lunes, 30 de abril de 2018

Agustín Ahumada y Villalón

Agustín Ahumada y Villalón



Marqués de las Amarillas. Se ignoran el lugar y fecha de su nacimiento; murió en Cuernavaca el 5 de febrero de 1760. Cuadragésimo segundo virrey de la Nueva España, había cobrado prestigio militar en las guerras de Italia y gobernado la ciudad de Barcelona. Entró a México el 10 de noviembre de 1755. Celebró la institución del patronato de la Virgen de Guadalupe (1756); trató de corregir los vicios de los eclesiásticos de Puebla; intervino, tratando de avenir a las partes, en los litigios que suscitó el descubrimiento de los minerales de plata nativa de la Iguana, en el Nuevo Reino de León; consiguió pacificar, por conducto del gobernador Miguel Sesma, la provincia de Coahuila; continuó las obras del desagüe del valle de México; envió auxilios a Filipinas, amagada por los infieles, y a Florida, para contener a los ingleses; organizó los lutos por la muerte de la reina María Bárbara de Portugal; despachó a España una flota de 11 navíos, custodiados por 2 de guerra (1756); y asistió con oportunidad al presidio de San Sabás, cercano a san Antonio de Béjar, sitiado por los indios comanches sublevados.

   En 1757 las tropas virreinales constaban de 2897 hombres, organizados en 15 cuerpos formados por 61 compañías. Los mayores efectivos se encontraban en Veracruz y México; en el interior había partidas de 7 a 100 soldados.

Las minas de plata más productivas en esa época eran las de Bolaños, en Jalisco, y la Voladora, en Nuevo León. El situado a Filipinas se aumentó a 70 mil pesos anuales, pues el producto de la Real Hacienda montaba a $7.4 millones. En 1759 nació el volcán del Jorullo, en la jurisdicción de Ario (Michoacán), y el 10 de agosto de ese año murió el rey Felipe IV, quedando la reina como gobernadora hasta la mayoría de edad de Carlos III. Una de las últimas acciones del virrey fue mandar limpiar de arena las calles de Veracruz, pues a muchas de las casas se entraba ya por las ventanas a causa de los médanos. Muerto en Cuernavaca, fue sucedido por la Audiencia, presidida por Francisco de Echávarri, hasta que llegó el nuevo virrey Francisco Cajigal de la Vega, gobernador que había sido de La Habana.


(Tomado de: Enciclopedia de México)





Francisco Eduardo Tresguerras

Francisco Eduardo Tresguerras


Nació el 13 de octubre de 1745 en la ciudad de Celaya. Hizo sus estudios de arquitecto en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, sobre la pintura no tuvo mucha importancia lo poco que ejecutó.

Su escasa fortuna no le permitió ni siquiera soñar en ir a Europa, se conformó con visitar la capital de la Nueva España. La mayor parte de su vida la pasó en el Bajío donde ejecutó grandes y maravillosas obras de arte.

Dejó para la posteridad obras como: la iglesia del Carmen en Celaya,


el pórtico de san Francisco, el Puente de la Laja, la torre de san Agustín de la misma ciudad; en Querétaro ejecutó la fuente de Neptuno,

la fachada del convento de Teresitas, el exterior del templo de Santa Rosa, en San Luis Potosí, y esa hermosa caja de Agua, y muchas otras más.

(Tomado de: Casasola, Gustavo – 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976. Vol. 2. Editorial Gustavo Casasola, S.A. México, 1978)

sábado, 28 de abril de 2018

Juan Acuña y Bejarano

Juan Acuña y Bejarano






Marqués de Casafuerte, 37° virrey de la Nueva España, nacido en Lima, Perú, en 1658; gobernó de 1722 hasta su muerte, en 1734. Hizo construir la Casa de Moneda y la Aduana de Veracruz; estableció una fundición de cañones en Orizaba. En el primer año de su virreinato fueron sometidos los coras, en la Sierra del Nayar, indígenas que habían logrado mantener su independencia hasta dos siglos después de la conquista de México. Además, trató de poblar Texas con colonos venidos de las Islas Canarias.

(Tomado de: Enciclopedia de México) 

Jaume Aiguader i Miró

Jaume Aiguader i Miró



Nacido en Reus, España, en 1882; murió en la ciudad de México en 1943. Fue presidente del Ateneo Enciclopédico Popular de la Asociación de Funcionarios Municipales y alcalde de Barcelona, diputado a las Cortes de la Segunda República Española, subsecretario de Sanidad y Asistencia Social y ministro de Trabajo. Exiliado en México desde 1939, escribió La fatiga obrera, El nostre moviment cientificmedic, Els metges en el renaixement y Elogy dels metges en la medicina. En 1945 se publicó en México, como homenaje póstumo, su libro Miguel Serret, una biografía del descubridor de la circulación pulmonar de la sangre.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo 1)

viernes, 27 de abril de 2018

Sonia Amelio

Sonia Amelio



Nació en la ciudad de México en 1947. Discípula de Joaquín Amparan, comenzó su carrera artística como ejecutante de piano. A los 6 años de edad ofreció conciertos en el Teatro de las Bellas Artes. Después estudió actuación con Semi Sano, Dimitrio Sarrás y Alejandro, y danza con Sergio Unger, Enrique Delezzi y Fernando de Córdoba; pero finalmente se hizo crotalista porque descubrió que con las castañuelas se podía iniciar una nueva expresión artística con acento en la música sinfónica. Aram Jachaturian, el notable músico soviético, escribió para ella La Viuda Valenciana, cuyo estreno mundial ocurrió en Bellas Artes, y el compositor jalisciense Manuel Enríquez le dedicó Tripartita al estilo antiguo, para crótalos y orquesta, primera en su género. Ha grabado discos con sus conciertos de danza y castañuelas. También ha actuado en la televisión, el teatro y el cine. Ha filmado, entre otras películas: Crepúsculo de un Dios, El Niño Tizoc, Tacos al Carbón, Es que somos muy pobres (basada en un cuento de Juan Rulfo), y Un Dorado de Villa. Esta última le mereció la Diosa de Plata de 1968, como la revelación artística del año.



