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lunes, 15 de enero de 2024

Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México



1. Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México

1869. Para concluir el año circulan en hoja impresa los estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores, aprobados por el Congreso de Ginebra en septiembre de 1866. Lo que da origen a que circule una invitación a todas las sociedades existentes en México para constituir un Centro General de los Trabajadores Organizados que fuera capaz de defender con más eficacia los intereses del trabajo.


1870. El 10 de enero aparece la convocatoria firmada por Villanueva, González, Herrera, Mata Rivera, Meza y Pérez de León. El 16 de septiembre queda constituido el Gran Círculo de Obreros de México. Toman su dirección Zalacosta, Villanueva y su grupo "socialista". El Círculo de Obreros se integró con las organizaciones siguientes: Unionista de Tejedores del Distrito de Tlalpan, Mutualistas de las fábricas La Colmena y San Ildefonso, Unionista de Canteros, mutua del Ramo de S,ombrerería Unionista y de Resistencia de Carpinteros, Mutua del Ramo de Sastrería, Artístico Industrial de Tipógrafos Mexicanos, Cuerpo de Redacción de El Socialista y la Sociedad Unionista de sombrereros.

Entre las finalidades del Círculo destacan la lucha por ampliar el espíritu de ayuda mutua; la creación de cajas de ahorro, seguros de vejez, casas de asilo y escuelas primarias y de oficios. Asimismo, se señala el apoyo ilimitado a las huelgas; la lucha por el alza de los salarios; la disminución de la jornada de trabajo y la protección en el trabajo de la mujer y del niño. Por último, se solicita al gobierno una ley que garantice como finalidad última la total emancipación del proletariado, que sería obra de este mismo.


1871. El 15 de agosto se organiza la Sociedad de Tipógrafos Mexicanos en la Ciudad de México. Simultáneamente se establecen las primeras sociedades obreras en el interior del país. En San Luis Potosí se constituye la Asociación Potosina de Obreros, integrada por tres organizaciones, que años más tarde editará el periódico Las Clases Productoras, cuyo primer ejemplar aparece el 16 de septiembre de 1876; sus redactores fueron Jenaro Vergara y Silverio M. Vélez.


1872. A fines de enero, en Toluca, se organiza la Sociedad Progresista de Artesanos 8 de Noviembre, la que se adhirió al Gran Círculo.

El 14 de julio se constituye la Sociedad de Obreros del Porvenir, del Ramo de Carrocería; el 29 del mismo mes, se organiza el Ramo de Curtiduría; el 1° de agosto, la Sociedad Fraternal de Costureras; el 24 de septiembre, la Sociedad Filarmónica de Auxilios Mutuos, y el 26, la Asociación Mutualista y de Resistencia del Ramo de Tabaco, la que fue disuelta por los patronos con lujo de violencia, sin que la naciente agrupación ni el Gran Círculo fueran capaces de impedirlo.

La muerte de Santiago Villanueva produce un cambio en la política del Gran Círculo; los estatutos son reformados y aprobados el 16 de septiembre; sus puntos son los siguientes: "1° Mejorar, por todos los medios legales, la situación de la clase obrera, ya en su condición social, ya en la moral y ya en la económica. 2° Protección a la misma clase contra los abusos del capitalismo y los maestros de taller. 3° Relacionar entre sí a toda la familia obrera de la República. 4° Aliviar sus necesidades a los obreros. 5° Propagar entre la clase obrera la instrucción correspondiente es sus derechos y obligaciones sociales y en lo relativo a las artes y oficios. 6° Establecer todos los círculos necesarios en la República, a fin de estar en contacto los obreros de los estados con los obreros de la capital.”

El 1° de agosto estalla la huelga de los barreteros de Real del Monte, Hgo.; los patronos violan el contrato de 1869, el que estipulaba que pagarían $2.00 diarios por 36 horas de trabajo consecutivo y 12 de descanso. Los empresarios pretendían reducir a $1.00 el salario; en cambio, los obreros pedían el cumplimiento del contrato, así como la disminución de la jornada de trabajo a 16 horas, por el mismo salario.

El conflicto se resolvió en favor de los mineros, alcanzando una completa victoria. La prensa diaria pedía al gobierno que "adoptase una actitud enérgica, antes de que se propagara este sistema obrero de defensa". El Socialista, el periódico defensor de los obreros, se guardó su opinión prudentemente.

El 6 de diciembre se inicia el conflicto huelguístico de los obreros textiles de La Colmena, en protesta a la aplicación de tarifas que se traducía en un verdadero despojo para sus ya magros salarios.


1873. La huelga de La Colmena dura más de un mes, obteniéndose un convenio ventajoso para los obreros, firmado por los patronos el 28 de enero, en el que se establece: "el reconocimiento de la Sociedad, advirtiéndose que se dan todos los poderes a la comisión obrera para vigilar el cumplimiento de las tarifas", y además, "se da el derecho a los trabajadores para intervenir en las cuentas de la administración, en caso de que tengan desconfianza sobre manejos que perjudiquen a los operarios”.

Como resultado del triunfo de La Colmena, se llevó a cabo una asamblea general de los obreros textiles en el Valle de México, el 5 de febrero; la que dio nacimiento a la Unión de Resistencia de Tejedores del Valle de México.

En mayo y junio surgen nuevas asociaciones obreras en Parral, Chih.; en Guadalajara, Jal., y León, Gto. A su vez, el Gran Círculo constituye en los estados de Jalisco, Sonora y Sinaloa y en la ciudad de Tepic nuevas sociedades.

El 25 de julio estalla la huelga en la fábrica la fFama Montañesa; el movimiento logra obtener sus demandas sin la ayuda del Gran Círculo.

el 14 de agosto se inician las huelgas de Río Hondo y San Ildefonso. Los barreteros del mineral de La Luz, Gto., se declaran en huelga del 2 al 10 de septiembre en pro de un aumento del 25% en los salarios (el promedio anterior a la huelga era de $0.80 diarios), triunfan los mineros en sus justas demandas.

La organización obrera se caracteriza por su fortalecimiento y el de sus órganos de prensa. En ese año circulan los siguientes periódicos, además de El Socialista, el Artesano Oaxaqueño; El Pacto Social, de los mineros de Real del Monte, Hgo.; La Causa del Pueblo, de Guadalajara, Jal.; El Pueblo, de México, D.F.; La Paz, de Chilpancingo, Gro., y otros más en Jalisco, Chihuahua, Yucatán, Veracruz y Puebla.


1874. El Gran Círculo acordó, en asamblea efectuada el 8 de enero, que "los propietarios más honrados serían admitidos en las filas obreras en calidad de socios honorarios"; pero hubo quienes se pronunciaron en contra, decididos a terminar con la corriente filantrópico-mutualista en el movimiento obrero. Esas contraposiciones tuvieron, sin duda, la virtud de acelerar el ritmo de las pugnas obreras. Se desata una verdadera ola de huelgas y de peticiones de los trabajadores, principalmente por parte de los textiles. Culmina este esfuerzo unificando el criterio en la lucha por una tarifa de salarios, por la abolición del trabajo nocturno, por la jornada de nueve "o cuando menos de diez horas", etcétera. La Convención Textil se reúne el 24 de julio y se aprueban las reivindicaciones antes mencionadas. Los obreros de Jalapa, de la Sociedad de Artesanos y Jornaleros, fundada el 1° de junio de 1867, se declaran en huelga, adoptando las demandas presentadas por los obreros del Valle de México, el 8 de julio; el conflicto se soluciona hasta el 6 de agosto, en que los patronos conceden la jornada de 12 horas. Un año más tarde "conceden" asimismo la de 10.

