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jueves, 16 de julio de 2026

Teresa Hernández Antonio

  


Recordando a Teresa Hernández Antonio 

Por Arturo Rivas 


La revolucionaria Teresa Hernández Antonio fue una militante destacadísima de la Brigada Roja agrupación, de la Liga Comunista 23 de Septiembre que operó en el Distrito Federal y estados circunvecinos. 

A Teresa Hernández la conocí años antes, en el fragor del Movimiento Estudiantil de 1968. Cuando los activistas de la Preparatoria N° 9 de la UNAM forzaron y se posesionaron del taller de impresión de esa escuela y, como pudieron, echaron a funcionar su pequeña imprenta. La mayoría de esa cuadrilla de improvisados impresores era del sexo femenino, y Teresa de las más entusiastas. Sin embargo, la inexperiencia impidió sacar ventaja provechosa de esa máquina y a los pocos días dejó de funcionar. Pero ello no desalentó a estos artífices de Gutenberg y, de inmediato, se coordinaron con los estudiantes de la cercana Unidad de Zacatenco, del instituto Politécnico Nacional. Pronto la Prepa 9 se vio invadida por cuantiosos activistas de las más diversas escuelas; y con ellos, como por arte de magia, también mimeógrafos, tintas y papeles. De ese taller salían diariamente kilos y kilos de octavillas, manifiestos, proclamas, carteles, engomados, pancartas, volantes, etc., etc. Se trabajaba ininterrumpidamente las 24 horas del día; los voluntarios sólo paraban para las necesidades más elementales, dormían pocas horas sobre los montones de papel y continuaban con la faena. 

Ese entusiasmo se mantuvo durante el mismo tiempo que duró el Movimiento Estudiantil. Pero el verdadero motor de esa actividad siempre fue ese puñado de muchachas y muchachos idealistas de "la 9". Eran incansables, inteligentes, disciplinados y también muy alegres y bulliciosos. Y Teresa Hernández Antonio, con ellos. 

Fue en esos días cuando Teresa inició su noviazgo con David Jiménez Sarmiento, el líder más carismático de esa escuela universitaria. Ese amor de ellos surgió y desarrolló enmedio de los mítines, las lecturas socialistas, los debates, las interminables asambleas, las marchas demandantes de libertades ciudadanas, las consignas pintarrajeadas en las paredes y los cánticos rebeldes. Fue cuando estaba prohibido prohibir. 

Después, como es del conocimiento general, las lozanas voces de ese portentoso movimiento estudiantil y popular fueron reprimidas y pisoteadas por el autoritarismo gubernamental. El pueblo mexicano fue burlado y matado por sus propias autoridades, una vez más. 

El estudiantado asimiló la derrota y volvió a las aulas. También Teresa y David retomaron sus estudios, pero ahora con una hija recién nacida. Se habían casado -para disgusto de sus propias familias- e iniciaban vida marital, que sólo la muerte interrumpiría. 

Ella procedía de una familia de clase media acomodada y pretenciosa; era una güerita modosita y educada, gustaba de tocar piano (había piano en su casa). David, por el contrario, derivaba de una familia proletaria, del arrabal, del mal comer y vivir al día. Tiempos difíciles enfrentaba el matrimonio de Teresa y David. Él consiguió un modesto empleo con el que mantenía dignamente a su nueva familia, y continuaba tozudamente con su formación académica; aspiraba a graduarse como economista. Ella atendía amorosamente a su hija y hogar, y por las tardes asistía a la escuela, sentía el llamado de la sociología. Además, ambos incrementaron también su actividad política. 

Para muchos, la represión brutal al Movimiento del 68 y demás movilidades de en esa época (la de los médicos, la de los ferrocarrileros, los copreros, el asesinato de Rubén Jaramillo, etc.) había demostrado el verdadero carácter del Estado mexicano: burgués, reaccionario y  represor. Sin ninguna viabilidad para las necesidades democráticas de la sociedad. Entonces la lucha armada fue vista como un camino necesario por mi generación. 

Cuando yo decidí incorporarme a la guerrilla, mi primera alegría fue constatar allí la amplia presencia del sexo femenino. Mi segunda sorpresa agradable fue reencontrarme también allí a Teresa Hernández Antonio, siempre con su inseparable esposo David Jiménez. 

En la Liga Comunista 23 de Septiembre, la presencia de las mujeres era cotidiana. Esa presencia femenil, natural y militante, le confería a la Liga unas maneras, un vocabulario y un olor distintivos que impedía la vulgaridad y los desplantes machistas, que muchos de nosotros pretendíamos justificar por la clandestinidad y actividad militar. ¡Qué orgullo concurrir a la utopía juntamente con estos seres! No sólo su belleza e inteligencia, sino por su característico pensamiento, sinuoso, perspicaz, alegre y malicioso para llegar a conclusiones sorprendentes. Ellas siempre nos regalaron nuevos argumentos más angelicales, y también más endemoniadamente atravesados. Igual de disciplinadas, igual de valientes, igual el temple y la entereza. Estas guerrilleras le dieron a la palabra compañera otra connotación. 

Era tan amplia la comparecencia femenina, que existieron en la Liga comandos integrados exclusivamente por mujeres. Y no pocas de ellas figuraron en las diligencias regionales y nacional.

Teresa Hernández Antonio, con una bebita de dos o tres años y, además, con un nuevo bebé recién nacido, participó en varias acciones -expropiaciones, les decíamos-, primero con el comando "Lacandones" y luego en la Liga. Este tipo de acciones demandaron siempre de un alto grado de sorpresa, brevedad y contundencia por lo que se requirió previamente de investigaciones y preparación minuciosas. Era en la planeación de estos operativos donde la mente calculadora, curiosa y observadora de Teresa se desplegaba en toda su magnitud, y siempre fueron exitosos. 

