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lunes, 13 de julio de 2026

El otro Juan Diego

 


El otro Juan Diego 

Por A.C.

Cuenta la tradición que Juan Diego Bernardino era natural del pueblo de Santa Isabel Xiloxostla, Tlaxcala. En la primavera de 1541 penetró en un bosque de ocotes a orillas de una barranca. Angustiado por los estragos que la peste hacía entre los suyos, en el pueblo de Santa Isabel, resolvió recoger agua del río Zahuapan, que corría por ahí cerca, para aliviar un poco el malestar de los enfermos. De pronto salió a su encuentro una hermosísima mujer que le dijo: -Dios te salve, hijo mío. ¿A dónde vas? 

Cuando recuperó el habla, Juan Diego respondió: -Voy a llevarles un poco de agua del río a mis enfermos, que se mueren sin remedio. 

Ante la bondad del indio, la virgen le ordenó: -Ven conmigo. Te daré otra agua para que se extinga el contagio y salven no sólo tus parientes sino todos los que beban de ella, pues mi corazón ya no soporta tantas desdichas sin remediarlas. 

Acto seguido, la virgen hizo brotar un manantial perenne y dijo a Juan Diego: -Quien beba de esta agua quedará completamente sano. 

En la cumbre del cerro había una pequeña iglesia dedicada a San Lorenzo. Señalándola, la virgen ordenó: -Avisa a los religiosos de mi parte que en este mismo sitio hallarán una imagen mía que quiero que sea colocada en aquella capilla. 

Juan Diego llevó el agua a su gente y contó el milagro a los franciscanos. Éstos, después de meditar, enviaron al otro día a Juan Diego por el rumbo donde tuvo lugar la aparición y lo siguieron sin que él se diera cuenta. Muchas personas se unieron a la comitiva y al llegar al ocotal contemplaron que todos los árboles ardían sin consumirse, especialmente uno muy corpulento. Al día siguiente el árbol fue abierto por la mitad y en sus entrañas se encontraron una hermosa escultura de la virgen María. 

Actualmente el templo (a 2 km de Tlaxcala) es conocido como el Santuario de Ocotlán. Dicho acontecimiento ocurrió, según la tradición, 10 años después de la aparición en el Tepeyac.


(Tomado de: A. C. - El otro Juan Diego. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

martes, 30 de junio de 2026

Gerardo Fernández Noroña, líder profesional

 


Gerardo Fernández Noroña, líder profesional 

Por Alejandrina Aguirre 

¿Quién es el más nuevo y agresivo líder de los taxistas del DF? Gerardo Fernández Noroña. ¿El mismo que encabeza una de las más combativas asociaciones de deudores de la banca? El mismo. ¿Cómo es que ahora defiende a choferes de taxis? Es una historia interesante. 

Fernández Noroña -un sociólogo de 39 años de edad, soltero y padre de dos hijos- dice que la primera vez que probó la injusticia fue en la primaria, a los 6 años de edad. -A mediados de los 60 -exagera- era aún común que maestras y profesores golpearan a los alumnos, para castigar las travesuras, desde entonces detesto el autoritarismo y los abusos. Todavía me siento como uno de aquellos niños, que muchas veces ni sabían por qué les pegaban. 

Hijo de michoacano y defeña, el sociólogo fue el mayor de 5 hermanos, criados por parientes cuando el matrimonio de los padres se desintegró. 

A Fernández Noroña le tocó en suerte (a los 5 años de edad) vivir con la abuela materna, una viuda que para mantener al crío hacía labores de costura y vendía de puerta en puerta cosméticos y productos de limpieza. 

Poco después, abuela y nieto se mudaron a un departamentito en una unidad habitacional del IMSS en Tlalnepantla, donde se les unió una tía. -Eran mujeres "luchonas", que se daban tiempo para disfrutar de la vida y preocuparse por el sufrimiento de los demás, tal vez por su profunda religiosidad -evoca el nieto con gratitud. 

Primeros pasos 

Aunque en la primaria y secundaria se mostró estudioso pero más bien tímido -nunca participaba en los festivales escolares y prefería pasearse solo en los recreos- en la preparatoria se convirtió en líder estudiantil, para deslumbrar a una muchacha que le agradaba. El enamoramiento no duró; en cambio el gusto del chico por la popularidad fue tal que ya nunca quiso abandonar las mieles del liderazgo. 

Luego de un fugaz coqueteo con la ingeniería, se matriculó en sociología en la UAM, plantel Azcapotzalco. Mientras era estudiante, Fernández se empleó en una clínica del IMSS, de donde lo corrieron por "revoltoso", porque organicé a los trabajadores eventuales para que defendieran sus derechos-, asegura. Para ganarse la vida dio clases en diversas preparatorias particulares, de donde invariablemente lo despidieron por su manía de exponer a los educandos las bondades del marxismo. 

Recién graduado en 1983 -con una tesis sobre el sindicalismo y sus relaciones con el Estado mexicano- Fernández encabezó un movimiento de 15,000 familias que protestaron porque el IMSS decidió vender a inmobiliarias particulares los departamentos de diversas unidades habitacionales propiedad de la institución y alquiladas bajo el régimen de "rentas congeladas" (él habitaba una de esas viviendas). Al cabo, los departamentos se vendieron a los inquilinos y Fernández se aprendió valiosas lecciones que después aplicó en su carrera de líder. 

Descubrió, por ejemplo, que ofertas y ventajas van en relación directa al ruido que uno sea capaz de provocar: su defensa de los inquilinos del IMSS fue tan tronante que, para neutralizarlo, lo invitaron a colaborar en la institución, impartiendo conferencias y cursillos sobre seguridad en el trabajo.

Simultáneamente, el joven se interesó por la política partidista y en 1986 fue candidato a diputado por el extinto PMS [Partido Mexicano Socialista], parte del Frente Democrático Nacional que ese año postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para la Presidencia. De ahí pasó al PRD y en 1990 renunció a su empleo en el IMSS para dedicarse de lleno al partido, sumado al enjambre de los seguidores más cercanos de Porfirio Muñoz Ledo que nunca fueron bien vistos por los altos mandos del neocardenismo. -Por 5 años me "congelaron" -relata- porque me rebelé contra los desmanes del comité ejecutivo del partido, dominado por los incondicionales de Cárdenas. No abandoné el PRD porque, a pesar de sus defectos, es el único partido verdaderamente preocupado por la democracia en este país. (En 1999 fue "perdonado" y lo admitieron en el CEN perredista).

Deudores en rebeldía 

Las tribulaciones de Fernández Noroña con la banca dieron comienzo en 1992: solicitó un crédito hipotecario por 120,000 pesos. Dos años después, asegura, había cubierto 115,000 pesos entre pago de intereses y abonos al capital, pero su deuda, tras la devaluación de 1994, se elevó a 800,000 pesos. "Sólo la unión hace la fuerza", se dijo, y fundó la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca (de la cual sigue siendo presidente). Los jerarcas del PRD no le vieron entonces posibilidades al movimiento y dejaron al francotirador librado a su suerte. 

Fernández Noroña no se dejó amilanar. Para capturar a sus primeros seguidores, se lanzó a las calles a invitar a los transeúntes a reuniones en parques públicos, donde los exhortaba a defenderse de las injusticias de la banca. Cuando la organización del perredista empezó a ganar los primeros juicios contra el embargo de bienes inmuebles de los socios, más y más morosos se unieron al sociólogo, que llegó a contar con 3,000 asociados en el DF, Guadalajara, Zacatecas, Acapulco, Tepic y Veracruz, cada uno de los cuales pagaba al líder 220 pesos mensuales por sus servicios de gestoría. 

Fernández Noroña organizó infinidad de marchas y plantones en diversos rumbos del DF. Adoptó un disfraz de luchador (el "Chupacabras", se autobautizó) e instaló sus oficinas en una tienda de campaña a un costado del Palacio Nacional, donde recibía un constante desfile de simpatizantes. 

Empezó a volverse famoso en marzo de 1996, cuando irrumpió con pancartas en la convención de los banqueros celebrada en Cancún. 

Para no perder vuelo, en julio Fernández Noroña se arrojó a los pies del presidente Ernesto Zedillo que salía del Palacio Nacional seguido de una cauda de reporteros. El mandatario se vio forzado a detenerse y ayudar al quejoso a ponerse de pie. Las fotografías del suceso dieron la vuelta a medio mundo. 