La prensa obrera, portavoz de las demandas proletarias, se multiplica. La Comuna alcanza a tirar 4,500 ejemplares; surge nuevos periódicos como El Obrero, de Tacubaya; La Concordia, de Veracruz; El Obrero Internacional, órgano de la Sociedad Artística Industrial.


1875. El 1° de febrero, la Unión de Trabajadores del Valle de México se dirige al Presidente de la República exponiendo la situación de los obreros y su propósito de declarar la huelga. El presidente recibe, el 9 de febrero, a los patronos, y da orden al Gobierno del Distrito Federal para que intervenga y resuelva el conflicto, de acuerdo con las partes afectadas. Los acontecimientos se precipitan, los obreros declaran ese mismo día la huelga en las fábricas La Fama Montañesa y San Fernando.

Surgen nuevos órganos periodísticos en defensa de las demandas obreras: El Obrero, de Guadalajara; La Firmeza, El Desheredado, órgano del Gran Círculo; El Obrero, de Monterrey; La Justicia, La Huelga. El 26 de abril estalla la huelga general estudiantil en las escuelas del gobierno, quizá la primera en su género.

El 5 de octubre se declara la huelga en la fábrica textil La Magdalena; del 12 al 15 del propio mes se desarrolla el conflicto textil de Cocolapan, Orizaba, contra la rebaja de salarios, que pretendía reducir éstos de $1.75 a $1.05 diarios, así como por el mejoramiento en los materiales de trabajo.


1876. El 5 de marzo se inaugura el Segundo Congreso Obrero convocado por el Gran Círculo de Obreros. Tanto su composición como el temario son duramente atacados por la prensa obrera, tachando a los dirigentes de maniobras políticas que conculcaban las demandas de los trabajadores.


1877. En los comienzos de este año el movimiento obrero estaba representado únicamente por las sociedades del Valle de México (las de más pura extracción proletaria) y algunas adheridas a La Social; la mayor parte de ellas habían ido desapareciendo. Porfirio Díaz aplasta con mano de hierro las huelgas de la fábrica Hércules, en Querétaro, así como otras más; bajo un régimen pretoriano, los obreros no podían protestar ni siquiera por la explotación de que eran víctimas.


1878. Huelgas de tipógrafos contra la imprenta oficial en la capital; de textiles, en la fábrica La Magdalena; de mineros, en El Rosario, Sin.


1800. El 3 de enero se inaugura el Tercer Congreso Obrero en el Teatro Morelos, en la Ciudad de México. Lo preside Carmen Huerta. Asiste una delegación de La Social, integrada por Félix Riquelme, Juan C. Orellana, Benito Castro y José Rico. El Congreso sufre varias suspensiones; en él se acuerda la creación de la Gran Confederación de los Trabajadores Mexicanos. Su clausura se efectúa A fines de abril. (Tomado de Boletín del Consejo Nacional de Educación.)


(Tomado de Salazar, Rosendo: Antecedentes del movimiento obrero revolucionario en México (Los años convulsos). Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, número 57 México, Distrito Federal, 1973)

lunes, 5 de junio de 2023

Nuevo impulso a la organización obrera mexicana, 1871


 IV

Nuevo impulso a la organización obrera mexicana


Un grupo de los que se consideraban a sí mismos como portaestandartes de la extrema izquierda en el movimiento obrero fundó el 20 de marzo de 1871 La Social. Dicho grupo lo constituyeron Rhodakanaty, Zalacosta, Velatti, Castro, Ordóñez y otros. Pero veamos en qué consistía su "izquierdismo". Las finalidades contenidas en el programa de La Social se expresaba así: "Reuniremos a todos aquellos elementos adictos a la clase socialista, que sean perseverantes que tengan un principio de moral y fines altruistas y elevados, que amen el sentimiento de caridad y siempre socorran al pobre y al oprimido como si se tratara de sí mismos".

En su manifiesto de abril 15 de 1871, decía: "no es posible poder presentar, desde luego, ante la cultura del pueblo nuestro programa último; pero ténganse entendido que nuestra misión es más de ideales que de posibilidades. Sin embargo, aunando nuestras miras, queremos la abolición de todo sistema de gobierno y la libertad de los obreros manuales e intelectuales del Universo". 


¡Una mezcla informe de anarquismo filosófico, místico, cristiano!

Debemos hacer hacer notar que, de este grupo de La Social, también pertenecían al Gran Círculo, Valatti, Ordóñez y Castro.

Fue por este tiempo cuando llegaron a México las primeras noticias sobre la proclamación de la Comuna en  París. Circulando entonces El Socialista; el 9 de julio de 1871, apareció en la ciudad de México el primer número de este periódico semanario destinado a defender los derechos e intereses de la clase trabajadora. Más adelante veremos cómo desempeño su cometido. 

Eran director y redactores: Francisco de P. González, Mariano García, Luis G. Miranda, Francisco J. Acosta, Manuel Chibrás, Manuel Escudero, José López, Carlos G. Rodríguez, Felipe Acosta, Enrique Trear, Fidencio Lara y Luis Sánchez. El Socialista, como era natural, defendía el socialismo, La Internacional y la Comuna; las proclamas impresas de ésta circulaban profusamente en los círculos obreros.

La Comuna de París

El Monitor Republicano, periódico liberal de la época pidió, al saberse el fracaso de la Comuna de París, que se proporcionara asilo en el país a los comunistas que así lo desearan; lo que hizo expresar a la prensa norteamericana que la entrada de éstos a México constituía un grave peligro para el gobierno de Washington. The World (El mundo) de Nueva York, aseguraba en enero 21 de 1872 "que el famoso comunalista Clusuret estaba en México y que Juárez lo había nombrado general en jefe del ejército para combatir a los rebeldes porfiristas"...

A este grado alarmaba a la burguesía yanqui y a su prensa la repercusión de los acontecimientos en La inolvidable Comuna de París. ¡Primer intento del proletariado para establecer un gobierno propio!

la guerra franco-alemana provocada por la política francesa cuyo objetivo era impedir la unidad de Alemania y las enseñanzas y tradiciones de la revolución francesa (en la que había tenido tan importante papel el municipio de París), así como la influencia adquirida y progresos realizados por la Primera Internacional en París y en algunas de las grandes ciudades provinciales francesas, y el no menos importante factor de la situación paupérrima entre las masas populares y la pequeña burguesía arruinadas por la guerra; fueron elementos que determinaron la guerra con Prusia, lazo que Bismark tendió a Francia y en el que ésta cayó sin estar preparada para ello, con el resultado de la catastrófica derrota de Sedán. París se sublevó derrocando al imperio de Napoleón, El Pequeño, proclamó la República y constituyó un gobierno para la defensa nacional. Pero este gobierno, burgués, que odiaba tanto al enemigo exterior como el interior (o quizás más al interior) produjo una reacción inmediata en el pueblo que, prematuramente, guiado por el viejo revolucionario Blanqui, intentó apoderarse del poder sustituyendo al gobierno republicano-burgués por el socialista proletario. La intentona fracasó, en tanto que los ejércitos franceses organizados por Gambetta sufrían derrota tras derrota a manos de los prusianos hasta que se concertó un armisticio en enero de 1871.

