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martes, 27 de enero de 2026

El gobierno de Victoriano Huerta 2


 

El gobierno de Victoriano Huerta 2


Breve historia de la revolución mexicana 

** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones 

Jesús Silva Herzog


Capítulo 1 (Cont.)


Los gobernadores legítimos de los Estados que por temor o por otras causas, por coincidir con Huerta o con la idea de esperar el momento oportuno para combatirlo, fueron arbitrariamente depuestos y sustituidos por gobernadores militares. Algunos gobernadores de claro origen maderista como Rafael Cepeda, de San Luis Potosí y Alberto Fuentes D., de Aguascalientes, fueron encarcelados. En Morelos el general Juvencio Robles, famoso por sus crímenes horrendos, aprehendió por órdenes de Huerta al gobernador Benito A. Tajonar y a los miembros de la Cámara de Diputados. Lo mismo ocurrió en Querétaro, con pequeñas variantes en el procedimiento. De suerte que cuatro o cinco meses después del cuartelazo, todos los gobernadores eran soldados de probada lealtad a Victoriano Huerta. Inevitablemente con tantos hechos basados en la arbitrariedad crecía el descontento en la nación y se arrojaba leña a la hoguera revolucionaria. 

Por otra parte, Huerta bien pronto también traicionó a su amigo ocasional, el general Félix Díaz, destituyendo a los ministros que en el Gabinete lo representaban, y aplazando indefinidamente, con diferentes pretextos, la convocatoria a elecciones para Presidente y Vicepresidente de la República como se había convenido en el Pacto de la Embajada. El tal Pacto ya no tenía más valor, como dice la frase consagrada, "que el papel en que estaba escrito”.

Los ministros que renunciaron en los primeros meses del Gobierno del usurpador: Alberto García Granados, de Gobernación; Jorge Vera Estañol, de Instrucción Pública; Toribio Esquivel Obregón, de Hacienda; Manuel Mondragón, de Guerra y Marina; y más tarde Rodolfo Reyes, el amigo más cercano del sobrino de don Porfirio. 

"Pero para que la burla fuera más terrible y sangrientas -escribe Miguel Alessio Robles en Historia política de la Revolución- el general Huerta hizo que se pospusieran las elecciones presidenciales y continuar él en la Presidencia de la República. Nombró al general Félix Díaz embajador en el Japón, en misión especial, para que marchara a expresar al Mikado el agradecimiento de México por la representación diplomática que envió ese país con motivo del primer centenario de la proclamación de la independencia nacional. 

"Al tener conocimiento el Mikado que la misión diplomática mexicana estaba lista para salir de nuestro país y embarcarse rumbo al Japón, se apresuró a comunicar a la Cancillería de México que la familia imperial se iba a ausentar de Tokio, y que no regresaría a esa capital hasta el otoño próximo, y que, por lo tanto, era conveniente suspender ese viaje. El general Félix Díaz marchó entonces rumbo a Los Ángeles y San Francisco, donde fue recibido hostilmente por todos los mexicanos residentes en esas ciudades.”

Mientras tanto el terror iba imperando en la capital y en el resto del país. 

Huerta quería ahogar en sangre la protesta de los hombres de bien; quería establecer la paz costara lo que costara, sin detenerse ante la comisión de los crímenes más nefandos. Después de los asesinatos de don Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, Gustavo Madero y Adolfo Bassó, fueron asesinados en la Ciudad de México y en las poblaciones cercanas, sin formación de causa en la forma más artera, numerosas personas honorables, patriotas y dignas, tan sólo por haber manifestado su desacuerdo con los procedimientos de Gobierno del militar desleal y sanguinario que desgobernaba desde el Palacio Nacional. 

El general maderista Gabriel Hernández, preso en la cárcel de Belén, fue asesinado pocas semanas después de la decena trágica por Enrique Cepeda, gobernador del Distrito Federal. La misma suerte corrió por aquellos mismos días en el Estado de Chihuahua el gobernador Abraham González, quien con antelación había sido depuesto de su cargo.

No se respetó la vida de los representantes populares a pesar de su investidura. El diputado Edmundo Pastelín fue asesinado el 13 de junio, el diputado Adolfo G. Gurrión el 17 de agosto, y el viril tribuno Serapio Rendón el 22 del mismo mes, también en agosto fue pasado por las armas un valiente periodista nicaragüense, Solón Argüello. Los gobernadores militares de los Estados colaboraban con su jefe en la tarea infernal de matar a diestra y siniestra a los sospechosos de inconformidad con el régimen espurio.

Pero lo que ya resultó intolerable para los miembros del Congreso de la Unión fue el asesinato del senador Belisario Domínguez el 7 de octubre. El patriota chiapaneco escribió un discurso temerario y viril, atacando de frente al general Huerta. 

La lectura del discurso de don Belisario Domínguez nos emociona todavía. Es un ejemplo de dignidad, de valor, de honradez. Él sabía bien que seguramente firmaba su sentencia de muerte, pero quiso cumplir con su deber de ciudadano y de senador de la República.

Según la opinión de algunos historiadores, el discurso fue pronunciado el 23 de septiembre. También hay la versión de que su autor no logró pronunciarlo. Todos están de acuerdo en que circuló con amplitud. Victoriano Huerta no podía perdonar tamaña audacia.

Se supo más tarde que antes de ser asesinado el senador Belisario Domínguez, el famoso cirujano Aureliano Urrutia, entonces ministro de Gobernación, le cortó la lengua por órdenes de Huerta. Obviamente no hay documento que pruebe lo anterior. Sucesos de esta naturaleza se vuelven leyenda y con el tiempo se confunden con la historia. 


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la revolución mexicana ** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986).

miércoles, 12 de noviembre de 2025

El gobierno de Victoriano Huerta 1



 El gobierno de Victoriano Huerta


Breve historia de la revolución mexicana 

** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones 


Jesús Silva Herzog


Capítulo 1 


Los habitantes de la capital de la República habían sufrido privaciones sin cuento durante la decena trágica. Los combates en algunas partes del centro de la metrópoli habían tenido aterrorizados a los capitalinos. Decenas de ciudadanos pacíficos, víctimas de su curiosidad o de su mala suerte habían muerto o habían sido heridos por las balas perdidas de los contendientes. No pocas casas fueron averiadas por los cañones de la ciudadela Ciudadela o por los de los que defendían al Gobierno legítimo de don Francisco I. Madero. En consecuencia es explicable el desbordamiento de júbilo de la gente al saber que la lucha había terminado. ¿Qué importaba que el Presidente, el Vicepresidente y sus ministros estuvieran presos por órdenes de Victoriano Huerta? Lo único que importaba era volver a la normalidad después de la tremenda pesadilla de diez días. Además, es necesario reconocer que precisamente en la Ciudad de México fue donde Madero siempre tuvo mayor número de enemigos y lógicamente menos partidarios; fue siempre el foco del porfirismo y donde más lució la gallarda figura del viejo autócrata. La ciudad de México a través de nuestra historia nunca se ha distinguido por su espíritu revolucionario. 