Pocos con la capacidad, energía, disciplina y entrega a la Revolución como Teresa Hernández Antonio. Ella llegó a comandar simultáneamente a varias células de la Brigada Roja; y téngase en cuenta que capitanear cualquier célula de esta Brigada Roja era tarea más que dificultosa ¡Allí, hasta el más chimuelo mascaba rieles!

Años después, preso yo en la cárcel de Lecumberri, me enteré de la trágica muerte de esta admirable revolucionaria. Que cayó en combate contra las fuerzas gubernamentales; que Teresa junto con el también dirigente Adolfo Lozano Pérez, Mariano, cayeron en una emboscada -ella, tan precavida y ducha-; que se suscitó el enfrentamiento en Ciudad Universitaria, durante una exposición canina; que los camaradas usaron sus armas de fuego, pero la desventaja fue abrumadora; que sus cuerpos mostraban el tiro de gracia. En fin, ¡Qué pérdida! 

Quiero terminar la evocación a Teresa Hernández Antonio con estas líneas, que son de la autoría de Fernando Pineda Ochoa, camarada del Movimiento de Acción Revolucionaria: 


¿Cómo imaginarte antes 
                                            compañera? 
¿Eras buena?
                        Eres mejor ahora 
Tus manos 
                de madre 
                                de hermana 
                                                     de hija 
                                                                de novia 
Recogieron el fusil 
                                    del comandante Guevara. 
La ternura atesorada mezquinamente 
                                    para el macho se derrama...
Amorosamente se diluye 
                                repartida para todo aquel que lucha. 
Estás presente 
                        Mujer 
                                   Camarada 
                                                    Compañera. 
La miel de tu palabra 
                                    la silvestre fruta de tu boca 
Cuerpo frágil ceñido 
                                    al arma 
Una granada de adorno 
                                        una gorra de campaña 
Te entrego todo mi amor 
                                            Compañera 
                                                                Proletaria.


Muchas gracias por su atención.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

jueves, 27 de noviembre de 2025

Dení Prieto Stock

 


Adela Cedillo

(Panel 1.- Testimonios de las Fuerzas de Liberación Nacional)


[...]


La historia de la historia que les voy a contar comenzó 31 de julio de 1995. Ese día, con la lectura del semanario "Proceso" descubrí de forma sorpresiva el caso de una joven de 19 años que en 1974 perdió la vida en un enfrentamiento con el ejército en San Miguel Nepantla, un pueblo bello pero casi irrelevante en la geografía nacional, de no haber sido porque cobijó el nacimiento de la hermana Juana Inés de la Cruz. A lo largo de ocho años la importancia de ese suceso en mi concepción del cambio social y las relaciones entre la ética y la política han sido invaluable. Por ello siento que tengo una especie de deuda personal con Dení Prieto Stock y la generación de revolucionarios de la que formó parte. 

A casi 30 años de la caída de las Fuerzas de Liberación Nacional, sirva esta semblanza como un pequeño homenaje a la memoria de los masacrados en Nepantla: Alfredo Zárate Mota, Mario Sánchez Acosta, Anselmo Ríos Ríos, Carmen Custodio Ponce y Dení Prieto Stock, quienes como muchísimos otros jóvenes de la época, desearon que el país en el que ahora estamos fuese más libre, democrático, igualitario y justo. 

El verdugo y la flor 

En el Archivo General de la Nación se encuentran fotografías del cadáver de Dení. En una de ellas, tomadas desde un ángulo forense típico, se puede apreciar el cuerpo inerte de una pequeña joven con los ojos y la boca entreabierta y salpicaduras de sangre en la cara, mismos que contrastan intensamente con la blancura de la piel. Pero lo más impactante es la inmensa aureola de sangre que corona una cabeza que albergó muchas de las ideas más nobles que ha concebido la humanidad. No puedo apartar esta perturbadora imagen de mi cabeza, como tampoco la de los otros cuatro caídos. A ninguno le perdonaron el tiro de gracia. Las expresiones del dolor de los rostros reflejan que la vida les fue arrancada mientras intentaban asimilar lo que ocurría. Murieron con esa incertidumbre y ahora a otros les toca valorar si su sacrificio tuvo sentido o no. En lo personal, no creo, como lo creían los sobrevivientes de las FLN, que la sangre derramada fuese el abono de una revolución. La luchas sociales tienen resultados concretos y en el caso de la guerrilla mexicana, éstos deben rastrearse entre la reforma política de 1978 y el levantamiento zapatista de 1994

Por lo pronto, creo que las personas, ajenas o no a ese proceso, tenemos la obligación de perpetuar la guerrilla, pero ahora contra el olvido. El estado mexicano en los setentas creyó que al exterminar físicamente a los disidentes había ganado la guerra. Pero la dictadura de partido y el poder desmesurado de los genocidas llegaron a su fin. Hoy por hoy, algunos de los ejecutores de la represión están prófugos de la justicia. En cambio, nosotros estamos aquí para recordar que los caídos en la lucha tienen aún algo que decirnos y no es poco lo que les debemos. 

Por ello hoy deseo evar a Dení mucho más allá de la macabra foto que exhibieron sus asesinos como trofeo ante sus amos. Porque un verdugo puede pisotear una flor, pero jamás destruirá su esencia. 

