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viernes, 15 de abril de 2022

¿Quién excomulgó a Miguel Hidalgo?

 


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¿Quién excomulgó a Hidalgo?

La Inquisición recordaba en todo momento que el principio de obediencia seguía vigente a pesar de la insurrección. Los insurgentes estaban expuestos a penas de excomunión, como la que recibió Hidalgo por herejía y apostasía. Se le acusaba no tanto por sedición, sino por "errores groseros contra la fe", en concreto contra la eucaristía y la confesión. También en temas mariológicos y por fomentar prácticas inmorales. Al responder a la acusación, Hidalgo dijo en su defensa que si no hubiera sido por su levantamiento militar, no habría sido amenazado de excomunión. Las penas le parecían abusivas y las denunció. Al final, el obispo electo de Michoacán, don Manuel Abad y Queipo, decretó su excomunión ferendae sententiae en Valladolid (ahora Morelia), el 24 de septiembre de 1810. Queipo había sido amigo personal de Hidalgo, pero se opuso desde un principio al movimiento de Independencia, pues defendía la soberanía española. Este tipo de excomunión consiste en obtener la sentencia del juicio de una corte eclesiástica. Difiere de la otra forma, late sententiae, la cual es automática y se lleva a cabo en el momento mismo del acto herético.

Al año siguiente se le hizo a Hidalgo la pregunta fundamental: ¿creía compatible su estado clerical y la doctrina evangélica con la insurrección, luchar por la independencia y romper la unidad de la monarquía política? A pesar de la excomunión que le decretó el obispo Abad y Queipo, la Inquisición no lanzó contra él ningún cargo por cuestiones de fe y de costumbres. Finalmente se le impuso la pena de dimisión del estado clerical por fomentar la insurrección. Por medio de una ceremonia de terrible escenificación, perdió el fuero eclesiástico y fue entregado al brazo secular. La ejecución se llevó a cabo el 30 de julio de 1811.

Esta medida provocó los ataques de los insurgentes contra Abad y Queipo, quien irónicamente fue una de las figuras más sobresalientes del clero novohispano. Fue una de las primeras personas en pronosticar la posibilidad de un levantamiento armado si no se mejoraban las condiciones de los indios y las castas. Dirigió a Carlos IV su célebre obra Representación al rey, sobre inmunidades al clero. Queipo escribe sobre una sociedad virreinal con notables síntomas de descontento. En ese documento pospuso la abolición general del tributo a los indios y a las castas, sectores sociales marcados por el maltrato. Se atrevió a proponer una distribución igualitaria de las tierras y la libertad para establecer fábricas de algodón y lana. Sin embargo, tras enviar un informe para denunciar los actos violentos de Calleja, viajó a España para asistir a un interrogatorio por sus ideas liberales en beneficio de la independencia de América. Él mismo padeció en 1816 un proceso de la Inquisición por haber sido amigo de los insurgentes. En 1824 el régimen absolutista español lo encarceló en el monasterio de Sisla hasta su muerte en medio de la pobreza un año después.


Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

jueves, 19 de agosto de 2021

¿Qué opinaba Fernández de Lizardi acerca de la independencia?

 

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¿Qué opinión tuvo Fernández de Lizardi acerca de la Independencia?

José Joaquín Fernández de Lizardi, autor de El periquillo sarniento, la primera novela hispanoamericana, reprobó desde siempre la corrupción de las autoridades coloniales. En su periódico El Pensador Mexicano atacó ferozmente al gobierno virreinal de Venegas. En un artículo felicitó al virrey por su cumpleaños y le sugirió modificar una orden recién emitida. El virrey lo mandó encarcelar y prácticamente por él se suspendió la libertad de prensa.

Para el escritor, quien fue una de las figuras políticas y literarias más importante de la época, la insurrección de 1810 había sido una improvisación sin resultados sustanciales, aunque eso no quiere decir que rechazara las ideas del cura Hidalgo. Por el contrario, Fernández de Lizardi era partidario de la independencia y alababa la lucha de José María Morelos y Pavón. Esto se puede constatar en su artículo "Aviso patriótico a los insurgentes de la sordina". Dio su apoyo a las ideas proindependentistas de los representantes americanos que fueron a Cádiz. Al restaurarse la Constitución de 1812, analizó en detalle el documento político en otro de sus periódicos, El Conductor Eléctrico.

En 1821 el ejército español había logrado capturar a todos los insurgentes, con excepción de la guerrilla de Vicente Guerrero. Ese mismo año, en su panfleto Chamorro y Dominguín, publicó "Diálogo jocoserio sobre la Independencia de América", en donde dijo que el ejército realista era tan débil que la independencia se daría casi por sí misma.