En febrero se efectuaban las elecciones para la constitución de la asamblea general. Sin embargo, la mayoría revolucionaria, novel en estos asuntos, fue derrotada al resultar un gobierno reaccionario. Thiers estableció su cuartel general en Versalles, desde dónde atacó al proletariado parisiense; el gobierno de Thiers después de tratar de apoderarse de la artillería de la Guardia Nacional en las alturas de Montmartre, fue desconocido por el pueblo de París que proclamó la Comuna el 18 de marzo de 1871.

Se ha dicho que la Comuna de París fue una dictadura, nada más falso y calumnioso. ¡Ojalá lo hubiera sido! La Comuna surgió legalmente de las elecciones de marzo, instituyendo un gobierno de coalición, en el que había miembros de la Primera Internacional, es cierto, como también los había blanquistas, proudhonianos, republicanos, burgueses y patriotas desesperados. 

Carlos Marx al hacer el análisis de los hechos decía: "en vez de marchar contra los versalleses desamparados entonces, se permitió al Partido del Orden que mostrara sus fuerzas convocando el 26 a las elecciones de la Comuna. Aquel día, los hombres del Partido del Orden cambiaron palabras benévolas de reconciliación en los locales electorales con sus harto magnánimos vencedores; al mismo tiempo que en su fuero interno se enciende el juramento solemne de ejercer una venganza resonante tan pronto llegará el momento. La Comuna de París ingenuamente respetó el Banco de Francia, no confiscándolo, lo que constituyó un grave error y que destruye el argumento de que fue una dictadura."

Por todas estas graves equivocaciones tácticas y políticas cayó en mayo, derrotada por las fallas de sus directores (a las que se sumaba la traidora alianza de los políticos y de la burguesía francesa) después de ejercer el poder durante 62 días el proletariado de París.

El proletariado parisiense murió heroicamente bajo los pliegues y su amada bandera roja de la Comuna. Thiers, Gallifet "el Chacal" (que había estado en México) se hartaron de sangre obrera. Cayeron bajo sus balas asesinas 30,000 revolucionarios, hombres mujeres y niños; fueron sacrificados en el altar de la burguesía y su régimen un total de 100,000 luchadores franceses por la libertad.

Ese fue el epílogo sangriento del primer noble esfuerzo del proletariado de París para darse un gobierno propio; su sacrificio no fue estéril, sus enseñanzas no fueron olvidadas ni en Francia ni en el resto del mundo, como lo comprueba la existencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, producto de esa enorme experiencia aplicada por la gloriosa revolución rusa de 1917.

La organización obrera y sus relaciones con los patrones 

El 15 de agosto de 1871 se organizaba la sociedad de Tipógrafos Mexicanos en la Ciudad de México. Simultáneamente quedaban establecidas las primeras sociedades obreras en el interior del país, al constituirse las de San Luis Potosí, donde comenzó a publicarse el vocero Las Clases Productoras, viendo la luz pública el primer número el 16 de septiembre de 1876, eran sus redactores Genaro Vergara y Silverio M. Vélez.

El Circulo de Obreros de México quedó formado finalmente, después de muchos esfuerzos de sus organizadores; tomando parte en su constitución con 3 delegados cada una de las sociedades siguientes:

"Unionistas de tejedores del distrito de Tlalpan"; mutualistas de las fábricas La Colmena y San Ildefonso; Unionistas de Canteros, Mutua del Ramo de Sombrerería, Unionista y de Resistencia de Carpinteros, Mutua del Ramo de Sastrería, Artístico Industrial de Tipógrafos Mexicanos, Cuerpo de Redacción de El Socialista y la Sociedad Unionista de Sombrereros que se adhirió por el momento al acto.

Se admitió que podían ingresar individualmente al Gran Círculo todos los obreros y simpatizantes que lo desearen; la asociación debía extenderse por toda la nación, convocando tan pronto como las circunstancias lo permitieran a un congreso general, organizándose mientras tanto, sucursales en las poblaciones principales. Para ser miembro del Gran Círculo había que ser obrero manual o intelectual; ningún socio podía ser miembro de un partido político, pero sí se le dejaba en libertad de ejercer el derecho de ciudadanía. Se admitía que los patrones que hubiesen tenido buen comportamiento con sus trabajadores fuesen socios honorarios del Gran Círculo (subraya el autor). Se lucharía por la ampliación del espíritu de ayuda mutua, cajas de ahorros, seguros de vejez, casas de asilo, escuelas primarias y de oficios. Las sociedades adheridas al Gran Círculo serían de resistencia (con el objeto de proteger el trabajo) para lo cual se declaraba apoyo ilimitado a las huelgas; a la lucha por el mejoramiento inmediato de salarios y disminución de las horas de trabajo, protección a las mujeres y niños; castigo por medio de multas a los patrones que no accedieran a las justas peticiones de los obreros (subraya el autor). Se solicitaba del Gobierno una ley que garantizara el bienestar del proletariado y se asentaba como finalidad del Gran Círculo, lo siguiente: "se lucha por la total emancipación de los trabajadores, que ha de ser obra de los trabajadores mismos, usando como medio final la revolución social que abre el camino de esplendor, de justicia y de verdad al socialismo…"

La mesa directiva elegida fue la siguiente: presidente, Santiago Villanueva; vicepresidente, Epifanio Romero; primer secretario, Juan de Mata Rivera; segundo secretario, Benito Castro; tercer secretario, Alejandro Herrera; cuarto secretario, Rafael Pérez de León y tesorero, Francisco de P. González. Los dos primeros ya conocidos por nosotros en sus equilibrios obreristas, los demás, pronto los conoceremos mejor.

El 1° de octubre de 1871 se constituye en San Luis Potosí la Asociación Potosina de Obreros con tres sociedades diversas: el número 2 de Las Clases Productoras, incitaba a los obreros de la metrópoli para asistir a un congreso que debía celebrarse en León o Aguascalientes para enero de 1872. En Toluca se organizaba la Sociedad Progresista de Artesanos el 8 de noviembre, la que se adhiere al Gran Círculo. En este periodo de organización ascendente, con las imperfecciones ajenas a la incomprensión de su verdadero papel, sorprende al artesanado y al naciente proletariado la efervescencia política de las elecciones presidenciales, a la vez que el levantamiento de Porfirio Díaz con su Plan de La Noria contra Juárez en noviembre 8 de 1971.


Dos décadas del movimiento obrero: un resumen

En resumen, después de casi dos décadas de 1853 a 1871, nos encontramos con un desarrollo apenas iniciado del movimiento social, obrero y campesino en el sentido de organización; lleno de confusiones ya mutualistas, ya cooperativistas, pero que iba abriendo brecha más que por una percepción clasista del papel histórico del proletariado, por la necesidad económica y social de mejoramiento que reclamaba el paso del estado feudal al de la asaz lenta industrialización del país; pero que de todos modos, iba formando grupos obreros cada vez más numerosos.

Es necesario, sin embargo, hacer notar que ya desde entonces, se perfilaban inciertas, vagamente, dos tendencias: revolucionaria y reformista, de las que eran exponentes los grupos de La Social (con su anarquismo místico filosófico, filantrópico e intelectualizante) y el de el Gran Círculo y El Socialista (con su "socialismo" legal, apolítico que al mismo tiempo que planteaba las demandas obreras, admitía como socios honorarios a los patrones que hubiesen tenido buen comportamiento con sus obreros) en la primera en tanto que en la otra la reformista a todas luces, era representada por Cano y sus seguidores de los que no pocos -como Epifanio Romero- se habían colado y militaban en el Gran Círculo dando a este su mentalidad oportunista inveterada.

