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jueves, 21 de agosto de 2025

Sandra Cisneros

 

Sandra Cisneros 


Poeta, cuentista y ensayista chicana de fama internacional. Hija de padre mexicano y madre norteamericana, nació en 1954 en Chicago. Además de escritora, ha trabajado como maestra de adolescentes con problemas, maestra de poesía y como profesora visitante en varias universidades de Estados Unidos. Esta escritora, que escribe en inglés incorporando muchas frases en español, ha sido invitada a leer su obra en México, Alemania y Suecia. Su obra The house of Mango Street, publicada en 1983, ha recibido muchos premios literarios como el "American Book Award"; en 1994 fue traducida al español por Elena Poniatowska. Su última colección de cuentos Woman Hollering Creeck and Other Stories (1991) ha sido traducida al español y otras lenguas. Sus cuentos son recreaciones llenas de humor de la realidad de ambos lados de la frontera. Reside en San Antonio, Texas y actualmente está escribiendo una novela. Es una de las escritoras chicanas que vive de sus regalías. En 1995 recibió el premio "Genius Grant", de la Fundación MacArthur, por 250 mil dólares.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

domingo, 7 de enero de 2024

Rosario Castellanos

 


Rosario Castellanos

Intelectual feminista y gran escritora


Las protagonistas 


Ricardo Cruz García | Historiador


"Cáite cadáver", suelta emocionada Rosario al escribirle a su futuro esposo, Ricardo Guerra, para contarle que conoció en París, gracias a Octavio Paz, a la voz viva del feminismo en el mundo occidental, Simone de Beauvoir, y al padre de la existencialismo, el filósofo Jean-Paul Sartre. Era 1951 y una de las más reconocidas feministas mexicanas del siglo XX, aparte de grandiosa escritora, se encontraba frente a frente con dos de los más célebres intelectuales franceses de la época.

Ese encuentro marcaría a Rosario de por vida, pues sus trabajos estarían influidos por la obra de Beauvoir, autora del famoso ensayo El segundo sexo (publicado por la prestigiosa editorial Gallimard en 1949), del que aún hoy resuena la frase que resume la visión de la francesa: "No se nace mujer: llega una a serlo."

Rosario Castellanos Figueroa nació en Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, aunque su infancia y parte de su adolescencia las pasó en la hacienda de su familia en Comitán, Chiapas, un pueblo cerca de la frontera con Guatemala en donde atestiguó las condiciones de vida de los indígenas de la región, así como su arraigada cultura.

En 1941, con apenas dieciséis años, la encontramos de nuevo en la capital mexicana. Aquí continuó su educación y más tarde estudió derecho, carrera que luego abandonó para adentrarse en la literatura y la filosofía. De acuerdo con la historiadora Gabriela Cano, en 1948 Castellanos empezó a trabajar en su tesis para obtener el grado de maestra en Filosofía, la cual llevaría el título Sobre cultura femenina, un luminoso ensayo sobre la marginación de la mujer en la cultura occidental que, pese a su valiosa aportación al debate intelectual de la época en torno a la condición femenina, se mantuvo casi en el olvido por más de medio siglo, hasta que el Fondo de Cultura Económica lo rescató en 2005.

Casualmente, justo en ese año en que Rosario inició su trabajo de tesis Simone de Beauvoir estaba de viaje en México, acompañada de su amante, el escritor estadounidense Nelson Algren, con quien entre mayo y julio visitó ruinas arqueológicas, sitios históricos y museos, además de ciudades como Mérida, Morelia, Puebla y la capital del país. Seguramente ninguna de las dos imaginaba que pocos años después se saludarían en París.

En 1950 Castellanos se tituló como maestra en Filosofía y después regresó a Chiapas. Tras una estancia como becaria en la Universidad Complutense de Madrid, España, volvió a México y se convirtió en promotora cultural del Instituto de Ciencias y Artes chiapaneco, con sede en Tuxtla Gutiérrez. Más tarde se estableció en San Cristóbal de las Casas e ingresó como docente a la Universidad Autónoma de Chiapas, al tiempo que colaboraba en el Instituto Nacional Indigenista.

El año de 1957 marcó el despegue de Rosario como escritora reconocida, luego de la publicación de su primera novela Balún Canán (que alude al nombre maya de Comitán), una obra con tintes autobiográficos que retrata un mundo dividido por el conflicto entre los terratenientes blancos y los indígenas explotados.

Rn 1958 se casó con el filósofo Ricardo Guerra y se estableció en Ciudad de México. En los sesenta hizo de la Universidad Nacional su centro de estudio, reflexión y trabajo. Bajo el rectorado de Ignacio Chávez, se encargó de la jefatura de Información y Prensa de dicha casa de estudios, aparte de impartir cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras y redactar semanalmente su artículo para el Excélsior.

En 1960 salió a la luz su colección de cuentos Ciudad Real; en 1962, su segunda novela, Oficio de tinieblas, y dos años más tarde su libro de relatos Los convidados de agosto. Asimismo, en esa década fue invitada como profesora huésped a universidades de Estados Unidos. A su regreso a México en 1967, fue designada Mujer del Año. En ese tiempo también se divorció de Guerra.

En 1971 tuvo que dejar la UNAM para cumplir con el cargo de embajadora de México en Israel. Establecida en Tel Aviv, llevaba a cabo su labor diplomática, daba cátedra en la Universidad Hebrea de Jerusalén y continuaba con la publicación de sus obras, entre ellas Poesía no eres tú y Mujer que sabe latín..., así como con sus colaboraciones para Excélsior. Sin embargo, nunca volvería a pisar suelo mexicano, pues un trágico accidente derivado de una descarga eléctrica terminó con su vida el 7 de agosto de 1974.