Romanticismo vs. marxismo 

Al año siguiente, otra vez en Cancún, Fernández Noroña intentó de nuevo colarse en la convención de los banqueros y fue detenido o secuestrado, según se vea, por judiciales federales disfrazados enfermeros que amenazaban con llevarlo a un manicomio. Para entonces el PRD ya no podía darse el lujo de ignorar a su ruidoso militante y pagó una fianza de 13,000 pesos para liberarlo. 

A partir de entonces, el movimiento de los deudores de la banca empezó a perder fuerza y Fernández Noroña decidió invertir parte de sus ahorros en adquirir taxis y ponerlos a trabajar en el DF, donde esperaba contar con ayuda de los funcionarios emanados de su propio partido. Pero dice que descubrió sucios manejos y decidió combatirlos: fundó el Movimiento Unificador de Taxistas que ya agrupa a varios centenares de agremiados (muchos de ellos, sus propios choferes) y se lanzó a denunciar la corrupción en la Secretaría de Transportes y Vialidad capitalina, aún dominada -asegura el líder- por enquistados priístas que extorsionan a los taxistas para desprestigiar al gobierno perredista. 

-Aunque en mi lucha he sufrido detenciones, represión y amenazas de muerte, además de ofertas de dinero, no cejaré en mi sueño de convertir a México en un país libre -entona con exaltación-. Soy un político romántico con ganas de ayudar a la gente, no un marxista dogmático. Como decía mi abuela: si socialista es el que procura que el pueblo tenga comida, vivienda, empleo, salud y oportunidades de viajar y desarrollar sus aptitudes, entonces yo quiero ser socialista. Toda la vida.


(Tomado de: Aguirre, Alejandrina. - Gerardo Fernández Noroña, líder profesional. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

viernes, 12 de junio de 2026

El enigma de Juan Diego



El enigma de Juan Diego 


Por siglos, el misterio de su existencia originó enconadas disputas entre historiadores y teólogos y feroces polémicas, traiciones y zancadillas entre los más altos prelados. El veredicto final está hoy en la mente del papa. 

Por Alejandro León 

-Tenía que ser otro alemán -dicen que refunfuñó el arzobispo primado de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, cuando hace 3 años se reveló por primera vez que el abad de la basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, ponía en tela de juicio la existencia del indio Juan Diego y su milagroso encuentro con la virgen en el Tepeyac. El segundo alemán a quien aludía el jefe de los católicos mexicanos es Martín Lutero, el sacerdote cuyas críticas y denuncias desencadenaron en el siglo XVI la mayor crisis en la historia de la Iglesia. Se trataba de una exageración, porque las dudas de Schulenburg -vagamente expresadas y compartidas por muy pocos- jamás llegarían a provocar un cisma, ni siquiera una crisis. Aún así, Rivera se lanzó con tal denuedo contra el disidente que en pocas semanas el abad de 77 años de edad y que por 3 décadas había reinado en la basílica con sus tesoros, se vio obligado a retirarse debido a lo que el derecho canónico denomina odium plebis, odio del pueblo, escándalo de la multitud. 

Por lo pronto, sin embargo, Schulenburg siguió como poder tras el trono -con el título de abad emérito- y 2 de sus más fieles colaboradores, al frente de la basílica: el arcipreste Carlos Warnholtz (otro descendiente de alemanes, de 74 años de edad y 50 de sacerdocio) y el bibliotecario Esteban Martínez de la Serna. 

Las aguas sólo volvieron a agitarse a fines del año pasado, cuando trascendió en el Vaticano que la congregación de las Causas de los Santos se disponía a recomendar, tras 14 años de análisis jurídicos y teológicos, la canonización de Juan Diego; y que tal vez el papa retornará ese año a México para elevar a los altares al indio en cuya existencia Schulenburg no logra creer. 

Juan Diego fue beatificado por Juan Pablo II en 1990, pero ello no desesperó a Schulenburg porque un beato es sólo un siervo de Dios exhibido ante los creyentes como buen ejemplo, para fortalecer la fe, sin por ello atribuirle milagros ni erigirlo en intermediario entre los hombres y la divinidad. 

Santa indignación 

Santificar, en cambio, implica declarar por la infalible voz del papa que el ungido fue perfecto, libre de toda culpa, capaz de hacer milagros y merecedor de culto en todos los altares. Esta perspectiva escandalizó al ex abad Schulenburg, el arcipreste Warnholtz y el bibliotecario Martínez de la Serna, quienes vertieron todas sus objeciones en una carta al cardenal Ángelo Sodano, secretario de Estado de la Santa Sede, con copias para monseñor Tarsicio Bertone, secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe y monseñor José Saraiva Martins, prefecto de la congregación de las Causas de los Santos: 

"El papa se pondría en ridículo si canonizara a una persona antes de que quede clara su existencia", clamaba la misiva, que tal vez habría pasado a dormir un sueño eterno en algún archivo del Vaticano sin manos anónimas (amigos vaticanos del cardenal Rivera Carrera, creen los schulenburguistas) no hubieran filtrado una copia al periodista italiano Andrea Tornelli, del diario milanés Il giornale y la influyente revista mensual 30 giorni: el mismo columnista que con su revelaciones de 1996 había provocado la primera caída de Schulenburg. 

La reacción de la alta jerarquía fue fulminante. Los más altos prelados amenazaron a Schulenburg con la excomunión, algo terrible para un católico que vive sus últimos días; el obispo de Ecatepec Onésimo Cepeda, presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social, declaró a la prensa que no se debe tomar en serio al anciano abad, porque "ya está mal de la chiluca"; y el nuncio apostólico Justo Mullor, representante diplomático de un Estado extranjero, decidió invadir la jurisdicción de la Iglesia católica mexicana y ordenó una auditoría a la basílica de Guadalupe, acusando implícitamente al ex abad de haber hecho fortuna robando por décadas las limosnas de los pobres. 

Shulenburg quedó moralmente tan maltrecho que se encerró en su mansión de las Lomas de Chapultepec y se niega a hablar con extraños. Dicen que está sumido en la depresión y temen por su vida. 

Aparicionistas vs. antiaparicionistas

La discusión sobre la existencia de Juan Diego y la realidad de su encuentro con la virgen, es cosa añeja: ya en septiembre de 1556 (25 años después de la supuesta aparición) fray Francisco de Bustamante (1485-1562), provincial de los franciscanos en la Nueva España, puso ambas cosas en duda en un sermón pronunciado como respuesta a la prédica que en alabanza de la guadalupana realizara poco antes fray Alonso de Montúfar (1498-1573), arzobispo de México entre 1551 y 1573 y primer impulsor del culto a la virgen del Tepeyac. El padre Bustamante creía que la imagen del ayate era obra de Marcos de Aquino, un indio famoso por su habilidad como pintor y calificaba la creencia en esta aparición, como "idolatría " (ver la guadalupana en el cincuentenario de un atentado; Contenido, Ene. 1972).

En años siguientes (1575-77 y 1585) fray Bernardino de Sahagún (1499?-1590) calificó esa devoción como un grave error de evangelización, pues, según él, los indios adoraban en realidad a Tonantzin, deidad femenina de la maternidad y la fertilidad. 

También se asoció el culto a la Guadalupe mexicana (nombre de origen árabe cuyo significado preciso se ignora: los etimólogos lo traducen por "río de lobos", "río de corazón", "río escondido" o "río de luz") con el de su homónima española de Extremadura, de la que muchos conquistadores eran devotos. 

En aquella región de España se rendía adoración desde el siglo XII y con ese apelativo a una imagen encontrada en el monte por el pastor Gil Cordero, cuya aventura guarda asombroso paralelismo con la de Juan Diego: ambos episodios ocurren en un cerro, los protagonistas son pobres; suceden sendos milagros (en el caso español, una vaca resucita) y en los 2 la virgen solicita que se levante un templo en su honor (el peninsular, en la villa de Cáceres, a 500 km de Madrid).

En México, el culto cobró irresistible fuerza a partir de 1648, gracias a la publicación del libro Imagen de la virgen María Madre de Dios de Guadalupe, del padre Miguel Sánchez, que narra con detalle las apariciones aunque reconoce la inexistencia de documentos históricos que las prueben. Inclusive, al final del libro se incluyó una carta del bachiller Luis Lasso de la Vega, vicario de la ermita de Guadalupe, en la cual admite que ni él ni sus antecesores habían tenido referencia del origen milagroso de la imagen que allí se veneraba. 

Tan dolido quedó el bachiller Lasso por la exhibición de su ignorancia que un año después publicó el Hueitlamahuizoltica, una compilación de textos en náhuatl y español sobre las apariciones y prodigios de la virgen en el Tepeyac. Interesó especialmente a los "aparicionistas" la parte titulada Nican mopohua, atribuida a un indígena hispanizado de estirpe noble llamado Antonio Valerian,  que narra los hechos con minucia. 

