jueves, 30 de noviembre de 2023

La increíble historia de la China Poblana

 


Catalina de San Juan 

La increíble historia de la china poblana 


Antonio Rubial García

Doctor en Historia de México por la UNAM y doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla (España). Se ha especializado en historia social y cultural de la Nueva España (siglos XVI y XVII), así como en cultura en la Edad Media. Entre sus publicaciones destacan: La Justicia de Dios. La violencia física y simbólica de los santos en la historia del cristianismo. (Ediciones de Educación y Cultura/Trama Editorial, 2011). El paraíso de los elegidos. Una lectura de la historia cultural de Nueva España (1521-1804). (FCE/UNAM, 2010), Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de sor Juana (Taurus, 2005), La santidad controvertida (FCE/UNAM, 1999), La plaza, el palacio y el convento. La Ciudad de México en el siglo XVII (Conaculta, 1998).

[Este estudio fue elaborado en el Seminario de Historia de la Vida Cotidiana del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México, dirigido por la Dra. Pilar Gonzalbo Aizpuru]


En 1621, llegaba a Acapulco en la Nao de China una joven esclava vestida de hombre que no hablaba ni una palabra de castellano. Como todos los años por el mes de enero, los barcos de la flota que la traía venían cargados con productos y con esclavos del Asia, los cuales habían salido de Manila cuatro meses antes. Desde hacía medio siglo, este puerto se había convertido en la entrada del comercio español en el "Lejano Oriente" y en el punto estratégico desde donde se esperaba que el cristianismo se expandiría hacia China, Japón, indochina y todo el sureste de Asia. Manila, además, tenía comercio con las ciudades portuguesas de Macao en China y de Goa y Kochi en la India, donde la esclavita había sido comprada.

La joven iba destinada a la casa de una familia de Puebla y, cuando aprendió un poco de castellano, les contó que se llamaba Catalina de San Juan, que era una princesa del Gran Mogor y que había sido raptada por unos piratas en las costas de su tierra natal. Narró como había sido bautizada por los jesuitas en Kochi y vendida como esclava en Manila. Relató también como Dios le había librado de ser violada por los piratas que la capturaron y cómo había transformado su atractiva belleza en fealdad para protegerla. No sabemos qué partes de esa narración fueron verídicas y cuáles inventadas, pero sin duda sus relatos despertaron en los oyentes una gran compasión que la esclava supo usufructuar muy bien.

Cuando su amo murió, su ama entró al convento de las carmelitas descalzas de Puebla y su nuevo dueño, el clérigo Pedro Suárez, desposó a Catalina con un esclavo chino, quien nunca pudo consumar el matrimonio pues, como contaba ella misma, una fuerza celestial se lo impedía. Su marido murió y una vez viuda consiguió que su amo le diera la libertad, lo cual le permitió dedicarse al servicio del templo de la Compañía de Jesús en Puebla. En ese tiempo, Catalina se pasaba muchas horas de oración en las iglesias y se vio influida por los sermones de los jesuitas, en los cuales los predicadores pintaban escenas de las almas torturadas en el infierno por feroces demonios y de los sufrimientos de aquellos que penaban en el fuego del purgatorio y que pedían ser rescatadas por medio de misas y oraciones.

En los retablos cuajados de oro pudo admirar a los santos y santas con sus miradas extasiadas y sus ricos vestidos y escenas donde Cristo y la Virgen se manifestaban cubiertos de luz en medio de nubes luminosas y coros de ángeles. En las procesiones observó las imágenes de Cristo cubierto de llagas sangrantes y cargando con una cruz, que se paseaban por las calles rodeadas de dolorosos lamentos, cirios y olor a incienso. Esa religión de contrastes unida a una poderosa imaginación y a un pasado lleno de sufrimiento forjaron en la joven hindú una serie de visiones exaltadas. Según contaba, tenía tiernos coloquios con Cristo, quien la trataba como esposa, y con la Virgen que le prestaba al niño Dios para que lo cargara. También se le mostraba el Demonio de distintas maneras para hacerla caer en pecado.

A su muerte en 1688, tres de sus confesores, dos de ellos jesuitas, escribieron su vida con los materiales que la "beata" les facilitó. En estas biografías, Catarina (como también ha sido llamada) era presentada como una persona contradictoria. Despreciándose y humillándose a sí misma, se mostraba siempre como la elegida predilecta de Cristo y de la Virgen. Esclava y princesa, virgen y casada, hermosa y fea, analfabeta y sabia, Catalina era un producto de la cultura barroca que exaltaba los opuestos. La sociedad que la acogió, amante de lo exótico y de lo contrastante, debió estar fascinada al escuchar que estos hechos prodigiosos ocurrían en su tierra.

La prodigiosa vida de Catalina de San Juan estuvo marcada por los cambios y movilidades que se produjeron cuando Nueva España se convirtió en el centro de las rutas que comenzaron a rodear el planeta desde Europa, Asia y África. Como Catalina, a este territorio llegaron personas y productos procedentes de todo el mundo: mercaderes y esclavos, piratas y religiosos, obispos, virreyes y mendigos, hombres y mujeres de todos los estados y condiciones se movieron atravesando los mares y arribaron a destinos que hacía cien años nadie hubiera siquiera soñado.