Intelectual comprometida, gran representante de una visión del feminismo mexicano del siglo XX, magnífica escritora, sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres de la capital del país.



(Tomado de: Cruz García, Ricardo. Las protagonistas: Rosario Castellanos. Relatos e historias en México, año 12, número 135. Ciudad de México, 2019)

sábado, 4 de junio de 2022

Augusto Monterroso

 


Augusto Monterroso tuvo una patria por nacimiento (Guatemala) y otra por elección (México). Durante 1994 cumplió cincuenta años de actividades en México y, en colaboración con Bárbara Jacobs, su esposa, entregó a la imprenta una compilación de relatos melancólicos de diversos autores bajo el nombre de Antología del cuento triste.

Augusto Monterroso, también conocido como Tito Monterroso,  nació en la ciudad de Guatemala el 21 de diciembre de 1921. En 1944, luego de haber fundado la revista literaria Acento y el periódico El Espectador, en su país, llegó exiliado a México. Realizó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) entre 1945 y 1949. Colaboró en el servicio exterior guatemalteco en las embajadas en México y Bolivia durante el gobierno de Jacobo Arbenz. Al ser derrocado éste (1954), se mudó a Chile donde fue secretario particular de Pablo Neruda. En 1956 regresó a México y recibió una beca para estudiar para estudiar filología en el Colegio de México. Desempeñó más tarde algunos puestos en la UNAM. Fue director de publicaciones, investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas y jefe de redacción de la Revista de la Universidad de México. Fue jefe de publicaciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Por otra parte, realizó realizó tareas docentes en instituciones educativas e impartió varios talleres literarios.

Monterroso fue autor de una amplia obra escrita traducida a los idiomas más importantes. De ella surgió, al menos, un clásico: La oveja negra y otras fábulas, texto que Italo Calvino elogió ampliamente en sus Seis propuestas para el próximo milenio.

Aparte de ese libro destacan en su bibliografía: Movimiento perpetuo (1972), Lo demás es silencio (1978), y Viaje al centro de la fábula (1982). Su trabajo literario le significó numerosos reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia (1985) y la Orden del Águila Azteca (1988). A mediados de 1993 concluyó Los buscadores de oro, un sensible repaso a los acontecimientos emotivos de su infancia. [Murió el 7 de febrero de 2003 en la ciudad de México].

(Tomado de: Todo México 1995. Resumen ilustrado de los acontecimientos más importantes registrados en México en 1994 para la actualización de la Enciclopedia de México. Kentucky, EUA, 1995)

jueves, 11 de noviembre de 2021

Juan A. Mateos

 


59

Juan A. Mateos (1831-1913)

Guardaba cada batalla en su memoria o en los papeles sueltos en donde siempre escribía algún comentario o recuerdo que no quería se perdiera con el tiempo. En el campo de guerra se batía como si el fuego y el coraje dieran sentido a su vida. Pero el capitalino Juan Antonio Mateos era mucho más. Aquel 1854 había interrumpido su carrera de Leyes en el Colegio San Juan de Letrán de la Ciudad de México para luchar a favor de sus ideas liberales. El deber le había llamado a las armas, pero estaba seguro de que regresaría a la senda del conocimiento.

Así lo hizo en el momento en que la guerra se intensificaba. Aunque su participación en los campos liberales había sido trascendental, el destino le tenía marcadas nuevas y más importantes tareas. No por ello dejó de participar en grandes batallas, más aún después de enterarse de que su hermano Manuel había sido fusilado por órdenes del general conservador Márquez. Mateos no encontró consuelo hasta terminada la Guerra de Reforma, cuando por fin tuvo tiempo de escribir lo que había vivido como combatiente.

Sin embargo, aquella tranquilidad le duraría poco, pues la Intervención Francesa lo obligó a enfrentar a un nuevo enemigo. Esta vez su trinchera sería las de las letras. Por medio de varios artículos atacó la ocupación francesa y al llamado Segundo Imperio. Fue por uno de sus artículos, publicado en La Orquesta, que Mateos fue encarcelado.

La prisión no lo hizo cambiar de ideas. Una vez en libertad, volvió al ataque, esta vez criticando duramente el proyecto de colonización de Sonora. Ésta vez su castigo fue el destierro en San Juan de Ulúa y, meses más tarde, en Yucatán. Fue entonces que Mateos decidió volver a las armas. Con algo de fortuna logró ponerse a las órdenes de Porfirio Díaz, a cuyo lado luchó exitosamente en contra de las tropas invasoras. Mateos fue testigo y partícipe de la derrota final del imperio de Maximiliano y vio al poder republicano y progresista, en la figura de Benito Juárez, tomar las riendas del país. El capitalino no podía más que enorgullecerse de ello.

No descansó y siguió escribiendo, contando sus recuerdos de lo que había sucedido en el país y dejando crónicas fidedignas para la posteridad. Juárez le reconoció su aporte nombrándolo ministro de la Suprema Corte de Justicia. El abogado fue además diputado y director de la Biblioteca del Congreso, pero fue el soldado y el escritor el que ha pasado para siempre a la historia.


