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lunes, 16 de marzo de 2026

Cascada de El Salto, San Luis Potosí


Cascada de El Salto 


Descripción del lugar.- Entre los atractivos naturales con los que cuenta el estado de San Luis Potosí podemos hablar de sus de sus cascadas, destacando la de El Salto, que sin ser la más alta del estado, cuenta con 57 mts de altura y es, sin duda, una de las más bellas. 

Junto a El Salto hay una planta hidroeléctrica que, bajo custodia del ejército mexicano, abre sus compuertas en las épocas de lluvias, provocando así la formación de cascadas que, a su vez, forman bellas y profundas pozas donde se puede nadar y pasar un excelente día de campo bajo la frondosa vegetación ahí existente. Acercarse a la cascada es entrar en un mundo de sensaciones, tanto auditivas como corporales, debido al constante estruendo del caer del agua así como la fuerte brisa que como húmedo y fresco viento, nos empapa el cuerpo sin necesidad de nadar. 

Aunque en El Salto hay un pequeño balneario adaptado para hacer pic-nics con asadores, albercas y juegos infantiles, lo cierto es que la gente prefiere las pozas naturales o explorar los rincones del río. El sitio no es solamente la cascada, hay también lugares extraordinarios a los que se puede llegar caminando o hacer excursiones hasta de medio día. 

Regresando de El Salto, junto al caserío entre las curvas del camino, es recomendable detenerse para admirar la cascada de El Meco que es muy ruidosa y parece alta debido a lo encañonado del río, pero en realidad es baja pues sólo cuenta con 35 mts de altura. 

Cómo llegar.- Ubicada en el norteño municipio de Ciudad del Maíz, al Salto se llega por una carretera pavimentada de 14 km, que parte de El Naranjo, un pequeño poblado entre Ciudad del Maíz y El Mante, Tamaulipas, sobre la carretera federal Núm. 80

Servicios existentes.- El Salto no cuenta con hoteles, restaurantes o gasolinerías, todos los servicios los puede encontrar en El Naranjo donde hay un lugar para hospedarse o en Ciudad del Maíz a 82 km o El Mante, Tamaulipas, a 59 km. 

Equipo necesario.- Ropa cómoda y ligera y traje de baño 

Duración de la excursión.- De 1 a 2 días.


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)

Un enlace para mirar una exploración de las cascadas de El Salto y Minas Viejas, AQUI

lunes, 19 de enero de 2026

Caudillos de la nueva oposición; III Salvador Nava


Los caudillos de la nueva oposición 

Sección: Señoras y Señores

Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


 III: Salvador Nava


El mismo día que al panista Medina Plasencia le era ofrecida la gubernatura de Guanajuato, en San Luis Potosí otro opositor, Salvador Nava Martínez, reunió a 30,000 de sus partidarios para pedirles perdón por haber creído en los votos de democratización formulados en años recientes por el gobierno federal. En esos días, explican sus allegados, Nava se sentía como Simón Bolívar en el ocaso de la vida, cansado de arar en el mar; de cortarle al monstruo tentáculos y cabezotas que siempre retoñan. 

La historia se inició en la década de los 50, cuando los hermanos Nava Martínez, todos dedicados a la medicina, eran ya figuras de renombre en San Luis Potosí. El mayor del clan, Manuel (fallecido), había sido rector de la universidad local por 2 periodos consecutivos, y en 1958 fue nuevamente elegido tras una tormentosa campaña durante la cual el cacique local, Gonzalo Natividad Santos, trató infructuosamente de imponer a un candidato gobiernista a quien los estudiantes corrieron con huelgas y manifestaciones. 

Aunque más jóvenes, los otros Nava tenían casi tanto prestigio como su hermano el rector, entre otras razones porque cultivaban la tradición de médicos pueblerinos de no cobrarles a los pacientes pobres, curar con ascendiente espiritual más que con medicinas y aceptar huevos, puerquitos o guajolotes en pago de honorarios. 

Hombre hogareño: el oftalmólogo Salvador, por entonces apenas cuarentón, tenía fama de milagroso, y en muchas casas pobres había altarcillos con fotos del doctor y veladoras como testimonio de gratitud de algún paciente rescatado de la ceguera. 

Por aquellos años la política mexicana era todavía un arte marcial cultivada por sombrerudos y empistolados, más duchos en pleitos de faldas y líos de cantina que en labores de gabinete o biblioteca. Entre risas el cacique Santos siempre se vanagloriaba de que en su "prebostazgo" (como él llamaba a San Luis) "sea gringo, gachupín o indio, a todos me los ch..."

Al oftalmólogo Nava, un hombre de hábitos pulcros, no se le conocían malandanzas; parecía obsesionado con su profesión y sus contados ratos de ocio no los dedicaba a la cantina sino a su esposa y 3 hijos, a escuchar música de Mozart y a leer novelas policiacas "de altura". 

La ofensiva final contra Santos se desencadenó en 1958, año a horcajadas entre los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, aprovechando las ventanas de vulnerabilidad que el régimen suele abrir a finales y comienzo de cada sexenio. La campaña fue lanzada por Acción Reivindicadora, un grupo local, y la Unión Nacional Sinarquista, que tal vez no habrían logrado movilizar a los apáticos potosinos si los promotores no hubieran reclutado al rector Manuel Nava y a su hermano, el oftalmólogo Salvador, figuras de lo que hoy se llamaría centro derecha, pero independientes y sin compromisos con los partidos. 

Testimonio calificado: El único incidente con los hermanos Nava de que da cuenta Gonzalo N. Santos en sus Memorias, ocurrió durante la campaña presidencial de López Mateos: 

"Una vez que comenzó la gira política del candidato, y a invitación expresa de él", escribió el cacique, "me incorporé para acompañarlo a diversos estados de la república, entre ellos San Luis Potosí. Cuando llegamos a la plaza de la capital potosina, y en lo que bajamos del camión que nos condujo allá, alguien gritó ¡Viva López Mateos, muera el cacique! Comprendí que se trataba de unos cuantos estudiantes de la familia Nava y otros mochos sinarquistas, "sonreídos" muy de cerca por ayudantes del tuerto Manuel Álvarez, entonces gobernador del estado…

"Llegamos a la universidad y todo se produjo en más o menos calma hasta que al fin del mitin los Nava mostraron algunos grandes algunos garrotes dirigiéndose a mí y gritando: "¡Muera el cacique! Como esos individuos lo menos que querían era que yo les mentara la madre, sólo me acerqué al grupúsculo y delante de López Mateos les dije: "Aquí estoy, qué quieren de mí" De inmediato la comitiva del candidato los dispersó, mientras el licenciado López Mateos me comentaba: "Yo he sido estudiante, mi Tigre, y sé cómo se mueve esta gente; no tengas precaución por el incidente".”

Si Santos no hubiera estado ya obnubilado por la adiposidad del poder, habría advertido que el tiempo se le acababa; hasta los jerarcas eclesiásticos, que en otras épocas habían comido de su mano, empezaron a regatearle el apoyo. Al poco tiempo se cumplía una máxima de López Mateos: "Los cacicazgos subsisten mientras el pueblo los tolera"; el movimiento navista consiguió que el "tigre" abandonara el estado.

En aquel clima, Salvador Nava lanzó su candidatura a la presidencia municipal de San Luis Potosí. La campaña alcanzó tal calor que en un momento dado 30,000 manifestantes pasearon por las calles de la ciudad unos ataúdes con los nombres de Santos, el gobernador Álvarez y el candidato del PRI  a la alcaldía, un ahora olvidado Francisco Gutiérrez Castellanos; y fue tan grande el pánico de los huérfanos políticos del cacique, que las fuerzas policiacas se encerraron en el edificio municipal en vez de enfrentarse a la turba. 

Motivos de salud: Durante aquella campaña de 1958 pasó de todo: el 20 de noviembre, los padres de familia familia prohibieron a sus hijos que participaran en el tradicional desfile; y se congregaron ante el palacio de gobierno, para bombardear el edificio (y al gobernador, cuando el pobre hombre se atrevió a asomar las narices) con huevos podridos. Pocos días más tarde se produjeron balaceras que costaron varias vidas, entre ellas la de un niño de 7 años de edad, hijo de un obrero. 