(Tomado de: Ruibal García, Antonio. Catalina de San Juan. La increíble historia de la China Poblana. Relatos e historias en México, año 12, número 135. Ciudad de México, 2019)

lunes, 27 de noviembre de 2023

El España y el Asturias

 


El España y el Asturias 


El Club España, que formaba parte del fútbol mexicano desde 1912, continuó como uno de sus máximos exponentes durante las décadas de los treinta y cuarenta. El Asturias, su acérrimo rival, vivió momentos estelares en los años treinta.

Los duelos entre estos equipos se iniciaban mucho antes de saltar a la cancha. Apenas anunciado el partido, los dirigentes empezaban a discutir acaloradamente sobre las condiciones en que debía jugarse: horario, árbitro, cancha... Los jugadores de cada conjunto intercambiaban desafíos y los simpatizantes de ambos bandos, como preludio de las trifulcas que el día del partido se organizaban en las gradas, debatían en las cantinas y los cafés, según corresponde a la rivalidad en torno a un verdadero clásico.

El España, que por lo general ocupaba las primeras posiciones del torneo, sufría para vencer al "cuadro de la Casona", como llamaban al Asturias, un equipo con mala fortuna que con frecuencia perdía juegos, y hasta campeonatos, en el último minuto.

Ambas oncenas llegaron a contar con jugadores excepcionales, algunos de ellos mexicanos, pero sobre todo extranjeros. Entre los nacionales hay que mencionar a Fernando Marcos, Luis "Pirata" Fuente, "Tití" García, Carlos Laviada y Carlos Septién. Entre los importados destacaron Isidro Lángara, "El Charro" Moreno, Luis Regueiro, Aballay, "Butch" y Fernando García.

La verdad es que estos clubes preferían a los extranjeros sobre los locales, a tal grado que alguna vez el España llegó a alinear a nueve españoles, un argentino y ¡un mexicano!

La década de los cuarenta fue difícil para las dos oncenas. La Guerra civil española había dividido las opiniones también en México. En 1939, el parque de los asturianos sufrió un incendio. Nadie pudo convencer a los españoles de que los motivos del atentado no eran políticos. Días más tarde, consumada la derrota de los republicanos, el Casino Español fue atacado por un grupo de personas que, dijeron, rechazaban la presencia de un club en cuyas instalaciones colgaba la fotografía de Franco. En 1949, el Asturias replanteó la posibilidad de retirarse de la liga, luego de que durante una reunión su directiva fue conminada a guardar silencio: "En el ámbito nacional no tienen por qué opinar los gachupines", se le dijo.

Por razones similares, en junio de 1950 el España confirmó su adiós al fútbol profesional. Dos meses después, el 27 de agosto, en una sesión a la que asistieron todos los socios del club, se acordó por mayoría la desaparición de las Asturias. Terminaba un trascendente capítulo en la historia del fútbol mexicano.


(Tomado de: Calderón Cardoso, Carlos - Por el amor a la camiseta. (1933-1950). Editorial Clío, Libros y Videos, S.A. de C.V., México, 1998)

viernes, 24 de noviembre de 2023

Los narcosatánicos I

 


IX

1989. Los narcosatánicos

Prólogo: la matanza jamás esclarecida

El 6 de mayo de 1987, en las aguas negras del Gran Canal en Zumpango, Estado de México, se encuentran mutilados y amarrados a tapas de alcantarilla de concreto, los cadáveres de Federico de la Vega Lonstalót (a) el Tití, agente de la policía judicial, y Gabriela Mondragón, empleada doméstica. El 8 de mayo, en el Gran Canal, atado a una tapa de alcantarilla, con cuatro heridas de arma punzocortante en el abdomen, se encuentra el cadáver de Martha Calzada Gallegos. El 9 de mayo, en las mismas circunstancias, los cuerpos de José de Jesús González Rolón, dueño de la empresa F.M. Asociados S.A. Master, y su secretaria, Celia Campos de Klein. En el local de la empresa, en Barcelona 25, colonia Cuauhtémoc, se descubren señales de una "limpia": pirú, ajos, huevos de gallina, plantas de sábila, crucifijos de madera. Hay cortinas arrancadas y manchas de sangre.

La empresa F.M. Asociados, S.A. se dedicaba al narcotráfico. Se recibía la cocaína de Colombia, y se procesaba y enviaba al norte dentro de extinguidores. Hay más muertos, se supone, y si nadie duda de la causa: ajustes de cuentas entre los narcos, sorprenden la virulencia y los rituales.


Entrada en materia: el asesinato del travesti

El 20 de julio de 1988, en la colonia popular Santa Teresa, se localizan cuatro bolsas de plástico negro, con 21 fragmentos de un cuerpo masculino. Al rostro se le quitó la piel que se dejó como máscara. Se identifica al muerto: Ramón Paz Esquivel de 39 años, rebautizado para los shows travestis como Claudia Ivette Bonjour de Moa.