Se refiere que al trasladarse los nuevos ministros designados en el pacto de la Embajada, de la Secretaría de Gobernación al Palacio Nacional, la muchedumbre que llenaba las calles los aplaudió alborozada en todo el trayecto. Muchos de ellos, hay que reconocerlo, gozaban entonces de buen nombre y prestigio intelectual. Se refieren también que algunos como Francisco León de la barra y Jorge Vera Estañol rehusaron aceptar al notificárseles su nombramiento; pero a la postre tuvieron que aceptar ante la presión de Huerta y del embajador norteamericano. A este propósito Vera Estañol, en su libro La Revolución Mexicana. Orígenes y resultados escribe:

“La designación de Huerta para la Presidencia provisional no fue del agrado general, y de semejante displicencia y aún repugnancia participó la mayoría de los llamados a formar su Ministerio.

"En la segunda conferencia, a que Vera Estañol fue convocado para instarle a que entrara al nuevo Gabinete, se le informó que el embajador de los Estados Unidos había hecho saber que, de no arreglarse inmediatamente la situación de inconformidad con que el pacto de la Embajada, los Estados Unidos estaban dispuestos a desembarcar los marinos de sus barcos de guerra anclados en puertos mexicanos o en su vecindad.”

El mismo autor, que debió haber conocido bien a Victoriano Huerta por haber sido durante varios meses su ministro de Instrucción Pública, emite en la obra citada sobre su jefe accidental el juicio siguiente: 

"De sesenta y un años de edad, físicamente recio e inmune al trabajo, excesos y vigilia; despejado de inteligencia en los periodos normales, malicioso y suspicaz; militar por meollo y educación; sostenido y tenaz en sus determinaciones también durante los periodos normales y hombre de acción; pero egoísta, inmensurablemente ambicioso, renuente a la noción del deber, ignorante o desdeñoso de toda energía individual o social libre, maquiavélico, falaz hasta la decepción de sí mismo, brutal, arbitrario, disoluto y por remate alcohólico empedernido con las consiguientes intermitencias de abulia y ofuscación. Huerta bajo la acción aumentativa del poder, es dentro del Gobierno el elemento disolvente por excelencia.”

Y este hombre anormal, traidor por naturaleza, ebrio consuetudinario y malvado, se había adueñado de la primera magistratura de la nación.

En el Palacio Nacional, el día 19 de febrero, se celebró el ascenso al poder de Victoriano Huerta, con asistencia del cuerpo diplomático acreditado en México. El siniestro embajador norteamericano Henry Lane Wilson pronunció un optimista discurso, asegurando que la paz se restablecería en el país gracias a la habilidad y a la energía del nuevo mandatario. Inmediatamente después Huerta notificó por la vía telegráfica a los gobernadores de los Estados su nombramiento. Entre ellos cabe citar a revolucionarios distinguidos como Rafael Cepeda, de San Luis Potosí; Miguel Silva, de Michoacán y Manuel Mestre Ghigliazza, de Tabasco. Todos, incluyendo a los expresamente mencionados, aceptaron de hecho en aquellos momentos -18 y 19 de febrero- la usurpación, excepto don Venustiano Carranza, gobernador del Estado de Coahuila. Semanas después fue secundado por el Gobierno de Sonora.

El día 22, ya lo sabe el lector, fueron cobardemente asesinados don Francisco I. Madero y don José María Pino Suárez. La noticia del crimen causó impresión escalofriante en todo el país y en el extranjero. En la Ciudad de México y en buen número de grandes ciudades se celebró en los casinos aristocráticos y en numerosas casas de gente acaudalada la muerte de los dos mártires; se celebró brindando con champaña y augurando un porvenir brillante para la República. La alta burguesía estaba de plácemes; pero el pueblo, la gente humilde y buena parte de la clase media condenaron el magnicidio con justificada indignación. Los grandes periódicos se pusieron desde luego al servicio de Huerta. 

Manuel Márquez Sterling en Los últimos días del presidente Madero dice lo que copiamos a continuación: 

“...el espía sustituye al soldado. Y los periodistas, ayer libres, hoy esclavos, solicitan de mi buena fe datos que publicar del revés, con la malicia del terror y el encanto inefable de servir al nuevo amo…

"Caído el Gobierno del mártir, los viejos actores, cesantes y dispersos buscan inútilmente su lugar en la escena que ya no les pertenece; y los impulsa el recuerdo abultado y triste de antigua y borrosa gloria. Se entregan a brazos del audaz que promete los mismos placeres de pasada época y no ven el incendio que corre furioso por las cortinas que disfrazan su miseria. El cuartelazo ha sido absurda conjura de gente rica, de industriales omnipotentes, de banqueros acaudalados y de comerciantes favoritos que ansían su "fetiche" y labran, sin saberlo, su ruina. Para ellos asesinar a Madero no fue, ni con mucho, un delito. Y con mirada hosca reprochan, desde luego, a quienes intentaron salvar aquella existencia que imaginaban lesiva a sus intereses de cortesanos…”

Bien pronto se vio que al Gobierno de Huerta lo apoyaban los banqueros, los grandes industriales, los grandes comerciantes, el Clero, sobre todo el alto Clero, y por supuesto el ejército federal. Del otro lado, en contra del usurpador, estaba el pueblo: campesinos, obreros, mineros, pequeños agricultores e intelectuales de la clase media. Mención especial merece la actitud asumida en la ciudad de México por los trabajadores de la Casa del Obrero Mundial, pues sin vacilación se pronunciaron contra el Gobierno huertista, sosteniendo con decisión y valor sus anhelos de transformación social. 

El 1° de mayo de 1913 celebraron por primera vez en el país el Día del Trabajo en un teatro de la capital. Entre otros oradores habló el diputado Isidro Fabela, pronunciando un discurso a favor del proletariado de las ciudades y de los campos, con ataques vigorosos a la minoría privilegiada y censurando implícitamente al Gobierno. Al día siguiente, al saber que se trataba de aprehenderlo, Favela pudo escapar de México para unirse a la Revolución.

