Mostrando las entradas con la etiqueta fauna. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta fauna. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de abril de 2026

Aves en la gastronomía prehispánica

 


Aves en la gastronomía prehispánica 

En México existen más de 1,000 especies de aves, de las cuales cerca de 233 fueron utilizadas en más de una manera. Los restos óseos de aves son frecuentes en los depósitos arqueológicos de todas las épocas y por ello sabemos que era ampliamente utilizadas, aunque aún debe ahondarse en la investigación sobre las distintas maneras en que eso se hacía. Por ejemplo, algunas especies eran apreciadas por sus plumas, con las que se confeccionaban toda clase de objetos de lujo y rituales; otras lo eran por su significado en la cosmovisión (como el águila) o por su canto. Se ha calculado que 133 especies entre acuáticas y terrestres eran usadas como alimento. Había lo mismo ejemplares que eran casados fuera de las poblaciones, algunos en épocas del año específicas, los que eran capturados en la milpa y los que eran sujetos de manejo o crianza, señaladamente el guajolote. Es muy probable que existiera un activo comercio de las aves vivas o de partes como la carne, la piel, las plumas y los huevos (Corona, 2023). No es difícil imaginar que con tal universo de especies disponibles existiera una enorme variedad en las maneras de consumirlo. Los recuentos de los primeros tiempos después de la conquista, entre los que sobresale por su acucioso detalle el Códice Florentino, la magna obra dirigida por Bernardino de Sahagún, dan cuenta de ello. Guajolotes, patos, codornices y otras muchas aves formaban parte de la dieta diaria de ciertos grupos, de aquellos con la capacidad de obtenerlos, y del conjunto social en ocasiones especiales, ya sea las fiestas civiles o las rituales. La carne de las aves se cocinaba asada o cocida, se preparaba con salsas y vegetales, y se comía en guisos o como relleno de tamales. 


(Tomado de: Vela, Enrique y Nieves Noriega, María: La cocina prehispánica. Arqueología Mexicana, edición especial 122, Editorial Raíces, S.A. de C.V., Ciudad de México, 2025)

jueves, 9 de abril de 2026

Isla Cedros, Baja California


 Isla Cedros, Baja California 


Descripción de lugar.- Si hubiera que buscar en los mapas mexicanos alguna Isla que pudiera competir, en belleza, con las Islas Galápagos, sería sin duda la magnífica Isla Cedros.

Situada en la parte septentrional de la península de Baja California, bañada por las aguas del Pacífico Norte y por las corrientes de la costa peninsular, esta enorme isla, con una población de 1,700 habitantes, alberga una prodigiosa cantidad de fenómenos naturales que sería difícil abarcarlos todos en unos días. 

En invierno y primavera se topará usted, casi seguramente, con alguna de los cientos de ballenas que se dirigen al Refugio de la laguna de San Ignacio. Se aconseja visitar los campamentos en el borde exterior de algunas de las cañadas principales que descienden de lo alto de la sierra interior. 

También se pueden apreciar las enormes colonias de elefantes de mar y de sus ruidosos vecinos, los nerviosos lobos de mar y sus primas genéticas, las lúdicas focas. En invierno, en época de gran apareamiento, se ven a miles de estos mamíferos "tomando el sol" en forma pasiva. Si no se tiene precaución y paciencia, al primer encuentro con el hombre, la estampida al mar es generalizada. Años de exterminación de estos mansísimos animales, los convirtió en celosos y nerviosos actores a la vista del género humano. Los lobos de mar, considerados extintos, son protegidos por la ley desde 1930, fecha en la que, milagrosamente, se salvaron unas cuantas parejas que se refugiaron en la isla de Guadalupe. 

Desde el campamento se puede recorrer, en un día, cualquiera de las grandes cañadas que albergan millones de restos fósiles. Como por ejemplo, enormes dientes de tiburones que habitaron el lugar hace muchos años. Pero quizá la más bella experiencia de esta isla es su soledad, su silencio y el paisaje encuadrado por el azul metálico del mar. 

Con un poco de suerte, podremos visitar dos puntos considerados de importancia mundial, uno como conservación del patrimonio animal de la humanidad y el otro, como patrimonio clave de la explicación geológica de la formación de los continentes. Se trata de la "visita" al elefante marino, colosal mamífero reportado casi extinto, y el recorrido por las fracturas geológicas de la isla para conocer, entre otras maravillas, los prolíferos sedimentos de fósiles marinos del pleistoceno. 

Cómo llegar.- Existe ahí un aeropuerto donde da servicio la única línea aérea que comunica a la isla con el resto del país. Otra manera de llegar es, contando con un sólido transporte, atravesando el prodigioso Desierto del Vizcaíno, enorme reserva de la biósfera, entre cactáceas y dunas franqueadas por las salinas de la bahía de Guerrero Negro. Al llegar al pequeñísimo sitio de Punta Eugenia, Finisterra en las antiguas cartas de navegación, se alquila una embarcación "ballenera" para atravesar el canal marítimo que separa la isla del continente. El trayecto para llegar a un lugar llamado Punta Norte dura aproximadamente dos horas. 

Servicios existentes.- En Punta Norte se encuentra un caserío de pescadores amables que, mediante un trueque, pueden ofrecerle una porción de langosta o de abulón. Únicamente en la población de Cedros se puede encontrar comida, y a precios no muy accesibles. No existe ningún otro tipo de servicios. 

Equipo necesario.- Para disfrutar mejor de la estancia en esta isla, rarísimamente visitada, recomendamos llevar todo lo necesario para acampar en el sitio conocido como Punta Norte. 

Duración de la excursión.- De 3 a 4 días.

Mira un video de Isla Cedros, AQUÍ.


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)

lunes, 3 de noviembre de 2025

Las flores que vuelan: Estado de México-Michoacán

 


Las flores que vuelan: Estado de México-Michoacán 

"Son las que van por el día como un tigre alado", según el poeta Aridjis. Son las que pueden volar más de cinco mil kilómetros cada año sin descansar, según los biólogos. Son las que un día al año cubren el cielo, las que nunca han faltado la cita con la naturaleza desde hace más de 250 mil años, las auténticas reinas del aire: son las mágicas mariposas monarca

A pesar de los cientos de estudios y las decenas de reportajes que sobre ellas se han hecho, las mariposas monarcas siguen siendo un enigma  de nuestro México Mágico. Su instinto de inmigración, que las hace recorrer cinco mil kilómetros de distancia a una velocidad de 60 kilómetros por hora, no ha sido entendido del todo. Se sabe que llega, cómo llega, pero no por qué escogió como santuario un pedazo de nuestra magia. 

Si bien su objetivo es evitar los fríos invernales para encontrar un poquito de calor, hubiera podido establecerse en un lugar cálido más cercano. Quizá la razón de todo sea el encanto de su recinto amoroso, uno que conocieron virgen, abundante en árboles y plantas y que hoy es hospeado por cientos de curiosos que buscan atestiguar la trayectoria que con sólo imaginarla, cansa. 

