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lunes, 4 de marzo de 2024

Prácticas sexuales en el México prehispánico

 


Prácticas sexuales en el México prehispánico


La historia la escriben los vencedores, como es bien sabido. Y si la visión del mundo de dichos vencedores condena lo que para los vencidos era aceptable y común, los vencedores pueden omitirlo durante siglos con la esperanza de que sea olvidado. Por otra parte, a veces pensamos que lo que es normal para nosotros, lo es para todos en todo el mundo. No tomamos en cuenta que, por ejemplo, los árabes no gustan de comer con cubiertos, sino con la mano, pero sólo la derecha, pues la izquierda se dedica a asuntos menos nobles como limpiar el trasero después de ir al baño.

Lo anterior viene a colación por el descubrimiento de un salón secreto en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, con objetos prehispánicos que representan prácticas sexuales: figurillas fálicas o de sujetos masturbándose o realizando el coito, que fueron consideradas "impresentables". Recientemente, miles de visitantes acudieron al Museo del Templo Mayor para contemplar una escena nunca antes vista; un conjunto de figurillas que escenificaban a un hombre circuncidado que se masturbaba mientras contemplaba a una pareja de figuras masculinas en plena sodomización.

Se trata de la exposición "Semillas de vida", con más de 180 figuras que se exhibieron entre agosto y septiembre de 2014 en dicho recinto. Su curador, el arqueólogo Daniel Ruiz Cancino, explica que si bien la sexualidad era la unión de los opuestos como elementos fundamentales para la concepción del universo, el placer también debe haber jugado un papel muy importante para esos pueblos. Y es que de los antiguos mexicanos sabemos sobre sus sistemas numéricos, sus creencias religiosas y sus prácticas bélicas; pero ¿se ha preguntado cómo era la sexualidad en esos tiempos? Van aquí tres botones de muestra.

Masturbación y ritos de fecundación

Hay evidencia de que los mayas practicaban la masturbación ritual: la simiente humana era esparcida en la tierra para asegurar buenas cosechas -una especie de fecundación de la tierra, que era considerada como una deidad femenina. Una práctica muy cercana a la anterior es la del autosacrificio -estudiada, entre otros, por el antropólogo James E. Brady-, la cual consiste en pinchar o mutilar el pene con puntas de maguey a fin de que se riegue la sangre abundantemente en la tierra. Nombrarla autosacrificio no es gratuito: el dolor provocado, que debía soportarse estoicamente, era un regalo a los dioses para apelar a su benevolencia y recibir a cambio la fecundidad de la tierra y entre la gente. En Yucatán, se han hallado representaciones de personajes de los altos estamentos de la sociedad maya, algunos luciendo orgullosos las cicatrices de sus penes, resultado de las ceremonias de autosacrificio. En otras, como la figurilla de Santa Rita, se puede ver la realización de dichas ceremonia, que se celebraba frente a monumentos fálicos que también mostraban dichas cicatrices.

Por otro lado, en diversas partes de Mesoamérica se han hallado figurillas con falos prominentes -por ejemplo, el famoso huasteco de Yahualica, Hidalgo- y objetos de madera cuya forma hace pensar que se usaban como consoladores y que se describen pudorosamente como "efigies fálicas". Existe una figura proveniente de Jalisco que llama mucho la atención, pues la mano izquierda empuña el pene mientras que la derecha cubre el área del ano.

Homosexualidad y ritos de iniciación

La homosexualidad parece estar presente en todas las culturas prehispánicas, aunque con distintos matices. Por ejemplo, en el centro de México, dominado por la cultura mexica, no era bien vista; no así entre los mayas, pues era común que dichas relaciones formaran parte de los ritos de iniciación para acceder a la edad adulta.

Aquí es necesario recalcar que las nociones de homosexualidad y heterosexualidad de hoy no corresponden a la identidad de aquellos tiempos: para los antiguos mexicanos, la sexualidad no era una fuente de vergüenza o culpa, ni era vista con la única finalidad de multiplicarse como castigo al ser expulsados del paraíso; para ellos, la sexualidad y el erotismo eran formas de ordenar el universo, el cual tenía un lado masculino y uno femenino, tanto como existen un arriba y un abajo -por ejemplo, en los conceptos de mundo e inframundo. Estudios recientes sobre género en la Antigüedad demuestran que los conceptos occidentales sobre la inevitabilidad del género y el sexo como consecuencia de los rasgos biológicos no pueden ser aplicados universalmente.

