Mostrando las entradas con la etiqueta miguel hidalgo y costilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta miguel hidalgo y costilla. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de junio de 2026

Juegos públicos

 


Juegos públicos 

Durante los tres siglos del virreinato, todos los estratos de la sociedad novohispana se entregaron a la práctica de juegos muy diversos, traídos a esas tierras por los conquistadores. Como veremos en los próximos capítulos, tales prácticas propiciaron varios excesos y desórdenes, que las autoridades se afanaban en reprimir, sin éxito. A la vez, había juegos que implicaban pura diversión, como las carreras de caballos a tropel (que trajo el virrey Luis de Velasco), en celebración de los patronos de cada lugar donde ocurrían, mediante recorridos reiterados por calles y plazas de la Ciudad de México. Pronto también comenzaron las carreras hípicas de competencia, como registra Bernal Díaz del Castillo: "corrieron caballos desde una plaza, que llaman el Tetelulco, hasta la plaza mayor, y dieron ciertas varas de terciopelo y raso para el caballo que más corriese y primero llegase a la plaza”.

La lidia de toros bravos también llegó pronto a la Nueva España. La primera corrida americana ocurre en 1529, en nuestro territorio, en festejo de la conquista de Tenochtitlan. No mucho después, el hombre que había encabezado aquella empresa se volvió torero: Hernán Cortés, un apasionado del juego, como hemos visto ya, lidió reses bravas en 1538. Prohibidas efímeramente por la Iglesia católica a mediados de aquel siglo XVI, las corridas taurinas pronto dejaron de ser diversiones exclusiva de personas ricas y se convirtieron en un espectáculo popular, para el creciente disfrute de aficionados del pueblo, que no tardarían en participar directamente en la llamada fiesta brava. Tal entusiasmo no declinaría, a pesar de lo efímero de las plazas y de la mudable legalidad de la propia práctica de la tauromaquia. Miguel Hidalgo e Ignacio Allende fueron consumados taurófilos, tanto como su adversario Félix María Calleja, quien buscó allegarse fondos para su causa mediante la promoción de corridas, como tiempo después haría Benito Juárez antes de prohibir, en 1867, la lidia de reses bravas. 

Vinculado directamente con la montura hípica y la lidia taurina está uno de los juegos más populares que trajeron a estas tierras los españoles. Se trata del juego de cañas, descrito por Alfonso el Sabio en Las partidas como un ejercicio que consiste en "cabalgar, cazar e jugar toda manera de juegos e usar toda manera de armas según conviene a hijos de reyes". Podría interpretarse como una esgrima ecuestre en la que, protegidos con escudos y sobre caballos provistos de elegantes arneses, varios caballeros forman dos cuadrillas que se enfrentan entre sí, primero luciendo espadas y después arrojando cañas largas despuntadas. Al final del juego, las cañas romas se trocaban por cañas afiladas, que los caballeros sostenían en sus monturas para dar muerte a los toros que se soltaban en la plaza. Hernán Cortés, nuevamente, en este caso fue jugador, y Torquemada refiere que una vez recibió "un cañazo en un empeine del pie que estuvo malo y cojeaba”.

Junto con el poder virreinal declinaron el juego de cañas y otros también de índole ecuestre, como el de moros y cristianos (de fines didácticos dirigidos a la población indígena) y el de corridas de sortijas o anillos. Eran, todas ellas, prácticas lúdicas espectaculares, es decir, estaban destinadas a ser vistas y disfrutadas por un público que no ganaba más que ratos de necesaria diversión.


(Tomado de: Reyes, Juan José - Cuestión de suerte, Editorial Clío, libros y videos S. A. de C. V., México 1997)

viernes, 15 de abril de 2022

¿Quién excomulgó a Miguel Hidalgo?

 


66

¿Quién excomulgó a Hidalgo?

La Inquisición recordaba en todo momento que el principio de obediencia seguía vigente a pesar de la insurrección. Los insurgentes estaban expuestos a penas de excomunión, como la que recibió Hidalgo por herejía y apostasía. Se le acusaba no tanto por sedición, sino por "errores groseros contra la fe", en concreto contra la eucaristía y la confesión. También en temas mariológicos y por fomentar prácticas inmorales. Al responder a la acusación, Hidalgo dijo en su defensa que si no hubiera sido por su levantamiento militar, no habría sido amenazado de excomunión. Las penas le parecían abusivas y las denunció. Al final, el obispo electo de Michoacán, don Manuel Abad y Queipo, decretó su excomunión ferendae sententiae en Valladolid (ahora Morelia), el 24 de septiembre de 1810. Queipo había sido amigo personal de Hidalgo, pero se opuso desde un principio al movimiento de Independencia, pues defendía la soberanía española. Este tipo de excomunión consiste en obtener la sentencia del juicio de una corte eclesiástica. Difiere de la otra forma, late sententiae, la cual es automática y se lleva a cabo en el momento mismo del acto herético.