Inician su viaje en el otoño, cuando sienten que el frío se acerca, se reúnen en grupos y empiezan La travesía, una penosa travesía en medio de fuertes vientos, lluvias. No todas cumplen su meta Pero las que sí llegan se encargarán de multiplicar la especie reponiendo a las que murieron en el camino. 

Al llegar al santuario de las mariposas monarca se siente la magia de millones de insectos que como dijo el mismo Aridjis, brotan secretamente de árboles oscuros. Ya establecidas en la zona mágica, que por razones obvias no queremos ubicar, alfombran el suelo, tapizan los árboles y prácticamente se confunden con el follaje. 

Las monarca se adueñan de toda la magia que antes de su llegada se distinguían. Cinco mil mariposas cubren una sola rama que a razón de seis gramos por insecto cae vencida por el peso en algunas ocasiones. 

El santuario de las monarca está hecho para que se reproduzcan ya que cuando llega la primavera, las mariposas emprenden el camino de regreso; otros cinco mil kilómetros para seguir cumpliendo su ancestral ciclo. 

Nacen en un lugar, vuelan a otro y se reproducen aquí, sin conocer previamente una ruta, sin verificar un mapa, sin hacer grandes planes, las monarcas nunca fallan, saben lo que hacen y por qué. Algunas monarcas que llegan de regreso al Canadá son las nietas y bisnietas de las mismas que salieron en otoño rumbo a una magia que sólo pertenece a nuestro México.


(Tomado de: Sendel, Virginia - México Mágico. Editorial Diana, S.A. de C.V., México, D.F., 1991)

miércoles, 7 de mayo de 2025

Animales en la lengua mexicana actual II

 


Nombres de animales II


Aquí algunas de las frases que se componen de nombres de animales:


Le hicieron de chivo los tamales 

tiene corazón de pollo 

es chiva 

ahí te viene el Oso Barías 

se le brincan las cabras


Se le van las cabras al monte 

le rechinga la marrana 

póngase víbora 

chivateó 

lo agarraron de su marranito 

El borrego 

según el sapo es la pedrada 

está caballón


No seas mula 

móchate con las guajolotas 

es grillo 

el gusano que se aloja en el anochecer del amor 

es tiburón 

la pura borregada 

es delfín


Es mariposa 

huele a chivo 

no te empiojes 

ese güey es mariposón 

hay que agarrar al toro por los cuernos


Muévete o te empiojas 

los ostiones que habían Torreón 

te hizo mosca 

iba hecho la cochinilla 

saca la mosca 

los ostiones que había en Tokio con crema de Osaka 

es conejo 

saca las tortugas 

es mapache


Se las da de muy gallito 

te pesan las tortugas 

salto de otro corral 

se engalló 

ya tienes pelícanos en el embarcadero 

Se aleonó


Gateo en la noche 

nomás no te pongas muy león, eh güey?

se sacó la rifa del tigre 

órale güey entuza el varo! 

es un mono muy cagado


Anda como gallina culeca 

está pollo 

le jala el pescuezo al ganso 

le ruge la pantera 

me canso ganso 

ni para enyerbar un perro sirve 

a la ver gatos, no hay ratones 

lo cuatrearon como coyote 

ese güey es muy cotorro 

no des brincos de chapulín 

al haber garrapatas 

le arrimó el camarón 

se cree muy pantera 

Trae el puro camarón 

si no leo me aburro 

nomás te andas paveando 

hueles a león



Quedó bien ardilla 

le corretean las lombrices 

hijo de perra 

no sé si le funciona la ardilla!

parece burro manadero 

se quedó como el perro de las dos tortas 

estaba como burro en primavera 

es puro pájaro nalgón 

nalgas de víbora 

me dicen el burro espacial: porque soy el burro que fue a Marte 

chichis de gallina 

corazón de pollo


El papá de los pollitos 

es gallina ponedora 

No más andas de grillo 

Le aventó los perros 

lo coyoteó 

ese güey nomás es piojo 

qué oso 

nomás no pela un chango a cachetadas 

La oveja negra 

vamos a bailar el oso 

No seas culebra 

darle de puñaladas al oso 

el pavo roso 

los zorrearon 

qué oso hiciste

Se azorrilló

tu amiga... la araña esa 

rata de dos patas 


hijo de loba 

está perro 

¿Qué pez?

se pone flamenco


Le dio pajarilla 

Cenó chango en adobo 

la vaca es muy tetona 

la perica 

te relleno el pavo roso 

le chilla la ardilla 

la guajolota 


le tiró los canes 

andas en la grilla 

viejo zorro 

se engoriló 

es un chango culero 


El coyote cojo 

La res tirada 

ave de mal ágüero 

le ruge la pantera


El pato ano 

tirar la nutria al río 

le hicieron de chivo los tamales 

No le busques tres pies al gato 

el pato ancho 

mejor pájaro en mano que ciento volando... me agarras cansado 

el pato Culiacán 


échate una manita de gato 

tú qué sabes de puercas a medias 

a otro perro con ese hueso 

al pato chimuelo 

tú qué sabes del amor si nunca te ha besado un burro 

el pato mil arrugas 

al tiro que ese güey es conejo



Ves burro y se te ofrece viaje 

lo agarraron como al tigre de Santa Julia 

el pato apestoso 

te huele el osito Bimbo 

ahí te lo laballenas que luego te apescaditos 

Qué bonitos ojitos pajaritos!

el pato madre 

camarón que se duerme... amanece en ceviche 

el pato anodino 

nos vemos al ratón 

ese güey es la mera rata 

el pato Aniceto 

toma chango tu banana 

terco como mula 

según el sapo es la pedrada


El pato Anacleto 

se te ve el pajarito 

ponte trucha 

el pato culei 

vas como el cangrejo 

se hizo ojo de hormiga 

el pato chupatruzas 

al ratón nos vemos 

el pato llamamoscas 

hay que hacer la vaca 


gato madre 

de noche todos los gatos son pardos 

me aburrí 

se engoriló


Tu di rana y yo salto 

le dicen el pájaro quema Marías 

No seas borrego 

es una vieja lagartona 

es el pájaro mea garras 

es el caimán 


me duele el puerquecito 

préstame tu perro Rito ó

pásame a tu perro Rón


No seas cabrón 

mío dijo el gato 

se le va la cochina al monte 

chivo brincado chivo pagado 

ya se me cansó el caballo




(Tomado de: Amman, Guya (Autor), Luter Meza Bernal (investigación) y Bernardo Martínez Torres (ilustraciones) - Enciclopedia de los legoritmos mexicanos. Tercera Edición, S. A. de C. V. México, 2020).

miércoles, 9 de abril de 2025

Animales en la lengua mexicana actual I

 


Animales en la lengua mexicana (I)


Lo mismo que con casi todas las voces mexicanas los animales de los que se habla en el diario vivir, casi nunca son animales, casi siempre son otra cosa, pónganse truchas no se los vayan a coyotear o los vayan a agarrar de sus puerquitos.