Vida familiar 

El abuelo de Deni Prieto fue un revolucionario zapatista que a lo largo de su vida se convertiría en uno de los principales promotores del anticomunismo en América Latina. Su nombre era Jorge Prieto Laurens. Originario de San Luis Potosí, participó en la rebelión Delahuertista, jefaturó un partido de corte fascista y fundó el Frente Popular Anticomunista de México

Este furibundo anticomunista, antisoviético, fascista y antisemita, al lado de la coahuilense Felisa Argüelles procreó varios hijos. El primogénito fue Carlos, quien tras concluir sus estudios en Estados Unidos, regresó a su país natal casado con una neoyorquina judía de origen ruso y filiación comunista de nombre Evelyn Stock. Este debió haber sido un castigo mayor para un hombre que había incluido a su propio sobrino, Luis Prieto (activo militante del Movimiento de Liberación Nacional), en la lista de comunistas poderosos peligrosos. 

Carlos Prieto, de oficio dramaturgo, fue convertido al comunismo por su esposa y pidió su ingreso al PCM, más estaba en la lista de los vetados por portar genes reaccionarios. Para ser consecuente con sus ideas, no tuvo más opción que militar en el partido de los "poquitos", el POCM, en el que estuvo hasta su disolución. 

La familia Prieto Stock tuvo dos hijas a las que bautizaron con nombres indígenas: Ayari y Dení, que significa 'flor" en otomí; ella nació un 8 de septiembre de 1955 en la ciudad de México. Las niñas viajaban mucho a Estados Unidos para visitar a su familia neoyorquina, formándose así en un ambiente bilingüe y multicultural. Además, con el objeto de "no alejarlas de la vida mexicana auténtica", a decir del padre, cursaron la primaria y la secundaria en la escuela públicas de la colonia Roma. En resumidas cuentas, Dení tuvo una formación atípica en el seno de una familia clasemediera, atea, de corte intelectual, ética liberal, e ideología de izquierda. 

Dení heredó el amor al teatro de su padre y desde pequeña montó obras. A los 12 años, obsesionada con sus raíces eslavas y anglosajonas, más que con las francesas, leía a escritores rusos, británicos y estadounidenses. Por supuesto, no descartaba a los autores mexicanos. Sor Juana Inés de la Cruz era una de sus poetas favoritas. A sus 14 años, Dení tenía la osadía de calificar a los estructuralistas franceses de "inteligentes pero confundidos". Era, sin lugar a dudas, una excelente estudiante, aunque la academia no era su prioridad. Extrañamente tampoco se inclinó por la actuación, pese a su belleza física. Además, era una chica que disfrutaba más de la música de protesta que del rock de moda. Desde luego, no era una "asceta" y prueba de ello es que tuvo muchos novios. Sin embargo, todas sus preocupaciones las canalizó rápidamente hacia las cuestiones sociales. Su hermana mayor, Ayari, estudiaba en la preparatoria 6, la cual aportó su cuota de muertos en el movimiento estudiantil del '68. Esto contribuyó a que los padres, preocupados por la seguridad de la hija menor, metieran a Dení al Colegio Madrid, en contra de su voluntad. 

Dení, que convivía con los hijos de otros intelectuales de izquierda del barrio de Coyoacán pero que jamás había militado en las Juventudes Comunistas ni en ninguna otra organización, comenzó prontamente a realizar trabajo social entre comunidades campesinas del Estado de México y Tlaxcala. Su brigada impartía clases, ayudaba a la construcción de obras públicas en comunidades e instruía a la gente en la crianza de conejos y el cultivo de soya. Por estas actividades, las brigadistas fueron a dar a la cárcel en Toluca. Dení obligó a su padre a pagar las mordidas y las fianzas de todos sus compañeros para obtener su liberación.

Paso a la clandestinidad 

De repente, en un momento incierto del año 1973, Dení fue reclutada por las Fuerzas de Liberación Nacional por Julieta Glockner, responsable de la red urbana del Distrito Federal. En un principio Dení debió pertenecer a las células de Estudiantes y Obreros en Lucha (EYOL), realizando tareas sencillas, como recolección de medicamentos, ropa, víveres, etc. Más tarde, la caída de Salvador Allende, entre otras cosas, reafirmó su opción por la lucha desde la clandestinidad. El tío de Dení, Luis Prieto, la vio por última vez en una manifestación de protesta por los sucesos de Chile, en septiembre de 1973. Ella le dijo que la oligarquía no dejaría el poder más que a balazos. Al siguiente mes, sobreponiéndose a su aversión por la sangre y el fuego, Dení se fue de su casa para irse a vivir al cuartel general de las FLN en Nepantla, Estado de México

La versión familiar de su ausencia señalaba que Dení haría estudios de enfermería a los Estados Unidos, pero tanto los padres como su hermana sabían que se integraría a la lucha como profesional de tiempo completo y le dieron todo su apoyo moral y económico, en la medida de sus posibilidades. Es pertinente traer a colación que las FLN eran la única organización político-militar que se autofinanciaba con las contribuciones mensuales de sus integrantes, por lo que no realizaba asaltos ni secuestros. 

De este modo, a una edad en que los jóvenes preparatorianos deben escoger una carrera universitaria, Dení eligió el oficio de revolucionaria. Como explica en su carta de despedida a sus padres, no era una decisión espontánea producto de un exceso de romanticismo revolucionario, aventurismo suicida o desesperación extrema. Ella perteneció a la casta que no podía vivir con el peso de las masacres, la impunidad, el autoritarismo, y la injusticia social sobre sus espaldas. Cumplió así con un imperativo moral fijado por las circunstancias, por lo que entre las personas que la conocieron, su vida se convirtió en un extraordinario y admirable ejemplo de congruencia, valor y dignidad. En un error de apreciación están los que opinan que fue utilizada como carne de cañón por los líderes extraviados de una organización delirante. Ella nunca dejó de saber lo que estaba haciendo, hasta el último minuto de breve pero intensa existencia. 