Nava ganó y su triunfo (22,010 votos contra 11,132 del candidato oficial) no pudo ser desconocido. El movimiento navista -dice Tomás Calvillo en su libro El nabismo o los motivos de la dignidad- no se limitó a la capital. En aquella elección presentó candidatos en un buen número de municipios del interior y se le reconocieron triunfos en una decena de ayuntamientos, entre ellos los de San Antonio Rayón, Cerro de San Pedro, Villa de Hidalgo, Santo Domingo, Tampamolón y Villa de Ramos. Abrumado por la derrota, el gobernador Manuel Álvarez pide licencia "por motivos de salud. En su lugar fue designado el entonces diputado federal, Francisco Martínez de la Vega.

Nava recibió el municipio cargado de deudas y con las arcas vacías, pero en apenas dos años de gestión resolvió el problema del drenaje para las siguientes dos décadas, tendió una red de distribución de agua potable de 20 km de longitud e instaló alumbrado público en el 80% de las calles de la capital. 

Sin embargo, el alcalde potosino no tomó en cuenta el cambio de atmósfera que suele operarse a partir del segundo o tercer año de cada sexenio: en 1961 presentó su candidatura para gobernador del estado, cometió el error de ganar, y selló su suerte para las siguientes 2 décadas.

El contendiente de Nava en las elecciones de 1961 fue Manuel López Dávila, un priista poco conocido en la entidad, a quien el oftalmólogo podía derrotar con extrema facilidad. Al que no se podía derrotar era al régimen, incapaz por entonces de entregar un estado de la Federación. Así se lo advirtió a Nava el entonces presidente del PRI, Alfonso Corona del Rosal, quien sugirió que, a cambio de la gubernatura, el potosino aceptara una curul en el Congreso de la Unión. En vez de pactar, Nava denunció públicamente la propuesta, y  a partir de entonces se le cortó la posibilidad de ser protegido por el gobierno federal. 

La trampa contra Nava fue preparada para el 15 de septiembre y estuvo a punto de fallar. 

Haciéndose pasar por emisarios del oftalmólogo, agentes provocadores convocaron a los navistas a un mitin de protesta en la plaza de armas de San Luis Potosí, precisamente a la hora y en el lugar donde tendría efecto la ceremonia del grito. Desde varias horas antes, el sitio apareció rodeado por pistoleros con órdenes de desencadenar una masacre; pero a medida que los despistados partidarios de Nava iban llegando, los propios soldados y policías apostados en las inmediaciones les advertían que se trataba de una trampa, urgiéndolos a alejarse. 

Eclipse: Al cabo, a la hora señalada y cuando repentinamente se apagaron las luces, la balacera se desató, aunque en ella participaron grupos de pistoleros que se confundieron mutuamente con navistas. Al día siguiente Nava y algunos de sus colaboradores fueron detenidos y conducidos al D.F., donde permanecieron más de un mes, primero en el campo militar número uno y después en la vieja penitenciaría de Lecumberri. Durante ese lapso se proclamó en San Luis Potosí el triunfo del candidato priista con 175,646 votos contra 45,617 de Nava. 

Al año siguiente y en vista de que Nava no acató el consejo que le dieron en México de alejarse de San Luis Potosí, el oftalmólogo fue nuevamente detenido y esta vez ya no lo trataron con guante blanco: le dieron tal golpiza que salió de la cárcel con 2 cosillas rotas, graves derrames internos y un brazo paralizado. Le tomó más de un año recuperarse físicamente; mientras tanto, sus principales seguidores se desbandaron o fueron comprados por el gobierno. 

Aún derrotado, Nava conservó su popularidad (mientras estaba en la cárcel, los habitantes de colonias populares de San Luis Potosí hicieron colectas para ayudar a doña Conchita, la esposa del oftalmólogo); pero el desmembramiento del cacicazgo de Santos había provocado un apaciguamiento político que dejó a Salvador Nava sin caldo de cultivo en el cual prosperar. 

Con apenas débiles débiles e intermitentes sacudidas, la calma chicha potosina se prolongó por casi 2 décadas, hasta que el profesor Carlos "La Ardilla" Jongitud Barrios fue impuesto como gobernador en 1979. 

Durante su sexenio, Jongitud -entonces inamovible líder del magisterio- no solo robó, sino que hizo alarde de su latrocinios. Utilizó los cuerpos de seguridad del estado para ayudar a bandas de contrabandistas que dirigían protegidos del gobernador. Con dinero del erario público mandó hacer una enorme residencia, con ínfulas palaciegas, que al término del mandato vendió a la nueva administración, para que se convirtiera en residencia oficial de los gobernadores. 

Por esos años, Salvador Nava regresó a combatir la ignominia. Tras dos décadas de olvido, el oftalmólogo ya ni soñaba con volver a la política activa; pero los desesperados potosinos literalmente fueron a sacarlo del consultorio y lo lanzaron como candidato a alcalde de la ciudad capital del estado, con el improvisado respaldo del PAN y el PDM. Nuevamente los tiempos eran propicios: despuntaba el sexenio de Miguel de la Madrid bajo La invocación de la Renovación Moral, y se esperaba que, al menos, fueran respetados aquellos resultados electorales demasiado claros para poderlos tergiversar. 

Veladoras: Esta vez, como la anterior, Nava recibió la ciudad sepultada bajo montañas de basura, con las calles acribilladas de baches, y deudas tan cuantiosas que, al poco tiempo, el ayuntamiento tuvo que trabajar a la luz de las velas, porque le cortaron la electricidad. Aún así, Nava consiguió remendar las finanzas municipales, y remozar el primer cuadro de la capital potosina. 

Crecido por la victoria, el movimiento navista, aglutinado en el Frente Cívico Potosino, volvió a ganar elecciones en 1985 (no le reconocieron el triunfo) y en 1988 (sí se lo reconocieron).

Durante 1989 y 1990 los navistas tuvieron que hacer una tregua y encender veladoras, mientras rogaban por la recuperación del "doctor Chava", como cariñosamente llamaban al oftalmólogo, quien, víctima de cáncer, se sometía a un traumático tratamiento de quimioterapia. Al término del plazo Nava había descansado lo suficiente y hasta engordado un poco: tan bien se sentía, que aceptó la nominación del Frente Cívico Potosino a la gubernatura, para las elecciones el pasado 18 de agosto. 

El hombre sabía que la oposición dividida estaba destinada al fracaso, así que puso como condición ser candidato único de las fuerzas antipriístas. Metiéndose en la bolsa desconfianza y resquemores, perredistas, pedemistas y panistas se avinieron, y formaron la Coalición Democrática Potosina, CDP

Durante la campaña preelectoral, los partidos de la coalición sólo brindaron a Nava un tibio apoyo moral, mientras luchaban entre sí enconadamente por los cargos legislativos federales que se disputaban. Nava hizo campaña por su cuenta: recorriendo palmo a palmo el territorio del "prebostazgo", comprobó que la lucha iniciada hace 30 años no había perdido actualidad; violencia y opresión seguían imperando en muchas zonas, especialmente en la Huasteca; como antaño, el estado seguía contándose -según parámetros del INEGI- entre los 5 más atrasados del país; y los caciques seguían tan soberbios y corruptos como siempre. 

Lo que pasó inmediatamente después, es conocido. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará San Luis Potosí las cosas que le suceden. Lo que sí se sabe es que, mientras le quede vida, Salvador Nava no se dará por vencido.


(Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. III Salvador Nava. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 3 de julio de 2023

Jesús Silva Herzog

 


Jesús Silva Herzog

(1892-1985)


En la ciudad mexicana de San Luis Potosí, capital del Estado del mismo nombre, ciudad de tradición histórica situada en el valle de San Luis, nació, en 1892, el economista Jesús Silva Herzog. 

