viernes, 3 de julio de 2026

Los Panchos y el cine

 


Los Panchos 

Yo siento en el alma tener que decirte 

que mi amor se extingue como una pavesa, 

y poquito a poco se queda sin luz…

Rafael Hernández, 

en las voces del trío Los Panchos 


Su difusión a través de la radio, sus discos Columbia en 78 RPM, sus discos de larga duración, y finalmente su elegante presencia en las películas mexicanas de los años cuarenta impusieron en la preferencia del gusto popular del continente a un trío inigualable -poco importaba que hubiera otros-: Los Panchos. 

Alfredo Gil, Chucho Navarro y Hernando Avilés, los integrantes del trío original, con sus canciones, especialmente los boleros, calaron hondo en la sensibilidad del público latinoamericano de entonces.

Acompañándose a la guitarra, con sus voces y con la fina interpretación de cada composición filtrada por su estilo, nos regalaron versos que ya forman parte del rico cancionero popular de nuestras tierras: "...tú diste luz al sendero/ en mi noche sin fortuna...", o aquellos otros: "...si nomás puedo causarte llanto, hay amor, olvídate de mí…”.

Era aquella, la del cuarenta, una década romántica, en la cual -según el gusto actual, que por un lado censura el kitsch y por el otro lo impone en las películas cursis. Prevalecía el bolero a través de las melodiosas voces de ese trío, siempre tomados en plano general o medio, estáticos, con un único atributo a su favor: su calidad. 

En aquellas películas -Callejera, Hipócrita, No me quieras tanto o Rayito de luna-, simple pretexto para el lucimiento de Marga López, Leticia Palma, Marta Roth o Brenda, por lo regular en un ambiente de falso cabaret, Los Panchos, al decir el bolero de turno, contribuían a redondear un argumento siempre en función en función de esas hermosas mujeres. 

Unos de los integrantes del famoso trío, Chucho Navarro, creó dos boleros que poco después pasaron a hacer películas, Perdida y Rayito de luna, ambas filmadas en 1949. La primera Unió a Ninón Sevilla con el músico-poeta Agustín Lara, en esa ocasión lejos de sus propias canciones, convertido en actor. Rayito de luna formó parte de todo lo hecho por Chano Urueta, cultor de diversos géneros en el cine mexicano, alguien que no desaprovechó oportunidad alguna para incluir en sus películas no sólo boleros, sino también mambos y can can. Alberto Sicardi, pareja de baile de la protagonista, Brenda, fue el coreógrafo de esta película. Ella, si mal no recuerdo, se llamaba Esmeralda en el filme, era disputada por David Silva, el galán, y otros. Y en medio de aquella codicia por la hembra exótica, envuelta en velos en los números bailables, en sets delirantes -tal vez si hoy viéramos la película nos parecería insólita-, aparecían Los Panchos, incongruentes pero auténticos en su interpretación del conocido bolero de Chucho Navarro: 

Como un rayito de luna 

entre la selva dormida,

así la luz de tus ojos 

ha iluminado mi pobre vida. 

Tú diste luz al sendero 

en mi noche sin fortuna, 

iluminando mi cielo 

como un rayito 

claro de luna. 

Rayito de luna blanca 

que iluminas mi camino,

así es tu amor en mi vida, 

la verdad de mi destino. 

Tú diste luz al sendero 

en mi noche sin fortuna,

iluminando mi cielo 

como un rayito 

claro de luna.


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

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