Semanas más tarde de la celebración del Día del Trabajo, la Casa del Obrero Mundial organizó el 25 de mayo un gran mitin, el cual se efectuó en el monumento a Benito Juárez. Hablaron Serapio Rendón, Jesús Urueta, José Colado, Rafael Pérez Taylor, Eloy Armenta, el poeta José Santos Chocano y Antonio Díaz Soto y Gama. Se refiere que este último dijo, poco más o menos, que "los trabajadores formaban ya encadenamientos prepotentes que ninguna fuerza, ni divina ni humana, era capaz de hacer pedazos, a despecho de todos los traidores y a despecho de todos los cuartelazos; que el pueblo mexicano era revolucionario por idiosincrasia y que por tal razón echaría por tierra, viniendo del norte o del sur, al gobierno espurio y vil de Victoriano Huerta,6 que se había entronizado en México para mengua y vergüenza de nuestra historia…”

Asombra y provoca nuestra admiración la valentía de aquellos ciudadanos que se jugaban la vida al atacar sin eufemismos al régimen huertista. Los miembros de la Casa del Obrero Mundial, no obstante los peligros que les acechaban, continuaron en su actitud oposicionista y en terca defensa de sus ideales.


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la revolución mexicana ** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986).

lunes, 1 de enero de 2024

María Arias Bernal

 


María Arias Bernal 

(1885-1923)

Ante la tumba de Madero


De origen humilde, María Arias Bernal nació el 13 de septiembre de 1885 en la capital del país. Sus padres fueron Mauricio Arias Díaz y Celestina Bernal Esquivel. Integró una familia conformada por siete hermanos, siendo ella la menor.

Inició su educación en el Jardín de Niños San Lorenzo y cursó la primaria en la Escuela Superior número 6; en ese periodo falleció su padre, lo que agravó su situación económica. A pesar de la limitaciones con las que creció, no se rindió ante la pobreza y tomó la decisión indeclinable de convertirse en maestra. Para 1901, su ardiente voz y su elocuencia le ganaron fama de oradora, tal como lo revela una nota de prensa que destaca su intervención en el Concurso de flores, pájaros y peces celebrado en Coyoacán.

Concluyó sus estudios en la Normal y presentó su examen profesional el 21 de enero de 1904, el cual aprobó con honores. Comenzó su ejercicio en la Escuela Superior número 8, continuándolo en la de Artes y Oficios y en la Miguel Lerdo de Tejada. En 1909 se integró al claustro docente del instituto para niñas la Corregidora, del que llegó a ser subdirectora, al tiempo que impartía clases en la Normal para Maestras. Su éxito profesional contrastó con su vida personal, pues para estas fechas había sufrido la muerte de cinco de sus hermanos sobreviviéndole solamente su madre y su hermana Sofía.

Incursionó con fuerza en los movimientos feministas surgidos en los albores del siglo XX, llegando a convertirse en una figura reconocible del Club Femenil Antirreeleccionista Hijas de Cuauhtémoc. Cuando estalló la Revolución encauzó sus convicciones por la vía política, llegando a proclamarse ferviente maderista. Durante la presidencia de Madero participó en los programas de instrucción obrera y, con el respaldo de la primera dama Sara Pérez, ascendió a directora de La Corregidora, donde hizo amistad con su alumna Eulalia Guzmán. De acuerdo con Angelina del Valle, sin que María lo solicitara "la señora Madero la nombró su secretaria privada y, con Elena Arizmendi, intensificó la labor de la Cruz Blanca Neutral".

Ante la mirada cómplice de una ciudad ávida de heroísmo, María fue convirtiéndose en un modelo a seguir para las mujeres jóvenes de su época. Su activismo se desbocó después de la consumación del golpe de Estado de Huerta, que concluyó con el asesinato del presidente a las afueras del Palacio Lecumberri, el 22 de febrero de 1913:


Cuenta la crónica que cuando María se enteró de la trágica muerte de Madero se dirigió temprano a la Penitenciaría. Ahí estaban el General Montes y unas cuantas personas que fueron conducidas por un niño al costado del edificio donde había rodadas de coche y charcos de sangre. Poco a poco fue llegando gente del pueblo hasta formar una multitud. Las azoteas se empezaron a llenar de soldados dispuestos a disparar. María, midiendo el peligro y armándose de valor, se dirigió a la gente convenciéndola de lo inútil de sacrificarse de esa forma.

 

La actitud generalizada de la población fue de temor o indiferencia. Los inconformes optaron por abandonar la Ciudad de México para unirse a algunas de las facciones revolucionarias o para salir del país. María permaneció en la capital sin importarle los riesgos que corría y decidió pronunciarse públicamente contra el huertismo. Para ello fundó con Inés Malváez, Dolores Sotomayor y otras mujeres el Club Femenil Lealtad, entre cuyos propósitos se encontraba "en primer lugar el culto a los mártires de la democracia, en segundo trabajar por el derrocamiento del usurpador Victoriano Huerta, y en tercer lugar proteger la vida de los reos políticos y trabajar en todas las formas posibles para lograr su libertad". Las mujeres que participaban en el apoyo a los presos se organizaron en redes secretas para evitar detenciones, lo que dio pauta a la inteligencia estadounidense para sospechar que María participó en labores de espionaje.

Como parte de sus actividades, el club organizaba manifestaciones dominicales en la tumba de Madero: "En una ocasión Jorge, el hijo de Huerta, cuando la gente se estaba retirando, se presentó y pisoteó las flores que cubrían la tumba. María, furiosa, lo tomó de las solapas y lo abofeteó. Fue llevada presa y salió de inmediato, no se quería que la prensa mencionara el motivo de su detención."

Desde su trinchera, apoyó la impresión y distribución de diversos panfletos opositores al régimen, lo que generó su despido en julio de 1913 y su posterior ingreso a la penitenciaría. Esta segunda reclusión causó merma en su salud, pues estuvo nueve días sin derecho a alimento, aunque sobrevivió con ayuda del carcelero, que se apiadó de ella y le dio comida a espaldas de sus jefes. Quedó libre mientras Huerta y sus altos funcionarios huían al exilio.

La madrugada del 15 de agosto de 1914, Álvaro Obregón ingresó triunfante a la Ciudad de México. Uno de sus primeros actos, celebrado el día 18, fue rendir tributo a Madero en el Panteón Francés de Calzada de la Piedad:


Varias practicantes del culto al Mártir de la Democracia, quienes se habían ganado ese título venciendo el hostigamiento de la policía huertista, que consideraba una provocación las ofrendas florales en la tumba del presidente asesinado, recibieron al general sonorense en las puertas del panteón. Dos de ella le ofrecieron un ramo de flores para que lo depositara en la lápida y lo tomaron por el brazo. Y no lo soltaron en toda la duración de la ceremonia, alargada por los discursos condolientes de varios oradores ampulosos.