(Tomado de: Enciclopedia de México)

miércoles, 25 de abril de 2018

Pedro de Alvarado

Pedro de Alvarado
 


Nació en Badajoz, Extremadura, España, en 1485; murió en la Barranca de Yahualica, Jalisco, en 1541.  De su infancia y años juveniles no se tiene noticia cierta. Sí se sabe que pasó a la Española (Santo Domingo) en 1510 en compañía de sus cinco hermanos y de ahí a Cuba, en donde se dedicó a labores del campo. Participó en la expedición de Juan de Grijalva al litoral del Golfo de México y en 1519 en la conquista de México, distinguiéndose por su bravura y audacia, su avaricia y crueldad con los indígenas, y su gallardía y buen parecer. “Fue de un lindo aire a pie y a caballo”, según dice de él el cronista Garcilaso de la Vega, y por el color rubio de su cabellera y barba, los indígenas le llamaron Tonatiuh, es decir, Sol, o Hijo del Sol, por lo cual lo admiraron y temieron, y, a la postre, lo odiaron. Fue uno de los capitanes más destacados en la hueste de Cortés. Durante 5 años participó con él en aventuras guerreras, en el trato con los indígenas y en la organización de ayuntamientos (Villa Rica, Tepeaca, México). Su crueldad y desprecio por los naturales quedó patente en numerosas ocasiones, muy particularmente en las matanzas de indios indefensos en Cholula y en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan, en ausencia de Cortés. Este último hecho precipitó el regreso de Cortés a la ciudad, la muerte de Moctezuma II, la huida de los españoles por la calzada de Tlacopan y su derrota en la Noche Triste o Noche Tenebrosa como la llama el cronista Bernal Díaz del Castillo. En ella estuvo a punto de perder la vida ante el furioso ataque a la retaguardia que comandaba.
Distinguiose en el sitio y caída de Tenochtitlan (13 de agosto de 1521), como capitán de la fracción que atacó por el lado noroeste (La Lagunilla y Tlatelolco), donde se libraron los combates más recios.


De 1523 a 1526 realizó la conquista de Guatemala, desplegando enorme crueldad con los indios cakchiqueles. Regresó a México a fines de 1526, y en 1527 fue a España a reclamar la gubernatura del territorio recién conquistado. Allí casó y obtuvo el título de adelantado y el cargo de gobernador de Guatemala. Muerta su esposa Francisca de la Cueva, nieta del duque de Alburquerque, retornó a España a desagraviarse ante la Corte de numerosas imputaciones, y a contraer nupcias con Beatriz, hermana de la anterior. En 1538 se le confirmó en la gubernatura de Guatemala, a donde llegó nuevamente en 1539, para organizar una expedición al Mar del Sur (Océano Pacífico), durante la cual tocó las costas de Jalisco. A petición del virrey Antonio de Mendoza, acudió con su tropa a pelear contra los caxcanes y tecos en la gran rebelión de 1540. Al subir la Barranca de Yahualica, en territorio de Jalisco, el escribano Baltasar de Montoya rodó con su cabalgadura y arrolló en su caída a Alvarado, dándole en el pecho un golpe tan fuerte que no duró sino 3 días y expiró el 4 de julio de 1541.


Dos cartas-relaciones se conocen salidas de su pluma. La primera fechada en Utatlán el 11 de abril de 1524, y la segunda en Santiago el 18 de julio de ese año. Son los únicos testimonios presenciales de la conquista de Guatemala, aun cuando hay noticia de una Historia hecha por Gonzalo de Alvarado, según escribió Bernal Díaz del Castillo.


Las cartas-relaciones están escritas en castellano claro y comprensible, usando un leguaje popular. Hace hincapié en que se desenvuelve  en un terreno virgen, inhóspito y peligroso, arriesgando a cada paso la vida; y tiene, al igual que los demás relatos de los soldados-cronistas, un cierto sabor sociológico, al narrar las costumbres, las creencias y la manera de guerrear de los indígenas. Ambas cartas fueron enviadas a Cortés, quien las anexó a manera de apéndice en la Cuarta relación  (Toledo, 1525) que envió a Carlos V. El bibliógrafo español Andrés González de Barcia las incluyó en su obra Historiadores Primitivos de Indias (Madrid, 1749), con el título de Relación hecha a Hernán Cortés refiriéndose a las guerras de Chapolutlan, Checialtenango y Utatlán. Volvieron a imprimirse por Rivadeneira (Madrid, 1852), por Juan de Gavarrete en el Boletín de la Sociedad Económica (Guatemala, C.A., 1874), por A.W. Kuntz (Guatemala, 1913), con prólogo del licenciado Jorge Granados (Guatemala, 1934), y como apéndice del libro Don Pedro de Alvarado de Francisco Hernández del Castillo (1945). Hay traducciones de esas cartas relaciones al italiano, francés, inglés y alemán.


(Tomado de: Enciclopedia de México)

domingo, 22 de abril de 2018

Angeline Beloff

Angelina Beloff (1879-1969)


Por Victoria García Jolly

El crítico de arte Olivier Debroise dijo sobre el trabajo de Beloff: "Sus cuadros de pequeñas dimensiones, sus delicados y deslavados paisajes, sus ilustraciones acuareladas, los diminutos grabados de un modern clasicismo, parecen contenidos si se les compara con la furia coloristica, el monumentalismo de los cuadros de Diego que cuelgan de las mismas paredes en muchas casa de México”. Nació en San Petersburgo, Rusia, donde estudió en la Academia Imperial de las Artes, continuó sus estudios en París.

Angelina fue la primera esposa de Diego Rivera, de quien se separó en 1921. Germán y Lola Cueto la ayudaron a instalarse en suelo mexicano en 1932, donde trabajó como profesora de arte y marionetista hasta su muerte.


(Tomado de: Algarabía #138, Editorial Otras Inquisiciones, S.A. de C.V. México, D.F. 2016)




(Tepoztlán, 1949-1950. Angelina Beloff. Óleo / tela)
Angeline Beloff, olvidada en París.

