediarlas. 

Acto seguido, la virgen hizo brotar un manantial perenne y dijo a Juan Diego: -Quien beba de esta agua quedará completamente sano. 

En la cumbre del cerro había una pequeña iglesia dedicada a San Lorenzo. Señalándola, la virgen ordenó: -Avisa a los religiosos de mi parte que en este mismo sitio hallarán una imagen mía que quiero que sea colocada en aquella capilla. 

Juan Diego llevó el agua a su gente y contó el milagro a los franciscanos. Éstos, después de meditar, enviaron al otro día a Juan Diego por el rumbo donde tuvo lugar la aparición y lo siguieron sin que él se diera cuenta. Muchas personas se unieron a la comitiva y al llegar al ocotal contemplaron que todos los árboles ardían sin consumirse, especialmente uno muy corpulento. Al día siguiente el árbol fue abierto por la mitad y en sus entrañas se encontraron una hermosa escultura de la virgen María. 

Actualmente el templo (a 2 km de Tlaxcala) es conocido como el Santuario de Ocotlán. Dicho acontecimiento ocurrió, según la tradición, 10 años después de la aparición en el Tepeyac.


(Tomado de: A. C. - El otro Juan Diego. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

jueves, 9 de julio de 2026

Juegos privados

 


Juegos privados 

Fuera de la plaza pública, fue también común la práctica del juego en la época virreinal y en el México independiente. No se busca aquí el espectáculo, sino el mero placer del ejercicio lúdico, o del despliegue de las destrezas propias. El mayor, y acaso mejor ejemplo de esto se encuentra en competencias de raíz plenamente conocida por los primeros mexicanos: la pelota. El objeto esférico que bota, rebota, se desliza, vuela, golpea, curvea, se detiene, está -como hemos visto- en el centro de las prácticas lúdicas del México prehispánico y de todas las grandes culturas. Los colonizadores españoles introdujeron con éxito la práctica de lo que ahora conocemos como frontón y de las bochas, modo primitivo del actual boliche que -otra vez- divertía a Hernán Cortés, y de un juego análogo: los bolos (cuyo antecedente azteca, el totoloque, fue practicado por Cortés con el emperador Moctezuma, según relata Díaz del Castillo).

También bolas -de marfil en este caso- fueron el principal elemento de dos juegos fundados en la habilidad de los competidores, y a la vez muy cerca de la frontera de los juegos de envite de los que nos ocuparemos más adelante En primer término están los trucos, juegos desplegados sobre una mesa cubierta con un paño cercada por barandas y provista, de trecho en trecho, de bocas (las buchacas que conocemos) que tragaban las bolas de un jugador que el contrincante empujaba con un taco de madera. En ocasiones se empleaban sólo tres esferas, que hacían carambola al chocar. Como puede verse, la práctica de los trucos es un antecedente directo del billar. José Joaquín Fernández de Lizardi en su Periquillo sarniento advierte acerca de sus riesgos: dice que su promoción usualmente sirve como máscara; tras las desvencijadas mesas donde se afanaban los truqueros habría garitos en los que medraban los tahúres. Por ello, en la Nueva España la práctica de los trucos fue prohibida a los trabajadores, con excepción de los días festivos. 

Hacia finales del siglo XVIII comenzó a practicarse en nuestras tierras el billar. Al comienzo, las partidas carecían de espectadores y también de fines de ganancia por parte de los que jugaban. Intentar y lograr carambolas no tardaría en volverse un pasatiempo urbano de poderosa seducción. Al hacer referencia al billar, cuyo esplendor ocurre en el siglo XIX, no será posible soslayar la mirada que tendió el cronista Manuel Gutiérrez Nájera hacia la geometría desplegada sobre el tapete verde. En uno de sus textos, firmado con el seudónimo de Junius, el también altísimo poeta mexicano nos cuenta: "Las bolas de marfil travesean como duendes retozones, corriendo de un extremo al otro de la mesa. Los jugadores siguen impacientes las correrías de la pequeña bola, que ya obedece ciegamente y como esclava la voluntad de su señor, ya se resbala y salta enfurecida, como un corcel que se encabrita. A cada rato, el jugador suaviza con el cosmético el casquillo de su taco. No bastan ya las mesas que hay en el salón para los aficionados a la carambola, ni aun las bancas para ofrecer como de asiento a los curiosos. Los mozos corren del salón a la cantina y cada instante se oye el choque del marfil o el golpe seco de una bola cayendo en la buchaca." Gutiérrez Nájera da cuenta también de cómo "los chicos, menores de veinte años... juegan ranflas, guerra o carambolas". Los llama "prófugos de la escuela"; son los nuevos, y constantes, moradores de los salones donde se desarrolla un juego que ha llegado a nuestros días tal cual fue practicado por nuestros ancestros.