(Tomado de: Tapia, Mario - 101 héroes en la historia de México. Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2008) 

viernes, 16 de octubre de 2020

Falleció José Revueltas, 1976

 

Falleció el escritor José Revueltas

(15 de abril de 1976)

Honda consternación causó ayer en los círculos intelectuales del país la muerte del escritor y filósofo José Revueltas Sánchez, acaecida a las 1:30 horas en el Instituto Nacional de Nutrición.

Revueltas había ingresado al INN a las 16:00 horas del sábado 10 del actual tras haber sufrido dos infartos. Un derrame cerebral y un tercer infarto cortaron la existencia del escritor, quien desde el lunes había entrado en estado de coma en la sala de recuperación intensiva del instituto.

A las 14:00 horas fue depositado su cuerpo en una de las capillas de la agencia Gayosso de Félix Cuevas, en donde escritores, poetas, pintores, amigos y seguidores del finado, acompañaban a sus familiares.

La primera guardia la hicieron la viuda de Revueltas, señora Emma Barrón, y sus hijos Andrea, Olivia, Pablo José, Román y Fermín.

Después, las guardias se sucedieron entre las amistades y simpatizantes de José Revueltas. Entre los primeros en llegar a despedirme al escritor estuvieron: Juan de la Cabada, José Agustín, Luis Enrique Delano, Tito Monterroso, Poli Delano, Gustavo Sainz, René Avilés Favila, Efraín Huerta, Hugo Gutiérrez Vega, Ricardo Cortés, Abelardo Villegas, Javier Wimer, Mario Orozco Rivera, Ernesto Mejía Sánchez, Eduardo Lizalde y  Óscar Oliva.

Homenaje de la comunidad universitaria

Pese a que José Revueltas jamás fue alumno ni maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México, la comunidad le ofreció por la tarde un homenaje póstumo.

A las 17:30 horas, el féretro conteniendo los restos de Revueltas fue llevado al auditorio "Che Guevara" de la Facultad de Filosofía de la UNAM, siendo recibidos por Eliezer Morales, próximo secretario general del Sindicato de Personal Académico de la UNAM, organismo que promovió el acto.

José Luis González Alba, compañero de prisión en 1965 de Revueltas, informó que pese a que el escritor había manifestado sus deseos, días antes de morir, de que no se le rindiera homenaje alguno, la comunidad universitaria quiso llevarlo por última ocasión al lugar -el auditorio- desde donde en agosto de 1968 inició y abanderó su lucha política de ese entonces.

En seguida presentó a Roberto Esquivel, quien señaló que José Revueltas había sido un intelectual que mantuvo su independencia crítica respecto del Estado; mantuvo una postura militante frente al Estado.

La juventud revolucionaria recibiö de él una lección de dignidad revolucionaria, subrayó, para después apuntar: "ante su cadáver queremos refrendar nuestro compromiso de continuar en la misma batalla que él inicio desde los 14 años".

En seguida hizo uso de la palabra el doctor Eli de Gortari, compañero en la crujía "M" de Lecumberri, en 1938, de José Revueltas. Alabó la honestidad de pensamiento y acción del homenajeado, indicando que nunca fue un dogmático ni un ortodoxo. Fue de los seres humanos a quien le tocó la mejor tajada en la facultad de pensar.

Agregó que siempre actuaba tal y cual lo pensaba o lo sentía y que por sus ideas y convicciones conoció todas las cárceles de México, aun las desaparecidas como la de Belén.

Revueltas fue para De Gortari el más grande de los escritores mexicanos "que no llegó a realizarse por completo, por los golpes que tuvo en su vida".

Por último, el escritor Juan de la Cabada indicó que la burguesía mexicana estará contenta, pues siempre le ha interesado ver muertos a quienes luchan por sus ideales. Manifestó sobre la obra literaria de Revueltas que siempre tuvo juventud y arranque, pues él siempre fue joven y para la juventud escribía.

En seguida pidió un aplauso para la vida de Revueltas, mismo que tuvo un minuto de duración y después todos los asistentes se pusieron de pie ante el féretro, montando así una sola guardia que duró más de cinco minutos.

En el auditorio se encontraban, además de las personas mencionadas, Emmanuel Carballo, Carlos Monsiváis, Arturo Azuela, catedráticos y estudiantes universitarios.

El féretro conteniendo los restos del escritor partieron de nuevo hacia la funeraria de donde hoy saldrá a las 13:30 horas hacia el cementerio Francés, donde será sepultado.

SÍNTESIS BIOGRÁFICA

José Revueltas Sánchez nació en Durango, Dgo., en noviembre de 1814. A los 14 años se afilió a la organización izquierdista "Socorro Rojo Internacional". Un año después, en 1931, fue aprehendido al haber participado en una protesta estudiantil, cuyos miembros colocaron una bandera roja en la Catedral metropolitana.

Esto sería la primera de una larga serie de sentencias que lo tuvo en prisión cerca de 30 años de su vida.

En 1932 ingresó en el Partido Comunista Mexicano, dentro del cual organizó la Federación de Juventudes Comunistas que le valió nuevas aprehensiones. En ese año, al organizar a los trabajadores huelguistas de la fábrica "El Buen Tono", fue aprehendido y enviado por cinco meses a las Islas Marías.

El general Mújica, director en ese entonces de ese penal isleño, lo dejó en libertad alegando minoría de edad. De regreso a México militó en la rama sindical e ingresó a la Confederación Sindical Unitaria de México, auxiliando con su cargo de secretario juvenil a los trabajadores de Ciudad Anáhuac, Nuevo León, que luchaban por el salario mínimo, siendo aprehendido y nuevamente enviado, ahora por 10 meses, a las Islas Marías.