Cuando Rivera regresó a México, una tarde de 1922, Angeline Beloff, Gachita Amador y Siqueiros fueron a despedirlo al Puerto del Havre. La más tierna camaradería los ligaba. Sus manos permanecieron enlazadas mucho tiempo  y hubo lágrimas en los ojos de los cuatro. El viajero, en el ultimo minuto, ya a punto de subir al barco que lo llevaría a América, le dijo a Angeline:

-Aleja de ti las dudas, mi amor, y sonríe como cuando estás contenta. En cuanto llegue a México sabrás por mis cartas que estoy bien y que no hago otra cosa que reunir dinero para el pasaje de mi mujercita –y le acariciaba la barbilla y la besaba-. El mayor día de mi vida esperaré tu regreso en el puerto de Veracruz y nunca, nunca más nos volveremos a separar.


-¿De veras, Diego? –y la voz de Angeline, que había decidido adoptar la patria del artista, por amor a él, se escapó como el suspiro que aleja de un alma cándida los últimos temores.


En París, Diego y Angeline habían vivido en un departamento de la rue de Saix, callecita proletaria no lejos de la Torre Eiffel. El rumbo estaba invadido por por legiones de gatos pardos y por un penetrante olor a alimentos descompuestos y vino tierno. Las casas –de una misma altura, de un mismo tono gris, casi negro- se parecían todas entre sí y en ellas se perdían, ya entrada la madrugada, sombras que trastabillaban.

En el departamento, ella era “el señor de la casa”. Aportaba hasta el ultimo centavo para el gasto y aun sumas adicionales para distracciones modestas. Frente a su mujer, la actitud de Rivera, satisfecho de sí mismo, el cuerpo presto para recibir todos los placers de la vida, era la del fauno.


(Pareja, s/f. Angelina Beloff. Grabado en madera)

Cuando Angeline, por las noches, regresaba de la casa de antiguedades en que estaba empleada, daba principio a sau trabajo como falsificadora de obras maestras. En un pequeño cualrto al que ni Siqueiros tuvo acceso jamás, había montado su fábrica de primitivos italianos y flamencos, así como de pintores catalanes de la antigüedad.


“No sé si serían sus preferidos, pero de lo que no me cabe duda es de que tenían aceptación en el estrecho ámbito en que ella se movía en aquel entonces. De sensibilidad cultivada con esmero y diestras manos que manejaban con soltura el pincel y la paleta, Angeline era ejemplo de celo en su clandestina actividad.


Diego le decía que se comportaba igual que una alucinada.


-Cuando pinta parece que quiere hipnotizar la tela. ¡Vieras cómo la mira! A veces pienso que sus ojos se han vuelto duros y que ya no podrá moverlos. Trabaja, Siqueiros, con la pasión del creador.


La verdad, sin embargo, era otra, pues no había en Angeline más impulso que el de la generosidad. Una vez le pregunté por qué no dejaba las falsificaciones y hacía su propia obra, por qué no se lanzaba a ese mundo maravilloso en el cual ilumina el artista los cerros y los valles, como si la naturaleza hubiera sido hecha a medias y él tuviera que completarla, que descubrir su parte oculta, pero ella me contestó que uno de los dos debería sacrificarse por el otro.

¿Diego? –y se volvió a mirarle-. Sólo quedo yo, ¿no te parece?”

Empezaron a transcurrir los días, las semanas, inclusive algunos meses sin que Rivera diera la menor señal de vida, ¿Habría llegado a México? En su tránsito se habría desviado para pasar una temporada en La Habana o en los Estados Unidos? ¿Le habría sucedido algo, un accidente, alguna enfermedad grave, quizás mortal?

“En París padecíamos a causa de la miseria. Hasta la última moneda nos era útil. Pero el temor desplazaba todos los sentimientos y Angeline sufría los primeros ataques de histeria.


Decidimos, a costa de lo que fuera, telegrafiar a México. Varios mensajes quedaron sin contestación. ¿Y Diego? Cada vez más alarmados remitimos un telegrama con respuesta pagada. El resultado fue el mismo. Nada. Hicimos una instancia más y el telégrafo nos informó que el destinatario había recibido nuestro mensaje, pero… nada. Rivera había enmudecido. Angeline se hacía la fuerte, pero sus emociones la traicionaban. Cuando hablaba de él palpitaba su pecho, se agrandaban sus azules ojos de porcelana, sus mejillas se coloreaban y la voz se volvía cada vez más más nerviosa y precipitada, hasta que los gritos, las lágrimas, las acusaciones contra el ausente, el llanto, un llanto amargo, con lágrimas gruesas y pesadas, acababan por agotarla.

Yo le reprochaba a Diego su traición de colega. ¿Qué no habíamos decidido que él me contaría cómo encontraba el ambiente artístico de México y a quiénes podíamos tomar en cuenta para iniciar nuestro movimiento muralista, tantas veces proyectado, concebido con ilusión? Diego había ido a México como avanzada. Así lo habíamos convenido. El vería los primeros campos y pisaría antes que nadie esa tierra en la que anhelábamos trabajar. ¿Por qué callaba?


Vi su figura gigantesca, sus enormes pies que se arrastraban como dos reptiles, sus ojos redondos y saltones, de sapo o de vaca, sus manos pequeñitas, blancas, blancas, lampiñas, blanduchas y siempre mojadas; recordé su repugnancia al jabón, el tufo que siempre lo envolvía, sus poses de condescendiente superioridad, y sentí por él algo que se parecía al odio.


(Maternidad, s/d. Angelina Beloff. Grabado en madera / papel)


Por fin llegó un telegrama, pero no provenía de Rivera, sino de la Secretaría de Guerra y autorizaba mi regreso a México, que yo había solicitado tiempo atrás. Cuando Angeline supo que yo también dejaba París, me pidió que la llevara a su patria, que era la de Diego.


Sin poderla apartar de mis brazos, pues era como un ser desvalido que se aferra a lo último que puede salvarla, en vano le hacía yo promesas. Mira Angeline, óyeme, escúchame, por favor. Trataba de hacerle comprender que en México yo le exigiría a Diego, hasta a golpes, si era necesario, que le enviara el dinero suficiente para que ella pudiera reunirse con el pintor cuanto antes. Pero la bella mujer nacida en Tsaritsin sólo tenía en los labios las mismas palabras: ¡Llévame a mi patria, mi patria verdadera!

