jueves, 12 de marzo de 2026

La dinastía azulcrema

 


La dinastía azulcrema 

En 1918 existía preocupación en el medio futbolístico por la falta de equipos que ofrecieran mayor oposición al Club España. El inglés Percy C. Clifford, figura central de la etapa pionera, pensaba que la gente terminaría alejándose de los campos, aburrida de ver ganar siempre y con tanta facilidad a los españoles. Lo que mister Clifford no imaginaba era que el equipo que iba a romper la hegemonía españolista acababa de debutar en la liga: el Club América

Para 1916, en los colegios particulares de la capital la práctica del balompié era un asunto cotidiano. De esos ambientes escolares surgió el Club América, resultado de la fusión de dos equipos ligados al Colegio Francés de los hermanos maristas. Uno era el Récord, encabezado por los alumnos Germán Núñez Cortina y Rafael Garza Gutiérrez, quien habría de heredar como apodo el nombre del equipo; el segundo era el Colón, que entrenaba el profesor Eusebio Cenoz, quien sugirió la formación de un solo conjunto. Para ello se convocó a una junta en los llanos de la Condesa el 12 de octubre de 1916 y ahí reunidos los 22 jugadores, sin pensarlo demasiado, eligieron el nombre de América para el nuevo club. 

La liga los aceptó en la temporada 1917-18, luego de que consiguieron un inesperado empate frente al España. Quedaron en último lugar. Influidos por el profesor Cenoz, y otros miembros del Colegio Francés, decidieron llamar Unión al equipo. Las cosas no mejoraron y al finalizar la campaña 1919-20, un grupo de jugadores rompe con sus tutores franceses y decide regresar al nombre original. Inicia entonces la fama de los muchachos azulcrema. 

A partir de 1920 empezó a formarse el cuadro base que les permitiría aspirar al campeonato. Las primeras adquisiciones fueron Enrique "La matona" Esquivel y Horacio Ortiz, que venían del extinto Pachuca. Después recibieron a un grupo de orizabeños muy experimentados que estudiaban en la capital. El primero de ellos en ponerse la camiseta crema fue Firpo Nadal, que llegó en 1923. Luego le siguieron Ernesto Sota, Juan Terrazas y los hermanos Cerrilla. El equipo había ganado en fortaleza física y velocidad. La falta de técnica la suplían con empuje y agobio al contrario que, por lo general, acababa siendo arrollado. 

Entonces comenzó el verdadero despegue del club, que conquistó cuatro títulos de manera consecutiva, empezando por el de 1924-25. Por fin un cuadro formado exclusivamente por mexicanos se imponía a los orgullosos españoles y además los mantenía alejados del título por cuatro años. Eso le dio un nuevo interés al fútbol y permitió que las tribunas volvieran a llenarse.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 9 de marzo de 2026

Entrevistando a las pirámides 6 Cholula



Entrevistando a las pirámides 6 Cholula 


El entrevistador de pirámides recorre, con una vela en la mano, las entrañas de la pirámide de Cholula. Cinco kilómetros de corredores subterráneos han sido desescombrados hasta hoy por los arqueólogos- corredores estrechos que se entrecruzan y ramifican a trechos irregulares formando una red inextricable, como el laberinto del Minotauro que en gloria esté. 

La pirámide de Cholula es también un conglomerado de pirámides. Pero lo que en Tenayuca eran piadosas superposiciones fueron en Cholula demostraciones de poderío y hostilidad. Cada tribu que dominaba a Cholula levantaba una nueva pirámide a lomos de la vencida. Y no contenta con esto, taponaba su interior con piedras, destruía los altares y las estatuas, cubría los frescos con una capa de barro y trastornaba el sistema de los corredores.

El último y más peligroso enemigo que levantó sobre este hacinamiento de templos el suyo propio fue la Iglesia. El santuario de Nuestra Señora de los Remedios se yergue orgulloso sobre la plataforma más alta de la más alta de estas pirámides superpuestas. Nadie sospecharía que este cerro abovedado es obra del hombre; hasta tal punto ha borrado y revestido la naturaleza las paredes piramidales con el verde claro de la vegetación. Al exterior, la pirámide de Cholula, en otro tiempo la más poderosa de la tierra, pues era casi el doble de grande que la de Keops, ya no existe. Pero por dentro sí existe, pues precisamente en este momento recorre su interior el entrevistador de pirámides, marchando a lo largo de los corredores desescombrados y deteniéndose delante de los frescos.