Al año siguiente se le hizo a Hidalgo la pregunta fundamental: ¿creía compatible su estado clerical y la doctrina evangélica con la insurrección, luchar por la independencia y romper la unidad de la monarquía política? A pesar de la excomunión que le decretó el obispo Abad y Queipo, la Inquisición no lanzó contra él ningún cargo por cuestiones de fe y de costumbres. Finalmente se le impuso la pena de dimisión del estado clerical por fomentar la insurrección. Por medio de una ceremonia de terrible escenificación, perdió el fuero eclesiástico y fue entregado al brazo secular. La ejecución se llevó a cabo el 30 de julio de 1811.

Esta medida provocó los ataques de los insurgentes contra Abad y Queipo, quien irónicamente fue una de las figuras más sobresalientes del clero novohispano. Fue una de las primeras personas en pronosticar la posibilidad de un levantamiento armado si no se mejoraban las condiciones de los indios y las castas. Dirigió a Carlos IV su célebre obra Representación al rey, sobre inmunidades al clero. Queipo escribe sobre una sociedad virreinal con notables síntomas de descontento. En ese documento pospuso la abolición general del tributo a los indios y a las castas, sectores sociales marcados por el maltrato. Se atrevió a proponer una distribución igualitaria de las tierras y la libertad para establecer fábricas de algodón y lana. Sin embargo, tras enviar un informe para denunciar los actos violentos de Calleja, viajó a España para asistir a un interrogatorio por sus ideas liberales en beneficio de la independencia de América. Él mismo padeció en 1816 un proceso de la Inquisición por haber sido amigo de los insurgentes. En 1824 el régimen absolutista español lo encarceló en el monasterio de Sisla hasta su muerte en medio de la pobreza un año después.


Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

jueves, 15 de julio de 2021

¿Era fácil conseguir armamento para los insurgentes?

 


61

¿Era fácil conseguir armamento para los rebeldes?

Conseguir los materiales de la guerra y el financiamiento era muy difícil, pues además de los riesgos que se corrían con ello había escasez de armamentos. Para conseguir las armas y las municiones era preciso recurrir al extranjero y entrar en contacto con las principales potencias por medio del contrabando. Las potencias que en aquel entonces podían auxiliar a los rebeldes eran Inglaterra, Francia, Austria, Estados Unidos, los estados alemanes y Rusia. Pero en ese tiempo Europa era un campo de batalla. Manuel Palacios Fajardo, un enviado venezolano, logró entrevistarse con Napoleón Bonaparte, quien hizo gestiones con el gobierno norteamericano en sentido favorable. Inesperadamente Napoleón cayó y la escena política modificó de nuevo su curso. El nuevo monarca de la Casa de los Borbones, Luis XVIII, buscaba afianzar la monarquía. Francia decidió apoyar a España para defender su colonia y hostilizar en todo lo posible a los rebeldes. A los patriotas mexicanos no se les ocurrió ir a Francia porque en México el sentimiento era antinapoleónico. La opción más viable, y por otra parte más cercana, era recurrir a los Estados Unidos, país que tenía una política compleja, pues establecía como principio mantener en todo lo posible la neutralidad con España por el asunto pendiente de la adquisición de la Florida y a la vez aplaudía la posible emancipación de las colonias norteamericanas.

Hidalgo, ya en Guadalajara,se dio cuenta de la necesidad de conseguir armamento. En 1810 nombró a don Pascual Ortiz Letona para que fuera a los Estados Unidos. Pero la carencia de un puerto dificultó la comunicación con el extranjero. Letona tuvo que ir a Veracruz, que era una ciudad realista, y en el camino fue detenido.

En marzo de 1811 Bernardo Gutiérrez de Lara se presentó en la Hacienda de Santa María quien expresó su entusiasmo sobre la Independencia y se prestaba a ir a los Estados Unidos con la misión de pedir refuerzos. Hidalgo le dio instrucciones verbales y Gutiérrez de Lara se encaminó a la nación estadounidense. En esa época el secretario de Relaciones Exteriores era James Monroe, autor de la inmortal frase "América para los americanos" y que tanto malestar han causado las variables infinitas de su significado.