Es muy conocida su novela El periquillo sarniento, producto precisamente de la censura, pues al no poder redactar sus notas periodísticas, su máxima especialidad, decidió volcarse en la narrativa. Nunca perdió la oportunidad de educar, pues estaba convencido de la extrema importancia que esto tenía para las personas y desde luego para forjar a la nueva nación en vísperas de emerger. Por eso su estilo adopta un estilo de sermón. Su principal preocupación no era hacer literatura, sino corregir los abusos que existían en esa época en la sociedad. Sin embargo, ninguna causa le preocupó más que la educación infantil, una herencia de José María Barquera, editor del primer periódico mexicano: El Diario de México.

Fernández de Lizardi terminó por unirse al partido de Agustín de Iturbide en esta lucha por la búsqueda de la independencia. En Tepotzotlán, donde creció, era director del periódico que leían las tropas del Ejército Trigarante. Antes de que Iturbide fuera coronado emperador, Fernández de Lizardi se proclamó a favor de un sistema republicano. Después prefirió adoptar la monarquía con un emperador local, pues de acuerdo con los Tratados de Córdoba existía la posibilidad de que un Borbón viniera a gobernar México. Aunque intentó influir en las decisiones de Iturbide para lograr la institución de la monarquía constitucional, no lo logró y tiempo después le rogó abdicar. Tras la muerte del emperador disculpó sus peripecias en una obra titulada "Unipersonal de don Agustín de Iturbide, emperador que fue de México".

En 1823, en su periódico El Hermano del Perico que Cantaba Victoria, Fernández de Lizardi advirtió que existía la posibilidad de una nueva conquista española. Entre los ideales reformistas de Fernández de Lizardi sobresale su creencia en la igualdad ante la ley, por supuesto en la libertad de prensa, en la elección directa de los legisladores y en la importación de tecnología con miras a acumular el capital en México.

(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)


jueves, 15 de julio de 2021

¿Era fácil conseguir armamento para los insurgentes?

 


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¿Era fácil conseguir armamento para los rebeldes?

Conseguir los materiales de la guerra y el financiamiento era muy difícil, pues además de los riesgos que se corrían con ello había escasez de armamentos. Para conseguir las armas y las municiones era preciso recurrir al extranjero y entrar en contacto con las principales potencias por medio del contrabando. Las potencias que en aquel entonces podían auxiliar a los rebeldes eran Inglaterra, Francia, Austria, Estados Unidos, los estados alemanes y Rusia. Pero en ese tiempo Europa era un campo de batalla. Manuel Palacios Fajardo, un enviado venezolano, logró entrevistarse con Napoleón Bonaparte, quien hizo gestiones con el gobierno norteamericano en sentido favorable. Inesperadamente Napoleón cayó y la escena política modificó de nuevo su curso. El nuevo monarca de la Casa de los Borbones, Luis XVIII, buscaba afianzar la monarquía. Francia decidió apoyar a España para defender su colonia y hostilizar en todo lo posible a los rebeldes. A los patriotas mexicanos no se les ocurrió ir a Francia porque en México el sentimiento era antinapoleónico. La opción más viable, y por otra parte más cercana, era recurrir a los Estados Unidos, país que tenía una política compleja, pues establecía como principio mantener en todo lo posible la neutralidad con España por el asunto pendiente de la adquisición de la Florida y a la vez aplaudía la posible emancipación de las colonias norteamericanas.

Hidalgo, ya en Guadalajara,se dio cuenta de la necesidad de conseguir armamento. En 1810 nombró a don Pascual Ortiz Letona para que fuera a los Estados Unidos. Pero la carencia de un puerto dificultó la comunicación con el extranjero. Letona tuvo que ir a Veracruz, que era una ciudad realista, y en el camino fue detenido.

En marzo de 1811 Bernardo Gutiérrez de Lara se presentó en la Hacienda de Santa María quien expresó su entusiasmo sobre la Independencia y se prestaba a ir a los Estados Unidos con la misión de pedir refuerzos. Hidalgo le dio instrucciones verbales y Gutiérrez de Lara se encaminó a la nación estadounidense. En esa época el secretario de Relaciones Exteriores era James Monroe, autor de la inmortal frase "América para los americanos" y que tanto malestar han causado las variables infinitas de su significado.

