Mostrando las entradas con la etiqueta casa del obrero mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta casa del obrero mundial. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de noviembre de 2025

El gobierno de Victoriano Huerta 1



 El gobierno de Victoriano Huerta


Breve historia de la revolución mexicana 

** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones 


Jesús Silva Herzog


Capítulo 1 


Los habitantes de la capital de la República habían sufrido privaciones sin cuento durante la decena trágica. Los combates en algunas partes del centro de la metrópoli habían tenido aterrorizados a los capitalinos. Decenas de ciudadanos pacíficos, víctimas de su curiosidad o de su mala suerte habían muerto o habían sido heridos por las balas perdidas de los contendientes. No pocas casas fueron averiadas por los cañones de la ciudadela Ciudadela o por los de los que defendían al Gobierno legítimo de don Francisco I. Madero. En consecuencia es explicable el desbordamiento de júbilo de la gente al saber que la lucha había terminado. ¿Qué importaba que el Presidente, el Vicepresidente y sus ministros estuvieran presos por órdenes de Victoriano Huerta? Lo único que importaba era volver a la normalidad después de la tremenda pesadilla de diez días. Además, es necesario reconocer que precisamente en la Ciudad de México fue donde Madero siempre tuvo mayor número de enemigos y lógicamente menos partidarios; fue siempre el foco del porfirismo y donde más lució la gallarda figura del viejo autócrata. La ciudad de México a través de nuestra historia nunca se ha distinguido por su espíritu revolucionario. 

Se refiere que al trasladarse los nuevos ministros designados en el pacto de la Embajada, de la Secretaría de Gobernación al Palacio Nacional, la muchedumbre que llenaba las calles los aplaudió alborozada en todo el trayecto. Muchos de ellos, hay que reconocerlo, gozaban entonces de buen nombre y prestigio intelectual. Se refieren también que algunos como Francisco León de la barra y Jorge Vera Estañol rehusaron aceptar al notificárseles su nombramiento; pero a la postre tuvieron que aceptar ante la presión de Huerta y del embajador norteamericano. A este propósito Vera Estañol, en su libro La Revolución Mexicana. Orígenes y resultados escribe:

“La designación de Huerta para la Presidencia provisional no fue del agrado general, y de semejante displicencia y aún repugnancia participó la mayoría de los llamados a formar su Ministerio.

"En la segunda conferencia, a que Vera Estañol fue convocado para instarle a que entrara al nuevo Gabinete, se le informó que el embajador de los Estados Unidos había hecho saber que, de no arreglarse inmediatamente la situación de inconformidad con que el pacto de la Embajada, los Estados Unidos estaban dispuestos a desembarcar los marinos de sus barcos de guerra anclados en puertos mexicanos o en su vecindad.”

El mismo autor, que debió haber conocido bien a Victoriano Huerta por haber sido durante varios meses su ministro de Instrucción Pública, emite en la obra citada sobre su jefe accidental el juicio siguiente: 

"De sesenta y un años de edad, físicamente recio e inmune al trabajo, excesos y vigilia; despejado de inteligencia en los periodos normales, malicioso y suspicaz; militar por meollo y educación; sostenido y tenaz en sus determinaciones también durante los periodos normales y hombre de acción; pero egoísta, inmensurablemente ambicioso, renuente a la noción del deber, ignorante o desdeñoso de toda energía individual o social libre, maquiavélico, falaz hasta la decepción de sí mismo, brutal, arbitrario, disoluto y por remate alcohólico empedernido con las consiguientes intermitencias de abulia y ofuscación. Huerta bajo la acción aumentativa del poder, es dentro del Gobierno el elemento disolvente por excelencia.”

Y este hombre anormal, traidor por naturaleza, ebrio consuetudinario y malvado, se había adueñado de la primera magistratura de la nación.