Empezó sus estudios en el Seminario de San Luis, pero una grave enfermedad ocular lo obligó a abandonar la secundaria. En 1910, cuando Silva Herzog tenía dieciocho años, la Revolución estalló en México, y en pleno desarrollo de este agitado capítulo de la historia del país, su familia lo envió a Estados Unidos tras inscribirlo en la Pain up Town Business School de Nueva York, a la que asistió entre 1912 y 1914.

Al regresar a su ciudad natal, en 1914, escribió en los periódicos El Demócrata y Redención y, tras el triunfo del constitucionalismo carrancista, estuvo a punto de ser fusilado, pero se salvó gracias a su propia defensa realizada ante un consejo de guerra, que lo condenó a prisión. En 1917 fundó en San Luis la revista Proteo y, a finales de este mismo año, decidió mudarse a Ciudad de México, donde se inscribió en la Escuela de Altos Estudios de la Universidad Nacional de México, para graduarse en economía, disciplina de la que habría de ser con el tiempo uno de los especialistas más notables de su generación.


La generación constructiva


La violencia de su espíritu, la claridad de su análisis y su sensibilidad para comprender la realidad de un país dominado por la violencia y las desigualdades sociales, fueron las bases de las que se sirvió Jesús Silva Herzog para sustentar una corriente de pensamiento humanista dentro del país.

La generación de Silva Herzog, denominada constructiva, tuvo gran peso en la vida pública de México, entre los años treinta y cuarenta, y permitió consolidar muchos de los logros revolucionarios, como una expresión de esa generación, el pensamiento de Silva Herzog y la rigurosidad de sus investigaciones pudieron manifestarse en 1928, cuando fundó el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía.

Para un hombre de altas miras como Jesús Silva Herzog, la fundación de un instituto de investigación y de una revista no bastaron para crear una corriente de pensamiento capaz de influir en los círculos de decisión. Fue ésta la razón que lo llevó, en 1929, a intervenir en el primer proyecto del plan de estudios de una licenciatura en Economía, que permitiría crear cuadros para la gestión pública y privada.

Por ese entonces, la continuidad del poder había dado lugar a que el grupo gobernante fraguara distintas formas de dominio social, y tomara las medidas necesarias para la transformación de la economía agraria, de las viejas estructuras de la administración y la enseñanza públicas, de la salubridad y los servicios, que permitieron el resurgimiento de una burguesía nacional económicamente fuerte.

En este contexto, Jesús Silva Herzog desarrolló una intensa actividad docente, desde 1931 hasta 1963, como profesor de historia de las doctrinas económicas en la Escuela Nacional de Economía, institución que dirigió entre los años 1940 y 1942. En esta disciplina Silva Herzog publicó, en 1936, Antología del pensamiento económico desde el siglo XVI hasta David Ricardo y, en 1939, Historia y antología del pensamiento económico. Entre 1933 y 1934, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, ocupó la Subsecretaría de Instrucción Pública.

Como profesor influyente de la Escuela Nacional de Economía, Silva Herzog fundó una nueva revista, Investigación Económica, en la que formuló los lineamientos básicos de su pensamiento económico. En 1942, tras abandonar la dirección de la escuela, creó y dirigió hasta su muerte la prestigiosa revista Cuadernos Americanos, donde analizó aspectos relevantes de la industria petrolera, que ya era por entonces generadora de importantes riquezas, y cuyo control, junto con el del ferrocarril, México había logrado recuperar a través de la gestión del insigne presidente Lázaro Cárdenas. El análisis de la cuestión petrolera fue expuesta fue expuesto más a fondo por Silva Herzog en Petróleo mexicano. Historia de un problema (1941), México y su petróleo: una lección para América (1959) e Historia de la expropiación de las empresas petroleras (1964).

Silva Herzog analizó y mostró también su preocupación por los problemas sociales derivados de la reforma agraria, lo que reflejó en artículos y en libros de gran rigor científico, entre ellos El agrarismo mexicano y la reforma agraria (1959) y Breve historia de la Revolución Mexicana (1960). Los mecanismos aplicados en la reforma agraria, si bien paliaron momentáneamente la situación del campesinado mexicano, según Silva Herzog dejaron sin solución antiguos problemas al tiempo que originaron otros.


Un pensamiento global


Otro de los soportes más interesantes del pensamiento de Jesús Silva Herzog fue la globalidad que daba a sus análisis. Para él, la economía mexicana es una compleja tela de araña en la que se entretejen distintas fuerzas sociales, políticas y económicas en cuyo núcleo se halla el poder institucional, al margen de quien lo ocupe. En este sentido son reveladoras sus obras sobre la historia mexicana, entre las cuales destacan El pensamiento económico en México (1947), Trayectoria ideológica de la Revolución Mexicana (1963), El pensamiento económico, social y político de México: 1810-1964 (1967) y La economía política en México: 1910-1974 (1975).

Los méritos intelectuales de Jesús Silva Herzog y sus aportaciones al progreso económico y cultural del país le abrieron las puertas, en 1948, de El Colegio Nacional y, en 1956, de la Academia Mexicana de la Lengua. Aunque en los últimos años de su vida redujo considerablemente el volumen de trabajo, continuó siendo consultado por altos cargos del gobierno y ejecutivos de grandes empresas nacionales e internacionales, hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido en su casa de Ciudad de México, a los noventa y tres años, en 1985.


1892 Nace en San Luis Potosí, el 14 de noviembre, Jesús Silva Herzog.

1922 Se gradúa en economía en la Escuela de Altos Estudios de la UNAM.

1928 Funda el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía.

1933-1934 Ocupa la Subsecretaría de Instrucción Pública durante el gobierno de Lázaro Cárdenas

1936 Publica Antología del pensamiento económico desde el siglo XVI hasta David Ricardo.

1942 Crea y dirige la revista Cuadernos americanos.

1959 Publica México y su petróleo: una lección para América.

1975 Se publica La economía política en México: 1910-1974.

1985 Muere el 13 de marzo en su domicilio de Ciudad de México.


(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)

lunes, 12 de julio de 2021

Gonzalo N. Santos


 98

Sí, declaro que un pinche muerto

más o menos no me va a quitar el

sueño, que no me voy a rajar de un

hecho que yo haya cometido o mandado

cometer, ni aquí en la tierra ni en el

cielo, a donde seguramente tendré que

ir a rendir declaración de mi paso por

la tierra; o tal vez al infierno, pero como

soy de tierra tan caliente no me va a

afectar la temperatura.

Gonzalo N. Santos

Gonzalo N. Santos (1897-1978) fue un cacique violento, corrupto y arbitrario, miembro fundador del Partido Nacional Revolucionario (PNR), cinco veces consecutivas diputado federal y senador, y gobernador de San Luis Potosí de 1943 a 1949.

Modificó la Carta Magna para promover la reelección de Obregón y se opuso a la no reelección de las Cámaras, que dio por resultado -según sus propias palabras- "el aborregamiento del poder legislativo, borregada que continúa produciendo abundante lana hasta la fecha".

En marzo de 1929, recién fundado el PNR, Gonzalo Escobar encabezó un movimiento contra Emilio Portes Gil que fue sofocado al poco tiempo, pero que sirvió de pretexto para que Gonzalo N. Santos lanzara un discurso en el que, además de amenazar a los opositores, auguraba el fracaso democrático del país:

"Camaradas de la Revolución, ¡a la guerra como a la guerra! Allá vamos a contestarles, en el terreno en que nos han citado. Quisimos demostrar ante el mundo entero que no queríamos una gota más de sangre en nuestra patria; que este ensayo cívico de este PNR resolviera las funciones cívicas del futuro; que el partido que se sienta más fuerte que nosotros y dueño de la razón, se nos enfrentase en el terreno del civismo, pero no quiere eso la reacción clerical."

Si estas palabras no lo hubieran hecho célebre, le habría dado fama la más conocida de sus frases: "La moral es un árbol que da moras o sirve para una chingada", la cual siguió al pie de la letra; como ejemplo, en 1929, durante la campaña electoral, amedrentó, ametralladora Thompson en mano, a los partidarios de José Vasconcelos.

