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sábado, 8 de febrero de 2020

Luis Vega y Monroy

Luis Vega y Monroy, escritor político que colabora para varias destacadas publicaciones y autor de libros como “Atisbos en Punta del Este”, “Reflejos en el Asfalto” y “Viñetas Queretanas”, es al mismo tiempo un humorista en serio -y en serie- y el mejor en manejar actualmente, a nuestro juicio, el difícil género epigramático.
Su “Fenomenología y Metafísica del Verbo Chingar”, que incluimos en la presente compilación, constituye no solamente un ensayo humorístico lleno de aciertos, sino también una búsqueda sicolósicológica de las implicaciones que el uso de este necesarísimo vocablo tiene en la vida del mexicano.
Embozado durante largo tiempo en el seudónimo de “Don Luis”, es en el epigrama repetimos- en donde Vega y Monroy alcanza, para nuestro gusto, hallazgos cimeros.
Su manejo magistral del idioma, su malicia exenta de amarguras y su ya añoso oficio de hacer reír diariamente a los lectores de periódicos, lo sitúan en la primera fila de los epigramistas mexicanos de ayer y de hoy.
Y amén de que muchos de los juicios políticos de “Don Luis” no coinciden con los nuestros, creemos que el siguiente muestrario de su vasta producción inédita servirá a los lectores de este libro como regocijo comprobatorio de cuanto hemos dicho.


Se cuenta aquí lo que le aconteció a don Ramón Beteta, siendo Secretario de Hacienda, en casa de “La Bandida”:

Fue a conocido lugar
un fiscal de mucha cuenta,
a fin de calificar
lo que se había de pagar
de impuestos sobre la renta.
Y le dijo una beldad:
-Allí en sus datos concentre
que al fisco, por equidad,
le daremos la mitad
de todo lo que nos entre.


Salvador Novo, inigualable escritor de per-versos, recibió, a su vez, puyazos en todo lo alto, como el que le recetó “Don Luis”, allá por 1958, a propósito de los rumores de matrimonio entre el dramaturgo y la entonces apetitosa actricita Kitty de Hoyos:

Si esta unión hace el demonio
que en todo se ha de meter,
¿qué es lo que va a suceder
en tan raro matrimonio?
Pues la cosa más sencilla:
compartirán por igual
no sólo el pan y la sal
sino el techo y la tortilla.


  1. INDUSTRIALES

“Don Luis” fue convidado a una comida de hombres de negocios, durante la cual se hablaron maravillas sobre los productos de la industria nacional. En una servilleta, el epigramista escribió su particular interpretación de todo lo que ahí se dijo:

Un chico oyó enternecido,
a su padre -un industrial
de satisfacción henchido-
Hablar de progreso habido
en la industria nacional.
Y al saber que un hermanito
le llegaba de París,
preguntó a su papacito:
-¿Cuando yo sea grandecito
ya se harán en el país?


  1. POLÍTICOS

Cuando Alfonso Martínez Domínguez fue designado presidente del PRI, comenzó a recibir un verdadero alud de adhesiones. Este fue el comentario:

En el PRI -cosa probada-
no existe ya en esta fecha
ala izquierda o ala derecha:
solamente ala… cargada.

Era diputado al Congreso de la Unión, por el Partido Popular Socialista, Leopoldo Trejo Aguilar; y a punto de finalizar su período, anunció su determinación de pasarse a las huestes del PRI:

Ya para expirar el plazo
de su político sino,
un diputado “pepino”
se puso a dar el cambiazo.
Y al quererse acomodar
de otro sol bajo el reflejo,
demostró que no era ...TREJO
sino bastante AGUILAR.

En cierta ocasión Fidel Velázquez, líder de la CTM, hizo recuerdos de cuando era un humilde lechero. El epigrama no se hizo esperar:

No es que del líder sospeche,
pero malicio enseguida
que en el curso de su vida
ha tenido mucha “leche”.

Con motivo de que en una ceremonia cívica un orador calificó de “Heroica” a nuestra metrópoli y de que Uruchurtu iniciaba su tercer sexenio como regente de ella, “Don Luis” comentó:

A esta urbe de los baches 
nuestro popular ingenio
le ha adjudicado tres “haches”;
¡una por cada sexenio!