La luz que sostiene su mano se desplaza a toda prisa sobre saltamontes y calaveras, calaveras y saltamontes; el entrevistador advierte con angustia que ya no le queda más que un cabo pequeño de vela, apenas lo necesario para descender el camino andado y encontrar la salida. Pero la curiosidad puede más que el miedo a que los arqueólogos del porvenir descubran aquí su cuerpo convertido en esqueleto. Y penetra en una cámara en cuyo centro se alza una especie de pedestal cuadrangular hecho de barro. Levanta la vela, ya a punto de extinguirse, y ve a un hombre alto de cara pálida y larga barba blanca. 

-No se asuste usted -dice el misterioso personaje-; he venido a buscarlo para acompañarlo hasta la salida. Esto fue hace tiempo un altar. Sobre él se ofrendaban a los dioses flores, saltamontes y mariposas. Los sacrificios humanos, aquí, eran considerados un crimen. 

-¿Vive usted aquí?- balbucea el entrevistador, por balbucear algo. 

-Sí, hace mucho tiempo que vivo aquí -contesta el de la barba blanca-. Pasé fuera de aquí mucho tiempo, pero he vuelto. 

-¿Y por qué se fue de esas tierras, si me permite la pregunta? 

-El que quiera saber, tiene que preguntar. Se lo contaré. Yo era sacerdote en Tula y enseñaba a mis fieles el cultivo del maíz y de otros frutos, las artes de la cerámica, a tejer cestos y telas. Pero los otros sacerdotes veían esto con malos ojos. Los viejos azuzaban a la gente contra mí porque las artes que yo profesaba eran afeminadas y poco guerreras; los jóvenes consideraban una blasfemia todos nuestros sacrificios religiosos, "En vez de carne humana, nos trae mariposas", clamaban los sacerdotes de los dioses; "en vez de dinero, nos trae saltamontes", gritaban los sacerdotes de la Iglesia. 

-¿Y le hicieron a usted daño? 

-Para evitar que me mataran me marché de allí, vine a Cholula y aquí me quedé. Veinte años más tarde fui andando hacia el mar, acompañado por amigos y discípulos. En Veracruz tomé un barco y partí para tierras lejanas. Desgraciadamente, con la promesa de volver…


(Tomado de Kisch, Egon Erwin. Descubrimientos en México. Volumen 1. Prólogo de Elisabeth Siefer. Edición aumentada. Colección ideas, #62. EOSA, Editorial Offset, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1988)

viernes, 6 de marzo de 2026

Carmen Lomas Garza

 


Carmen Lomas Garza

Pintora y estampadora que exalta los valores más profundos de la cultura chicana a través de imágenes de la vida cotidiana del mexicano-americano y de los recuerdos de la historia familiar en un pueblito del sur de Texas. Nació en 1948 en Kingsville, Texas, hija de padre mexicano; su madre contaba con habilidades artísticas que reflejaba en su especialidad de pintar a mano las cartas de la lotería, que después Carmen plasmaría en su famosa serie sobre este tema. Desde niña decidió ser un artista profesional. Desde sus estudios de licenciatura está el doctorado en Artes es influida por el movimiento chicano y ha enfocado su arte a plasmar los detalles que describen la casa y la familia chicanas.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 2 de marzo de 2026

Dominio hispano

 


Dominio hispano 

El entusiasmo que despertó el Club España se vio reflejado en la cantidad de equipos formados por hispanos que comenzaron a proliferar por toda la ciudad. El club los adoptó y abrió sucursales en distintas zonas de la capital. En 1916 había uno en San Antonio Abad, otro en la colonia Guerrero, en Santa María la Ribera, en San Cosme y una más en la prolongación de las calles de Bolívar. 

Ese efervescencia futbolística se extendió a otras ciudades del país con fuerte presencia ibérica, como Tampico, Torreón, Tuxpan, Veracruz, Villahermosa, Oaxaca, Puebla y Pachuca, donde los residentes españoles formaron sus propias oncenas, integrando en 1918 una Confederación Deportiva, comandada por el Club España de la capital. 