(Tomado de: Reyes, Juan José - Cuestión de suerte, Editorial Clío, libros y videos S. A. de C. V., México 1997)

viernes, 3 de julio de 2026

Los Panchos y el cine

 


Los Panchos 

Yo siento en el alma tener que decirte 

que mi amor se extingue como una pavesa, 

y poquito a poco se queda sin luz…

Rafael Hernández, 

en las voces del trío Los Panchos 


Su difusión a través de la radio, sus discos Columbia en 78 RPM, sus discos de larga duración, y finalmente su elegante presencia en las películas mexicanas de los años cuarenta impusieron en la preferencia del gusto popular del continente a un trío inigualable -poco importaba que hubiera otros-: Los Panchos. 

Alfredo Gil, Chucho Navarro y Hernando Avilés, los integrantes del trío original, con sus canciones, especialmente los boleros, calaron hondo en la sensibilidad del público latinoamericano de entonces.

Acompañándose a la guitarra, con sus voces y con la fina interpretación de cada composición filtrada por su estilo, nos regalaron versos que ya forman parte del rico cancionero popular de nuestras tierras: "...tú diste luz al sendero/ en mi noche sin fortuna...", o aquellos otros: "...si nomás puedo causarte llanto, hay amor, olvídate de mí…”.

Era aquella, la del cuarenta, una década romántica, en la cual -según el gusto actual, que por un lado censura el kitsch y por el otro lo impone en las películas cursis. Prevalecía el bolero a través de las melodiosas voces de ese trío, siempre tomados en plano general o medio, estáticos, con un único atributo a su favor: su calidad. 

En aquellas películas -Callejera, Hipócrita, No me quieras tanto o Rayito de luna-, simple pretexto para el lucimiento de Marga López, Leticia Palma, Marta Roth o Brenda, por lo regular en un ambiente de falso cabaret, Los Panchos, al decir el bolero de turno, contribuían a redondear un argumento siempre en función en función de esas hermosas mujeres. 

Unos de los integrantes del famoso trío, Chucho Navarro, creó dos boleros que poco después pasaron a hacer películas, Perdida y Rayito de luna, ambas filmadas en 1949. La primera Unió a Ninón Sevilla con el músico-poeta Agustín Lara, en esa ocasión lejos de sus propias canciones, convertido en actor. Rayito de luna formó parte de todo lo hecho por Chano Urueta, cultor de diversos géneros en el cine mexicano, alguien que no desaprovechó oportunidad alguna para incluir en sus películas no sólo boleros, sino también mambos y can can. Alberto Sicardi, pareja de baile de la protagonista, Brenda, fue el coreógrafo de esta película. Ella, si mal no recuerdo, se llamaba Esmeralda en el filme, era disputada por David Silva, el galán, y otros. Y en medio de aquella codicia por la hembra exótica, envuelta en velos en los números bailables, en sets delirantes -tal vez si hoy viéramos la película nos parecería insólita-, aparecían Los Panchos, incongruentes pero auténticos en su interpretación del conocido bolero de Chucho Navarro: 

Como un rayito de luna 

entre la selva dormida,

así la luz de tus ojos 

ha iluminado mi pobre vida. 

Tú diste luz al sendero 

en mi noche sin fortuna, 

iluminando mi cielo 

como un rayito 

claro de luna. 