Y cuando un 14 de septiembre los capitalinos se encontraron con la noticia de que Uruchurtu había renunciado, el epigramista remató:

El 14 del actual,
según la maledicencia,
fue el Día de la Independencia
del Distrito Federal.

Un verdadero escándalo político se suscitó cuando los diarios publicaron que la esposa de un presidente municipal de Saltillo, miembro del PRI, había votado por el PAN:

Si la oposición con furia
brama, grita, patalea,
amenaza, brinca, injuria,
pega, pellizca y pelea,
opino yo que conviene
ver en Saltillo qué pasa:
¡Consideren al que tiene
la oposición en su casa!

Según informes hechos públicos por la ORIT, hay en México nueve millones, por lo menos de personas que no trabajan. El dato le pareció dudoso a “Don Luis”, y replicó:

Aunque veamos que frecuentemente
México pasa por momentos críticos,
no creemos, señores, francamente,
que haya nueve millones de políticos.


  1. SOTANAS

A propósito de los curas progresistas, enemigos del celibato, que han colgado hábitos y se han casado, el epigramista concluyó:

El progresismo se afana
en querernos demostrar
que un clérigo puede andar
con sotana y con Mengana.

Durante muchos años el canónigo Ramón de Ertze Garamendi escribió en “Excélsior” una columna con el título de “Suma y Resta”. En ella publicó don Ramón, cierta vez, algunos juicios acerca del celibato eclesiástico. “Don Luis” escribió:

De haberse aquí derogado
el celibato… ¡Qué gesta!
Hasta uno que “Suma y Resta”
ya hubiera multiplicado.

El teólogo Samuel Bernardo Lemus escribió en “El Universal” un artículo en el que sostenía que el Ángel de la Columna a la Independencia es del sexo masculino. Al respecto, “Don Luis” preguntó con malicia:

Es audaz y extravagante
su afirmación, a mi fe;
que me diga entonces qué
tiene “arriba y adelante”. 

  1. ENCUERATRICES

A mediados de la década de los 50 las carteleras cinematográficas anunciaban una serie de filmes nudistas. En ellos Amanda del Llano, Ana Luisa Peluffo y Aída Araceli aparecían “in puribus naturalibus” (lo que vulgarmente significa “completamente en cueros”). A la Peluffo, entonces en el esplendor de sus atributos físicos, el epigramista le suscribió estos renglones:

Cuando la Peluffo estaba
usando la regadera,
al notar que se bañaba 
le dijo una compañera:
-Anita, ¿te estás bañando?
Y esto se oyó contestar:
-Nada más estoy lavando
mi ropa de trabajar.

Por estos mismos días una de las desnudistas mencionadas cumplió 17 años y con este motivo organizó una gran fiesta en su departamento. En el intermedio de los brindis, la anfitriona mostró a los incrédulos su acta de nacimiento:

En la fiesta a todo dar
que hizo en su departamento,
ella se puso a mostrar
el acta de nacimiento.
Y a un periodista sonriente
se le escuchó comentar:
-Es lo único, ciertamente,
que le faltaba enseñar.

  1. DEPORTISTAS

Un miembro del equipo mexicano de ping-pong que fue a China, afirmó a su regreso que ese sí es un país maravilloso. Maliciosamente, “Don Luis” le replicó:

Saco yo la conclusión
por ideas tan peregrinas,
que no fue a jugar ping-pong
sino a jugar “damas chinas”.

Y a propósito de un campeonato de futbol femenil, alguien le preguntó su opinión. Él contestó al vuelo:

A mí, como a muchos seres
de otras regiones remotas,
me gustan más las mujeres
que juegan con dos pelotas.


El estilo “Jacqueline” es una nueva manera de embriagarse que “Don Luis” recomienda a las “caza fortunas”:

No se bebe cognac ni aguardiente
ni se cata dulzón moscatel:
se comienza con un “Presidente
y se acaba con “Viejo Vergel”.