De su fuerza deportiva hablan los nueve campeonatos que lograron entre 1912 y 1922, jugando un fútbol simple, nada vistoso pero muy efectivo, basado en la fortaleza física y en la valentía para entrar a rematar los centros que enviaban los extremos, conocidos en aquellos tiempos como alas. Intentaban pocas combinaciones y preferían el rápido pelotazo al área enemiga; con ellos el balón permanecía poco tiempo pegado al pasto. 

Entonces se decía que el Club España jugaba "feo, pero ganaba" y que sus triunfos se debían antes que nada "al nervio de la raza, coraje y amor propio". Entre los más destacados jugadores de aquellos años se recuerda a Enrique Gavaldá, "El Portero Caballero", a Lázaro Ibarreche, "El Chuteador As del Fútbol Mexicano", a Eladio Olarra, "El Jugador Ardilla", por su gran rapidez y astucia para buscar el gol, y Antonio y Jaime Arrechederra, "Los Hermanos Terremoto", por más de diez años el mejor dueto defensivo de México. 

La pérdida del título de la temporada 1922-23 ante el Asturias fue la primera señal de que la era del dominio españista estaba llegando a su fin. Dos años más tarde cedieron para siempre su trono ante un grupo de jóvenes impetuosos que fundó la primera dinastía futbolera mexicana

El Club España tardó en aceptar que su fútbol había envejecido y por ello vivió una larga decadencia, hasta que en 1934 resurgió con jovencitos de su cantera que dominaban las claves modernas del balompié. 

Pero esa es otra historia.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

viernes, 27 de febrero de 2026

Frailes de Actopan, Hidalgo


Frailes de Actopan, Hidalgo 


Descripción del lugar.- El viajero no puede menos que admirar, en uno de los cerros más altos, la silueta de unas grandes rocas conocidas como Los Frailes (2,140 msnm), al dirigirse de la ciudad de Pachuca a la población de Actopan.

Este lugar, perfecto para los excursionistas y amantes del alpinismo, está marcado con una pequeña ermita que señala el inicio de la vereda que lleva por todo el filo al pie del macizo, formado por cuatro formas rocosas.

Varias son las rutas para escalar escalar la mayor de las agujas. Una es la de 115 mts por la pared más alta, pero la que se usa frecuentemente, y lleva a la cumbre con 75 mts de escalamiento a 2,805 msnm, fue abierta la primera vez por miembros de la Sierra Club de México en 1934. La región está llena de muchas rocas de diferentes alturas y grados de dificultad, como son otras tres de este macizo. Al oeste está la gran roca de la Catedral o Peña Ancha en cuya base está El Pilón, La Botella y la que hace algunos años fue catalogada como la más difícil El Colmillo. 

Esta sierra tiene la ventaja que el excursionista, si no pretende escalar, puede visitar la zona por cómodas veredas, disfrutando de días de campo, ya que la región desértica queda abajo. Aunque no se trata de un bosque muy espeso, si hay lugares cubiertos de encino y pino. También se puede ascender al cerro de San Jerónimo, que popularmente se conoce como del Oso a 2,610 msnm, cuyas cima se puede alcanzar fácilmente andando en una hora y media al mismo tiempo de disfrutar del majestuoso y extenso panorama. 

Cómo llegar.- Para los Frailes existen dos caminos: el primero, salga de la capital del Estado, por la carretera núm. 85, hacia la población de Actopan, de ahí sale el camino que lleva a San José Tepelmeme y después de recorrer 13 km de terracería, llegará a la población de San Jerónimo. El segundo camino, desde la ciudad de México recorre 90 km hasta la estatua de don Miguel Hidalgo a la entrada de Pachuca. Continúe por la carretera a la población de Actopan, a los 5 km aproximadamente, tome la desviación del lado derecho que va a Tilcuautla. En el rancho La Concepción tome la terracería que conduce al pueblo de Benito Juárez para entroncar con el camino de 18 km que va a San Jerónimo.

Servicios existentes.- En el poblado de Actopan hay hoteles, restaurantes, caminos, gasolinerías y lugares para reparar vehículos. Si se dispone de más tiempo para efectuar varios escalamientos o recorrer la sierra con más calma, en la población de San Jerónimo hay un albergue para 14 personas. 

