viernes, 29 de junio de 2018

Álvaro Araúz




Nació en Madrid en 1911; murió en la ciudad de México en 1970. Después de hacer estudios de medicina y pedagogía en universidades españolas, se consagró a las letras y en particular al teatro. Llegó a México en 1942 como refugiado político y aquí desarrolló una permanente actividad como divulgador de la literatura dramática, director de teatro y periodista. Editó 90 obras de teatro español y mexicano y de teatro francés que él mismo tradujo. Su obra poética la recogió en tres libros: Treinta y tres canciones (Madrid, 1935), voz y cuerda (Madrid, 1935) y Madrugada de cal (Barcelona, 1938). Para el teatro escribió y publicó en México: Castilla vuelve a Castilla (1959), La carroza del virrey (1959), Sota, caballo y rey (1960), Medias palabras (1965), Morir de pie (1966) y Los leales (1968). Editó además 5 volúmenes con crónicas sobre la Segunda Guerra Mundial y ensayos sobre Lope de Vega, Calderón y otros dramaturgos.


(Tomado de: Enciclopedia de México)

miércoles, 27 de junio de 2018

Catedral de Oaxaca



El sitio que actualmente ocupa la Catedral de Oaxaca existía un templo llamado San Juan de Dios, en el que residía el primer obispo don Juan López Zárate.

El presidente de la Segunda Audiencia, fray Sebastián Ramírez Fuenleal, pidió al rey de España la erección del obispado de Oaxaca, señalando este lugar.


En 1533 se inició la construcción de la Iglesia Catedral, en 1696 un terremoto destruyó lo ya construido y fue mandada reparar por el obispo Maldonado y el rico hacendado don Juan Gómez Marqués.


En 1752 le fue colocado en el muro izquierdo un reloj donado por el rey de España.
En el trono le fue colocado un alto monumento de plata con adornos de oro, en la cúpula una imagen de la Asunción.


(Tomado de: Casasola, Gustavo – 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976. Vol. 2. Editorial Gustavo Casasola, S.A. México, 1978)



martes, 26 de junio de 2018

Alfonso Reyes

Alfonso Reyes



(Monterrey, Nuevo León, 17 de mayo de 1889 – México, 27 de diciembre de 1959)


Participó en la fundación del Ateneo de la Juventud (1910) y publicó a los veintiún años su primer libro: Cuestiones estéticas. De 1914 a 1924 vivió en Madrid, donde sobresalió como periodista literario, investigador, traductor, crítico y cuentista. Diplomático en Francia, Argentina y Brasil, volvió a su país en 1939 para organizar el hoy Colegio de México. Fue la época de sus trabajos unitarios (El deslinde, La crítica en la edad ateniense), sin desmedro de los ensayos breves y libres, crónicas en las que nadie lo ha superado y que guardan, tal vez, lo mejor de su estilo (de Simpatías y diferencias, 1924, a Las burlas veras, 1959).

Inteligencia ávida de encerrar en palabras todos los estímulos del mundo, el poeta Alfonso Reyes no tiene entre nosotros antecedentes ni continuadores directos. Es uno de los primeros que incorporan a la moderna lírica española el prosaísmo de tradición inglesa –un prosaísmo que alterna la finura con la sabia ramplonería, el juego y la canción. En él lo más clásico es sinónimo de lo más popular. Humor y nostalgia, alegría y descripción. Aun cuando para objetivarlas refiera las emociones a un tema mítico (Ifigenia cruel), escribe un verso que se diría a media voz, a contracorriente de las facilidades rítmicas del castellano.


La secreta unidad de su obra quebranta la distinción de géneros: en Reyes la excelencia del prosista es también la excelencia del poeta que fue en todo momento.

Libros de poesía:

Sus versos, escritos entre 1906 y 1958, están en Constancia poética, tomo X de las Obras completas (1959). Habría que añadir cuando menos su “traslado” de La Ilíada (1951) y su prosificación del Poema del Cid (1919).


(Tomado de: Octavio Paz, Alí Chumacero, et al: Poesía en Movimiento, II)

EL LLANTO

Al declinar la tarde, se acercan los amigos;
pero la vocecita no deja de llorar.
Cerramos las ventanas, las puertas, los postigos,
pero sigue cayendo la gota de pesar.
No sabemos de donde viene la vocecita;
registramos la granja, el establo, el pajar.
El campo en la tibieza del blando sol dormita,
pero la vocecita no deja de llorar.
-¡La noria que chirría!- dicen los más agudos-
Pero ¡si aquí no hay norias! ¡Que cosa tan singular!
Se contemplan atónitos, se van quedando mudos
porque la vocecita no deja de llorar.
Ya es franca desazón lo que antes era risa
y se adueña de todos un vago malestar,
y todos se despiden y se escapan de prisa,
porque la vocecita no deja de llorar.
Cuando llega la noche, ya el cielo es un sollozo
y hasta finge un sollozo la leña del hogar.
A solas, sin hablarnos, lloramos un embozo,
pero la vocecita no deja de llorar.
 