Gutiérrez de Lara llegó a Natchitoches, en Luisiana, para entrevistarse con Monroe. Ante la petición, el secretario le dijo que apoyaría en todo a la independencia de las colonias españolas. Le daría armas y municiones, además de 27000 hombres, no sin antes establecer una "buena" constitución para establecer la felicidad de sus habitantes. La sugerencia del día fue adoptar la misma Constitución de los Estados Unidos para así formar una potencia norteamericana verdadera. El comisionado mexicano se levantó furioso de su silla. Pero su perseverancia era una de sus virtudes y envíó a un comisionado a Haití para pedir auxilio a su presidente. Sin embargo, Haití era neutral y no quería ayudar. Gutiérrez de Lara se dedicó a comprar municiones en el sur de los Estados Unidos ocupación muy difícil ante la extrema vigilancia del gobierno virreinal.


(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

lunes, 10 de mayo de 2021

Por qué tomaron los rebeldes el estandarte de la Virgen de Guadalupe como su imagen representativa


58

¿Por qué tomaron los rebeldes el estandarte de la Virgen de Guadalupe como su imagen representativa? 

La devoción a la Virgen de Guadalupe en México es probablemente el factor religioso más importante en el país. Desde el siglo XVIII, pero en especial desde hace 200 años, tiene un papel fundamental en el sentido de la mexicanidad y de la identidad nacional. Así lo hizo saber fray Servando Teresa de Mier cuando en 1794 pronunció un sermón acerca de la Virgen de Guadalupe. El fraile regiomontano explicó que los antiguos mexicanos ya habían recibido la enseñanza cristiana antes de que llegaran los españoles, pues Quetzalcóatl era en realidad Santo Tomás. Éste cruzó el Atlántico para predicar la palabra de Cristo. Con estos argumentos ya no había justificación para la Conquista ni para la ocupación española. La aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531 le otorgó a la iglesia mexicana una espiritualidad propia. Ya no eran los misioneros españoles los portadores de la religiosidad; era la intervención directa de la Madre de Dios, quien escogió a un Indio como testigo de su aparición, lo cual le daba un sustento nativo y, lo más importante, americano.

Era una creencia muy difundida que la Virgen socorría a los pobres y a los oprimidos. La evocación de su nombre era un remedio para la sequía y las epidemias. Defendía a las clases menos privilegiadas de las injusticias de los ricos y poderosos. Los rebeldes incluso llegaron a creer que la Virgen de Guadalupe intervenía por medio de estrategias milagrosas en el campo de batalla.

Desde hace 200 años la iniciativa de utilizar el blasón de la virgen como símbolo de la insurgencia se le ha adjudicado a Hidalgo. Fue en parte una contestación al uso de la Virgen de los Remedios por parte de los realistas. Ignacio Allende, lugarteniente del cura, al igual que muchos otros testigos, subrayó la espontaneidad con la que el religioso eligió esta imagen como insignia. Esta acertada elección le dio al movimiento una legitimidad religiosa. Pero se tiene registro en el Archivo General de la Nación de una confesión judicial en la que Allende, en mayo de 1811, se muestra ambiguo en cuanto a la autoría de la elección: "por idea de alguno de la compañía". Aunque la paternidad de la idea por lo visto no está clara, lo contrario sucede en cuanto a la respuesta. La aprobación fue absoluta y determinó en gran medida (aunque no en su totalidad) el éxito del movimiento: la gente del pueblo que se unió al ejército de Hidalgo en 1810 de Dolores a San Miguel el Grande y finalmente a la ciudad de Guanajuato, llevaba el estandarte con la imagen de la virgen. Durante los años de la rebelión perduró el uso tanto de la iconografía como de la palabra. En el saludo cotidiano en plazas, zócalos, afuera de las casas o en los caminos la gente utilizaba algún tipo de seña: "¿Quién vive?" La contraseña era: "Nuestra Virgen de Guadalupe" o "América". El hecho de contestar "España" o "Nuestro Señor Fernando" significaba que se era realista. Además la ideología se portaba literalmente en las mangas, en donde era frecuente llevar todo tipo de insignias y distintivos. También se llevaba en los sombreros, que en el caso de los realistas era común ver los famosos "Fernanditos".

Miguel Hidalgo, como se acostumbra creer, eligió la imagen de la virgen sin mayor premeditación, pero el éxito de la elección residió en que liberaba a los criollos de sus orígenes españoles.

(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

lunes, 9 de marzo de 2020

Bando de Hidalgo aboliendo esclavitud e imponiendo alcabalas 1810



BANDO DEL SR. HIDALGO
aboliendo la esclavitud deroga las leyes relativas a tributos; impone alcabala a los efectos nacionales y extranjeros; prohíbe el uso del papel sellado, y extingue el estanco de tabaco, pólvora, colores y otros.