Equipo necesario.- Arnés, mosquetones, zapatos especiales de escalada en roca, ropa resistente y cómoda, tienda de campaña y saco de dormir, lámpara de mano (si se requiere), alimentos y suficiente agua. 

Duración de la excursión.- Se puede realizar en un día o dos desde la Ciudad de México. La mejor época para hacer esta visita es después del tiempo de aguas, es decir, de septiembre en adelante.

Da click AQUÍ para un video de Los Frailes


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)

miércoles, 25 de febrero de 2026

Tito Guízar y el cine



 Tito Guízar

En un cine en el que lo musical era la clave del éxito -los guiones se elaboraban alrededor de las canciones y éstas se intercalaban escena tras escena-, resultó natural que, antes que Jorge Negrete y Pedro Infante, una figura como Tito Guízar (Guadalajara, Jalisco, 1908), actor, cantante y compositor, fotogénico y carismático además, aunque su físico no correspondiera al del mexicano típico, hallase fácil acomodo. 

Sin embargo, antes de su entrada al cine, el astro triunfó en los Estados Unidos, a través del disco, como singing latin lover y, contratado por la Columbia Broadcasting, actuó en un programa radial, Tito Guízar y su guitarra, que se transmitía, con una hora de duración, dos veces por semana. 

Guízar, una de las voces que diera el cine mexicano -más tarde asimilado por la "fábrica de sueños"-, interrumpió sus estudios de medicina para dedicarse al canto. Una vez en el terreno que más le interesaba, recibió clases en Italia del barítono Mario Sanmarco, y posteriormente, cuando su carrera ya había alcanzado notable desarrollo, se perfeccionó con el tenor Tito Schipa

Con este background, considero que resultaba lógico que se pensara en él a la hora de decidir el rodaje de Allá en el Rancho Grande, producción llena de canciones compuestas por Lorenzo Barcelata ("Amanecer ranchero", "Por ti aprendí a querer", "Lucha María", "Coplas", "Presumida), José López Alavés ("Canción mixteca), y Silvano R. Ramos (Allá en el Rancho Grande"). Este último aseguró ser el autor de la pieza, hasta entonces anónima, que dio título a película tan notoria. 

Allá en el Rancho Grande (1936), la primera cinta protagonizada por Tito Guízar -su pareja fue la bella Esther Fernández-, "sentó las bases para que el cine mexicano se convirtiera en una verdadera industria", como ha apuntado García Riera. Paradójicamente, tuvo mayor aceptación en el mercado exterior que en el interno. Inauguró el subtitulaje en inglés, con vistas a una mayor distribución, y significó el primer premio internacional para el cine mexicano, concretamente para la fotografía de Gabriel Figueroa, en el Festival de Venecia. Todo ello, como es natural, contribuyó a la enorme popularidad del actor-cantante. Se dice que cuando estuvo en Cuba enloqueció a las mujeres. Sus fans, apasionadas, desbordaron el entusiasmo. 

El Guízar compositor afloró desde sus primeras películas. Si ya en Amapola del camino (1937) se escucharon "El nuevo procedimiento" y "Una vez más", en ¡Como México no hay dos! (1944), comedia folclórica auspiciada por la Federación Nacional de Charros, varias canciones suyas, entre ellas "Qué rechulo es el amor", "Mentiras" y "Arrepentido" se insertaron a la banda sonora. 

Al amparo de su espectacular inicio, desde 1936 hasta 1956 -año en que parece concluir su actividad cinematográfica-, Tito Guízar filmó más de 30 películas. Entre las más notables podemos mencionar El trovador de la radio, ¡Qué lindo es Michoacán!, junto a Gloria Marín, y Adiós, Mariquita linda, con música de Alfonso Esparza Oteo y canciones de Chucho Monge, Marcos Jiménez ("Adiós Mariquita linda") y del propio actor ("Por no estar correspondido"). 

Algo ensombrecida su estrella por la aparición de otro galán cantante, Jorge Negrete, hay que decir sin embargo que Tito Guízar no sólo hizo cine en México. En Hollywood, con más éxito que Negrete, contratado por la Paramount (en exclusiva) y más tarde por la Columbia y Republic, rodó varias películas, entre ellas St. Louis Blues (1939), comedia musical de Raoul Walsh en la que figurara en un tercer papel, junto a Dorothy Lamour y Lloyd Nolan. En esta etapa norteamericana Guízar fue el toque latino y estereotipado que aquellas películas caprichosamente imponían. En Argentina formó pareja con Amanda Ledesma en De México llegó el amor (1940). 