AUSENCIAS
 
De los amigos que yo más quería
y en breve trecho me han abandonado,
se deslizan las sombras a mi lado,
escaso alivio a mi melancolía.
Se confunden sus voces con la mía
y me veo suspenso y desvelado
en el empeño de cruzar el vado
que me separa de su compañía.
Cedo a la invitación embriagadora,
y discurro que el tiempo se convierte
y acendra un infinito cada hora.
Y desbordo los límites, de suerte
que mi sentir la inmensidad explora
y me familiarizo con la muerte.



lunes, 25 de junio de 2018

Emilio Tuero

Emilio Tuero


Nació en Santoña, Santander, España, en 1912. Cuando tenía quince años toda su familia se trasladó a México en busca de fortuna. En 1931 tuvo la primera oportunidad de integrarse al medio artístico presentando una prueba en la XEW, que en esa época estaba promocionando nuevos valores. Comenzó interpretando tangos pues era el género de moda. Debutó en el cine nacional en la película Tras la reja, en el año 1936. Posteriormente fue contratado para interpretar el papel principal de la película Quinto Patio,

que fue estrenada en el Cine Ópera en la ciudad de México el 14 de julio de 1950. Luego vinieron Vértigo, La sentencia, La dama de las camelias, El ángel negro, Secretaria particular, Al son de la marimba, La dama del alba, Retorno al quinto patio. Quien mereciera el apodo de “El barítono de Argel”, falleció en la ciudad de México en el año de 1971.



(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989) 

domingo, 24 de junio de 2018

Juan de Dios Arias

Juan de Dios Arias


Nació en Puebla, Pue., en 1828; murió en la ciudad de México en 1886. Fue autodidacta y se distinguió como escritor, poeta y periodista satírico. Diputado al Congreso de 1856-1857, militó a las órdenes del general Mariano Escobedo. Fue colaborador de México a Través de los Siglos.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

sábado, 23 de junio de 2018

Gerardo Murillo (Dr. Atl)

Gerardo Murillo (Dr. Atl)



Nació en Guadalajara, Jal. En 1875; murió en la Ciudad de México en 1964. En su ciudad natal estudió pintura con Felipe Castro (hacia 1890); pasó a la de México y fue alumno de las escuelas de Bellas Artes y Preparatoria. Cuando terminó ésta, el presidente Porfirio Díaz lo pensionó para estudiar pintura en Europa, pero en lugar de esa especialidad tomó clases en la Universidad de Roma con el filósofo Antonio Labriola y el sociólogo y penalista Enrico Ferri. Colaboró con el Partido Socialista italiano y escribió en su órgano periodístico, el diario L’Avanti. Viajó a pie de Roma a París y asistió como oyente a las cátedras de sociología de Emilio Durkheim y de psicología y teoría del arte de Henri Bergson, en la Facultad de Altos Estudios. En 1902, en París, Leopoldo Lugones lo bautizó con el nombre de Dr. Atl (agua, en náhuatl). Hizo otra caminata de París a Madrid con fines deportivos.

 Regresó a México en 1904 y en 1906 organizó la exposición de pintura Savia Moderna, exhibiendo por vez primera la obra de Ponce de León, Francisco de la Torre y Diego Rivera, provocando el interés por el impresionismo y la muerte del estilo pompier. En 1910 promovió el Centro Artístico, cuyo objeto era conseguir muros en los edificios públicos para pintar en ellos. Esta iniciativa no prosperó porque sobrevino la Revolución armada.



Volvió a Europa en 1911. En París fundó el periódico Action d’Art, en el que difundió sus teorías pictóricas y el sentido social de la Revolución Mexicana. En sus libros autobiográficos Gentes profanas en el convento y Apuntes inéditos para un diario habla de sus colaboraciones para L’Humanité, bajo la égida de Jean Jaurés. El poeta Carlos Barrera, diplomático mexicano en Francia, cuenta que el pintor publicó durante varios meses el periódico La Revolution au Mexiqué y que realizó varias gestiones en favor de la facción constitucionalista, aprovechando la asistencia de Clemanceau y del ministro de Finanzas Dumont a las exposiciones de pintura. En esta empresa fue apoyado por el ministro de México Miguel Díaz Lombardo.




Reintegrado a México en 1914, Venustiano Carranza lo comisionó para tratar con Zapata la unificación de las fuerzas revolucionarias; pero fracasó en su gestión y estuvo a punto de ser fusilado (existe la correspondencia entre Zapata y el Dr. Atl relativa a sus conferencias y disputas). Durante la permanencia del Primer Jefe en Veracruz, el Dr. Atl fundó La Vanguardia, en cuyas páginas se publicaron caricaturas e ilustraciones de José Clemente Orozco. Organizó la confederación Revolucionaria, integrada por 10 militares y 10 civiles, entre ellos los generales Álvaro Obregón y Benjamín Hill, Jesús Urueta y Rafael Zubarán Campany, al fin disuelta por la notable preponderancia que llegó a tener. De esa agrupación surgió más tarde el Bloque de Obreros Intelectuales, presidido por Juan de Dios Bojórquez. Parece que también intervino en el pacto que suscribieron, el 17 de febrero de 1915, el secretario de Gobernación de Carranza y la Casa del Obrero Mundial, aunque no firmó el documento. Fue en esa época director de la Academia de San Carlos, tesorero general de las Fuerzas Constitucionalistas y jefe del Departamento de Bellas Artes.


Terminado el movimiento armado, se dedicó de lleno a pintar, a promover el conocimiento del arte popular, a estudiar vulcanología y a escribir.



En el período de 1920 a 1964 destacan su lucha en favor de las potencias del Eje, su controversia con Lázaro Cárdenas y su gran amistad con Adolfo López Mateos, a quien le debe estar sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Designado miembro del Colegio Nacional, renunció a la distinción porque se le había otorgado a Gerado Murillo y no al Dr. Atl.




Su obra escrita comprende:


1.- Folletos: Palabras de un hombre al pueblo americano (traducido al inglés), Paz germana o paz judáico-británica, ¿La victoria de Alemania y la situación de la América Latina?, Paz, neutralidad o guerra, El futuro del mundo y La carroña de Ginebra.