En el Palacio Nacional, el día 19 de febrero, se celebró el ascenso al poder de Victoriano Huerta, con asistencia del cuerpo diplomático acreditado en México. El siniestro embajador norteamericano Henry Lane Wilson pronunció un optimista discurso, asegurando que la paz se restablecería en el país gracias a la habilidad y a la energía del nuevo mandatario. Inmediatamente después Huerta notificó por la vía telegráfica a los gobernadores de los Estados su nombramiento. Entre ellos cabe citar a revolucionarios distinguidos como Rafael Cepeda, de San Luis Potosí; Miguel Silva, de Michoacán y Manuel Mestre Ghigliazza, de Tabasco. Todos, incluyendo a los expresamente mencionados, aceptaron de hecho en aquellos momentos -18 y 19 de febrero- la usurpación, excepto don Venustiano Carranza, gobernador del Estado de Coahuila. Semanas después fue secundado por el Gobierno de Sonora.

El día 22, ya lo sabe el lector, fueron cobardemente asesinados don Francisco I. Madero y don José María Pino Suárez. La noticia del crimen causó impresión escalofriante en todo el país y en el extranjero. En la Ciudad de México y en buen número de grandes ciudades se celebró en los casinos aristocráticos y en numerosas casas de gente acaudalada la muerte de los dos mártires; se celebró brindando con champaña y augurando un porvenir brillante para la República. La alta burguesía estaba de plácemes; pero el pueblo, la gente humilde y buena parte de la clase media condenaron el magnicidio con justificada indignación. Los grandes periódicos se pusieron desde luego al servicio de Huerta. 

Manuel Márquez Sterling en Los últimos días del presidente Madero dice lo que copiamos a continuación: 

“...el espía sustituye al soldado. Y los periodistas, ayer libres, hoy esclavos, solicitan de mi buena fe datos que publicar del revés, con la malicia del terror y el encanto inefable de servir al nuevo amo…

"Caído el Gobierno del mártir, los viejos actores, cesantes y dispersos buscan inútilmente su lugar en la escena que ya no les pertenece; y los impulsa el recuerdo abultado y triste de antigua y borrosa gloria. Se entregan a brazos del audaz que promete los mismos placeres de pasada época y no ven el incendio que corre furioso por las cortinas que disfrazan su miseria. El cuartelazo ha sido absurda conjura de gente rica, de industriales omnipotentes, de banqueros acaudalados y de comerciantes favoritos que ansían su "fetiche" y labran, sin saberlo, su ruina. Para ellos asesinar a Madero no fue, ni con mucho, un delito. Y con mirada hosca reprochan, desde luego, a quienes intentaron salvar aquella existencia que imaginaban lesiva a sus intereses de cortesanos…”

Bien pronto se vio que al Gobierno de Huerta lo apoyaban los banqueros, los grandes industriales, los grandes comerciantes, el Clero, sobre todo el alto Clero, y por supuesto el ejército federal. Del otro lado, en contra del usurpador, estaba el pueblo: campesinos, obreros, mineros, pequeños agricultores e intelectuales de la clase media. Mención especial merece la actitud asumida en la ciudad de México por los trabajadores de la Casa del Obrero Mundial, pues sin vacilación se pronunciaron contra el Gobierno huertista, sosteniendo con decisión y valor sus anhelos de transformación social. 

El 1° de mayo de 1913 celebraron por primera vez en el país el Día del Trabajo en un teatro de la capital. Entre otros oradores habló el diputado Isidro Fabela, pronunciando un discurso a favor del proletariado de las ciudades y de los campos, con ataques vigorosos a la minoría privilegiada y censurando implícitamente al Gobierno. Al día siguiente, al saber que se trataba de aprehenderlo, Favela pudo escapar de México para unirse a la Revolución.

Semanas más tarde de la celebración del Día del Trabajo, la Casa del Obrero Mundial organizó el 25 de mayo un gran mitin, el cual se efectuó en el monumento a Benito Juárez. Hablaron Serapio Rendón, Jesús Urueta, José Colado, Rafael Pérez Taylor, Eloy Armenta, el poeta José Santos Chocano y Antonio Díaz Soto y Gama. Se refiere que este último dijo, poco más o menos, que "los trabajadores formaban ya encadenamientos prepotentes que ninguna fuerza, ni divina ni humana, era capaz de hacer pedazos, a despecho de todos los traidores y a despecho de todos los cuartelazos; que el pueblo mexicano era revolucionario por idiosincrasia y que por tal razón echaría por tierra, viniendo del norte o del sur, al gobierno espurio y vil de Victoriano Huerta,6 que se había entronizado en México para mengua y vergüenza de nuestra historia…”

Asombra y provoca nuestra admiración la valentía de aquellos ciudadanos que se jugaban la vida al atacar sin eufemismos al régimen huertista. Los miembros de la Casa del Obrero Mundial, no obstante los peligros que les acechaban, continuaron en su actitud oposicionista y en terca defensa de sus ideales.


