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viernes, 22 de abril de 2022

Maximino Ávila Camacho


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En Puebla el mando lo tenía el gobernador del estado, general de división Maximino Ávila Camacho, digo el mando y no el gobierno, porque mandaba en la zona militar, en la jefatura de Hacienda, en los telégrafos, en el correo, en la superintendencia de los ferrocarriles y en el episcopado.

Gonzalo N. Santos

Maximino, el extravagante, ambicioso y soberbio hermano mayor de Manuel Ávila Camacho, se destacó en el movimiento revolucionario por su crueldad; militó en el constitucionalismo, pero en 1920 secundó la rebelión de Agua Prieta y en 1924 combatió en Morelia a las fuerzas delahuertistas. En contraste con el ánimo conciliador de su hermano Manuel durante la guerra cristera, Maximino combatió a los católicos con ferocidad y en 1930 estuvo involucrado en las torturas de los vasconcelistas que fueron asesinados en Topilejo.

Como gobernador de Puebla, cargo al que ascendió en 1937, reprimió y censuró los movimientos obreros, y acumuló una cuantiosa fortuna que provenía de la corrupción que acostumbraba el hermano del mandatario. Furiosamente antizquierdista, mantuvo al estado fuera de las transformaciones cardenistas y fundó un grupo político que mantuvo el poder en la entidad hasta 1975.

Cárdenas designó candidato oficial a la presidencia en 1939 a Manuel Ávila Camacho, quien resultó electo ante la furia de su hermano. Resignado, Maximino esperaba un puesto en el gabinete, pero Manuel lo instó a seguir al frente del gobierno poblano hasta que concluyera su mandato, dos meses después. La oportunidad de cumplir su capricho le llegó en 1941, cuando el general de la Garza, presentó su renuncia a la Secretaría de Comunicaciones "por motivos de enfermedad". Maximino tomó su lugar.

Al poco tiempo de haber tomado el cargo, quedó de manifiesto para todos que la intención del hermano del mandatario era usar el puesto como peldaño para la presidencia y para obstaculizar la candidatura presidencial de Miguel Alemán Valdés, a quien llamó facineroso y amenazó de muerte.

El 17 de febrero de 1945, durante la inauguración del Centro de Asistencia destinado a la Confederación Regional Obrera, en Atlixco, Maximino Ávila Camacho pronunció su último discurso: "Si la reacción presenta un candidato contrario a los postulados de la Revolución, militaré en las filas de la Revolución para defender los postulados de 1910". Poco después fue invitado a un banquete que las autoridades municipales de Atlixco ofrecían en su honor, pero sintiéndose indispuesto fue necesario trasladarlo a Puebla, donde murió pocos minutos más tarde a consecuencia de un síncope cardiaco. Así, la sucesión presidencial en 1946 quedó allanada para Miguel Alemán.


(Tomado de: Molina, Sandra – 101 villanos en la historia de México. Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F. 2008)




lunes, 1 de marzo de 2021

Mexicanos, espías de los nazis

(Oficinas de simpatizantes del Partido Nazi, ubicadas en la calle de López 23, Cd. de México)
 

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¿HUBO MEXICANOS QUE FUERON ESPÍAS DE LOS NAZIS?

Durante la Segunda Guerra Mundial reconoció la importancia que tenía para ellos contar con México como uno de sus aliados. No sólo necesitaban el petróleo de nuestro territorio para la Blitzkrieg (guerra relámpago), sino que también les resultaban imprescindibles otros recursos minerales utilizados en la fabricación de armas. Además, por la ubicación geográfica de nuestro país, haber tenido bases militares aquí les hubiera sido de tanta ayuda que el final de la guerra podría haber sido muy distinto.

Fue por esto que los alemanes llevaron a cabo diversas operaciones en nuestro territorio -todas las cuales han sido negadas por la historia oficial y vueltas uno de los secretos mejor guardados de México-, desde la Operación del Opio, con la que buscaban inundar de narcóticos -fundamentalmente marihuana, heroína y opio- las bases norteamericanas de California, hasta diversas operaciones de propaganda -los nazis utilizaron a Telesistema mexicano como la puerta principal de entrada de sus mensajes hacia América Latina-, de apoyo a los movimientos de ultraderecha contrarios al gobierno mexicano y de cooptación de altos funcionarios, gracias a quienes podrían evitar las prohibiciones de comercio que se les habían impuesto desde Estados Unidos.

En cada una de las operaciones mencionadas, así como en las referentes al mero tráfico de información clasificada, los servicios secretos nazis, la Gestapo y la Abwher, tuvieron cómplices, aliados y sirvientes mexicanos. Al final, el entramado tendido por Hitler llegaba a todos los rincones del país, a todos los sectores políticos y a todas las clases sociales. Hilda Kruger, la bellísima actriz alemana elegida por Goebbels y el Führer para iniciar la red, había cumplido su cometido. Enamorados de ella estuvieron Ramón Beteta y Miguel Alemán; el entonces secretario de Gobernación incluso le puso un departamento en la otrora lujosa colonia Roma. Las puertas del gobierno y de la sociedad mexicana se les habían abierto.

Junto con Hilda Kruger, quien se ocupó de los hombres del poder político, llegaron a México el entonces hombre más rico del mundo, el suizo Hans Werner, quien tendió la red con los millonarios locales; el multimillonario petrolero Jean Paul Getty, quien se relacionó con los responsables del hidrocarburo y con los movimientos contrarios al régimen, y el actor estadounidense Errol Flynn, quien tendió el manto sobre la alta sociedad nacional y transportaba droga y armas a bordo del Sirocco, su lujoso yate.

Entre los hombres con quienes mayores relaciones sostuvieron, y quienes más apoyaron a la Alemania nazi, los que fungiendo no sólo como espías sino también como aliados del Führer, se pueden mencionar a: Maximino Ávila Camacho, el hermano del presidente Manuel era el encargado de la red de suministro de petróleo; Ramón Beteta y Miguel Alemán, los amantes de Hilda que facilitaron la entrada y la salida de los agentes de la Abwher y que fomentaban la comunicación entre los gobiernos de México y Alemania; Francisco Javier Aguilar González, el general que creara y liderara el cártel del opio; el general Juan Andrew Almazán, a quien los nazis apoyaran durante su campaña por el poder y durante su posterior intentona de rebelión -cabe señalar aquí que este apoyo se transfirió después al movimiento sinarquista, entre cuyos líderes estaba Salvador Abascal-; Donato Bravo Izquierdo, quien fuera gobernador de Puebla; Gonzalo N. Santos, ex gobernador de San Luis Potosí, y, entre los empresarios, vale la pena señalar a Azcárraga Vidaurreta, quien apoyó a los nazis transmitiendo su propaganda a través de la estación de radio W.

(Tomado de: Marcelo Yarza - 101 Rumores y secretos en la historia de México, Editorial Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2008)