Rayito de luna blanca 

que iluminas mi camino,

así es tu amor en mi vida, 

la verdad de mi destino. 

Tú diste luz al sendero 

en mi noche sin fortuna,

iluminando mi cielo 

como un rayito 

claro de luna.


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

martes, 30 de junio de 2026

Gerardo Fernández Noroña, líder profesional

 


Gerardo Fernández Noroña, líder profesional 

Por Alejandrina Aguirre 

¿Quién es el más nuevo y agresivo líder de los taxistas del DF? Gerardo Fernández Noroña. ¿El mismo que encabeza una de las más combativas asociaciones de deudores de la banca? El mismo. ¿Cómo es que ahora defiende a choferes de taxis? Es una historia interesante. 

Fernández Noroña -un sociólogo de 39 años de edad, soltero y padre de dos hijos- dice que la primera vez que probó la injusticia fue en la primaria, a los 6 años de edad. -A mediados de los 60 -exagera- era aún común que maestras y profesores golpearan a los alumnos, para castigar las travesuras, desde entonces detesto el autoritarismo y los abusos. Todavía me siento como uno de aquellos niños, que muchas veces ni sabían por qué les pegaban. 

Hijo de michoacano y defeña, el sociólogo fue el mayor de 5 hermanos, criados por parientes cuando el matrimonio de los padres se desintegró. 

A Fernández Noroña le tocó en suerte (a los 5 años de edad) vivir con la abuela materna, una viuda que para mantener al crío hacía labores de costura y vendía de puerta en puerta cosméticos y productos de limpieza. 

Poco después, abuela y nieto se mudaron a un departamentito en una unidad habitacional del IMSS en Tlalnepantla, donde se les unió una tía. -Eran mujeres "luchonas", que se daban tiempo para disfrutar de la vida y preocuparse por el sufrimiento de los demás, tal vez por su profunda religiosidad -evoca el nieto con gratitud. 

Primeros pasos 

Aunque en la primaria y secundaria se mostró estudioso pero más bien tímido -nunca participaba en los festivales escolares y prefería pasearse solo en los recreos- en la preparatoria se convirtió en líder estudiantil, para deslumbrar a una muchacha que le agradaba. El enamoramiento no duró; en cambio el gusto del chico por la popularidad fue tal que ya nunca quiso abandonar las mieles del liderazgo. 

Luego de un fugaz coqueteo con la ingeniería, se matriculó en sociología en la UAM, plantel Azcapotzalco. Mientras era estudiante, Fernández se empleó en una clínica del IMSS, de donde lo corrieron por "revoltoso", porque organicé a los trabajadores eventuales para que defendieran sus derechos-, asegura. Para ganarse la vida dio clases en diversas preparatorias particulares, de donde invariablemente lo despidieron por su manía de exponer a los educandos las bondades del marxismo. 

Recién graduado en 1983 -con una tesis sobre el sindicalismo y sus relaciones con el Estado mexicano- Fernández encabezó un movimiento de 15,000 familias que protestaron porque el IMSS decidió vender a inmobiliarias particulares los departamentos de diversas unidades habitacionales propiedad de la institución y alquiladas bajo el régimen de "rentas congeladas" (él habitaba una de esas viviendas). Al cabo, los departamentos se vendieron a los inquilinos y Fernández se aprendió valiosas lecciones que después aplicó en su carrera de líder. 

Descubrió, por ejemplo, que ofertas y ventajas van en relación directa al ruido que uno sea capaz de provocar: su defensa de los inquilinos del IMSS fue tan tronante que, para neutralizarlo, lo invitaron a colaborar en la institución, impartiendo conferencias y cursillos sobre seguridad en el trabajo.