Los crímenes: los hallazgos de Matamoros

En marzo de 1989, Mark Killroy joven norteamericano de Brownsville, desaparece en Matamoros, Tamaulipas. Pese a las recompensas ofrecidas, nada se averigua. Semanas después, el 3 de abril, la policía detiene al agricultor Elio Hernández propietario, junto con su hermano Ovidio, del rancho Santa Elena. En los interrogatorios, el velador del rancho reconoce a Killroy en una foto. Elio confiesa: él es narcotraficante, la estudiante de Brownsville Sara María Aldrete Villarreal lo reclutó para un culto a Satán. El dirigente o "sumo sacerdote" es Adolfo de Jesús Constanzo, el Padrino. Elio narra la iniciación en su propio rancho:

Me vendaron los ojos y me llevaron a la casa de madera en donde el Padrino acondicionó un templo para las ceremonias. Ahí me desnudaron y me acostaron boca abajo en el piso. Escuché ruidos como de maracas y un penetrante olor a puro inundó el ambiente y me mareó, pues lo exhalaban sobre mi cuerpo. A continuación sentí unos cortes en los hombros, espalda y pecho, sobre los que empezó a correr la sangre. Me dieron a beber un líquido amargo y espeso, con sabor a vinagre mezclado con aguardiente... Eran como las seis de la tarde. El Padrino pidió dos chivos y dos gallos a los que degollaron como parte del rito. Sara me dijo que con eso me iba a ir muy bien.

Prosiguen las revelaciones de los Hernández. La secta se inicia con un sacrificio propiciatorio (un campesino ofrecido al demonio para que la policía nunca lo capture) y culmina con el de Mark Killroy. En el rancho se encuentran 13 cadáveres mutilados. Hay ofrendas, fetiches, vasijas con restos humanos, semillas de maíz "inscripciones cabalísticas" pintadas con sangre en las paredes, ajos, puros a medio consumir, cabezas de cabra, patas de gallo, corazones de cerdo. Con estos elementos se elaboraba un líquido para untarse en el cuerpo: "Con esto declara -Elio- seríamos inmunes a las balas de la policía, pero no a las de nosotros mismos." Por su parte, Serafincito Hernández, el sobrino de Elio, se sorprende al ser detenido. Él estaba seguro: las pócimas de Constanzo lo harían invisible, los policías no lo podrían ver y las balas no lo podrían tocar.

El relato de la muerte de Killroy resulta escalofriante en más de un sentido. Constanzo les ordenó que consiguieran un joven de raza blanca para depositar su cerebro en la gnanga, el recipiente de santería, porque eso vigorizaría a los espíritus. A Killroy lo secuestran en un bar, lo llevan al rancho y lo desnudan. Luego Constanzo lo golpea, lo tortura, lo sodomiza, lo mutila y lo asesina con un machetazo que le parte el cráneo... A esta descripción sigue el hallazgo de cadáveres: "desobedientes" del grupo, policías, agentes judiciales: Gilberto Garza Sosa, ex-comandante de Servicios Especiales de los Ferrocarriles Nacionales de México; Jorge Valente del Fierro o Pedro Gloria, ex-policía preventivo y "madrina" (informante) de la Policía Judicial; Víctor Saúl Sauceda Galván, ex-policía municipal; Joaquín Manzo Rodríguez, de la Brigada Antinarcóticos de la PJF.

También se encuentran los restos de Mark Killroy. Se le cercenaron los genitales y se le arrancó la columna vertebral, y con los huesos se hicieron un collar 

En Matamoros hay pánico y la población, en un acto de fe en las prácticas diabólicas, quema el rancho donde ocurrieron los asesinatos. La persecución se inicia.


El espacio del crimen: Matamoros 

No es casual la elección de Matamoros. En un clima de ambiciones de dinero rápido, los narcos erosionan profundamente el aparato de justicia. Sin educación formal, sometidos a las vejaciones del clasismo y a las incitaciones de la vida norteamericana, muchos jóvenes aceptan riesgos gravísimos con tal de asir por un instante la impunidad de otro modo inaccesible. Un episodio ilustrativo de Matamoros: en 1983 muere un capo local y la herencia (el territorio de la distribución) se reparte entre sus dos ayudantes. Uno de ellos localiza a su rival en un restaurante, lo rodea con pistoleros, lo golpea y lo humilla. En venganza, el agraviado prepara una celada, donde mueren varios, y el rival, muy mal herido, es trasladado a un hospital. Eso no es suficiente: en la noche, pistoleros que se disfrazan de soldados asaltan el hospital, y victiman a seis enfermeras y pacientes. El mafioso logra quitarse las sondas, se esconde debajo de la cama y escapa, sólo para morir horas más tarde desangrado, en el avión que lo conducía a un hospital privado "para narcos" en Monterrey.