Trucha: estado de alerta: ¡Póngase bien trucha!!!

Nutria: excremento.

Perro: ferocidad, herramienta, fealdad. 

Zorra: tonto, promiscuidad.

Zorro: viejo colmilludo, acto de buscar algo intensamente. 

Zorrillo: hombrecillo desaseado.

Ratón: hombre cobarde y pequeño. 

Venado: meneado activo. 

Dragón: pobre higiene bucal. 

Caracol: insulto, lento baboso y carga con una casa que no es suya...

Caballo: tu cuerpo, toalla femenina, auto. 

Gaviota: ladrón oportunista. 

Rata: ladrón. 

Gato: empleado, herramienta. 

Pájaro: pene, espía, ojos... ojitos pajaritos. 

Camello: trabajo. 

Burro: transportador, lerdo, tonto, defensa de auto, taco. 

Güey: pareja 

Buey: pendejo. 

Wey: cuate milenial. 

Vaca: conjunto de ahorro. 

Borrego: seguidor, cabello rizado. 

Mosca: mal tercio, dinero, símbolo de distracción, símbolo de adversidades y prevención. 

Cocodrilo: adicto, auto. 

Víbora: chismoso, criticón. 

Coyote: siesta, defraudador, astuto, mañosos. 

Chivo: mal olor símbolo de infidelidad o engaño, despensa familiar. 

Cuino: persona gorda. 

Piraña: persona cruel. 

Pantera: muy capaz, falta de higiene bucal, amenazante. 

Ardilla: falta de aseo corporal, rapidez mental. 

Oso: ridículo, pelea, vagina. 

León: líder, poseedor de grandes huevos, símbolo de arrogancia. 

Tigre, arrogancia, peligrosidad. 

Perico: enervante, persona que habla mucho. 

Iguana: igual. 

Rana: amiga de la iguana. 

Cotorro: gracioso, platicador, ameno. 

Cotorra: mujer de cierta edad, desagradable y hablantina. 

Cacatúa: derivación de cotorra, pero con más cierta edad. 

Cucaracha: personas deleznable, rastrera y de múltiples faltas. 

Mula: persona hosca y déspota, con muy mala cara y mala actitud, transportador. 

Grillo: político, persona que habla mucho. 

Tiburón: negociador temible. 

Delfín: mensajero, antiguo transporte colectivo de los 80's. 

Ballena: antiguo transporte de los 80's. 

Mariposa: persona mariposona. 

Piojo: hombrecillo mezquino. 

Libélula, mariposón. 

Conejo: ladrón, vagina. 

Mapache: político. 

Gallina ponedora: mujer liberal...

Pollo: débil, inmaduro, ingenuo, frágil, suave. 

Ganso: pene. 

Chapulín: traidor, irrespetuoso de las normas. 

Oveja: con su pareja. 

Loba: chava chida. 

Perra: chava no tan chida, asunto difícil. 

Culebra: culero. 

Chinicuil: persona menuda y servil. 

Coyol: persona pequeña y curiosa. 

Buitre: oportunista, despiadado. 

Gorila: hombre grande, tosco, guardaespaldas. 

Guajolote: alimento reiterativo y confuso, hablar sin estilo. 

Paloma: vagina, mujer. 

Gallo: serenata, llanta usada, actitud bravía, escupitajo, tono vocal fallido. 

Gallito: intento de valentía, llanta muy gastada. 

Gallina: accesorio para cargar tambos, cobarde. 

Aguilita: posición fecal preventiva. 

Guila: presenta no? 

Gatazo: apariencia de pulcritud 

Alacrán: persona con otros gustos. 

Tuza: tesoro escondido, escondite. 

Sapo: magnitud pecunaria conjunto de billetes. 

Grifo: que se engripa. 

Chango: cualquier otra persona, persona vulgar. 

Mono: chango, despectivo. 

Pulpo: novio fogoso. 

Cabra: magnitud psicológica que se nos salta a cada ratito. 

Viborón: pene. 

Flamenco: exquisito. 

Cochinilla: rapidez y eficiencia. 

Hormiga: acto de desaparecer. 

Camarón: de acuerdo. 

Tortuga: alimentos chidos, lentitud. 

Toro: asunto desafiante, hay que agarrar el toro por los cuernos…

Bestia: petición de observancia: ¿Qué no ves...tia? 

Pinacate: posición sexual, ponte listo. 

Pajarilla: vagina. 

Marranito: pan. 

Puerquito: bullying a la antigüita, que te agarren de su puerquito de barco o de bajada. 

Tordo: medidas femeninas. 

Ostra: escondida, otra cosa, desaparición. 

Cochinito: cuenta de ahorros, puerquito, de barco o de bajada. 

Chacál: persona despiadada, criminal, oportunista. 

Pelícanos, derivación de pelos. 

Camarón: dinero, pene. 

Langosta: mucho cuidado cuando escuche esto, no sea que le den chorizo por langosta, tenga cuidado. 

Burro: no seas burro. 

Pato: sinónimo de holgazanería, sinónimo de baja calidad. 

Palomilla: grupo de amigos. 

Luciérnaga: la luz, el dinero. 

Víbora: vivo, póngase vivo. 

Pantera: pobre higiene bucal, cuando alguien hace presunción de sus capacidades. 

Pez: asunto: (¿Qué pez?).

Codorniz: pene. 

Lombriz: alguien que se mueve mucho. 

Araña: mujer poco agraciada y de malos sentimientos, cualquier objeto en mal estado. 

Pavo: símbolo de lentitud y pereza. 

Mula: persona con malos modales y mala cara. 

Ostiones: semen, potenciador sexual.



(Tomado de: Amman, Guya (Autor), Luter Meza Bernal (investigación) y Bernardo Martínez Torres (ilustraciones) - Enciclopedia de los legoritmos mexicanos. Tercera Edición, S. A. de C. V. México, 2020).

lunes, 7 de octubre de 2024

La lengua mexicana



Las lenguas de América, dice Paw, son tan estrechas y escasas de palabras, que no es posible explicar en ellas ningún concepto metafísico. “No hay ninguna de estas lenguas en que se pueda contar arriba de tres. No es posible traducir un libro, no digo en las lenguas de los algonquines y de los guaranís o paraguayos, pero ni aun en las de México o del Perú, por no tener un número suficiente de términos propios para enunciar las nociones generales."
Cualquiera que lea estas decisiones magistrales de Paw, se persuadirá sin duda que decide así después de haber viajado por toda la América, de haber tratado con todas aquellas naciones y haber examinado todas sus lenguas. Pero no es así. Paw sin salir de su gabinete de Berlín, sabe las cosas de América mejor que los mismos americanos, y en el conocimiento de aquellas lenguas excede a los que las hablan.