En 1943 fue expulsado del Partido Comunista, fundando entonces el Partido Popular Socialista, y comenzó a trabajar en esas fechas como argumentista y adaptador en el cine, haciendo alrededor de 50 películas.

En 1958 fue expulsado del PPS, y creó entonces la "Liga Comunista Espartaco", cuyo principal objetivo era la fundación de un partido auténticamente al servicio de la clase obrera. En 1964 fue expulsado de la liga por no estar de acuerdo con quienes la dirigían. En 1968 participó abiertamente en la gestación y preparación del movimiento estudiantil realizado en esa fecha, siendo detenido y consignado por el juez primero de distrito en materia penal, acusado de más de 10 delitos.

Entre las obras más sobresalientes de Revueltas se encuentran "Los errores", "Los muros de agua", "Luto a humano" y "Dormir en tierra".

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 7, 1976-1985. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)

miércoles, 26 de agosto de 2020

Rafael Delgado


Nació en Córdoba y murió en Orizaba, ambas en Veracruz (1853-1914). Estudió en el Colegio Nacional de Orizaba. Allí mismo enseñó historia, geografía y literatura (1875). Fue profesor de lengua castellana en el Colegio Preparatorio de Jalapa (1901), rector del Colegio Preparatorio de Orizaba (1909) y director general de Educación del Estado de Jalisco (1911). Miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua (desde 1906), colaboró en las publicaciones periódicas de su época (Boletín de la Sociedad Literaria Sánchez Oropeza, El Censor, El Reproductor, El País, La Revista Moderna y El Cosmopolita) y escribió dramas: La caja de dulces (1878), El caso de conciencia (1880) y Antes de la boda (1885); cuentos: La chachalaca, El lechero y La Gata, entre otros; y novelas: La calandria (en la Revista Nacional de Artes y Ciencias, 1890), Angelina (en El Universal Ilustrado, 1901), Los parientes ricos e Historia vulgar (1904).

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

miércoles, 20 de mayo de 2020

Jorge Ferretis


[1902-1962] Nació en el estado de San Luis Potosí. Periodista y político afiliado al socialismo. Diputado federal. Por siete años desempeñó el cargo de director general de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación. Autor de dos novelas, Tierra caliente (1935) y Cuando engorda el Quijote (1937); dos colecciones de novelas cortas, El sur quema (1937) y San Automóvil (1938); y dos tomos de cuentos, Hombres en tempestad (1941) y El coronel que asesinó un palomo (1952). Murió en un accidente automovilístico. Póstumamente se le publicó en 1968 otra colección de cuentos, Libertad obligatoria.

Tomado de: Menton, Seymour - El cuento hispanoamericano. Antología Crítico-histórica. Colección Popular #51. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V., México, D.F. 1986)

miércoles, 13 de mayo de 2020

Leonora Carrington

"Desde pequeña [...] tuve experiencias
extrañas con todo tipo de fantasmas. [...]
Las he tenido toda mi vida. Quizá fue porque
siempre estuve en contacto con la
mitología celta"
Leonora Carrington

"Irremediablemente loca". Con esa etiqueta que escapaba a cualquier metáfora lúdica o creativa, Leonora Carrington (1917-2011) vivió momentos de encierro. Pese a ello, fue eternamente libre con su pintura, sus esculturas, sus escritos y su vida misma, por concebir el mundo de una manera poco habitual, lejano de las simplificaciones, cargado de gnomos, astros, sacerdotisas, chamanes y duendes. Por otorgarles poderes cósmicos a los objetos más humildes. Por tratar de salvar el orbe o, al menos, descubrirlo de otra manera para ofrecer de él una estampa divergente.
Cuestionadora de los sistemas racionales, mujer rebelde y creadora indescifrable, firme creyente en los poderes del más allá y, sobre todo, con la fe puesta en la inteligencia, Leonora Carrington fue una surrealista plena, aunque la etiqueta le molestara. Con el grupo de André Breton, Benjamín Péret y Max Ernst, ella decía: "No tratábamos de reinventar el mundo; era descubrir y dar una imagen diferente. Eso ya lo habían hecho los románticos y mucho antes en la Edad Media. Sólo queríamos descubrir un mundo. De reinventarlo no hubiéramos sido capaces".
Inmersa en la forma del pensamiento surrealista, prefería situarse por separado: "Lleva su tiempo individualizarse. Al calor del entusiasmo inicial de un movimiento se da cabida a todo tipo de cosas. Pero [el surrealismo] era un movimiento dominado por los hombres". Y por ello, Leonora cuestionaba algunos sesgos "machistas" del colectivo y la consideración romántica de que la mujer era "musa", con un lugar asegurado en un nicho.
Decía Carrington: "Enfrentábamos nuestra situación de mujeres -junto a Remedios Varo y Alice Rahon- con mucho cabrón trabajo. ¿De qué otra manera lo puedo decir? Era sobre todo el trabajo de no mentirse a una misma para tener un poco de más paz. De no aceptar chistes desagradables sobre las mujeres, de no aceptar los paternalismos ni que te dijeran "mejor ocúpate de tejer o de cuidar a tus hijitos." Tampoco que te dieran palmaditas en la cabeza como diciendo: "¡Qué bien, mi chula!". Breton tenía una visión tradicional de la mujer. Establecía límites a la realidad de seres mucho más ricos, complejos y profundos: las mujeres de carne y hueso. Las veía como musas y yo no estaba de acuerdo".
Así, como una insurrecta siempre, no tuvo acogida en un mundo supuestamente "racional", atento a las guerras y a una concepción plana de la naturaleza de los hombres y de los animales.
Su pintura fue su mejor y más complicado lenguaje con el que entabló contacto con su entorno. Pleno de múltiples significados, su trabajo con el pincel, el bronce y la letra estableció, sin embargo, un orden laberíntico que encerró siempre el enigma: "Raras veces pongo en mi pintura cosas que son literalmente de cuerdas... Nunca he creído en las simplificaciones", le dijo a la crítica de arte Teresa del Conde con motivo de la retrospectiva que ocupó el Museo de Arte Moderno en febrero de 1995.
El guardián del huevo, ca. 1947

