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jueves, 16 de abril de 2026

La pasión porteña

 




La pasión porteña


En el puerto de Veracruz el fútbol se convirtió desde 1915 en asunto de orgullo y escándalo. La fundación del Club Iberia ese año interrumpió el dominio que desde principios de siglo ejercía el Veracruz Sporting Club en las canchas porteñas y además despertó una de las rivalidades más enconadas y perdurables que recuerda la historia. En el Sporting alineaban por igual mexicanos y españoles, todos hijos de las familias de mayor alcurnia de la ciudad. Eran muchachos fuertes, apuestos y arrogantes, que acostumbraban llegar al campo acompañados de guapas y distinguidas señoritas. En cambio, los del Iberia eran exclusivamente españoles, gente acomodada pero que no tenía ni la presencia física ni el supuesto refinamiento de sus contrarios. Eran más bien chaparrones, sin embargo garrudos y bien entrenados por su fundador y centro delantero Bernardo Rodríguez, "El futbolista Fenómeno", quien había jugado para el Club España de México. 

Gracias a un fútbol más astuto, el Club Iberia ganó el campeonato 1917-18 de la Liga del Sur, lo que resultó una afrenta para el Sporting. Desde entonces, cada uno de sus duelos se planteaba como una batalla entre la aristocracia jarocha y el pueblo llano por la supremacía futbolística porteña. 

En agosto de 1918, el Iberia cambió su nombre por el de Club España de Veracruz y comenzó a jugar con una camisa azul. Además, inauguró un campo con tribunas de madera muy parecidas a las que tenía en ese momento el parque del España capitalino en el Paseo de la Reforma. Por su parte, el Sporting, siempre con camisa de un rojo tan intenso como su orgullo, dominó la liga durante los años veinte, cuando empezó a jugar un fútbol de más acompañamiento, más cadencioso y menos áspero. En ese entonces alineaban Jorge Pasquel, Miguel Ángel de la Lama, Franyutti y Oliverio Arrieta, entre otros. 

Aquella rivalidad quedó registrada en las originales crónicas de W. H. Lamont, alias "El Gatito Blanco", encargado de la sección de deportes de El Dictamen, quién disfrutó más que nadie esa época en la que el fútbol del puerto se tiñó de azul y rojo.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

lunes, 6 de abril de 2026

Entre fábricas y cafetos

 


Entre fábricas y cafetos 

Su posición privilegiada de puerto mexicano principal que recibía migrantes y mercancías de Europa puso a Veracruz en contacto con el fútbol desde muy temprano. Por sus muelles entraron los pioneros de ese deporte en México y aunque la mayoría tomó el rumbo del altiplano, hubo otros que prefirieron clavar sus porterías en los verdes llanos de Veracruz. 

La primera colonia futbolística en territorio jarocho se instaló en la húmeda región orizabeña, que a principios del siglo era un importante emporio textil. La formaron los técnicos escoceses contratados por la fábrica El Yute, de Santa Gertrudis. El líder del grupo era Duncan mcComich, experto tintorero y practicante del fútbol, quien dio forma al equipo y lo condujo a la conquista del primer campeonato celebrado en México, en 1902-03. En la temporada siguiente, quizás por el exceso de confianza o de whisky, los llamados Spinner's quedaron en el sótano y el equipo se desintegró. La mayoría regresó a Europa y otros marcharon hacia la capital del país. 

Con ellos el fútbol emigró de Orizaba, hasta que en 1914 hubo un nuevo brote, ahora alentado por el francés Raoul Bouffier, administrador de la factoría de Río Blanco y entusiasta del balompié, quien junto con algunos de sus empleados formó la Unión Deportiva Río Blanco. La llama creció con la aparición del Club Cervantes y la Asociación Deportiva Orizabeña, famosa por sus siglas ADO. De los tres, los adeoínos volaron más alto, sostenidos por las manos protectoras de don José Enrique Soler y del doctor Labardini Cerón. Hacia 1924 sus mejores jugadores viajaron a la capital por razones de estudio y aprovecharon su estancia para jugar con el América y volverse famosos en sus filas.

En Córdoba el fútbol tenía sabor a café y acento español. Los dueños del comercio cafetalero de la región eran los hermanos Olavarrieta, quienes se convirtieron en mecenas del Club Iberia, campeón del estado en 1918. Casi todos los integrantes del equipo eran empleados de la Casa Olavarrieta y varios de ellos habían tenido alguna experiencia con el balón en su natal España. El de más talento futbolístico era Daniel Larrazábal, apodado "Pichichi"; los tres palos los vigilaba un mozalbete llamado "Fantomas" y adelante brillaba Chucho Mendieta, un delantero de gran nivel que un día se aburrió de la calma cordobesa y se fue a la capital del país, siguiendo el ejemplo de los orizabeños. 

Córdoba, Orizaba y el puerto jarocho formaron el triángulo que enmarcó la vida futbolística veracruzana hasta los años treinta. Por medio de la Liga del Sur, que realizó puntualmente los campeonatos estatales cada año, el fútbol se quedó atrapado para siempre en Veracruz.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)