Simultáneamente, el joven se interesó por la política partidista y en 1986 fue candidato a diputado por el extinto PMS [Partido Mexicano Socialista], parte del Frente Democrático Nacional que ese año postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para la Presidencia. De ahí pasó al PRD y en 1990 renunció a su empleo en el IMSS para dedicarse de lleno al partido, sumado al enjambre de los seguidores más cercanos de Porfirio Muñoz Ledo que nunca fueron bien vistos por los altos mandos del neocardenismo. -Por 5 años me "congelaron" -relata- porque me rebelé contra los desmanes del comité ejecutivo del partido, dominado por los incondicionales de Cárdenas. No abandoné el PRD porque, a pesar de sus defectos, es el único partido verdaderamente preocupado por la democracia en este país. (En 1999 fue "perdonado" y lo admitieron en el CEN perredista).

Deudores en rebeldía 

Las tribulaciones de Fernández Noroña con la banca dieron comienzo en 1992: solicitó un crédito hipotecario por 120,000 pesos. Dos años después, asegura, había cubierto 115,000 pesos entre pago de intereses y abonos al capital, pero su deuda, tras la devaluación de 1994, se elevó a 800,000 pesos. "Sólo la unión hace la fuerza", se dijo, y fundó la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca (de la cual sigue siendo presidente). Los jerarcas del PRD no le vieron entonces posibilidades al movimiento y dejaron al francotirador librado a su suerte. 

Fernández Noroña no se dejó amilanar. Para capturar a sus primeros seguidores, se lanzó a las calles a invitar a los transeúntes a reuniones en parques públicos, donde los exhortaba a defenderse de las injusticias de la banca. Cuando la organización del perredista empezó a ganar los primeros juicios contra el embargo de bienes inmuebles de los socios, más y más morosos se unieron al sociólogo, que llegó a contar con 3,000 asociados en el DF, Guadalajara, Zacatecas, Acapulco, Tepic y Veracruz, cada uno de los cuales pagaba al líder 220 pesos mensuales por sus servicios de gestoría. 

Fernández Noroña organizó infinidad de marchas y plantones en diversos rumbos del DF. Adoptó un disfraz de luchador (el "Chupacabras", se autobautizó) e instaló sus oficinas en una tienda de campaña a un costado del Palacio Nacional, donde recibía un constante desfile de simpatizantes. 

Empezó a volverse famoso en marzo de 1996, cuando irrumpió con pancartas en la convención de los banqueros celebrada en Cancún. 

Para no perder vuelo, en julio Fernández Noroña se arrojó a los pies del presidente Ernesto Zedillo que salía del Palacio Nacional seguido de una cauda de reporteros. El mandatario se vio forzado a detenerse y ayudar al quejoso a ponerse de pie. Las fotografías del suceso dieron la vuelta a medio mundo. 

Romanticismo vs. marxismo 

Al año siguiente, otra vez en Cancún, Fernández Noroña intentó de nuevo colarse en la convención de los banqueros y fue detenido o secuestrado, según se vea, por judiciales federales disfrazados enfermeros que amenazaban con llevarlo a un manicomio. Para entonces el PRD ya no podía darse el lujo de ignorar a su ruidoso militante y pagó una fianza de 13,000 pesos para liberarlo. 

A partir de entonces, el movimiento de los deudores de la banca empezó a perder fuerza y Fernández Noroña decidió invertir parte de sus ahorros en adquirir taxis y ponerlos a trabajar en el DF, donde esperaba contar con ayuda de los funcionarios emanados de su propio partido. Pero dice que descubrió sucios manejos y decidió combatirlos: fundó el Movimiento Unificador de Taxistas que ya agrupa a varios centenares de agremiados (muchos de ellos, sus propios choferes) y se lanzó a denunciar la corrupción en la Secretaría de Transportes y Vialidad capitalina, aún dominada -asegura el líder- por enquistados priístas que extorsionan a los taxistas para desprestigiar al gobierno perredista. 

-Aunque en mi lucha he sufrido detenciones, represión y amenazas de muerte, además de ofertas de dinero, no cejaré en mi sueño de convertir a México en un país libre -entona con exaltación-. Soy un político romántico con ganas de ayudar a la gente, no un marxista dogmático. Como decía mi abuela: si socialista es el que procura que el pueblo tenga comida, vivienda, empleo, salud y oportunidades de viajar y desarrollar sus aptitudes, entonces yo quiero ser socialista. Toda la vida.