En el cuartel de Nepantla Dení convivió con 2 mujeres, Carmen Custodio y Gloria Benavides y 4 hombres, Raúl Morales, Alfredo Zárate, Mario Sánchez y Anselmo Ríos. A decir de Gloria, el machismo feroz de los hombres las llevó a hacer un frente común para lograr la equidad de género, lo cual obtuvieron en un lapso muy corto. También en tiempo récord se dieron los enamoramientos. Era inevitable en virtud de la estructura militar de la que formaban parte, en la que estaba terminantemente prohibido establecer contactos con el exterior, leer periódicos, escuchar las noticias. Era una especie de reality show pero clandestino y con fines revolucionarios. 

Los muchachos, que en su mayoría no habían usado sus manos más que para abrir libros y mover la pluma, aprendieron de forma autodidacta cómo manejar armas, curtir pieles, criar ganado, moler trigo, etc. El resto del tiempo no tenían qué hacer más que verse las caras y escucharse. En esas condiciones Dení se enamoró del regiomontano Raúl Sergio Morales Villarreal, quien fuera uno de los fundadores de las FLN en el lejano 1969. Él era 10 años mayor que ella y había estudiado economía. Anteriormen, Raúl había estado casado con la también regiomontana Elisa iIinia Sáenz Garza, quien se convertiría en un mito en las comunidades indígenas de las cañadas de Chiapas, al ser la primera mujer zapatista detenida-desaparecida como consecuencia de un enfrentamiento de las FLN con el ejército en marzo de 1974. 

A finales de noviembre de 1973, Dení y Raúl, quienes se conocían simplemente como María Luisa y Martín, contrajeron matrimonio por las leyes revolucionarias de las FLN, con la autorización del responsable Alfredo Zárate, alias Salvador o Santiago, que hacía tiempo también se había desposado con Carmen (a) Sol en la clandestinidad. Poco más tarde, Gloria (a) Ana y Mario Sánchez (a) Manolo hicieron lo propio. Anselmo (a) Gabriel, no tuvo más remedio que construir un cuarto apartado del de las nuevas parejas. 

Esta vida de ermitaños no estaba diseñada para durar mucho tiempo. Los altos mandos de la organización habían programado el traslado de algunos cuadros a otras casas de seguridad urbanas o incluso al Núcleo Huerrillero Emiliano Zapata, ubicada en el rancho El Chilar, anexo a la finca El Diamante, Chiapas. Sin embargo, una serie de crasos errores en el sistema de seguridad de la organización produjo la caída de las principales casas de seguridad de las FLN. La casa habitada por Napoleón Glockner y Nora Rivera en Monterrey fue descubierta y sus ocupantes fueron torturados salvajemente durante toda la noche del 13 de febrero para que señalaran la ubicación de otras casas de seguridad. Durante el amanecer del día 14, elementos de la Policía Judicial, auxiliados con miembros de la Policía Militar, arribaron a Nepantla. Guiados por Nora Rivera (Glockner, despedazado por la tortura, permanecía en el interior de un coche), judiciales y militares llegaron a la casa por ella señalada, en el circuito Sor Juana Inés de la Cruz. Después de intimidar y apresar a los habitantes y destruir o robar lo que encontraron a su paso, cayeron en la cuenta de que Nora los había engañado. En efecto, la joven maestra había arriesgado su vida para alertar a sus compañeros de la presencia del ejército y así darles tiempo de escapar. Todos los del pueblo se enteraron de que unos "ladrones" habían llegado, según unas versiones, o bien, que la policía estaba buscando "narcotraficantes". Todos, excepto los muchachos que vivían en Jacarandas No. 13. No obstante, sería hasta las 21:00 que el primer Batallón de la Policía Militar, comandado por el Capitán Mayor de Infantería Jesús Germán Porras Martínez y proveniente del Campo Militar No. 1, iniciaría el ataque.  Es probable que en el transcurso del día la policía obligara a Nora y a Napoleón a señalar la verdadera ubicación de la casa y una vez que los militares estuvieron seguros del dato, apostaron sus fuerzas alrededor de la granja de Jacarandas 13 y bloquearon todas las entradas y salidas del pueblo. Una luz de bengala fue la señal que dio el ejército para comenzar una ofensiva totalmente injustificada desde el punto de vista jurídico, ya no digamos moral. Los soldados comenzaron el ataque con granadas y morteros, a la par que obligaban a Nora y a Napoleón a gritarles a sus compañeros que se rindieran. Ante este ambiguo mensaje, los combatientes no tuvieron más opción que responder al ataque. "Vengan por nosotros", fue la lacónica respuesta de Salvador, el súbito jefe de la operación defensiva. El ejército comenzó a arrojar gases lacrimógenos para obligar a los ocupantes a salir. Éstos intentaron huir por la parte trasera de la casa, pero fueron rápidamente interceptados y cuatro de ellos perdieron la vida. Entre ellos Dení, quien trágicamente había extraviado sus lentes con las primeras explosiones. Gloria Benavides estaba a su lado y la llamó para que la siguiera, pero ya no obtuvo respuesta. Los tres sobrevivientes cruzaron la barda hacia la casa de al lado, pero un soldado ya la había penetrado y se dio otro tiroteo. Manolo fue visto y ejecutado con un tiro en la frente. Por su parte, Gloria y Raúl fueron detenidos mientras intentaban evadir el cerco. Por la desigualdad de condiciones (7 contra 100, pistolas de bajo calibre contra armas de alto poder, explosivos, etc.), los guerrilleros no produjeron ninguna baja al ejército. 