2.- Libros de arte: La sinfonía del Popocatépetl, Artes Populares (2 vols.; 1921, 2ª. Ed., 1922), Las iglesias de México (6 vols.), Cómo nace y muere un volcán (sobre el Paricutín), Historia del paisaje y Los volcanes de México.


3.- Crítica de arte; el catálogo de la colección Pani y un articulo contra el capítulo “Las artes plásticas” de Antonio Luna Arroyo, en México, 50 años de Revolución (t.IV, 1962).


4.- Literatura: Cuentos bárbaros, Cuentos de todos colores, Carmen (versos) y De la vida alegre y peligrosa y Gentes profanas en el convento (novelas).


5.- Ciencia: Petróleo en el valle de México, Oro más oro, Un hombre más allá del universo y El grito en la Atlántida.


6.- Política: La Revolución Mexicana defiende derechos humanos y Los judíos sobre México.


Inventó, además, las modificaciones a la encáustica, el fresco al óleo y los atlcolors. Estos son secos, a la resina, y se trabajan como el pastel, sin la fragilidad de éste, e igual sirven, al decir de su creador, para pintar sobre papel, tela o roca.




Explorador y caminante, instalado en el ex convento de La Merced, pintó ahí buena parte de su obra, sobre todo los grandes cuadros del valle de México. En 1943 asistió al nacimiento del volcán Paricutín, de cuyo fenómeno tomó apuntes y realizó cuadros que exhibió en el Palacio de Bellas Artes en 1944. Hizo algunos retratos, dibujos de arquitectura y bocetos para murales, pero sobre todo cientos de dibujos y gran número de pinturas de paisaje. Adoptó la perspectiva curvilínea propuesta por Luis G. Serrano, circunstancia que añadió a su obra una constante de monumentalidad. En sus últimos años pasó largas temporadas en Pihuamo, Tepoztlán y la barranca del río Santiago, recreando el paisaje y proyectando Olinca, la ciudad mundial de la cultura, una de sus mayores ilusiones que nunca vio realizada; e inició el género del aeropaisaje, o sean las grandes visiones de conjuntos geográficos desde la perspectiva de los aviones. Entre las decenas de autorretratos,  pintados a menudo en el primer término de sus apuntes o cuadros destaca el que lo muestra entre las nieves, hecho en 1938. En Dr. Atl donó a las galerías del Instituto de Bellas Artes una rica colección de su obra.




Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo 1)


 
 


jueves, 21 de junio de 2018

Las virreinas de México

Las virreinas de México

Por Jaime Acosta

De los 62 virreyes que llegaron a México, 22 eran obispos, viudos o solterones, así que las virreinas sólo sumaron 40. El erudito Manuel  Romero de Terreros se esforzó por investigar quiénes fueron estas damas y qué hicieron de notable. A la mujer de aquella época se le asignaba un papel meramente doméstico y decorativo en los saraos palaciegos y las fiestas campestres, y ni los historiadores ni los documentos públicos suelen registrar los hechos de esta especie; sin embargo, Romero de Terreros descubrió mucho más de lo que podría esperarse y pudo localizar un buen número de personalidades vigorosas, cuando no fascinantes.
Las primeras 5 virreinas pasaron aparentemente la vida en la cocina y la sala hogareña, pues de ellas no se conocen más que los nombres:
Catalina de Vargas,
Ana de Castilla y Mendoza,
Leonor de Vico,
María Manrique, Marquesa de Aguilar y
Catalina de la Cerda, duquesa de Medina Coeli.
El sexto virrey fue obispo, de modo que la sexta virreina, Blanca de Velasco, condesa de Nieva, fue esposa del séptimo virrey, el marqués de Villa Manrique (1585-1590). Esta señora sí se hizo notar, y mucho, pues era soberbia y antipática, además de que, para recalcar su influencia, abiertamente hablaba de que era ella quien designaba y promovía a los funcionarios religiosos; tanto la virreina como el marido tuvieron fama de corruptos, por lo que se le ordenó al virrey regresar a España y el obispo de Tlaxcala, Pedro Romano, revisó las pertenencias del matrimonio cuando regresaba a la península para ver que no se llevaran nada indebido.

También fue notable la octava virreina (1590-1595), María de Ircio y Mendoza. Hija del conquistador Martín de Ircio, encomendero en Tepeaca, Puebla, y de doña María de Mendoza, hermana bastarda del primer virrey, doña María Ircio parece haber nacido en la Nueva España. Casó con el virrey Luis de Velasco hijo, quien fue muy querido en México, aunque su suegra escribió al monarca español quejándose de que el matrimonio de la hija “nos salió tan trabajoso que al dicho mi marido costó la vida y a mí y a las dichas mis hijas nos tiene en gran aflicción”, pues valiéndose de su influencia, el virrey “torcía a su favor la justicia” para apoderarse de los bienes pertenecientes a la suegra, a la cuñada y a su misma consorte, a quien amenazaba de muerte para obligarla a firmar los documentos en los que cedía al marido sus propiedades.
En el siglo XVII la duquesa de Alburquerque (1624-1635), era tan altiva, pagada de sí misma y afecta al boato que, deseando recalcar su posición en la sociedad, mandó hacer una jaula para aislarse en ella junto con su hija mientras se desarrollaban las ceremonias de inauguración de la vieja catedral.
Dos virreinas se hicieron notar por la estrecha amistad que tuvieron con sor Juana Inés de la Cruz: Leonor Carreto, marquesa de Mancera (1664-1673), y la condesa de Paredes (1680-1686), a quienes la monja dio, respectivamente, los nombres de “Laura” y “Lysi” en unos apasionados poemas dedicados a ellas. (los eruditos siguen discutiendo acerca de si el amor declarado por la monja en sus poemas fue lésbico o neoplatónico.)
La condesa de Paredes (1688-1696) vivió una experiencia angustiosa al escapar de las turbas que incendiaron el palacio virreinal en 1692. Pasó el resto de su tiempo en México lamentando la pérdida de los caudales y el robo de las joyas que sufrió a consecuencia de los disturbios.
En el siglo XVIII sobresalió la primera condesa de Revillagigedo (1746-1755) por su elegancia y por la prodigalidad con que repartía limosnas y donativos. La marquesa de las Amarillas (1755-1760) dio mucho de qué hablar porque montaba a caballo como hombre y era muy  afecta a participar en saraos y fiestas campestres.