Pero también lo distinguió su servilismo: la tarde del domingo 7 de julio de 1940, día de elecciones presidenciales, el candidato oficial Manuel Ávila Camacho recibió, como obsequio de Santos, una gran cantidad de insignias violentamente arrancadas por el cacique a los ciudadanos que vigilaban la casilla donde el presidente Cárdenas emitió su voto. Opositor a Almazán, esa mañana la había pasado aterrorizando a los seguidores del candidato.

Durante el período presidencial de Manuel Ávila Camacho, Santos preparó la iniciativa de ley para ampliar el periodo de los gobernadores de cuatro a seis años; aprobada esta ley, gobernó el estado de San Luis Potosí de 1943 a 1949, periodo durante el cual controló las fuerzas políticas del estado, incluyendo la prensa. Terminado su periodo, continuó manejando a su antojo a quienes lo sucedieron hasta que en 1957, ante la proximidad de las elecciones federales y las locales en San Luis Potosí, varios grupos de oposición intentaron desmantelar su cacicazgo.

Tras intensas y violentas movilizaciones sociales, en una de las cuales un agente disparó e hirió de muerte a un niño, el gobierno de Adolfo López Mateos negoció con los opositores al régimen de Santos el nombramiento de un gobernador interino en 1959. Después, durante las elecciones locales de 1961, el gobierno federal le dio la espalda a Santos. En 1978, el presidente López Portillo aprobó un decreto que expropiaba gran parte de las propiedades del cacique, quien murió el 17 de octubre de 1978 en la ciudad de México.

(Tomado de: Molina, Sandra – 101 villanos en la historia de México. Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F. 2008)


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Antonio Díaz Soto y Gama

Nació en San Luis Potosí, S.L.P., en 1880; murió en la Ciudad de México en 1967. Hizo sus primeros estudios en el Instituto Científico y Literario de su ciudad. En compañía de Camilo Arriaga y otros, fundó en 1899 el Club Liberal Ponciano Arriaga, para oponerse al  porfirismo. En 1901 se tituló de abogado. Fue desterrado el año siguiente a Estados Unidos, donde permaneció hasta 1904. Junto con Juan Sarabia presentó un proyecto de Ley Agraria ante la XXVI Legislatura (1912). Dos años después se unió al movimiento zapatista. Fue delegado ante la Convención de Aguascalientes, donde su participación fue decisiva. En esa ocasión expuso con gran vigor el programa agrario contenido en el Plan de Ayala. Se mantuvo al lado de los revolucionarios del sur hasta el Plan de Agua Prieta (1920), que depuso a Carranza y llevó a Obregón al poder. Ese año fue electo diputado federal por el distrito de Atlixco, y después reelecto para otros tres periodos. En 1920 fundó, unido a Rodríguez Gómez, Octavio Paz, Felipe Santibáñez, Ángel Barrios y otros, el Partido Nacional Agrarista, del que fue su principal líder. En esa época derivó hacia un cristianismo de interpretación revolucionaria, que le servía de base para justificar la lucha agraria. El PNA fue por algunos años una expresión auténtica de las demandas campesinas. A partir de 1932 fue profesor de derecho agrario en la Facultad de Jurisprudencia y de historia de México en la Escuela Nacional Preparatoria, ambas de la UNAM. Escribió el libro La revolución agraria del sur y Emiliano Zapata su caudillo.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

miércoles, 20 de mayo de 2020

Jorge Ferretis


[1902-1962] Nació en el estado de San Luis Potosí. Periodista y político afiliado al socialismo. Diputado federal. Por siete años desempeñó el cargo de director general de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación. Autor de dos novelas, Tierra caliente (1935) y Cuando engorda el Quijote (1937); dos colecciones de novelas cortas, El sur quema (1937) y San Automóvil (1938); y dos tomos de cuentos, Hombres en tempestad (1941) y El coronel que asesinó un palomo (1952). Murió en un accidente automovilístico. Póstumamente se le publicó en 1968 otra colección de cuentos, Libertad obligatoria.

Tomado de: Menton, Seymour - El cuento hispanoamericano. Antología Crítico-histórica. Colección Popular #51. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V., México, D.F. 1986)

miércoles, 5 de febrero de 2020

Peyote, raíz diabólica


X. LA “RAÍZ DIABÓLICA”
EL PRIMER cacto alucinogénico representado en el arte antiguo de América es un miembro alto y columnario de la familia cereus, el trichocereus pachanoi, que contiene mescalina y es llamado San Pedro por los curanderos de la costa del Perú (Sharon, 1972). El San Pedro ha sido identificado a través de las efigies funerarias de barro y en los textiles pintados de Chávin, la más antigua de una larga sucesión de civilizaciones de los Andes que data aproximadamente del año mil a. c. También ha sido representado en el arte ceremonial de las posteriores culturas moche y nazca, que confieren al psiquedélico cacto sagrado, del oeste de Sudamérica, un rango cultural de cuando menos tres mil años.
Pero el miembro alucinogénico más importante, química y etnográficamente más complejo, de la familia de los cactos (en términos de su historia; de la atención popular, científica, religiosa y legal; y de su utilización cultural desde épocas antiguas hasta el presente) es el lophophora williamsii, mejor conocido como “peyote”, un cacto pequeño, sin espinas, nativo del desierto de Chihuahua.
A pesar de su hábitat desértico relativamente limitado (que se extiende desde la cuenca del río Bravo en Texas hacia la alta meseta central del norte de México ubicada entre las sierras Madres Oriental y Occidental hasta la latitud aproximada del Trópico de Cáncer), el peyote tuvo mucha estimación en gran parte de la antigua Mesoamérica, y sus representaciones artísticas más antiguas, halladas en piezas de cerámica mortuoria del México occidental, datan de los años 100 a. e. al 200 d. e.
El peyote es aún altamente valorado por muchos indios, y para una población indígena, los huicholes, permanece, como en las épocas prehispánicas, en el centro mismo de un sistema chamanístico de religión y ritual que, insólitamente, ha permanecido libre de influencias cristianas mayores.
Finalmente, el cacto divino de los huicholes y de pueblos más antiguos se ha convertido en el sacramento de un nuevo fenómeno religioso: el culto pan-indio de peyote, originado por una profunda crisis espiritual y sociocultural en el siglo XIX, se extendió de la frontera de Texas hasta sitios tan lejanos como las llanuras canadienses, hasta integrarse en la actualidad como la Iglesia Nativa Americana, con un cálculo estimado de 225 mil miembros. Su notable historia, y la de la larga lucha de los indios, antropólogos y libertarios civiles para que el peyote ganara un status legal en contra de leyes estatales y federales científicamente absurdas y constitucionalmente cuestionables, está documentada en The Peyote Cult, de La Barre. Publicada por primera vez en 1938, esta obra clásica de la antropología ha sido puesta al día repetidas veces y fue reimpresa recientemente en 1969 y de nuevo en 1974. En este capítulo y en el próximo, a partir de mi experiencia personal trataré de mostrar algo de la forma y significado del “peyotismo” en su contexto indígena mexicano que ciertamente ha contribuido a su manifestación norteamericana (si es que a fin de cuentas no representa su ancestro).