El protagonista: el Padrino Constanzo 

En 1984 llega a México Adolfo de Jesús Constanzo, educado en Miami y Haití por padres cubanos dedicados a la santería, en el rito del Palo Mayombe. Tiene 23 años de edad, viene de la cultura de la droga en Miami, y se adentra en un México cuyas claves esenciales a fin de cuentas conoce: es el orbe del esoterismo y del narco, del horizonte televisivo como la medida del poder social. Por eso, sin dificultades, distribuye cocaína y practica la santería, modificándola a su desaforada conveniencia. Desde el principio, el atractivo físico de Constanzo y su manejo despiadado de la supersticiones propias y ajenas, le habilitan una clientela y un grupo de seguidores fanáticos. Él es, según los testimonios disponibles, un individuo "carismático". Sabe vestir, sabe gastar, sabe jactarse, sabe comprometer irremediablemente a sus allegados, sabe prometer, sabe amenazar, sabe adular. A varios comandantes de la policía judicial -en ceremonias de su invención- los inicia ("raya") para "concederle la inmunidad", dándole la protección de las fuerzas del mal a cambio de apoyo directo y cierto vasallaje; a sus clientes del show business los convence de las ventajas de agradar a los dioses antiguos; a sus fieles les organiza el sentido de la vida.

El de Constanzo es el hedonismo marginal de la sociedad de consumo que se atiene al dogma: nada escapa a la seducción monetaria, ni jueces, ni agentes del ministerio público, ni presidentes municipales, ni policias locales o federales, ni políticos, ni hombres de negocios, ni artistas del espectáculo. A la ferocidad inherente al narco, Constanzo le añade su vertiginoso desequilibrio mental que, durante un tiempo, es un gran elemento persuasivo. Él, ajeno a toda determinación moral, ama la crueldad y, además, la crueldad le es indispensable para consolidar su despotismo sobre esas "almas muertas". En Matamoros y en México asesina y manda asesinar por razones de narcotráfico y de su demencia, y nada le acontece por liquidar, brutalmente, a travestis, mariguaneros, campesinos y judiciales.

La santería, en la muy peculiar versión de Constanzo, es la creencia indicada para quienes se sienten juguetes del Destino, ese seudónimo de la negación de oportunidades. Los seguidores del Padrino conocen dos jerarquías: la reverencia ante la autoridad y los alcances del dólar, la única moneda que manejan. La dualidad modela sus vidas y esta incapacidad de percibir el delito se asemeja de manera alucinante a las persuasiones del universo totalitario. Quienes jamás se propusieron matar lo hacen, y con brutalidad, porque ese día estaban en el sitio indicado al alcance de las órdenes de Constanzo. La oportunidad es el criterio único del mal, y los que en otras circunstancias podrían ser distintos, alcanzan niveles de bestialidad porque, de pronto, alguien les concede el dominio sobre otros cuerpos. Pero Constanzo, así la perfeccione, no inventa esa psicología criminal, muy actuante en las zonas "perdidas" de ciudades como Matamoros o México, y determinada por el vacío existencial propio de los carentes de opciones, que a sus propias vidas y a las ajenas no les atribuyen significado alguno. Ni poseen criterios valorativos, ni conciben el mal o el bien porque lo suyo no es el universo de las decisiones autónomas.

En Constanzo, que se cree en la cima del mundo, no se dan ni se pueden dar reacciones morales. Y la clave para formar su "culto" se la da inesperadamente, una película: The Believers (1987, de John Schlesinger), thriller melodramático sobre satanismo de trama muy convencional: a la muerte de su esposa, un policía (Martin Sheen) se muda a Nueva York con su hijo pequeño y se encarga de investigar una serie de sacrificios humanos, atribuidos al rito del Palo Mayombe. El policía se ve envuelto en una red poderosísima desbordante en complicidades insólitas. Tras numerosos saltos lógicos, y el secuestro de su hijo que va a ser sacrificado, el policía destruye la secta.

Constanzo ve reiteradamente The Believers y perfecciona el sueño de la religión que solo a él pertenecerá. Más que la influencia del cine, localizo aquí un elemento de la expansión de la droga: la "estetización" de lo real, la idea de una vida superior, de una "metafísica del crimen" sólo accesible a unos cuantos. Y los sacrificios "satánicos" son el método peculiar de quienes santifican en su interior la reciedumbre que aporte el señorío sobre otras vidas. En el mismo orden de cosas, se encuentran las preferencias sexuales de Constanzo. Él es gay, pero en su actitud la índole sexual es secundaria. El ejercicio de la tiranía lo subyuga y no admite la mínima disidencia. A cambio, quiere ser generoso. Véase el testimonio hallado en el departamento de Sena:

Éste es mi testamento. Si me muero, mis propiedades y carros van a ser de Martín y Omar. El departamento se lo doy a Omar con todo lo de adentro. El Mercedes que se venda y el dinero se reparte en dos partes, una para Martín y otra para Omar Orea. Igual que el Lincoln. El dinero se reparta en dos partes, una para Martín Quintana Rodríguez y otra para Omar Orea Ochoa. Mis joyas también se las reparten Omar y Martín. Mis herederos son Martín Quintana Rodríguez y Omar Orea Ochoa.