La crisis duró horas. No recuerdo cómo terminó. Sólo tengo presente que ya en la madrugada caminábamos ella y yo por las calles en penumbra y hacíamos recuerdos de Diego. Había llovido y el fresco nos obligó a levantarnos los cuellos de los abrigos. La visita de Ilya Ehrenburg al departamento de rue de Saix, cuando el escritor ruso trabajaba en su Julio Jurenito, basado precisamente en las mentiras de Rivera, nos divirtió un buen trecho.


Ella era como los niños que han asimilado una paliza y poco a poco retornan a la alegría de su mundo, entre suspiros y lágrimas. Yo la miré a los ojos: aún húmedos, brillaban como las hojas de los árboles.

Del brazo, sin cesar de hablar de Diego, contemplamos el amanecer en plena calle. Poco después reverberaban los adoquines, las fachadas de las casas, los monumentos. El Sena se acoplaba al despertar del día y era el correr de sus aguas un canto en voz baja.


Cuando nos despedimos, el sol daba de lleno en el rostro de Angeline.


-¿Te das cuenta –le dije- que tus cabellos rubios tienen el color de los girasoles de Van Gogh?


Ella se alejó llorando”.


(Tomado de: Julio Scherer García – Siqueiros, la piel y la entraña. Ediciones Era, S.A. México, D.F. 1974)


sábado, 21 de abril de 2018

José Mariano Mociño Suárez Losada




Nació en Temascaltepec, estado de México.


Hizo sus estudios en el Seminario Tridentino de México, sobresaliendo entre sus condiscípulos por su talento extraordinario. Cursó teología con singular aprovechamiento, y habría sucedido lo mismo en todas las ciencias, dice Beristáin, si como emprendió el estudio de ellas hubiese seguido cultivándolas; pero su afición le hizo dedicarse con especialidad a la medicina, y para poseerla con perfección, se consagró a la física experimental, a las matemáticas, a la botánica y a la química.



Discípulo sobresaliente de Cervantes en 1789, fue dos años después acompañando a Sessé en la expedición científica de la entonces Nueva España, y por orden de Carlos IV dio principio a más extensos viajes en 1795, bajo la dirección del mismo Sessé, para examinar las producciones naturales de nuestra patria. En los ocho años corridos desde 1795 a 1804, anduvieron Sessé y Mociño más de tres mil leguas. Cervantes, que contribuyó a esas investigaciones, quedó en el Jardín Botánico de esta capital y la expedición se retiró, transportando a España preciosas colecciones que consistían principalmente en un considerable herbario y gran número de dibujos iluminados, hechos por Anastasio Echeverría, mexicano también, y por Juan de Dios Cerda, diestros artistas.



Había muerto Sessé en 1809, o poco antes, y tanto el herbario como los manuscritos destinados a la Flora mexicana, fueron a parar, en 1820, al Jardín Botánico de Madrid que desde 1815 poseía algunos; pero no así la colección de dibujos, siendo muy pocos los existentes en aquel establecimiento. Mociño conservaba la colección completa de los manuscritos, cuando vicisitudes políticas le hicieron abandonar España y refugiarse en Montpellier.



Allí los vio Decandolle, director a la sazón de aquél Jardín Botánico, y formó de su importancia la más alta idea. Esto, y las pocas esperanzas que Mociño tenía de volver a su patria, y más aún el creer que poco tiempo le quedaba de vida, le moviera a confiar aquel tesoro científico a Decandolle, quien debía publicar las láminas en su obra, como en parte lo hizo. Según una noticia que el sabio francés dejó manuscrita, el número de plantas dibujadas se acercaba a mil cuatrocientas, y había además otros tantos dibujos de animales, siendo muy considerable la cifra de géneros y especies nuevas, a pesar de no tener Mociño en su poder todos los frutos de la expedición. Cuando en 1816 trató Decantolle de retirarse a Ginebra, quiso devolver a Mociño  los dibujos y manuscritos que le había confiado, pero el naturalista mexicano se negó, a recogerlos, diciéndole, según él mismo Decandolle dejó anotado:



No, yo estoy demasiado viejo y enfermo; yo soy demasiado desgraciado; llevadlos a Ginebra; yo os los doy y os confío para el porvenir el cuidado de mi gloria.”




Llevóselos Decandolle, en efecto, y guardólos durante seis meses. Al cabo de ellos pudo Mociño regresar a España, y en abril de 1817 pidió a Decandolle la devolución de las colecciones, temiendo morir antes de que fuese permitido el paso de los Pirineos. La demanda debió haber sido hecha con urgencia, porque deseando Decandolle quedarse con copias de los dibujos, se vio precisado a recurrir a todos los dibujantes de Ginebra, quienes correspondieron con tal eficacia a sus deseos, que no dejó de concurrir ninguno, contándose muchas señoras y otras personas aficionadas. Doscientos fueron los individuos de uno y otro sexo que tomaron parte en este trabajo, logrando concluir en ocho o diez días más de 800 dibujos, dejando 109 delineados. En Montpellier habían sido copiados 71, y duplicados en la colección original que había cedido Mociño a Decandolle 305.



Con todos ellos formó el mismo Decandolle varios volúmenes, a cuya cabeza se haya una nota explicativa del origen e historia de aquellos dibujos, escrita de la propia mano de aquel sabio y de la cual proceden las noticias anteriores. “Decandolle nunca contaba, dice Dunal, este rasgo afectuoso de sus conciudadanos sin que sus ojos se llenasen de lágrimas de ternura”.



Para un sabio y entusiasta por la ciencia, era un grande obsequio y servicio de inapreciable valor, el empeño que tomaron sus compatriotas con sólo manifestarles el sentimiento que le causaba desprenderse de tan preciosa colección “que iba a perderse en algún rincón oscuro de España.” No se equivocó en su predicción, por desgracia.



¡Qué pena para Decandolle, dice Lacegue, ver que se escapaban de sus manos tantos materiales preciosos que se iban a perder quizá para la ciencia. “A esta nueva, dice Flourens, toda Ginebra se conmovió.” Mister Decandolle sólo pensaba hacer copiar algunas especies de las más raras; pero se resuelve copiarle la flora entera; más de cien señoras tomaron parte en este trabajo, y en diez días la Flora de México quedó copiada.