Una niña ineducable
Nació el 6 de abril de 1917 en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra. Procedente de una familia de buena cuna en la que rigió la educación católica estricta, tuvo como progenitores a una irlandesa de extracción rural y a un rico industrial inglés al que le llegaban de manera constante los reclamos de profesores por considerar a esa pequeña un ser "ineducable", interesado sólo en dibujar desde los 3 años. En 1920 la familia se mudó a Crookhey Hall, cerca de Lancaster, y la niña y sus hermanos quedaron al cuidado de una institutriz francesa, un tutor religioso y una nana irlandesa, personaje que sería fundamental, pues llenó la imaginación de Leonora con cuentos populares irlandeses y relatos de fantasmas.
En 1921 comenzó a inventar historias y a ilustrarlas con dibujos pero, mientras su rebeldía afloraba, sus padres la enviaron a Florencia y a París para formarla adecuadamente dentro de los cánones de la sociedad británica. En la ciudad italiana pasó nueve meses en un internado, donde se empapó del arte del Renacimiento. En 1936 ingresó en Londres a la academia del pintor purista Amédée Ozenfant, y conoció a Max Ernst a través de su ilustración para la portada del libro Dos niños amenazados por un ruiseñor. Un año después estableció contacto personal con él; decidieron vivir juntos y, ya como pareja, se mudaron al sur de Francia, donde ambos realizaron los decorados para la obra de Alfred Harry, Ubú rey.
Toro bravo, 1959

Memorias de abajo
En 1939, escribió La dama oval, con ilustraciones de Max Ernst, quien ese mismo año fue recluido por los nazis en un campo de concentración. Leonora logró liberarlo meses después, pero al poco tiempo, el pintor volvió a ser encarcelado y, al no lograr su rescate, ella escapó a España, donde sufrió un colapso nervioso que motivó su internamiento en un hospital para enfermos mentales de Santander, durante seis meses. No volvió a ver a Ernst. Por recomendación de André Breton y Pierre Mabille escribió Down Below como testimonio de esa experiencia.
En 1941 su padre solicitó la transferencia de Leonora al sur de África, pero ella huyó a Lisboa y se refugió en el consulado mexicano, donde contactó al escritor Renato Leduc, con quién contrajo matrimonio para conseguir la visa que haría posible su salida hacia Nueva York. Ya en Manhattan la pintora colaboró en revistas y exhibiciones surrealistas; en 1942 viajó a México para mantener, desde entonces, una vida activa en el mundo intelectual, sobre todo, con los surrealistas refugiados de guerra: Benjamin Péret, Remedios Varo, Kati y José Horna, así como con el fotógrafo húngaro Emerico "Chiqui" Weisz, quien -una vez divorciada de Leduc- desde 1946 se convirtió en su esposo, padre de sus hijos y compañero de vida.
Night Nursery Everything, 1947.

Armada de locura
Muchas fueron las descripciones que de ella hicieron escritores y pintores, amigos y admiradores. Breton dijo que Leonora contempló el mundo real con los ojos de la locura y la locura del mundo con cerebro lúcido. Octavio Paz la llamó -junto con Remedios Varo- "hechicera hechizada", insensible a la moral social, a la estética y al precio.
Finalmente, uno de los comentarios más entrañables que pinta a Leonora de cuerpo entero es de Luis Carlos Emerich: "Una fantasía en pie, con la rebeldía como sello. Una mujer culta e inteligente que parece tenebrosa, pero en el fondo es un chistorete cotidiano. Creadora de mundos donde confluyen el juego eterno del bien, el mal y el conocimiento. Pintora abigarrada, compleja, irónica, con una sintaxis que escapa a la anécdota. Surrealista que es pura intuición y sabiduría de los valores esenciales: vida, muerte, destino y trascendencia del ser".
"Estoy armada de locura para un largo viaje". Esa afirmación hecha por Leonora en 1948 se incluyó en el catálogo de una de sus primeras exhibiciones en París. Y la sentencia fue cumplida con creces: en su trayecto la acompañaron siempre el frenesí frente al mundo y sus pobladores; un cerebro lúcido frente a la injusticia de los hombres. Y entre la locura y la clarividencia, transitó ese interminable viaje que concluyó el 25 de mayo de 2011.