Felicitas St. Maxent, condesa de Gálvez


El premio de popularidad lo ganó la joven, bella y elegante condesa de Gálvez, Felicitas St. Maxent (1785-1786). Hija del último intendente francés de la Luisiana, doña Felicitas nació en Nueva Orleáns y conoció a su marido el futuro virrey cuando llegó de guarnición a la ciudad. (Doña Felicitas tenía 3 hermanas que también casaron con oficiales españoles destacados en nueva Orleáns; una de ellas fue esposa del célebre intendente Riaño que murió en Granaditas.) con su educación francesa y su simpatía personal, doña Felicitas concurría frecuentemente a los teatros y a los paseos populares, mezclándose con el pueblo, que la ovacionaba.
Doña María Antonia de Godoy y Álvarez (1794-1798) era hermana del favorito de Carlos IV y aprovechó la oportunidad para obtener “mordidas” en cuanto negocio se cerraba con el gobierno y así enriquecer escandalosamente.
La esposa del virrey José de Iturrigaray (1803-1808), Inés de Jáuregui, mostró abierta preferencia por intimar con las familias criollas linajudas y desdeñar a los gachupines, por lo que se decía que estaba arrimándole simpatías a su marido para que lo coronaran rey en caso de que se declarara la independencia. De ella se supo también que estaba asociada con una comadre en cuya casa se compraban y vendían favores oficiales.


Doña Francisca de la Gándara y Cardona, condesa viuda de Calderón, por Vicente López.



María Francisca de la Gándara (1813-1816) nació en San Luis Potosí y llegó a virreina por casualidad, ya que en su condición de criolla normalmente hubiera estado excluida de alcanzar ese rango. (La otra virreina nacida en la Nueva España, María de Ircio y Mendoza, era vista como española pura por haber vivido en una época en la que el criollismo apenas empezaba a definirse.) Doña María Francisca de la Gándara tenía 22 años de edad cuando el coronel español Félix María Calleja cumplió 48 y, considerando que ya era tiempo de formar familia, pidió y obtuvo la mano de doña Francisca, cuya familia contaba entre los principales de la localidad. Con los años Calleja fue ascendido a mariscal de campo por haberse convertido en azote de los insurgentes, y el hecho de que fuese el elemento más apropiado para gobernar el virreinato determinó que se pasara por alto el lugar de nacimiento de la esposa. Doña María Francisca acompañó al marido en varias de sus campañas y emigró con él a Europa, donde permaneció hasta el día de su muerte para librarse con la distancia de sufrir los odios que inspiraban los criollos rivales de los victoriosos insurgentes.



(Tomado de: Jaime Acosta, Contenido, ¡Extra! Mujeres que dejaron huella, primer tomo (1), 1998)

miércoles, 20 de junio de 2018

El Lechero




En el amanecer, lechoso, el grito arma revuelos de padre y señor mío. La patrona se restriega los ojos y a su vez grita:

¡Mariana! ¡La leche! Y un ¡Ahí voy, señora! Le contesta. Pero si a Mariana le tocó salir el día anterior, es ella, la señora, la que entre pereza y mohín sale a “recibir la leche”.

-¡!La leche¡!, grita una segunda vez el lechero, con voz ruda, presurosa; a timbrazo y aporreo de puerta; pues no sabe de tardanzas.

¡Ya van! ¡Orita van! Al fin salen. Va quitando él las tapas de las blancas, ventrudas botellas de a litro que palidecen como al ataque de un “miserere”, como volviéndose agua. Si la topografía de la casa lo permite, las deja en el umbral de la puerta, para renovarlas al día siguiente, y corre al carro repartidor: cajas, botellas y hielo. O a su bicicleta diligente, o al carrito de mano, voluntarioso, para seguir aquí y allá voceando: ¡leche!

El lechero es gente joven. De otro modo no se explicaría su ánimo de madrugar y correr. Huele a establo, a jergón de camastro, pues ¿qué valiente se baña a las cuatro de la mañana?

Se le conoce, desde dentro, en las habitaciones del sueño, por el tintinear de las botellas, campanillas despertadoras. Y por el paso recio de sus zapatos vaqueros. Sus modales, llegados del campo, no han tenido pulimento: pero el domingo se endominga y el tiempo es suyo.

Y si la patrona es perspicaz, cuando Mariana vuelve percibirá en sus blandos quehaceres un ligero tufillo a establo.

(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)




lunes, 18 de junio de 2018

Catedral de Puebla





El 29 de agosto de 1536, el virrey don Antonio de Mendoza y el obispo de Tlaxcala, fray Julián de Garcés, colocaron la primera piedra para edificar uno de los templos más artísticos y ricos de la América: la Catedral de Puebla de los Ángeles.

El 18 de abril de 1649 fue solemnemente inaugurada, bendecida y consagrada, a la Inmaculada Concepción de la Purísima Virgen María.