UNA “FÁBRICA DE ALCALOIDES”
El peyote es identificado popularmente con su alcaloide mejor conocido, la mescalina, pero en realidad ésta sólo es uno de más de treinta alcaloides distintos que hasta la fecha se han aislado, junto con sus derivados de las aminas, de esta notable planta, que Schultes (1972a) correctamente llama “una verdadera fábrica de alcaloides”. La mayoría de estos constituyentes pertenecen a las feniletilaminas y a las biogenéticamente emparentadas isoquinolinas simples; y casi todos son, de una manera u otra, biodinámicamente activos, con la mescalina como el principal agente que induce visiones (pp. 39, 40). Pero el peyote es una planta alucinogénica muy compleja, cuyos efectos incluyen no sólo imágenes brillantemente coloridas y auras débilmente resplandecientes que parecen rodear a los objetos del mundo natural, sino también sensaciones auditivas, gustativas, olfatorias y táctiles, junto con sensaciones de falta de peso, macroscopia y alteración de la percepción del tiempo y del espacio. A causa de la interacción fisiológica de los distintos alcaloides en toda la planta, Schultes advierte en contra de un paralelismo demasiado próximo entre los efectos de la mescalina sintética, como los descritos tan elocuentemente por Aldous Huxley, y las experiencias psíquicas de los peyotistas indios.
Aunque la iglesia Católica no titubeó en emplear las medidas más ásperas para exiliar el peyote del uso nativo como “raíz diabólica” —llegó incluso al extremo de igualar el consumo del peyote ¡con el canibalismo!—, el culto del cacto sagrado sobrevivió a la represión colonial; los poderes sobrenaturales y terapéuticos que se le atribuían antiguamente quedaron, sin embargo, intactos.
Una razón fue, por supuesto, el aislamiento físico de algunos de los grupos que más estimaban el peyote. Los huicholes y sus primos cercanos, los coras, por ejemplo, continuaron disfrutando una libertad relativa de la dominación española, incluso después de que su abrupto territorio en la Sierra Madre Occidental fue, nominalmente, puesto bajo el dominio militar y eclesiástico de la colonia alrededor de 1722. Se establecieron misiones, pero los indios se opusieron exitosamente a la conversión. Hubo una cierta aculturación, pero física e ideológicamente los huicholes continuaron siendo relativamente autónomos, y esta condición se hizo aún más pronunciada después de la Independencia mexicana. Este aislamiento de la corriente principal sociológica y religiosa del México posthispánico explica en gran medida por qué los diez mil huicholes preservaron mucho más de su herencia religiosa pre-europea de lo que lo hicieron otros indios mesoamericanos.
En el México moderno el peyote ha estado al alcance en muchos mercados herbolarios como una planta medicinal de gran estima. Y los huicholes (que por encima de otros pueblos indígenas consideran sagrado al peyote —en realidad, divino— y que lo ingieren durante actos ceremoniales) no han impuesto sanciones, legales o éticas, a causa de su uso extrarritual. Ellos lo emplean terapéuticamente para combatir una variedad de males físicos; se toma para aliviar la fatiga, y a menudo se le consume sólo para obtener sensaciones psíquicas agradables. Pero jamás se le considera meramente “una droga” ni se le equipara con otros productos químicos que los huicholes paulatinamente han llegado a conocer vía los servicios médicos que el gobierno lleva hasta los indios más remotos. Insisten mucho en que asuntos de esa importancia no deben confundirse. Un reportero cometió el error de llamar “droga” al peyote cuando entrevistaba, en mi presencia, a un chamán huichol, y éste, indignado, respondió: “La aspirina es una droga, el peyote es sagrado.”

“MESCALINA”: DENOMINACIÓN INEXACTA
Debo mencionar aquí que tanto “mescalina” como “peyote” son en realidad denominaciones erróneas. El lophophora williamsii es llamado en ocasiones “botón de mescal” (de allí, mescalina), pero no tiene nada que ver con la variedad del agave del cual se destilan las fuertes bebidas alcohólicas conocidas como mezcal y tequila. “Peyote” se deriva del náhuatl peyótl, pero ese término no sólo ha sido aplicado al lophophora williamsii sino también a varias otras plantas no relacionadas que tienen propiedades medicinales. Los huicholes lo llaman híkuri, y ya que así llaman también a muchas otras plantas pertenecientes a la familia de la lengua uto-azteca y nahua, híkuri es tal vez el nombre aborigen correcto.
El peyote, como la coca (erythroxylon coca) en los Andes, es un efectivo estimulante contra la fatiga, y como tal se le ha conocido desde hace mucho tiempo. De esto tenemos, entre otros, el testimonio de Carl Lumnholtz (1902), el etnógrafo noruego pionero en el estudio de los huicholes y de otros indios mexicanos, quien viajó mucho a través de la Sierra Madre en los últimos años del siglo pasado [siglo XIX]. En una ocasión, completamente exhausto y en el fondo de un cañón profundo, después de una larga marcha e incapaz de dar otro paso (para empeorar las cosas acababa de recuperarse de un ataque de malaria), sus amigos huicholes le dieron un solo híkuri:
...El efecto fue casi instantáneo, y ascendí la colina con gran facilidad, descansando aquí y allá, para llenarme de aire. (pp. 178-179.)
Aún más interesantes resultan las recientes pruebas de laboratorio que confirman que cuando los indios llaman “medicina” al peyote no lo hacen sólo en términos de un poder sobrenatural (“medicina de poder”, en la terminología de los indios de las Llanuras), sino más bien como un medicamento real. Los investigadores de la Universidad de Arizona aislaron una sustancia cristalina de un extracto de etanol de peyote que, descubrieron, manifestaba una actividad antibiótica en contra de un amplio espectro de bacterias y de una variedad de un hongo imperfecto, incluyendo cepas del staphylococcus aureus, que es resistente a la penicilina (McLeary et al., 1960:247-249).
Los huicholes, para quienes el peyote es sinónimo de —y cualitativamente equivalente a— venado divino o del sobrenatural Amo de la Especie de los Venados, toman la planta alucinogénica principalmente de dos maneras. Una es el cacto fresco, entero o cortado en pedazos, en cuya forma equivale a la carne del venado. La otra es el cacto macerado o molido en un metate y mezclado con agua. La última combinación simboliza, entre otros significados, la simbiosis o interdependencia de las estaciones húmeda y seca, caza y agricultura, y hembra y macho (cacto y venado son masculinos; el agua, femenina).

LA BÚSQUEDA SAGRADA DEL PEYOTE
El peyote no es originario de la Sierra Madre, así es que los indios tienen que viajar grandes distancias a fin de obtener la dotación necesaria para las ceremonias, para el uso personal y para intercambiar con los indígenas vecinos. Este peregrinaje es por mucho la empresa más sagrada del ciclo ceremonial anual y también sirve como un rito de iniciación, así es que no todo huichol adulto ha sido participante, ni puede decirse que todos ellos han probado el peyote. El peregrinaje no es obligatorio, pero como en el caso del devoto musulmán que va a La Meca, es una tarea sagrada que conlleva un enorme beneficio potencial para la vida de uno y para el bienestar de la comunidad, y viene a ser una empresa a la cual muchos indios aspiran cuando menos una vez, y a la que los aspirantes a chamanes deben dedicarse un mínimo de cinco veces; algunos de los más viejos y más tradicionales de los huicholes la han llevado a cabo diez, veinte y, en casos raros, hasta treinta veces a lo largo de su vida.
Al final de esa marcha larga y ardua, a 450 kilómetros al noroeste del territorio huichol, en los altos desiertos de San Luis Potosí, se encuentra Wirikuta, el mítico lugar de su origen. Allí moran los seres sobrenaturales conocidos como los kakauyarixi, los Antiguos, los ancestros divinos, en sus sitios sagrados. Allí el híkuri, el cacto mágico, se manifiesta como el Hermano Mayor Venado, el mediador cuya carne divina permite no sólo al elegido, el chamán, sino también al huichol ordinario trascender las limitaciones de su condición humana: “encontrar su vida”, como dicen los indios.