Obras literarias
Además de su obra plástica, Carrington dejó varios escritos de un valor literario notable: su obra de teatro Penélope se publicó en 1946 y fue estrenada en 1962, bajo la dirección de Alejandro Jodorowsky. En 1976 publicó La porte de pierre --La puerta de piedra- y una década más tarde salió a la luz Pigeon vole -Vuela paloma-, relatos que había escrito entre 1937 y 1940. En México, La dama oval apareció bajo el sello Era en 1965; La trompetilla acústica salió al público por medio de Monte Ávila Editores en 1977. Además, sobre ella han aparecido múltiples volúmenes, como Leonora Carrington (1974), con textos de Juan García Ponce y de ella misma. La editorial Siglo XXI publicó en 1992 El séptimo sello y otros cuentos y La casa del miedo. Memorias de abajo.

(Angélica Abelleyra es una de las periodistas cultura más notables de México -con más de 30 años de trayectoria-, experta en artes visuales y literatura. Ha sido docente de maestría en periodismo y curadora de varias exposiciones)

(Editado del texto publicado en "Laberinto", de Milenio Diario, 28 de mayo de 2011. Abelleyra, Angélica - Leonora Carrington, la rebeldía como sello. Algarabía #128, Surrealismo, el arte de los sueños, Editorial Otras Inquisiciones, S. A. de C. V., México, D. F., 2015)

viernes, 24 de abril de 2020

Leyenda de la calle del Indio Triste

El indio triste
[Juan de Dios Peza, 1852-1910]

I
Es media noche; la luna
irradia en el firmamento,
y riza al pasar el viento
las ondas de la laguna.

En el bosque secular
y entre el tupido ramaje,
turba el pájaro salvaje
la quietud con su cantar.

Y entre los contornos vagos
del horizonte, a lo lejos,
brillan cual claros espejos
al pie del monte los lagos.

Yace en paz, sola y rendida
de Tenoch la ciudad bella;
parece que impera en ella
la muerte más que la vida.

Y no es ficción, es verdad,
que fue tan triste su suerte
que la orillan a la muerte
el luto y la soledad.

Su esplendor está apagado
de la guerra al terremoto;
el gran huehueil está roto
y el teponaxtle callado.

No alumbra el teocal la luz
del copal de suave aroma,
porque el teocal se desploma
bajo el peso de la cruz.

No cubren mantos de pluma
los cuerpos de altivos reyes;
tiene otro Dios y otras leyes
la tierra de Moctezuma.

Y ante este Dios y esta ley
que transforman su recinto
sólo al César Carlos Quinto
reconoce como rey.

¡Cuántos heroicos afanes!
¡Cuántos horribles estragos,
han visto bosques y lagos,
ventisqueros y volcanes!

Está el palacio vacío
sin pompas ni ricas galas;
desiertas se ven sus salas
su exterior mudo y sombrío.

Y zumba en su derredor
del viento la aguda queja,
como un suspiro que deja
honda impresión de dolor.

Es el profundo lamento
de una raza sin fortuna:
¡la sangre que en la laguna
flota y se queja en el viento!

Por eso duerme rendida
de Tenoch la ciudad bella,
como al imperase en ella
la muerte más que la vida.

II
Frente a la anchurosa plaza,
cerca del teocal sagrado,
y del palacio olvidado
que pronta ruina amenaza,

donde con riqueza suma
viviera en tiempo mejor,
Axayacatl el señor
y padre de Moctezuma,

en corta y estrecha calle
desde la cual, el que pasa
mira fabricar la casa
del alto marqués del Valle,

así en la noche sombría
como en la tarde callada
y al fulgor de la alborada
con que nace el nuevo día

en toscas piedras sentado
y con harapos vestido;
entre las manos hundido
el semblante demacrado;

un hombre de aspecto rudo,
imagen de desventura,
siempre en la misma postura
y como una estatua mudo;

inclinada la cabeza
allí lo encuentra la gente,
como la expresión viviente
de la más honda tristeza.

¿En qué piensa? ¿qué medita?
¿qué dolor su alma destroza
que ni llora, ni solloza,
ni se queja, ni se agita?

En su conjunto reviste
tanta tristeza ignorada,
que la gente acostumbrada
clama al verlo: ¡el indio triste!

Le conocen por tal nombre
en el pueblo y la nobleza
y dicen: es la tristeza
que tiene formas de hombres.

A nadie llegó a contar
su tenaz dolor profundo;
siempre triste lo vio el mundo
en aquel mismo lugar;

tal vez fue algún descendiente
de los nobles mexicanos,
que al ver en extrañas manos
y en poder de extraña gente.

La nación que libre un día
vivió con riqueza y calma,
sintió en el fondo del alma
horrible melancolía.

Y sin ninguna amenaza,
viendo a su nación cautiva,
fue la expresión muda y viva
de la aflicción de su raza.

Muchos años se le vio
en igual sitio sentado,
y allí pobre y resignado
de su tristeza murió.

Su desconocida historia
al vulgo pasma y arredra,
y en tosca estatua de piedra
honrar quiso su memoria.

La estatua al cabo cayó,
que al tiempo nada resiste,
y "Calle del Indio Triste"
esa calle se llamó,

sin poder averiguar
con ciencia ni sutileza
la causa de la tristeza
del indio de aquel lugar;

pero en nuestro hermoso valle
y en nuestra mejor ciudad,
pasan de edad en edad,
ese nombre y esa calle.