El templo se compone de cinco naves: tiene 14 capillas con bellos lienzos y esculturas; el Ciprés del Altar Mayor, es obra del arquitecto valenciano Manuel Tolsá; las campanas tienen fama en el país por sus concertadas voces. La campana llamada María pesa 185 quintales.


Los arquitectos, maestros de obras, pintores y escultores que ejecutaron esta obra fueron: Claudio de Arciniega, Francisco Becerra, Miguel de Estangas, Francisco Xirón, Pedro García Ferrer, Jerónimo de la Cruz, Juan Martínez de Montañez, Juan Herrera, Manuel Tolsá y otros más.


(Tomado de: Casasola, Gustavo – 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976. Vol. 2. Editorial Gustavo Casasola, S.A. México, 1978)


domingo, 17 de junio de 2018

La estatua de Carlos IV



Para congraciarse con la Corte,  el virrey don Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte, pidió permiso para erigir en México una estatua en honor del rey Carlos IV, cuyo costo no sería de los fondos reales, sino particulares del virrey y la contribución de altas personalidades de la colonia.

Obtenida la autorización, se comisionó al escultor valenciano don Manuel Tolsá, director de la escuela de Bellas Artes de San Carlos, para que ejecutara la obra.

Mientras se continuaba la construcción, el 18 de julio de 1796, se colocó provisionalmente en la Plaza Mayor, una estatua ecuestre de madera y yeso.

El 31 de mayo de 1798, Branciforte terminó su gestión y la fundición de la estatua continuaba en los talleres de Tolsá ubicados en la huerta del colegio de San Gregorio. Encendidos los hornos para proceder la fusión, colaborando con el director de la Academia de San Carlos, el español don Salvador de la Vega y 27,615 kilogramos de metal, los que se vaciaron sobre el molde, necesitándose catorce meses para cincelar y pulir, esta estatua de cuatro metros setenta y cinco centímetros de alto.

El 19 de noviembre de 1903, la estatua fue colocada en un carro de seis ruedas de bronce y salió por la puerta que daba al Puente del Cuervo (3ª. De Colombia) hasta su destino, el día 28 a las once de la mañana, al día siguiente terminó la maniobra y se procedió a hacer los preparativos para la solemne inauguración.

El 9 de diciembre con motivo del cumpleaños de la reina María Luisa, después de la misa de gracias, el virrey don José de Iturrigaray acompañado de los Tribunales, los Oidores, Regidores, el Cabildo, la nobleza y una gran concurrencia, se descubrió la estatua echándose a vuelo las campanas y los saludos de la artillería y fusilería, reunidos en la Plaza Mayor de la ciudad de México.

El barón de Humboldt que se encontraba en México en esta época digo: “Es la estatua mejor que las existentes en Europa, a excepción de la de Marco Aurelio en Roma…”.
Después de la consumación de la Independencia de México, esta joya de arte estuvo en peligro de desaparecer, por lo que fue trasladada en el año de 1822 al patio de la Universidad ubicada atrás del mercado del Volador.

Fue destruido también, el conjunto arquitectónico que servía de marco a la estatua, así como la glorieta; los balaustres fueron llevados a formar bancas en la Alameda.

(Tomado de: Casasola, Gustavo – 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976. Vol. 2. Editorial Gustavo Casasola, S.A. México, 1978)






Corrido de Carlos IV
 Anónimo

Ya con cabeza de bronce
lo tenemos en la plaza,
venga y lo tendremos con
cabeza de calabaza.
dicen que de gobernante
no tiene más que el bastón,
más, le falta de hombre un poco
ya lo asustó Napoleón.
Si vienes, es un disparate;
quédese en su madriguera,
no queremos ya mandones
vestidos de hojas de higuera.
Si hubiera Revolución
en la tierra de Colón
fuera una desproporción
la venida del panzón.

En esta composición satírica se hacía alusión a la estatua ecuestre de Carlos IV, conocida como El Caballito y al propio Rey español Carlos IV, en el momento en que las tropas de Napoleón invadieron España en 1808, y en la Nueva España se corrió el rumor de que Carlos IV, abdicado del trono por la presión de Napoleón Bonaparte, se refugiaría en la Colonia.

(Tomado de: Antonio Avitia Hernández- Corrido Histórico mexicano (1810-1910) Tomo I)




viernes, 15 de junio de 2018

Ramón López Velarde

Ramón López Velarde



(Jerez, Zacatecas, 15 de junio de 1888 – México, 19 de junio de 1921)

Estudió en los seminarios de Zacatecas y Aguascalientes. Se recibió de abogado en San Luis Potosí. Pasó en la capital los siete últimos años de su vida. Fue profesor de literatura y colaboró en casi todas las publicaciones de la época. Al día siguiente de la Revolución, López Velarde descubre la “novedad de la patria”. Pero su nacionalismo es fruto de su estética y no a la inversa. Pugna por hallar un lenguaje único que lo exprese. Busca, en el desamparo, un trasmundo en que se concilien los elementos opuestos que lo desgarran.

Sus mejores poemas logran crear ese idioma propio, nacido del brusco encuentro entre el coloquio mortecino de las tardes provincianas y los últimos fuegos artificiales del modernismo.

Al lado de José Juan Tablada, Ramón López Velarde inicia entre nosotros la poesía contemporánea: la tradición de la ruptura. No utiliza las formas que heredó sino que corre el riesgo de inventar otras. Muy pocos después de él han logrado unir el movimiento de lo moderno universal con la inmóvil fidelidad a lo genuino mexicano. Pero su poesía es irrepetible; no podemos volver a ella porque es nuestro único punto de partida.