20 de noviembre de 1810


Miguel Hidalgo y Costilla


Don Miguel Hidalgo, Generalísimo de América,

Desde el feliz momento en que la valerosa Nación Americana tomó las armas para sacudir el pesado yugo que por espacio de cerca de tres siglos la tenía oprimida, uno de sus principales objetos fue extinguir tantas gabelas con que no podían adelantar en fortuna; mas como en las urgentes y críticas circunstancias del tiempo no se puede conseguir la absoluta abolición de gravámenes, generoso siempre el nuevo gobierno, sin perder de vista tan altos fines que anuncian la prosperidad de los americanos, trata de que éstos comiencen a disfrutar del descanso y alivio, en cuanto lo permita la urgencia de la Nación, por medio de las declaraciones siguientes, que deberán observarse como ley inviolable.
Que siendo contra los clamores de la naturaleza el vender a los hombres, quedan abolidas las leyes de la esclavitud, no sólo en cuanto al tráfico y comercio que se hacía de ellos, sino también por lo relativo a las adquisiciones, de manera que, conforme al plan del reciente gobierno, pueden adquirir para sí como unos individuos libres, al modo que se observa en las demás clases de la república; en cuya consecuencia, supuestas las declaraciones asentadas, deberán los amos, sean americanos o europeos, darles libertad dentro del término de diez días, so la pena de muerte que por inobservancia de este artículo se les aplicará.
Que ninguno de los individuos de las castas de la antigua legislación, que llevaban consigo la ejecutoria de su envilecimiento en las mismas cartas de pago del tributo que se les exigía, no lo paguen en lo sucesivo, quedando exentos de una contribución tan nociva al recomendable vasallo.
Que siendo necesario de parte de éste alguna remuneración para los forzosos costos de guerra, y otros indispensables para la defensa y decoro de la Nación, se contribuya con un dos por ciento de alcabala en los efectos de tierra y con el tres en los de Europa, quedando derogadas las leyes que establecían el seis.
Que supuestos los fines asentados de beneficencia y magnanimidad, se atienda al alivio de los litigantes, concediéndoles para siempre la gracia de que en todos sus negocios, despachos, escritos, documentos y demás actuaciones judiciales y extrajudiciales, se use el papel común, abrogándose todas las leyes, cédulas y reales órdenes que establecieron el uso del sellado.
Que a todo sujeto se le permita francamente la libertad de fabricar pólvora, sin exigirle derecho alguno, como ni a los simples de que se compone; entendidos sí, de que ha de ser preferido el gobierno en las ventas que se hagan para el gasto de las tropas; asimismo, deberá ser libre el vino y demás bebidas prohibidas, concediéndoseles a todos la facultad de poderlo beneficiar y expender, pagando sí, el derecho establecido en Nueva Galicia.
Del mismo modo serán abolidos los estancos de todas las clases de colores, las demás extracciones de bienes y cajas de comunidad, y toda clase de pensiones que se exigan a los indios.
Por último, siendo tan recomendable la protección y fomento de la siembra, beneficio y cosecha del tabaco, se les concede a los labradores y demás personas que se quieran dedicar a tan importante ramo de agricultura, la facultad de poderlo sembrar, haciendo tráfico y comercio de él; entendidos de que los que emprendiesen con eficacia y empeño este género de siembra, se harán acreedores a la beneficencia y franquezas del gobierno.
Y para que llegue a noticia de todos y tenga su debido cumplimiento, mando de publique por Bando en esta capital y demás ciudades, villas y lugares conquistados, remitiéndose el corriente número de ejemplares a los tribunales, jueces y demás personas a quienes corresponda su inteligencia.
Dado en la ciudad de Guadalajara, a 29 de noviembre de 1810. Miguel Hidalgo y Costilla.

(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)

lunes, 27 de enero de 2020

Proclama de Miguel Hidalgo por la libertad, 1810

Proclama de don Miguel Hidalgo

[Por la libertad de América]
[Octubre] 1810
Miguel Hidalgo y Costilla

Amados compatriotas religiosos, hijos de esta América: el sonora clarín de la libertad política ha sonado en nuestros oídos; no lo confundáis con el ruido que hizo el de la libertad moral, que pretendían haber escuchado los inicuos franceses, creyendo que podrían hacer todo aquello que se opone a Dios y al prójimo y dar larga rienda a sus apetitos y pasiones, debiendo quedarse impunes aun después de haber cometido los mayoreas crímenes. Lejos de vosotros semejante pensamiento en todo opuesto a la santísima ley de Jesucristo que profesamos, por lo mismo detestable y aborrecible hasta lo sumo.