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la revolución mexicana ** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986).

lunes, 29 de septiembre de 2025

Pacto celebrado entre la Revolución Constitucionalista y la Casa del Obrero Mundial, 1915



Pacto celebrado entre la Revolución Constitucionalista y la Casa del Obrero Mundial, 1915


En atención a que los obreros de la Casa del Obrero Mundial se adhieren el Gobierno Constitucionalista encabezado por el C. Venustiano Carranza, se ha acordado hacer constar las cláusulas que normarán las relaciones de dicho gobierno con los obreros, y la de éstos con aquél, para determinar la forma en que los obreros han de prestar su colaboración a la causa constitucionalista, suscribiendo, al efecto, el presente documento: por la Casa del Obrero Mundial, los ciudadanos Rafael Quintero, Carlos M. Rincón, Rosendo Salazar, Juan Tudó, Salvador Gonzalo García, Rodolfo Aguirre, Roberto Valdés y Celestino Gasca, nombrados en comisión ante el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo, por el Comité Revolucionario de la Ciudad de México, el cual, a su vez, representa a la Casa del Obrero Mundial, y por el Lic. Rafael Zubarán Capmany, secretario de Gobernación, en representación del citado Primer Jefe. 


1o. El Gobierno Constitucionalista reitera su resolución expresada por decreto de 4 de diciembre del año próximo pasado, de mejorar por medio de leyes apropiadas la condición de los trabajadores, expidiendo durante la lucha toda las leyes que sean necesarias para cumplir aquella resolución. 

2o. Los obreros de la Casa del Obrero Mundial, con el fin de acelerar el triunfo de la Revolución Constitucionalista e intensificar sus ideales en lo que afecta a las reformas sociales, evitando, en lo posible, el derramamiento innecesario de sangre, hacen constar la resolución que han tomado de colaborar de una manera efectiva y práctica por el triunfo de la revolución, tomando las armas, ya para guarnecer las poblaciones que están en poder del Gobierno Constitucionalista, ya para combatir a la reacción. 

3o. Para llevar a cabo las disposiciones contenidas en las dos cláusulas anteriores, el Gobierno Constitucionalista atenderá, con la solicitud que hasta hoy ha empleado, las justas reclamaciones de los obreros en los conflictos que puedan suscitarse entre ellos y los patrones, como consecuencia del contrato de trabajo. 

4o. En las poblaciones ocupadas por el Ejército Constitucionalista, y al fin de que éste quede expedito para atender las necesidades de la campaña, los obreros se organizarán de acuerdo con el Comandante Militar de cada plaza, para el resguardo de la misma y la conservación del orden. 

En caso de desocupación de poblaciones, el Gobierno Constitucionalista, por medio del Comandante Militar respectivo, avisará a los obreros su resolución proporcionándoles toda clase de facilidades para que se reconcentren en los lugares ocupados por las fuerzas constitucionalistas. 

El Gobierno Constitucionalista, en los casos de reconcentración, auxiliará a los obreros, ya sea como remuneración de los trabajos que ejecuten, ya a título de ayuda solidaria, mientras no se les proporcione trabajo, con objeto de que puedan atender las principales necesidades de subsistencia. 

5o. Los obreros de la Casa del Obrero Mundial formarán listas en cada una de las poblaciones en que se encuentran organizados, y desde luego en la Ciudad de México, incluyendo en ellas los nombres de los compañeros que protegen cumplir con lo que dispone la cláusula 2a. Las listas serán enviadas, inmediatamente que estén concluidas, a la Primera Jefatura del Ejército constitucionalista, a fin de que éste tenga conocimiento del número de obreros que estén dispuestos a tomar las armas. 