Yo aprendí la lengua mexicana y la oí hablar a los mexicanos muchos años, y sin embargo, no sabía que fuera tan escasa de voces numerales y de términos significativos de ideas universales, hasta que vino Paw a ilustrarme. Yo sabía que los mexicanos pusieron el nombre centzontli (400), o más bien el de centzontlatale (el que tiene 400 voces) a aquél pájaro tan celebrado por su singular dulzura y por la incomparable variedad de su canto. Yo sabía también que los mexicanos contaban antiguamente por xiquipili, así las almendras de cacao en su comercio como sus tropas en la guerra; que xiquipili valía ocho mil, y así para decir que un ejército se componía, por ejemplo, de cuarenta mil hombres, decían que tenía cinco xiquipili.


Yo sabía, finalmente, que los mexicanos tenían voces numerales para significar cuantos millares y millones querían; pero Paw sabe todo lo contrario y no hay duda que lo sabrá mejor que yo, porque tuve la desgracia de nacer bajo un clima menos favorable a las operaciones intelectuales. Sin embargo, quiero, por complacer la curiosidad de mis lectores, poner abajo la serie de los nombres numerales de que se ha valido siempre los mexicanos, en la cual se ve que los que, según dice Paw, no tenían voces para contar más que tres, a pesar suyo las tienen para contar por lo menos cuarenta y ocho millones. Del mismo modo podemos convencer el error de [Charles-Marie de] La Condamine y Paw en otras muchas lenguas de América, aun de aquellas que se han reputado las más rudas, pues se hallan actualmente en Italia personas experimentadas de aquel Nuevo Mundo y capaces de dar plena noticia de más de sesenta lenguas americanas; pero no queremos cansar la paciencia de los lectores. Entre los materiales recogidos para esta mi obra, tengo los nombres numerales de la lengua araucana, que a pesar de de ser la lengua de una nación más guerrera que civil, tiene voces para explicar aun millones.


No es menor el error de Paw en afirmar que son tan escasas las lenguas americanas, que no son capaces de explicar un concepto metafísico, lección que aprendió de La Condamine. “Tiempo, dice este filósofo hablando de las lenguas de los americanos, duración, espacio, ser, sustancia, materia, cuerpo. Todas estas palabras y otras muchas no tienen voces equivalentes en sus lenguas, y no sólo los nombres de los seres metafísicos, pero ni aun de los seres morales, pueden explicarse por ellos sino impropiamente y por largos circunloquios”. Pero La Condamine sabía tanto de las lenguas americanas como Paw, y tomó sin duda este informe de algún hombre ignorante, como sucede frecuentemente a los viajeros. Estamos seguros de que muchas lenguas americanas no tienen la escasez de voces que piensa La Condamine; pero omitiendo por ahora lo que mira a las otras, discurramos sobre la mexicana, principal asunto de nuestra contienda.


Es verdad que los mexicanos no tenían voces para explicar los conceptos de la materia, sustancia, accidente y semejantes; pero es igualmente cierto que ninguna lengua, de Asia o de Europa, tenía tales voces antes que los griegos comenzasen a adelgazar, abstraer sus ideas y crear nuevos términos para explicarlas. El gran Cicerón, que sabía tan bien la lengua latina y floreció en los tiempos en que estaba en su mayor perfección, a pesar de estimarla más abundante que la griega, lucha muchas veces en sus obras filosóficas para encontrar voces correspondientes a las ideas metafísicas de los griegos. ¿Cuántas veces se vio precisado a crear nuevas voces equivalentes en algún modo a las griegas, porque no las encontraba entre las voces usadas por los romanos? Pero aun hoy día, después de que aquella lengua fue enriquecida por muchas palabras inventadas por Cicerón y otros doctos romanos, que a ejemplo suyo se dedicaron al estudio de la filosofía, le faltan términos para explicar muchos conceptos metafísicos, si no se recurre al bárbaro lenguaje de las escuelas.


Ninguna de aquellas lenguas que hablan los filósofos de Europa, tenía palabras significativas de la materia, la sustancia, el accidente y otros semejantes conceptos, y por lo tanto fue necesario que los que filosofaban adoptasen las voces latinas o las griegas. Los mexicanos antiguos, porque no se ocupaban en el estudio de la metafísica, son excusables por no haber inventado voces para explicar aquellas ideas; pero no por esto es tan escasa su lengua en términos significativos de cosas metafísicas y morales, como afirma La Condamine que son las de la América meridional; antes aseguro que no es tan fácil encontrar una lengua más apta que la mexicana para tratar las materias de la metafísica, pues es difícil de encontrar otra que abunde tanto en nombres abstractos, pues pocos son en ella los verbos de los cuales no se formen verbales correspondientes a los en io de los latinos, y pocos son también los nombres sustantivos o adjetivos de los cuales no se formen nombres abstractos que significan el ser o, como dicen en las escuelas, la quiditad de las cosas, cuyos equivalentes no puedo encontrar en hebreo, ni en griego, ni en latín, ni en francés, ni en italiano, ni en inglés, ni en español, ni en portugués, de las cuales lenguas me parece tener el conocimiento que se requiere para hacer el cotejo. Pues para dar alguna muestra de esta lengua y por complacer a la curiosidad de los lectores, pondré aquí a su vista algunas voces que significan conceptos metafísicos y morales, y que las entienden aun los indios más rudos.


La excesiva abundancia de semejantes voces ha sido causa de haberse expuesto sin gran dificultad en la lengua mexicana los más altos misterios de la religión cristiana y haberse traducido en ella algunos libros de la Sagrada Escritura, y entre otros los de los Proverbios de Salomón y los Evangelios, los cuales, así como la Imitación de Cristo, de Tomás Kempis, y otros semejantes trasladados también al mexicano, no pueden ciertamente traducirse a aquellas lenguas que son escasas de términos significativos de cosas morales y metafísicas. Son tantos los libros publicados en mexicano sobre la religión y la moral cristiana, que de ellos solos se podría formar una buena biblioteca. Después de esta disertación pondremos un breve catálogo de los principales autores de que nos acordamos, así para confirmar cuanto decimos como para manifestar nuestra gratitud a sus fatigas. Unos han publicado un gran número de obras que hemos visto. Otros, para facilitar a los españoles la inteligencia de la lengua mexicana, han compuesto gramáticas y diccionarios.


Lo que decimos del mexicano podemos en gran parte afirmarlo de otras lenguas que se hablaban en los dominios de los mexicanos, como la otomí, matlatzinca, mixteca, zapoteca, totonaca y popoluca, pues igualmente se han compuesto gramáticas y diccionarios de todas estas lenguas y en todas se han publicado tratados de religión, como haremos ver en el catálogo prometido.