Gutiérrez de Lara llegó a Natchitoches, en Luisiana, para entrevistarse con Monroe. Ante la petición, el secretario le dijo que apoyaría en todo a la independencia de las colonias españolas. Le daría armas y municiones, además de 27000 hombres, no sin antes establecer una "buena" constitución para establecer la felicidad de sus habitantes. La sugerencia del día fue adoptar la misma Constitución de los Estados Unidos para así formar una potencia norteamericana verdadera. El comisionado mexicano se levantó furioso de su silla. Pero su perseverancia era una de sus virtudes y envíó a un comisionado a Haití para pedir auxilio a su presidente. Sin embargo, Haití era neutral y no quería ayudar. Gutiérrez de Lara se dedicó a comprar municiones en el sur de los Estados Unidos ocupación muy difícil ante la extrema vigilancia del gobierno virreinal.


(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

lunes, 10 de mayo de 2021

Por qué tomaron los rebeldes el estandarte de la Virgen de Guadalupe como su imagen representativa


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¿Por qué tomaron los rebeldes el estandarte de la Virgen de Guadalupe como su imagen representativa? 

La devoción a la Virgen de Guadalupe en México es probablemente el factor religioso más importante en el país. Desde el siglo XVIII, pero en especial desde hace 200 años, tiene un papel fundamental en el sentido de la mexicanidad y de la identidad nacional. Así lo hizo saber fray Servando Teresa de Mier cuando en 1794 pronunció un sermón acerca de la Virgen de Guadalupe. El fraile regiomontano explicó que los antiguos mexicanos ya habían recibido la enseñanza cristiana antes de que llegaran los españoles, pues Quetzalcóatl era en realidad Santo Tomás. Éste cruzó el Atlántico para predicar la palabra de Cristo. Con estos argumentos ya no había justificación para la Conquista ni para la ocupación española. La aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531 le otorgó a la iglesia mexicana una espiritualidad propia. Ya no eran los misioneros españoles los portadores de la religiosidad; era la intervención directa de la Madre de Dios, quien escogió a un Indio como testigo de su aparición, lo cual le daba un sustento nativo y, lo más importante, americano.

Era una creencia muy difundida que la Virgen socorría a los pobres y a los oprimidos. La evocación de su nombre era un remedio para la sequía y las epidemias. Defendía a las clases menos privilegiadas de las injusticias de los ricos y poderosos. Los rebeldes incluso llegaron a creer que la Virgen de Guadalupe intervenía por medio de estrategias milagrosas en el campo de batalla.

Desde hace 200 años la iniciativa de utilizar el blasón de la virgen como símbolo de la insurgencia se le ha adjudicado a Hidalgo. Fue en parte una contestación al uso de la Virgen de los Remedios por parte de los realistas. Ignacio Allende, lugarteniente del cura, al igual que muchos otros testigos, subrayó la espontaneidad con la que el religioso eligió esta imagen como insignia. Esta acertada elección le dio al movimiento una legitimidad religiosa. Pero se tiene registro en el Archivo General de la Nación de una confesión judicial en la que Allende, en mayo de 1811, se muestra ambiguo en cuanto a la autoría de la elección: "por idea de alguno de la compañía". Aunque la paternidad de la idea por lo visto no está clara, lo contrario sucede en cuanto a la respuesta. La aprobación fue absoluta y determinó en gran medida (aunque no en su totalidad) el éxito del movimiento: la gente del pueblo que se unió al ejército de Hidalgo en 1810 de Dolores a San Miguel el Grande y finalmente a la ciudad de Guanajuato, llevaba el estandarte con la imagen de la virgen. Durante los años de la rebelión perduró el uso tanto de la iconografía como de la palabra. En el saludo cotidiano en plazas, zócalos, afuera de las casas o en los caminos la gente utilizaba algún tipo de seña: "¿Quién vive?" La contraseña era: "Nuestra Virgen de Guadalupe" o "América". El hecho de contestar "España" o "Nuestro Señor Fernando" significaba que se era realista. Además la ideología se portaba literalmente en las mangas, en donde era frecuente llevar todo tipo de insignias y distintivos. También se llevaba en los sombreros, que en el caso de los realistas era común ver los famosos "Fernanditos".

Miguel Hidalgo, como se acostumbra creer, eligió la imagen de la virgen sin mayor premeditación, pero el éxito de la elección residió en que liberaba a los criollos de sus orígenes españoles.

(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

miércoles, 6 de enero de 2021

Qué era el movimiento de Los Guadalupes


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¿Qué era el movimiento secreto de Los Guadalupes?