Transgresión y castigo

A pesar de lo anterior, los pueblos prehispánicos tampoco eran una comuna hippie donde se practicaba el amor libre. Existían normas sociales estrictas cuyo rompimiento traía aparejados castigos que ahora nos resultarían impensables. Para algunos, ese castigo era una sentencia de muerte; pero para los mexicas, tan similares a los espartanos en muchos aspectos, la consecuencia era horrenda: en caso de adulterio, el marido agraviado tenía permitido al arrancar la nariz de los adúlteros a mordiscos. Y entre los purépechas, si el marido había sido asesinado por los adúlteros, el varón era quemado vivo mientras se le arrojaba agua con sal hasta que muriera.

Las razones que tenían para dichos comportamientos no eran las que podríamos pensar. No era un "ojo por ojo" o la sed de venganza, sino que buscaban restituir el equilibrio en el cosmos y la comunidad, dado que la presencia de un transgresor podía provocar desgracias como la muerte de niños, la pérdida de las cosechas o, incluso, propiciar el fin de una época de prosperidad. En este sentido, se sabe que el emperador Moctezuma mandó destruir un prostíbulo, pues sus transgresiones motivaron que los dioses permitieran la llegada de los españoles a sus tierras.


(Tomado de: Bicaalú. Año XIII, número 59. México,D. F., 2015)

jueves, 20 de junio de 2019

La pirecua


La pirecua es el canto característico de la Tierra Caliente de Michoacán. La traducción literal del término purépeni, pirecua, es canción. Se pueden encontrar dos diferentes tipo de pirecua: la de la región de los Lagos y la de la región de la Sierra. Originalmente, la pirecua era cantada "a capella" por voces femeninas, pero después se fue modificando hasta incluir diferentes instrumentos junto con otras voces. 



En la región de la Sierra, la pirecua se canta con voces masculinas. Su ritmo de seis octavos es el imprescindible sesquiáltero que se conoce en toda Latinoamérica y se marca con dos tresillos de corcheas alternadas con tres negras. El texto es cantado generalmente en purembe (purépecha o purépeni) y e ocasiones también se repite con su traducción en español como en el caso de la canción Tres estrellitas.

La instrumentación actual de la pirecua es muy variada; puede acompañarse de una guitarra sola o utilizar la dotación del conjunto típico consiste en dos violines, un guitarrón o tololoche, una guitarra de golpe y una vihuela. La guitarra y la vihuela difieren principalmente en la forma; la vihuela tiene la toma abultada de concha, mientras que la guitarra de golpe conserva la forma clásica de guitarra; ambas cuentan con cinco cuerdas.



La distribución instrumental de la antigua pirecua era extraordinariamente clásica pues se utilizaban violines, chelo y contrabajo aunque de rústica construcción. La causa muy probable de esto tal vez sea la persistencia de los instrumentos llevados a aquella región por los evagelizadores.

Actualmente, la pirecua sigue siendo un género de muchos importancia regional; es de tradición el festival anual de pirecuas que se celebra en Zacapu durante el mes de octubre.

(Tomado de: Moreno Rivas, Yolanda - Historia de la Música Popular Mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana. México, D.F., 1989)

[Recomiendo leer los comentarios, para complementar/contrastar la información de esta entrada]








sábado, 11 de mayo de 2019

Cuáles fueron las principales culturas mesoamericanas?


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¿Cuáles fueron las principales culturas mesoamericanas?

Para responder se debe establecer que el lapso que va de la aparición de las primeras comunidades agrícolas hasta la conquista por parte de los españoles se ha dividido en tres grandes períodos:

  1. Preclásico (2500 a.C. a 200 a.C.). Se caracteriza por la aparición de la vida sedentaria y, con ello, el establecimiento de comunidades agrícolas, así como por el desarrollo de la primera civilización mesoamericana: la olmeca.  
El núcleo de la cultura olmeca se encuentra en la actual frontera de los estados de Veracruz y Tabasco, desde allí irradió un conjunto de características culturales compartidas por otros grupos contemporáneos suyos en diversas áreas de Mesoamérica ( el Altiplano, Oaxaca, las tierras bajas centrales del área Maya, etc.) pero que también pervivieron para constituir buena parte de los rasgos que Kirchhoff enumeró como la agricultura del maíz, la construcción de centros ceremoniales, la escultura monumental, la escritura y el calendario, entre los más importantes. Por ello, la olmeca es considerada la “cultura madre”.