Los europeos que han aprendido el mexicano, entre los cuales hay italianos, franceses, flamencos, alemanes y españoles, han celebrado con grandes elogios aquella lengua, ponderándola al grado de que algunos la han estimado superior a la latín y la griega,como hemos dicho en otra parte. Boturini afirma que “en la urbanidad, elegancia y sublimidad de las expresiones, no hay ninguna lengua que pueda compararse con la mexicana”. Este autor no era español sino milanés; no era hombre vulgar sino erudito y crítico; sabía muy bien, por lo menos, el latín, el italiano, el francés y el español, y del mexicano supo cuanto bastaba para hacer un juicio comparativo. Reconozca, pues, Paw su error y aprenda a no decidir en las materias que ignora.


Entre las pruebas en que quiere apoyar [Georges Louis Leclerc, conde de] Buffon su sistema de la reciente organización de la materia en el Nuevo Mundo, dice que los órganos de los americanos eran toscos y su lengua bárbara. “Véase -añade- la lista de sus animales, y sus nombres son tan difíciles de pronunciar que es de admirar haya habido europeos que se hayan tomado el trabajo de escribirlos.” No me admira tanto de su fatiga en escribirlos como de su descuido en copiarlos. Entre tantos autores europeos que han escrito en Europa, la historia civil o natural de México, no he encontrado ni uno que no haya alterado y desfigurado los nombres de las personas, animales y ciudades mexicanas, y algunos lo han hecho en tal grado, que no es posible adivinar lo que quisieron escribir. La historia de los animales de México pasó de las manos de su autor el Dr. Hernández, a las de Nardo Antonio Recchi, el cual nada sabía de mexicano; de las manos de Recchi pasó a las de los académicos Linces de Roma, los cuales la publicaron con notas y disertaciones y de esta edición se sirvió Buffon. Entre tantas manos de europeos ignorantes de la lengua mexicana, tenían que alterarse los nombres de los animales. Para convencerse de la alteración que sufrieron en las manos de Buffon, basta confrontar los nombres mexicanos que se leen en su Historia Natural, con los de la edición romana del Dr. Hernández.


Por lo demás, es cierto que la dificultad en pronunciar una lengua a la que no estamos acostumbrados, y principalmente si la articulación de ella es muy diversa de la de nuestra propia lengua, nos convence que sea bárbara. La misma dificultad que experimenta Buffon para pronunciar los nombres mexicanos, experimentarían los mexicanos para pronunciar los nombres franceses. Los que están acostumbrados a la lengua española, tienen gran dificultad para pronunciar la alemana y la polaca, y les parecen las más ásperas y duras de todas. La lengua mexicana no ha sido la de mis padres ni la aprendí de niño y, sin embargo, todos los nombres mexicanos de animales que cita Buffon como prueba de la barbarie de aquella lengua, me parecen más fáciles de pronunciar que muchos otros tomados de algunas lenguas europeas, de las cuales usa en su Historia Natural. Tal vez parecerá lo mismo a los europeos que no están acostumbrados ni a una ni a otras lenguas; y no faltará quien se admire de que Buffon se haya tomado el trabajo de escribir aquellos nombres, capaces de causar miedo a los más valientes escritores. Finalmente, en lo que respecta a las lenguas americanas, debe estarse al juicio de los europeos que las supieron, más bien que a la opinión de los que nada saben.


(Tomado de: Clavijero, Francisco Javier - Historia Antigua de México. Prólogo de Mariano Cuevas. Editorial Porrúa, S. A, Colección “Sepan Cuántos…” #29, México, D. F., 1982)

viernes, 19 de agosto de 2022

Los insectos comestibles

 


Muchas especies de insectos son extremadamente valiosas para el hombre, entre otras razones porque son comestibles. Los insectos son consumidos en todo el mundo por muchos grupos étnicos y forman parte de sus tradiciones y de sus hábitos alimenticios.

La mayoría de las especies se comen en estado inmaduro, aunque en algunos casos la ingestión incluye todos los niveles de desarrollo.

En México las especies aprovechadas han sido numerosas, y ello ha tenido mucho que ver con la diversidad de ecosistemas en que esas especies se asientan. Generalmente la ingestión de insectos está asociada a aquellas especies cuyas poblaciones son elevadas, que se encuentran en gran número, cuya localización y recolección son simples y cuya presencia, aunque intermitente, es constante. Por ello, los que más se consumen son aquellos insectos denominados sociales (abejas, avispas, hormigas y termitas); los que presentan algún tipo de gregarismo (mariposa monarca, chapulines y chinches); algunas especies de insectos acuáticos, o los que se encuentran en sitios de agregación; aquellos que se desarrollan en conjunto porque los padres ahí dejaron los huevecillos (gusano de los palos, gusano del nopal, gusano del maguey, los pescaditos), o incluso aquellas especies que constituyen plagas (gusanos de maíz, chapulines).

La disponibilidad de los insectos comestibles depende de la estación del año, del lugar de que se trate y de la gente que ahí habite. Hay una economía de la energía en su búsqueda, y aquellos factores se correlacionan con otros ciclos naturales como son las fases de la Luna, la floración de una determinada especie o la migración de algún animal, etc.

El gusto es, sin duda, el principal factor que determina la elección de los insectos comestibles pero, desde luego, éste es diferente entre los habitantes de las áreas rurales y los de las ciudades; además, de uno u otro modo la gente sabe cómo incrementar su palatabilidad. Aun así, la ingesta diaria no es suficiente para suplir las necesidades.

Existe también una desigualdad en la ingesta proteínico-calórica entre las diferentes familias de un lugar, y aun dentro de una misma familia, lo que depende del número de personas que la integran, de las edades y de la actividad de cada uno de sus miembros. Son importantes también el status social de los diferentes alimentos, así como los hábitos y las tradiciones de la localidad.

Hasta ahora hemos registrado 531 especies de insectos comestibles tan sólo para México, y 3169 especies para todo el mundo, pertenecientes a diferentes grupos, entre ellos: chapulines, libélulas, moscas de mayo, chinches acuáticas y terrestres, cigarras, periquitos, escarabajos acuáticos y terrestres, mariposas diurnas y nocturnas, tricópteros, moscas, moscos, abejas, hormigas, avispas y termitas, los cuales son, en su mayoría, ingeridos en estado inmaduro. Esto es importante, ya que los insectos constituyen un recurso natural renovable que incluso se puede cultivar en desechos o esquilmos, tanto de origen vegetal como animal.

Podemos decir que los insectos desempeñan una función importante, tanto cualitativa como cuantitativamente, en la nutrición de grupos culturales. Muchos insectos comestibles son preservados, almacenados y comercializados, y de esta manera la gente puede tener alimento durante los tiempos de escasez. Además, es interesante señalar que en todo el mundo existen temporadas y métodos semejantes de explotación, así como de colecta, consumo, preservación y mercadeo.

[Tomado de: Ramos-Elorduy, Julieta, "Insectos comestibles", Arqueológica Mexicana, núm. 35, enero -febrero de 1999, pp. 68-73.]