Los cuerpos de los masacrados fueron fotografiados, subidos a unas camionetas y llevados a la ciudad de México, donde fueron enterrados en una fosa común del panteón Dolores. Siete años más tarde, los restos de Dení fueron rescatados por su tío Luis, se cremaron y se depositaron en la urna de una iglesia en la avenida Cerro del Agua. En esa urna también quedó sepultada para siempre la posibilidad de saber si la osamenta rescatada fue verdaderamente la de Dení. 

No tengo más que agregar que cada generación es responsable de construir el mundo que necesita y desea. En ese sentido, los jóvenes revolucionarios de los setenta cumplieron con su obligación. Su inmolación en el altar de la utopía no pasó inadvertida por la historia. Sólo por eso, hoy podemos estar aquí, rindiéndole un homenaje a la generación de la dignidad. 


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

jueves, 23 de octubre de 2025

María Margarita Marcelina Andrade Vallejo “Andrea”



María Margarita Marcelina Andrade Vallejo “Andrea” 

Por Alberto G. López Limón 


María Margarita Marcelina Andrade Vallejo cayó en combate el 14 de abril de 1977 al enfrentarse con elementos pertenecientes a la Brigada Blanca y de la División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia, cuando éstos habían detectado una de las casas de seguridad de la Liga Comunista 23 de septiembre, por lo cual realizaron un operativo en la Colonia Avante en el Distrito Federal donde, se suscitó un enfrentamiento armado [CNDH]. 

El 14 de abril de 1977 a las 7:30 horas elementos de la Dirección Federal de Seguridad y de la Brigada Especial instalaron un dispositivo de seguridad con la intención de detener a Francisco Alfonso Pérez Rayón (a) "La Papa", "Andrés" y Luis Miguel Corral García (a) "El piojo Blanco". En el momento de los hechos se acercaron al lugar varias patrullas de la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, cuyos tripulantes, al escuchar disparos de arma de fuego, acudieron en auxilio de los miembros de la Dirección Federal de Seguridad y de la Brigada Especial. Como resultado fue detenido-desaparecido Francisco Alfonso Pérez Rayón. Rayón fue trasladado a las instalaciones de la Brigada Especial, lugar donde se llevó a cabo su interrogatorio. 

La versión vertida por el Lic. Javier García Paniagua, entonces Director Federal de Seguridad, del 14 de abril de 1977, es falsa. La detención-desaparición de Francisco Alfonso Pérez Rayón y la muerte de Luis Miguel Corral García fueron el resultado de errores azarosos no de la delación, infiltración o investigación de los cuerpos de seguridad. Para empezar, la casa de seguridad en que se encontraban ambos, junto con otros de sus compañeros, fue detectada el 12 de abril de 1977 por la impericia como chofer, de uno de los elementos que vivían en ese domicilio. Al sacar su automóvil no se fijó y empujó a un motopatrullero. El oficial, que resultó ser parte de la escolta del General Arturo Durazo Moreno, entonces Director General de Policía y Tránsito, se levantó del suelo y de forma prepotente y amenazante desenfundó su pistola para amedrentar al conductor y a sus compañeros. En la parte superior de la casa la guardia de seguridad que se había percatado del incidente, creyendo que ya los habían descubierto y protegiendo a sus compañeros abrió fuego contra el policía. El enfrentamiento entre guerrilleros y escoltas se generalizó. Informada la central, de inmediato se giraron instrucciones para que decenas de agentes de la Dirección Federal de Seguridad, Brigada Blanca y División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia cerraran el cerco y detuvieran a los moradores. Varios activistas fueron detenidos y otros murieron. La mayoría de los habitantes eran mujeres. En un principio no sabían a quién habían detenido, ni que era una casa de seguridad de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Después del tiroteo pudieron identificar a Francisco Alfonso Pérez Rayón, quien detenido-desaparecido con vida fue inmediatamente trasladado a los separos de la Dirección Federal de Seguridad en Plaza de la República, donde fue sometido a intensas sesiones de tortura para que entregara las citas que tenía con otros miembros de su organización y el domicilio de otras casas de seguridad. Francisco era considerado por la policía como el principal responsable de la Liga Comunista 23 de Septiembre en la capital del país. Se conoce que Miguel Nazar Haro dio órdenes de que fuera ejecutado, pero se desconoce si se llevó a cabo la orden. Los demás detenidos fueron trasladados al Campo Militar No. 1

Como resultado de los interrogatorios, se montó un dispositivo de seguridad dos días después. El 14 de abril al asistir a una cita, a las 9 de la mañana, los agentes de la Brigada Blanca al intentar detener a los activistas frente al número 2366 de la Calzada de Tlalpan iniciaron un feroz enfrentamiento, muriendo en el acto Antonio Guerrero Arellano de la Policía Judicial Federal y quedaron lesionados Arturo Mateo Acosta de la Policía Judicial del Distrito Federal y un voceador de periódicos que se encontraba en el lugar de los hechos. Los diferentes cuerpos policiales de inmediato se hicieron presentes en la calle de Retorno 24, Colonia Avante, con el objetivo de cercar la casa marcada con el número 55, donde se encontraba la joven revolucionaria María Margarita Marcelina Andrade Vallejo (a) "Andrea", su hijo de dos años y dos sirvientas, María de los Ángeles y Silvia Espino Estrada. Margarita se enfrentó sola contra más de cien policías. Al comenzar la balacera Andrea tuvo a su lado a su hijo pero cuando se intensificó se lo entregó a María de los Ángeles. En un momento de tregua las sirvientas lograron entregarse a la policía y salvar al pequeño hijo de Margarita y Francisco Alonso. 