La importancia que los sabios extranjeros dieron a los trabajos preparados para la Flora mexicana, hacen inútiles todos los elogios que de Mociño pudiéramos hacer. Nuestro compatriota pudo por fin entrar a España con las colecciones devueltas por Decandolle, pero bien pronto se realizaron sus presentimientos y los de sus amigos, pues falleció el 12 de junio de 1819, según alguno de sus biógrafos, o de 1922 según otro; en Barcelona como afirman aquéllos, o en Madrid, como dicen éstos.



No se sabe a punto fijo quién se apoderó de sus manuscritos en aquel momento, más se cree que fue el médico que le asistió en su enfermedad, pues cierto pariente próximo de dicho médico los poseía en Barcelona en 1846.



La Flora mexicana, manuscrito que existe en el Jardín Botánico de Madrid , se compone de tres tomos en folio, y hay además el manuscrito de la Flora de Guatemala, formada por Mociño exclusivamente, y multitud de descripciones, índices, apuntes, listas y memorias sueltas que sería largo enumerar aquí y que pertenecen a la expedición de que en su lugar hablamos.



En la Gaceta de Literatura de México, se encuentra el discurso que Mociño pronunció en 1801 al abrirse las lecciones de botánica, discurso en que trató de las plantas medicinales del país. En los Anales de ciencias naturales de Madrid (1804) se halla un extracto de ese notable discurso, las Observaciones sobre la resina del hule, y un artículo intitulado De la Polygola mexicana.



Beristáin cita además: Descripción del volcán del Jorullo, en versos latinos, Impunidad de la Margileida de Larrañaga, Cartas y sátiras contra los aristotélicos y escolásticos, que fueron publicados con el nombre de José Velázquez.



En la obra intitulada La botánica y los botánicos de la península hispano-lusitana, impresa en Madrid en 1858 por el gobierno español y en la que se contienen los estudios bibliográficos y biográficos de Miguel Colmeneiro, se hacen de Mociño los más cumplidos elogios. Para que el lector aprecie más esto, preciso es decir que el señor Colmeneiro no sólo era doctor en medicina, cirugía y ciencias, sino también catedrático de orografía y fisiología en el museo de ciencias naturales de la coronada villa, habiéndolo sido antes de Barcelona y Sevilla. Agregaremos igualmente que la obra que citamos fue premiada en concurso público en enero de 1858.



Mociño es entre los naturalistas mexicanos el que mayor renombre ha alcanzado en el extranjero.


(Tomado de: Francisco Sosa: Biografías de mexicanos distinguidos)

miércoles, 18 de abril de 2018

Salvador Alvarado



Nació en Sinaloa en 1880; murió en la hacienda de La Hormiga, Chiapas, en 1924. Pasó muy joven a Sonora: trabajó en una farmacia en Guaymas, abrió después un comercio en Pótam, en 1910 se afilió al Partido Antireeleccionista y en 1911 se alistó en las fuerzas del general Juan G. Cabral. Al triunfo de la revolución maderista, se le otorgó el grado de mayor. En 1912, al frente del Cuerpo Auxiliar Federal, formó parte de la columna que marchó de Sonora a Chihuahua, a través de la Sierra, para combatir a Pascual Orozco. En 1913 desconoció al gobierno de Victoriano Huerta, ascendió a coronel y se le nombró jefe de la zona militar del centro de Sonora; subordinado a Álvaro Obregón, tomó parte en los combates de Naco (marzo), Santa Rosa (13 mayo) y Santa María (27 junio), y sostuvo durante un año el sitio puesto a Guaymas a cuya plaza entró en julio de 1914. En agosto siguiente fue detenido por sus propias tropas, seducidas por el gobernador Masytorena, pero en octubre fue puesto en libertad por órdenes de la Convención de Gobernadores y Generales Revolucionarios. Reincorporado al constitucionalismo, fue comandante militar de la plaza de México (fines de 1914), lanzó un manifiesto contra la infidencia de Francisco Villa, recuperó Puebla y el 18 de febrero de 1915 fue nombrado gobernador y comandante militar de Yucatán. Desembarcó en Campeche al mando de7 mil hombres, entre ellos la Brigada Ocampo del general Heriberto Jara. Derrotó a las fuerzas del coronel Abel Ortiz Argumedo en los combates de Pocboc, Blanca Flor y Halachó, y el 19 de marzo entró a Mérida.


Puso en vigor los decretos de su antecesor Eleuterio Ávila (1914) extinguiendo para siempre las deudas de los campesinos con los hacendados y prohibiendo que los préstamos futuros que éstos hicieran a aquéllos fueran pagados con trabajo personal; y consagró la libertad de los siervos con otras disposiciones: suprimió los azotes, abolió las tutelas, y curatelas (que se prestaban a sujetar a los indios mediante la retención de sus hijos), permitió a los peones cambiar de domicilio sin previo aviso o permiso y casarse sin el consentimiento del amo, declaró libre la asistencia a la iglesia y acabó con la obligación de besar la mano a los patrones.



