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lunes, 26 de octubre de 2026

Alburear


 Alburear 

Donde más se manifiesta el ingenio mexicano es en los albures. Los machos afirman que es una capacidad exclusiva del género masculino mexicano. Sin embargo, hoy por hoy, las mexicanas aprecian más los albures, tanto que muchas veces son ellas las que alburean. No obstante que, como dice Carlos Monsiváis, "el chiste del albur reside en la humillación femenina y en la feminización de la tontería sexual". Cuando los mexicanos están entre ellos, les encanta alburearse. Imaginemos la siguiente escena. Hay un grupo de hombres en una cantina, uno de ellos dice: "¿Te molesto con el chile?", y el amigo contesta: "A ver si puedes". Todos se ríen y se sienten muy machos. Un chaparrito decide contar un chiste: "Dijo el poeta de la honestidad: "Mi camino es el recto". ¿Cómo dijo?". Todos se ríen y se sienten muy machos. Como bien dice Monsiváis, el albur fue táctica para burlar la censura. Por último, no podemos dejar de mencionar uno de los albures más famosos, el cual se convirtió en un "graffiti muy mexicano". Éste es el gallito inglés,/ míralo con disimulo,/ quítale el pico y los pies/ y métetelo en el…


(Tomado de: Loaeza, Guadalupe - El ABC de las y los mexicanos. Random House Mondadori, S..A. de C. V., México, Distrito Federal, 2007)

lunes, 21 de septiembre de 2026

Agarrar

 

Agarrar 

Aun cuando se trata de un verbo transitorio, para muchas y muchos mexicanos es un indicativo trascendente en una conversación. Existe como una elocución muy mexicana. Cualquier charla informal se puede sintetizar en un "agarra y me dijo y que agarro y le contesto”.

Esta expresión, que en el fondo no dice, no explica, no expresa nada singular o genuino, si le pone mucho sabor a una conversación de lo más informal, casual y personalísima. Es una muletilla que ya se volvió patrimonio lingüístico de los mexicanos. 

Vamos a recrear un ejemplo: 

“Que agarra y me dice: "¿Qué hacías con él?", comenta una chica a su amiga. "Entonces que agarro y que me pongo bien nerviosa y que agarro mi bolsa y que abro la puerta del carro y él que agarra y me agarra del brazo y me dice: "No te hagas tonta, a mí no me ves la cara, te advierto que si me entero de algo, agarro a golpes al güey ese". Y yo que agarro que me pongo a llorar de los nervios... y que agarra y me dice: "Ya cálmate, no me saques de onda... mejor agarra tus cosas y bájate del carro, ahí muere... mejor llégale". Y agarra y que me abre la puerta del coche y que agarro y que me bajo.”

Esta expresión en verdad se convierte en un hilo conductor de las conversaciones, le da un ritmo y un toque hasta de misterio, digamos que no sólo atrapa al interlocutor sino que otorga un sentido melodramático al relato. Agarrarse de esta muletilla garantiza un tiempo y estilo discursivo.


(Tomado de: Loaeza, Guadalupe - El ABC de las y los mexicanos. Random House Mondadori, S..A. de C. V., México, Distrito Federal, 2007) 

jueves, 27 de agosto de 2026

Ahorita

 


Ahorita 

No hay conversación mexicana en que no surja la expresión "ahorita". He allí un término que se puede utilizar igualmente en diminutivo "ahoritita", y no precisamente para acortar el tiempo, sino para alargarlo y postergar lo que se va a hacer; como puede significar en el preciso momento, puede ser dentro de una hora, una semana, un año o ¡nunca! Es tan recurrente que en algunas personas se ha convertido en una muletilla. 

Veamos un ejemplo: 

"Ahorita, en este momento, se me van a bañar", dice la señora mientras habla por teléfono. "Sí, mamá, ahorita vamos", contestan los niños sin dejar de ver la televisión. Después de unos minutos, la madre empieza a gritar como loca: "¿Qué no les dije que ahoritita se me fueran a bañar? Cuando digo ahorita, quiero decir ahoritita, no antes ni después, sino ahorita. Ya dijo su papá que ahoritita venía y si los encuentra sin bañar se va a poner furioso”.

En las oficinas de gobierno el "ahorita" es tal vez la expresión más utilizada entre jefes y empleados. "Señorita, por favor, venga ahorita a mi oficina." "Sí, licenciado, ahorita voy", mientras la secretaria termina una conversación telefónica con el novio: "Ahoritita te hablo, me llamó el jefe", dice a su interlocutor, quien contesta: "Llámame más tarde, porque ahorita voy a salir un momento”.

Este mexicanísimo adverbio de tiempo es el más socorrido en las llamadas por celular. No es extraño escuchar a las señoras que llevan horas en una comida, llamar a su casa y decir a la nana: "¿Cómo están los niños? Ahorita voy para allá. Dígales que ahorita hagan su tarea. Ya voy a pedir la cuenta para irme ahoritita mismo y llegar antes que el señor. No tardo..." Todo eso dicen mientras apenas está empezando el plato fuerte. Una hora más tarde, llamará del coche, para decir: "Ahoritita voy para allá". Al colgar, pide al chofer que pase por la tintorería y, antes de bajar del coche, le sugiere: "No se mueva de aquí porque ahoritita regreso". Cinco  minutos después viene una patrulla. El agente dice al conductor: "Ahorita no se puede parar aquí". A lo que el chofer alega: "Ahorita me muevo. Ahoritita viene la señora, me dijo que no se tardaba”.

(Tomado de: Loaeza, Guadalupe - El ABC de las y los mexicanos. Random House Mondadori, S..A. de C. V., México, Distrito Federal, 2007)

jueves, 30 de julio de 2026

Acarreo

 



Acarreo

Práctica políticamente incorrecta que deriva siempre en fraudes no sólo electoreros sino sociales. "Fueron acarreados y luego ni les cumplieron." En nuestras sociedades el acarreo toma todas las formas posibles e imaginables: para que voten, para que no voten, para hacerse de allegados, para quitarles a sus adversarios, para hacer multitud y caos. Es una práctica socorrida donde la gente es convocada al ritual de las promesas, de la fe ciega y las necesidades. El acarreo es el viaje en autobús de las ilusiones y las esperanzas, es el tour ilusorio de los cambios que los políticos aprovechan a su favor sin necesariamente hacer ninguno. 

Los beneficios del acarreo es que los convocados asumen el acto como un día de fiesta, como un paseo familiar, vecinal e incluso municipal que no pagan, aunque el costo resulta ser muy alto. Como el fin justifica los medios, ser acarreado puede traer la posibilidad de un viaje en autobús con alimentos incluidos para conocer zonas alejadas en su visita o deseos por venir, pero que nunca llegan. El objetivo del acarreo es incidir en el voto, en la decisión individual, y el acarreado quizá tampoco cumpla el perverso fin, pero tanto acarreador como acarreado son felices en el ritual del caos. 


(Tomado de: Loaeza, Guadalupe - El ABC de las y los mexicanos. Random House Mondadori, S..A. de C. V., México, Distrito Federal, 2007)