Adolfo de Jesús Constanzo

(Continuará)

(Tomado de: Carlos Monsiváis – Los mil y un velorios (Crónica de la Nota Roja). Alianza Editorial y CNCA, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D.F., 1994) 

lunes, 20 de noviembre de 2023

Edward R. Roybal

 


Edward R. Roybal 

Hijo de una familia de clase media méxico-americana nació, en 1916 en Albuquerque, Nuevo México. A la edad de 4 años se mudó a Los Ángeles. Después de graduarse de la Universidad de California en Los Ángeles y la universidad de Southwestern, Roybal inició su labor como trabajador social y educador en salud, a finales de la década de los treinta. Tras su participación en la Segunda Guerra Mundial, ya de regreso en California, un grupo de méxico-americanos forma la asociación Community Services Organization (CSO) para lanzarlo como candidato al Ayuntamiento de Los Ángeles en 1947. La derrota de Roybal sirvió para que la CSO se diera a la tarea de registrar a un buen número de votantes mexicano-americanos que aseguraron en 1969 su elección como Concejal en el Ayuntamiento de Los Ángeles. Así, se convirtió en el primer mexicano que formara parte de dicho ayuntamiento desde 1881. Tras varias reelecciones, Roybal se mantuvo en este cargo por trece años. En 1962 fue electo para la Cámara de Representantes y sentó de nuevo precedente como el primer mexicano-americano del Condado de Los Ángeles en el Congreso Federal. Durante sus treinta años en el Congreso Roybal trabajó con gran tenacidad a favor de reformas sociales y económicas. En 1967 introdujo la primera acción federal de educación bilingüe. Como presidente del Caucus Hispano en 1982, dirigió la oposición contra sanciones a empleadores de trabajadores indocumentados. A lo largo de su carrera el Congresista luchó por la participación ciudadana de los hispanos en todos los niveles de gobierno. [Falleció en 2005, en California] Su hija Lucille Roybal Allard es ahora diputada federal demócrata, la primer mujer mexicano-norteamericana electa para el Congreso.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 16 de noviembre de 2023

Tzotziles

 


Tzotziles 

su nombre deriva de sots'il winik, que significa "hombre murciélago". Viven sobre todo en la región de Los Altos, alrededor de San Cristóbal, por el noreste hasta Simojovel y por el sureste rumbo al río Grijalva (Venustiano Carranza). Colindan al oriente con los tzeltales, al norte con los choles y al norte y poniente con los zoques. Hay una gran migración hacia las ciudades, principalmente a San Cristóbal, y a haciendas o fincas cafetaleras, sobre todo dentro de Chiapas, donde ofrecen su mano de obra, aunque están muy arraigados a su tierra y la migración es sólo temporal. Sus asientos principales son: San Juan Chamula, San Cristóbal de las Casas, Zinacantán, San Pedro Chenalhó, Simojovel, Chalchihuitán, El Bosque, Huixtán, Venustiano Carranza, San Andrés Larráinzar, Pantelhó e Ixtapa.


(Tomado de: Recorridos por Chiapas. Guía visual. Arqueología, Naturaleza e Historia. Arqueología Mexicana, Edición especial #20. Editorial Raíces, México, 2006)

lunes, 13 de noviembre de 2023

Del pece tiburón, 1519

 


XVI

DEL PECE TIBURON


Mes y medio gastó Cortés en lo que tenemos dicho hasta agora después que dejó a Cuba. Partióse Cortés desta isla [Cozumel], dejando a los naturales della muy amigos de españoles; y tomando mucha cera y miel que le dieron pasó a Yucatán, y fuese pegado a tierra para buscar el navío que le faltaba, y cuando llegó a la punta de las Mujeres calmó el tiempo, y estúvose allí dos días esperando viento; en los cuales tomaron sal, que hay allí muchas salinas, y un tiburón con anzuelo y lazos. No le pudieron subir al navío porque daba mucho lado, que era chico y el pez muy grande. Desde el batel le mataron en la agua y le hicieron pedazos, y así le metieron dentro en el batel, y de allí en el navío, con los aparejos de guindar. Hállaronle dentro más de quinientas raciones de tocino, en que, a lo que dicen, había diez tocinos que estaban a desalar colgados alrededor de los navíos; y como el tiburón es tragón, que por eso algunos le llaman ligurón, y como halló aquel aparejo, pudo engullir a su placer. También se halló dentro de su buche un plato de estaño que cayó de la nao de Pedro de Alvarado, y tres zapatos desechados, y más un queso.

Esto afirma de aquel tiburón; y cierto él traga tan desaforadamente, que parece increíble; porque yo he oído jurar a Dios a personas de bien, que han visto muchas veces estos tiburones muertos y abiertos, que se han hallado dentro dellos cosas, que si no las vieran, las tuvieran por imposibles; como decir que un tiburón se tragó uno, y dos, y más pellejos de carneros con la cabeza y cuernos enteros, como los arrojan a la mar, por no pelarlos.

Es el tiburón un pece largo y gordo, y algunos de ocho palmos de cinta y de doce pies en luengo. Muchos dellos tienen dos órdenes de dientes, una junto a otra, que parescen sierra o almenas; la boca es a proporción del cuerpo, el buche disforme de grande. Tiene el cuero como tollo. El macho tiene dos miembros para engendrar, y la hembra no más de uno, la cual pare de una vez veinte y treinta tiburoncillos y aun cuarenta. Es pescado que acomete a una vaca y a un caballo cuando pace o bebe orillas de los ríos, y se come un hombre, como quiso hacer uno al Calachuni de Acuzamil [Cozumel], que le cortó los dedos de un pie cuando no lo pudo llevar entero, como le socorrieron. Es tan goloso, que se va tras una nao, por comer lo que ella echan y cae, quinientas y aun mil leguas; y es tan ligero, que anda más que ella aunque lleve más próspero tiempo, y dicen que tres tanto más, porque al mayor correr de la nave le da él dos y tres vueltas al rededor, y tan somero, que se paresce y ve cómo lo anda. No es muy bueno de comer por ser duro y desabrido, aunque bastesce mucho un navío hecho tasajos en sal o al aire.