Un Schulenburg del siglo XIX 

La circulación de los textos aparicionistas no amilanó a los negadores el milagro. El 12 de diciembre de 1794 fray Servando Teresa de Mier (1765-1827) se mofó del milagro en un sermón pronunciado en plena basílica de Guadalupe y lo asoció con la supuesta evangelización de los mexicanos por Santo Tomás-Quetzalcóatl, lo que le valió ser desterrado 10 años a España, inhabilitado como sacerdote. 

Casi un siglo después, en enero de 1884, se realizó en la basílica de Guadalupe la apertura del proceso canónico para la beatificación y Canonización de Juan Diego; el juicio duró 2 años, tuvo lugar en la iglesia de la Profesa en el DF y al cabo la causa fue desechada por falta de pruebas. Diez años más tarde, en 1896, el arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos (1816-1891), solicitó al prestigiado historiador Joaquín García Icazbalceta (1825-1894) buscar  pruebas fehacientes de la existencia de Juan Diego para promover la canonización del indígena. 

En su equilibrada respuesta el erudito admitía que la ausencia de textos anteriores a 1648 (año de publicación de la Imagen del padre Sánchez); la anula mención del suceso en los documentos del obispo fray Juan de Zumárraga (1468-1548) -segundo personaje en importancia después de Juan Diego-; la imposibilidad de los indios de pronunciar el nombre "Guadalupe" por carecer su alfabeto de la letra "g" y el sospechoso parecido de la imagen mexicana con la española de Extremadura, habían convertido sus dudas en "certeza de la falsedad del hecho". "Y no he sido el único -proseguía-. Por eso juzgo que es cosa muy delicada seguir defendiendo la historia" (ver Un historiador niega la existencia de Juan Diego; Contenido, Jul. 1990).

En ese mismo año el obispo de Tamaulipas, Eduardo Sánchez Camacho (1838-1920) se opuso a la coronación de la virgen de Guadalupe como patrona de México, aunque se vio obligado a asistir a las festividades. Al cabo, al igual que Schulenburg, tuvo que dejar su obispado debido al escándalo que provocaron sus afirmaciones. Algunos dicen que desde Roma le ordenaron dimitir y se retiró a su quinta El olvido, donde pronto murió, según se dijo, de tristeza. 

Oscuro final 

En este siglo se hicieron esfuerzos para disipar tantas dudas. En los años 60, a petición del entonces flamante abad Schulenburg, arqueólogos del INAH [Instituto Nacional de Antropología e Historia] excavaron en la antigua capilla de indios a la búsqueda de los restos de Juan Diego. No los hallaron. 

Otro golpe para los "aparicionistas" fue la nueva disposición que el papa Paulo VI hizo en la carta apostólica Motu Proprio, de febrero de 1969, en la que ordenó revisar el calendario litúrgico para dar de baja a los santos que nunca existieron. Un mes más tarde quienes no pasaron la prueba de la historia fueron borrados del santoral católico; entre otros san Jorge, el matadragones, patrono de Inglaterra; san Cristóbal, patrono de los camioneros; san Juan Nepomuceno, patrono de los confesores y de la buena fama; y santa Filomena patrona de los hijos de María. Para evitar suspicacias posteriores, el pontífice estableció que era requisito indispensable comprobar la existencia histórica de los candidatos a beatos o santos. 

Sólo tras la llegada del cardenal Ernesto Corripio Ahumada a la Arquidiócesis de México en 1977 se impulsó seriamente la beatificación de Juan Diego. Corripio consiguió que en 1981 el indígena fuera nombrado siervo de Dios (si bien lo mencionan como beato, el papa Juan Pablo II ha omitido hasta la fecha hacer el pronunciamiento formal: sólo otorgó permiso en mayo de 1990 para que se le rindiera culto público, lo que el derecho canónico califica como "beatificación equivalente" o de facto).

Ante la presión de Corripio de desechar reticencias y al menos beatificar formalmente a Juan Diego, el Vaticano admitió la entrada de la causa y se nombró al historiador y sacerdote José Luis Guerrero "postulador nacional" con la responsabilidad de probar la existencia real de Juan Diego. 

En sólo 17 años Guerrero logró lo que en 450 había sido imposible. Según sus investigaciones, Juan Diego nació en 1474, se llamaba Cuauhtlactoatzin ("la venerable águila que habla", en náhuatl), tenía un Palacio en Cuautitlán y había realizado casi 40 milagros. -Es imposible dudar que efectivamente vivió en el siglo XVI un indígena llamado Juan Diego y que se le apareció la virgen -afirma Guerrero- inclusive, Zumárraga llegó a mencionarlo en una carta, hoy desgraciadamente perdida. 

Según el estudioso, la primera noticia del documento extraviado la dio el padre Miguel Sánchez en el siglo XVII, cuando aseguró que la carta en cuestión estuvo en poder de otro clérigo hasta que le fue robada. -Suena ridículo -acepta Guerrero- pero entonces el papel era escaso en México y muchos archivos fueron saqueados, principalmente para fabricar cohetes. 

Otra versión sobre la hipotética carta -también investigada por Guerrero- refiere un relato del franciscano Pedro de Mezquia que data del siglo XVIII, quien afirmó que el documento estuvo en el convento de Vitoria, España, hasta 1715, cuando desapareció en un incendio. -Viajé a Europa para comprobar los hechos y descubrí que eran ciertos y que Mezquia sí había estado en ese lugar -asevera Guerrero-, lo que certifica, así sea circunstancialmente , a verdad de sus afirmaciones. 

Un manuscrito dudoso 

Otra prueba esgrimida por el postulador Guerrero es el Códice Escalada o Códice 1548 (por el año de su redacción), descubierto hace 3 años por el jesuita Xavier Escalada en la biblioteca de un coleccionista privado que prefiere el anonimato. Aunque el investigador de la causa para la colonización de Juan Diego asevera que el manuscrito fue sometido a estudios grafológicos y químicos que validan su autenticidad, historiadores como Xavier Noguez (autor del libro Documentos guadalupanos) y Ángel T. Gutiérrez Zamora -del libro El guadalupanismo- lo ponen en entredicho y aun afirman que su falsedad sería evidente si se le sometiera a la prueba del carbono 14. 

Aunque poco difundido aún, el Códice Escalada -firmado por fray Bernardino de Sahagún y el juez Antonio Valeriano, el mismo que habría redactado el Nican mopohua- da cuenta precisa de la existencia de Juan Diego e incluso documenta su muerte, en 1548, mismo año que la de fray Juan de Zumárraga.

Para el historiador Guerrero y coautor del libro El encuentro de la virgen de Guadalupe y Juan Diego, muy preciado por la iglesia, la historia científica no se basa en una prueba, sino en una convergencia de pruebas: -En el caso de Juan Diego -ilustra-, su existencia se confirma con pruebas documentales (los códices Escalada y Nican mopohua), iconográficas (la imagen misma), jurídicas (Bartolomé López, conquistador y vecino de Colima, ordenó en 1537 que se le dijeran misas en el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac; lo mismo hizo en 1939 una señora María Gómez); arqueológicas (las ruinas de la que habría sido casa de Juan Diego, conocida desde el siglo XVI); y testimonios orales dados por testigos que datan de 1666 y que rindieron informes sobre Juan Diego ante ante las autoridades eclesiásticas de Cuautitlán. 

Para el investigador Guerrero todo esto redondea una "prueba plena": -Cada cosa por separado puede discutirse, pero el conjunto, no -concluye.

Cosa juzgada

Acerca del testimonio de Joaquín García Icazbalceta, en apariencia tan apabullante para los creyentes en Juan Diego, el padre Guerrero dice que un amigo del historiador, el obispo de Yucatán, Crescencio Carrillo y Ancona, publicó en el Diario de México en agosto de 1896 (dos años después de la muerte de Icazbalceta) una carta fechada en diciembre de 1888 en la que el propio don Joaquín manifestaba que ya había cambiado de parecer. 

Todo lo cual no acabó ni acabará con la polémica en torno a Juan Diego, porque el milagro del Tepeyac y sus protagonistas se volvieron políticamente indispensables: haya existido o no Juan Diego, lo cierto es que, cuando se generalizó el culto a la virgen de Guadalupe, que cautivó la imaginación del pueblo, los indígenas que antes habían rehuido la conversión al catolicismo, corrieron por millares a bautizarse; y que los primeros insurgentes de 1810 tuvieron que enarbolar el estandarte guadalupano para arrastrar a la guerra a un pueblo al que sólo unía la fe en la virgen del Tepeyac. 