El 24 de abril prohibió también la servidumbre doméstica sin retribución, sin contrato y por tiempo indefinido; en junio dispuso que se asignara un salario a los sirvientes y que se indemnizara a las domésticas cuando hubieran sido seducidas por el amo. Procuró persuadir a las mujeres de que ejercieran con plenitud sus derechos y convocó a un Congreso Feminista. El 26 de mayo expidió la ley que creó la escuela rural, cuya enseñanza debía ser “gratuita, laica, obligatoria y hasta donde sea posible integral”; creó colegios civiles en las cabeceras de partido para formar a los maestros, fundó las escuelas Vocacional, de Agricultura y de Bellas Artes; las cajas de ahorro, las huertas y los almacenes escolares; la Ciudad Escolar de los Mayas y las juntas de Educación; bajo la presidencia del profesor Rodolfo Menéndez de la Peña, convocó al Congreso Pedagógico que se celebró en el Teatro Peón Contreras; y durante su mandato, instaló más de mil escuelas. El 11 de diciembre de 1915 expidió la Ley del Trabajo, creando las juntas de conciliación y el tribunal de arbitraje, y reglamentando la actividad de los menores. Fundó en Mérida, además, la Casa del Obrero Mundial. Reglamentó la Ley del 6 de enero de 1915, pero poco pudo hacer en materia agraria porque el presidente Carranza lo obligó a derogar aquella disposición. Paralelamente a estas acciones, cerró prostíbulos, cantinas e iglesias. Sancionada la Constitución Política de 1917, convocó a elecciones y entregó el poder el 1° de enero de 1918. Previamente, en junio anterior, se había formado el Partido Socialista del Sureste. Siendo ya general de División, se sumó  se sumó a la Rebelión de Agua Prieta y fue secretario de Hacienda del 3 de junio al 20 de noviembre de 1920, en el gabinete del presidente Adolfo de la Huerta. En diciembre de 1923 se sublevó en Jalisco, en apoyo de éste, y sostuvo la línea de trincheras de Ocotlán hasta el 9 de febrero de 1924, en que el ejército de Obregón venció su resistencia. Poco después fue aprehendido en Colima, pero gracias a la intervención solidaria de algunos masones (agradecidos con él por haber respetado la vida del general Lázaro Cárdenas) logró huir por Manzanillo y presentarse en Nueva York a De la Huerta, quien lo nombró jefe de la rebelión que ya estaba militarmente derrotada. Reapareció en Tabasco en marzo de ese año y el 10 de junio cayó en una emboscada, cerca del lugar llamado El Hormiguero, en la selva contigua a Palenque. Lo asesinó el teniente coronel Diego Zubiaur, segundo de Federico Aparicio, un general de 27 años.



Alvarado es autor de: Mi actuación revolucionaria en Yucatán (1918), La reconstrucción de México, Un mensaje a los pueblos de América (2 tomos, 1919), Carta al pueblo de Yucatán y Mi sueño. Estos dos últimos textos fueron escritos el 5 de mayo de 1916 y publicados, con prólogo de Antonio Mediz Bolio, en 1955.


(Tomado de: Enciclopedia de México)

Valentín Gómez Farías


Valentín Gómez Farías



Vio la primera luz en la década en que vinieron al mundo la mayor parte de los ilustres varones de la Independencia. Estudió en la Universidad de Guadalajara, su ciudad natal, y a hurtadillas aprendió francés que era entonces lengua prohibida, porque hablaba del enciclopedismo precursor y del racionalismo resultante de la revolución que modeló a los pueblos y a los hombres para vivir los tiempos nuevos.



Graduado médico, ejerció su profesión en Aguascalientes, donde llegó a adquirir una valiosa biblioteca y una posición económica preeminente. Sin embargo, al llamado de la Lucha por la  Independencia y "próxima ésta a lograrse, comprometió todo por ella, armando y organizando a sus expensas un batallón en cuyo sostenimiento gastó la fortuna obtenida en el ejercicio personal".




Así entró al escenario de las contiendas políticas y sociales. En 1824 en el congreso constituyente que elaboró la constitución federal inspirada en los derechos del hombre y en los tratadistas norteamericanos, Gómez Farías luchó como diputado por el federalismo, al lado de Miguel Ramos Arizpe. Ocupó en el gobierno de Zacatecas los puestos de secretario general y de vicegobernador, en los cuales desplegó intensa actividad en defensa del federalismo que era, en la época, la doctrina política más eficaz para luchar en contra del monopolio centralizador y del poder económico y político de la Iglesia.




México padecía entonces las consecuencias de una revolución inacabada, pues ni el Plan de Iguala que consumara la Independencia, ni la constitución de 1824 que estableciera la República, habían logrado destruir la teocracia y el absolutismo de los Borbones y el clero continuaba como regente de la economía de la nación.




La lucha entre partidos y la política reglas transacciones llevó a Gómez Farías, en 1833, a ocupar la vicepresidencia de la república al lado de Santa Anna como presidente. Juró como tal en la cátedral de México y, en breve y sencillo discurso dijo: "Lo que necesita el pueblo es mejorar de suerte. Todo está por hacer. Faltan leyes de hacienda y de enseñanza primaria; falta educar buenos ciudadanos, conocedores de sus deberes y aptos para cumplirlos... Falta justicia, códigos nuevos que resuelvan el enmarañamiento de leyes coloniales. Colonización de vastos desiertos, para asegurar la integridad del país..."




Como si le faltara tiempo, inició de inmediato la tarea: en diez meses, comprendidos dentro del periodo 1833-1834 durante el cual se hizo cargo de la presidencia por ausencia de Santa Anna, con un puñado de legisladores conscientemente liberales entre los que destacaba José María Luis Mora realizó el milagro de "torcer tres siglos de historia" y trazar los derroteros que siguió, desde entonces, la que más tarde habría de ser la generación liberal de 1857.




Gómez Farías aceptó -dice el doctor Mora- el peso enorme que se le echaba sobre los hombros, y la empresa gloriosa de formar una nación libre y rica con los elementos de servidumbre y de miseria que se pusieron en sus manos en 1833. Sin embargo -agrega-, ésta ha sido la primera vez que en la República se trató seriamente de arrancar de raíz el origen de sus males, de curar con empeño sus heridas, y de sentar las bases de la prosperidad pública de unido sólido y duradero.




Pero el fanatismo secular y la tradición colonial simbolizada por Santa Anna, se echó en contra de la administración de Gómez Farías con todo su poder de siglos y éste, "en medio de una rebelión que se introdujo hasta el recinto del Palacio, abandonado de todo el mundo, rodeado de sublevados y conspiradores hasta en el mismo despacho; sin soldados, sin dinero y si prestigio, sacó la Constitución a puerto de salvamento".




Gómez Farías vivió intensamente todos los acontecimientos de su época: entró a las funciones públicas cuando la constitución española se restablecía en México; intervino después en las luchas por la Independencia, en torno al imperio y en las de la Federación.