A partir del 1° de enero de 1872 apareció El Socialista como órgano oficial del Gran Círculo de Obreros de México.

Rhodakanaty sigue consagrado a La Social donde predica el socialismo, alejado del Gran Círculo y de El Socialista en el que no colabora. En el mes de junio publica su folleto Apuntes biográficos de los más célebres comunistas franceses (Imprenta El Socialista, México 1872).

El 14 de Julio se constituyó la Sociedad de Obreros del Porvenir del Ramo de Carrocería, el 29 del propio mes se organiza la del Ramo de Curtiduría, el 1° de agosto la Sociedad Fraternal de Costureras, el 24 de septiembre la Sociedad Filarmónica de Auxilios Mutuos y el 26 del mismo mes la Asociación Mutualista y de Resistencia del Ramo del Tabaco, la que fue disuelta violentamente por el patronaje sin que la naciente agrupación ni el Gran Círculo hubieran sido capaces de impedirlo.

Los obreros y la política, maniobras de sus dirigentes

Al fallecer el presidente Juárez el 18 de julio concurrieron a sus funerales todas las sociedades con sus respectivos estandartes, hablando ante sus restos a nombre del Gran Círculo, Francisco de P. González; quien hizo el elogio de las virtudes ciudadanas del patricio. Poco después ocurriría la muerte de Santiago Villanueva; con su desaparición se inauguró un cambio en la "política" del Gran Círculo; sus estatutos fueron reformados y se aceptó un subsidio de $200.00 mensuales del Poder Ejecutivo que ocupaba el licenciado Sebastián Lerdo de Tejada.

Los nuevos estatutos aprobados el 16 de septiembre dicen:

"1°. Mejorar por todos los medios legales la situación de la clase obrera, ya en su condición social, ya en la moral y ya en la económica. 2o. Protección a la misma clase contra los abusos del capitalismo y los maestros de taller. 3o. Relacionar entre sí a toda la familia obrera de la República. 4o. Aliviar sus necesidades a los obreros. 6o. Propagar entre la clase obrera la instrucción correspondiente en sus derechos y obligaciones sociales y en lo relativo a las artes y oficios. 7o. Establecer todos los círculos necesarios en la República a fin de estar en contacto los obreros de los estados con los obreros de la capital".

La sede quedó instalada en la primera calle del Reloj núm. 3, salón de actos de la Sociedad Unionista de Sombrereros; es decir, bajo los auspicios de Juan Cano y Epifanio Romero. El 1° de octubre se expidió una circular a todas las sociedades que decía: "haber quedado definitivamente instalado ese día, el Gran Círculo de Obreros de México".

el 1o. de agosto estallaba la huelga de los barreteros de Real del Monte, Pachuca, Hgo., originada por la violación del contrato de 1869 por parte de los patrones; el cual estipulaba que estos "pagarían $2.00 diarios por 36 horas de trabajo consecutivo y 12 de descanso", y ahora reducían a $1.00 este salario desde el 15 de julio. Los obreros no sólo pedían el cumplimiento del contrato sino la disminución de horas de trabajo a 16 por el mismo salario.

El conflicto se resolvió favorablemente para los mineros obteniendo una victoria completa; lo que levantó gran polvareda en la prensa diaria que pedía al gobierno "adoptase una actitud enérgica, antes de que se propagara este sistema de defensa obrera". El Socialista, el periódico defensor de los obreros se guardó su opinión prudentemente.

Los obreros de La Fama Montañesa habían declarado la huelga el 9 de septiembre y hubieron de volver derrotados al trabajo el 22, bajo la presión de la fuerza armada. El Socialista, bajo la dirección de Juan de Mata Rivera, uno de los más destacados líderes obreros, lo era sólo de nombre, pues más parecía un órgano político liberal ya que apoyaba veladamente a Lerdo de Tejada para presidente, y en forma abierta a Vicente Riva Palacio para presidente de la Suprema Corte de Justicia.


(Tomado de: Díaz Ramírez, Manuel - Orígenes del Movimiento Obrero. Cuadernos Mexicanos, año II, número 75. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

jueves, 16 de marzo de 2023

Comenzó la huelga petrolera, 1937


Comenzó la huelga petrolera

*No se logró un arreglo 

*El sindicato de trabajadores presentó a las empresas sus últimas proposiciones ayer por la noche, pero no fueron aceptadas 

*La bandera rojinegra fue puesta en las oficinas de las compañías.- Hoy se dará a conocer al señor presidente el estado del conflicto


(28 de mayo de 1937)


Hasta las 24 horas de ayer, término fijado para la iniciación de la huelga emplazada por el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, a las empresas cuyos trabajadores pertenecen a dicho sindicato, no se había llegado a ningún arreglo definitivo de los puntos generales que servirían de base para el arreglo del conflicto.

Supimos que ayer, a las once de la noche, los obreros habían presentado unas últimas proposiciones, mismas que no fueron aceptadas por la parte patronal, por lo que a la medianoche dio principio el movimiento, dando comienzo los obreros, desde luego, a la colocación de las banderas rojinegras en todos los establecimientos y oficinas de las compañías petroleras afectadas por la huelga.

En las primeras horas de hoy, el jefe del Departamento del Trabajo informará al señor Presidente de la República sobre el estado que guarda este conflicto, y posteriormente se citará a las partes para ver de llegar a una solución satisfactoria.

Los servicios fijados por la Junta de Conciliación y Arbitraje quedaron, cubiertos debidamente en el momento de estallar la huelga, y los inspectores del trabajo se encontraron en los lugares fijados de antemano para levantar las actas de rigor.

Las informaciones que damos a continuación se refieren a los acontecimientos registrados durante el día de ayer, antes de las 20 horas.

SE DESIGNA AL PERSONAL DE EMERGENCIA 

A las 10 horas de ayer se efectuó, en el grupo número 7 de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, la audiencia a que se había citado a los representantes de las empresas petroleras y a los de los trabajadores, con el objeto de proceder a designar el personal de emergencia, para el caso de que estallara la huelga.

Ya tres de las principales empresas, como son la Compañía Mexicana de Petróleo "El Águila", la Huasteca Petroleum Co. y la Pierce Oil, habían llegado a un acuerdo con los trabajadores para la designación del personal, a fin de que cubra los servicios indispensables. Por esta razón, sólo tuvo que sancionarse lo convenido.

En cuanto a las demás empresas, también llegaron a un acuerdo para la fijación del personal, que es el que tiene que cuidar del movimiento de las bombas, de la seguridad en los edificios destinados a las refinerías, del cuidado de las máquinas y de los tanques, del cierre de los pozos, hasta que puedan ser puestos en explotación de nuevo, y de la conservación de todo lo que representa los bienes de las empresas.

Ya para las trece horas, se había hecho la designación del personal, de acuerdo con el Sindicato de Trabajadores Petroleros, y se corrieron todas las órdenes del caso, para que se hiciera la distribución de los obreros, llegado el momento de la huelga, si estallaba ésta.