Tras el golpe de 1808, casi todas las actividades de oposición al régimen colonial se realizaron en secreto. Las autoridades coloniales juzgaban y enjuiciaban cualquier intento de conspiración. El Virrey Francisco Javier Venegas ordenó que se estableciera una "vigilante policía", para lo que emitió un reglamento, aprobado por Real Acuerdo. Por lo tanto, aparecieron dos sociedades secretas: Los Guadalupes, la cual surgió en la ciudad de México, y la derivada de la Sociedad de Caballeros Racionales de Cádiz, que se organizó en Jalapa y de filiación masónica. Los integrantes de Los Guadalupes se reunían con frecuencia en tertulias y sin llamar demasiado la atención. Existía una necesidad imperiosa de los insurgentes para unir a sus simpatizantes a la causa. La sociedad prestaba auxilio material y moral y transmitía cualquier información útil. Los integrantes estaban al tanto de las medidas que las autoridades querían tomar en contra de los insurgentes, lo que hace suponer que algunos de sus miembros eran parte de la administración virreinal. Los informes se firmaban con nombre en clave (Señor Núm. 1, Señor Núm. 2 etc.) o con seudónimos, aunque por lo general usaban en sus escritos la designación "los guadalupes". Además el grupo buscaba constantemente a personalidades que pudieran ayudar al movimiento, como fue el caso del abogado Andrés Quintana Roo. La sociedad redactaba sus informes entre varios miembros. Cuando Morelos se convirtió en la figura principal de la lucha armada, Los Guadalupes redactaron una carta ofreciendo sus servicios. Para hacer llegar su correspondencia, los miembros del grupo secreto utilizaban mensajeros y correos leales. Sus simpatizantes participaban también en la cadena secreta de comunicaciones. Los iniciados tenían que jurar la defensa de la religión católica, rechazar la dominación extranjera, evitar la efusión de sangre y guardar los secretos. En la ceremonia de iniciación, los nuevos miembros prestaban juramento de guardar el secreto de la asociación bajo pena de muerte.

Solían utilizar una serie de astucias para guardar los documentos y evitar que fueran descubiertos. Ocultaban cartas en las suelas de los zapatos. La sociedad también se encargaba de hacer circular los periódicos de la época: Diario de México, Las Gacetas, El Pensador Mexicano, El Juguetillo, El Español de Londres y Diario de España, entre otros. A veces tenían que arriesgar su vida para llevar tipos de imprenta o hasta la imprenta misma, para lo cual ocultaban las piezas en los arneses de los carruajes o en cargas de carbón. Algunos de los integrantes estaban dedicados exclusivamente a la mensajería; otros sólo ayudaban a hacer llegar correo ocasional. Los Guadalupes tenían su propio periódico, en el que redactaban las noticias políticas, militares y económicas más sobresalientes del país. Gracias a ellos, la obra de fray Servando Teresa de Mier comenzó a circular por la Nueva España, además de difundir la Constitución de Cádiz de 1812. Los Guadalupes pagaban a los impresores una cuota para que no difundieran su existencia, algo de vital importancia. Había una revisión periódica de la fidelidad de los miembros, además de vigilar de cerca a los espías del gobierno virreinal.

Otra de sus funciones era sostener a las familias de los patriotas que estaban en el campo de guerra. Ayudaban también a los nuevos miembros de la insurgencia y eran consultores a la vez. Morelos les enseñó los proyectos de Constitución que había redactado junto con Rayón y Bustamante. Las derrotas que sucedieron en 1814 le dieron la oportunidad a Calleja de perseguirlos interminablemente. Los llamaba la "junta diabólica". Cuando las fuerzas reales fusilaron a Morelos en 1815, la sociedad quedó sin un líder y su actividad disminuyó. Cuando Xavier Mina se incorporó a la lucha insurgente en 1817, la sociedad adquirió un aire vigorizante, pues además se alió a la secta la masonería. 

(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

viernes, 11 de diciembre de 2020

¿Cómo era el comercio de la Nueva España?


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¿Cómo funcionaba el comercio en México antes de la Independencia?