6o. Los obreros de la Casa del Obrero Mundial harán una propaganda activa para ganar la simpatía de todos los obreros de la República y del obrero mundial hacia la Revolución Constitucionalista, demostrando a todos los trabajadores mexicanos las ventajas de unirse a la revolución, ya que ésta hará efectivo para las clases trabajadoras, el mejoramiento que éstas persiguen por medio de sus agrupaciones. 

7o. Los obreros establecerán centros o comités revolucionarios en todos los lugares en que juzguen conveniente hacerlo. Los comités, además de la labor de propaganda, velarán por la organización de las agrupaciones obreras y por su colaboración en favor de la causa constitucionalista. 

8o. El Gobierno Constitucionalista fundará, en caso de ser necesario, colonias obreras en las zonas que tenga dominadas, para que sirvan de refugio a las familias de los obreros que hayan tomado las armas o que en otra forma práctica hayan manifestado su adhesión a la causa constitucionalista. 

9o. Los obreros que tomen las armas en el Ejército Constitucionalista y las obreras que presten servicios de atención o curación de heridos, u otros semejantes, llevarán una sola denominación, ya sea que estén organizados en compañías, batallones, regimientos, brigadas o divisiones. Todos tendrán la designación de “rojos”.


Constitución y Reforma Salud y Revolución Social 

Rafael Zubarán Capmany  Salvador Gonzalo García 

Rafael Quintero Rodolfo Aguirre 

Carlos M. Rincón Roberto Valdez 

Rosendo Salazar Celestino Gasca 

Juan Tudó 


Veracruz, 17 de febrero de 1915


(Tomado de Carr, Barry - El movimiento obrero y la política en México 1910-1929 ll. Secretaría de Educación Pública, Colección SepSetentas, #257, México, Distrito Federal, 1976)

lunes, 14 de marzo de 2022

Batallones Rojos

 


Batallones Rojos

Col. Constitución de 1917

Del. Iztapalapa,

México, D. F., C. P. 09260


Los Batallones Rojos, que se hicieron famosos en las batallas de Celaya y el Bajío durante la Revolución mexicana, estaban conformados por obreros organizados y armados que se integraron al Ejército Constitucionalista, liderado por Venustiano Carranza, en lo más crudo de la guerra civil entre las facciones revolucionarias que azotó a México en 1915.

El 17 de febrero de ese año, en la ciudad de México, firmaron una trascendental alianza los constitucionalistas y la más activa de las organizaciones obreras del país: la Casa del Obrero Mundial, fundada el 22 de septiembre de 1912 al calor de la Revolución, aprovechando las libertades de asociación de que disfrutaba el país bajo el presidente Francisco I. Madero.

La organización obrera reunía a diversas agrupaciones sindicales y mutualistas de la capital de la República y recogía la experiencia que los trabajadores mexicanos habían acumulado en la defensa de sus derechos. Durante el gobierno de Victoriano Huerta, la Casa del Obrero fue cerrada. Uno de los primeros actos de la revolución que triunfó sobre el huertismo en 1914 fue justo reabrirla.

Mientras la organización obrera reiniciaba sus actividades, los revolucionarios triunfantes se dividieron en dos facciones y en diciembre de 1914 empezó la nueva lucha, esta vez de constitucionalistas contra convencionistas. En el seno de la Casa del Obrero se dieron intensos debates entre quienes rechazaban la participación en la lucha y los que apoyaban a una u otra de las facciones rivales, hasta que los argumentos del general Álvaro Obregón y del pintor Gerardo Murillo -conocido como Dr. Atl- convencieron a la mayoría de los dirigentes del organismo de aliarse con los constitucionalistas.

De esa manera la Casa del Obrero Mundial se comprometía a aportar voluntarios a las filas de los constitucionalistas, y éstos por su parte a convertir en leyes las demandas de los obreros.

Luis A. Salmerón, historiador.