(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 3, 1936-1945. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)

lunes, 20 de julio de 2020

Porfirio Díaz Mori III 1867-1915 2a parte


Fuera de dos amagos de guerra con Guatemala, el primero por las pretensiones de ese país sobre el Soconusco y el segundo por el asesinato en México de un presidente guatemalteco derrocado, la política internacional de Porfirio Díaz fue pacífica y amigable con todas las naciones, inclusive con Francia, con cuyo gobierno firmó la paz. A propuesta de Estados Unidos, la capital mexicana fue sede de la Segunda Conferencia Internacional Americana, reunida en el Palacio Nacional del 23 de octubre de 1901 al 31 de enero de 1902, sin resultados importantes, excepto la firma de un tratado por el cual las naciones del continente se sujetaban en sus controversias al arbitraje. Inmediatamente después, Estados Unidos, como representante de la Iglesia Católica de California, reclamó a México el pago de los intereses vencidos del fondo piadoso de las Californias; el asunto se sometió a arbitraje y México fue condenado a pagar $1.420,682 y una anualidad perpetua. En 1902 las fuerzas norteamericanas que habían peleado en Cuba contra España abandonaron la isla, ésta se constituyó en nación soberana y México estableció relaciones con la nueva república. En 1903 el gobierno norteamericano, con el propósito de obtener el dominio sobre el canal interoceánico que pensaba abrir en el Istmo de Panamá, provocó la segregación de este departamento, que lo era de Colombia; el gobierno de Díaz tardó en reconocer la independencia de Panamá, pero al fin lo hizo el 1° de marzo de 1904. En ocasión del conflicto bélico de Guatemala contra El Salvador y Honduras, Estados Unidos y México actuaron como árbitros y lograron armonizar a los contendientes en julio de 1906. A poco estalló otra contienda entre Honduras y Nicaragua; México fue nuevamente invitado por Estados Unidos como socio en el arbitraje, pero como el presidente Teodoro Roosevelt deseaba que el fallo fuera apoyado con la fuerza de las armas, Porfirio Díaz se rehusó. Sin embargo, en una reunión de los estados centroamericanos celebrada en Washington y convocada por los gobiernos de Estados Unidos y México, se llegó a un tratado de paz entre ambas naciones. A principios del siglo XX ocurrieron varios hechos que incomodaron al gobierno de Washington: la Suprema Corte de Justicia mexicana falló contra los reclamantes norteamericanos de la empresa de Tlahualillo; el gobierno mexicano solicitó la devolución de las tierras de El Chamizal, incorporadas a Estados Unidos por desviación del río Bravo; México dio asilo al presidente de Nicaragua, José Santos Zelaya, derrocado por una revuelta apoyada por Estados Unidos, cuyo gobierno pretendía que el exmandatario fuera enviado a Washington para ser juzgado por la muerte de dos filibusteros norteamericanos; el gobierno de Díaz contrató con la casa inglesa de Pearson la administración del ferrocarril de Tehuantepec, artilló el istmo defensivamente y, por último, se negó a prorrogar el arrendamiento de la Bahía Magdalena.
La obra educativa del régimen porfirista fue modesta en relación con el tiempo en que se realizó, pero apreciable en cuanto a sus logros. En 1887 se fundaron escuelas normales de maestros en Jalapa y en México. En 1891 se creó el Consejo Superior de Instrucción Pública, elevado en 1905 al rango de Secretaría. Justo Sierra, su primer titular, reunió las escuelas de especialidades (medicina, leyes, minería y otras) y en 1910 las organizó en una Universidad Nacional, con lo cual restauró la antigua Real y Pontificia, suprimida en 1833 por Valentín Gómez Farías. En 1878 había 4,498 escuelas primarias oficiales y 696 particulares. Treinta años después, las del gobierno se habían duplicado (9,541) y las privadas, triplicado (2,527), dando un total de 12,068. Sin embargo, se carecía de maestros, pues era un oficio mal remunerado.
La obra principal del porfirismo fue el impulso económico, basado en el capitalismo liberal. Desde su primer período presidencial, Díaz fomentó los transportes por ferrocarril. Ante la mezquindad de los inversionistas mexicanos, recurrió a los extranjeros, a quienes otorgó ventajosas concesiones para construir vías férreas. Los contratos más importantes se firmaron con compañías norteamericanas: James, Sullivan, Symons y Camacho y David Ferguson. Se concedieron subvenciones de $6,500 (México-Laredo) a $9,500 (México-El Paso) por kilómetro. En 1897 se habían tendido 13,584 kilómetros de vía, en comparación con los 578 que existían cuando Díaz asumió el poder. México era entonces el primer país de Latinoamérica en comunicaciones ferroviarias. En 1898, a instancias del ministro de Hacienda, José Ives Limantour, se pensó nacionalizar los ferrocarriles, cesaron las concesiones y el gobierno procuró adquirir el mayor número de acciones de las compañías. El 28 de febrero de 1908 se consolidaron las propiedades ferrocarrileras en una sola empresa constituida y ubicada en el país y 3 meses después se crearon los Ferrocarriles Nacionales de México, con participación preponderante del Estado. Al término del porfirismo (mayo de 1911) había en la República 50 líneas de vía ancha y 49 de vía angosta, con un total de 19,748 kilómetros de jurisdicción federal aparte otros 4,840 de líneas estatales y particulares. La minería (no el petróleo, que apenas comenzaba a explotarse en el mundo) era la principal fuente de riqueza de México. Gracias a las vías férreas, las compañías fundidoras norteamericanas se establecieron en México e introdujeron técnicas modernas para el tratamiento de los metales. Contribuyó a acelerar este fenómeno la energía eléctrica y la mayor producción de cobre.
De las 1,030 compañías mineras que operaban en el país en 1910, 840 eran norteamericanas; 148, mexicanas; y el resto, inglesas o francesas. En 1877 Porfirio Díaz llegó a la Presidencia en una situación financiera de completa bancarrota. La paz impuesta dio seguridades al capital extranjero. El prestamista más pródigo fue Inglaterra, cuya moneda era la más fuerte en aquel tiempo. En las postrimerías del porfirismo la deuda exterior ascendía a 22.700,000 libras esterlinas, pero el país tenía una capacidad de pago muy superior a esa cifra. El ministro de Hacienda más notable que tuvo el presidente Díaz fue José Ives Limantour, hijo de francesa, pero mexicano por nacimiento. Para superar el presupuesto deficitario, agregó a los impuestos ya existentes gravámenes sobre bebidas alcohólicas, tabaco y herencias; rebajó los sueldos de los empleados públicos y redujo el número de plazas; y suprimió los derechos que imponían al comercio los estados.
Con estas medidas el presupuesto gubernamental de 1895 tuvo ya un supéravit de $2 millones, que llegó a 10 en 1897. Con tales excedentes se emprendieron obras en toda la República y particularmente en la Ciudad de México, como el gran canal del desagüe y el Hospital General. El Teatro Nacional (hoy Palacio de las Bellas Artes), el Palacio de Correos y el Ministerio de Comunicaciones. Se inició la construcción de un Palacio Legislativo, a imitación del Capitolio de Washington, parte de cuya estructura se convirtió posteriormente en el Monumento a la Revolución. Con apoyo en la inversión extranjera, se introdujo la energía eléctrica. Cuando se terminó la presa de Necaxa, era la más grande del mundo. Primero en los estados y luego en la capital, se estableció el servicio de tranvías eléctricos. El alumbrado público se renovó para utilizar la nueva energía. La Ciudad de México rivalizaba con las mejores de Europa.
Las principales leyes porfiristas en materia de propiedad territorial fueron las de Colonización (1883), de Aprovechamiento de aguas (1888), y de Enajenación y Ocupación de Terrenos Baldíos (1894), todas las cuales contribuyeron a incrementar el latifundismo. A este fenómeno estuvieron vinculadas las compañías deslindadoras, que recibían en pago de su trabajo una tercera parte de las superficies mesuradas. Hacia 1890, cuando ya se habían deslindado 32 millones de hectáreas, 28 de ellos (14% de la superficie total de la República) estaban en poder de 27 compañías. Este proceso de concentración de la propiedad en el campo llegó a su máximo en 1910, cuando las haciendas, en manos de 830 terratenientes, comprendían el 97% de la superficie rural; el 2% correspondía a los pequeños propietarios y el 1% a los pueblos.
La producción de maíz siempre fue deficitaria; se obtuvieron, en cambio, grandes excedentes de azúcar. Los peones agrícolas ganaban de 8 a 25 centavos diarios, lo mismo que en 1810, y se les proveía de lo indispensable en las tiendas de raya, mediante un sistema de crédito que los mantenía sujetos al amo hasta la redención de las deudas, que nunca podían pagar. Esta situación propició las rebeliones agrarias. Los obreros, a su vez, percibían salarios irrisorios a cambio de jornadas de 16 horas, sin disponer de un día de descanso en todo el año. Esto dio motivo a que fructificaran las prédicas socialistas y a que apareciera el sindicalismo en las circunstancias más adversas. En ocasiones desesperadas los trabajadores recurrieron a la huelga, considerada entonces como un delito, según ocurrió en Cananea (1° de junio de 1906) y Río Blanco (1907), movimientos que fueron reprimidos con crueldad.
En 1903, cuando Porfirio Díaz contaba ya con 73 años de edad, se reformó la Constitución para alargar a 6 años el periodo presidencial. Al año siguiente Díaz fue reelegido por sexta vez. En 1908 concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman, que fue publicada en el Pearson's Magazine, en el cual anunció sus deseos de retirarse del poder y el agrado con que vería la formación de partidos políticos que contendieran en las elecciones de 1910. Estás declaraciones estimularon a la juventud ansiosa de entrar en política, pero estaba ya tan consagrada la figura de Díaz, que los partidos se conformaron con disputarse la vicepresidencia. El Reeleccionista sostenía la fórmula Díaz-Corral; el Nacional Democrático, la planilla Díaz-Bernardo Reyes, hasta que éste manifestó su decisión de apoyar el binomio propuesto por los reeleccionistas; y el Antireeleccionista, que acabó postulando a Madero  y Emilio Vázquez Gómez. 
Mientras tanto, se celebró con gran pompa el primer centenario de la Independencia nacional. El 27 de septiembre de 1910 el Congreso declaró reelectos a Porfirio Díaz y Ramón Corral, y el 1° de diciembre tomaron posesión de su cargo para el siguiente sexenio. El descontento era ya general y los barruntos de revolución, evidentes. Madero expidió el Plan de San Luis el 5 de octubre de 1910, por el cual desconocía al gobierno e invitaba a la rebelión para el día 20 de noviembre. La revolución iniciada en Chihuahua, cundió rápidamente por todo el país. Ciudad Juárez se rindió a los revolucionarios el 10 de mayo de 1911; Colima, el 20; Acapulco y Chilpancingo, el 21; Tehuacán, Torreón y Cuernavaca, el 22. El 21 de mayo se firmó un convenio de paz por el cual Porfirio Díaz y Corral renunciarían a sus puestos. El primero tardó en hacerlo y el pueblo n la Ciudad de México se amotinó ante la casa del caudillo tuxtepecano. El 31 de mayo Díaz embarcó rumbo a Europa en el vapor alemán Ipiranga, acompañado de su familia y otras personas. Había cumplido 80 años y 30 de haber gobernado con poderes absolutos. Residió en París, Francia, donde murió el 2 de julio de 1915, a los 84 años cumplidos.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S.A. México, D.F. 1977, volumen III, Colima-Familia)