(Tomado a su vez de: Vela, Enrique: Insectos en Mesoamérica. Usos y simbolismo, alimento y materia prima. Arqueología Mexicana, Edición especial #86. Editorial Raíces, México, 2019)


lunes, 4 de octubre de 2021

Por los siglos de los siglos...

 


Estando la luna en cuarto menguante, y en ocasiones aún en plenilunio, centenares de animales empiezan a aparecer en algunas playas mexicanas. Permanecen en la zona donde rompen las olas en espera de otros animales rezagados. El agrupamiento va siendo cada vez mayor hasta que, en un tramo de cinco kilómetros aproximadamente, se congregan varios miles. Sólo entonces avanzan hacia la playa. Cumplen, con pasmosa puntualidad, una cita anual que, en muchos casos llega a tener sólo unos minutos de diferencia con respecto al arribo efectuado el año anterior.

¿De qué animales se trata? Dejemos la explicación a un reputado especialista: el profesor Archie Carr: "A través de una serie de modificaciones todavía no bien conocidas en detalle y de pocas de las cuales quedó constancia en los registros fósiles, fue evolucionando una curiosa e insólita criatura que, aunque conservó el viejo cráneo del cotilosaurio, poseía un pico córneo y desdentado, así como un cuerpo encorvado y retorcido encerrado en una especie de caja ósea sin paralelo en la Naturaleza."

Sí, tal como usted habrá discurrido, se trata de la tortuga; uno de los seres todavía desconocidos en muchos aspectos. Sus "arribazones" o llegadas, en oleadas de miles y miles, es uno de los espectáculos más extraños, intrigantes y admirables.

Por alguna misteriosa razón, los litorales marinos de México gozan de especial predilección por parte de las tortugas, turistas de un incógnito ultramar. Cinco distintas especies eligen un sitio particular entre Tamaulipas y Quintana Roo, en tanto, que otras seis diferentes cubren puntos situados desde la Baja California hasta Chiapas.

Su llegada anual origina una espectacular y frenética labor colectiva durante las cuales las tortugas excavan sendos agujeros, exactamente con las mismas medidas y profundidad, ponen sus huevos (a veces hasta cien cada ejemplar). Luego, concienzudamente, cubren con la arena totalmente el agujero y aplanan la arena con sus paletas. Ciertamente es singular la vista de una playa tan densamente cubierta de tortugas que bien se podría caminar, por kilómetros, sobre ellas sin tocar el piso. Simultáneamente se escucha un sordo, impresionante redoble, que es el golpear de las palas apisonando la arena. Finalmente, hacen falsas excavaciones en torno a la verdadera, para despistar a los enemigos naturales: coyotes, perros, cangrejos, gaviotas y... el hombre.

Una hora después de haber salido de las olas, vuelve a ellas la tortuga y se pierde en la inmensidad. Jamás conocen a sus críos. Éstos, que nacerán hacia los dos meses, conocerán la odisea de la supervivencia, desde la más absoluta e indefensa condición de recién nacidos, hasta su desarrollo total, cosa que sólo consiguen unas pocas. Las afortunadas, alcanzan pesos hasta de quinientos kilos. Las otras adquirirían la forma de un par de zapatos o una bolsa de "piel de cocodrilo" (de tortuga y no de otra cosa es el material vendido como de saurio). O se volverán "cecina de venado"... o salchichas... en el peor y más común de los casos, serán muertas por pescadores que no obtienen de ellas mayor provecho. (México es el primer país del mundo que ha puesto en marcha un programa de protección de las tortugas.)

Los lugares donde es posible ver el fascinante espectáculo sin igual de una arribada de tortugas (¿qué portentoso mecanismo las guías durante más de mil quinientos kilómetros en su viaje de regreso para desovar?) se ubican particularmente en Tamaulipas, en la Barra de Calabazas; en La Escobilla, Oaxaca; en Tlacoyunque, Guerrero, y en El Playón de Mismaloya, Jalisco. Agosto es justamente el mes en que ocurre la llegada de las tortugas, y cuando hablamos de muchos millares es en serio: entre la noche del 20 de agosto y el amanecer del día 22, de 1971, fueron ¡cien mil! las tortugas que llegaron a Mismaloya, Jal. Le aseguramos que quien haya visto este espectáculo jamás lo olvidará...


(Tomado de: Mollër, Harry. México Desconocido. INJUVE, México, D. F., 1973)




lunes, 9 de noviembre de 2020

Alfredo Augusto Dugés

Nació en Montpellier, Francia, en 1826; murió en la ciudad de Guanajuato en 1910. Médico, llegó al país en 1852 y en 1870 se radicó en Guanajuato. Escribió más de 100 trabajos sobre zoología, botánica y mineralogía, muchos de ellos ilustrados por él mismo. Entre sus obras, destacan: La fauna de Guanajuato (París, 1868) y Flora y fauna del Estado de Guanajuato (impresa en 1924 por el Gobierno del Estado). En ésta, las plantas silvestres quedaron clasificadas en 76 familias y los animales en 33. Acaso sea éste el único estudio de esa índole hecho en esa entidad federativa. Su hermano Eugenio Romain, también médico, se le unió en 1865; más tarde pasó a Morelia para dirigir el Departamento de Historia Natural del Museo Michoacano y se especializó en coleópteros, sobre los cuales escribió un estudio de 500 páginas que se conserva en el Instituto de Biología de la UNAM.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

viernes, 29 de mayo de 2020

Xoloitzcuintli, el perro mexicano


Y el propietario [del] perro muerto, le ponía
un collar de algodón al cuello
y acariciándolo le decía:
"Espérame en el más allá, porque me ayudarás
a pasar los nueve ríos del inframundo".

Informantes de Sahagún, Códice Florentino, Siglo XVI.