Cuentan aquellos de la armada de Cortés que comieron del tocino que sacaron al tiburón del cuerpo, que sabía mejor que lo otro, y que muchos conocieron sus raciones por las ataduras y cuerdas.


(Tomado de: López de Gómara, Francisco. Historia de la conquista de México. Estudio preliminar y apéndices de Silvia L. Cuesy. Editorial Océano de México, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 2003).

jueves, 9 de noviembre de 2023

Los mariachis

 


Los mariachis

¡Ay, Jalisco, no te rajes!

Los verdaderos mariachis -porque los hay de aquí, de la Candelaria de los Patos- son de Jalisco, para más señas, de Tecalitlán o Cocula. Su asiento natural en México es, o era, la plaza de Garibaldi, frente al Tenampa. En Guadalajara, el Parián de Tlaquepaque.

Los hay de sombrero ancho y galoneado, para apantallar turistas; porque el auténtico suyo es de copa y ala corta y remangada. El zapato de una pieza; el pantalón ajustado y sobrio; la blusa, campera.

"¡Suena el arpa vieja, llora el guitarrón!..." No tiene vuelta de hoja, se necesita ser de palo, sin alma en el cuerpo, para no sentir que hierve el pecho en la agreste varonía de sus canciones. Esas de reto ranchero y de amor rendido -porque todavía los valientes lloran-. Y el guitarrón, el clarinete, la guitarra, los violines, el flautín y el requinto . Y Guadalajara, La Culebra, Atotonilco, Chapala, Virgencita de Talpa, Échame a mí la culpa... rasgan, castor y lentejuela, el pasmo nocturno; nomás para darle gusto al gusto y, en buche de tequila, echarse chiquito el mar. En la madrugada de arrayán aromado, prender el ex voto de la serenata…

Un día, ya lejano, aquel genio impetuoso que se nombraba Silvestre Revueltas convocó en Tecalitlán a los mariachis. Embraveció un mar de sombreros altivos e instrumentos gozosos y él -Poseidón ordenando las olas- pasó de la mañana a la noche dirigiendo una sola música, El Maracumbé: "Yo soy el Maracumbé, el rey de todos los sones".

Mariachis, despectivamente, les llaman en México aquellos acostumbrados a recibir puñalada de pícaro, en vez de la llana nobleza. 


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

lunes, 6 de noviembre de 2023

El terrible culto a la Santa Muerte

 


El terrible culto a la Santa Muerte


NO ES ACEPTADA POR LA IGLESIA CATÓLICA PERO ESTA DEVOCIÓN SE HA EXTENDIDO ENTRE LAS PERSONAS QUE BUSCAN PROTECCIÓN CONTRA SUS ENEMIGOS Y HASTA SOLICITAN FAVORES MUY ESPECIALES.


Por Mario Ostos

La llamada Santa Muerte, a menudo identificada con delincuentes, santería y ritos heterodoxos, ha logrado posicionarse en la fe de millares de mexicanos, al punto de que su culto se extiende poco a poco por gran parte del territorio nacional y otros lugares del mundo. Incluso muchos pretenden que este fervor sea reconocido como una doctrina institucional.

¿De dónde viene este entusiasmo por la muerte?

Para los mexicanos no es algo nuevo: la adoración y petición de favores se remonta a los tiempos previos a la Conquista, cuando cada cultura prehispánica tenía un apartado muy especial para ofrecer tributos a los fenómenos de la naturaleza. Los orígenes exactos de cómo empezó la adoración no son localizables; sin embargo, en México desde hace más de 3,000 años existe un tipo de culto festivo a la muerte. Las antiguas culturas la concebían como algo necesario para todos los seres de la naturaleza.

Mictecacíhuatl, para los mexicas; Yum-Kimil, HunAhau, para los mayas, los dioses de la muerte estaban presentes en las culturas precolombinas. Una vez terminada la Conquista, el culto se mantuvo en secreto con la instauración del cristianismo como religión única. Empero, la veneración por la muerte continuó discretamente.

"La Santa Muerte, como hoy la conocemos, apareció en Hidalgo en 1965 -apunta el periodista José Gil Olmos- y su culto está muy arraigado en los estados de México, Guerrero, Veracruz y el Distrito Federal. Su crecimiento ha sido tal que se posiciona a la altura de otros grandes personajes como los santos católicos".