viernes, 6 de diciembre de 2019

Las primeras huelgas, 1865

(En el arsenal; mural por diego Rivera)

II

Las primeras huelgas. Las organizaciones que tomaron parte.

En mayo de 1865, ya bajo el efímero Imperio de Maximiliano, los obreros textiles de las fábricas de San Ildefonso y La Colmena iniciaron sus actividades para defenderse de la rapiña patronal, organizando al efecto un baile con pretexto de festejar el aniversario de la fundación de la Sociedad Mutua del Ramo de Hilados y Tejidos del Valle de México.
Como consecuencia de estos preparativos estalló la primera huelga organizada en el país, por los obreros textiles de las fábricas de San Ildefonso y La Colmena, los días 10 y 11 de junio del propio año y por las siguientes demandas:

Contra la reducción en sus jornales a razón de medio real (5 centavos aproximadamente), en cada vara de manta, contra la desocupación de más de 50 obreros y los embargos de sus miserables salarios semanales por la tienda de raya y finalmente, contra el nuevo horario fijado para las labores, que era de “5 de la mañana a las 6:45 de la tarde, para las mujeres, y de las 5 de la mañana a las 7:45 de la tarde para los hombres.

La huelga constituyó un fracaso porque los obreros cometieron el error de confiar el arreglo de su conflicto a las autoridades. Los resultados no se hicieron esperar, la fuerza pública sembró el terror entre los ingenuos huelguistas, atropellando, hiriendo, encarcelando y desterrando a muchos de ellos.
El revés sufrido con la huelga de la fábrica de San Ildefonso llevó el mayor desaliento a las filas de la naciente organización obrera. En este periodo de prueba se significó por su prudente retirada. Rhodakanaty y Zalacosta quienes pusieron todo su empeño en organizar una colonia agrícola, con cuyo propósito se fueron a Chalco, estado de México. Resultó una escuela en vez de la colonia, la cual funcionó por los años de 1866 a 68 bajo la dirección de Rhodakanaty, quien la dejaba de vez en cuando al cuidado de Zalacosta que había cesado de ser estudiante convirtiéndose en un obrero ebanista y sombrerero después.
El Club Socialista de Estudiantes, aunque separados sus miembros no había desaparecido: Zalacosta hacía propaganda entre los campesinos, en tanto que Villanueva y Villavicencio creaban o reorganizaban un nuevo grupo, la Sociedad Artístico-Industrial, que había existido ya anteriormente fundada por Epifanio Romero. Esta agrupación tenía como propósito en el fondo, la idea de la organización obrera, por más que la mayoría de sus dirigentes eran artistas, como Evaristo Meza, Rafael Pérez de León, pintores; Miguel Ibarra y Juan Fregoso, escultores. En este círculo se discutían las ideas y doctrinas de Fourier y Proudhon.

Choque de tendencias ideológicas

Con la caída del imperio volvió a México Epifanio Romero, quien disgustado porque Villanueva se negó a que la Sociedad Artístico-Industrial, se pusiera bajo la protección de Juárez, fundó en diciembre de 1867 el Conservatorio Artístico Industrial, nombrando al presidente Juárez, presidente honorario y vicepresidente a don Francisco Mejía, al mismo tiempo que recibía del coronel Miguel Rodríguez, un donativo de $1,000.00 para establecer una escuela.
El Congreso de la Unión votaba algunos meses después un subsidio de $1,200.00 anuales para el Conservatorio Artístico Industrial. ¡Parece que la idea de los subsidios y protección a las organizaciones han tenido partidarios mucho antes que durante los buenos días del reformismo obrero contemporáneo en el país! ¡Los Epifanio Romero se han reproducido maravillosamente en México!