Libros de poesía:

La sangre devota (1916 y 1941).
Zozobra (1919).
El son del corazón (1943).
Poesías escogidas (1935).
El león y la virgen (1942).
Obras completas (1945).
Poesía, cartas, documentos e iconografía (1952).
Poesías completas (1953).


(Tomado de: Octavio Paz, Alí Chumacero, et al: Poesía en Movimiento, II)






jueves, 14 de junio de 2018

La Herbolaria

La Herbolaria



Dentro de los mercados hay jardines en primavera y bosques antiguos en perpetuo invierno. Estos bosques son los de las yerbas, que vienen del tiempo indígena en que la gente, sin complicaciones presuntuosas, se curaba con la sencilla hechicería de la naturaleza.

La yerbera -herbolaria dicen los diccionarios- es la durmiente de un bosque de mil años; raíces y ramas petrificadas, hojas y flores de ceniza. Cuachalate para la úlcera; doradilla para la vescícula; cola de caballo para los riñones; boldo, un té en ayunas, para la bilis; flores de azahar y naranjo para los nervios; semillas de sulemán para las reúmas, los calambres y el dolor de huesos por el frío; grangel para la vejiga; tumbavaquero para el insomnio; polvo de culebra para la sangre…


Ay, marchanta! ¿Qué haré con mi muchacho?  No puedo quitarle lo empachado.

Y la yerbera:


-¡Um! Para el empacho no hay como la lengua de vaca con una cortecita de viuchito; tres cogollitos de guayaba y de Durazno; una cascarita de lo blanco del mesquite y una rama de yerbabuena. Se hierve todo y se toma en ayunas. Eso y con untarle al muchacho manteca con flor de ceniza. Luego le jala el cuerito de la rabadilla, y cuando truena, ya salió el empacho….¡Ah, y no deje de ponerle su ojo de venado con un collarcito, pa’que no vuelvan a hacerle mal de ojo!...


Hay que ver a la yerbera, perdida en su follaje y breñal milagroso, entre canastos, paquetes, haces de ramas y montes de raíces y flores secas. “Concha nácar para las cicatrices; flor de yoloxóchitl para el corazón”…


(Tomado de: Ricardo Cortés Tamayo (Texto) y Alberto Beltrán (Dibujo) – Los Mexicanos se pintan solos)




miércoles, 13 de junio de 2018

Hernando Alvarado Tezozómoc






Nació y murió en la Ciudad de México (hacia 1520 – hacia 1610). Hijo de Diego Huanitzin o Diego Alvarado Huamitzin, conocido en los Anales de Cuautitlán por Diego Panitzin, individuo de alta alcurnia y él mismo descendiente directo de Axayácatl, rey de México y de Francisca Moctezuma, hija de Moctezuma II, noveno señor de México. Entre 1598 y 1609 estuvo dedicado a la elaboración de dos crónicas: la Mexicana en castellano y la Mexicáyotl en náhuatl. En 1598 era intérprete o nahuatlato (“farante” o “lengua” como también se les llamó), de la Audiencia real de México, funciones en las que le correspondió suscribir el Papel de Tierras de Huauhquilpa, en el que se asienta ese cargo.




La Crónica Mexicana comprende desde los orígenes de la tribu mexica en Aztlán hasta el momento en que Hernán Cortés llegó a Tlaxcala. La editó Manuel Orozco y Berra (México, 1878), y de nueva cuenta la Editorial Leyenda (México, 1944). La Crónica Mexicayotl (Señorío de los mexicas) cuyo manuscrito se halla en el Museo Nacional de Antropología, empieza asimismo en Aztlán, en 1064, año en que, según él, los mexica emprendieron su largo peregrinar, y termina en 1531. Es, según dice el propio Tezozómoc en el prólogo, “la tradición y la herencia que dejaron los ancianos a sus descendientes”, La cual él puso por escrito “para que nunca olviden la historia de la gran ciudad y sus pobladores”. La publicó Eugene Boban en Documents pour servir a L’Historie du Mexique, Catalogue raisonné de la Collection de M. E. Eugene Goupil (Ancienne de J.M. A. Aubin), en París, en 1891.




Otra edición es la traducida del náhuatl al castellano por Adrián León (México, 1949). No toda la obra es suya; Wigberto Jiménez Moreno, Adrián León y Paul Kirchoff han señalado que la segunda parte de la Crónica (pp. 78-177) la escribió Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin.




Tezozómoc es el adalid del pueblo mexica, al que considera superior bajo todos los aspectos a los acolhua o tezcocanos. El historiador Alva Ixtlixóchitl es la contrapartida: según él, los acolhuas fueron los maestros de los mexica, que nunca hubiesen sobrevivido sin el apoyo de los soberanos chichimecas tezcocanos.


(Tomado de: Enciclopedia de México)

martes, 12 de junio de 2018

Emilio Azcárraga Vidaurreta

Emilio Azcárraga Vidaurreta



Nació en Tampico, Tamaulipas, en 1895; murió en Houston, Texas, en Estados Unidos, en 1972. Hizo sus estudios primarios en Piedras Negras, Coahuila, y los secundarios en Estados Unidos. Fue dependiente, agente viajero y representante de empresas zapateras, distribuidor de automóviles, concesionario de la Compañía Víctor y, en 1927, fundador de una casa grabadora de discos que editó con gran éxito un catálogo de canciones mexicanas. En 1930 fundó la radiodifusora XEW –de 5 mil vatios de potencia inicialmente y después (1972) de 500 mil-; en 1938, la XEQ; en 1951 el canal 2 de televisión que junto con los canales 4 y 5 formaron Telesistema Mexicano en 1955. En todas estas estaciones se han dado a conocer y consagrado multitud de artistas. Además, promovió y regenteó la construcción de los estudios cinematográficos Churubusco (1944) y de los cines Bucareli, Bahía, Apolo, Popotla, Estadio y Arcadia. Fue miembro de la Comisión Consultiva de Radiodifusión y del primer Consejo Directivo del Instituto del Seguro Social. En 1950 y 1964 ocupó la presidencia de la Asociación Interamericana de Radiodifusión.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

lunes, 11 de junio de 2018

Axayácatl

Axayácatl


Sexto señor de los aztecas, sucedió a su padre, Moctezuma I, en 1469; murió en 1483. Su nombre significa Máscara de agua.