Desde los primeros descubrimientos de Cristóbal Colón se creó un sistema de impuesto y control económico que se iba a desarrollar y por consecuencia a complicar. Los impuestos más antiguos eran el tributo que se les cobraba a los indígenas y el quinto real (el cual se redujo más tarde al décimo que se aplicó a todos los metales preciosos). A éste más tarde se le agregó un fuerte cargo por derechos de importación y de exportación tanto para España como para las colonias, una alcábala de 6% sobre el total de las ventas. Con la finalidad de reducir al máximo posible la vida económica de las colonias, estaba prohibido el comercio con los países extranjeros. Bajo la perspectiva de los consejeros económicos de la Nueva España, México existía con la finalidad de proporcionar riquezas a la madre patria. Esa mentalidad respondía a las teorías económicas en boga en esa época: el mercantilismo. Si una colonia no hacía al país más fuerte y autosuficiente, entonces se consideraba más un lastre que una ventaja. Las políticas españolas para con la Nueva España fueron extremadamente proteccionistas, lo cual se traduce en una rígida cadena de limitaciones impuestas bajo orden de la Corona. El crecimiento natural de la industria y del comercio se truncó, pues a los comerciantes en España se les protegió de la competencia en la colonia. Las Indias españolas tenían la única función de proveer la materia prima, la cual se transformaría en bienes hechos en España, para después venderlos a los colonos. La Corona propuso a los campesinos y a los trabajadores en general que emigraran a América. Esto no ocurrió: como consecuencia, las labores físicas eran para la clase de color, a la cual se le consideró como el verdadero tesoro de la Colonia. Los esclavos eran propiedad de sus amos, quienes podían comprarlos y venderlos. Trabajaban hasta los límites de lo exhaustivo.

La industria también estaba vigilada para impedir la competencia con los productos españoles. Las mercancías de lujo venían de España y poca gente podía comprarlas. En México, las cosas para el uso diario se fabricaban en los talleres de la ciudad, por ejemplo, la manta. Estos talleres, llamados obrajes, sumaban en total 25 y estaban dispersos a lo largo de la ciudad. Los trabajadores eran en su mayoría indígenas. Las condiciones laborales de la época eran punibles, pues los artesanos realizaban su trabajo encerrados en cuartos y aspirando la pelusa que despedían las telas; la mayor parte de ellos moría de enfermedades respiratorias. El único día de descanso era el domingo, durante el cual solían ir a visitar a su familia.

Además de los obrajes existían los sastres, los herreros, los zapateros, los cereros y los orfebres, quienes se agrupaban en gremios. Una persona de color podía conseguir trabajo en un taller pero sólo una persona blanca podía ascender al grado de maestro. La situación laboral dentro de los gremios era en parte un poco menos dramática, pues había el sentimiento de pertenecer a una comunidad en la que los miembros se protegían entre sí en caso de enfermedad o de alguna necesidad económica.

Toda la producción de la Nueva España dependía de la agencia que controlaba el comercio: la Casa de Contratación en Sevilla. Su función era, ante todo, beneficiar a la economía española. El control burocrático era letárgico y requería de montones de papeles sellados y firmas de las autoridades tanto para salir como para entrar a la Nueva España. La modalidad, desde 1560, fue que las mercancías que se exportaban, en su mayoría materias primas, debían salir del puerto de Veracruz en barcos españoles con tripulación española. Debido a la piratería, los navíos salían en grupos y con escoltas para defenderse de cualquier ataque.

Además de las ganancias que la Corona obtenía por medio de la agricultura y la minería, los monopolios de azogue, pólvora, sal, pulque y tabaco le daban mayores ganancias. Existían alrededor de 60 impuestos distintos para los colonos. El más odiado era la alcabala: un impuesto sobre la venta de casi 14% en el siglo XVIII. El almojarifazgo era un impuesto de 7.5% para las importaciones y las exportaciones. Las leyes económicas de los Habsburgo no fueron del todo eficaces. El control arbitrario de la economía colonial interna fomentó la industria y el comercio. Las condiciones locales eran precarias: no existían ni caminos ni transportes, había muchos robos y las agresiones constantes de los chichimecas del norte impidieron el crecimiento de una economía fuerte. Además, el abastecimiento de los barcos españoles era muy deficiente, pues sólo venían a México una vez al año y en ocasiones no alcanzaban a llegar. Los productos eran muy caros por su escasez y su abastecimiento era irregular. Esto provocó en los colonos el alejamiento paulatino de la Nueva España, quienes cada vez se volvían más introspectivos y autosuficientes los colonos. Con la crisis que le aguardaba a España y el resentimiento cosechado durante siglos, inauguraron una nueva mentalidad, una nueva postura y el inicio de las ideas independentistas.

(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

viernes, 1 de marzo de 2019

La expulsión de los jesuitas y el inicio de la guerra de Independencia



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¿Cómo influyó la expulsión de los jesuitas en la conformación de la Independencia mexicana?