La libertad política de que os hablamos, es aquella que consiste en que cada individuo sea el único dueño del trabajo de sus manos y el que deba lograr lo que lícitamente adquiera par asistir a las necesidades temporales de su casa y familia; la misma que hace que sus bienes estén seguros de las rapaces manos de los déspotas, que hasta ahora os han oprimido esquilmándoos hasta la misma subtancia con gravámenes, usuras y gabelas continuadas. La misma que ordena el que circule en vuestras manos la sangre que anima y vivifica las riquísimas venas del vasto cuerpo del Continente Americano; es decir, esas masas enormes de plata y oro de que a costa de mil afanes y con peligro de vuestras vidas preciosas, estáis sacando hace tres siglos, para saciar la codicia de vuestros opresores, y esto sin poderlo conseguir. Aquello, pues, que dispone el que con gran gusto y desahogo cultivéis aquella ciencia que es el alma del mundo político mercantil y el muelle o resorte que pone en movimiento la gran máquina de nuestro globo, cual es la agricultura, sin el penoso afán de pagar las insoportables rentas que de mucho favor se os han exigido; porque, decid, ¿habéis hasta ahora disfrutado por una sola vez los placeres del campo sin la zozobra de esperar al que viene a cobraros las rentas de las tierras que trabajáis? ¿Habéis tomado el gusto al sabroso licor que exprimís de las mamilas de vuestras vacas, sin el azahar [sic] de que el comerciante ultramarino que os fió cuatro andrajos podrá venir a echaros un embargo sobre esas mismas reses que a costa de sudores habéis criado y cuidado a fuerza de desvelos continuados? ¿No es verdad que muchos de vosotros ignoráis lo dulce que es al paladar la miel que fabrican las abejas? Los gusanos de seda, ni los conocéis; tampoco habéis trabajado en los plantíos de las arboledas, tan útiles a los grandes poblados, por la leña que producen con abundancia y suministración cuantiosa de sus maderas. Los emparrados, los olivos, las moreras, cuya utilidad ignoráis y aún nos están prohibidas; la utilidad de un sinnúmero de fábricas que podían aliviar vuestra vida afanada, ni sabéis cuales son, ni cuántas son de las que podíais lograr para desterrar el ocio y la holgazanería en que os halláis sumergidos. La educación, las virtudes morales de que sois susceptibles, el cultivo de vuestros despejados talentos para ser útiles a vosotros mismos y vuestros semejantes, aún se hallan en el caos de la posibilidad.
Reflexionad un poco sobre esto y hallaréis el gran bien que se os prepara, si con vuestras manos los unos y con vuestras oraciones los otros, acudís a ayudarnos a continuar y conseguir la grande empresa de poner a los gachupines en su madre patria, porque ellos son los que con su codicia, avaricia, y tiranía, se oponen a vuestra felicidad temporal y espiritual. Porque, ¿cómo podrán obrar bien para con Dios y con ellos, un sirviente mal pagado, un criado desatendido, ni un artesano, que a pesar de haber apurado sus tales [sic] para satisfacerles un desenfrenado lujo, se ve mal correspondido? El doblez de sus tratos y ventajosos proyectos de todo género, ha hecho que el engaño, el dolo y la mentira ande en la boca de todos, y que la verdad casi casi haya desaparecido de nuestro suelo. No penséis por esto que nuestra intención es matarlos; no, porque esto se opone diametralmente a la Ley santa que profesamos. Ella nos prohíbe y la humanidad se estremecería de un proyecto tan horroroso, al ver que unos cristianos, cuales somos nosotros, quisiésemos manchar nuestras manos con la sangre humana. A ellos les toca, según el plan de nuestra empresa, no resistir a una cosa en que no se les hace más agravio que restituirlos a su suelo patrio y nosotros defendernos con nuestras armas en caso de forzosa defensa. 
Aliento, pues, criollos honrados, aliento, la empresa ya está comenzada, continuémosla confiando en que el brazo poderoso de nuestro Dios y Señor nos ayudará como hasta ahora y no dudemos un momento del buen éxito. No deis oídos a las horrísonas voces de los que han pretendido espantaros y armaros contra nosotros, diciendo que venimos destruyendo nuestra sagrada religión católica. ¿No veis que en el primer pueblo que conquistamos nos hubieran despedazado y consumido? Es una falsedad sacrílega; preguntad a Zelaya, San Miguel, Yrapuato, etc., donde nos han recibido de paz, y interrogad a Guanajuato, que es la única ciudad donde encontramos resistencia y donde operamos no con todos los rigores de la guerra que nos presentaron, ¿qué imágenes destruimos y qué culto alteramos? Los templos han sido venerados, las vírgenes respetadas, los gobiernos reformados, no causando más novedad que la extracción de los europeos. A éstos sí que los podíamos acusar de impíos e irreligiosos; dígalo México, Puebla y Valladolid, y aun el mismo Guanajuato, donde el lujo y la moda a lo francés, arrancó de las paredes de sus salas (y lo mismo hubieran hecho en los templos si hubieran podido), las sagradas imágenes de Dios, de María Santísima y sus santos, colocando en su lugar por moda de buen gusto, estatuas obscenas, para tener la inicua complacencia de ver en lugar de modelos piadosos, incitativos de la lascivia impureza. Obsérvese en qué traje se presentaban ya en los templos de los divinos oficios; ya enraizados, ya pelones con pechos postizos los afeminados, silbando en lugar de rezar, cortejando a las prostitutas aun en la presencia real de nuestro Dios, con escándalo de los pobrecitos en quien se encuentra la verdadera piedad y religión. El vilipendio y desprecio a los sacerdotes, ¿quién lo ha practicado, sino ellos? La vindicación de su conducta, con deshonor de su estado eclesiástico; el despotismo que sobre esto ejercían y ejercen, es tan notorio que ya no lo duda ni el más estúpido. También nos dirían que somos traidores al rey y a la patria, pero vivid seguros de que Fernando Séptimo ocupa el mejor lugar en nuestros corazones, y que daremos pruebas de lo contrario, convenciéndolos a ellos de intrigantes y traidores. Por conservarle a nuestro rey estos preciosos dominios y el que por ellos fueran entregados a una nación abominable, hemos levantado la bandera de la salvación de la patria, poniendo en ella a nuestra universal patrona, la siempre Virgen María de Guadalupe. Ella nos ha de sostener y ayudar en este gran proyecto, dará esfuerzo a los débiles, esperanza a los tímidos y valor a los pusilánimes; disipará de las cabezas de muchos los angustiados pensamientos que le atormentan el alma, considerando la arduidad de la empresa, y facilitará su ejecución.
¡Buen ánimo, criollos cristianísimos! Alentaos con saber que el Dios de los Ejércitos nos protege. Nuestro ánimo no es derramar, si es posible, una gota de sangre de nuestros hermanos, ni aún de los que ahora consideramos por nuestros enemigos políticos. Unámonos a sostener una causa a nuestro parecer justa y sana, como lo es mantener ilesa nuestra santa religión, la obediencia a nuestro romano pontífice y a nuestro rey señor natural, a quien hemos jurado obedecer, respetar su nombre y leyes, cuidar de sus intereses [y] perseguir a cuantos se opongan a ello. Aquel que os dijese que somos emisarios de Napoleón, Temed mucho el que sea verdad; lo contrario, esto es, que él, ese mismo que lo llegue a decir, lo sea en realidad y mucho más si es europeo [resulta más factible], porque nosotros los criollos jamás hemos faltado ni somos capaces de tener conexión con ese tirano emperador.
¡Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la Patria! y ¡Viva y reine por siempre en este Continente Americano nuestra sagrada patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal gobierno! Esto es lo oiréis decir de nuestra boca y lo que vosotros deberéis repetir. [Miguel Hidalgo.]