  1. Clásico (200 a.C. a 800 d.C.). Este periodo se caracteriza por la organización gradual de asentamientos humanos en torno de complejos político-religiosos, por el desarrollo de la vida urbana a la cual se supeditaba la vida rural y por una clara diferenciación social de carácter teocrático.
En el Altiplano central dominó la cultura teotihuacana durante la mayor parte del período; Teotihuacan se convirtió en el núcleo religioso, político y económico más importante de Mesoamérica y de allí nacieron los modelos estéticos del arte indígena clásico.
La cultura maya vivió en estos momentos su mayor esplendor en ciudades como Uaxantún, Tikal, Palenque, Piedras Negras, Yaxchilán y Copán.
En los valles centrales de Oaxaca se desarrolló la cultura zapoteca que tuvo su capital en Monte Albán.
En el  golfo de México tuvieron gran importancia hacia el final del período la cultura totonaca (Remojadas, Yohualinchan y El Tajín)  y la huasteca (El Ébano, Tancanhuitz y Tamuín).


  1. Posclásico (siglos IX d.C. a XVI d.C.). La estabilidad política y económica con el consecuente florecimiento de las artes que vivió Mesoamérica durante el periodo clásico llegó a su fin alrededor del siglo IX de nuestra era. Son varias las hipótesis que se han adelantado para explicar este fenómeno, pero posiblemente haya sido la conjunción de un aumento demográfico combinado con una crisis de producción, así como la invasión de grupos venidos del norte. En la primera parte del posclásico se nota un dinamismo inusual en los movimientos migratorios que favorece la mezcla de rasgos culturales y étnicos; particularmente son significativas las migraciones de cazadores nómadas provenientes del norte (llamados genéricamente chichimecas) que penetran al territorio mesoamericano y producen ciertos modelos culturales caracterizados por la mezcla de tradiciones del clásico y prácticas militaristas propias de los invasores, al tiempo que se hace más complejo el catálogo de dioses y cultos. Se produce el establecimiento de pequeños señoríos independientes y emergen caudillos militares que favorecen la expansión de los grupos militarmente más poderosos.
(Tula, Hidalgo)
En el altiplano, la cultura tolteca, con su capital en Tula, se desarrolla en estas circunstancias al igual que la maya-tolteca itzáe en la península de Yucatán fundamentalmente en ciudades como Chichén Itzá y Mayapán, y la mixteca en Oaxaca con su capital en Mitla.
(Mayapán)



(Mitla, Oaxaca)
Conforme se acentúan tales características surgen otros grupos que las heredarán y las desarrollarán, tal es el caso de los mexicas o aztecas en el Altiplano en Tenochtitlan.
(Templo Mayor, Ciudad de México)
(Yácatas, Tzinzunzan, Michoacán)
En occidente, durante este período se consolida la cultura tarasca o purépecha en torno al lago de Pátzcuaro, mientras que en Oaxaca la mezcla de grupos nos permite hablar del desarrollo de la cultura mixteco-zapoteca. Este último será el escenario cultural que encontrarán los españoles a su llegada a estas tierras.


(Tomado de: Silva, Carlos - 101 preguntas de historia de México. Todo lo que un mexicano debería saber. Random House Mondadori, S. A. de C. V., México, D. F., 2008)


martes, 22 de enero de 2019

De lo que decían los indios luego que vinieron españoles y religiosos

(Códice Techialoyan)
 
Luego como vieron los indios los españoles, de ver gente tan extraña y ver que no comían sus comidas de ellos, y que no se emborrachaban como ellos, llamábanlos tucupacha, que son dioses, y teparacha que son grandes hombres; y también toman este vocablo por dioses, y acazecha, que es gente que trae gorras, y sombreros. Y después andando el tiempo, los llamaron cristianos, decían que habían venido del cielo; los vestidos que traían, decían que eran pellejos de hombres como los que ellos vestían en sus fiestas; a los caballos llamaban venados, y otros tuycen, que eran unos como caballos que ellos hacían en una su fiesta de cuingo, de pan de bledos; y que las crines que eran cabellos postizos que les ponían a los caballos.

Decían al Cazonci los indios que primero los vieron, que hablaban los caballos, que cuando estaban a caballo los españoles que les decían los caballos por tal parte habemos de ir; cuando los españoles les tiraban de la rienda decían que el trigo y semillas y vino que habían traído, que la madre Cueravaperi se lo había dado cuando vinieron a la tierra.
 