A pesar del escándalo y la eventual demora en el proceso de canonización es muy probable que Juan Diego se convertirá en el segundo santo mexicano. Para su canonización solo resta que los teólogos de la congregación den su último veredicto a favor y que el papa dé lectura al decreto y fije la fecha de ceremonia. 

Por fin, un alicaído Schulenburg se reunió el 9 de diciembre con el nuncio Mullor, sin que se informara sobre lo tratado. El arcipreste Carlos Warnholtz, a su turno, reconoció ante este reportero el 14 de diciembre pasado: "Me temo que estábamos equivocados". Aunque insistió en que consideradas aisladamente, todas y cada una de las pruebas de la existencia de Juan Diego son débiles, sumadas, no dejan lugar a dudas: 

-El conjunto es tan "denso" que se puede proceder con certeza moral a canonizar a Juan Diego -concluyó con voz ahogada. 

Un alto prelado que se niega a decir si cree o no en el milagro del Tepeyac, sintetizó así la situación: -Si Juan Diego no hubiera existido, por el bien de México, habría que inventarlo; y eso hará el papa, que ama a este país. 


(Tomado de: León, Alejandro - El enigma de Juan Diego. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

domingo, 22 de marzo de 2026

Bejarano, Padierna, el Frente Francisco Villa y López Obrador

 


Bejarano, Padierna, el Frente Francisco Villa y López Obrador

 

Por L. R. C.

Esta historia prueba que la sociedad humana no puede vivir sin leyes. Cuando el Estado no implanta la ley de la civilización, la horda impone la ley de la selva. 


La madrugada del 4 de noviembre de 1988, en las últimas semanas del gobierno de Miguel de la Madrid, granaderos y policías montados desalojaron a un centenar de familias que habían invadido terrenos sobre la carretera al Ajusco, al surponiente del DF. El incidente sólo provocó menciones menores en los medios, pero su repercusiones iban a tener largo alcance. 

Por aquellos días como secuela de una huelga universitaria desatada meses atrás, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM aún estaba ocupada por estudiantes rebeldes. Ahí fueron a pedir ayuda unos cuantos de los desalojados del Ajusco, entre quienes se contaban familiares de alumnos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. 

Los dirigentes estudiantiles les dieron albergue y les hablaron de otros grupos de paracaidistas desalojados en esos tiempos; ¿por qué no se unían todos los sin tierra para presionar más efectivamente al gobierno en demanda de viviendas? Por supuesto, los huelguistas universitarios estaban dispuestos a brindarles total apoyo. 

Años atrás otro grupo de paracaidistas auto llamado "Allepetlalli" se había apropiado de un predio al que denominaron "Número Cero", perteneciente a la antigua hacienda El Molino, en la zona limítrofe de las delegaciones Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco del DF. Siguiendo la sugerencia de los universitarios, tras una breve estancia en la UNAM los desalojados del Ajusco recurrieron al grupo Allepetlalli y ahí hallaron no sólo cobijo sino también apoyo para la idea de formar una gran organización de paracaidistas. 

El primer político que advirtió el potencial de los paracaidistas acantonados en El Molino fue, en los últimos días de 1988, el recién nombrado regente del DF, Manuel Camacho Solís

-De entrada nos aplicó la táctica de prometer mucho y amenazarnos con la fuerza para obligarnos a aceptar lo poco que estaba dispuesto a dar -dice un funcionario del gobierno del DF que en aquellos años se contaba entre los dirigentes estudiantiles que ayudaron a organizar a los paracaidistas-. En diciembre de 1988 Camacho citó a los compañeros a una reunión en Tláhuac, les aseguro que el nuevo gobierno llegaba para implantar auténtica justicia social y los colmó de bellas promesas. Cuando regresaban del encuentro, una camioneta con el logotipo del DDF [Departamento del Distrito Federal] se le cerró y el auto en que iban los compañeros volcó, con un saldo de 5 lesionados. El único ileso fue uno de los líderes del movimiento, Eli Homero Aguilar, quien denunció los hechos y encabezó un grupo que esa misma semana irrumpió en el recinto de la Asamblea de Representantes para acusar a Camacho de tentativa de homicidio. 

Si la idea del nuevo gobierno del DF era intimidar a los paracaidistas, resultó todo lo contrario: el 12 de febrero de 1989 los desalojados del Ajusco y sus anfitriones del "Número Cero" fundaron el Frente Popular Francisco Villa (FPFV) y las tierras de El Molino se convirtieron en las primeras que esta nueva organización ocupó plenamente y urbanizó a su manera. 


Líderes históricos 

De inmediato el frente empezó a exigir de Camacho el cumplimiento de sus promesas. -Las primeras legalizaciones de terrenos invadidos y las primeras casas construidas nos fueron otorgadas por el propio Camacho y su Secretario General de Gobierno, Marcelo Ebrard, y además nos permitieron organizar nuevas invasiones -dice un viejo líder-. Las primeras 170 casas del Frente fueron autorizadas por Ebrard y ni las gracias le dimos, porque él y Camacho Solís nos habían prometido más de un millar de viviendas. 

Aunque el poder en la cúpula villista siempre fue compartido por varios líderes, el más encumbrado desde la fundación y hasta hace poco tiempo parecía ser Adolfo López Villanueva, un cuarentón con estudios de ingeniería civil, casado, padre de 3 hijos, amante de las fiestas de pueblo, la música y el baile, además de haber sido diputado por el PRD en la pasada legislatura local:

-El nombre de Francisco Villa lo tomamos para hacerle justicia al Centauro del Norte a quien la historia oficial estigmatiza como bandolero sin reconocer que la División del Norte fue causante directa de la caída de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta. Además Villa ha sido el único mexicano que invadió Estados Unidos y humilló a ese país prepotente, que se cree dueño del mundo. 

Lo que los dirigentes "históricos" como López Villanueva dejan muy en claro es que el Frente no nació para ser otro "grupo de presión", otra gavilla de mendigos con garrote en busca de dádivas y "huesos", como sí resultaron ser sus padrinos, los huelguistas universitarios de 1988 (uno de aquellos líderes, Carlos Ímaz, acabó como recolector de sobornos por cuenta del gobierno perredista del DF). -El Frente no se saciará con unos terrenos y unas cuantas casitas, porque lo que perseguimos es una transformación radical de la sociedad. 

Otros dirigentes fundadores del Frente son José Jiménez, Alfredo Burgos, Enrique Cárdenas, Alejandro López Villanueva (alias "El Grandote", hermano menor de Adolfo, primero inculpado y luego exonerado del asesinato del magistrado Abraham Polo Uscanga) y Agustín Gómez Cázares, uno de los pocos ex líderes estudiantiles de 1988 que no acabaron empleados o becados por el gobierno. 


Aboneros 

Mientras tanto y sin relación directa con el FPFV, a fines de los 80 ya prosperaban en la gran ciudad y bajo nombres cambiantes, otros grupos de invasores dirigidos por liderzuelos entonces poco conocidos, como el joven René Bejarano y su esposa, Dolores Padierna

Bejarano, conocido como "El Profesor" debido a su carrera magisterial (también estudió economía, pero nunca se tituló) y su esposa, una economista originaria de Guanajuato, dedicaron la mayor parte de sus años juveniles a formar, dividir y reformar grupos y movimientos políticos con nombres tales como "Coordinadora de Comedores Populares" o "Comités de Nutrición de Barrios y Vecindades”.

En 1985, lo que para muchos fue tragedia, para la pareja Bejarano-Padierna significó la oportunidad de extender sus actividades y convertirlas en gran negocio: tras el sismo que ese año devastó al DF fundaron la Coordinadora Única de Damnificados y la Unión Popular Nueva Tenochtitlan (aliadas, al principio, con el inventor del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, el notorio Rafael Aguilar Talamontes, "RAT"), rótulos bajo los cuales se lanzaron a desalojar con intimidación o violencia a los ocupantes de departamentitos real o supuestamente dañados por los sismos, dar a tales viviendas -con la mano de obra gratuita de muchos desesperados solicitantes de techo- una manita de yeso y pintura, subdividirlos con tablaroca y triplay y luego distribuir los habitáculos, a cambio de módico enganche y cómodas cuotas, entre las huestes de damnificados. 

Bejarano y Padierna también fueron acusados de revender donaciones que del país y el extranjero llegaban por toneladas en esos días, pero nunca se les probó nada porque ninguna denuncia en su contra fue investigada a fondo. 