Bajo su reinado se amplió el dominio tenochca. De temperamento guerrero y audaz, atacó ante todo el vecino reino de Tlatelolco, famoso por su gran mercado y rival de Tenochtitlan por sus pretensiones religiosas, que lo llevaron al intento de edificar un gran santuario a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Axayácatl mató con su propia mano a Moquihuix, último rey de los tlatelolcas, en el Templo Mayor de la ciudad (1473). Pretendió, sin éxito, dominar a Tlaxcala. En una expedición guerrera a los Altos de Toluca, participó personalmente en la batalla, pero un guerrero matlatzinca le hirió tan gravemente una pierna, que el rey quedó cojo. Posteriormente realizó otras expediciones que afirmaron el dominio azteca en la región de los huastecos; reunió riquísimo botín en oro, plata y joyas de todas clases, que habían de caer en manos de los soldados de Cortés. Murió a la edad de 30 años. Le sucedió su hermano Tizoc.

Bajo Axayácatl las artes religiosas llegaron a su máximo desarrollo. En esa época se labró la gran Piedra del Calendario, que pesa más de 20 toneladas y tiene un diámetro de 4 metros. Durán (Historia I), Torquemada (Monarquía Indiana I), Tezozómoc (Crónica Mexicana) y otros historiadores ofrecen numerosos datos sobre el reinado de Axayácatl. Su nombre tiene las variantes de Axayaca, Axayacatzin, (Mendieta), Axáyatl (Sahagún), Jayacazi (Relación de Ichcateopan) y formas similares. Se atribuye a Axayácatl un poema elegíaco en celebración de Itzcóatl. He aquí la traducción del doctor Ángel María Garibay K.:


Tú festejado eres, divinos hechos hiciste.
Pero quedaste muerto donde el camino se tuerce.
Hechos desoladores hiciste.
No sin razón, dijo un hombre:
“El que persiste llega a cansarse:
ya a nadie sostiene en vida el que da la vida.”
Día de llanto, día de lágrimas:
triste está tu corazón.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

jueves, 7 de junio de 2018

Tomás Méndez

Tomás Méndez Sosa



Nació en Fresnillo, Zacatecas. Allí compuso sus primeras canciones inspiradas en el paisaje y las costumbres de su tierra. Animado por la aceptación de sus melodías se trasladó a Ciudad Juárez. Luego decidió radicar en la capital, donde estudió canto y guitarra a la vez que trabajaba como auxiliar de un productor radiofónico.

Unos años después conoció a Los Tres Diamantes, a quienes acompañó, como maestro de ceremonias, en una gira por Estados Unidos y Cuba. En 1952, de regreso en México, triunfó con sus canciones La Luna dijo que no, Habana, Que me toquen las Golondrinas,




 Gorrioncillo pecho amarillo, Tres días, Puñalada trapera, El tren sin pasajeros, Las rejas no matan,



Huapango torero, y Cucurrucucú Paloma,



que alcanzó un éxito internacional. Sus principales intérpretes fueron Pedro Infante, Javier Solís, Lola Beltrán, Amalia Mendoza, Lucha Villa y Miguel Aceves Mejía. Trabajó en televisión como escritor de libretos para algunos programas folclóricos, entre ellos Dos gallos de palenque. A lo largo de su carrera recibió numerosos homenajes, trofeos, diplomas y Discos de Oro.

(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

miércoles, 6 de junio de 2018

Bautista Antonelli

Bautista Antonelli



Ingeniero militar italiano al servicio de España. Propuso trasladar el puerto de Veracruz de la Antigua a la playa conocida entonces como Buitrón, frente a Ulúa. En 1590 proyectó y dibujo un camino de Veracruz a la ciudad de México por Orizaba, Tepeaca y Puebla. Planeó además la reconstrucción del castillo de San Juan de Ulúa y supervisó durante 8 años (1591-1599) los trabajos, que fueron elogiados por Samuel Champlain, cuando este famoso explorador, primer gobernador francés de Canadá, visitó Veracruz.


(Tomado de: Enciclopedia de México)

martes, 5 de junio de 2018

El Bombero

El Bombero



“¡Ay bomberoo!, ¡ay, bomberoo!, ¡Échame agua que me muero!”… pedía la vieja canción.

Alberto conoce a la respetable señora suegra de un bombero:


-Si viera usted cómo sufre mi hija… la pobrecita…


-Ya lo creo, señora –le contestó Alberto- con el peligro constante en que vive su esposo…


-¡No señor!: mi hija tiene su alma en pena porque a mi yerno lo persiguen las rogonas!... y él que no se hace del rogar… yo ya se lo decía a mi hija…


Ha de ser –filosofamos Alberto y yo- porque los que viven vida peligrosa se sienten impulsados a darle vuelo a la hilacha…


Ayer fue Día del Bombero… y esta ciudad de México de tan atareados habitantes. Y si no fuera así tenga usted por seguro que el 22 de agosto éstos formarían cola frente a las estaciones donde nomás relumbran las bombas de los bomberos, para darse el gusto de estrecharles las manos y a golpes de voz cortadas por la cariñosa emoción, decirles:


-¡Señor bombero, que viva usted muchos años!...