(Tomado de: Aguirre, Alejandrina. - Gerardo Fernández Noroña, líder profesional. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

jueves, 25 de junio de 2026

El indito de los guantes

 


El indito de los guantes 

¡Brrr! ¡Qué frío hace! Llegó el tiempo, o está llegando, de esconder el cuerpo, en casita o bajo los abrigos que lo defiendan. La hora de meter las manos en los bolsillos, alzarse las solapas del saco, hundir el cuello hasta las orejas, usar sombrero, protegerse los huesitos del "carcañal" y los tobillos que cómo duelen cuando hace frío. ¡Brrr!

Entonces nos viene que ni pintado el indito de los guantes. El mismo que aparece por las calles de la orgullosa Ciudad de México, tiende sus "ropas de abrigo" en las aceras y mientras llega el cliente, teje y teje su lana burda en incansable revolotear de manos y gruesas agujas. El inconmovible tejido, indiferente a la fría marejada de los transeúntes, más ardiendo por dentro la lumbre mansa de la paciente oferta. 

El indito que llegó temprano de los cien pueblecillos montaña atrás circundando el valle de México: el ayate al hombro, la mujer el hijo a la espalda: otro ayate de lana tierna, tibia, móvil. 

Llegó a la ciudad arisca, cruzó, aturdido, los rojos amarillos y verdes de los semáforos, se dejó arrastrar por el brusco aluvión del tránsito y "estableció" su tienda en el tropel de una esquina y del clima, o se puso a recorrer calles, la tienda al hombro, la familia al paso y por poco dinero teje y teje entre tanto convida guantes de lana cruda, medias y gorros con el adorno de relampagueantes tintes. Porque no se crea nadie que solo las grandes tiendas venden ropas de abrigo, ni nada más los alpinistas compran al indito de los guantes. 

Estos inditos que venden medias y andan descalzos; gorros de lana y usos y usan sombrero de petate, guantes y no los conocen. 

Ahora que por razones de la vieja costumbre y el alto encargo, hubo un indito que vistió guantes: don Benito Juárez; pero con qué dignidad de Gran señor de la patria; muy al contrario de otros indios que, cursis y rastacueros, usan guantes para no saludar la mano áspera y desnuda de los indios.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

lunes, 22 de junio de 2026

Joaquín García Vargas “Borolas”

Joaquín García Vargas “Borolas”

(actor)

(1922-1993, Michoacán, México). La trayectoria de Borolas puede rastrearse en su paso por las carpas y el teatro de revista donde se fogueó y perfeccionó su curioso estilo de "no rompo un plato" para atacar con una notable habilidad verbal para el albur y el chiste rápido. Borolas fue un personaje de gran arraigo popular con su característico sombrero de hongo apoyando a otros cómicos protagonistas de sus filmes como Cantinflas en Sube y baja (1958) y Tin Tan: era el secretario de éste en El vizconde de Montecristo (1954), uno de los torpes ladrones de El rey del barrio (1949) y el fraudulento detective de El hombre inquieto (1954). Participó en películas como ¡Ay chaparros, cómo abundan! (1955) y comedias de corte musical de la Época de Oro como Al son del mambo (1950), La niña popoff (1951), ¡Qué lindo cha cha chá! (1954) o Club de señoritas (1955) en una filmografía que rebasa los 100 títulos, entre los que se incluyen Las leandras (1960) y Santa sangre (1989) de Alejandro Jodorowski, realizada poco antes de su muerte. 

Rafael Aviña


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000) 

viernes, 19 de junio de 2026

Caverna de San Bartolo Tutotepec, Hidalgo

 


Caverna de San Bartolo Tutotepec, Hidalgo


Descripción del lugar.- Esta cavidad se localiza en la población de San Bartolo Tutotepec, perteneciente al municipio del mismo nombre. Dicha población forma parte de la gran cadena montañosa que es la Sierra Madre Oriental. La palabra Tutotepec es de origen náhuatl y significa "en el cerro de las aves". de las diez regiones geoculturales en que se divide el Estado de Hidalgo, Tutotepec pertenece a la Sierra de Tenango que tiene una temperatura media anual de 16° C y un clima templado húmedo con neblinas constantes y mucha lluvia en verano. La región presenta grandes masas forestales de robles y ocotes. 

