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lunes, 11 de marzo de 2024

Valente Quintana, el Sherlock Holmes mexicano

 


El Sherlock Holmes mexicano

El extraordinario detective Valente Quintana


Berta Hernández | Historiadora

Era un auténtico perro de caza. Valente Quintana fue la gran figura detectivesca policial de México de los años veinte del siglo pasado. Su tenacidad, la variedad de sus recursos y la mente analítica que leía los indicios que un criminal deja tras de sí, lo convirtieron en la encarnación de la eficacia policiaca.

Tamaulipeco nacido en 1889, se contaba que, apenas con la primaria terminada, había cruzado la frontera. En Brownsville (Texas) fue acusado de robo por un estadounidense, dueño de la tienda de abarrotes donde trabajaba. Para probar su inocencia, investigó y señaló al verdadero ladrón. Así, limpió su nombre y encontró su destino.

La leyenda lo ubica como alumno de la Detectives School of America. También había trabajado con las autoridades estadounidenses. Para nombrarlo comandante de grupo, se requería que renunciara a su nacionalidad mexicana. Entonces decidió volver a su patria. Era 1917.


De gendarme a detective

Solicitó empleo en la Inspección General de Policía y, al principio, fue policía de crucero. Solicitó su cambio a la Comisión de Seguridad que, con los años, se convirtió en el Servicio Secreto. Allí pudo desplegar sus habilidades.

Cuatro años después de su ingreso, detuvo a los autores del atraco de un tren que iba a Laredo, notorio por el enorme botín -nada menos que cien mil pesos en oro y plata- y por la gran violencia con que se había cometido. Resolver el caso le valió a Quintana ascender a la jefatura de la Comisión de Seguridad de la Inspección General de Policía del Distrito Federal.

Algunos casos sonados, como el robo al hogar de los descendientes del marqués de Jaral de Berrio; el de los "Corta Mechas", banda de violadoras que atacaba en Otatitlán, Veracruz, o la captura del banquero J. L. Armfield, culpable de un fraude por trescientos mil dólares, hicieron crecer su fama en ambos lados de la frontera: ya era el Sherlock Holmes mexicano.


"Balmoreado"

Quintana se enfrentó a los más extraños criminales. Incluso tuvo un insólito "mano a mano" con la anciana señorita Concepción Jurado, creadora del rico y majadero Carlos Balmori, engañador de políticos, artistas y generales, a los que tendía crueles trampas, tentándolos con dinero. A sus pesadísimas bromas se les llamaba "balmoreadas", y a las víctimas, balmoreados".

El detective se convirtió en un "balmoreado" al no poder identificar, en una fiesta, a una mujer "disfrazada de hombre", quien robaba al falso millonario. Al verlo derrotado, Balmori lo regañó a gritos, mientras se despojaba del sombrero, la gabardina y el mostacho: apareció ante Quintana una viejecita muerta de risa que celebraba su victoria.


Asesinatos políticos

En 1926 dejó la policía para establecer su despacho privado: el Bufete Nacional de Investigaciones, con oficinas en la céntrica avenida San Juan de Letrán. Muchas veces fue llamado para colaborar en casos importantes, como el asesinato del revolucionario cubano Julio Antonio Mella, o el atentado contra Álvaro Obregón en 1927, del cual hizo una investigación paralela a la de la policía y no halló pruebas de la responsabilidad del jesuita Miguel Agustín Pro.

Al año siguiente, cuando asesinaron a Obregón, el presidente Plutarco Elías Calles solicitó que participara en la investigación. Disfrazado como un preso más, Quintana permaneció horas junto a José de León Toral y logró que confesara su nombre y los de sus "inspiradores".

A veces polémico, su eficacia nunca estuvo en duda. Creó el primer cuerpo policial femenil y hasta poco antes de su muerte, en 1969, seguía resolviendo crímenes y era una leyenda viviente, tanto como su contemporáneo, el médico y criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón.


(Tomado de: Hernández, Bertha. El Sherlock Holmes mexicano. El extraordinario detective Valente Quintana. Relatos e historias en México. Año XII, número 137. Ciudad de México, 2020)

sábado, 2 de noviembre de 2019

Muerte de Álvaro Obregón, 1928


El Universal, miércoles 18 de julio de 1928

El asesinato del señor general Álvaro Obregón
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Cómo y por quién fue cometido este crimen tremendo
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El asesino disparó toda la carga de una pistola automática sobre su víctima, por la espalda
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Una terrible confusión
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El matador a punto de ser muerto

EN EL RESTAURANTE campestre “La Bombilla”, sito en las cercanías de San Ángel, se desarrolló ayer a mediodía, tremenda tragedia, cuya trascendencia nacional es incalculable. Un hombre desconocido logró llegar hasta el lugar donde comía el Presidente Electo, general Álvaro Obregón, y por la espalda le disparó seis balazos, haciendo blanco en todos, porque el asesino estaba muy cerca de su víctima y la agresión fue tan súbita, que no permitió poner en obra ningún medio de defensa.
La confusión que se produjo en los primeros momentos fue indescriptible. Nadie pasaba a explicarse la escena que ante sus ojos se había desarrollado, dejando una oleada de espanto en cuantos la presenciaron. 



El Universal, Jueves 19 de julio de 1928

La identidad del asesino del general Obregón quedó establecida
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Durante el día de ayer estuvieron nuestros reporteros en la Inspección General de Policía, en espera de obtener informes acerca de las investigaciones que se hubieran llevado a cabo en el asunto del señor general Obregón; y el señor general Zertuche, Inspector General de Policía, se sirvió manifestarles que no podía aún proporcionarles datos del asunto, a efecto de no entorpecer las investigaciones que se están realizando.
Sí podemos decir que ha sido ya establecida la identificación del asesino. Se trata del joven de veinticinco años de edad, José de León Toral, originario de San Luis Potosí, aunque algunos de sus familiares son jaliscienses. Este joven prestó hace tiempo sus servicios en una negociación como dibujante y entre las pruebas a que fue sujetado en la inspección para conocer su personalidad, hubo la de hacérsele dibujar, produciendo un buen trabajo de ese género. 
Se encuentran también en la inspección sus familiares, el señor Aureliano de León, la señora Paz Martínez del Campo, esposa del detenido y un primo de éste, de apellido Toral, a quienes se examinará.
La investigación ha sido llevada a cabo con toda actividad. El domicilio de la familia León Toral fue averiguado gracias a un pequeño papel que llevaba José en el bolsillo y correspondía a una sastrería en donde le planchaban sus trajes, siendo su casa el número 17 de la privada del Naranjo y la de su madre, la número 212 de la calle del Sabino. 



(Tomado de: Labrandero Iñigo, Magdalena, et al, (coordinadores) - Nuestro México #12, La El Conflicto Religioso, 1926-1929. UNAM, México, D. F., 1984)