 Cuando vieron los españoles y cuando vieron a los religiosos con sus coronas y así vestidos pobremente, y que no querían oro ni plata, espantábanse, y como no tenían mujeres, decían que eran sacerdotes del dios que había venido a la tierra, y llamábanlos curitiecha, que eran sus sacerdotes que traían unas guirnaldas de hilo en las cabezas y unas entradas hechas. Espantábanse como no se vestían como los otros españoles, y decían: “dichosos estos que no quieren nada”. Después unos sacerdotes y hechiceros suyos, hiciéronles creer a la gente que los sacerdotes eran muertos, y que eran mortajas los hábitos que traían, y que de noche dentro de sus casas se deshacían todos, y se quedaban huesos, y dejaban allí los hábitos, y que iban allá al infierno donde tenían sus mujeres, y que venían a la mañana, y esta ironía duróles mucho, hasta que fueron más entendiendo. Decían que no morían los españoles, que eran inmortales.

También aquellos hechiceros hiciéronle creer que el agua con que se bautizaban, que les hechaban encima las cabezas que era sangre, y que les hendían las cabezas a sus hijos, y por eso no los osaban bautizar, que decían que se les habían de morir. Llamaban a las cruces Santa María, porque no habían oído la doctrina, y tenían las cruces por dios como los que ellos tenían. Cuando les decían que habían de ir al cielo no lo creían y decían: “nunca vemos ir ninguno”. No creían nada de lo que les decían los religiosos, ni se osaban confiar de ellos; decían que todos eran unos los españoles, y ellos pensaban que ellos habían nacido así los frailes, con los hábitos: que no habían sido niños. Y duróles mucho esto, y aún ahora no se lo acaban de creer que no tuvieran madres.

Cuando decían misa decía que miraban en el agua, que eran hechiceros. No se osaban confiar ni decían verdad en las confesiones, pensando que los habían de matar, y si se confesaban alguno, estaban todos acechando cómo se confesaba, y más si era mujer. Preguntabanles después qué les habían dicho o preguntado aquel padre, y ellos decíanlo todo.

A las mujeres de Castilla llamaban cuchaecha, que son señoras y diosas.

Decían que hablaban las cartas que les daban para llevar a alguna parte, y por eso no osaban mentir alguna vez. Maravillábanse de cada cosa que veían. Como son amigos de novedades, las herraduras de los caballos decían que eran cotaras y zapatos de hierro de los caballos. En Tlaxcala trujeron para los caballos sus raciones de gallinas como para los españoles. Lo que les predicaban los religiosos espantábanse de oírlo, y decían que eran hechiceros, que les decían lo que ellos hacían en sus casas, o que alguno se lo venía a decir, o que era lo que ellos les habían confesado.
 
 
(Tomado de: Anónimo (siglo XVI) – Relación de las cerimonias y rictos y población y gobernación de los indios de la Provincia de Mechoacan. Madrid, 1869. Tomado a su vez de: Federico Gómez de Orozco (comp.) - Crónicas de Michoacán. Biblioteca del Estudiante Universitario #12, Dirección General de Publicaciones, UNAM, México, D. F. 1991)



lunes, 24 de diciembre de 2018

Apellidos en México

 
 
La enorme mayoría de los apellidos de México es de origen español: castellano (González, Moreno), vasco (Ibarra, Garay), gallego o portugués (Bassols, Formentí). Sólo en muy pocos casos se ha modificado la grafía: Chaves se ha vuelto Chávez, por atracción de patronímicos como López y Sánchez, en tanto que Flórez, que así lo es, se ha convertido en Flores, por considerarlo plural de flor. Desde los primeros años de la conquista los vencidos adoptaron el apellido español; en muchos casos les fue impuesto, junto con el nombre de pila, al momento del bautismo, o vendido por los funcionarios del registro civil. Centenares de millares de indígenas monolingües lucen los apellidos más clásicos del mundo hispano; éstos, a veces, tienen en su idioma correspondencias irreconocibles. Así, en popoluca, lengua de la familia zoqueana, los Gutiérrez son llamados Moho; los González, Maca (estrella); los Rodríguez, To’och; los Hernández, Uo’oshi, Ho’o, Tonjuan y Tuki (tortuga); los Ramírez, Uan (cuerno) y Lamun (Ben Elson, 1948). En Yucatán existe la tendencia a castellanizar el apellido maya, ya sea asimilándolo con uno español, cuando existe homofonía (Kantún, “piedra amarilla”, se vuelve Cantón; Celiz, Celis; Bas, Baz) o traduciéndolo: los Ek de ayer son los estrella de hoy; los Dzib se han vuelto Escribano y los Dzul, Caballero.
 