Al menos cuantitativamente, lo que no descarta la calidad de algunos títulos, los años cuarenta fueron los más importantes para Tito Guízar como actor cinematográfico. En este periodo volvió a trabajar con Esther Fernández en una versión costeña de su éxito inicial, ahora titulado Allá en el trópico. Asímismo, productos interesantes de aquellos años serían Marina, inspirado en la zarzuela, y El gallero, con canciones de Guty Cárdenas. 

En el decenio siguiente, sin embargo, aunque todavía lo veríamos en Música en la noche y Los hijos de Rancho Grande (nuevamente junto a Esther Fernández), comenzó a decrecer su popularidad. Se dice que El plagiario apenas llevó público a las salas. El pecado de ser mujer(1) anunció su ocaso. No obstante, en la memoria colectiva Tito Guízar quedará como el actor de la época dorada de Allá en el Rancho Grande, la película que abrió un nuevo camino al cine mexicano. 

(1) El pecado de ser mujer, dirigida por Zacarías Gómez Urquiza, se rodó en 1954. Guízar, coproductor, argumentista y actor principal del filme, fue secundado por Alma Rosa Aguirre y su hijo. Con música de Antonio Díaz Conde, contó, además, con dos canciones del autor: "Vida de mi vida" y "Tu vida y mi vida".


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

jueves, 19 de febrero de 2026

Del mostrador a la realeza

 


Del mostrador a la realeza 


El ascenso del Club España marcó una nueva época, en la que el fútbol rompió de manera definitiva el aristocrático cascarón inglés y se convirtió en un asunto de la calle. La comunidad española, mucho más integrada a la sociedad mexicana, se encargó de difundir el nuevo juego por todos los vecindarios de la Ciudad de México. 

La idea de un equipo formado únicamente por españoles surgió dentro del Club México de San Pedro de los Pinos. Ahí jugaban Francisco Arias, Ramón Lanza, Pedro Bargay, Francisco Gómez Alonso y Rafael Hernández, cinco jóvenes hispanos empleados de distintas casas comerciales de la capital, quienes el 20 de marzo de 1912 levantaron el acta constitutiva del Club España. Su capital no ascendía a más de 20 pesos, dinero que les permitió adquirir su primer balón y unos palos para las porterías que plantaron en un terreno de Santa María la Ribera, en las calles de Fresno y La Rosa. 

Ese mismo año, 1912, entran a la liga y consiguen, una tarde gris de noviembre, su primer triunfo nada menos que contra el poderoso Club Reforma. Se mudan a un campo de la Condesa, ubicado donde hoy se encuentra el Parque España, que adornan con una sencilla caseta en la que los jugadores se cambiaban de atuendo. 

Casi al año de la fundación del club eligen a su primera mesa directiva formal, la cual encabeza don Julio Alarcón, un comerciante vasco que logra aumentar el número de socios de 20, en 1913, a 83, en 1914. También en esa época llegan jugadores que se convertirán en pilares del equipo, ayudándolo a alcanzar su primer título. 

En noviembre de 1914 conquistan el bicampeonato al derrotar 2-0 al Pachuca en el campo del Club Reforma, ante una asistencia de cinco mil espectadores, algo que nunca se había visto en un partido de fútbol. La oncena se mete en el ánimo y las conversaciones de toda la colonia hispana. Llega la popularidad, los jugadores salen en hombros de la cancha y la gente los saluda en la calle. Españoles de todos los estratos, desde el mozo de cantina hasta el dueño de los almacenes Fábricas de Londres, se afilian al club, que logra una membresía de 1500 socios. 

La racha de títulos continuó. Para 1918 algunos reconocían que el ejemplo de los éxitos deportivos del equipo había influido en el cambio de hábitos de los muchachos españoles, cuyos "espíritus maltrechos y envilecidos por las duras tablas del mostrador" obtenían con el deporte un estímulo positivo que los alejaba de "tabernas y prostíbulos, de plazas de toros y juegos de toda clase". Ahora, decían, el centro de sus intereses era el campo de fútbol. 