CÓMO NACIÓ EL CULTO A LA SANTA MUERTE

Se originó en un barrio del poblado de Tepatepec, cabecera del municipio Francisco I. Madero, ubicado a 49 kilómetros de Pachuca y antiguamente habitado por indígenas otomíes. Todo empezó cuando murió una mujer otomí de 65 años, conocida con el nombre de Albina y famosa en el rumbo por las "curaciones milagrosas" que realizaba: ella tenía en su casa una efigie que los devotos consideraban la verdadera imagen de la Santa Muerte: un esqueleto de madera de un metro de alto, al que Albina reverenciaba, y muchos feligreses del pueblo aseguran que representa a San Bernardo. Tras la muerte de la india Albina, sus sobrinos comenzaron a transportar la efigie de madera por el poblado "haciendo toda clase de conjuros raros para perjudicar y matar gente", según dicen los escépticos del singular culto. Tiempo después, un sacerdote del lugar, alarmado por la actividad de los hermanos, confiscó el esqueleto, lo vistió de blanco, lo encerró en una vitrina y lo entronizó en la iglesia de San Agustín, donde la supuesta representación de San Bernardo desplazó a los otros santos y empezó a ser visitado por centenares de peregrinos que le ofrendaban veladoras negras y exvotos de oro y plata (ver: Los hidalguenses que le rezan a la Santa Muerte, Contenido, Nov. 1995).

Los templos se fueron multiplicando: La Noria, Zacatecas, seguidos de Yanhuitlán, Oaxaca, el "santuario" nacional de Tepito, en el Distrito Federal, San Pascualito, en Chiapas, Tultitlán, en el Estado de México, y el controvertido santuario de David Romo Guillén, cuyo rito desagradó a quienes lo seguían, por la notoria influencia santera que incluyó, al grado de cambiar a la Santa Muerte por un ser encarnado llamado Ángel de la Muerte.

Aunque son muchas la representaciones que existen de la muerte, así como los nombres que ha tenido a lo largo de la historia, en la actualidad la más aceptada es la imagen esquelética vestida con una túnica, que porta una guadaña, una balanza y el mundo. Sus fieles la festejan en dos fechas principales: el 15 de agosto y el 1° de noviembre. Comparte varios varios elementos de la fe cristiana, en su honor se hacen procesiones y se dicen oraciones; otros optan por erigirle un altar propio en su hogar, oficina o negocio, para sentirse protegidos por ella. En los altares, además de la estatuilla, se le rodea de ofrendas diversas, entre las cuales se encuentra arreglos florales, frutas, inciensos, vinos, monedas, dulces y golosinas, además de velas, cuyo color varía según la petición hecha.

A "La Niña Blanca" se le solicitan milagros relacionados con el amor, la salud o el trabajo, pero también se le piden favores por fines distintos, como la venganza y la muerte.


CULTO IGUALADOR

Tener fe en la Santa Muerte no es cuestión de posición económica, nivel educativo o a lo que se dedique una persona. Entre sus feligreses se encuentran desde vendedores ambulantes, políticos, líderes sindicales, ex secretarios de gobierno o narcotraficantes.

El periodista José Gil Olmos, relata en su investigación que personajes como María Félix, la bailarina y cantante cubana Niurka, Amado Carrillo Fuente, "El señor de los cielos", la ex lideresa sindical del magisterio Elba Esther Gordillo, el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, el ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, entre otros, son algunos de los de los casi 2 millones de fieles que hay en México, de la también llamada "La Flaquita".


EXPRESIÓN DE CONTRACULTURA

la Santa Muerte es reverenciada, pero su culto y ritos han sido criticados y hasta prohibidos por la Iglesia católica, debido a las diferentes efigies de la escultura de un cuerpo esquelético cubierto por una túnica. Recibe ofrendas tales como puros, alhajas y hasta vestidos de novia, de quienes la invocan para conseguir marido. Hoy la veneración a La Niña reúne a narcotraficantes y otros delincuentes entre sus más fieles seguidores.

Apenas el año pasado, en mayo de 2013, la Arquidiócesis de México calificó el culto de la Santa Muerte como "blasfemo", además de asegurar que no se puede calificar como una religión o ramificación de la Iglesia católica.

El sacerdote Hugo Valdemar, director general de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México, señaló que este rito a la muerte tampoco es "cultura" ya que desde el ámbito eclesial, lo que busca es la "destrucción del ser humano". La explotación de esta figura como una religión no mantiene siquiera una jerarquía y su culto procede de la ignorancia, afirma.

"No hay una jerarquía que la guíe, sino que se hace de una manera muy popular, y se extiende por la ignorancia de la gente que cree que es una devoción más, pero no lo es, y está en contradicción con la misma fe. No es posible rendir culto a la Santa Muerte y pretender tener una fe católica", señala Valdemar.

Por su parte, el cardenal Gianfranco Rabasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, indicó que el crimen organizado utiliza elementos como la muerte para borrar los valores de las relaciones humanas: "Primero, hay que aclarar a las jóvenes generaciones que la mafia, el crimen organizado y el narcotráfico no son religiones, a pesar de que la Santa Muerte se use de forma religiosa, pero no son religiones. Son, en efecto, un elemento blasfemo. Segundo, el crimen organizado no es cultura, sino anticultura, porque niega todos los valores humanos, sociales y culturales", expresó el cercano colaborador del Papa Francisco.