(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)

sábado, 14 de diciembre de 2019

Proclama de Ignacio López Rayón para medidas económicas y postura insurgente, 1810


Primera proclama del licenciado Don Ignacio Antonio López Rayón [en donde se requieren medidas económicas y postura insurgente ante los europeos]

23 de octubre de 1810

Ignacio López Rayón

El Licenciado don Ignacio Antonio López Rayón, por particular comisión del Excmo. Sr. don José Miguel de Hidalgo y Costilla, Capitán General del Ejército de Redención de estas Nobilísimas y muy felices Américas, etcétera.
Por cuanto entendió la superioridad de S.E. la coalición, inteligencias y reprobados arbitrios que se adoptaban de acuerdo con la sublevada estirpe de los Bonapartes, sobre la entrega, dimisión, saqueo, exterminio y total ruina de estos afortunados reinos; lleno del más glorioso entusiasmo, se resolvió a cualesquier coste, libertar la Patria de la voracidad del tirano y sus crueles enemigos.
A cuyo fin, convoca a todo americano que, conforme a los sentimiento de su corazón, preste a el intento cuanto por su persona y sus arbitrios sea capaz de franquear para el éxito de esta universal, justa, religiosa y santa causa, concurriendo con puntualidad, eficacia y celo a la ejecución de cuanto por sus respectivos jefes se les prevenga e imponga.