Gracias a ese reconocimiento, el Club España ganó no solo las simpatías de los hombres ricos de la colonia sino también su apoyo económico, el cual les permitió inaugurar el 17 de mayo de 1919 su lujoso casino en la calle de Bolívar. Su fama llegó, incluso, a oídos del Rey don Alfonso XIII, quien le concedió el título de "Real" el 3 de diciembre de 1919. La colonia española vivía una euforia futbolística que no tardaría en contagiar al resto de la sociedad.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 16 de febrero de 2026

Parque y cañón de la Huasteca


Parque y cañón de la Huasteca 


Descripción del lugar.- Uno de los parajes más populares en las cercanías de la ciudad de Monterrey para pasar un domingo en el campo con familiares o amigos es, sin duda, el parque de la Huasteca, ubicado en el municipio de Santa Catarina, a pocos kilómetros al poniente de la capital. 

Localizado en el lecho del río Santa Catarina, este centro recreativo cuenta con todos los servicios para diversión y esparcimiento, como son: asadores, alberca, alimentos, sanitarios y vestidores, además de que el área está cercada (delimitada) y cuenta con vigilancia todo el tiempo. 

Pero dentro de las actividades, tal vez la parte menos conocida de este lugar es la práctica del montañismo, el cual puede hacerse en la modalidad de media montaña, con tours de diferente duración, que pueden ir desde el mediodía hasta el día entero; mientras que en la modalidad de escalada, la Huasteca está considerada como el jardín de esta actividad deportiva más importante en el noreste del país, debido a su fácil acceso. 

En esta región se yergue en majestuoso Cañón de la Huasteca, de roca caliza y líneas verticales, que invita a danzar desafiando la ley de la gravedad, ya sea escalando la Torre Diablos (300 mts aproximadamente) por sus aristas o por la escarpada ruta Lionel Terray, nombrada así en honor del gran alpinista francés. Frente a esta torre, la vista topa con el pico Independencia de unos 500 mts de altura y su vecino el Pirineos, en éstos se encuentra las vías más comunes como: sur, norte y arista Independencia y la oriental del Pirineos. El Pico Pat también presenta otro camino, el de Juan de Dios. 

El majestuoso Cañón de la Huasteca presenta formaciones laminares de rocas sedimentarias estratificadas. El terreno es escabroso por lo que su vegetación es árida, contando con infinidad de especies de agave, lechuguillas, huizaches, mezquites y gobernadora.

Cómo llegar.- Tome la carretera federal Núm. 40 Saltillo-Monterrey hasta Santa Catarina, aquí diríjase al parque ecológico La Huerta. Éste lugar de recreación ofrece escenarios de idílica belleza que invitan a recorrer a pie innumerables senderos. Después del ciclón Gilberto, el parque fue acogido por las autoridades y aún cuando existen dos centros recreativos, no se cuenta con instalaciones ex profesas para pernoctar. Dada la cercanía, con la ciudad de Monterrey, se puede buscar algún sitio de parque para hospedarse o, si desea acampar, en cualquier área fuera de los límites del parque. 

Equipo necesario.- Cuando se escale alguna pared se recomienda empezar temprano (7 a.m.) para evitar ser sorprendido por la noche. Es necesario llevar una mochila que contenga dos litros de agua por persona, casa de campaña y bolsa para dormir -si así lo desea-, comida, fruta, una pequeña lámpara, así como un rompevientos para los meses de calor (marzo-agosto). Además de equipo completo de escalada: cuerda, cinta, mosquetones, empotradores (stoppers y camalott). Un casco nunca estará de sobra. Si su propósito es escalar la roca, póngase en contacto con el Sr. Juan de Dios de León en Santa Catarina, quien es conocedor del lugar o con las asociaciones especializadas en esta actividad

Duración de la excursión.- Le recomendamos recorrerlo en uno o dos días.