Apellidos indígenas
 
Gran parte de la población rural yucateca y campechana conserva los apellidos mayas: alrededor de 300 “apellidos de familia con gratísimo sabor eminentemente nacional” (obispo Carrillo y Ancona, 1875). En los estados de Tlaxcala y Puebla el apellido náhuatl se conserva vigoroso; los Moctezuma de Olinalá, Gro., y San Luis Potosí pretenden descender del último monarca azteca.

En Michoacán algunos centenares de familias lucen todavía apellidos tarascos.

Raros son los yaquis Suboquí (codorniz) y Omocol (tortolita), el cahita y coca Sengua (flor), el mayo Yocupicio (agua menuda), y el cora Cánare (cardador). Entre los otomís de Itzmiquilpan se encuentran los apellidos Bhifi (acocote), Nzabí (jagüey), Nxuní (gavilán) y Xáxní (una de gato), alusión a las espinas encorvadas de ciertas plantas.

Entre los tarahumares se encuentran los nombres totémicos Chumarí (venado) y Maguyaca (león), o inspirados en las plantas como Muraca (espiga de maíz). También los apellidos se vuelven apodo: Warínamo (ligero), Chiti-Chate (feo por flaco), y Lowíame (loco).

En el Istmo de Tehuantepec sobreviven algunos apellidos zapotecos: Chiñas (dulce), Yú (tierra, y por extensión barro y loza), Charis (derivación de Charé, o sea Che-reu, “voy a Reu”, barrio de Tehuantepec) y Vete (zorrrillo).

En Chiapas se han perpetuado en algunos apellidos voces de un idioma recientemente muerto: el chiapaneco, emparentado con el mangue de Nicaragua y perteneciente al gran grupo linguistico oto-mangue. Ejemplos: Nucamendi (corral de piedra) y Nandayapa (río verde).

Del tarasco, en Michoacán, proceden Ireta (poblado), Huacuja (de huacos, “águila”), Equihua (de ekiua, “disgústate”, “enójate”), Huato (de huata, “cerro”), Pitacua (flecha), Cuara (velador de milpas) y Ziranda (ceiba).

Entre los de origen náhuatl, los hay híbridos, derivados de gentilicios: Mexicanos, en Malinalco y la Mixteca; Tezcucano, en Atlixco y Cholula; y Xalpeño y Amozoqueño, en Puebla. Son de origen calendárico: Zepactle, en Tequila, Ver,, que se refiere a cipactli, el primer día de la veintena; Cóatl (serpiente), en la región de Cholula; Mazahua (el del venado), en Zongolica, Ver., que evoca el séptimo día; Atlime (las aguas), el noveno, en Huejotzingo; Aca (caña), el decimotercero, en Cholula; Cuautle (Águila), el decimonoveno, en Tlaxcala; Xóchitl (flor), el vigésimo, en Veracruz, Puebla, Tlaxcala e Hidalgo.

Derivan de nombres de animales: Cocotle (tórtola), Coyote, Michi (pez), Chapuli (chapulín) y Cólotl (alacrán); de las plantas (fitónimos): Ahuatl (encino) y Xílotl (mazorca tierna); de los minerales: Tepuz (cobre); y de los oficios: Tlacuilo (escriba) y Nahuatlato (intérprete). Chimalpopoca (escudo humeante) se conserva también en sus elementos separados: Chimal y Popoca.

Entre los mayas, Xiú evoca la dinastía tolteca que llegó a Yucatán en el siglo X y es “casi con seguridad” de origen náhuatl (Morley); significa “yerba”, “turquesa” y “año” (xíhuitl). Desde su salida de Nonoalco hasta la actualidad se han sucedido 46 generaciones de Xiúes: jefes toltecas, reyes mayas, hidalgos españoles (el primero fue Ah Kukun Xiú, que tomó el nombre de Francisco de Montejo Xiú) y ahora humildes milperos.