María Margarita logró lanzar dos bombas de fabricación casera. Finalmente, una bala salida de su propia arma le alcanzó el parietal derecho y si le produjo la muerte. La persecución y el número de policías aumentaron; se inició una cacería en las casas aledañas al número 55. Los cateos se realizaron en forma violenta, causando daños materiales. Las pesquisas continuaron durante tres horas en la Colonia Avante, Centinela y Educación. Horas más tarde su cadáver fue identificado por sus familiares, detenidos-desaparecidos durante 13 días del mes de septiembre de 1975, en el Campo Militar No. 1, con el objetivo de arrancarles cualquier dato que permitiera la localización de Margarita. Para acallar las protestas por la forma abusiva de ejercer el poder, la Dirección General de Policía y Tránsito presentó a tres de los activistas detenidos en la Colonia Casas Alemán: Aurora Castillo Mata (a) "Belén", José Luis Esparza Flores (a) "Carlos" y Antonio Orozco Michel (a)  "Michel". El esposo de Ma. Margarita Marcelina Andrade Vallejo, Francisco Alfonso Pérez Rayón, aún continúa detenido-desaparecido.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

lunes, 4 de agosto de 2025

Marta Alicia Camacho Loaiza


 

Intervención de Marta Alicia Camacho Loaiza 


Fue secuestrada por el ejército y la Federal de Seguridad en el estado de Sinaloa, es integrante de la Unión de Madres con Hijos Desaparecidos de Sinaloa, actualmente es profesora e investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en el área de Historia.


Agradezco a las compañeras "Tita" y Rosa María por haberme invitado a participar en este evento. No tenía la certeza de asistir porque mi madre está hospitalizada gravemente. 

En el año de 1977, en la Universidad Autónoma de Sinaloa, al igual que en otras universidades del país, se estaban manifestando grupos como lo mencionaba "Tita" y Rosa María, grupos antagónicos dentro de la Universidad, grupos de porros y los grupos de personas que tl en la tesis de Maestría en Historia. 

El 12 de febrero de 1976, contraje matrimonio con José Manuel Alapisco Lizárraga, quien laboraba como maestro en la UAS en la preparatoria Flores Magón y en la Escuela de Ingeniería Civil en Culiacán, fuimos estudiantes de la escuela de Economía. 

El 19 de agosto de 1977, aproximadamente a las 19 horas, estaba en nuestro domicilio en compañía de la señora Josefina Machado Torres y justo cuando nos disponíamos a cenar irrumpieron violentamente un grupo de personas fuertemente armados, por su vestimenta pude saber que se trataba de miembros del ejército, elementos de la Dirección Federal de Seguridad y policías de la judicial del Estado. 

Apuntándonos con sus armas nos preguntaron: ¿Quién es Martha? A lo que le respondí: soy yo, de inmediato a la señora la vendan de los ojos y se la llevan en un vehículo, enseguida empiezan a golpearme en el rostro y el cuerpo al mismo tiempo que me preguntaban: ¿Dónde está tu marido? Dando por respuesta que él se encontraba trabajando, luego me arrastraron de los cabellos unos ocho metros hacia donde estaba la sala de la casa. 

Seguían golpeándome, le suplicaba que por favor no me golpearan en el vientre, a lo que me respondían, que lo que querían era dañarme a mí y al hijo que esperaba, me ubicaron en la sala de la casa de tal forma que desde la calle fuese visible, enseguida todos los vehículos se retiraron de nuestro domicilio, algunos individuos se escondieron detrás de los muebles, otros en el techo de la casa, transcurrieron varios minutos, creo que dos horas, en ese momento llovía, veo que llegan a casa José Manuel y un jovencito de nombre Juan Germán Flores Carrasco, escucho gritos al mismo tiempo que se inicia una balacera un individuo que estaba detrás de un mueble, me tira al piso y trata de cubrirme de las balas, inmediatamente que termina la balacera me levantan y me ponen una venda en mis ojos al mismo tiempo me atan las manos, de nuevo  soy arrastrada de los cabellos hacia un vehículo tipo combi, me tiran al piso y caigo sobre Francisco Javier Manríquez Pérez. 

Somos trasladados a la novena zona militar de Culiacán, lo sé porque me quitaron la venda de los ojos para tomar fotos y huellas dactilares, en esos momentos observo gente con uniforme de militares y sus armas tenían las siglas del ejército mexicano, enseguida me sientan en una silla para interrogarme, pasaron las horas y de manera violenta escucho que se abre una puerta y escucho que arrastran algo y lo dejan caer, enseguida me bajan la venda de los ojos y me dicen: "mira cómo quedó el perro de tu marido" y me arrojan sobre su ensangrentado cuerpo la sangre salía a borbotones de su pecho, intento levantarme pero una patada en mi espalda me hace caer nuevamente sobre mi esposo, un tipo me dice: "Se cree muy güevudo el cabrón, pues mira, ya no tendrá más güevos" entonces lo castran delante de mí. 