Marabunta

En los 90 y arrastrando un enjambre de "grupos sociales" para meterlos en el aún joven PRD, el matrimonio siguió acumulando seguidores, dinero y averiguaciones previas por secuestro, lesiones, amenazas, despojo y fraudes, todavía congeladas en algún archivo de la Procuraduría capitalina. 

En su momento el PAN denunció que Bejarano y Padierna eran propietarios de constructoras que intervenían en la edificación de viviendas para la Unión Popular Nueva Tenochtitlan y que con las ganancias estaban construyendo un hotel en Cuba. Bejarano respondió que todo era un complot para desprestigiarlo a él y al PRD y que atrás de la denuncia estaba la mano negra de la Secretaría de Gobernación.

Paralelamente, la pareja iba ganando posiciones en la estructura del PRD -en 1991 Bejarano fue nombrado consejero nacional del partido y poco después, diputado federal y presidente del PRD en el DF-, pero aún evitaba enredarse en tratos con el Frente Francisco Villa porque lo veía como un competidor incontrolable. 

Sólo a partir de 1992, cuando fundaron dentro del PRD su propia "tribu", la Corriente Izquierda Democrática (CID, que después se haría famosa por distribuir en colonias populares leche contaminada con materia fecal), Bejarano y Padierna decidieron vincularse seriamente con el Frente Francisco Villa, como primer paso de la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas para conquistar el gobierno del DF. 

Con el apoyo del Frente la tribu de Bejarano-Padierna se volvió tan fuerte que tras el encumbramiento de Cárdenas en 1997 "El Profesor" trepó al cargo de director general de Gobierno, verdadero "hombre fuerte" de la administración local. 

El poder le dura hasta hoy: en 2000 fue ungido como secretario particular del jefe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador, y en 2003 convertido en diputado local y líder de la Asamblea Legislativa. En marzo pasado fue exhibido por televisión mientras se dejaba cohechar con 45,000 dolares y, aunque se vio obligado a solicitar licencia, no perdió el fuero y continúa en libertad, sin que las autoridades capitalinas ejerzan acción alguna en su contra. En cambio su sobornador, el empresario Carlos Ahumada Kurtz, fue encarcelado y sometido a juicio por fraude.


Como riquillos 

A partir del ascenso de Bejarano y el PRD al gobierno del DF, el índice de impunidad del Frente trepó al tope de la escala. Antes de 1997 el FPFV había acumulado 38 averiguaciones previas por fraude, despojo, allanamiento de morada, robo y lesiones, pero el único frentista detenido era un acusado de robo, a quien, 13 días después de asumir el poder Bejarano hizo poner en libertad. 

Así protegido, el Francisco Villa creció más que nunca, pero también sufrió desgajamientos y convulsiones internas: en 1997, por ejemplo, un grupo disgustado con la "abejaranización" del Frente y su apoyo incondicional a Cuauhtémoc Cárdenas, formó su propia organización disidente, llamada Frente Popular Francisco Villa Independiente. 

Las escisiones inevitables en los grupos de extrema izquierda, sin embargo, no frenaron la expansión del FPFV: a 15 años de haber llegado a EL Molino los frentistas lo han transformado, de un terregal sin servicios habitado por una horda inorgánica, en una autollamada "zona de vivienda popular" rígidamente sujeta a la autoridad del Frente.

En El Molino, como en todos los enclaves del Frente, sólo voceros especialmente autorizados pueden hablar con extraños, pero, cuando lo hacen, son bastante abiertos. Explican que los requisitos para ingresar son: estar casado o en unión libre estable y duradera, tener identificación oficial y acta de nacimiento y comprobar un ingreso formal o informal; el aspirante puede ser empleado u obrero, albañil, chofer, costurera, "vagonero" del metro, ambulante, burócrata o vendedor de mercancía robada o de contrabando, "pero no se admiten vagos", según enfatizó un informante. 

Además de El Molino, el Frente ya tiene media docena de enclaves (el de Cabeza de Juárez y el de Tlatenco son los mayores), todos adquiridos por el sistema de primero invadir, a continuación construir ("a ver quién nos quita") y de inmediato presionar por todos los medios, pacíficos o violentos, para obtener la regularización del predio y la dotación de servicios o la tolerancia oficial para instalar tomas clandestinas de agua y "colgarse" de las líneas de electricidad. 

En sus territorios el Frente monta sistemas de seguridad que muchas colonias y fraccionamientos podrían envidiar. La entrada de la policía a las "zonas de vivienda popular" está prohibida y ningún visitante puede ingresar sin permiso. Aun los campamentos más precarios están cercados con alambre de púas y malla ciclónica y la entrada sólo es posible a través de puertas celosamente vigiladas por frentistas que exigen a los extraños mostrar identificación y registrarse, "igual que en las colonias de los ricos", se enorgullecen.


Protección y disciplina 

Los frentistas tienen sus propios "órganos de decisión", a veces muy autoritarios e inapelables, para regular la vida política interna y sus relaciones con lo que llaman "el exterior”.

En los terrenos regularizados como El Molino, el Frente ya construyó unidades habitacionales. Los edificios, de 4 pisos, tienen departamentos de 68 metros cuadrados, aunque en torno del asentamiento todavía quedan predios con casuchas de 25 o 30 metros cuadrados y techos de lámina de cartón enchapopotado. De acuerdo con Alejandro López Villanueva, "El Grandote", "hay compañeros encargados todo el tiempo de buscar terrenos susceptibles. Si el predio es de un particular se le presiona para comprárselo, y si es del gobierno, se presiona a los funcionarios para obligarlos a negociar”.

A los habitantes de los enclaves se les exige que mantengan limpios sus espacios. Los andadores y pasillos son estrechos -de no más de 3 m de ancho- y generalmente de tierra aplanada o apenas recubierta con grava o arena pero están limpios, porque los vecinos que ensucian o no colaboran para limpiarlos reciben sanciones. Otra obligación es pagar las cuotas (de 10 a 25 pesos por semana según el campamento) para los gastos de la organización y salarios de los dirigentes, cuyos montos son secretos.

-Está prohibido beber alcohol en la vía pública -explicó un vocero-. Pueden hacerlo en su casa, si quieren, pero se sanciona al que bebe fuera de su módulo: la primera vez se le llama la atención y si reincide, debe leer obligatoriamente algún libro de Hegel, Marx o Lenin, para reducarse. También debe realizar más labores de limpieza, de restauración o de vigilancia. 

-Si alguien es atrapado por policías por tomar o escandalizar en la calle (fuera de un campamento), de inmediato se da la voz de alarma para protegerlo. Van 100 o 200 compañeros y acusan a los policías de prepotencia y brutalidad porque no podemos dejar en manos de esos delincuentes uniformados a nuestros vecinos, aunque la hayan regado -agregó el informante. 

Las fiestas son permitidas pero a las 10 de la noche se debe bajar el volumen de la música para no incomodar a los vecinos Los adolescentes también están sometidos a vigilancia y disciplina: si incurren en alcoholismo, drogadicción o desobediencia a sus padres, un miembro del Frente lo regaña oficialmente y, si reinciden, les aplica castigos que pueden ir desde privarlos de las actividades recreativas que cada domingo organiza en todos los enclaves una Comisión de la Juventud, hasta unos buenos azotes, si el caso lo amerita. 

El robo dentro de las propiedades del FPFV también es severamente castigado, hasta con expulsión del culpable, pero nunca se entrega al acusado a las autoridades "externas”.

En cada enclave hay una comisión encargada de adoctrinar a los frentistas. -Es obligación adquirir ideología y asistir a mítines -explicó otro vocero- porque el objetivo del Frente no es construir viviendas sino elevar el nivel de vida y conciencia del pueblo. En los mítines se aprende a ser solidario y a tener conciencia de clase. Hay gente que al recibir un lugar para vivir deja de asistir a los mítines y de participar en las tareas comunitarias. Se les sanciona y se habla con ellos pero si de todos modos no participan son denunciados con carteles en las puertas de sus casas y anotados en una lista negra. No son expulsados sino aislados: se les aplica la ley del hielo. Con esta medida los amonestados generalmente vuelven a colaborar o, si de plano quieren marginarse, deben ofrecer en renta o venta su módulo y buscarse otro lugar donde vivir. 

Actualmente el Frente está constituido por más de 21,000 familias en la Ciudad de México y 9000 en ciudades de provincia donde ya se efectúan invasiones para establecer enclaves como El Molino. 