En 1847, nuevamente al lado de Santa Anna, volvió a gobernar internamente a México, al que defendió contra la invasión norteamericana, contra la Iglesia y contra los conservadores al mismo tiempo. Y entre destierros y excomuniones, diatribas y persecuciones, asistió después, a los 76 años de edad, al juramento de la constitución política de 1857. 17 días después, Valentín Gómez Farías dejó de existir en su casa pueblerina de la Plaza de San Juan, en Mixcoac, D.F. Entonces el clero, que había vuelto al control del gobierno en virtud del pronunciamiento militar de Zuloaga, del golpe de estado de Comonfort y el anunciamiento de la constitución por el partido conservador, negó sepultura al cadáver de Gómez Farías en tierra por él bendita, pues los cementerios habían vuelto al dominio de la Iglesia. Y el hombre que cristianamente combatió a los poderosos y soberbios de la tierra -dice Humberto Tejera- fue inhumado por su hija Ignacia en el huerto de su casa.



Francisco Bulnes, el más virulento adversario de los hombres de la Reforma, reconoció reverente la gigantesca personalidad de Gómez Farías: "No era un estadista; no sabía mentir, ni disimular, ni encogerse, ni ocultarse, ni ceder, ni aflojar. Era el tipo correcto del reformador. Con la vista constantemente fija en el porvenir, con el corazón oscilando tranquilamente entre la apoteosis y el cadalso, con las esperanzas siempre encrespadas por la agitación sideral de su espíritu; sabía o entendía que su misión era el sacrificio, su hogar el holocausto, su fin cualquier tragedia y su gloria la de todos los revolucionarios: el odio de los contemporáneos y la ingratitud de los postreros sí son analfabetas".


(Tomado de: Mejía Zúñiga, Raúl - Benito Juárez y su generación. Colección SepSetentas, núm. 30. Secretaría de Educación Pública, México, D.F., 1972)

lunes, 16 de abril de 2018

Miguel Álvarez del Toro

Miguel Álvarez del Toro


Nació en Colima, Colima, en 1917. Inició su carrera de zoólogo (1939) como vigilante en el Museo de la Flora y la Fauna del antiguo Departamento Forestal y de Caza y Pesca, en el cual era ayudante del director al desmembrarse esta dependencia. Trabajó después de modo honorario en el Museo Nacional de Historia Natural (del Chopo) y cuando el doctor Rafael Pascasio Gamboa, gobernador de Chiapas, fundó en Tuxtla Gutiérrez el Museo de Historia Natural, ocupó en ese establecimiento diversos cargos técnicos y administrativos hasta llegar a ser director del Instituto de Historia Natural, con parque zoológico incluido, en que se convirtió el Museo original. Murió en 1996.



Sus trabajos como zoólogo se conocen internacionalmente. Sus libros publicados son: Los animales silvestres de Chiapas (1952), Los reptiles de Chiapas (1960) y Las aves de Chiapas (1971).

(Tomado de: Enciclopedia de México)



domingo, 15 de abril de 2018

Lucha Reyes



(1906-1944) Nació el 23 de mayo de 1906 en Guadalajara, Jalisco, y recibió por nombre María de la Luz Flores Aceves. A temprana edad quedó huérfana de padre, adoptando el apellido del segundo marido de su madre. A los siete años de edad se trasladó a la ciudad de México. Allí inició la primaria que pronto abandonó para dedicarse a demostrar sus dotes de cantante. A los 13 años debutó en una carpa de la plazuela de San Sebastián junto con los hermanos Acevedo, Amelia Willhelmy y José Limón. Así se forjó en las carpas de las barriadas, como tantos otros artistas que posteriormente alcanzaron gran éxito.



En 1920 viajó a la ciudad de Los Ángeles, California, donde fue recibida muy cordialmente. Allí realizó algunos estudios de canto, desarrollándose como soprano lírica en la opereta, ganando aplausos y categoría. De regreso en México se presentó en el Teatro Esperanza Iris y en el Teatro Lírico como integrante del trío Reyes-Ascencio. A fines de 1927 un viaje a Europa central la separó del trío, tomando su lugar Julia Garnica, por lo que el trío pasó a llamarse Garnica-Ascencio. El viaje fracasó; la presentación del cuadro folclórico que dirigió Juan Torreblanca no tuvo el éxito esperado en la Europa de la posguerra. Ernesto Mangas congregó a los dispersos artistas de aquel espectáculo y Lucha ingresó al nuevo grupo con Margarita del Río y José Rodríguez Pantoja.


Nuevamente en México, con su voz alterada debido a una prolongada afonía, se dedicó a interpretar canciones rancheras. Llegó a ser una de sus máximas exponentes y se la consideró “La Reina del Mariachi”. En 1930 hizo su segundo viaje a Los Ángeles, contratada por Frank Fouce y causó verdadero furor; fue el momento cumbre de su carrera.


Posteriormente actuó en cabarets, películas cinematográficas y emisoras radiofónicas. Sin embargo, añoraba su patria y regresó a ella para interpretar las canciones de numerosos compositores mexicanos, entre ellas La feria de las flores de Chucho Monge y Guadalajara de Pepe Guízar. Falleció el 25 de junio de 1944 tras haber ingerido una fuerte dosis de barbitúricos.

(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

sábado, 14 de abril de 2018

Pedro Ampudia

Pedro Ampudia



Nació en La Habana, Cuba, en 1803; muerto en la Ciudad de México en 1868. Llegó a Veracruz el 1° de agosto de 1821, formando parte del séquito del general Juan O’Donojú, último virrey de la Nueva España. Se adhirió al Plan de Iguala y combatió contra los españoles que continuaron resistiendo en San Juan de Ulúa. Tomó parte en la defensa contra la invasión de Barradas en 1829 y en las campañas de Texas de 1840-1842 y 1847.