1° Siendo lo primero, que a todo europeo que voluntariamente no se presente al jefe más inmediato, se aprehenda su persona y se conduzca a la disposición de S.E.
2° Que los bienes, sean de la clase que fueren, reconocidos por de los referidos europeos, sean confiscados y puestos en secuestro y seguro depósito para la aplicación conveniente.
3° Que, por tanto, todo americano que haya girado comercios, compañías, relaciones y cuentas de que resulte acción, alcance y haber perteneciente a europeo, lo manifieste en el término de ocho días, so pena de incurrir en el enorme delito de traidor a la Nación.
4° Por cuanto al objeto y punto de vista de este plan de operaciones, no es otro que la manutención de nuestra santa religión y sus dogmas, la conservación de nuestra libertad y el alivio de los pueblos, los declara libres de la pensión de tributo: exento, asimismo, del gravamen que infiere el estanco de pólvora, naipes y papel sellado, dejando el tabaco en hoja, labrado y polvo, bajo el sistema que ha girado.
5° Que habiendo considerado lo gravoso que era al público el impuesto del seis por ciento que indistintamente se exigía de alcabala de todo efecto, y siendo conveniente mantener arbitrios para subvenir a los crecidos gastos de un ejército defensor y fiel custodia de la Nación, ha venido en moderarlo al tres por ciento en los efectos del país y al relacionado seis en los ultramarinos; declara de comercio libre todas las bebidas que se hallaban prohibidas bajo la anterior regla.
6° Sobre declarar, como revestido de la autoridad que ejerce por aclamación de la Nación, declara iguales a todos los americanos, sin la distinción de castas que adoptó el fanatismo: es consecuente que queda abolida la mísera condición de esclavo, y libre todo el que lo haya sido como cualquiera individuo de la Nación.
7° y último. Que debiendo concurrir cada individuo de por sí y todos en masa a la defensa de tan justa causa, deberán alarmarse conforme a las facultades de cada uno y circunstancias en que nos hallamos.

Todo lo cual he resuelto publicar por bando y fijar por rotulones para que, puesto en noticia pública, nadie pueda alegar ignorancia ni excusar las penas que tenga a bien imponer la Superioridad por la infracción de cualesquiera de los ya relacionados artículos, tendréislo entendido para su puntual y debido cumplimiento.

Tlapuxahua, octubre 23 de 1810. Licenciado Ignacio López Rayón.

(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)

martes, 15 de octubre de 2019

José María Morelos pide licencia para ausentarse de su curato, 1810


Don José María Morelos pide licencia 

en la Mitra de Valladolid para ausentarse de su curato, en virtud de tener que marchar a la comisión que le asignó don Miguel Hidalgo.
21 de octubre de 1810


José María Morelos 


Sr. Srio. D. Ramón de Aguilar, Valladolid.

Por comisión del Excmo. Sr. D. Miguel Hidalgo, fecha ayer tarde en Indarapapeo, me paso con violencia a correr las tierra[s] calientes del Sud; y habiendo esta[do] yo con el Sr. Conde [de Sierra Gorda] para que me ponga coadjutor que administre mi curato de Carácuaro, me dijo Su Señoría lo pidiese a Ud., a quien no hallándole hasta las nueve de la mañana, y siéndome preciso no perder minuto, lo participo para que, a letra vista, se sirva Ud. despachar el que halle oportuno, advirtiéndole me ha de contribuir con la tercia parte de obvenciones.
Dios guarde a Ud. muchos años. Valladolid, octubre 21 de 1810 José María Morelos [rúbrica]


(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)

sábado, 2 de febrero de 2019

Miguel Hidalgo, Decretos en favor de Indios y Castas


Don Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811) realizó en la ciudad de Guadalajara una labor legislativa de primera importancia debido a su contenido social, en favor de los grupos que ocupaban las capas más bajas de la población, quienes, dicho sea de paso, nutrían los contingentes que acaudillaba.

Don Miguel Hidalgo y Costilla, Generalísimo de América, etc.

Por el presente mando a los jueces u justicias del distrito de esta capital, que inmediatamente procedan a la recaudación de las rentas vencidas hasta el día, por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la Caja Nacional se entreguen a los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea únicamente de los naturales en sus respectivos pueblos.

Dado en mi cuartel general de Guadalajara a 5 de diciembre de 1810.

Miguel Hidalgo, Generalísimo de América.

Por mandato de Su Alteza.

Lic. Ignacio López Rayón, Secretario.


Don Miguel Hidalgo, Generalísimo de América, etc.

Desde el feliz momento en que la valerosa nación americana tomó las armas para sacudir el pesado yugo que por espacio de tres siglos la tenía oprimida, uno de sus principales objetos fue exterminar tantas gabelas con que no podía adelantar su fortuna; mas como en las críticas circunstancias del día no se pueden dictar las providencias adecuadas a aquel fin, por la necesidad de reales que tiene el reino para los costos de la guerra, se atiende por ahora a poner el remedio en lo urgente por las declaraciones siguientes:

1ª. Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, so pena de muerte la que se aplicará por transgresión de este artículo.

2ª. Que cese para lo sucesivo la contribución de tributos, respecto de las castas que lo pagaban y toda exacción que a los indios se les exija.

3ª. Que en todos los negocios judiciales, documentos, escrituras y actuaciones, se haga uso del papel común quedando abolido el del sellado.