 

Obregón pronunció un violento discurso en el que reprochó a los capitalinos su negligencia frente al magnicidio. Francisco Rojas González recuerda que varios de los asistentes al acto pidieron que la señorita Arias dirigiera unas palabras:


María no se hizo mucho del rogar y a poco, con voz un tanto tipludilla y trémula, dijo: "Nosotras, las débiles mujeres que no podíamos tomar el fusil y que nos vimos reducidas a nuestros suspiros y a nuestras lágrimas sin poder defender la vida del presidente mártir". El general Obregón, consternado ante las palabras de la profesora, habló de nuevo para decir: "En realidad no tienen excusa los hombres que pudiendo cargar un fusil se han abstenido de hacerlo, por el temor de abandonar el hogar; yo he abandonado mi casa y mis hijos, pero como prueba de que sé admirar el valor de los demás, cedo mi arma a la señorita Arias, porque es digna de llevarla. Esta arma que me ha servido para la defensa de los intereses populares, está bien en sus manos como lo ha podido estar en las mías."


A partir de ese día, según escribió Concha Álvarez, "toda la prensa reaccionaria [...] con falta de respeto y delicadeza hacia una mujer, y con notoria injusticia, le asignó el título de María Pistolas". Las crónicas del acontecimiento revelan un burdo intento de masculinización de una mujer que transgredió los roles de género, como una medida de contención a su creciente fama.


Las burlas veladas que generó el apodo y el poco respeto a su investidura, entre otros factores, provocaron que Obregón tratara con desprecio a los capitalinos y llegar al exceso de pasar por las armas a quienes alteraron el orden público.

Carranza también reconoció la valentía de María, nombrándola directora de la Normal para Maestras y consejera de Educación Pública. A pesar de su popularidad y su alto cargo, siguió ligada a la cátedra y a la academia. A finales de 1914 contribuyó a modernizar el plan de estudios de la Normal:


Según lo que se propone la señorita Arias Bernal, se aumentarán las clases de Lengua Nacional, las que deberán darse diariamente, a fin que las educandas obtengan mayor fluidez del lenguaje, así como redacción y ortografía correctas [...]. El estudio de la Pedagogía comenzará desde el primer año de los cinco en que se cursa la carrera, con objeto de que las alumnas que no puedan terminar sus estudios y que salgan del plantel para prestar sus servicios en las escuelas elementales, después de haber cursado los dos o tres años, tengan conocimientos de la Metodología General, de la Lengua Nacional y de la Aritmética.


A pesar de su concepción progresista de la educación, mantuvo un fuerte apego hacia el papel de la mujer como pilar de la familia y del hogar, por lo que fue insistente en la necesidad de equilibrar la matrícula académica con clases de economía doméstica. Convencida, a pesar de su historia personal, del rol femenino en el México revolucionario, impulsó la impartición de clases de cocina, repostería, limpieza de alhajas y otras destrezas como la costura y la confección.

Al paso del tiempo, María consolidó su amistad con la viuda de Madero y se afilió a la Sociedad Teosófica Mexicana, integrada en su mayoría por espiritistas leales a la causa democrática. Su fidelidad quedó demostrada en un elogio a la otrora pareja presidencial que publicó a su costa en el periódico Nueva Patria:


Pasó por esta pérfida ciudad regando flores y recogiendo abrojos. Sólo espinas tuvo para ella el florido vergel del Anáhuac y la simiente que con su amor el Apóstol depositó en su patria solo florecerá más tarde, cuando haya serenidad en las conciencias e ideales en las almas.

Enérgica y amante, fue el amparo y sostén de su adorado en los tiempos de lucha; su consuelo en las penas y su galardón en la victoria. [...] El asesino de Madero negó dos existencias a un tiempo mismo. ¿Qué es la vida del cuerpo cuando el alma se ha ido?

Los que amamos al Apóstol, adoramos a esa esposa abnegada, mártir, con el doliente martirio de quien se ve forzado a vivir cuando su espíritu solo anhela ir en pos de su amor.

Por eso hoy, cuando ella rememore los más nimios detalles de su vida de hogar, van nuestros cariños a ella para dulcificar su amargura.


En diciembre partió con su madre a la Ciudad de Boston, con el objetivo de dominar el inglés y estudiar los sistemas de enseñanza y la estructura orgánica implementada en las normales estadounidenses. Pasó cerca de un año en el país vecino, donde dejó muchas amistades. A su regreso, asumió nuevamente la dirección de la Normal, el 23 de diciembre de 1915.

Para 1916, la continuidad de la lucha armada afectó sensiblemente el desarrollo institucional y provocó la desconfianza internacional. En ese contexto apareció un desplegado en distintos periódicos:


Las profesoras de la Escuela Normal Primaria para Maestras, a iniciativa de la señorita María Arias Bernal, Directora de dicha Escuela, tienen el honor de invitar a los maestros de la capital, para contribuir mensualmente con un día de haber, con el fin de ayudar al Gobierno a pagar la deuda que la Revolución ha contraído con el pueblo. Esperamos que tan patriótica idea sea secundada por todos los verdaderos mexicanos.


Sumado a los conflictos nacionales, Villa atacó el poblado de Columbus como venganza contra el presidente Wilson por haber ayudado a Carranza. El gobierno estadounidense reaccionó organizando una operación en territorio mexicano para capturarlo, lo que hizo temer una guerra. La incertidumbre crecía mientras pasaban los meses y las tropas yankees prolongaban su estancia en México. Entretanto, el Club Lealtad convocó a una manifestación para recordar la entrada triunfal de Madero en la capital. A nombre de las organizadoras habló la infatigable profesora Arias Bernal. Días después, diversas asociaciones se pronunciaron por la defensa de la soberanía nacional. En la sesión celebrada el 21 de junio, María tomó la palabra:


Hagamos esfuerzos, tantos como podamos por todos los medios honrados que sea posible, para evitar la guerra. Y se me ocurre esto: durante mi estancia en Estados Unidos, me encontré con que todo el mundo abogaba por la paz; y he recibido cartas de maestras americanas que dicen: "Haremos todo lo posible para que nunca se rompa la amistad entre mexicanos y americanos." Yo propongo que nos dirijamos por telégrafo a las asociaciones de maestras y alumnas de los Estados Unidos, para pedirles que cumplan con su deber, es decir, que como madres, hijas, esposas o hermanas impidan la guerra con México. Ellas están más obligadas que nosotros, puesto que los mexicanos nada hemos hecho para merecer una agresión por parte de Estados Unidos. Estoy segura que ellas cumplirán con su deber de buena voluntad."