¿Por qué llamaban xoloitzcuintli a este perro pelón los antiguos mexicanos? La traducción del náhuatl al español de la palabra xólotl en el Vocabulario de Molina es: "paje, mozo, criado o esclavo", y los antiguos mexicanos creían que los perros conducían a su amo muerto y cruzaban con él el último río en la región de los muertos. Por lo tanto, para ellos los perros eran los buenos acompañantes y sirvientes de su amo en el postrer viaje.
El erudito mexicanista y filólogo Gutierre Tibón, en su artículo "Anubis y Xólotl", nos describe las asombrosas analogías que existen entre muy diversas culturas, acerca del papel del perro como guía de almas en el inframundo y se pregunta: "¿Por qué el perro es un animal asociado con el infierno para pueblos tan remotos uno de otro en el tiempo y en el espacio como los mesoamericanos, los babilónicos, los egipcios, los griegos y los escandinavos?".
En su obra El hombre desnudo, Claude Levi-Strauss nos dice que en los mitos y leyendas de los indios de la costa oeste de Estados Unidos y Canadá, a los perros se los considera "inventores del fuego y hacedores de la primavera", mientras que entre los indios Blackfoot (pies negros), los perros son considerados como "extinguidores de una conflagración por recurso a la lluvia", y entre los iroqueses son "intercesores junto al sol y víctimas propiciatorias quemadas en una pira". Análogamente, entre los antiguos mexicanos, cuando no se podía quemar el cadáver de un guerrero por haber caído este prisionero de los enemigos, se hacía un bulto mortuorio que representaba al guerrero y se le ponía la imagen de un perro pintado de azul. Esta imagen se llamaba xolocózcatl (collar del mozo, del servidor, del acompañante) y dependiendo de la categoría del personaje podía estar labrada en turquesa o jade, y era quemada junto con la efigie del guerrero desaparecido. En el México antiguo, el perro también tenía relación con la lluvia, el relámpago y el fuego como se verá más adelante.
De las diferentes clases de perros que existían en el México antiguo, han sobrevivido solamente dos razas bien definidas: el perro chihuahueño (llamado así por ser originario del estado de Chihuahua) y el xoloitzcuintli. Ambos perros son poco conocidos en nuestro país, aunque populares en el extranjero.
El perro mexicano por antonomasia es el xoloitzcuintli, y su principal característica es el hecho de no poseer faneras pilosas, es decir, que carece de pelo. Otras características curiosas de este animal son el no poseer dientes premolares; el tener glándulas sudoríparas en el pecho y el abdomen -inusual en los perros- y, finalmente, también se distinguen por tener una temperatura unos grados más alta que otras razas de perros, según lo confirma el ex diplomático inglés Norman Pelham Wright, a quien los mexicanos y nuestros perros nativos debemos mucho, pues según él mismo anota, prácticamente rescató de la extinción a la raza xoloitzcuintli.
El xoloitzcuintli es un perro que mide entre 30 y 50 cm de altura, pesa entre 9.1 y 13.6 Kg y puede ser de color rojizo, gris pizarra, negro, blanco o manchado. Recientemente, está raza estuvo a punto de desaparecer y sobre esto nos relata Pelham Wright: "En 1955 fui invitado por el Club Kennel de México (asociación de filiación canófila) para iniciar la preservación del sholo pues se sospechaba que estaba amenazado y cerca de la extinción. En esa época sólo un perro estaba registrado en el Club. Ahora, diez años después, más de 70 especímenes están registrados..."
Para salvar de la extinción a los "sholos", Pelham Wright se dedicó a buscarlos en apartados poblados mexicanos para rescatar su preciado germoplasma. Por fortuna, sus esfuerzos no fueron vanos y ahora el xoloitzcuintli, seguramente más mexicano que usted y yo estimado lector, seguirá rondando y ladrando en nuestro país y en el extranjero.
Indudablemente, estos perros no pasan desapercibidos y los comentarios sobre ellos pueden ser diametralmente opuestos, pues mientas algunas personas los consideran extraordinarios y rarísimos animales domésticos que hemos heredado de nuestros antepasados, otras los consideran asquerosamente feos y repulsivos.
¿Qué tienen de extraordinario estos cánidos que para algunas personas resultan excelsos y para otras horrorosos y hasta repugnantes?
La característica más conspicua de los xoloitzcuintli es el hecho de no tener pelo, y es justamente esa carencia de pelo la que los ha hecho mundialmente famosos. Existe una raza de perros sin pelo en China que probablemente sea un ancestros el xoloitzcuintli, pues los perros no son originarios del continente americano sino que arribaron del Asia junto con las primeras hordas humanas que llegaron al "Nuevo Mundo". De hecho, se dice que existían alrededor de 17 razas de perros que eran fieles compañeros de los americanos, entre ellos los perros de los esquimales, el perro de los sioux, los perros de los mexicanos, el perro peruano y el perro de la Tierra del Fuego. Por desgracia, muchas de estas razas han desaparecido o están en vías de desaparecer.
Los primeros seres humanos que pisaron las tierras que hoy conocemos como México, venían acompañados por perros, y esto ha sido comprobado a través de los registros históricos que han dejado a la posteridad nuestros antepasados.
En el lienzo de Jucutácato es posible observar cómo del Chalchihuitl-apazco, la vasija de jade de la cual se origina la humanidad, salen seres humanos que atraviesan el mar a bordo de diversos animales: "Sendos miembros de la tribu son llevados a la otra orilla sobre el lomo de nueve tortugas, otros cruzan el mar montados en perros."
Por lo visto, los perros mexicanos han acompañado a nuestra estirpe desde el origen de los tiempos antropogénicos. Esto no es privativo de los mexicanos, pues incluso se ha llegado a afirmar que el hombre es hombre, que el ser humano es tal, a partir de la domesticación del perro, pues este fue con toda seguridad nuestro primer animal doméstico. Pero, ¿qué es un animal doméstico?: "... es aquel [animal] que criado de generación en generación bajo la vigilancia del hombre, ha evolucionado de manera tal que ya constituye una especie, o por lo menos una raza, diferente de la forma salvaje primitiva que le dio origen".
Si nos apegamos a esta definición, tenemos que reconocer que los aztecas tuvieron por lo menos cuatro especies de perros, según se desprende de la información proporcionada por los indios sabios que conformaron junto con el padre fray Bernardino de Sahagún, los libros que ahora conocemos como Códice Florentino: "Los perros de está tierra tienen cuatro nombres: llámense chichi, itzcuintli, xochiocoyotl, y tetlamin, y también teuizotl. Son de diversos colores, hay unos negros, otros blancos, otros cenicientos, otros buros, otros pardos, otros castaños oscuros, otros morenos y otros manchados. Hay algunos de ellos grandes, otros medianos; algunos hay de pelo lezne, otros de pelo largo; tienen largos hocicos, los dientes agudos y grandes... Hay otros perros que se llaman tlalchichi, bajuelos y redondillos, que son muy buenos de comer."
Cómo vemos, una de las razas que los antiguos mexicanos tenían era utilizada como alimento, y los españoles se aficionaron de tal manera a comerla que cambiaban piezas grandes de vaca y cerdo por perrillos, e incluso se cree que este perro fue empujado a la extinción por el enorme consumo que hicieron de él los conquistadores y colonos ibéricos.