(Tomado de: Peza, Juan de Dios – Leyendas históricas, tradicionales y fantásticas de las calles de la Ciudad de México. Prólogo de Isabel Quiñonez. Editorial Porrúa, S.A. Colección “Sepan cuantos…”, #557, México, D.F., 2006)


(Portaestandarte mexica conocido como "El indio triste')

lunes, 13 de abril de 2020

José López Portillo y Rojas

[1850-1923] Mexicano. Nació en Guadalajara de una familia rica y tradicionalista. Fue abogado, periodista, catedrático, gobernador de Jalisco y secretario de Relaciones Exteriores. Apoyó el régimen de Porfirio Díaz. Con Emilio Rabasa y Rafael Delgado, forma la trilogía de novelistas de fines del siglo XIX que sintieron la influencia del realismo español de Galdós y de Pereda. Su mejor novela, La parcela (1898), es la primera en las letras mexicanas de ambiente totalmente rural, aunque representa el punto de vista del hacendado. También fue autor de otras dos novelas, Los precursores (1909) y Fuertes y débiles (1919); de cuatro colecciones de relatos breves: Seis leyendas (1883), Novelas cortas (1900), Sucesos y novelas cortas (1903) e Historias, historietas y cuentecillos (1918). López Portillo también escribió poesía, teatro, relatos de viajes, crítica e historia. Su nieto José López Portillo fue presidente de México de 1976 a 1982.

(Tomado de: Menton, Seymour - El cuento hispanoamericano. Antología Crítico-histórica. Colección Popular #51. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V., México, D.F. 1986)
   

miércoles, 1 de abril de 2020

Bernardo de Balbuena

En Valdepeñas vio la luz Bernardo de Balbuena, el 20 de noviembre de 1568 [Se ha aventurado la hipótesis de que Balbuena haya sido originario de la Nueva España. D. Victoriano Álvarez en su estudio Un gran poeta mexicano restituido a su patria, sostuvo que el autor del Bernardo nació y se educó en Guadalajara (Jalisco)]. Muy niño fue traído a México, y aquí hizo sus estudios bajo la protección de su tío D. Diego, canónigo de la Catedral. Ingenio precoz, y de natural y decidida vocación por las letras, a los dieciséis años hacía sus primeras armas, saliendo triunfante en el certamen convocado en 1585. en 1607, o sea hombre formado ya, regresó a España, y allá obtuvo el grado de doctor en teología en la Universidad de Sigüenza. En 1608 fue electo abad de la isla de Jamaica, y nombrado obispo de Puerto Rico en 1620. Asistió al sínodo provincial reunido en Santo Domingo; celebró otro en sus diócesis en 1624, y murió en 1627.
Tres obras se conocen de Balbuena: La grandeza mexicana, impresa en México en 1604; El siglo de oro en las selvas de Erifile, colección de églogas (1608), y el Bernardo o Victoria de Roncesvalles (1624), bravo poema escrito nada menos que en cinco mil octavas reales.
Desentendiéndonos de las dos últimas producciones citadas, por no cumplir ellas a nuestro objeto, hablemos solamente de La grandeza mexicana.
Es éste un poema descriptivo de la capital de la Nueva España en las postrimerías del siglo XVI. Los ocho capítulos de que se compone constan de otros tantos argumentos que el autor resume en la siguiente octava:

De la famosa México el asiento,
origen y grandeza de edificios,
caballos, calles, trato, cumplimiento,
letras, virtudes, variedad de oficios,
regalos, ocasiones de contento,
primavera inmortal y sus indicios,
gobierno ilustre, religión y estado,
todo en este discurso está cifrado.

Aspiraba, pues, Balbuena, a pintar a México en todos sus aspectos: el material externo, el espiritual, el social y el político. Y a fe que lo consigue, poniendo a contribución su prodigiosa exuberancia verbal, su extraordinaria fuerza descriptiva, su lujo inaudito de color y su rica fantasía.
Embelesado, discurre por la entonces nueva capital.
La ciudad, "bañada de un templado y fresco viento", se alza sobre las claras lagunas. Percibimos torres, capiteles, ventanajes. Bajo un cielo "que es de ricos", surgen aquí y allá alamedas y jardines "de varias plantas y de frutas bellas". Por caminos y calzadas pasan recuas, carros, carretas, carretones. Y una multitud abigarrada va de una parte a otra: arrieros, oficiales, contratantes, "cachopines", caballeros, galanes, clérigos, frailes, hombres, mujeres; todos de diversa color y diferentes en lenguas y naciones. Las calles son como tablero de ajedrez; el cristal de las aguas "en llamas de belleza se arde". Suben las torres amagando vencer a las nubes en altura, y la ciudad, flor de ciudades, es gloria del poniente.
Dulce es el habla. En maneras la gente es afable y cortesana. Las damas son de la beldad misma retrato, y, además, honestas y recatadas. En los caballeros abundan los sutiles ingenios amorosos.
Al poeta le gustan mucho los caballos. De ellos nos habla copiosamente en el canto III. Bellos caballos briosos de perfectas castas, de diverso color, señales y hechuras; de manos inquietas, de pechos fogosos. ¡Y qué jaeces, penachos y bordaduras realzan su gallardía! ¡Y cómo los jinetes son diestros y de hermosísimas posturas!
En México se hacen primores de cosas: trabajan y trabajan joyeros, lapidarios, relojeros, herbolarios, vidrieros, batihojas, fundidores, estampistas, farsantes, escultores, arquitectos. No escasean poetas raros que todo lo penetran y atalayan. Atenas no vio tal abundancia de bachilleres y pululan, en suma, borlados doctores tan grandes en ciencia como en pareceres graves.
En verano, cuando brotan los jazmines y el deseo, las fiestas no faltan. La ciudad del siglo XVI, que muchos suponen adusta, se llena de fiestas: hay saraos, visitas, máscaras, paseos, cacerías, músicas, bailes y holguras...
Considerando sus efusivos encomios, que, por lo demás, concuerdan con los expresados por los contemporáneos, podría creerse que cuanto pinta, pondera y enaltece Balbuena, tocante a la grandeza de México, haya sido obra de su fantasía y obligado tema de su genuina manera pomposa y deslumbrante. Pero a esto se opone testimonio tan respetable como el de García Icazbalceta. Nuestro gran historiador juzga que el poeta "no había de fraguar lo que no existía", y que su obra -con "las precauciones debidas"- merece, independientemente de su valor literario, ser estimada como documento histórico.
A juicio de Menéndez y Pelayo, "si de algún libro hubiéramos de hacer datar el nacimiento de la poesía americana propiamente dicha, en éste nos fijaríamos". Es "una especie de topografía poética". "Aunque el paisaje, en medio de su floridez y abundancia, no tenga más que un valor convencional y aproximado, y esté, por decirlo así, traducido o traspuesto a un molde literario, todavía en el raudal de las descripciones de Balbuena se siente algo del prolífico vigor de la primavera mexicana."
Casi olvidada por luengos años, desde que salió a la luz la edición príncipe hecha por Ocharte en 1604, La grandeza mexicana no hubo de reimprimirse -aunque incompleta- sino hasta el pasado siglo [siglo XIX], en que tuvo cinco ediciones: tres en Madrid, en 1821, 1829 y 1837; una en Nueva York en 1828, y otra en México en 1860. En 1927 la Sociedad de Bibliófilos Mexicanos publicó una reproducción facsimilar de la edición primitiva, que es la única completa, pues que al poema acompañan en ella la célebre carta dirigida por Balbuena al Dr. D. Antonio de Ávila y Cadena, Arcediano de la Nueva Galicia, y el Compendio apologético en alabanza de la poesía, documentos ambos importantísimos por lo que mira tanto a la personalidad como a la estética del poeta.