En octubre de 1918 viajó nuevamente a Estados Unidos para estudiar la organización de las clases de trabajos manuales y labores femeniles, así como los requerimientos para instalar comedores para alumnos, basándose en el modelo del Teacher's College dependiente de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Al año siguiente sufrió un agravamiento de sus males que la llevó a solicitar varias licencias. El aumento de sus padecimientos coincidió con el asesinato de Carranza, por lo que, abatida física y anímicamente, comenzó el trámite de su jubilación, misma que obtuvo el primero de febrero de 1921.

Su retiro no la alejó por completo de la docencia, pues se integró como profesora honoraria en la campaña contra el analfabetismo emprendida durante el gobierno de Adolfo de la Huerta. Sus continuas enfermedades respiratorias la obligaron a mudarse a Tepotzotlán donde, con el apoyo de Vasconcelos, estableció escuelas rurales; en Amecameca fundó la biblioteca Francisco I. Madero, en la que se atendía a niños y adultos.

En 1923 suspendió definitivamente sus trabajos y se convirtió en consejera de todas las amistades que cultivó en sus años de lucha y disidencia. Una bronconeumonía terminó con su vida el 6 de noviembre de ese año. Su muerte causó revuelo en la prensa y conmovió a Obregón, quien ordenó que se proporcionara una pensión a la madre de María y apuntó: "quiero enviarle mi más sincero pésame por la irreparable desgracia sufrida por usted al perder a su hija [...], debiendo servirle de consuelo en su justo dolor la meritoria labor que desarrolló su extinta hija, que conquistó estimación de todos los que tratámosla".

El 5 de septiembre de 1931 la Secretaría de Educación Pública decidió que una primaria llevara su nombre. Con motivo de ese homenaje, Eulalia Guzmán escribió:


Querida y admirada por todos los prohombres de la Revolución, nunca usó de su influencia en beneficio propio; todo lo puso al servicio de los demás. Murió pobre [...]. Así pues, solo cabe decir de María lo siguiente, que bien puede servir de lema a los niños que se eduquen en la escuela que llevará su nombre: Puso siempre su preclara inteligencia y sus grandes virtudes al servicio de la verdad y del bien.


Los restos de María Arias Bernal reposan en el panteón de Tlalpan, aunque en la memoria nacional su recuerdo perdura bajo el seudónimo de "María Pistolas".


(Tomado de: Adame, Ángel Gilberto - De armas tomar. Feministas y luchadoras sociales de la Revolución Mexicana. Aguilar/Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. de C. V. Ciudad de México, 2017)

jueves, 26 de mayo de 2022

Plan de San Luis, 1910

 




PLAN DE SAN LUIS POTOSÍ

LOS PUEBLOS, en su esfuerzo constante por que triunfen los ideales de libertad y justicia, se ven precisados, en determinados momentos históricos, a realizar los mayores sacrificios. 

Nuestra querida Patria ha llegado a uno de esos momentos: una tiranía que los mexicanos no estábamos acostumbrados a sufrir, desde que conquistamos nuestra independencia, nos oprime de tal manera, que ha llegado a hacerse intolerable. En cambio de esa tiranía se nos ofrece la paz, pero es una paz vergonzosa para el pueblo mexicano, porque no tiene por base el derecho, sino la fuerza; porque no tiene por objeto el engrandecimiento y prosperidad de la Patria, sino enriquecer a un pequeño grupo que, abusando de su influencia, ha convertido los puestos públicos en fuente de beneficios exclusivamente personales, explotando sin escrúpulos todas las concesiones y contratos lucrativos. 

Tanto el poder Legislativo como el Judicial están completamente supeditados al Ejecutivo; la división de los poderes, la soberanía de los Estados, la libertad de los Ayuntamientos y los derechos del ciudadano sólo existen escritos en nuestra Carta Magna; pero, de hecho, en México casi puede decirse que reina constantemente la Ley Marcial; la justicia, en vez de impartir su protección al débil, sólo sirve para legalizar los despojos que comete el fuerte; los jueces, en vez de ser los representantes de la justicia, son agentes del Ejecutivo, cuyos intereses sirven fielmente; las cámaras de la Unión, no tienen otra voluntad que la de! Dictador; los gobernadores de los Estados son designados por él y ellos a su vez designan e imponen de igual manera las autoridades municipales. 

De esto resulta que todo el engranaje administrativo, judicial y legislativo obedecen a una sola voluntad, al capricho del general Porfirio Díaz, quien en su larga administración ha mostrado que el principal móvil que lo guía es mantenerse en el poder y a toda costa. 

Hace muchos años se siente un profundo malestar, debido a tal régimen de Gobierno; pero el general Díaz, con gran astucia y perseverancia, había logrado aniquilar todos los elementos independientes, de manera que no era posible organizar ninguna clase de movimiento para quitarle el poder de que tan mal uso hacía. El mal se agravaba constantemente, y el decidido empeño del general Díaz de imponer a la Nación un sucesor y siendo éste el señor Ramón Corral, llevó ese mal a su colmo y determinó que muchos mexicanos, aunque carentes de reconocida personalidad política, puesto que había sido imposible labrársela durante 36 años de Dictadura, nos lanzáramos a la lucha, intentando reconquistar la soberanía del pueblo y sus derechos en el terreno netamente democrático. 

Entre los partidos que tendían al mismo fin, se organizó el Partido Nacional Antirreeleccionista, proclamando los principios de SUFRAGIO EFECTIVO y NO REELECCIÓN, como únicos capaces de salvar a la República del inminente peligro con que la amenazaba la prolongación de una dictadura cada día más onerosa, más despótica y más inmoral. 

El Pueblo Mexicano secundó eficazmente a ese Partido y, respondiendo al llamado que se le hizo, mandó sus representantes a una Convención, en la que también estuvo representado el Partido Nacional Democrático, que asimismo interpretaba los anhelos populares. Dicha Convención designó sus candidatos para la Presidencia y Vicepresidencia de la República, recayendo esos nombramientos en el señor Dr. Francisco Vázquez Gómez y en mí para los cargos respectivos de Vicepresidente y Presidente de la República. 

Aunque nuestra situación era sumamente desventajosa porque nuestros adversarios contaban con todo el elemento oficial, en el que se apoyaban sin escrúpulos, creímos de nuestro deber, para mejor servir la causa del pueblo, aceptar tan honrosa designación. Imitando las sabias costumbres de los países republicanos, recorrí parte de la República haciendo un llamamiento a mis compatriotas. Mis jiras fueron verdaderas marchas triunfales, pues por donde quiera el pueblo, electrizado por las palabras mágicas de SUFRAGIO EFECTIVO y NO REELECCIÓN, daba pruebas evidentes de su inquebrantable resolución de obtener el triunfo de tan salvadores principios. Al fin llegó un momento en que el General Díaz se dió cuenta de la verdadera situación en la República y comprendió que no podría luchar ventajosamente conmigo en el campo de la Democracia, y me mandó reducir a prisión antes de las elecciones, las que se llevaron a cabo excluyendo al pueblo de los comicios por medio de la violencia, llenando las prisiones de ciudadanos independientes y cometiéndose los fraudes más desvergonzados. 