(Tomado de: Salmerón, Luis A. - Cartografía urbana: Batallones Rojos. Relatos e historias en México. Año VII, número 81, Editorial Raíces, S.A. de C. V., México, D. F., 2015)

sábado, 23 de junio de 2018

Gerardo Murillo (Dr. Atl)

Gerardo Murillo (Dr. Atl)



Nació en Guadalajara, Jal. En 1875; murió en la Ciudad de México en 1964. En su ciudad natal estudió pintura con Felipe Castro (hacia 1890); pasó a la de México y fue alumno de las escuelas de Bellas Artes y Preparatoria. Cuando terminó ésta, el presidente Porfirio Díaz lo pensionó para estudiar pintura en Europa, pero en lugar de esa especialidad tomó clases en la Universidad de Roma con el filósofo Antonio Labriola y el sociólogo y penalista Enrico Ferri. Colaboró con el Partido Socialista italiano y escribió en su órgano periodístico, el diario L’Avanti. Viajó a pie de Roma a París y asistió como oyente a las cátedras de sociología de Emilio Durkheim y de psicología y teoría del arte de Henri Bergson, en la Facultad de Altos Estudios. En 1902, en París, Leopoldo Lugones lo bautizó con el nombre de Dr. Atl (agua, en náhuatl). Hizo otra caminata de París a Madrid con fines deportivos.

 Regresó a México en 1904 y en 1906 organizó la exposición de pintura Savia Moderna, exhibiendo por vez primera la obra de Ponce de León, Francisco de la Torre y Diego Rivera, provocando el interés por el impresionismo y la muerte del estilo pompier. En 1910 promovió el Centro Artístico, cuyo objeto era conseguir muros en los edificios públicos para pintar en ellos. Esta iniciativa no prosperó porque sobrevino la Revolución armada.



Volvió a Europa en 1911. En París fundó el periódico Action d’Art, en el que difundió sus teorías pictóricas y el sentido social de la Revolución Mexicana. En sus libros autobiográficos Gentes profanas en el convento y Apuntes inéditos para un diario habla de sus colaboraciones para L’Humanité, bajo la égida de Jean Jaurés. El poeta Carlos Barrera, diplomático mexicano en Francia, cuenta que el pintor publicó durante varios meses el periódico La Revolution au Mexiqué y que realizó varias gestiones en favor de la facción constitucionalista, aprovechando la asistencia de Clemanceau y del ministro de Finanzas Dumont a las exposiciones de pintura. En esta empresa fue apoyado por el ministro de México Miguel Díaz Lombardo.




Reintegrado a México en 1914, Venustiano Carranza lo comisionó para tratar con Zapata la unificación de las fuerzas revolucionarias; pero fracasó en su gestión y estuvo a punto de ser fusilado (existe la correspondencia entre Zapata y el Dr. Atl relativa a sus conferencias y disputas). Durante la permanencia del Primer Jefe en Veracruz, el Dr. Atl fundó La Vanguardia, en cuyas páginas se publicaron caricaturas e ilustraciones de José Clemente Orozco. Organizó la confederación Revolucionaria, integrada por 10 militares y 10 civiles, entre ellos los generales Álvaro Obregón y Benjamín Hill, Jesús Urueta y Rafael Zubarán Campany, al fin disuelta por la notable preponderancia que llegó a tener. De esa agrupación surgió más tarde el Bloque de Obreros Intelectuales, presidido por Juan de Dios Bojórquez. Parece que también intervino en el pacto que suscribieron, el 17 de febrero de 1915, el secretario de Gobernación de Carranza y la Casa del Obrero Mundial, aunque no firmó el documento. Fue en esa época director de la Academia de San Carlos, tesorero general de las Fuerzas Constitucionalistas y jefe del Departamento de Bellas Artes.


Terminado el movimiento armado, se dedicó de lleno a pintar, a promover el conocimiento del arte popular, a estudiar vulcanología y a escribir.



En el período de 1920 a 1964 destacan su lucha en favor de las potencias del Eje, su controversia con Lázaro Cárdenas y su gran amistad con Adolfo López Mateos, a quien le debe estar sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Designado miembro del Colegio Nacional, renunció a la distinción porque se le había otorgado a Gerado Murillo y no al Dr. Atl.