La primera huelga victoriosa

Hasta la desaparición del gobierno oropelesco del intruso Maximiliano, llegaron a México informes sobre la constitución de la Primera Internacional (septiembre de 1864), produciendo un revuelo y renovación de actividades entre los obreros mexicanos, estimulados seguramente por este acontecimiento en Europa.
Se inicia por Villanueva, Villavicencio y Rafael Pérez de León, en enero de 1858, la organización de la fábrica textil La Fama Montañesa y poco después se constituye la Unión Mutua de Tejedores del distrito de Tlalpan, con la antes mencionada y además las fábricas textiles Contreras, La Abeja y Tizapán. En el mes de febrero del mismo año se organizan por segunda vez las sociedades del ramo de sastres y sombrereros.
Juan Cano, que había formado con Romero y Botello el llamado Conservatorio Artístico Industrial en diciembre de 1867, se apoderó con ayuda de algunos elementos del grupo de Villanueva, de las actas de la Sociedad Artístico Industrial y tomando el nombre de ésta se erigió en presidente, ocupando el edificio de San Pedro y San Pablo que Juárez había donado de acuerdo con Cano y sus miras de control.
Villanueva intentó acercarse a Cano para arrebatarle tal vez la dirección de la Sociedad Artístico Industrial, temiendo con razón que el nombre y prestigio de ésta fueran usados por Cano con éxito entre los obreros.
Rhodakanaty se opuso e hizo desistir a Villanueva. Pero Cano fracasó en sus propósitos, si es que los tuvo.
La Fama Montañesa inició la huelga textil en el distrito de Tlalpan el 8 de julio, presentando las siguientes peticiones:

Primera: Se pide respetuosamente a los señores propietarios de las fábricas de hilados y tejidos, que ordenen a los señores capataces un mejor tratamiento en las secciones del tejido y que se abstengan de abusar de su autoridad con las obreras.
Segunda: Es de pedir, y se pide, que en lo sucesivo se use mejor material que el hasta ahora empleado, ya que esto redunda actualmente en perjuicio de los bajos salarios que los artesanos obtienen.

Tercera: Se pide que en el pueblo de Contreras se deje establecer el comercio libre, pues siendo este pueblo de categoría dentro de la República, no es posible admitir que se mantenga dicho comercio en calidad de propiedad particular.

Cuarta: Se pide que las mujeres solamente trabajen doce horas, para que atiendan los deberes de su hogar.

Quinta: Se pide que los menores de edad sean pagados por los propietarios de las fábricas.

Sexta: Se pide que en lo sucesivo los operarios y los empleados cubran sus cuentas de índole privada libremente, y

Séptima: Se pide que se respete el libre derecho de los artesanos, haciendo ver “Que el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Los obreros alcanzaron un triunfo completo. Alentados por la victoria de los textiles del distrito de Tlalpan, se organizan en los meses de julio y agosto (1868), la Sociedad Mutua del Ramo de Carpintería, la Asociación Socialista de Tipógrafos Mexicanos, la Unión Mutua de Canteros, la Unión de Tejedores de Miraflores y se reorganizan las sociedades mutualistas de las fábricas de San Ildefonso y La Colmena.
Mientras tanto, se agrupaban nuevos adeptos en torno de Villanueva: Benito Castro, Pedro Ordóñez, Agapito Silva, Ricardo Velatti y otros que, como veremos después, desempeñaron papel importantísimo en el movimiento obrero y social del país con posterioridad. Con el objeto de dar una mayor importancia y solidez al movimiento obrero que se organizaba. así como buscar una táctica uniforme de unión y de lucha; fue lanzada la iniciativa para celebrar un congreso obrero, la que hubo de ser desechada por falta de recursos económicos. Sin embargo, se propuso en su defecto la integración de una asamblea permanente, compuesta por tres delegados de cada sociedad, idea que también fracasó en diciembre de 1868. El destacado dirigente Villanueva, formó entonces un grupo de militantes, que fue constituido en enero de 1869 bajo la denominación de Círculo Proletario.

  
(Tomado de: Díaz Ramírez, Manuel - Orígenes del Movimiento Obrero. Cuadernos Mexicanos, año II, número 75. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

jueves, 10 de octubre de 2019

Huelga de Cananea, 1906


Desde principios del año de 1906 comenzó la agitación obrera. Lázaro Gutiérrez de Lara, que sostenía relaciones epistolares con Ricardo Flores Magón, enemigo del régimen porfirista y que entonces publicaba en los Estados Unidos el periódico Regeneración, organizó el “Club Liberal de Cananea” en la población del mismo nombre. Los miembros del club no sólo sostenían ideas políticas opuestas al gobierno, sino también principios de transformación nacional, de honda transformación tendiente a mejorar las condiciones económicas y culturales del pueblo mexicano.
En Cananea había descontento entre los trabajadores de la empresa norteamericana que explotaba las minas de cobre: The Cananea Consolidated Cooper Company, tanto por los bajos salarios como por los malos tratos que recibían del personal norteamericano y en particular de algunos capataces. La situación era cada vez más difícil y la tirantez de relaciones aumentaba cada día entre obreros y patrones. Al fin, la huelga comenzó el 1° de junio de aquel año. Los dos principales dirigentes del movimiento fueron los trabajadores Manuel M. Diéguez y Esteban B. Calderón. 
Al día siguiente de iniciada la huelga, los obreros presentaron a la empresa un pliego de peticiones que el abogado de la misma calificó de absurdas. Y bien vale la pena reproducir aquí tan importante documento histórico:

MEMORANDUM

1. Queda el pueblo obrero declarado en huelga.

2. El pueblo obrero se obliga a trabajar sobre las condiciones siguientes:

I. La destitución del empleo del mayordomo Luis (nivel 19).

II. El mínimo sueldo del obrero será cinco pesos, con ocho horas de trabajo.

III. En todos los trabajos de la “Cananea Consolidated Cooper Co.”, se ocuparán el 75% de mexicanos y el 25% de extranjeros, teniendo los primeros las mismas aptitudes que los segundos.

IV. Poner hombres al cuidado de las jaulas, que tengan nobles sentimientos para evitar toda clase de irritación.

V. Todo mexicano, en los trabajos de esta negociación, tendrá derecho a ascenso, según se lo permitan sus aptitudes.

Aquí es preciso señalar el hecho de que fueron los mineros de Cananea los primeros que en México lucharon por conquistar la jornada de ocho horas y un salario mínimo suficiente para satisfacer, dentro de marcos humanos, las necesidades del trabajador y de su familia; fueron los primeros mártires de noble cruzada, héroes anónimos, precursores de la revolución social que había de transformar la fisonomía de la nación. 
el 1° de junio por la tarde se organizó una ordenada manifestación de tres mil trabajadores de la empresa minera. Desfilaron por las calles de la población hasta la maderería de la Cananea Cooper, para invitar a los obreros que aún seguían trabajando a unirse al movimiento. Éstos lo hicieron desde luego, provocando la ira de los jefes norteamericanos. Los hermanos Metcalf, desde un balcón, arrojaron agua con una manguera sobre los manifestantes.
La respuesta fue una lluvia de piedras y la contrarrespuesta un tiro que mató instantáneamente a un obrero. La lucha comenzó. Los dos hermanos Metcalf y diez trabajadores mexicanos murieron en el primer encuentro. La lucha se reanudó en más de una ocasión durante ese día y el siguiente. De un lado el gobernador del Estado de Sonora, Rafael Izábal, que había llegado a Cananea con alrededor de cien hombres, las autoridades locales, los empleados extranjeros de la compañía, y 275 soldados norteamericanos al mando del coronel Rining, que había cruzado la frontera a petición del acobardado e imbécil mandatario sonorense. Del otro lado los cinco mil trescientos trabajadores de las minas de cobre. Aquéllos, perfectamente armados; éstos, prácticamente inermes. Es cierto que asaltaron los montepíos y se apoderaron de algunos rifles, escopetas y pistolas, más bien pronto se les agotó el parque y se quedaron indefensos.
Perdieron los obreros. Las amenazas del jefe de las armas, general Luis E. Torres, de enviar a los huelguistas a pelear en contra de la tribu yaqui, por una parte, y por la otra el hambre, los obligaron a regresar al trabajo. Manuel M. Diéguez, Esteban B. Calderón y José María Ibarra fueron aprehendidos y sentenciados a sufrir quince años de prisión en el castillo de San Juan de Ulúa, la espantosa y subhumana cárcel adonde el porfirismo arrojaba a sus víctimas. Así, a sangre y fuego, con mano de hierro, se creyó que podían contenerse las legítimas aspiraciones de la masa trabajadora. Se ignoraba que causa que tiene mártires es causa que triunfa; a veces desde luego y en ocasiones después de largo tiempo; pero siempre, siempre, la sangre injustamente vertida se transforma en simiente que germina en nuevos anhelos y rebeldías. La historia de México lo comprueba plenamente.     