La mera verdad 

Lo que no está claro es hasta qué punto podrá el Frente, expuesto a constantes presiones políticas y las tentaciones del poder, conservar alguna coherencia ideológica: -Nuestro objetivo último es instaurar el socialismo -explica el dirigente Adolfo López Villanueva. -A lo que aspiramos en esa primera etapa es a un sistema similar al que implantó Salvador Allende en Chile antes de ser derrocado por la CIA. En el Frente confluyen distintas tendencias ideológicas, pero todos coincidimos en que la lucha de clases es una realidad cotidiana y que el mayor enemigo del pueblo es el gobierno, cualquier gobierno, aunque se trate de uno integrado por nuestros aliados de hoy. 

En lo anterior coinciden muchos viejos líderes del Frente, pero la organización ya parece escurrírseles de entre los dedos, cada día más infiltrada por los perredistas de la órbita de Bejarano y Padierna. Los movimientos políticos intestinos se han vuelto constantes. La más reciente revolución interna fue el ascenso de Álvaro Castillo, líder de la organización "Pantera" de taxistas piratas, al más alto nivel de la dirigencia frentista. 

Miembro del FPFV desde 1990, con apoyo directo del gobierno perredista capitalino y en especial de Bejarano, en 1998 Castillo creó a los Pantera, con 10,000 integrantes que le pagan entre 50 y 100 pesos semanales por la protección que él les consigue del gobierno del DF. La agrupación maneja su propia base de datos computarizada con la más completa información sobre sus miembros en los de asociaciones afines , movilizables en una emergencia, hace como una red de comunicación más moderna que la policial. 

Los Pantera no es la única agrupación de taxistas piratas del DF, pero sí la más influyente por gozar de tolerancia garantizada. En el PRD muchos creen que hoy por hoy Castillo representa mejor que nadie la tendencia dominante del Frente y que sus taxistas constituyen la mejor fuerza de choque que en caso de necesidad López Obrador podría lanzar a las calles. Lo mejor, dicen en el PRD, es que los Pantera son gente de pura acción, sin lastres ni prejuicios ideológicos. A diferencias de los viejos líderes del FPFV, el líder de los piratas ni habla de ideología: -Somos una gran familia que seguimos a López Obrador -asegura-. Si López Obrador es candidato en 2006, lo apoyaremos con todo. 

-¿Ideología?- se mofa otro de los dirigentes de los Pantera. -Nuestra ideología es la de López Obrador y en el futuro será la que desde el gobierno nos dictw Andrés Manuel. Ésa es la pura verdad, lo demás son habladas. 


(Tomado de: Cuevas, Luis Rubén - Bejarano, Padierna, el Frente Francisco Villa y López Obrador. Contenido #496. Editorial Contenido, S.A. de C. V. México, 2004)

lunes, 19 de enero de 2026

Caudillos de la nueva oposición; III Salvador Nava


Los caudillos de la nueva oposición 

Sección: Señoras y Señores

Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


 III: Salvador Nava


El mismo día que al panista Medina Plasencia le era ofrecida la gubernatura de Guanajuato, en San Luis Potosí otro opositor, Salvador Nava Martínez, reunió a 30,000 de sus partidarios para pedirles perdón por haber creído en los votos de democratización formulados en años recientes por el gobierno federal. En esos días, explican sus allegados, Nava se sentía como Simón Bolívar en el ocaso de la vida, cansado de arar en el mar; de cortarle al monstruo tentáculos y cabezotas que siempre retoñan. 

La historia se inició en la década de los 50, cuando los hermanos Nava Martínez, todos dedicados a la medicina, eran ya figuras de renombre en San Luis Potosí. El mayor del clan, Manuel (fallecido), había sido rector de la universidad local por 2 periodos consecutivos, y en 1958 fue nuevamente elegido tras una tormentosa campaña durante la cual el cacique local, Gonzalo Natividad Santos, trató infructuosamente de imponer a un candidato gobiernista a quien los estudiantes corrieron con huelgas y manifestaciones. 

Aunque más jóvenes, los otros Nava tenían casi tanto prestigio como su hermano el rector, entre otras razones porque cultivaban la tradición de médicos pueblerinos de no cobrarles a los pacientes pobres, curar con ascendiente espiritual más que con medicinas y aceptar huevos, puerquitos o guajolotes en pago de honorarios. 

Hombre hogareño: el oftalmólogo Salvador, por entonces apenas cuarentón, tenía fama de milagroso, y en muchas casas pobres había altarcillos con fotos del doctor y veladoras como testimonio de gratitud de algún paciente rescatado de la ceguera. 

Por aquellos años la política mexicana era todavía un arte marcial cultivada por sombrerudos y empistolados, más duchos en pleitos de faldas y líos de cantina que en labores de gabinete o biblioteca. Entre risas el cacique Santos siempre se vanagloriaba de que en su "prebostazgo" (como él llamaba a San Luis) "sea gringo, gachupín o indio, a todos me los ch..."

Al oftalmólogo Nava, un hombre de hábitos pulcros, no se le conocían malandanzas; parecía obsesionado con su profesión y sus contados ratos de ocio no los dedicaba a la cantina sino a su esposa y 3 hijos, a escuchar música de Mozart y a leer novelas policiacas "de altura". 

La ofensiva final contra Santos se desencadenó en 1958, año a horcajadas entre los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, aprovechando las ventanas de vulnerabilidad que el régimen suele abrir a finales y comienzo de cada sexenio. La campaña fue lanzada por Acción Reivindicadora, un grupo local, y la Unión Nacional Sinarquista, que tal vez no habrían logrado movilizar a los apáticos potosinos si los promotores no hubieran reclutado al rector Manuel Nava y a su hermano, el oftalmólogo Salvador, figuras de lo que hoy se llamaría centro derecha, pero independientes y sin compromisos con los partidos. 

Testimonio calificado: El único incidente con los hermanos Nava de que da cuenta Gonzalo N. Santos en sus Memorias, ocurrió durante la campaña presidencial de López Mateos: 

"Una vez que comenzó la gira política del candidato, y a invitación expresa de él", escribió el cacique, "me incorporé para acompañarlo a diversos estados de la república, entre ellos San Luis Potosí. Cuando llegamos a la plaza de la capital potosina, y en lo que bajamos del camión que nos condujo allá, alguien gritó ¡Viva López Mateos, muera el cacique! Comprendí que se trataba de unos cuantos estudiantes de la familia Nava y otros mochos sinarquistas, "sonreídos" muy de cerca por ayudantes del tuerto Manuel Álvarez, entonces gobernador del estado…

"Llegamos a la universidad y todo se produjo en más o menos calma hasta que al fin del mitin los Nava mostraron algunos grandes algunos garrotes dirigiéndose a mí y gritando: "¡Muera el cacique! Como esos individuos lo menos que querían era que yo les mentara la madre, sólo me acerqué al grupúsculo y delante de López Mateos les dije: "Aquí estoy, qué quieren de mí" De inmediato la comitiva del candidato los dispersó, mientras el licenciado López Mateos me comentaba: "Yo he sido estudiante, mi Tigre, y sé cómo se mueve esta gente; no tengas precaución por el incidente".”

Si Santos no hubiera estado ya obnubilado por la adiposidad del poder, habría advertido que el tiempo se le acababa; hasta los jerarcas eclesiásticos, que en otras épocas habían comido de su mano, empezaron a regatearle el apoyo. Al poco tiempo se cumplía una máxima de López Mateos: "Los cacicazgos subsisten mientras el pueblo los tolera"; el movimiento navista consiguió que el "tigre" abandonara el estado.

En aquel clima, Salvador Nava lanzó su candidatura a la presidencia municipal de San Luis Potosí. La campaña alcanzó tal calor que en un momento dado 30,000 manifestantes pasearon por las calles de la ciudad unos ataúdes con los nombres de Santos, el gobernador Álvarez y el candidato del PRI  a la alcaldía, un ahora olvidado Francisco Gutiérrez Castellanos; y fue tan grande el pánico de los huérfanos políticos del cacique, que las fuerzas policiacas se encerraron en el edificio municipal en vez de enfrentarse a la turba. 

Motivos de salud: Durante aquella campaña de 1958 pasó de todo: el 20 de noviembre, los padres de familia familia prohibieron a sus hijos que participaran en el tradicional desfile; y se congregaron ante el palacio de gobierno, para bombardear el edificio (y al gobernador, cuando el pobre hombre se atrevió a asomar las narices) con huevos podridos. Pocos días más tarde se produjeron balaceras que costaron varias vidas, entre ellas la de un niño de 7 años de edad, hijo de un obrero. 