LOS ORÍGENES MITICOS DEL PEYOTE
Recuerdo a un viejo mara’akame (término huichol que designa tanto al chamán que cura y al que canta, así como al sacerdote de los sacrificios) de gran renombre, de quien se decía que había llevado a cabo la dificultosa jornada no menos de 32 veces ¡a pie! Caminar la ida y el regreso era la forma tradicional, pero actualmente la mayor parte de los peyoteros huicholes utilizan cualquier transportación que esté a la mano: autos, camiones, autobuses, carretas y hasta el tren. Esto se acepta siempre y cuando los lugares sagrados que se hallen en el camino sean debidamente reconocidos con plegarias y ofrecimientos, y se cumplan todos los demás requerimientos rituales. El modelo fue establecido hace mucho tiempo, en tiempos míticos, cuando el Gran Chamán, Fuego, conocido como Tatewarí, Nuestro Abuelo, condujo a los dioses ancestrales en la primera búsqueda ritual de peyote. Se dice que el dios del fuego se les apareció cuando los peyoteros se hallaban sentados en círculo en un templo huichol, cada uno de ellos quejándose de distintos males. Cuando le preguntaron al Gran Chamán, Fuego, que adivinara la causa de sus padecimientos, éste respondió que sufrían porque no habían ido a cazar al Venado divino (peyote) en Wirikuta como habían hecho una vez antes sus propios ancestros, y por eso habían sido privados de los poderes curativos de la carne milagrosa. Se decidió entonces tomar arco y flecha, y seguir a Tatewarí para “encontrar sus vidas” en la distante tierra del Venado-Peyote.
Estos dioses eran masculinos, pero, fieles a la creencia huichol de que sólo la unificación y el equilibrio adecuado de lo masculino y lo femenino garantizan la vida, en el transcurso del camino, en los pozos de agua sagrados del desierto, que los huicholes llaman Tateimatinieri, Sitio de Nuestras Madres, se les unió el componente femenino del Olimpo huichol, la Diosa Madre terrena del agua y de la lluvia, de la fecundidad y la fertilidad de la tierra, y de todos los fenómenos de la naturaleza, incluyendo la humanidad. En su aspecto animal estas diosas maternas son serpientes, una identificación simbólica que los huicholes de la actualidad comparten con los pueblos prehispánicos.
Cada huichol está familiarizado por completo con esta tradición del peyote y con el itinerario sagrado. Cada año, cuando las primeras puntas de la milpa y las primeras calabazas han madurado en los campos, se lleva a cabo una prolongada ceremonia entre los niños más pequeños, quienes son comparados con los primeros frutos de la agricultura, y para quienes el chamán mayor del grupo recita la historia en una canción repetitiva con el acompañamiento de su tambor mágico.
Yo participé en dos peregrinajes de peyote, en 1966 y después en 1968. Lo que sigue está esencialmente basado en el segundo de éstos, cuando en dos vehículos transportamos a dieciséis huicholes, incluyendo a cuatro mujeres y tres niños (el más pequeño de sólo siete días de nacido cuando iniciamos el viaje), desde Nayarit, en el occidente de México, a Wirikúta. Estos dos peregrinajes fueron conducidos por el ya fallecido Ramón Medina Silva, un artista y chaman carismático y dotado que durante varios años había vivido marginado de la tradicional sociedad de agricultura de subsistencia de los huicholes, aunque sin dejar de seguir firmemente comprometido con la validez de la religión y tradición huicholes. El peregrinaje de 1968 era el quinto que hacia, y culminaba su autoaprendizaje como mara´akarne. Él conduciría después dos más, uno de ellos enteramente a pie (en cumplimiento de un voto que hizo a los divinos ancestros por la curación de la artritis reumática de su esposa Lupe), antes de que ocurriera su muerte trágica, en junio de 1971, durante el tiroteo que tuvo lugar en una fiesta en la que se celebraba la limpia de los bosques de la sierra a fin de tener un nuevo campo para sembrar maíz. Tales fiestas usualmente conllevan mucha bebida, y ella fue la que lo llevó a la muerte. Entonces andaba por los cuarenta y cinco años de edad.
Como el etnógrafo alemán Konrad Theodor Preuss (1908) observó previamente en este siglo, el chamanismo y el ritual huichol, aunque comparten muchos elementos básicos, tienden hacia lo idiosincrático en la ceremonia en sí, y ni siquiera es probable que dos chamanes, aun cuando pertenezcan a la misma comunidad, lleguen a concordar enteramente en la interpretación de una particular tradición. No obstante, la estructura básica permanece. Así sucedió con la versión de Ramón en la búsqueda ritual del peyote: aquí y allá difería de otras descripciones que me habían hecho, pero en lo esencial concordaba notablemente con las que, basándose en las narraciones de los informantes, hicieron Lumholtz y otros estudiosos de la cultura huichol.

“SOMOS RECIÉN NACIDOS”
Absolutamente esencial para el éxito físico y metafísico de la empresa sagrada del peyote es un rito de purificación sexual, concebido para que los peregrinos retornen a un estado de inocencia prenatal. El rito requiere que todos los presentes, hombres y mujeres, identifiquen por su nombre y en público a todos y cada uno de los compañeros sexuales que han tenido desde la pubertad. Esto se aplica incluso a aquellos que no harán el viaje, y que se quedarán para cuidar que el divino fuego del hogar —una de las manifestaciones de la deidad del fuego— permanezca encendido durante todo el peregrinaje.
Para apreciar esto se debe saber que los polígamos huicholes, aunque defienden el ideal de la fidelidad marital, no se distinguen precisamente por su apego a él; que los participantes usualmente son extraídos de la misma, pequeña, comunidad, por lo general de casas más o menos emparentadas por sangre o matrimonio; y que el público, muy atento, las más de las veces está compuesto por los mismos compañeros sexuales cuyos nombres han sido públicamente proclamados. Sin embargo, es una exigencia absoluta que ningún presente, sea esposo, esposa o amante, muestre el menor grado de ira o celos. De hecho, tales sentimientos tienen que ser alejados de lo más profundo del ser (“del corazón de uno”, como dicen los indios), y las confesiones han de ser recibidas con buen humor, incluso alegremente. Por tanto, en vez de recriminaciones o lágrimas, en los dos ritos de purificación sexual que presenciamos hubo risas, exclamaciones, de aliento, y algunas veces oportunos y jococos recordatorios, por parte de maridos, esposas y otros familiares, de asuntos amorosos omitidos inadvertida o deliberadamente.
Como chamán oficiante y manifestación del viejo Dios del Fuego Tatewarí (quien se halla presente en el fuego ceremonial en torno al cual el grupo se congrega para personificar a los peregrinos originales, divinos, de las épocas míticas, pues cada peregrinaje recrea la primera búsqueda ritual del divino cacto), la tarea de Ramón consistía en aceptar la confesión de sexualidad y en “deshacer”, es decir, revertir, el paso del peregrino a través de la vida hacia la edad adulta, y en hacerlo regresar simbólicamente a la infancia y a un estado afín a ese espíritu. Los huicholes dicen: “Nos hemos vuelto nuevos, estamos limpios, somos recién nacidos.”
El tierno estado del “recién nacido” también se simboliza a través de una cuerda anudada que ata a los peregrinos simbólicamente uno con otro y, a través de su chamán, con la Madre Tierra misma. Como si desatara el ombligo, el chamán ata un nudo para cada compañero y después enrolla la cuerda en forma de espiral, que él añade a la parte trasera de su arco de cacería. Esta espiral es una metáfora del viaje al “lugar de origen” y el regreso subsecuente “este mundo” (es decir, muerte y renacimiento). 
El simbólico cordón umbilical cuyos nudos serán desligados a su regreso de Wirikuta no debe de confundirse con la cuerda de nudos-calendario, mencionada por Lumholtz (pero omitida en nuestros dos peregrinajes), ni con el cordel anudado que desempeña una función crucial en la obliteración de la sexualidad adulta, y que representa la cuerda a la cual el chamán ha “atado” la experiencia sexual de todos, y cuyo sacrificio en el fuego completa el rito de purificación.