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la Revolución Mexicana. *Los antecedentes y la etapa maderista. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986)


sábado, 6 de abril de 2019

Escándalos huelguistas en Cananea, 1906

Escándalos huelguistas en Cananea


Muertos y heridos


Incendio de depósitos de maderería


Los trabajadores mexicanos apedrean a sus capataces americanos


El gobernador Izábal en el lugar de los sucesos, y el general Torres, jefe de las armas en marcha con fuerzas bastantes para restablecer el orden y garantizar la vida y la propiedad


El Imparcial, domingo 3 de junio de 1906


Desde anteayer por la noche, y la madrugada de ayer, se estuvieron recibiendo en esta capital noticias de graves desórdenes ocurridos en Cananea, importante centro minero del Estado de Sonora. En posesión de datos fidedignos sobre el asunto, podemos relatar los hechos en la forma siguiente:


Desde hace varios días, un grupo de obreros mexicanos,de los que trabajan en la gran empresa minera allí establecida, sabedores de que su jornal, que juzgan inferior al que ganan sus compañeros americanos, iba a ser disminuido aún, venían preparando una huelga, a la que no faltaron iniciadores de mala fe, con es común en esta clase de conflictos.


No habiendo podido obtener el aumento de salario que deseaban, resolvieron, por fin, antes de ayer, declararse formalmente en huelga. Los organizadores de la huelga fueron de preferencia los mineros, quienes suspendieron sus trabajos. Pero los operarios de otros talleres, que no simpatizaban con el movimiento huelguista, continuaron sus labores como de costumbre. Los huelguistas decidieron entonces presentarse en los talleres, especialmente en la maderería, que es muy vasto, para hacer que sus compañeros abandonaran el trabajo.


Los empleados principales de la maderería, que son, en su mayor parte, americanos, al ver acercarse al grupo de los huelguistas, hicieron fuego sobre ellos, e hirieron a dos, entablándose un combate entre los americanos y los huelguistas, quienes no iban armados, y se proveyeron de piedras, con las que atacaron a los empleados americanos que sobre ellos habían disparado. Resultaron muertos en este conflicto, dos empleados americanos, los hermanos Metcalf, que recibieron una verdadera lluvia de piedras. Hubo también otros heridos y contusos, cuyo número se ignora.


Después de este incidente, los huelguistas, rechazados a balazos, se dispersaron por la población sin abandonar su actitud, ya francamente agresiva, y procuraron armarse. Los americanos se reunieron y persiguieron a los huelguistas por las calles. Según se sabe, hubo como diez muertos y muchos heridos. Los huelguistas, al retirarse, prendieron fuego a unos depósitos de madera situados al norte de Cananea, y el incendio fue tan aparatoso, que pudo ser visto a larga distancia y causó alarma, pues se creyó en Douglas, Arizona y en otras poblaciones cercanas, que todo Cananea estaba ardiendo.


Desde los primeros momentos, las autoridades de Cananea, que no tenían fuerza suficiente para reprimir el desorden, pidieron auxilio a la capital del Estado. El señor gobernador Izábal organizó inmediatamente una fuerza de infantería y caballería que marchara al lugar de los hechos.


Desde otro lado de la frontera, en Douglas, Arizona, donde se tuvo noticia desde luego de los acontecimientos, se reunieron voluntarios que ofrecieron sus servicios a las autoridades mexicanas, creyendo que se trataba de una calamidad más seria o de un conflicto más grave. Estos servicios, naturalmente, no fueron aceptados por el Gobierno local.


Por su parte, el general Luis E. Torres, jefe de las armas en Sonora, organizó también fuerzas de auxilio, que están ya en camino.




Nuestro corresponsal nos ha remitido lo siguiente:


Cananea, junio 2.


Ayer la multitud de trabajadores fueron a la maderería, pidiendo la salida de los que trabajaban allí; recibió por contestación tiroteo de los americanos, donde hubo los primeros dos heridos. Allí resultaron muertos a pedradas dos jefes Metcalf, hermanos, porque ningún mexicano tenía arma; al seguir los huelguistas por las calles y en el centro de población, sobre casas de familias mexicanas, andando en automóviles y a caballo muchos americanos armados, disparaban a todos los rumbos. Hasta esta hora hay quince muertos mexicanos y algunos heridos, entre ellos un niño, que salía de la escuela. Se teme habrá más novedad esta noche, pues los mexicanos, indignados por asesinatos cometidos, se dice han sacado todas las pistolas  de los montepíos y procuran armarse.”



En la Secretaría de Gobernación se recibió el siguiente mensaje:


“De Cananea, el 2 de junio de 1906
Señor ministro Ramón Corral
México


Alarmantísimas noticias que recibí en Naco me hicieron continuar lo más pronto posible, y encontré a todo mundo excitado y revoltosos que pasan de dos mil. Desde que supieron que venían se dividieron en seis grupos sin necesidad de fuerza, acompañado de Mr. Greene, Perfecto Aguilar, Comisario Rubio y cuatro policías. En su mayoría, pues solo tuve que mandar cuatro a la cárcel, se han mostrado obedientes a la autoridad; pero bastante alterados, y puede decirse, muchos de ellos irreconciliables con americanos. Los que vinieron conmigo de Naco, sólo bajaron para comer y regresan inmediatamente en el mismo tren. El alboroto fue provocado por algunos sediciosos que aprovecharon ignorancia de gente de trabajo, y ya están presos. Los principales serán cincuenta.


Resultado acontecimiento de ayer: diez muertos de los huelguistas y dos americanos, un mexicano de la otra parte, y ocho heridos. Incendiaron cinco almacenes de madera, semillas y pasturas y una carpintería. Se robaron 24 cajas de dinamita, y de dos montepíos sacáronse más de 300 armas. Espero fuerza despache anoche de Imuris para reconocer los otros dos grupos, que, dicen se compone de la gente peor, sobre todo, uno que está en un cerro difícil de ascender y en el que hay muchas casas. No podré hacerlo, antes porque aquí en las tres leguas de población no hay más de 30 policías. La demás gente armada se compone de empleados americanos, que se ocupan de cuidar los establecimientos de más interés”


Rafael Izábal


(Tomado de: Labrandero Iñigo, Magdalena, et al, (coordinadores) - Nuestro México #2, Las huelgas de Cananea y Río Blanco, 1906-1907. UNAM, México, D. F., 1983)