Nava ganó y su triunfo (22,010 votos contra 11,132 del candidato oficial) no pudo ser desconocido. El movimiento navista -dice Tomás Calvillo en su libro El nabismo o los motivos de la dignidad- no se limitó a la capital. En aquella elección presentó candidatos en un buen número de municipios del interior y se le reconocieron triunfos en una decena de ayuntamientos, entre ellos los de San Antonio Rayón, Cerro de San Pedro, Villa de Hidalgo, Santo Domingo, Tampamolón y Villa de Ramos. Abrumado por la derrota, el gobernador Manuel Álvarez pide licencia "por motivos de salud. En su lugar fue designado el entonces diputado federal, Francisco Martínez de la Vega.

Nava recibió el municipio cargado de deudas y con las arcas vacías, pero en apenas dos años de gestión resolvió el problema del drenaje para las siguientes dos décadas, tendió una red de distribución de agua potable de 20 km de longitud e instaló alumbrado público en el 80% de las calles de la capital. 

Sin embargo, el alcalde potosino no tomó en cuenta el cambio de atmósfera que suele operarse a partir del segundo o tercer año de cada sexenio: en 1961 presentó su candidatura para gobernador del estado, cometió el error de ganar, y selló su suerte para las siguientes 2 décadas.

El contendiente de Nava en las elecciones de 1961 fue Manuel López Dávila, un priista poco conocido en la entidad, a quien el oftalmólogo podía derrotar con extrema facilidad. Al que no se podía derrotar era al régimen, incapaz por entonces de entregar un estado de la Federación. Así se lo advirtió a Nava el entonces presidente del PRI, Alfonso Corona del Rosal, quien sugirió que, a cambio de la gubernatura, el potosino aceptara una curul en el Congreso de la Unión. En vez de pactar, Nava denunció públicamente la propuesta, y  a partir de entonces se le cortó la posibilidad de ser protegido por el gobierno federal. 

La trampa contra Nava fue preparada para el 15 de septiembre y estuvo a punto de fallar. 

Haciéndose pasar por emisarios del oftalmólogo, agentes provocadores convocaron a los navistas a un mitin de protesta en la plaza de armas de San Luis Potosí, precisamente a la hora y en el lugar donde tendría efecto la ceremonia del grito. Desde varias horas antes, el sitio apareció rodeado por pistoleros con órdenes de desencadenar una masacre; pero a medida que los despistados partidarios de Nava iban llegando, los propios soldados y policías apostados en las inmediaciones les advertían que se trataba de una trampa, urgiéndolos a alejarse. 

Eclipse: Al cabo, a la hora señalada y cuando repentinamente se apagaron las luces, la balacera se desató, aunque en ella participaron grupos de pistoleros que se confundieron mutuamente con navistas. Al día siguiente Nava y algunos de sus colaboradores fueron detenidos y conducidos al D.F., donde permanecieron más de un mes, primero en el campo militar número uno y después en la vieja penitenciaría de Lecumberri. Durante ese lapso se proclamó en San Luis Potosí el triunfo del candidato priista con 175,646 votos contra 45,617 de Nava. 

Al año siguiente y en vista de que Nava no acató el consejo que le dieron en México de alejarse de San Luis Potosí, el oftalmólogo fue nuevamente detenido y esta vez ya no lo trataron con guante blanco: le dieron tal golpiza que salió de la cárcel con 2 cosillas rotas, graves derrames internos y un brazo paralizado. Le tomó más de un año recuperarse físicamente; mientras tanto, sus principales seguidores se desbandaron o fueron comprados por el gobierno. 

Aún derrotado, Nava conservó su popularidad (mientras estaba en la cárcel, los habitantes de colonias populares de San Luis Potosí hicieron colectas para ayudar a doña Conchita, la esposa del oftalmólogo); pero el desmembramiento del cacicazgo de Santos había provocado un apaciguamiento político que dejó a Salvador Nava sin caldo de cultivo en el cual prosperar. 

Con apenas débiles débiles e intermitentes sacudidas, la calma chicha potosina se prolongó por casi 2 décadas, hasta que el profesor Carlos "La Ardilla" Jongitud Barrios fue impuesto como gobernador en 1979. 

Durante su sexenio, Jongitud -entonces inamovible líder del magisterio- no solo robó, sino que hizo alarde de su latrocinios. Utilizó los cuerpos de seguridad del estado para ayudar a bandas de contrabandistas que dirigían protegidos del gobernador. Con dinero del erario público mandó hacer una enorme residencia, con ínfulas palaciegas, que al término del mandato vendió a la nueva administración, para que se convirtiera en residencia oficial de los gobernadores. 

Por esos años, Salvador Nava regresó a combatir la ignominia. Tras dos décadas de olvido, el oftalmólogo ya ni soñaba con volver a la política activa; pero los desesperados potosinos literalmente fueron a sacarlo del consultorio y lo lanzaron como candidato a alcalde de la ciudad capital del estado, con el improvisado respaldo del PAN y el PDM. Nuevamente los tiempos eran propicios: despuntaba el sexenio de Miguel de la Madrid bajo La invocación de la Renovación Moral, y se esperaba que, al menos, fueran respetados aquellos resultados electorales demasiado claros para poderlos tergiversar. 

Veladoras: Esta vez, como la anterior, Nava recibió la ciudad sepultada bajo montañas de basura, con las calles acribilladas de baches, y deudas tan cuantiosas que, al poco tiempo, el ayuntamiento tuvo que trabajar a la luz de las velas, porque le cortaron la electricidad. Aún así, Nava consiguió remendar las finanzas municipales, y remozar el primer cuadro de la capital potosina. 

Crecido por la victoria, el movimiento navista, aglutinado en el Frente Cívico Potosino, volvió a ganar elecciones en 1985 (no le reconocieron el triunfo) y en 1988 (sí se lo reconocieron).

Durante 1989 y 1990 los navistas tuvieron que hacer una tregua y encender veladoras, mientras rogaban por la recuperación del "doctor Chava", como cariñosamente llamaban al oftalmólogo, quien, víctima de cáncer, se sometía a un traumático tratamiento de quimioterapia. Al término del plazo Nava había descansado lo suficiente y hasta engordado un poco: tan bien se sentía, que aceptó la nominación del Frente Cívico Potosino a la gubernatura, para las elecciones el pasado 18 de agosto. 

El hombre sabía que la oposición dividida estaba destinada al fracaso, así que puso como condición ser candidato único de las fuerzas antipriístas. Metiéndose en la bolsa desconfianza y resquemores, perredistas, pedemistas y panistas se avinieron, y formaron la Coalición Democrática Potosina, CDP

Durante la campaña preelectoral, los partidos de la coalición sólo brindaron a Nava un tibio apoyo moral, mientras luchaban entre sí enconadamente por los cargos legislativos federales que se disputaban. Nava hizo campaña por su cuenta: recorriendo palmo a palmo el territorio del "prebostazgo", comprobó que la lucha iniciada hace 30 años no había perdido actualidad; violencia y opresión seguían imperando en muchas zonas, especialmente en la Huasteca; como antaño, el estado seguía contándose -según parámetros del INEGI- entre los 5 más atrasados del país; y los caciques seguían tan soberbios y corruptos como siempre. 

Lo que pasó inmediatamente después, es conocido. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará San Luis Potosí las cosas que le suceden. Lo que sí se sabe es que, mientras le quede vida, Salvador Nava no se dará por vencido.


(Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. III Salvador Nava. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 17 de noviembre de 2025

Caudillos de la nueva oposición: II Carlos Medina Plascencia

 

Los caudillos de la nueva oposición 


Sección Señoras y Señores



Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


II: Carlos Medina Plascencia 


Después del truculento desenlace de las elecciones de Guanajuato, sólo los priístas quedaron más disgustados que los panistas. En cambio, nadie sabe qué pensó exactamente el alcalde panista de León, Carlos Medina Plascencia, cuando le anunciaron que al fin iban a entregarle el cargo por el cual se había negado a competir un año antes, el de gobernador de Guanajuato. 

Educado en colegios de jesuitas y graduado como ingeniero químico administrador en el tecnológico de Monterrey (1980), el leonés Medina, de 36 años de edad, casi tan alto como Fox y padre de tres niños, era antes de 1988 más conocido por su afición a las carreras de automóviles ("Novato del año 1987" de Fórmula K) y por la velocidad con que había hecho florecer su grupo empresarial familiar, dedicado a la exportación de insumos para la Industria del calzado y con ventas anuales por encima de los 4 millones de dólares. 

Medina dice que se inició en la política más por coraje que por ideología, al contemplar impotente, en 1980, 81, 82, cómo el descabellado régimen de José López Portillo jalaba al país hacia el abismo. Primero, afirma, dedicó tres años a la extenuante tarea de estudiar los postulados del PRI, el PDM y el PAN. En 1985, cuando ya veía todo cuadrado, se decidió por el PAN: ingresó, metió turbo y un año más tarde era, ya, regidor del ayuntamiento de León. 