Son de probable origen totémico maya: Cutz (pavo silvestre), Ceh (venado), Balam (jaguar), Muy (conejo), Miz (gato), Tzul y Bil (perro), Och (zorro), Vech (armadillo), Coba (chachalaca), Cot (águila) Mo (guacamaya), Hu y Tzel (iguana), Mac (tortuga), Can y Chan (serpiente), Pat (cazón), Mex (peje araña), Cab (abeja), Pech (garrapata), Maz (grillo), y Zak (langosta). El reino mineral está representado por Couoh (piedra fina de la miel), tal vez el ámbar; Chuc (carbón) y Kantun (Piedra amarilla); y el vegetal por Nic (flor), Batun (cierta planta comestible) y Aban (una mata). Otros son Canul (guardián), Ek (estrella), Ku (Dios o templo), Nabte (dardo) Noh (grande).

Apellidos extras

Entre los ingleses e irlandeses: Hill (colina), Hay (heno, seto), Bay (de pelo castaño rojizo), Cox (de Cocks, insignia de los gallos) y Healy; O’Gorman (vástagos del hombre azul), O’Farril (supervalientes), O’Higgins (hijos de Ricardito), O’Horan (descendientes del guerrero) y O’Really (nieto del atleta); Burns (que mora a orillas de un torrente), Buchanam (el que vino de Both Chanaim, el asiento de Canon, en Stirlingshire), Lancaster Jones (castro romano del río Lune en Lancanshire, hijo de Juan), Graham (casa solariega gris), Brown (pardo), Turnbull (fuerte, audaz), Macdonald (hijo del que gobierna el mundo), Cruikshank (que mora al pie de un cerro cortado), Mac Gregor (hijo de Gregorio, el vigilante), Sherwell (fuente límpida), Johnson (hijo de Juan), y Keith (morador de la región de Keith, “bosque” de Escocia). Entre los compuestos anglomexicanos: Noriega Hope (esperanza), Díaz Todd (zorro), Álvarez Morphy (guerrero de mar), y Guajardo Davis (hijo de David). Entre los alemanes: Uthoff (fuera del cortijo), Freyman (hombre libre), von Borstel (de la cerda), Schulemburg (castillo de las escuelas), Rosenblueth (flor de rosas), Schaufelberger (morador de un monte en forma de pala), y Stierle (torito). Entre los compuestos germanomexicanos: Rosenzweig (rama de rosas), Herzog (duque), Tielmans hombre del pueblo), Weber (tejedor), Weckmann (panadero), Scherer (tundidor de paños), Christlieb (el que ama a Cristo), Fisher (pescador), Hank (Enriquito), Graef (el que preside un tribunal, conde), Lengerke (lanza del país), Schubert (zapatero) y Kunhardt (el hombre temerario de la tribu). Entre los franceses: Betancourt (cortijo de Beto), Rouaix ((topónimo derivado de rouet, rieco), Jacques (Jacobo), Porte Petit (puerta-chico), Rolland (Roldán), Trouyet (prensador de aceite), Coquet (gallito), Broissin (de Broisser, correr por los jarros), Leduc (el duque), Foucher (atrevido en el pueblo), Bouquet (chivito), Mallard (de malo, Maclovio), Dupré (del prado), Fournier (panadero), Levy (adhesión), Lacroix (la cruz), y Manautou (de manaud, gobierno del hombre). Entre los italianos: Lombardini (diminutivo de Lombardo), Attolini (padrecito), y Torri (torres); Usigli (Zama, Ghigliazza, Spota, Spíndola, Cusi y Parodi, nombres de lugares; Brambila (tal vez “el que quita el cascabillo del arroz”), Pani (panes, Denegri (de los negros), Caffarel (matronímico: mujer del ejército), Ferrari (herreros), Stampa (imprenta), Foglio (hoja), Sodi (duro, sólido, gallardo), Alessio (alejo), Marini (marinos) y Coen (sacerdote).

Liekens tiene un patronímico neerlandés, derivado de Leud, pueblo; Zeevaert (navegación marítima, Seefahrt en alemán), también es de extracción flamenca; Zabludovsky es polaco; Arai (pozo nuevo), Matsumoto (pino principal) y Murayama (aldea-monte) son japoneses; Wong (amarillo) y Chong (henchido) son chinos; Levi o Levy (de la tribu de Levy), Cohen (sacerdote), Sarfati (francés) y Azkenazi (alemán) son netamente hebreos; y libaneses Kawage (cafetero), Ramia (Jeremías), Henaine (trascripción de Huanaina, Juanita), Nahum (consuelo), Abdelnur (siervo de la luz) y Kuri.
 

(Tomado de: Enciclopedia de México, tomo I)