En México, como República democrática, el poder público no puede tener otro origen ni otra base que la voluntad nacional, y ésta no puede ser supeditada a fórmulas llevadas a cabo de un modo fraudulento. 

Por este motivo el pueblo mexicano ha protestado contra la ilegalidad de las últimas elecciones; y queriendo emplear sucesivamente todos los recursos que ofrecen las leyes de la República en la debida forma, pidió la nulidad de las elecciones ante la Cámara de Diputados, a pesar de que no reconocía al dicho cuerpo un origen legítimo y de que sabía de antemano que, no siendo sus miembros representantes del pueblo, sólo acatarían la voluntad del General Díaz, a quien exclusivamente deben su investidura. 

En tal estado las cosas, el pueblo, que es el único soberano, también protestó de modo enérgico contra las elecciones, en imponentes manifestaciones llevadas a cabo en diversos puntos de la República, y si éstas no se generalizaron en todo el territorio nacional fue debido a terrible presión ejercida por el Gobierno, que siempre ahoga en sangre cualquier manifestación democrática, como pasó en Puebla, Veracruz, Tlaxcala, México y otras partes. 

Pero esta situación violenta e ilegal no puede subsistir más. 

Yo he comprendido muy bien que si el pueblo me ha designado como su candidato para la Presidencia, no es porque haya tenido oportunidad de descubrir en mí las dotes del estadista o gobernante, sino la virilidad del patriota resuelto a sacrificarse, si es preciso, con tal de conquistar la libertad y ayudar al pueblo a librarse de la odiosa tiranía que lo oprime. 

Desde que me lancé a la lucha democrática sabía muy bien que el Gral. Díaz no acataría la voluntad de la Nación, y el noble pueblo mexicano, al seguirme a los comicios, sabía también perfectamente el ultraje que le esperaba; pero a pesar de ello, el pueblo dio para la causa de la Libertad un numeroso contingente de mártires cuando éstos eran necesarios, y con admirable estoicismo concurrió a las casillas a recibir toda clase de vejaciones. 

Pero tal conducta era indispensable para demostrar al mundo entero que el pueblo mexicano está apto para la democracia, que está sediento de libertad, y que sus actuales gobernantes no responden a sus aspiraciones. 

Además, la actitud del pueblo antes y durante las elecciones, así como después de ellas, demuestra claramente que rechaza con energía al Gobierno del Gral. Díaz y que, si se hubieran respetado sus derechos electorales, hubiese sido yo electo para Presidente de la República. 

En tal virtud, y haciéndome eco de la voluntad nacional, declaro ilegales las pasadas elecciones, y quedando por tal motivo la República sin gobernantes legítimos, asumo provisionalmente la Presidencia de la República, mientras el pueblo designa conforme a la ley sus gobernantes. Para lograr este objeto es preciso arrojar del poder a los audaces usurpadores que por todo título de legalidad ostentan un fraude escandaloso e inmoral. 

Con toda honradez declaro que consideraría una debilidad de mi parte y una traición al pueblo que en mí ha depositado su confianza no ponerme al frente de mis conciudadanos, quienes ansiosamente me llaman, de todas partes del país, para obligar al Gral. Díaz, por medio de las armas, a que respete la voluntad nacional. 

El Gobierno actual, aunque tiene por origen la violencia y el fraude, desde el momento que ha sido tolerado por el pueblo, puede tener para las naciones extranjeras ciertos títulos de legalidad hasta el 30 del mes entrante en que expiran sus poderes; pero como es necesario que el nuevo Gobierno dimanado del último fraude no pueda recibirse ya del poder, o por lo menos se encuentre con la mayor parte de la Nación protestando con las armas en la mano, contra esa usurpación, he designado el DOMINGO 20 del entrante noviembre para que de las seis de la tarde en adelante, en todas las poblaciones de la República se levanten en armas bajo el siguiente

PLAN 

l° Se declaran nulas las elecciones para Presidente y Vicepresidente de la República, magistrados a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y diputados y senadores, celebradas en junio y julio del corriente año. 

2° Se desconoce al actual Gobierno del general Díaz, así como a todas las autoridades cuyo poder debe dimanar del volo popular, porque, además de no haber sido electas por el pueblo, han perdido los pocos títulos que podían tener de legalidad, cometiendo y apoyando, con los elementos que el pueblo puso a su disposición para la defensa de sus intereses, el fraude electoral más escandaloso que registra la historia de México. 

3° Para evitar hasta donde sea posible los trastornos inherentes a todo movimiento revolucionario, se declaran vigentes, a reserva de reformar oportunamente por los medios constitucionales, aquellas que requieran reformas, todas las leyes promulgadas por la administración y sus reglamentos respectivos a excepción de aquellas que manifiestamente se hallen en pugna con los principios proclamados en este plan. Igualmente se exceptúan las leyes, fallos de tribunales y decretos que hayan sancionado las cuentas y manejos de fondos de todos los funcionarios de la administración porfirista en todos los ramos; pues tan pronto como la Revolución triunfe, se iniciará la formación de comisiones de investigación, para dictaminar acerca de las responsabilidades en que hayan podido incurrir los funcionarios de la Federación, de los Estados y de los Municipios. 

En todo caso serán respetados los compromisos contraídos por la administración porfirista con gobiernos y corporaciones extranjeras antes del 20 del entrante. 

Abusando de la ley de terrenos baldíos, numerosos pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido despojados de sus terrenos, por acuerdo de la Secretaría de Fomento, o por fallos de los Tribunales de la República. Siendo de toda justicia restituir a sus antiguos poseedores, los terrenos de que se les despojó de un modo tan arbitrario, se declaran sujetas a revisión tales disposiciones y fallos y se les exigirá a los que los adquirieron de un modo tan inmoral, o a sus herederos,  a sus herederos, que los restituyan a sus primitivos propietarios, a quienes pagarán también una indemnización por los perjuicios sufridos. Sólo en el caso de que estos terrenos hayan pasado a tercera persona, antes de la promulgación de este plan, los antiguos propietarios recibirán indemnización de aquellos en cuyo beneficio se verificó el despojo. 