Me vendan nuevamente y escucho que es arrastrado hacia el baño y abren la llave de la regadera creo que para que se desangrara, me llevan a otra habitación y allí estaba la señora Josefina, nos tiramos al suelo a dormitar, ambas muy golpeadas, los días transcurrieron en medio de tortura, interrogatorios, muertes, etc., pues además de nosotras, también estaban casi todos los jóvenes que hasta la fecha se encuentran desaparecidos de Sinaloa. 

Una noche nos trasladan a una casa de seguridad a todos, cada noche llevaban detenidos diferentes, algunos salieron en libertad, otros murieron durante interrogatorio y otros siguen desaparecidos. 

El 29 de septiembre, nace mi hijo en condiciones infrahumanas, el momento de parir había llegado, sin el mas mínimo aseo rasgaron mi cuerpo para introducir unos forceps y sacar al bebé en todo momento golpeándome e insultándome, pero aún así mi hijo logra nacer bien. 

De tanto maltrato que se me dio cuando iba a nacer mi hijo, afortunadamente pues nace: actualmente tiene 26 años, es licenciado en letras y literatura hispana y algunas de las compañeras lo conocen y lo más dramático lo más patético de esto es que en ese momento cuando él nace me levantan la venda y veo a mi bebé todavía con sangre pero con una metralleta en su cabeza, y me dicen: "obsérvalo, míralo por única vez, esto es lo que pariste y nosotros lo bautizamos con el nombre de Thompson porque es lo primero que él siente al nacer una metralleta Thompson". 

Lo que viene después obviamente, no, no hubo ni la más mínima atención de aseo, al menos, imagínense tantos días secuestrada con la misma ropa y por consecuencia vienen infecciones ya con altas temperaturas, cómo transcurren aproximadamente unas semanas después de que nace el bebé, te viene temperaturas, creí que me iba a morir, y me sueltan así de simple, yo tenía la mitad de mi cuerpo paralizado, después me integro a casa de mis padres nuevamente como hija de familia pero ahora con un bebé. 

Aquí viene también un proceso que muchas de nosotras quizá no hemos podido superar; viene la cuestión social, cómo la cultura que se tiene hasta la fecha nos afectó desde el punto de vista emocional psicológico, social, laboral, en todos los aspectos nos viene a dañar. ¿Por qué? En primera instancia, yo vengo de una familia media acomodada. Si bien es cierto tuve todas las comodidades materiales sin embargo tuve el rechazo completo de la familia; rechazo que hasta la fecha continúa, siendo etiquetada de comunista, "la guerrillera", "la asesina", en fin, un montón de consignas que nos cuelgan, que nos ponen ahí, que nos bautizan. Sin embargo, creo yo que surge ahí esa fuerza interna que a todas nos identifica, por eso estamos aquí. 

Disculpen la palabra pero allá en Sinaloa somos muy malhablados, ni madre, esa pinche chingadera que me pasó no me hunde más que pura madre. Eso da pie a que yo siga y continúe mi carrera, termine, forme un nuevo hogar, me casé nuevamente. Tengo otras hijas casi profesionistas también; actualmente me acompaña la más pequeña. Nosotros la llamamos la bebé Marisol, ponte de pie bebé. Me preguntaban anoche las compañeras ¿Cómo le haces para llevarte tan bien con tus hijos? Bueno les digo yo he tratado de ser amiga de ellos, y no he puesto ese abismo generacional, ese abismo de cultura. Yo siempre he tratado de hacer como ellos de apoyarlos, trato de ser su amiga. 

Les mencionaba, creo que tuve el coraje y la fuerza suficiente tanto para superar la parálisis como la atención psicológica profesional, pues ya mi hijo es Licenciado en Letras, el miércoles se recibió otra de mis niñas en la Licenciatura de Estudios Internacionales y Políticas Públicas y en junio junio otra de mis niñas en Licenciada en Psicología. Yo invito a las compañeras que tuvimos el coraje, que estamos aquí, la mayoría de nosotras profesionistas de una u otra forma proyectadas no sólo como personas, como mujeres sino como profesionistas a que integremos a este tipo de movimientos a aquellas compañeras que no pudieron superarlo, que todavía viven como dicen los jóvenes que se quedaron allá arriba, que no ven el cambio que hoy tenemos en todos los aspectos, pues yo las invito a que continúen una vida normal, pero eso sí siempre con la fuerza que todas traemos interna de espíritu de lucha y que nos apoyemos como mujeres que somos. Pues adelante y felicidades por impulsar este tipo de encuentros.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

sábado, 5 de abril de 2025

Hortensia García Zavala

 


Semblanza de Hortensia García Zavala 


Por Reyna García Zavala


Hortensia se casó en 1976 con Ramón Cardona Medel, quien estaba preso desde septiembre de 1971. Había sido detenido en el Campo Militar Número 1 y luego en Lecumberri, Hortensia como parte de los Comandos Armados del Pueblo. Su esposo había sido militante del MAR y más tarde pasaría a integrarse a la Liga comunista 23 de Septiembre. En 1977 fue amnistiado, entonces vivieron juntos procreando un hijo de nombre Ramón.

En 1978, entre el 6 y el 9 de junio, fueron detenidos por la Brigada Blanca en la colonia Maravillas en Ciudad Nezahualcóyotl. Después de que fue detenida Hortensia nosotros no sabíamos si su hijo Ramón había sido desaparecido también. Nos dimos a la tarea de investigar su paradero y el de Hortensia y Ramón. El niño tenía 7 meses. Para nosotros era muy doloroso imaginarnos las torturas que estaría sufriendo, junto con sus padres. 