Luchó contra el movimiento separatista de Yucatán. Como general en jefe y gobernador de Nuevo León, estuvo en la batalla de La Angostura. Volvió a ser gobernador de Nuevo León en 1854 y durante la Guerra de Tres Años peleó del lado liberal. Después sirvió a Maximiliano. Sus restos están en el Panteón de San Fernando.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

viernes, 13 de abril de 2018

Hellen Escobedo

 
Hellen Escobedo (1934-2010)

(Cóatl -Serpiente, en náhuatl. Espacio Escultórico, Ciudad Universitaria, Ciudad de México)


Por Victoria García Jolly

De madre inglesa y padre mexicano, nació en la ciudad de México. Estudió escultura en el México City College con el maestro Germán Cueto, donde comenzó su actividad experimental. Gracias a una beca, en 1954, cursó una maestría en el Total College of Art de Londres. A su regreso realizó su primera exposición individual en la Galería de Arte Mexicano. Empeñada en lograr que su trabajo, principalmente escultórico, incidiera en temas sociales, incursionó en el geometrismo, el Land Arte y la instalación. Trabajó en el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria junto con otros cinco artistas, lo que representó para ella una búsqueda formal y concepual de gran importancia. Fue directora del Museo Nacional de Arte y del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

 
(The Refugees, Hamburgo, Alemania)


(Tomado de: Algarabía #138, de mujeres, Editorial Otras Inquisiciones, S.A. de C.V., México D.F. 2016)

Dr. Agustín Andrade y Pastor

Dr. Agustín Andrade y Pastor



Nació en París, Francia, en 1836, hijo de un diplomático mexicano; murió en la Ciudad de México en 1886. Estudió en el Seminario de León, Guanajuato, en el Colegio de San Gregorio y en la Facultad de Medicina de París. Se tituló en 1859 y revalidó su grado, en México, en 1860. Dirigió el servicio de cirugía de mujeres en el Hospital de san Andrés y más tarde en Hospital Valdivieso; fundó el primer dispensario oftalmológico; modificó e inventó instrumentos; introdujo el tratamiento del glaucoma por iridectomía y el uso de la ligadura elástica; aplicó, acaso el primero, las inyecciones intravenosas de suero fisiológico; enseñó medicina legal a partir de 1871); publicó 12 trabajos en La Gaceta Médica y fue presidente de la Academia Nacional de Medicina en 1876, 1878, 1883 y 1885. Murió a consecuencia de una “erisipela flegmonosa” contraída mientras practicaba una histerectomía vaginal.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

jueves, 12 de abril de 2018

Luis Alcaráz Torras

Luis Alcaráz Torras



Nació en la Ciudad de México en 1910 (en los altos del Teatro Principal, propiedad de sus padres); murió en San Luis Potosí, S.L.P. en 1963. Estudió ingeniería mecánica, fue bibliotecario y matador de toros, y en forma autodidacta aprendió a tocar el piano. En 1928 formó su primera orquesta, debutando en el Teatro Palma de Tampico. Posteriormente se presentó por radio en el programa “Por la cultura y el arte” de la XEG. en unión de Agustín Lara y Gonzalo Curiel, contribuyó a crear lo que se llamó la “Época de oro de la canción mexicana” en el Teatro Politeama. Su primera canción (Quiero) la compuso en 1932, y posteriormente: As de corazones rojos,



Mentira, Distancia, Sortilegio, Prisionero del mar,


Viajera,


Bonita,



Antifaz y Quinto patio.


Fue uno de los primeros en grabar en México en sistema acústico. Su estilo, mezcla de la música de Glenn Miller y Harry James, lo llevó a ocupar el cuarto lugar en el mundo, según encuesta del Down Beat de Estados Unidos (1955). Recorrió con su orquesta Cuba, Puerto Rico, Panamá, Colombia, Venezuela, y República Dominicana. En Estados Unidos fueron los primeros mexicanos que actuaron en todo el territorio. Compuso la música para 24 películas, actuando en 10 de ellas. Está considerado como uno de los primeros organizadores de agrupaciones musicales. Perteneció además al sindicato de los grandes músicos de Estados Unidos.

(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

Cándido Aguilar



Nació en Córdoba, Veracruz, en 1886; murió en la Ciudad de México en 1960. Fue diputado constituyente en 1917, yerno de Venustiano Carranza, secretario de Relaciones exteriores (1918) y gobernador de Veracruz. Habiéndose unido al partido delahuertista en 1924, se vio obligado a abandonar el país. Agrarista notable, fundó la Liga de Comunidades Agrarias de Veracruz. Expidió, en 1916, la primera Ley del Trabajo.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo 1)

miércoles, 11 de abril de 2018

Olga Costa

Olga Costa (1913-1993)
 
Por: Victoria García Jolly

 
(La vendedora de frutas, Óleo sobre tela 1951)


Hija del compositor y violinista ruso Jacobo Kostakovski, Olga nació en Leipzig, Alemania, y desembarcó, en 1925, en Veracruz. En 1933 se inscribió a la Academia de San Carlos, donde fue alumna de Carlos Mérida, quien la bautizó como "el Ángel Blanco de la pintura mexicana". En 1935 se casó con el renombrado pintor guanajuatense José Chávez Morado. Siguiendo la visión folklorista y exótica de México de Rivera, Anguiano y Chávez Morado, pinta Vendedora de frutas (1951), en la que realiza un delicioso homenaje a los sabores y colorido de nuestras frutas. En sus trabajos tardíos de paisaje Olga encuentra en la monotonía de los grandes espacios una sorpresiva tendencia a la abstracción. En 1990 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, por su destacada carrera.

(Tomado de: Algarabía #138, de mujeres, Editorial Otras Inquisiciones, S.A. de C.V., México D.F. 2016)

martes, 10 de abril de 2018

María Antonia Peregrino, Toña la Negra

María Antonia Peregrino, "Toña la Negra"




Nació el 11 de diciembre de 1910 en la ciudad de Veracruz. Comenzó cantando por afición mientras estudiaba la carrera de medicina. Finalmente la música la envolvió a tal grado que abandonó sus estudios. En 1931 se encontró en México con Agustín Agustín Lara, quien descubrió en ella a una de sus mejores intérpretes. El compositor le dedicó entonces una canción especial, Lamento jarocho. Con esta canción Toña inició su carrera artística debutando en el Teatro Esperanza Iris el 31 de diciembre de 1932. Luego cantó en el Teatro Politeama. Su éxito la llevó a actuar en la radiodifusora XEW. Realizó posteriormente varias giras por el continente americano y los Estados Unidos. Participó también en la filmación de varias películas nacionales, entre ellas: María Eugenia, Conga roja, Humo en los ojos, Revancha, Mujeres en mi vida, y La mulata de Córdoba. "Toña la Negra" es considerada como una de las intérpretes más fieles al estilo de Lara y una especialista en las canciones de inspiración tropical de los años treinta. Murió en 1982 en la ciudad de México.


(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)