4° Además de la Constitución y leyes vigentes, se declara Ley Suprema de la República, el principio de NO REELECCIÓN del Presidente y Vicepresidente de la República, de los gobernadores de los Estados y de los presidentes municipales, mientras se hagan las reformas constitucionales respectivas.  

5° Asumo el carácter de Presidente provisional de los Estados Unidos Mexicanos con las facultades necesarias para hacer la guerra al Gobierno usurpador del General Díaz. 

Tan pronto como la capital de la República y más de la mitad de los Estados de la Federación estén en poder de las fuerzas del Pueblo, el Presidente provisional, convocará a elecciones generales extraordinarias para un mes después y entregará el poder al Presidente que resulte electo, tan luego como sea conocido el resultado de la elección. 

6° El Presidente Provisional, antes de entregar el poder, dará cuenta al Congreso de la Unión del uso que haya hecho de las facultades que le confiere el presente Plan. 

7° El día 20 del mes de noviembre, desde las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente gobiernan. Los pueblos que estén retirados de las vías de comunicación, lo harán desde la víspera.

8° Cuando las autoridades presenten resistencia armada, se les obligará por la fuerza de las armas a respetar la voluntad popular; pero en este caso las leyes de la guerra serán rigurosamente observadas, llamándose especialmente la atención sobre las prohibiciones relativas a no usar balas explosivas ni fusilar a los prisioneros. También se llama la atención respecto al deber de todo mexicano de respetar a los extranjeros en sus personas e intereses. 

9° Las autoridades que opongan resistencia a la realización de este Plan serán reducidas a prisión para que se les juzgue por los tribunales de la República, cuando la revolución haya terminado. Tan pronto como cada ciudad o pueblo recobre su libertad, se reconocerá como autoridad legítima provisional al principal jefe de las armas, con facultad para delegar sus funciones en algún otro ciudadano caracterizado, quien será confirmado en su cargo o removido por el Gobierno Provisional. 

Una de las principales medidas del Gobierno Provisional será poner en libertad a todos los presos políticos. 

lO° El nombramiento del gobernador provisional de cada Estado que haya sido ocupado por las fuerzas de la Revolución será hecho por el Presidente provisional. Este gobernador tendrá la estricta obligación de convocar a elecciones para gobernador constitucional del Estado, tan pronto como sea posible, a juicio del Presidente Provisional. Se exceptúan de esta regla los Estados que de dos años a esta parte han sostenido campañas democráticas para cambiar de Gobierno, pues en éstos se considerará como gobernador provisional al que fue candidato del pueblo siempre que se adhiera activamente a este Plan. 

En caso de que el Presidente provisional no haya hecho el nombramiento de gobernador, que este nombramiento no haya llegado a su destino o bien que el agraciado no aceptara por cualquier circunstancia, entonces el gobernador será designado por votación de todos los jefes de las armas que operen en e! territorio del Estado respectivo, a reserva de que su nombramiento sea ratificado por el Presidente provisional tan pronto como sea posible.

11° Las nuevas autoridades dispondrán de todos los fondos que se encuentren en todas las oficinas públicas para los gastos ordinarios de la administración; para los gastos de guerra, contratarán empréstitos voluntarios o forzosos. Estos últimos, sólo con ciudadanos e instituciones nacionales. De estos empréstitos se llevará también una cuenta escrupulosa y se otorgarán recibos en debida forma a los interesados a fin de que al triunfar la Revolución se les restituya lo prestado.

Transitorio: A. Los jefes de fuerzas voluntarias tomarán el grado que corresponda al número de fuerzas a su mando. En caso de operar fuerzas militares y voluntarias unidas, tendrá el mando en ellas el jefe de mayor graduación, pero en caso de que ambos jefes tengan el mismo grado, el mando será del jefe militar. 

Los jefes civiles disfrutarán de dicho grado mientras dure la guerra, y una vez terminada, esos nombramientos a solicitud de los interesados, se revisarán en la Secretaría de Guerra, que los ratificará en su grado o los rechazará, según sus méritos. 

B. Todos los jefes, tanto civiles como militares, harán guardar a sus tropas la más estricta disciplina, pues ellos serán responsables ante el Gobierno Provisional de los desmanes que cometan las fuerzas a su mando, salvo que justifiquen no haberles sido posible contener a sus soldados y haber impuesto a los culpables el castigo merecido. 

Las penas más severas serán aplicadas a los soldados que saqueen alguna población o que maten a prisioneros indefensos. 

C. Si las fuerzas y las autoridades que sostienen al general Díaz, fusilan a los prisioneros de guerra, no por eso y como represalias se hará lo mismo con los de ellas, que caigan en poder nuestro; pero en cambio serán fusilados, dentro de las veinticuatro horas y después de un juicio sumario, las autoridades civiles y militares al servicio del General Díaz que una vez estallada la Revolución hayan ordenado, dispuesto en cualquiera forma, trasmitido la orden o fusilado a alguno de nuestros soldados. 

De esta pena no se eximirán ni los más altos funcionarios; la única excepción será el general Díaz y sus ministros, a quienes en caso de ordenar dichos fusilamientos o permitirlos, se les aplicará la misma pena, pero después de haberlos juzgado por los tribunales de la República, cuando haya terminado la Revolución. 

En el caso de que el general Díaz disponga que. sean respetadas las leyes de la guerra, y que se trate con humanidad a los prisioneros que caigan en sus manos, tendrá la vida salva; pero de todos modos deberá responder ante los tribunales de cómo ha manejado los caudales de la Nación y de cómo ha cumplido con la ley. 

D. Como es requisito indispensable en las leyes de la guerra que las tropas beligerantes lleven uniforme o distintivo, y como será difícil uniformar a las numerosas fuerzas del pueblo que van a tomar parte en la contienda, se adoptará como distintivo de todas las fuerzas libertadoras, ya sean voluntarias o militares, un listón tricolor; en el tocado o en el brazo. 

CONCIUDADANOS: Si os convoco para que toméis las armas y derroquéis al gobierno del general Díaz, no es solamente por el atentado que cometió durante las últimas elecciones, sino para salvar a la patria del porvenir sombrío que le espera continuando bajo su dictadura y bajo el Gobierno de la nefanda oligarquía científica, que sin escrúpulo y a gran prisa están absorbiendo y dilapidando los recursos nacionales, y si permitimos que continúe en el poder, en un plazo muy breve habrán completado su obra: habrán llevado al pueblo a la ignorancia y lo habrán envilecido; le habrán chupado todas sus riquezas y dejado en la más absoluta miseria; habrán causado la bancarrota de nuestra Patria, que débil, empobrecida y maniatada se encontrará inerte para defender sus fronteras, su honor y sus instituciones. 