Para Eduard Seler, en su Comentarios al Códice Borgia, el hecho de que los perros domésticos de los mexicanos fueran comestibles, hace posible que en Yucatán y en la costa del Golfo se emplearan frecuentemente en los sacrificios, principalmente porque en Mesoamérica el perro desempeñaba un papel de primer orden en el culto de los muertos.
Según la creencia mexicana antigua, las almas de los difuntos llegaban cuatro años después de la muerte a la orilla del río Chicunahuapan (Chicunahuapan o Chignahuapan, el noveno río), que rodeaba al reino de los muertos, y sólo podían atravesarlo en caso de que estuviera esperándolas en la otra orilla del río su perro, que al reconocer a su amo se arrojaba al agua para volver a cruzarla con él. Por eso se enterraba a los difuntos con su perro, al que -claro está- se sacrificaba previamente.
La persistencia de está costumbre lleva a pensar que el perro tenía alguna relación especial con el mundo de los muertos, pero como dice Seler (op. cit.), existe otra posible explicación: la voz ch'i, tz'i, que designa al perro en las lenguas mayenses, está relacionada con la raíz homónima que significa "morder", por lo que parece que siendo el perro "el animal que muerde", se consideraba como símbolo del fuego. Incluso en el Códice Florentino, los informantes de Sahagún afirman que el día del calendario Ce itzcuintli (uno-perro) era "signo de fuego". Además, en los códices y monumentos del área maya no es raro encontrar la cabeza de un animal (probablemente perro) que escupe fuego.
La cabeza está representada como si se precipitara desde arriba y Seler (op. cit.) cree que se puede interpretar como animal-relámpago, por lo que es posible que el perro se haya considerado como el guía al reino de los difuntos por la doble razón de ser el símbolo del fuego y ser el que se precipita desde arriba, ya que en el México antiguo los muertos solían quemarse en una pira funeraria y se creía que el reino de los difuntos se encontraba por debajo de la superficie terrestre, y siendo el relámpago el animal que se hunde en la tierra, que hiende la tierra, el perro llegó a ser considerado como el animal que abría los caminos hacía el inframundo, el que cargaba con los muertos y los guiaba. Esta labor de portadores y guías de los muertos comunes estaba vinculada con los perros comunes, pero el perro xolo, el xoloitzcuintli, era el guía de los dioses muertos o del dios muerto. Y en el ocaso quien muere es el sol, que al atardecer se hunde en la tierra para alumbrar en el mundo de los muertos, transportado por Xólotl, el dios con cabeza de perro. 
Pero como explica el maestro Rafael Martín del Campo, el dios Xólotl era divinidad gemelar por excelencia, pues era el gemelo nada menos que de Quetzalcóatl, considerado como el planeta Venus cuando podía ser visto como estrella de la mañana, a la vez que Xólotl era considerado como Venus cuando era la estrella vespertina.
Desde un punto de vista estricto, los gemelos humanos, univitelinos o no, pueden considerarse como una manifestación teratológica, es decir, monstruosa, y por eso Quetzalcóatl (de quetzalli, precioso, y cóatl serpiente o gemelo) se representaba ideográficamente en los códices como la "serpiente emplumada", aunque en realidad significaba el "gemelo precioso", mientras que su contraparte, Xólotl, era el gemelo monstruoso. Esto no quiere decir que para los antiguos mexicanos lo monstruoso fuera feo, sino qué tan sólo significaba una manifestación de la naturaleza que evidenciaba fehacientemente la influencia divina.
Aquí cabe hacer la aclaración de que las representaciones ideográficas de estos dos dioses son tan diferentes que podríamos concluir que probablemente los dioses Xólotl y Quetzalcóatl eran más bien cuates que gemelos idénticos.
Cómo ya hemos visto, los antiguos mexicanos tenían diferentes razas de perros (itzcuintli), de los cuales por lo menos una carecía de pelo y, por lo tanto, era denominada xoloitzcuintli, es decir, gemelo o cuate monstruoso del perro común el itzcuintli, el perro con pelo.
Más impactante aún es el hecho de que en una camada de cachorros de xoloitzcuintli, aparezcan tanto cachorros con pelo como cachorros sin pelo, aunque ambos padres carezcan de él.
¿Cuál es la explicación biológica de la carencia de pelo de está raza? Parece ser que es una característica neoténica, es decir que, por alguna razón todavía no determinada, los folículos pilosos de los cuales se originan los pelos no terminan de desarrollarse y quedan en un estadio embrionario de inmadurez o de desarrollo intermedio, que sin embargo no afecta a otras características del organismo pues es capaz de reproducirse aun teniendo características embrionarias. En resumen, la carencia de pelo en el xoloitzcuintli es muy probablemente una característica neoténica genéticamente dominante y que ha sido una adaptación evolutiva al medio, particularmente al calor.
Lo curioso del caso es que Xólotl, el dios con cabeza de perro (cuate de (Quetzalcóatl) que en el panteón azteca presidía el nacimiento de los gemelos y de los monstruos -siendo él mismo uno de ellos- tenía propiedades proteicas, pues según relata la leyenda del la creación del "quinto sol", para salvar la vida se transformó sucesivamente en pie de maíz con dos cañas, luego en mexólotl, maguey que tiene dos cuerpos, después en texólotl (tejolote o mano del molcajete, cuyo gemelo sería el molcajete), posteriormente en guajolote y finalmente en ajolote.
Resulta interesantísimo el hecho de que, tanto el perro xoloitzcuintli como el ajolote y el hombre, tengan características neoténicas.
Por increíble que parezca, algunas de las antiguas creencias mexicanas con respecto a los perros y su papel en el inframundo aún persisten en el México de hoy. Según el doctor Pascual Aceves Barajas, citado por Gutierre Tibón, en el Bajío, en los alrededores de San Francisco del Rincón, se dice que las mujeres que ya no desean tener más hijos, le dan de comer a un perro el cordón umbilical del último niño que tuvieron, pues el ombligo es considerado el gemelo del niño, que al llegar al inframundo (vía estomacal canina) pedirá al dios de la muerte no tener más hermanos. Por supuesto que este método anticonceptivo a través de ayuda canina es de muy difícil verificación por razones harto obvias.
En algunos otros lugares de México, al xoloitzcuintli se le dan valores terapéuticos, es decir, se le emplea como medio medicinal para curar algunas dolencias humanas, pues por su piel caliente, sin pelo y consecuentemente sin pulgas, es el mejor sustituto vivo de una bolsa de agua caliente, y en algunos lugares de Sinaloa ayuda a las mujeres indispuestas del estómago a remediar su mal. En algunas localidades del estado de Guerrero, se cree que quien poder a los xoloitzcuintli está protegido contra los "fríos" y otras dolencias.
Don Julio Ortega, médico e historiador nativo de Pachuca, Hidalgo,ves propietario de varios xoloitzcuintli y obsequió una cachorra llamada Xoli a la famosa, legendaria y acuciosa arqueóloga, arquitecta y doctora en psicología, Carmen Cook de Leonard, mexicana por nacimiento pero universal por su enorme producción científica sobre las culturas mesoamericanas.
Mi amiga Carmen recibió a la Xoli tan pequeña que le cabía en la mano y aún sobraba espacio. Fue la más fiel compañera que tuvo en su vida. Compartieron el mismo plato en los buenos y en los malos tiempos y al final la fidelidad de la Xoli llegó a sublimarse: se dejó morir 15 días antes de que falleciera Carmen. ¿Lo haría para esperarla al otro lado del Chignahuapan, guiarla y transportarla a través del mítico río?

(Tomado de: Cariño, Luis F. - Xoloitzcuintli, el perro mexicano. México Desconocido, noviembre 1991, número 177, Año XV. Editorial Jilguero, S.A. de C.V.)