(Tomado de: González Peña, Carlos - Historia de la literatura mexicana. Desde los orígenes hasta nuestros días. Editorial Porrúa, Colección "Sepan cuantos..." #44, México, D.F., 1990)

lunes, 16 de marzo de 2020

Francisco Rojas González

(1904-1951) Nació en Guadalajara, Jalisco, y murió en la misma ciudad. Sirvió en la Secretaría de Relaciones de 1920 a 1935. Desde 1934 perfeccionó sus estudios étnicos y sociológicos en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, en el que llegó a ser investigador de carrera. Sus frecuentes viajes por diversas regiones del país lo pusieron en contacto directo con núcleos indígenas, experiencias que aprovechó para realizar una obra literaria original y de alto valor estético. Rojas González se dio a conocer como cuentista en 1930, año en que publica Historia de un frac. Aparecen después ...y otros cuentos (1931), El pajareador (1934), Sed. Pequeñas novelas (1937), Chirrín y la Celda 18 (1944), Cuentos de ayer y hoy (1946), El diosero (1952), póstuma colección de cuentos, que refleja la vida y costumbres del indio de México, colocó a su autor entre los cuentistas más sobresalientes de nuestra literatura. Su primera novela: La negra Angustias (1944), tiene la novedad de presentar la intervención de las mujeres en la Revolución. Al tema indigenista pertenece su segunda novela: Lola Casanova (1947), y se refiere a la vida de los indios seris, del Estado de Sonora.

(Tomado de: González Peña, Carlos - Historia de la literatura mexicana. Desde los orígenes hasta nuestros días. Editorial Porrúa, Colección "Sepan cuantos..." #44, México, D.F., 1990)

lunes, 24 de febrero de 2020

Leyenda de la calle de La Perpetua


La calle de la Perpetua

[Juan de Dios Peza, 1852-1910]

Una eterna soledad;
una ancha plaza desierta
y una casa que en verdad
revela que por su puerta
da entrada a la eternidad.

Casa terrible y sombría
que corona un esquilón
que en la noche y en el día
lanza el toque de agonía
de la Santa Inquisición.

A pobres encarcelados
ninguno asomar los ve,
pues tan sólo enmascarados
salen, para ser quemados
en algún auto de fe.

Los muros que azota el viento
no le permiten salir
ni al desgarrador lamento
del que en medio del tormento
miente para no sufrir.

En la noche más serena
un rumor que da sonrojo
parte el corazón de pena:
¡Siempre cruje una cadena!
!Siempre rechina un cerrojo!

Siempre está la pared muda;
y el antro en silencio eterno;
la puerta pesada y ruda
es negra como la duda
y horrible como el infierno.

Todo repugna y espanta;
todo da miedo y pavor
y se anuda la garganta
al llamarle casa santa
a la casa del dolor.

La calle está abandonada;
quien por ella cruza, reza,
y por triste y por odiada
es por el pueblo llamada
de la Perpetua Tristeza.

Hasta en nuestra alegre edad
como triste le da fama
su constante soledad,
y el pueblo en nuestra ciudad,
de la Perpetua le llama.

En ella surge y domina
la inolvidable mansión
que hoy el saber ilumina...
¡Se tornó la Inquisición
Escuela de Medicina!



(Tomado de: Peza, Juan de Dios – Leyendas históricas, tradicionales y fantásticas de las calles de la Ciudad de México. Prólogo de Isabel Quiñonez. Editorial Porrúa, S.A. Colección “Sepan cuantos…”, #557, México, D.F., 2006)