La expulsión de los jesuitas provocó un descontento generalizado que permeó las distintas capas de las esferas sociales novohispanas. En la Nueva España, las élites recibían educación de los jesuitas, quienes además promovían el culto a la Virgen de Guadalupe. La expulsión tuvo severas consecuencias morales en la población, pues una vez más la imposición venía de las autoridades metropolitanas. Contrario a las costumbres de las tres órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos y agustinos), los jesuitas formaban sociedades autosuficientes que producían sus propias fuentes de abasto y se interesaban en la obtención de propiedades. Esto era mal visto, pues se consideraba que tales iniciativas contradecían la parquedad característica de las congregaciones religiosas.

En 1767 España impidió la permanencia de los jesuitas en territorio americano. Esto redujo considerablemente los recursos y los lugares intelectuales del patriotismo criollo, justo en el momento en que la ilustración aportaba nuevas ideas acerca de la historia. Los jesuitas ejercían una fuerte influencia sobre las opiniones y las actividades políticas. Esta cualidad les ganó el odio de los tiranos anticlericales. Entre 1760 y 1770 los jesuitas tuvieron que abandonar los distintos puntos en los que se encontraban. Carlos III de España había designado para la operación el envío de carrozas que conducían a los religiosos a los puertos para embarcarlos y enviarlos lejos lo antes posible. Lo mismo sucedió con los jesuitas en México. El virrey fue amenazado de muerte si permitía que uno solo de los religiosos se quedara en el país, pues eran ante todo una fuente de divulgación del poder y los educadores de la elite criolla. La edad de oro de los jesuitas en México fue de 1700 a 1767, cuando surgieron eruditos notables como Francisco Javier Alegre (1729-1788), Francisco Javier Clavijero (1731-1787), y Andrés Cavo (1739-1802).

El 2 de junio de 1767, antes del amanecer, un grupo de funcionarios reales penetraron en sus conventos y tomaron a los 678 miembros de la orden para obligarlos a dirigirse a Veracruz- en el momento en que se dio a conocer la noticia, un sinnúmero de personas se reunió para asistir al éxodo. La comitiva tuvo que abrirse paso a golpes. En diversos pueblos hubo revueltas que terminaron en 90 ejecuciones. En abril de 1768 la Inquisición recibió una carta firmada por los “Pobres Cristianos de Puebla”, advirtiendo del armamento popular en defensa de su religión. Se discutieron las medidas necesarias para extirpar el “fanatismo” que se había desencadenado a partir de la expulsión de la orden. 

Los diputados hispanoamericanos de las Cortes de Cádiz nunca lograron obtener el apoyo de sus compañeros para hacer que los jesuitas regresaran.

Los jesuitas dirigían 103 misiones indígenas y 23 colegios, en donde eran irremplazables. Cuando llegaron deportados a Europa, ningún país quiso recibirlos.

 Tuvieron que navegar largo tiempo por el Mar Mediterráneo hasta que encontraron un refugio temporal en la isla de Córcega, en el sur de Francia. Lo que resulta curioso es que una de las ciudades más importantes de América tuvo que recurrir de manera casi clandestina a un jesuita exiliado, Francisco Javier Clavijero, para que escribiera una historia acerca de la Nueva España en defensa de las teorías antiamericanistas que circulaban en Europa. En el exilio jesuita fue donde el patriotismo criollo pudo enfrentarse a los golpes ideológicos de la Ilustración europea. Gran parte de los jesuitas exiliados no fueron hombres que ignoraran los avances del conocimiento; por el contrario, eran hombres que tenían conocimiento de las novedades científicas, de las corrientes filosóficas y de la misma historiografía del siglo XVIII europeo. Los jesuitas tuvieron la intuición suficiente para reconocer que era necesario dejar atrás la cultura barroca en la que estaba impregnada la sociedad novohispana durante el siglo XVII.

Esta ruptura en la vida cotidiana de la Nueva España ayudó a incrementar el descontento frente a las autoridades españolas. Abad y Queipo había previsto que la remoción de la orden sería una amenaza que debilitaría los vínculos de lealtad que estaban en el corazón y en la mente de la clase más baja. Las protestas en contra del acto demostraban hasta qué punto implícita o explícitamente el pueblo se había separado ya de la figura de autoridad a la cual estaba cansado de someterse.

(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)



martes, 12 de febrero de 2019

Los masones y el movimiento de Independencia


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¿Apoyaron los masones el movimiento independentista?