La cavidad se aprecia desde el pueblo y se ubica en el cerro "De la gruta", a una altitud de 1,400 mts. Es conocida desde principios del siglo, o tal vez desde antes, en virtud de que los habitantes aseguran que en ella se refugiaban, en la época de la Revolución, los soldados de la región. Es importante resaltar que en la entrada, así como a 120 mts en su interior, se llevan a cabo ceremonias mágico-religiosas por brujos de la zona, por lo que se pueden apreciar algunas ofrendas. La cavidad consiste en un ramal principal de 400 mts de longitud que presenta concrecionamientos, dos lagunas de temporal, así como una cascada que resalta por la tonalidades rojizas del carbonato de calcio bellamente esculpido. 

Cercanas a Tutotepec se encuentran las presas Omiltémetl y El Tejocotal, que inviten al descanso y al campismo. El recorrido de Tulancingo a Tutotepec ofrece un hermoso paisaje que en pocos lugares se aprecia. 

Cómo llegar.- De la Ciudad de México dirigirse a Tulancingo y continúe rumbo a Poza Rica. 12 km más adelante se encuentra la desviación que conduce a Metepec, de donde parte la carretera que lleva a San Bartolo Tutotepec después de 40 km. En caso de no contar con automóvil, de Tulancingo salen peseras a esta población; el recorrido es de dos horas y media. Del poblado se hace una hora para llegar a la caverna. 

Servicios existentes.- Todos los puede conseguir en Tulancingo. En caso de que se desee probar unas ricas frutas en conserva, así como deliciosos vinos, a 15 km de Tulancingo se encuentra Acaxotitlán. 

Equipo necesario.- Todo lo que se requiere para la espeleología y casco de iluminación para tres horas. El recorrido en su mayoría es horizontal. 

Duración de la excursión.- Dos días. La caverna se puede visitar en época de lluvias pero implica que los lagos estén más grandes y será inevitable un chapuzón. Uno de los ramales bajo la cascada, que es un colector, no se podrá visitar en temporada de precipitaciones. Se recomienda realizar este recorrido con un guía o persona especializada en el ramo.


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)


Enlace a una de las ceremonias indigenas realizadas en la gruta de Los Manantiales AQUÍ

lunes, 15 de junio de 2026

El Valle de México, 1844


El Valle de México, 1844 

Figuraos que os hayáis en lo alto de una montaña que se levanta hasta cerca de dos mil pies sobre el nivel del valle y nueve mil sobre el del mar. Sobre vuestra frente se extiende un cielo sin nubes del más acabado azul, y una atmósfera tan pura y diáfana que los objetos situados a muchas leguas de distancia se ven tan nítidamente como si se hallasen al alcance de la mano. De primer intento os impresiona la escala gigantesca: sentís como si estuvieseis contemplando un mundo. Ningún otro panorama de valles y montañas ofrece un conjunto semejante, porque en ninguna otra parte son las montañas tan altas y a la vez el valle tan espacioso y tan colmado de semejante variedad de tierras y aguas. El llano que se dilata a vuestros pies es por extremo liso: circúndalo un cinturón de doscientas millas de montañas prodigiosas, las más de las cuales han sido volcanes activos y que ahora están cubiertas unas de nieve y otras de bosques. Encierra grandes mantos de agua que más parecen mares que lagos; está sembrado de incontables aldeas, granjas y plantíos; de su suelo se levantan eminencias que en cualquier otra parte del mundo se llamarían montañas, pero que, vistas desde aquí, no parecen sino simples montículos fabricados por hormigas. 


(Tomado de: Brantz Mayer, México, lo que fue y lo que es. México, Universidad Nacional Autónoma, 1953. Carta VII. La edición original es de 1844.

Tomado a su vez de: García Martínez, Bernardo - El territorio mexicano de 1940 a 1970. Historia de México, tomo 12 Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1974)