Porque, para no andarse con rodeos, allí tiene usted los desfiles militares: a los granaderos les rechiflan; al paso de los bomberos la muchedumbre se revienta las manos aplaudiéndoles. Y véale usted entonces los ojos a la multitud: los tiene orlados de húmeda emoción alegre. El bombero es de veras héroe del pueblo y su arrogancia, su vistoso uniforme, su casco deslumbrante, sus carros rojo y metal que pasan echando chispas, de lustrosos, no parecen chocantes sino al revés: imanes de la simpatía. Al pueblo le subyuga su sencillo heroísmo, que para cumplir con su deber no distingue de una cabaña y un palacio.


¡Los bomberos! Y corre la chiquillería y se asoman las mujeres “rogonas” que han de sentir que se les chamusca el corazón. Y el pueblo los ve pasar como cuatitos del alma…


(Tomado de: Ricardo Cortés Tamayo (Texto) y Alberto Beltrán (dibujo) – Los Mexicanos se pintan solos)


lunes, 4 de junio de 2018

José Juan Tablada

José Juan Tablada



(México, 3 de abril de 1871 – Nueva York, 2 de agosto de 1945)


Modernista en su primera etapa –de aquí tal vez hereda el gusto por la palabra, la aventura y el viaje; la noción del arte como cambio perpetuo- José Juan Tablada defendió esta corriente en la revista Moderna (1898-1911). En 1900 fue al Japón. Desde entonces se interesó en “el ejemplo naturalista de los japoneses” cuya estética permite no una copia sino una “interpretación plástica” de la naturaleza.

En 1914, al caer Victoriano Huerta, se exilió en Nueva York. Primer mexicano que habló con discernimiento del arte prehispánico y del popular, compañero y guía de López Velarde, amigo y defensor de los pintores Orozco, Rivera y tantos otros, Tablada inicia nuestra poesía contemporánea e introduce el haikú en lengua española. Da libertad a la metáfora antes que los ultraístas, escribe poemas ideográficos casi al mismo tiempo que Apollinaire. Revela a los futuros “Contemporáneos” un nuevo sentido del paisaje, el valor de la imagen, el poder de concentración de la palabra. Su nombre está ligado además a una de las figuras centrales de la música moderna: Edgar Varèse. El compositor franco-americano escribió hacia 1922 una cantata, Offrandes, con un poema de Tablada y uno de Huidobro. Citamos este hecho –poco conocido entre nosotros- para subrayar el interés de Tablada por todas las manifestaciones de vanguardia, tanto en la poesía, como en la música y la pintura. Este poeta que descubrió tantas cosas espera todavía ser descubierto por nosotros.




Libros de Poesía:


-El florilegio (1899, 1904 y 1918)
-Al sol y bajo la luna (1918)
-Un día… (1919)
-Li-Po y otros poemas (1920)
-El jarro de flores (1922)
-La feria (1928)
-Los mejores poemas de José Juan Tablada (1943)


(Tomado de: Octavio Paz, Alí Chumacero, et al: Poesía en movimiento, II)




domingo, 3 de junio de 2018

Templo de Loreto, cd. de México



En el año de 1675, el padre Juan Bautista Zapata, trajo de Italia la venerada imagen de Nuestra Señora de Loreto, tocada de la original como ha sido costumbre hacer copias de los cuadros o esculturas célebres.

En un solar propiedad de don Alonso de Villaseca, ubicada en el barrio de Xacalteopan, levantó una modesta capilla para venerarla. Poco después el padre jesuita Juan Manuel de Salvatierra, mandó a construir una capilla (lugar que después fue  el baptisterio) siendo inaugurada en 1680.


El templo de Loreto fue construido rápidamente gracias a los donativos del capitán Juan de Chavarría y Valero, Caballero de la Orden de Santiago, la que fue terminada en el año de 1691.


Durante la epidemia del "matlazahuatl" que ocasionó millares de víctimas, la imagen fue llevada al templo de la Profesa.



Con el transcurso del tiempo, el templo se envejeció y amenazaba con venirse a tierra, el Conde de Boscoso a sus expensas se dedicó a reconstruirlo, habiéndole encargado la dirección de las obras a los arquitectos Tolsá y Paz, los que edificaron una hermosa cúpula.
Como el Conde había gastado $217,194.00 y las obras no se habían terminado, le encargó a su esposa la Marquesa de Castañiza que concluyera la obra, la que fue dedicada y consagrada el 29 de agosto de 1816.


Un error se había cometido en la construcción del edificio, el que se inclinó hacia el oriente, motivo por el cual estuvo cerrada desde 1832 hasta 1850, en que los ingenieros declararon que la obra en su desnivelación había encontrado su centro de gravedad y estaba segura, reanudándose los servicios públicos.



Nuestra Señora de Loreto, de origen italiano, es patrona de los navegantes. Refiere la leyenda que hace muchos años varios marinos sufrieron un naufragio, quedando abandonados en el mar sobre una frágil barquichuela. Los marineros quisieron dirigirse a tierra  a fuerza de remar con los brazos, pero a los pocos días les faltaron las fuerzas y los ánimos. Elevaron sus plegarias a la Virgen de Loreto, quien los oyó y les presentó sus propios brazos para que siguieran remando, gracias a lo cual continuaron remando y pudieron llegar a tierra sanos y salvos.

De acuerdo con esta leyenda se explica la razón por la cual Nuestra Señora de Loreto se ve sin brazos.


(Tomado de: Casasola, Gustavo – 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976. Vol. 2. Editorial Gustavo Casasola, S.A. México, 1978)