Los masones surgieron en el siglo XVIII cuando un grupo de albañiles (maçons en francés) quería liberarse de los frailes benedictinos. Estos disidentes formaron gremios para monopolizar la construcción. Llegaron a la Nueva España con el gobierno del Virrey Revillagigedo (1746), una época en la que muchos súbditos franceses escapaban de los jacobinos. Aún es tema de controversia la aseveración de que Hidalgo y Allende eran masones. A esta institución pertenecieron personajes como Simón Bolívar, fray Servando Teresa de Mier y Antonio Sucre, todos pilares de los movimientos emancipadores de la Colonia española. Los masones enfatizan la importancia que tiene el esfuerzo hecho para la comunidad y dan gran valor a la lealtad.

La conexión masónica fue fundamental en esos años, pues fue un punto nodal para los partidarios de la Independencia. Le dio al movimiento un carácter y una continuidad. Difundió el conocimiento práctico y dio un centro institucional para lograr que las campañas insurgentes lograran coordinarse. Las logias tenían el dicho: “Unión, firmeza y valor”, parte de los principios que profesaban los masones, así como la regularidad, amistad, unión, fraternidad, prudencia, amor, esperanza, tolerancia y filantropía.

Los masones se reunían en la casa de Juan Esteban Laloche en la ciudad de México. En esas reuniones se leían las obras de la Ilustración, se debatía en torno a los aciertos y los errores de la Revolución francesa y además se tenía la costumbre de celebrar los solsticios.

La primera logia masónica en México se fundó en 1806 y se llamó Arquitectura y moral. Estaba en la casa de Manuel Lugando, el regidor del ayuntamiento de la ciudad. Sus reuniones en 1810 eran clandestinas y en esa misma época los realistas se dieron cuenta de la conspiración de Hidalgo. Los masones jugaron un papel muy importante en el período de la Independencia y en la formación del Estado nacional. Gracias a las logias masónicas, los patriotas mexicanos tuvieron acceso a corrientes de pensamiento europeo y comenzaron a familiarizarse con los ideales de la modernidad: la libertad de creencia, de prensa, de religión y la idea fundamental de que gracias al esfuerzo individual y a la investigación racional de las leyes de la naturaleza y de la sociedad los individuos pueden perfeccionarse ellos mismos y a la humanidad. Estos conceptos irrumpieron de una manera casi violenta en una sociedad dominada por la tradición. En parte, la presencia de la masonería en México explica el énfasis que la nueva nación independiente le iba a otorgar a la educación y a las leyes.

Los símbolos masones son instrumentos de construcción, números y formas geométricas que refieren a la edificación de una arquitectura moral. Los masones en México se dedicaron a reflexionar sobre la mejor manera de fundar los elementos constitucionales del país. El problema, años más tarde, sería que el consenso para determinar lo que es adecuado para la nación es una tarea sumamente compleja y que generó discrepancias dentro de la masonería.

(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

sábado, 26 de enero de 2019

las Reformas Borbónicas

(Carlos III, por Francisco de Goya)
 
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¿Qué eran las Reformas Borbónicas?

Las Reformas Borbónicas eran un conjunto de reformas políticas, administrativas y fiscales dictadas desde España a raíz de la sustitución de la dinastía de los Habsburgo por la de los Borbones en 1700 y durante la mayor parte del siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión española (1701-1710). Felipe V pertenecía a la dinastía de los Borbones; su autoridad dispuso una serie de cambios que no se planearon desde el principio, pero que estaban basados en las ideas de la Ilustración. Esto implica que el monarca utilizó herramientas racionalistas, como la especialización administrativa, la obediencia de reglas fijas, un mayor control sobre las provincias y un apego absoluto a la autoridad del rey.

Las Reformas Borbónicas buscaban ante todo restablecer como la autoridad suprema la fuerza del rey, pues en la Nueva España la autoridad estaba sumamente diluida, tanto desde el punto de vista territorial como entre los diversos grupos del poder. Con la excepción de Portugal, casi todos los territorios de la península se incorporaron a la Corona de Castilla, de donde surge la imperativa necesidad de revisar la administración.

Estas medidas pretendían modernizar el sistema fiscal, la producción de la minería y descentralizar el sistema administrativo del virreinato mediante la división del territorio en diversas intendencias. Este cambio surgió sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII con el reinado de Carlos III (1759-1788), un seguidor empedernido de las ideas de la Ilustración, entonces en boga en Europa.

