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jueves, 24 de septiembre de 2026

Real Lotería de la Nueva España

 


Real Lotería de la Nueva España 


El establecimiento formal de la lotería en nuestra tierra tiene, de modo expreso, una razón terapéutica y, muy concretamente, la intención de la Corona española de allegarse fondos. Su fundación entrañaba un reconocimiento: el del irrefrenable gusto común por el juego, a la vez que una redituable medida de control. La práctica del juego en la Nueva España llegó a ser considerada como una plaga social, sin exageración; un medio de disolución, en el que se aliaban naturalmente las expectativas y las ansiedades del azar con el gusto, no fácilmente controlable, por el relajo, que implica a su vez proclividad a la violencia verbal y física, en no pocos casos animada por el consumo del alcohol. Se trataba de crear, de popularizar, un juego que despertara vivas aficiones, incluso pasiones, pero que a la vez estuviera marcado por la moderación. Éste es un concepto central: había que aprovechar la pasión por el juego, manteniendo todas las aficiones, despojándolo de su aspecto pernicioso, en el que se asociaba al vicio, al ocio improductivo y, por ende, a la pérdida de los exiguos capitales de la mayor parte de los jugadores. El concepto moral de moderación corresponde a otro de índole sobre todo política: el de regulación. 

El virrey Marqués de Croix, en sus comunicados al Rey Carlos III, es plenamente fiel de estos principios. Dice que el de la lotería es "el más moderado de los juegos de suerte, por cuanto se hace a la vista de la autoridad". Agrega: "este juego no supone pérdida que deteriore las fortunas, a la vez que hay una cierta ganancia para el Estado". Estas ideas se inspiraban en las de Francisco Xavier de Sarría, promotor y primer director de la Real Lotería. Su labor de promoción fue formidable. Llegó de España en 1767, con muy buenas recomendaciones para presentar al virrey y al visitador general, José de Gálvez. Buscaba una posición, un empleo, y tenía una idea muy clara, largamente afinada. Cuenta Sarría: "El conocimiento que adquirí de los genios y disposición de este país (el nuestro) me suministraron la idea de promover el establecimiento de una Lotería; pero como entonces no me hallaba con la instrucción suficiente para poner en ejecución este pensamiento, me fue preciso volver a España, como lo ejecuté a principios del año de 68..., pasando a Madrid en donde me mantuve tres meses sin otro objeto que el de instruirme en el método que se observa en la dirección de aquella Lotería." Los grandes ejemplos de Sarría fueron los de Holanda e Inglaterra, y su aplicación mexicana fue autorizada por Carlos Francisco de Croix, el virrey, en 1770. En el centro de la ciudad de México se expendieron los primeros billetes y pudieron verse, en sitios de nutrida confluencia de paseantes, las listas de ganadores. No se ganaba poco. Sarría se había instruido en Amsterdam y Londres, donde los organizadores tenían asegurado un beneficio del 24 por ciento. En la Nueva España lo que se destina a la Corona es el catorce por ciento, de una oferta de un millón de pesos a la que contribuirían, y por la que jugarían, cincuenta mil personas. Al comienzo el billete, sin divisiones y sin cachitos, costó veinte pesos. Pronto los organizadores resintieron los efectos de su error: la lotería no podía ser un juego para ricos. Se decidió entonces bajar el precio a cuatro pesos y se instituyeron las fracciones. 


(Tomado de: Reyes, Juan José - Cuestión de suerte, Editorial Clío, libros y videos S. A. de C. V., México 1997)