Su obra escrita comprende:


1.- Folletos: Palabras de un hombre al pueblo americano (traducido al inglés), Paz germana o paz judáico-británica, ¿La victoria de Alemania y la situación de la América Latina?, Paz, neutralidad o guerra, El futuro del mundo y La carroña de Ginebra.


2.- Libros de arte: La sinfonía del Popocatépetl, Artes Populares (2 vols.; 1921, 2ª. Ed., 1922), Las iglesias de México (6 vols.), Cómo nace y muere un volcán (sobre el Paricutín), Historia del paisaje y Los volcanes de México.


3.- Crítica de arte; el catálogo de la colección Pani y un articulo contra el capítulo “Las artes plásticas” de Antonio Luna Arroyo, en México, 50 años de Revolución (t.IV, 1962).


4.- Literatura: Cuentos bárbaros, Cuentos de todos colores, Carmen (versos) y De la vida alegre y peligrosa y Gentes profanas en el convento (novelas).


5.- Ciencia: Petróleo en el valle de México, Oro más oro, Un hombre más allá del universo y El grito en la Atlántida.


6.- Política: La Revolución Mexicana defiende derechos humanos y Los judíos sobre México.


Inventó, además, las modificaciones a la encáustica, el fresco al óleo y los atlcolors. Estos son secos, a la resina, y se trabajan como el pastel, sin la fragilidad de éste, e igual sirven, al decir de su creador, para pintar sobre papel, tela o roca.




Explorador y caminante, instalado en el ex convento de La Merced, pintó ahí buena parte de su obra, sobre todo los grandes cuadros del valle de México. En 1943 asistió al nacimiento del volcán Paricutín, de cuyo fenómeno tomó apuntes y realizó cuadros que exhibió en el Palacio de Bellas Artes en 1944. Hizo algunos retratos, dibujos de arquitectura y bocetos para murales, pero sobre todo cientos de dibujos y gran número de pinturas de paisaje. Adoptó la perspectiva curvilínea propuesta por Luis G. Serrano, circunstancia que añadió a su obra una constante de monumentalidad. En sus últimos años pasó largas temporadas en Pihuamo, Tepoztlán y la barranca del río Santiago, recreando el paisaje y proyectando Olinca, la ciudad mundial de la cultura, una de sus mayores ilusiones que nunca vio realizada; e inició el género del aeropaisaje, o sean las grandes visiones de conjuntos geográficos desde la perspectiva de los aviones. Entre las decenas de autorretratos,  pintados a menudo en el primer término de sus apuntes o cuadros destaca el que lo muestra entre las nieves, hecho en 1938. En Dr. Atl donó a las galerías del Instituto de Bellas Artes una rica colección de su obra.




Tomado de: Enciclopedia de México, Tomo 1)


 
 


miércoles, 18 de abril de 2018

Salvador Alvarado



Nació en Sinaloa en 1880; murió en la hacienda de La Hormiga, Chiapas, en 1924. Pasó muy joven a Sonora: trabajó en una farmacia en Guaymas, abrió después un comercio en Pótam, en 1910 se afilió al Partido Antireeleccionista y en 1911 se alistó en las fuerzas del general Juan G. Cabral. Al triunfo de la revolución maderista, se le otorgó el grado de mayor. En 1912, al frente del Cuerpo Auxiliar Federal, formó parte de la columna que marchó de Sonora a Chihuahua, a través de la Sierra, para combatir a Pascual Orozco. En 1913 desconoció al gobierno de Victoriano Huerta, ascendió a coronel y se le nombró jefe de la zona militar del centro de Sonora; subordinado a Álvaro Obregón, tomó parte en los combates de Naco (marzo), Santa Rosa (13 mayo) y Santa María (27 junio), y sostuvo durante un año el sitio puesto a Guaymas a cuya plaza entró en julio de 1914. En agosto siguiente fue detenido por sus propias tropas, seducidas por el gobernador Masytorena, pero en octubre fue puesto en libertad por órdenes de la Convención de Gobernadores y Generales Revolucionarios. Reincorporado al constitucionalismo, fue comandante militar de la plaza de México (fines de 1914), lanzó un manifiesto contra la infidencia de Francisco Villa, recuperó Puebla y el 18 de febrero de 1915 fue nombrado gobernador y comandante militar de Yucatán. Desembarcó en Campeche al mando de7 mil hombres, entre ellos la Brigada Ocampo del general Heriberto Jara. Derrotó a las fuerzas del coronel Abel Ortiz Argumedo en los combates de Pocboc, Blanca Flor y Halachó, y el 19 de marzo entró a Mérida.