Mano de hierro: en 1988, manejando las finanzas del PAN, fue uno de los estrategos anónimos del decisivo triunfo de su partido en la región de León (3 diputaciones federales de mayoría). Meses después cosechó su recompensa, la alcaldía de León, con ventaja de 3 a 1 sobre el candidato del PRI. Igual que Fox, también Medina sacó valioso rédito político de la visible inquina con que el gobierno estatal trató al ayuntamiento leonés. Asediado por la falta de recursos, las zancadillas burocráticas y las orquestadas embestidas de líderes de paracaidistas y sindicatos de la CTM, el alcalde tuvo que crecerse en el cargo. Sus críticos dicen que recurrió sin piedad al "mayoriteo" aplastando todo síntoma de disidencia; pero admiten que imprimió a la administración municipal cierto dinamismo empresarial: el primer año, los ingresos presupuestados (36,000 millones de pesos) fueron rebasados en 44%; y los egresos fueron más de 6,000 millones menores a lo previsto. 

A ojos del público, el alcalde Medina se convirtió en candidato natural a la gubernatura; pero el hombre se negó a competir por la postulación contra otros panistas y prefirió, en cambio, apadrinar la candidatura de Vicente Fox. Al fin, como se sabe, tuvieron que intervenir las más altas instancias nacionales, para plantearle una de esas proposiciones que, como decía don Corleone, no se pueden rehusar.


Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. II Carlos Medina Plascencia. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)

lunes, 1 de septiembre de 2025

Caudillos de la nueva oposición: I Vicente Fox




 Los caudillos de la nueva oposición 


Sección: Señoras y Señores


Por Pedro Baca y María Julia Guerra 


I: Vicente Fox 


Nacido en la Ciudad de México y radicado en León, Gto., desde el tercer día de su vida, Vicente Fox Quesada -el segundo de los nueve hijos de un agricultor agricultor leonés y una inmigrante española, de 49 años de edad, casado y padre de 4 hijos adoptivos-, pasó la primera mitad de su vida cultivando 2 errores, y la segunda mitad, tratando de rectificarlos. Primorosamente educado por los jesuitas, en la niñez y adolescencia que creyó estar destinado al sacerdocio y sólo cuando sus padres lo obligaron a estudiar administración de empresas (en la universidad Iberoamericana en el D.F.) descubrió el sabor de afanes más terrenales, como la mercadotecnia y la programación por el camino crítico. Segundo, pensaba que la política era un juego indigno de gente bien nacida ahora lleva tres años actuando en ese campo, y cree que en política también pueden ganar los buenos, cuando son más que los malos. 

Apenas salido de la universidad, Fox Quesada se lanzó en desenfrenada carrera: en menos de 10 años avanzó de simple empleado a presidente de Coca-Cola para México y Centroamérica, no tanto por su excepcional talento, cree él, sino porque durante ese lapso nunca trabajó menos de 10 horas por día. En una de sus giras de trabajo por Centroamérica, le tocó ver unas elecciones en Costa Rica. Le impresionó el clima de festividad en las calles de San José, la capital del pequeño país. Después de votar, los costarricenses se veían tan contentos como si hubieran ganado la copa mundial de fútbol. A Fox le dio envidia y tristeza, pero, preocupado como andaba por los enredos dupolísticos (Coca-Cola y Pepsi) de la industria refresquera, ni le pasó por la cabeza la idea de regresar a México en el primer vuelo y encabezar una revolución.

Regreso al terruño: A principios de los 80, le sobrevino la crisis de los 40. La parda atmósfera del D.F. se le volvió irrespirable. Añoraba el calor del clan familiar. Extrañaba el ciclismo y la charrería, sus deportes preferidos, que aún practica. Las gaseosas empezaron a provocarle acidez. Una mañana se miró al espejo, enfundado en un traje de impecable corte inglés, y se vio ridículo. Ese día fue a la oficina en pantalón de mezclilla, botas de pico y sombrero tipo Stetson, y le dio gusto la mirada estandarizada de los yuppies. Al fin renunció graciosamente, y emprendió, tarareando por lo bajo, el camino de Guanajuato

Los siguientes 9 años los dedicó a sembrar fresas en el rancho de su familia, el San Cristóbal, cerca de León, y a organizar con computadoras el Grupo Fox, dedicado a la agroindustria, exportación de verduras congeladas, elaboración de alimentos para ganado y fabricación de calzado y botas vaqueras para la exportación (utilidades de 1989: 1.1 millones de dólares).

Podría haber seguido así por tiempo indefinido, respirando oxígeno campirano y ganando cada año su millón de dólares, de no haber surgido en 1987 el sinaloense Manuel Clouthier como candidato del PAN a la presidencia. Fox conocía y respetaba a Clouthier de años atrás. ¿Cómo podía un hombre así, meterse en un juego tan sucio? El de Guanajuato fue a preguntarle, y el de Sinaloa contestó que lo hacía para ser libre: -¿Cómo vas a ser empresario, es decir, emprendedor, si no eres libre? -dice Fox que dijo Clouthier-. ¿Y si no luchas para ser libre, de que te quejas? 

Las palabras de Clouthier trajeron a la mente de Fox el recuerdo de aquel día de elecciones en Costa Rica. Sólo la gente libre, pensó el ranchero de Guanajuato, anda por la calle tan contenta después de ir a votar. Empezó a concurrir a mítines opositores. 

Sin almidón: Los panistas de León dicen que Fox destacó desde el primer día, por sus casi dos metros de estatura y porque llegaba a las reuniones a caballo o en bicicleta. En la tribuna, el ranchero no se andaba con rodeos: -La oposición pierde no sólo por las marranadas del PRI -repetía machaconamente-, sino por bruta, por no saber defenderse. 

Tanta franqueza le granjeó la simpatía de miles de leoneses hartos del almidón de los políticos, y la candidatura del PAN a una diputación federal. En las elecciones de 1988 ganó por holgada mayoría. En el Congreso de la Unión se convirtió con facilidad en el especialista en temas agropecuarios de la diputación panista.

En 3 años como legislador Fox no logró gran cosa, ya que su partido, a pesar de contar en ese lapso con un centenar de diputados, no destacó por lo emprendedor y agresivo; pero se desprestigió menos que algunos de sus compañeros de bloque, gracias a la torpeza del gobierno de Guanajuato, que con actos intimidatorios hinchó las velas políticas del opositor: primero, se ordenó el cierre de una congeladora de los Fox; después, hordas de invasores se lanzaron sobre el rancho San Cristóbal; enseguida, los auditores de Hacienda se abatieron sobre el Grupo Fox; y con ese talante seudoamistoso que enchina la piel, diferentes emisarios empezaron a hostigar al priísta José Luis Fox, líder regional de los pequeños propietarios y hermano del diputado, para convencer a Vicente de la conveniencia de abandonar el PAN. La presión fue tan ominosa, dicen los Fox, que muchos antiguos amigos, empresarios obligados a andar de buenas con el gobierno, comenzaron a negarles el saludo.

Amigos de Fox: Dicen que tras la muerte de Clouthier en septiembre de 1989, el de Guanajuato sintió que tenía el deber moral de recoger la estafeta. No confiando plenamente en su partido, Fox optó por crear su propia organización para iniciar la lucha para conquistar el gobierno de su entidad. Fundó la OLE, Organización para la Liberación del Estado, encargada de reunir (por medio de rifas, boteos y eventos especiales) los 5,000 millones de pesos que requeriría la campaña, y reclutar a los 25,000 simpatizantes (porcicultores, los llamaban) que vigilarían a los priistas el día de la elección.

La campaña de Fox duró 250 días. Mientras los candidatos del PRI, Ramón Aguirre Velázquez, y del PRD, Porfirio Muñoz Ledo, se encarnizaban uno contra el otro como gallos furiosos, el panista se esforzaba por sobrevolarlos, apelando inclusive a las potencias celestiales (solía insistir en que la religión es uno de los ejes del proyecto nacional). No trató de nadar contra la corriente neoliberal del gobierno federal: más bien, subrayó a cada paso que, con tanta marranada, no hay modelo que valga, y que para salvar no sólo la economía sino también el alma, primero hay que limpiar a fondo los establos. Según se vio en agosto en las urnas, a un alto porcentaje de guanajuatenses les encantó escucharlo. 


Tomado de: Baca, Pedro, y Guerra, María Julia: Los caudillos de la nueva oposición. I Vicente Fox. Contenido, noviembre de 1991, número 341. Editorial Contenido, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1991)