EL PASO PELIGROSO
Habiéndose despojado, simbólicamente, de su condición y adulta y de su identidad humana, los peregrinos ahora pueden asumir verdaderamente la identidad de espíritus, pues así como su guía es Tatewarí, el Dios del Fuego y Primer Chamán, ellos se convierten en las deidades ancestrales que lo siguieron en la caza primordial del Venado-Peyote. De hecho, sólo como espíritus pueden “cruzar”, esto es, recorrer a salvo, el paso peligroso, el umbral de las Nubes Estrepitosas, que dividen el mundo ordinario del no-ordinario. Ésta es una de las varias versiones huicholes de un tema casi universal en la mitología funeraria, heroica del chamanismo.
Que en la actualidad este extraordinario paso simbólico se encontrara localizado a unos cuantos metros de una carretera densamente transitada en las afueras de la ciudad de Zacatecas, era algo que no parecía aportar gran cosa a los huicholes, quienes siempre, durante toda la marcha sagrada, actuaban como si el siglo XX y todos sus portentos tecnológicos no existieran, ¡aun cuando ellos mismos viajaban en un vehículo de motor y no a pie! En realidad, para nosotros nada ilustraba con tanto dramatismo la cualidad intemporal de toda la experiencia del peyote que ese ritual de pasar a través de un umbral peligroso que existía sólo en las emociones de los participantes, pero que para ellos no era menos real a pesar de su invisibilidad física.
Llegamos a las afueras de Zacatecas a media mañana. Acomodados en el orden propio que Tatewarí decretó en tiempos antiguos, los peregrinos procedieron en fila india hacia una cueva de cactos pequeños y de espinos que se hallaba a poca distancia de la carretera.
Escuchaban con atención arrobada cómo Ramón relataba los pasajes relevantes de la tradición del peyote, e invocaba, para la ordalía inminente, la protección y asistencia de Hermano Mayor Kauyumarie, una deidad-venado y héroe de la cultura que es el espíritu ayudante del chamán. En dirección de Ramón, cada uno tomó una pequeña pluma roja y verde de cotorra de un montón que se hallaba en el sombrero de paja de un matewáme (alguien que nunca ha asistido previamente a un peregrinaje de peyote, o sea, un neófito no iniciado), y la ató a las ramas de un espino en un rito propiciatorio que tiene sus analogías entre los indios pueblos del suroeste de los Estados Unidos.
A cierta distancia del camino, los peregrinos fueron conducidos a un espacio abierto que ofrecía un bello paisaje del valle del cual habíamos llegado. Allí formaron un semicírculo: los hombres a la izquierda de Ramón; las mujeres y los niños, a la derecha. Aunque conocían de memoria las tradiciones del peyote, escuchaban cuidadosamente cuando Ramón les platicaba cómo, con la ayuda de las astas de Kauyumarie, podrían pasar a través del peligroso umbral de las Nubes Estrepitosas. Pero desde ese momento hasta que llegaran al Lugar Donde Moran Nuestras Madres, los matewámete (pl.) que había entre ellos tendrían que “caminar en la oscuridad”, pues eran “nuevos y muy delicados”. Empezando con las mujeres en un extremo de la fila, Ramón procedió a cubrir los ojos de los novicios. Aun los niños, incluyendo a los bebés, fueron vendados.
Todos tomaban el vendaje de los ojos con gran seriedad; algunos incluso lloraban, pero también ocurrían los rápidos cambios entre solemnidad y humor que son característicos del ceremonial huichol. Diálogos vivos y cómicos tenían lugar entre Ramón y los veteranos de previos peregrinajes: ¿había comido bien el compañero, había mitigado su sed? Sí, cómo no, la panza estaba llena a reventar de todo tipo de cosas ricas para comer y beber. ¿Le dolían sus pies después de tanto caminar? No hombre, caminaba muy cómodo. (En realidad, nadie había comido más que el magrísimo alimento consistente en cinco tortillas secas por día. Nada de agua se permitía durante el camino a Wirikuta. En cuanto a la caminata, naturalmente nosotros íbamos en automóvil, pero el reconocimiento adecuado de varios sitios sagrados en el camino repetidamente requirió marchas en fila india dentro y fuera del desierto.)
Después del vendaje ritual de los ojos, Ramón condujo a los peregrinos a unos cuantos cientos de metros al noroeste. Allí, un sitio sin interés alguno para el ojo inexperto, era la vertiente mística, el umbral del divino territorio del peyote. Los peregrinos permanecieron inmóviles donde se hallaban, observando intensamente todo movimiento de Ramón. Algunos encendían velas que habían guardado en sus canastas y morrales. Los labios se movían en súplicas silenciosas o apenas audibles. Ramón se inclinó y depositó su arco y flechas en forma de cruz sobre su oblongo takwátsi, la canasta con pliegues del chamán: el arco y el carcaj de piel de venado apuntando al oriente, en dirección de Wirikuta.
Hay dos etapas en el cruce del umbral crítico. La primera es llamada Zaguán de las Nubes; la segunda, Donde Las Nubes se Abren. Las dos se hallan a unos cuantos pasos de distancia, pero el impacto emocional, cuando pasaban de una a la otra, era inequívoco. Una vez a salvo, “en el otro lado”, los participantes sabían que viajarían a lo largo de una serie de lugares de paradas ancestrales en los sagrados pozos de agua maternales donde se pide fertilidad y fecundidad, y desde donde los novicios, ya sin venda en los ojos, pueden tener su primer atisbo de las distantes montañas de Wirikuta. Por supuesto, es inútil buscar en cualquier mapa oficial lugares que tengan nombres como Donde las Nubes se Abren, la Vagina, Donde Moran Nuestras Madres, o incluso Wirikuta mismo, ya sea en, español o en huichol. Como otros sitios sagrados en el itinerario del peyote éstos son territorios que sólo existen en la geografía mítica.
Visualmente, el paso por el Zaguán de las Nubes Estrepitosas era poco dramático. Ramón avanzó adelante, lazó el arco y, colocando una punta contra la boca mientras rítmicamente golpeaba la tensa cuerda con una flecha mixta de punta de madera, avanzó hacia delante. Se detuvo una vez, hizo un gesto (a Kauyumarie, se nos dijo después, para agradecerle el haber sostenido las puertas abiertas con sus poderosas astas) y reinició el camino nuevamente con un paso más rápido, haciendo sonar su arco todo el tiempo. Los otros le siguieron muy de cerca, en fila india. Algunos de los neófitos vendados temerosamente se aferraban a los que iban al frente, y otros lo hacían por sí mismos.

“DONDE MORAN NUESTRAS MADRES”
En la tarde del día siguiente llegamos a los sagrados pozos de agua de Nuestras Madres. Los novicios permanecieron con los ojos vendados todo el tiempo. De nuevo, el escenario físico difícilmente podía considerarse inspirador: un pueblo mestizo empobrecido y más allá un grupo de surtidores, obviamente contaminados, rodeados de fangales: eso era todo lo que quedaba de un antiguo lago que tenía mucho tiempo de haberse secado. El ganado y los dos o tres cerdos que tascaban entre los pozos sagrados tampoco ayudaban a inspirar más confianza en la pureza física —en cuanto opuesta a la espiritual— del agua que los huicholes consideraban el verdadero manantial de fertilidad y fecundidad. En la búsqueda ritual del peyote, sin embargo, no importa lo que podría considerarse el mundo real, sino sólo la realidad del ojo de la mente. “Esto es hermoso dicen los huicholes, “pues aquí moran Nuestras Madres. Ésta es el agua de la vida.”
Por un tiempo, los peyoteros veteranos se afanaron en actividades rituales y los matewámete vendados tuvieron que sentarse calladamente en la tierra, en una hilera, con las rodillas alzadas y los brazos oprimiéndolas fuertemente contra el cuerpo: la posición fetal.
Finalmente, llegó el momento en que debían emergir a la luz, o sea, nacer, quitándoles las vendas. Ramón lo hizo mediante un ritual por separado que incluía el mismo tipo de diálogo humorístico que tuvo lugar cuando llegamos al paso peligroso, después vació sobre sus cabezas un tazón de agua helada que tomó de uno de los manantiales, y les instruyó para que se untaran el fecundo líquido profusamente en su rostro y cuero cabelludo. Se les ofreció, un segundo guaje lleno de agua para que bebieran, con algunas galletas de animalitos previamente humedecidas y con trozos pequeños de tortilla, “porque están nuevecitos, nomás pueden tomar comida tierna”.
Dejaron ofrecimientos en los manantiales y llenaron con el agua preciosa numerosas botellas y otros recipientes. La manera en que llenaron las botellas celebraba inequívocamente la unión de lo masculino y femenino, pues Ramón y otros peyoteros hundían una flecha de caza en un pozo de agua y retiraban unas gotas con las puntas de madera dura: la flecha era insertada entonces en una botella que aguardaba y las gotas eran sacudidas con un movimiento que simulaba el acto sexual. Con esto todos los requerimientos rituales que preparaban la verdadera cacería, arco y flecha en mano, del Hermano Mayor Venado-Peyote estaban cumplidos. El agua llevada primero a Wirikuta. y después a casa, para que los peregrinos que retornaban la usasen en los ritos del peyote y en otras ceremonias, y para rociarla con manojos de flores sobre las cabezas e incluso sobre el ganado hembra, un acto simbólico de fertilización que recuerda la tradición prehispánica en la que el gobernante tolteca Mixcoátl procrea al rey sacerdote y héroe de la cultura Quetzalcóatl, impregnando a su esposa con rociadores de flores (otra versión habla de una joya de jade). Los contenidos de los manantiales de Nuestras Madres parecen implicar de esa manera aspectos tanto masculinos como femeninos.