4ª. Que todo aquel que tenga instrucción en el beneficio de la pólvora, pueda labrarla sin más obligación que la de preferir al gobierno en las ventas para el uso de sus ejércitos, quedando igualmente libres todos los simples de que se compone.

Y para que llegue a noticias de todos y tenga su debido cumplimiento, mando que se publique por bando en esta capital y demás villas y lugares conquistados, remitiéndose el competente número de ejemplares a los tribunales, jueces y demás personas a quienes corresponda su cumplimiento y observancia.

Dado en la ciudad de Guadalajara, a 6 de diciembre de 1810.

Miguel Hidalgo, Generalísimo de América.

Por mandato de su Alteza, Lic. Ignacio Rayón, Secretario.


(Tomado de: Álvaro Matute – Antología. México en el siglo XIX. Lecturas Universitarias #12. Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones, México, D.F., 1981)



miércoles, 14 de marzo de 2018

Dr. Manuel Abad y Queipo



Nacido en Santa María de Villalpedre, Asturias; muerto en el convento de Sisla, Toledo, España (1751-1825). En Salamanca obtuvo los bachilleratos en Derecho y cánones. Pasó a Guatemala con el arzobispo Monroy y allí se ordenó presbítero. Residió desde 1784 en Valladolid (hoy Morelia), donde el obispo Antonio de san Miguel lo nombró juez de capellanía, fondos eclesiásticos y obras pías. En 805 la Universidad de Guadalajara le otorgó el doctorado en cánones. El consejo de Indias, a la muerte de San Miguel, lo designó canónigo penitenciario de la catedral de Morelia, a la que sirvió hasta 1815.

En 1799 dirigió a Carlos IV una Representación al rey, sobre inmunidades del clero, en la que expone la situación de la sociedad virreinal y advierte los síntomas de descontento en la Nueva España.

En este documento propuso la abolición general de los tributos a los indios y castas, y de la infamia de derecho que afectaba a éstas; la distribución gratuita entre unos y otras de todas las tierras realengas; una ley agraria que otorgara al pueblo una equivalencia de propiedad en las tierras incultas de los grandes propietarios, por medio de locaciones de veinte y treinta años, en que no se pagasen alcabala ni pensión alguna; y la libertad irrestricta para establecer fábricas ordinarias de algodón y lana.

En 1804 se opuso a los intentos de Godoy de desamortizar los bienes de la Iglesia y en 1807 viajó a España en busca de su habilitación, pues su condición de hijo natural le vedaba aspirar a cargos de mayor jerarquía. Regresó con el puesto de previsor y vicario general y en 1810 la regencia lo nombró Obispo electo de Michoacán. Tomó posesión del cargo antes de que llegaran las bulas pontificias, que nunca consiguió.

Se opuso al movimiento de Independencia constante y enérgicamente, defendiendo siempre la soberanía española. Había sido amigo particular de Miguel Hidalgo, e inclusive cultivó amistad con quienes concurrieron a las juntas de Valladolid y San Miguel el Grande. Sin embargo, el 24 de septiembre de 1810 dictó y publicó el decreto de excomunión de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo por “perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos, perjuros, que han incurrido en la excomunión mayor del Canon: Siquis suadente Diabolo”. Los insurgentes impugnaron la legalidad de la excomunión, basados en la precaria investidura de Abad y Queipo.  

En 1815, éste envió un informe a Fernando VII, denunciando los desaciertos de Félix María Calleja y la falta de prudencia de Lardizábal, ministro de Indias. Fue llamado a España con el pretexto de que informara sobre el movimiento de Independencia, pero en realidad para que respondiera a las denuncias y cargos que se le hacían por sus “ideas liberales y benéficas en favor de las Américas y sus habitantes”. No obstante, el rey lo nombró ministro de Gracia y Justicia, el 24 de junio de 1816; pero tres días después fue suspendido y e le siguió proceso ante la Inquisición, acusado de ser amigo de los insurgentes, de vida irreligiosa y de ideas revolucionarias. Estuvo preso dos meses en las cárceles del santo Oficio. La revolución de 1820 lo designó miembro de la Junta Provisional, encargada de vigilar la conducta de Fernando VII, y posteriormente diputado a Cortes por la provincia de Asturias.

Obtuvo el obispado de Tortosa, pero tampoco logró las bulas papales. Y en 1824, ya octogenario y sordo, la reacción absolutista lo encarceló de nuevo en el monasterio de Sisla. Muchos de sus escritos fueron publicados en el Seminario político y literario y en el Observador de la República Mexicana. Una Colección de escritos más importantes apareció en la Ciudad de México en 1813, y su Testamento político en la Historia de Lucas Alamán.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)