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)


Enlace a un video del Cañón de la Huasteca:

Paseo por el cañón de la Huasteca

domingo, 15 de febrero de 2026

José Ángel Espinoza Aragón, “Ferrusquilla

 


José Ángel Espinoza Aragón, “Ferrusquilla

(actor y compositor)

(1922-[2015], Sinaloa, México). En un principio, a José Ángel, quien debutara en la cinta Mariachis (1949), le tocó heredar la estafeta de cómicos y escuderos rancheros como Armando Soto La Marina "El Chicote" y Agustín izunza con los cuales compartió créditos en La tienda de la esquina (1950). No obstante, Ferrusquilla destacó en decenas de melodramas de la Época de Oro como actor secundario, acompañando a célebres protagonistas como David Silva, Emilio Tuero o Carlos López Moctezuma en cintas como Las puertas del presidio (1949), Quinto patio (1969) -como el amigo cómico del héroe- y Pata de palo (1950). Su chispa y sencillez le hicieron brillar al lado de otras primeras figuras como Jorge Negrete y María Félix en El rapto (1953), drama rural donde encarna a un tímido empleado de correos con cabello corto y anteojos.

 Rafael Aviña.


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

lunes, 9 de febrero de 2026

La retirada británica

 


La retirada británica 


Conforme avanzó el siglo XX el fútbol fue dejando de ser monopolio inglés. El gusto por el balón saltó las cercas de los exclusivos clubes británicos y apareció lentamente en otros rincones de la ciudad. Los patios de la Escuela Normal, del Colegio de Mascarones, del Instituto Williams, del Colegio Alfonso XIII de Tacubaya y del Colegio Francés de Puente de Alvarado, fueron los escenarios donde cientos de muchachos mexicanos, y algunos extranjeros, recibieron sus primeros rudimentos futbolísticos, en algunos casos ayudados por profesores religiosos que se remangaban la sotana para enseñarles los secretos del dribling. Este deporte era visto como un ejercicio que ayudaba a templar el carácter de los estudiantes y que además estimulaba su espíritu de grupo. De estas escuelas egresaron generaciones enteras de aficionados y practicantes del balompié. 

Entre los jóvenes de otras colonias extranjeras fue creciendo también el interés por formar sus clubes. Tal fue el caso de los franceses Emilio Spitallier, Lucien Dubernard y Charles Tardan, quienes en 1911 fundaron L'Amicale Française

Cinco chavales españoles cambiaron el rumbo del fútbol mexicano, en marzo de 1912, cuando crearon el Club España. Tres años más tarde, en el Casino Alemán se formó el Club Germania, cuyos miembros usaban, por cierto, un uniforme oscuro, por el que fueron apodados "Los Fúnebres”.

Los mexicanos comenzaron a asomar la cabeza en el fútbol capitalino a partir de 1910, cuando Alberto Sierra y el reconocido sportsman Alfredo B. Cuéllar fundaron el club México de San Pedro de los Pinos. Montaron su cancha en un terreno de la Condesa, que formaba parte del peculio de Jorge Gómez de Parada, un jovencito de la élite porfiriana, graduado en Inglaterra, que en 1909 había tenido el honor de alinear con el Club Reforma

Reforzado por algunos ingleses, el Club México ganó el campeonato de liga de 1912-13. Ya con la Revolución encima, el club de mexicanizó por completo; además integró a jugadores de extracción popular, como el delantero Serafín Cerón, el mediocampista "Borolas" Estrada y sobre todo el pintoresco portero Cirilo Roa. Su estilo duro y su actuar irreverente y pendenciero los convirtieron en el equipo del escándalo, algo que les valió el apoyo de la nueva afición que surgía en los barrios más pobres de la ciudad. 

No sólo el nombre de México y la camiseta roja atraían a la porra colorada, sino la posibilidad de que en cualquier juego se desatara la gresca, el relajo. Esa actitud no era extraña en un país que vivía desde 1910 el gran borlote nacional. 

Con el estallido de la primera guerra mundial se inició la retirada de los británicos de las canchas mexicanas. Muchos jugadores se alistaron y partieron al frente de batalla, dejando atrás los días de juego. El poderoso Club Reforma se desintegró en 1914; luego el Rovers, heredero del British Club, lo hizo en 1915.

El fin de la época británica puede verse ejemplificado en el destino de Arthur Hammond, el fino delantero inglés de quien la prensa mexicana dio noticia en julio de 1915: “todos Los amantes del fútbol recuerdan al inmenso jugador Hammond, aquel delantero admirable sin hipérbole, el mejor jugador que hemos tenido en México... no lo volveremos a admirar más; una terrible desgracia le ha sucedido en Europa. Se encontraba en las trincheras cumpliendo con su deber cuando una granada estalló a poca distancia de donde él se encontraba.”


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)