GUSTO POR LA CLANDESTINIDAD

precio de la gran cantidad de seguidores que ha sumado durante los últimos años en nuestro país, los intentos de institucionalizarse no han prosperado, en parte por sus propios líderes, que según los feligreses, se han encargado de ver en la creación de una "basílica" un negocio.

En 2005 las autoridades cancelaron su registro de grupo religioso bajo el argumento de que violó sus propios estatutos.

Al haber registrado un objeto de culto y dedicarse a otro, se afecta gravemente el objeto de la asociación religiosa y se les retira el registro en garantía de las personas que profesan esta confesión", esgrimió Armando Salinas Torre, entonces subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos, de la Secretaría de Gobernación.

Gil Olmos expone en su libro acerca de la Santa Muerte, que en 2008 David Romo Guillén, luego de haber perdido la licencia para rendir culto a la "Virgen de los olvidados", intentó darle un giro a la creencia y crear una parroquia para adorar al Ángel de la Muerte, pero esto no gustó a los fieles, principalmente porque Romo mostró gran voracidad, pues comenzó vendiendo criptas en 20,000 pesos, además de que sus "socios" eran los mismos que comercializaban estampas, estatuas y veladoras para la Santa. Esto fue tomado como un abuso por los adeptos que siguen prefiriendo la clandestinidad.

El cada vez más popular culto está dedicado, como exponen los expertos, a ofrecer un lugar a todos aquellos que han sido rechazados por la Iglesia católica: homosexuales, alcohólicos, drogadictos y criminales. Esta es una de las razones por la que ha adquirido tanta fuerza. Sus seguidores consideran que "es una mensajera que lo mismo que se lleva a un hombre pobre, que a un rico, a un niño o a un anciano".

La Santa Muerte se diferencia del resto de los santos no reconocidos por la Iglesia católica (como Jesús Malverde), en que no es una deidad que nazca de un personaje vivo, sino un símbolo y una tradición que conjuga costumbres prehispánicas y europeas.

La devoción hacia ella está definida por sus fieles como un culto popular al margen de la Iglesia católica: "Es una expresión del pueblo al que cohesiona y otorga identidad", expone la antropóloga Katia Perdigón.

La adoración a "La Flaquita" está lejos de terminar, coinciden los expertos, es un culto que seguirá creciendo más allá de cualquier moda. La muerte está más viva que nunca, sentencia José Gil Olmos.


LOS COLORES DE LA SANTA

*Blanca, salud y para los niños

*Negra, fuerza y poder

*Morada, para abrir caminos 

*Café, para contactar espíritus del más allá 

*Verde, para mantener unidos a los seres queridos 

*Roja, para el amor 

*Amarilla, para la buena suerte 

*Azul, para la vida profesional 

*Dorada, éxito económico y atracción del dinero 

*Ámbar, para la salud y la pronta rehabilitación.



(Tomado de: Ostos, Mario: El terrible culto a la Santa Muerte. Contenido No. 616. Editorial Contenido, S. A. de C. V. México, D. F., 2014)

jueves, 2 de noviembre de 2023

La revolución popular de 1907

 


Editorial

La revolución que se inició a fines de septiembre del año pasado [levantamientos en Jiménez y Acayucan (septiembre, 1906), huelga de Cananea (junio 1906), y huelga de Río Blanco (enero, 1907)] y que está próxima a continuar, es una revolución popular de motivos muy hondos, de causas muy profundas y de tendencias bastante amplias. No es la revolución actual del género de la de Tuxtepec, de La Noria, verdaderos cuartelazos fraguados por empleados mismos del gobierno, por ambiciosos vulgares que no aspiraban a otra cosa que a apoderarse de los puestos públicos para continuar la tiranía que trataban de derribar, o para sustituir en el poder a gobernantes honrados como Juárez y como Lerdo de Tejada, a cuya sombra los bandidos no podían medrar.

Una revolución como aquellas que encabezó Porfirio Díaz o como las que antes de la guerra de Tres Años se siguieron una después de otra en nuestro desgraciado país; una revolución sin principios, sin fines redentores, la puede hacer cualquiera en el momento que se le ocurra lanzarse a la revuelta y bastará con apresar a los que hacen de cabecillas para destruir el movimiento; pero una revolución como la que ha organizado la Junta de Saint Louis, Missouri, no puede ser sofocada ni por la traición, ni por las amenazas, ni por los encarcelamientos, ni por los asesinatos. Eso es lo que ha podido comprobar el dictador y de ello proviene su inquietud. No está en presencia de un movimiento dirigido por aventureros que quieren los puestos públicos para entregarse al robo y a la matanza como los actuales gobernadores, sino de un movimiento que tiene sus raíces en las necesidades del pueblo y que, por lo mismo, mientras esas necesidades no sean satisfechas, la revolución no morirá, así perecieran todos sus jefes; así se poblasen hasta reventar los presidios de la República y se asesinase por millares a los ciudadanos desafectos al gobierno…


-Ricardo Flores Magón 

Revolución, n. 2. 8 de junio de 1907


(Tomado de: Armando Bartra (Selección) - Ricardo Flores Magón, et al: Regeneración, 1900-1918. Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas #88, Segunda Serie, México, D.F., 1987)