Afortunadamente un año después logramos su localización. Mi hermana había tenido la precaución de encargarlo poco antes de ser detenida. Durante veinticinco años he luchado con la esperanza de encontrar a mi hermana y a mi cuñado con vida. Fue hasta este año que localicé en los archivos de la Dirección Federal de Seguridad, recién abiertos, las fotografías de mi hermana y cuñado ya asesinados, en la que se observa, claramente, la tortura a la que fueron sometidos. Esas fotografías mataron mi esperanza de encontrarla viva, pero no mataron mi determinación de seguir luchando porque estos crímenes se aclaren y los responsables sean castigados y esos hechos no se repitan nunca más. 

Gracias.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

sábado, 1 de marzo de 2025

Elisa Irina Sáenz Garza



Elisa Irina Sáenz Garza 

Por Adela Cedillo 


Bueno Elisa, como ya les había comentado, era una maestra regiomontana. Su hermano era el tercer responsable regional de las Fuerzas de Liberación Nacional. Elisa se incorporó a la guerrilla desde el 69. Fue la primera mujer de las Fuerzas de Liberación Nacional. Ella se casó con Raúl Sergio Morales Villarreal, quien también fue esposo de Dení, ella también fue la primera mujer que llegó a Chiapas al núcleo Emiliano Zapata, y bueno les voy a leer algo que escribió el compañero Alberto López Limón sobre ella. 

Elisa Irina Sáenz Garza, originaria de Monterrey, Nuevo León, y miembro de la Dirección Nacional de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, fue detenida-desaparecida junto con su esposo Raúl Enrique Pérez Gazque el 21 de marzo de 1974 en Ocosingo, Chiapas, por soldados pertenecientes al 46° Batallón de Infantería del Ejército Mexicano

Unidades del Ejército Mexicano y Dirección Federal de Seguridad detectaron en el Rancho "El Diamante", Municipio de Ocosingo, Chiapas, una base de entrenamiento del núcleo militar y dirigencia nacional de las Fuerzas de Liberación Nacional, integrada por César Germán Yáñez Muñoz (a) "Manuel" o "el hermano Pedro"; Juan Guichard Gutiérrez (a) "Calderón"; Carlos Arturo Vives Chapa (a) "Luis"; Raúl Enrique Pérez Gasque (a) "Alfonso", "Miguel" y Elisa Irina Sáenz Garza (a) "Carmen", "Blanca", "Murcia" y "María", quienes al ser descubiertos por elementos policiacos, huyeron hacia la sierra, pero posteriormente fueron detenidos Vives Chapa, Sáenz Garza y Pérez Gasque (bueno aquí solo quiero aclarar que fueron detenidos por separado).

Después del enfrentamiento sostenido con las fuerzas militares Elisa Irina y sus compañeros intentaron romper el cerco y escapar, a través de la sierra, sin embargo agotados por el esfuerzo y sin víveres decidieron hacer contacto con los habitantes del rancho de Santa Rita creyendo poder obtener las mercancías necesarias; no se percataron que los campesinos de esa zona eran simpatizantes y colaboradores de las fuerzas armadas. En un descuido fueron apresados por los habitantes quienes de inmediato se comunicaron con las tropas regulares a quienes los entregaron. 

Raúl Enrique Pérez Gazque, también miembro de la dirección nacional de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, esposo de Elisa Irina Sáenz Garza, en su declaración del 9 de abril de 1974 señaló que el 21 de marzo al ir a comprar una cajetilla de fósforos a la tienda fue detenido por la población civil de Santa Rita junto con su esposa Elisa Irina Sáenz Garza "Blanca" y amarrados los trasladaron a la cárcel, para que media hora más tarde lleguen elementos del Ejército para conducirlos a El Diamante, municipio de Ocosingo, Chiapas. Ya vendados en dicha población trasladaron al matrimonio a la zona militar de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

El 23 de marzo de 1974 fueron capturados por un grupo campesino campesinos que acompañaban a elementos del 46* Batallón de Infantería en el rancho de Santa Rita, municipio de Ocosingo, Chiapas. Los combatientes Elisa Irina Sáenz Garza y a Raúl Enrique Pérez Gázque miembros del grupo guerrillero Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. De inmediato fueron trasladados al cuartel militar de Tuxtla Gutiérrez, donde comenzaron a ser torturados para obtener toda la información posible sobre las actividades y miembros de su organización revolucionaria. A las 07:00 hrs. del 1 de abril, procedente del Distrito Federal arribó Aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez el avión tipo C-47 matrícula 6006 de la Fuerza Aérea Mexicana para trasladar al Campo Militar No. 1 tanto a Elisa Irina Sáenz Garza como Raúl Enrique Pérez Gazque. Dicho avión despegó de Tuxtla Gutiérrez a las 18:05 horas y se estimó su arribo a la ciudad de México a las 21:00 horas de ese mismo día. 

Se ha intentado extraoficialmente que la opinión pública crea que murieron en la Sierra Lacandona de Chiapas, eludiendo la responsabilidad que tienen las fuerzas armadas en su detención-desaparición.

Elisa Irina Sáenz Garza y Raúl Enrique Pérez Gazque fueron llevados al Campo Militar No. 1, donde rindieron declaración bajo tortura. Desde el 9 de abril de 1974 no se sabe nada de ellos, pero en sus expedientes, fechados en 1980, la Dirección Federal de Seguridad anotó lacónicamente que ambos habían muerto ese año. Si estos sujetos cometieron la atrocidad de tener a Elisa seis años en un sótano, en una cárcel clandestina, en el Campo Militar No. 1, es algo que se nos debe aclarar y también dónde están sus cuerpos, qué hicieron con ellos. 


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).