Por lo que a mí respecta, tengo la conciencia tranquila y nadie podrá acusarme de promover la Revolución por miras personales, pues está en la conciencia nacional que hice todo lo posible para llegar a un arreglo pacífico y estuve dispuesto hasta a renunciar mi candidatura siempre que el general Díaz hubiese permitido a la Nación designar aunque fuese al Vicepresidente de la República; pero, dominado por incomprensible orgullo y por inaudita soberbia, desoyó la voz de la Patria y prefirió precipitarla en una Revolución antes de ceder un ápice, antes de devolver al pueblo un átomo de sus derechos, antes de cumplir, aunque fuese en las postrimerías de su vida, parte de las promesas que hizo en La Noria y Tuxtepec. 

Él mismo justificó la presente Revolución, cuando dijo: "Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio de! poder y esta será la última revolución". 

Si en el ánimo del General Díaz hubiesen pesado más los intereses de la Patria, que los sórdidos intereses de él y de sus consejeros, hubiera evitado esta Revolución, haciendo algunas concesiones al pueblo; pero ya que no lo hizo... i tanto mejor!, el cambio será más rápido y más radical, pues el pueblo mexicano, en vez de lamentarse como un cobarde, aceptará como un valiente el reto, y ya que el General Díaz pretende apoyarse en la fuerza bruta para imponerle un yugo ignominioso, el pueblo recurrirá a esa misma fuerza para sacudir ese yugo, para arrojar a ese hombre funesto del poder y para reconquistar su libertad. 


San Luis Potosí, octubre 5 de 1910. 

Francisco I. Madero.

(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la Revolución Mexicana. *Los antecedentes y la etapa maderista. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986)

lunes, 2 de mayo de 2022

La Decena Trágica en México, 1913



El Cuartelazo felicista

o sea

La Decena Trágica en México

Samuel Margarito Lozano

Sangrientos sucesos ocurridos en México del 9 al 19 de febrero de 1913

Oigan, nobles ciudadanos,

prestadme vuestra atención

voy a cantar un corrido

de la actual Revolución.


Reyes y don Félix Díaz

echaron muy bien su trato

y para vengar rencores

idearon un cuartelazo.


Señores tengan presente,

que el día nueve de febrero

Mondragón y Félix Díaz

se alzaron contra Madero.


Era jefe Mondragón

del Segundo Regimiento

y salió de Tacubaya

para México en su intento.


Daba el reloj ese día

las siete de la mañana

cuando a México llegó

Mondragón con fuerza armada.


Dio libre a Bernardo Reyes

y después a Félix Díaz,

para avanzar a Palacio

reunieron las compañías.


Don Félix le dijo a Reyes

con audacia y con cautela

"Si usted asalta el Palacio

yo tomo la Ciudadela".


Reyes con todas sus tropas

su valor quiso mostrar,

y al acercarse a Palacio

la muerte vino a encontrar.


Allí cayó muerto Reyes

por una bala certera

y muchos muertos y heridos

se miraban por doquiera.


A las diez de la mañana

del día nueve de febrero

se dirigió hacia el Palacio

el presidente Madero.


Luego que llegó a Palacio

por el pueblo fue aplaudido

porque deveras ese hombre

de todos se hizo querido.


Con su estandarte glorioso

que en la mano lo traía,

recorrió todas las calles

pues temor no conocía.


Madero, estando en Palacio,

dijo: "qué ingrata es mi suerte,

doy mi vida por el pueblo,

yo no le temo a la muerte".


Mandó llamar a Blanquet

que en Toluca se encontraba

sin saber el presidente

que Blanquet lo traicionaba.


Cuando a México llegó

con sus tropas ya bien listas

se proclamó partidario

de las fuerzas felicistas.


Huerta le dijo a Madero

con palabra traicionera:

"Si usted me confía las tropas

yo tomo la Ciudadela".


El presidente le dijo:

"eso lo voy a ordenar

aunque yo sé demasiado

que usted me va a traicionar".


Luego Riveroll e Izquierdo

los dos con nefanda astucia

al presidente Madero

le pidieron su renuncia.


Madero les contestó

"No presento mi retiro

yo no me hice presidente,

fui por el pueblo elegido".


El presidente les dijo,

"quién fue el que los mandó"

y sacando su revólver,

el pecho les traspasó.


Don Aureliano Blanquet

le dijo al señor Madero,

cogiéndole por los hombros:

"dese usted por prisionero".


Terminaron los combates

el dieciocho de febrero,

quedando allí prisioneros

Pino Suárez y Madero.


Muchos soldados, ya muertos,

en Palacio y Ciudadela

fueron sus restos quemados

en los campos de Balbuena.


La sangre corrió a torrentes

pero era sangre de hermanos

siendo culpables de todo

ambiciosos mexicanos.


Huerta por sus partidarios

se hizo solo presidente,

luego que subió al poder

a Madero le dio muerte.


El veintidós de febrero

fecha de negros pesares,

mandó Huerta asesinar

a Madero y Pino Suárez.


El Presidente Madero

a Huerta le hizo favores,

un bien con un mal se paga

eso es muy cierto, señores.


Cárdenas fue el asesino

que hizo el tan chula gracia

de asesinar a dos héroes

Padres de la Democracia

Aquí terminan los versos

y si han logrado gustar,

son compuestos por Lozano,

un coplero popular.


Del 9 al 19 de febrero de 1913, el cuartelazo felicista, o la Decena Trágica, puso en entredicho la legitimidad militar del presidente Francisco I. Madero, quien, a su vez, había confiado en el general Victoriano Huerta para sofocar la rebelión. La caída de Madero se precipitó con la traición de Victoriano Huerta, quien se adhirió a las fuerzas rebeldes en el Pacto de la Ciudadela; lugar donde se dieron los más fuertes combates, realizado en el interior de la embajada estadounidense; con la anuencia del embajador Henry Lane Wilson. En el corrido se menciona al coronel Jiménez Riveroll y al mayor Izquierdo, quienes trataron de asesinar al presidente Madero en el Palacio Nacional el 18 de febrero, aunque, en esa ocasión, Madero fue defendido por el capitán Gustavo Garmendia.

Existen múltiples versiones de corridos sobre la Decena Trágica, dentro de las que se encuentra la de Daniel Castañeda, que cuenta con 250 cuartetas que relatan en detalle el proceso que llevó al poder a Victoriano Huerta, aquí ofrecemos la versión de Samuel Margarito Lozano.


(Tomado de: Avitia Hernández, Antonio - Corrido Histórico mexicano (1910-1916) Tomo II. Editorial Porrúa, colección “Sepan cuántos…” #676. México, D.F. 1997)