En 1968 Onassis y Jacqueline anunciaron su deseo de pasar unas largas vacaciones en Baja California. El epigrama, dado el lema de las Olimpiadas de que “todo es posible en la paz”, fue de lo más oportuno:

Onassis y Jacqueline
harán el viaje, quizás,
para comprobar si al fin
Todo es posible en La Paz.”

  1. NERUDA Y JARA

Cuando el “Pen Club” de los Estados Unidos rindió homenaje al gran poeta comunista Pablo Neruda:

Si allá le rinden también
a Neruda pleitesía,
ese “Pen Club” debería
denominarse “Club Pen”.

En relación con el Premio Stalin de la Paz, que la URSS otorgó al general Heriberto Jara:

Si ha causado desconcierto
saber que sin más ni más
dieron al rojo Heriberto
el Premio Stalin de Paz,
yo pienso que no está mal
que le den esa medalla:
¡Es que llegó a general
sin una sola batalla!

  1. ENTRE IGUALES

“Un policía de la 12a. Delegación -publicaron los periódicos- les robó el sueldo a los jueces calificadores, y para colmo, estafó la Caja de Ahorros de la Jefatura. “Don Luis”, con criterio salomónico, terció:

Usted, lector, ¿qué le haría,
sin penas y sin temores,
a ese señor policía
que hizo tamaños horrores?
¿De la horca lo colgaba?
¿Lo ponía en el paredón?
¡No sea injusto! Yo le daba
sus cien años de perdón!

  1. SUCULENCIAS

Recientemente el director de Industrial de Abastos, Rafael Gamboa Cano, ofreció una comida al “Club Primera Plana”, a cuyos miembros agasajó con carne de la mejor calidad. Al agradecer el ágape y jugando con los apellidos del anfitrión, “Don Luis” dijo:

Tan buena carne, a fe mía,
GAMBOA nos puso a la mano,
que más que de Ferrería,
parece de Fanny CANO.


i) FENOMENOLOGIA Y METAFISICA DEL VERBO “CHINGAR”