(Tomado de: Furst, Peter T. - Alucinógenos y Cultura. Colección Popular #190. Traducción de José Agustín. Fondo de Cultura Económica, México, 1980)

sábado, 6 de julio de 2019

Decreto sobre Salario Mínimo, 1914

Decreto sobre Salario Mínimo


Eulalio Gutiérrez


Eulalio Gutiérrez, general de brigada del Ejército Constitucionalista, gobernador y comandante militar del Estado de San Luis Potosí, en uso de las facultades de que se haya investido, decreta lo siguiente:


Ley sobre sueldo de peones


Art. 1°.: El tipo mínimo del salario para el trabajador en el Estado de San Luis Potosí , a contar del día 16 de los corrientes, será de $0.75 (setenta y cinco centavos) diarios y el tiempo máximo de trabajo será de nueve horas diarias. En las minas el salario mínimo será de $1.25 (un peso veinte y cinco centavos) diarios. En los lugares o en las negociaciones o industrias en que se hayan estado pagando salarios mayores que el mínimo que ahora se fija no podrán disminuir aquéllos.


Art. 2°.: En las fincas de campo no se le cobrará al trabajador el agua ni la leña que hubiere menester para su gasto doméstico y se le proporcionará gratuitamente casa habitación que reúna las mejores condiciones posibles de higiene y comodidad.


Art. 3°.: El salario que devengue el trabajador le será cubierto precisamente en moneda de circulación legal y sin descuento alguno, semanariamente.


Art. 4°.: El comercio es libre en el estado. Quedan prohibidas en absoluto las tiendas de raya. Las que existen en las haciendas, empresas industriales, ranchos, etc., sólo podrán continuar como establecimientos ordinarios, sin que se obligue a los peones a comprar en ellas o a recibir mercancías a cuenta de pagos o jornales. Se prohíbe que los hacendados o patrones favorezcan directa o indirectamente a algún comerciante en perjuicio de los demás. El dueño o encargado de todo rancho, hacienda o empresa industrial, de acuerdo con una comisión o delegación del Ayuntamiento respectivo, designará un sitio a propósito que se destinará a mercado plaza de comercio, haciendo, de común acuerdo también, la distribución equitativa de lotes entre aquellos comerciantes que lo soliciten y quienes no pagarán otros impuestos que los determinados expresamente por las leyes. La plaza de comercio no tendrá menos de cien metros por lado.


Art. 5°.: Los trabajadores de las fincas de campo pueden tener en ellas, sin pagfar arrendamiento por concepto de pastos, aguas, etc., aparte de los animales domésticos de cualquiera clase necesarios para su uso personal y el de su familia, hasta cinco animales de ganado mayor y diez de menor. Respecto del exceso pagarán cuotas, previa autorización de la autoridad política, pagándoles entretanto la mitad de las acostumbradas.


Art. 6°.: En lo sucesivo las deudas contraídas por los trabajadores de campo prescribirán de oficio en el término de un año, contándose éste, para cada préstamo o cargo en cuenta desde la fecha del mismo préstamo o cargo, aun cuando al trabajador se leclleve cuenta corriente.


Art. 7°.: Queda absolutamente prohibido poner cualquier género de trabas que de alguna manera dificulten al obrero o trabajador que en todo tiempo pueda cambiar de residencia o simplemente ir a otra parte en busca o aceptación de trabajo.


Art. 8°.: No procede contra los obreros y trabajadores la providencia de arraigo por asuntos civiles.


Art. 9°.: No son susceptibles de embargo los salarios. Tampoco lo es el que a los trabajadores corresponda en los contratos a partido o de aparciería o a destajo.


Art. 10°.: El hacendado que diere tierras a partido, proporcionando al trabajador los útiles de labranza necesarios, inclusive las yuntas y semillas, cuando las tierras sean de temporal y estén abiertas, no podrán percibir más del veinte y cinco por ciento de la cosecha. Si las tierras fueren de riego y estuvieren abiertas y el hacendado proporcionare los elementos necesarios para el trabajo, la parte que le corresponderá no podrá ser mayor del cincuenta por ciento de la cosecha. En ambos casos se entenderá que ésta será recibida a la orilla de las mismas labores y su conducción y transporte, a donde convenga a los interesados, será por cuenta de ellos.


Art. 11° (fracción A): Los anticipos que el hacendado haga al trabajador para el sostenimiento de su familia o pago de jornal, hasta levantar su cosecha, será en dinero efectivo y se devolverán al recogerse ésta, bien sea que el trabajador venda lo que le corresponde o pague su adeudo al hacendado o que a éste le convenga tomar semillas o lo que tenga el trabajador, siempre que sea al precio de la plaza más cercana y con deducción solamente de los fletes que reporten.  


Art. 11° (fracción B): Se considera deuda de peón, redimible en las condiciones que establece la fracción anterior, hasta la cantidad de $50.00 (cincuenta pesos) anuales, considerando lo que exceda de esa cantidad como deuda civil sujeta a las leyes vigentes.


Art. 12°.: El Gobierno establecerá en esta ciudad una oficina que se denominará “Departamento del Trabajo”, que estará a cargo de un director con el número de empleados competentes, y la cual conocerá de todos los asuntos relativos al trabajo. Procurará el mejoramiento de la clase obrera y, muy especialmente, que esta ley se haga efectiva e investigará la oferta y demanda de trabajo, a fin de que los trabajadores puedan fácilmente encontrar trabajo y mejorar su situación. El mismo “Departamento del Trabajo” procurará que las empresas críen, en relación a su capital y utilidades, fondos que tengan por objeto obras de beneficencia en favor de sus propios trabajadores.


Transitorios


Art. 1°.: Los beneficios de esta ley no son renunciables en ningún caso.


Art. 2°.: Se concede acción popular para la denuncia de las infracciones a la misma.


Art. 3°.: Todas las quejas relativas a sus trasgresiones serán por conducto de las autoridades políticas inmediatas, para que éstas las hagan llegar a conocimiento del Ejecutivo.


Art. 4°.: Es facultad del Ejecutivo imponer las multas que a su juicio crea pertinentes a los infractores de esta ley.


Art. 5°.: Habiendo sido hasta ahora exclusivamente bajos los salarios, deben esrtimarse como un complemento de ellos los anticipos, préstamos o cargos en general, hechos a los trabajadores por los hacendados o patrones y, por lo tanto, se declaran pagadas por los peones o trabajadores del campo todas las cuentas que con tal motivo se hayan llevado y que tengan saldo en su contra. Por tanto, mando se cumpla y ejecute el presente decreto y que todas las autoridades lo hagan cumplir y guardar y, al efecto, se imprima, publique y circule a quienes corresponda.


Dado en el Palacio de Gobierno del Estado de San Luis Potosí, a los 15 días del mes de septiembre de 1914.


Eulalio Gutiérrez.


(Tomado de: Contreras, Mario, y Jesús Tamayo - Antología. México en el siglo XX, 1913-1920, textos y documentos. Tomo 2. Lecturas Universitarias #22. Dirección General de Publicaciones UNAM, 1983)