Puso en vigor los decretos de su antecesor Eleuterio Ávila (1914) extinguiendo para siempre las deudas de los campesinos con los hacendados y prohibiendo que los préstamos futuros que éstos hicieran a aquéllos fueran pagados con trabajo personal; y consagró la libertad de los siervos con otras disposiciones: suprimió los azotes, abolió las tutelas, y curatelas (que se prestaban a sujetar a los indios mediante la retención de sus hijos), permitió a los peones cambiar de domicilio sin previo aviso o permiso y casarse sin el consentimiento del amo, declaró libre la asistencia a la iglesia y acabó con la obligación de besar la mano a los patrones.



El 24 de abril prohibió también la servidumbre doméstica sin retribución, sin contrato y por tiempo indefinido; en junio dispuso que se asignara un salario a los sirvientes y que se indemnizara a las domésticas cuando hubieran sido seducidas por el amo. Procuró persuadir a las mujeres de que ejercieran con plenitud sus derechos y convocó a un Congreso Feminista. El 26 de mayo expidió la ley que creó la escuela rural, cuya enseñanza debía ser “gratuita, laica, obligatoria y hasta donde sea posible integral”; creó colegios civiles en las cabeceras de partido para formar a los maestros, fundó las escuelas Vocacional, de Agricultura y de Bellas Artes; las cajas de ahorro, las huertas y los almacenes escolares; la Ciudad Escolar de los Mayas y las juntas de Educación; bajo la presidencia del profesor Rodolfo Menéndez de la Peña, convocó al Congreso Pedagógico que se celebró en el Teatro Peón Contreras; y durante su mandato, instaló más de mil escuelas. El 11 de diciembre de 1915 expidió la Ley del Trabajo, creando las juntas de conciliación y el tribunal de arbitraje, y reglamentando la actividad de los menores. Fundó en Mérida, además, la Casa del Obrero Mundial. Reglamentó la Ley del 6 de enero de 1915, pero poco pudo hacer en materia agraria porque el presidente Carranza lo obligó a derogar aquella disposición. Paralelamente a estas acciones, cerró prostíbulos, cantinas e iglesias. Sancionada la Constitución Política de 1917, convocó a elecciones y entregó el poder el 1° de enero de 1918. Previamente, en junio anterior, se había formado el Partido Socialista del Sureste. Siendo ya general de División, se sumó  se sumó a la Rebelión de Agua Prieta y fue secretario de Hacienda del 3 de junio al 20 de noviembre de 1920, en el gabinete del presidente Adolfo de la Huerta. En diciembre de 1923 se sublevó en Jalisco, en apoyo de éste, y sostuvo la línea de trincheras de Ocotlán hasta el 9 de febrero de 1924, en que el ejército de Obregón venció su resistencia. Poco después fue aprehendido en Colima, pero gracias a la intervención solidaria de algunos masones (agradecidos con él por haber respetado la vida del general Lázaro Cárdenas) logró huir por Manzanillo y presentarse en Nueva York a De la Huerta, quien lo nombró jefe de la rebelión que ya estaba militarmente derrotada. Reapareció en Tabasco en marzo de ese año y el 10 de junio cayó en una emboscada, cerca del lugar llamado El Hormiguero, en la selva contigua a Palenque. Lo asesinó el teniente coronel Diego Zubiaur, segundo de Federico Aparicio, un general de 27 años.



Alvarado es autor de: Mi actuación revolucionaria en Yucatán (1918), La reconstrucción de México, Un mensaje a los pueblos de América (2 tomos, 1919), Carta al pueblo de Yucatán y Mi sueño. Estos dos últimos textos fueron escritos el 5 de mayo de 1916 y publicados, con prólogo de Antonio Mediz Bolio, en 1955.


(Tomado de: Enciclopedia de México)