Una de las primeras observaciones que hizo el monarca fue que los monopolios de los comerciantes y de los gremios de los puertos de Veracruz y Acapulco perjudicaban la competencia y sostenían muy elevados los precios, por lo que la economía estaba estancada. En la década de 1760 Carlos III solucionó el problema al abrir otros puertos en Campeche y Yucatán, y antes de que terminara el siglo se les concedió el mismo derecho a otros puertos. Entre 1764 y 1765 se logró terminar con el monopolio de Cádiz, cuando se permitió que otros puertos en España pudieran comerciar libremente con las colonias. En 1790 se abolió la Casa de Contratación de Sevilla, que fue la institución encargada de las exportaciones y del comercio durante 287 años. La Corona estimuló la economía con la disminución de impuestos, la revisión de las leyes aduanales, la dotación de azogue a los mineros, además de organizarles una asociación.

En la década de 1720 había gran optimismo, pues la producción de plata iba en aumento, en parte gracias a las medidas que la Corona implementó, pero también debido a una mejora en la tecnología, a la subida del precio de la plata y al descubrimiento de yacimientos nuevos en Guanajuato.
 
(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

lunes, 7 de enero de 2019

La Inquisición en la Nueva España



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¿Cómo se mantenía a la sociedad en orden?

Existía una institución con capacidad para regir las esferas de la vida política y eclesiástica.

 Esta fuerza la tenía la Inquisición. Capaz de combatir el crimen, cualquier herejía o mínima sospecha de un atentado en contra de la Iglesia católica o del virreinato de los Habsburgo, la Inquisición se originó en Europa y continuó su desarrollo en México. Por su antigüedad, estaba conformada por una serie de normas y reglas muy complejas, además de su exasperante burocracia. La Inquisición tuvo una influencia innegable en la mentalidad y en el comportamiento de todas las capas sociales de la colonia. La Inquisición favorecía la ortodoxia religiosa y política, por lo que cuando comenzaron a llegar las ideas de la Ilustración fue muy difícil que lograran difundirse. El recuerdo que dejó su presencia fue el uso desmedido de la tortura y ser el órgano censor por excelencia. Cualquier idea que atentara contra la vida religiosa e intelectual de la Nueva España se reprimía de inmediato.

La Inquisición se estableció por primera vez bajo la orden del papa Gregorio IX en 1233.

Fue una medida para combatir a los diversos movimientos disidentes que surgieron durante la Edad Media. Como los arzobispos estaban muy ocupados con sus labores pastorales, no tenían el tiempo para ejercer el castigo. Por eso el papa creó los tribunales en Francia, Alemania e Italia. España se quedó sin una Inquisición formal, pues todas sus fuerzas estaban concentradas en reconquistar el territorio que estaba en manos de los árabes.

Fernando e Isabel, los reyes católicos, pidieron al papa Sixto IV la creación de esta institución semejante para España. Una de sus características primordiales sería el privilegio de ser independiente del papa, permiso que se conoce como "patronato real". Así la Corona tenía la libertad de nombrar a sus dirigentes en España y en América. Se estableció por primera vez en Santo Domingo. En la Nueva España, la Inquisición se fundó en 1570 y desapareció en 1820 con la Independencia. Antes de su establecimiento, los primeros obispos asumían la función de inquisidores. Esta forma primitiva buscaba corregir las conductas "erradas" de los indígenas. Desde 1571 hasta 1700, castigaba cualquier acción contraria a la cristiandad, con la blasfemia, la bigamia, la sodomía, la bestialidad, la fornicación y las peticiones sexuales de los curas. Esta institución frenó en buena medida el desarrollo intelectual. Publicaba un "Index", el cual contenía todos los libros prohibidos. Con el libro bajo el brazo se realizaban "visitas de naos" a los barcos, para cazar estas publicaciones vedadas. Entre 1700 y 1820 mantuvo una actividad incesante y castigó a todos aquéllos que se mostraban contrarios a su doctrina, como fue el caso del cura Hidalgo y de José María Morelos y Pavón.

De acuerdo con la ley civil, los juicios de la Inquisición tenían que cumplir con el procedimiento fijado por Tomás de Torquemada en la obra Instrucciones de 1484. El procedimiento se iniciaba con el edicto de fe, en donde se enumeraban las denuncias. A los acusados se les encarcelaba para esperar su juicio y muchas veces morían sin él. El caso se revisaba o se insistía al acusado para que confesase. En muchos casos se aplicaron las técnicas de tortura, las cuales estaban reglamentadas en cuanto a su procedimiento y duración. Según la ley, la tortura debía utilizarse una sola vez, pero los inquisidores suspendían la operación para reanudarla días más tarde.

(Tomado de: Cecilia Pacheco - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)