CHINGAR es el verbo más delicioso del léxico mexicano. Es una palabra tornasolada y proteica, con los más diversos sentidos según el tono con que se pronuncia, la hora en que sale retozona en medio de la charla, o las circunstancias que rodean su aparición, como chispa traviesa, entre el grupo de amigos. La palabra chingar salta de repente en la discusión que sostienen graves señorones de las finanzas y automáticamente el ambiente se torna cordial y se humaniza. Entre el murmullo de la cantina suena de pronto como un cañonazo. Adquiere tiernas y picarescas modulaciones en los dulces labios femeninos y hasta sugiere broncas promisiones viriles en la boca inocente del niño.
Chingar es un verbo que sirve para todo y que nos sirve a todos. Con él matizamos sabrosamente nuestro lenguaje. Tan pronto es vívida expresión de gozo, como estallido de ira y desesperación. A ratos es término juguetón y a ratos anuncio de tragedia. Chingar es el verbo que todos conjugamos en tiempos, modos, formas y personas. Es nuestra gramática parda que nos enseña a emplear el verbo en forma activa, pasiva, impersonal, recíproca y reflexiva. Es el verbo chingar nuestro verbo por excelencia.
Sin el verbo chingar no podría hablar el mexicano; es entraña en nuestra peculiar sicología. El verbo chingar es al mexicano lo que el calor a la llama, lo que la frescura a la brisa y lo que el perfume a la flor. Sin él no podríamos expresar nuestros sentimientos en su genuina hondura. Con el verbo chingar el mexicano ríe, llora, trabaja, vive, muere, se enfurece, se desahoga, se exalta y se calma. En México al que no chinga, lo chingan, porque en esta vida -¿quién no lo sabe?- hay que chingarse.
¿Qué decía en medio del combate el revolucionario a quien le había dado en la chapa del alma una bala enemiga?
-Ya me chingaron.
Aquí el verbo significa matar y morir. Pero de pronto obtiene otros matices y quiere decir sufrir, tolerar, soportar:
Llega una abnegada madre de familia, esposa de un mexicano habituado a los copetines y se queja amargamente con el señor cura de que ya no soporta la vida que le da su adorado maridito, porque además de gastarse la raya los sábados, le pega cuando no le tiene la comida caliente. El señor cura consuela a la mujer y le dice:
-Calma, hijita, ten paciencia. Dios habla por los que callan.
-Ay, padrecito -replica la mujer-. Pero mientras Dios habla por los que callan, ¿quién es la que se chinga?
El universitario que enseña a sus compañeros su boleta de reprobado, dice tristemente:
-Me chingaron en Derecho Administrativo.
Lo cual prueba que el verbo chingar también significa reprobar.
Llega el mocoso a su casa con un ojo morado y se escurre para que no lo vean sus padres:
-¿Qué te pasó? -le pregunta su hermanito.
-Me dieron un chingadazo.
Así pues, el verbo chingar también tiene la acepción de golpear de fea manera.
-¿Te acuerdas, compadre, de que en la misma vecindad donde yo vivía el año pasado había una muchacha muy bonita, de ojos verdes, buenísima, que se llamaba Rosita? Pues ya se la chingaron.
Y el compadre mientras lamenta lo sucedido, sabe que lo que le pasó a la pobre Rosita, no fue que la reprobaron ni que le pegaran, sino simplemente que le hicieron trizas la doncellez.
El verbo chingar sirve también para connotar las cosas buenas. Está platicando por teléfono la señorita secretaria con una de sus íntimas amigas:
-No dejes de ver, mana, la película que dan en el Ariel. Está chingonsísima.
Lo cual quiere decir que es una película extraordinaria, magnífica, morrocotuda. Del mismo modo, cuando alguien es un genio y sobresale por sus cualidades, no es cualquier cosa: es un chingón.
En cambio, cuando algo es insignificante, sin importancia de ninguna especie ¿cómo se le califica?
-Esto es una chingadera.
En otras palabras, no sirve para maldita la cosa.
Hay ocasiones en que el verbo chingar significa trabajar en forma intensa y eficaz:
-Ahora sí, muchachos -dice el jefe del taller-, a chingarle muy duro.
Y los "muchachos" a los que les gusta que les hablen "derecho", pues le chingan con fe y terminan pronto el trabajo.
El tono con que se pronuncia el verbo chingar en sus diferentes compuestos y formas, tiene capital importancia.
Llaman enérgicamente a la puerta y el que está saboreando su jaibolito lo deja y se apresura a abrir diciendo:
-¿Quién, chingao?
-¡Yo, chingao!
-¡Ah, chingao!
¿Cómo le dice un amigo a otro que viene a importunarlo cuando está más ocupado?
-No me estés chingando.
Pero a veces el verbo chingar tiene otro significado distinto. Es defraudar, madrugarle a uno, abusar de su confianza:
-Iba muy bien mi empresa; pero mi socio me chingó. Se fue con el producto de nuestro mejor pedido.
Con lo cual, y en son de queja, agrega:
-¿No te parece, hermano, que esas son chingaderas?
En otras ocasiones, chingar es hurtar:
-Chíngate esa botella de cognac -le dice el chofer al mozo-. Al cabo que el patrón no se da cuenta.
Ahora que cuando un mexicano quiere injuriar a otro en la peor de las formas -y este es el antecedente de muchos homicidios-, simplemente le dice:
-Anda y chinga a tu madre.
A continuación se escuchan balazos o el zumbar de los machetes.
Cuando una máquina se descompone, ¿qué es lo primero que uno dice con enfado?
-Esto ya se chingó.
Si una cosa es bonita pero inservible, se le designa cariñosamente con el nombre de chingaderita.
Si una cosa sale mal, todos dicen:
-Estuvo de la chingada.
Y para finalizar, el verbo chingar también significa concluir, terminar, acabar. A la hora en que se cierra el periódico, cuando ya todos están cansados y con ganas de irse a dormir, nada hay más grato que escuchar al subdirector cuando dice:
-Ahora sí, como dijo mi general Madrigal, esto ya chingó a su madre.


Don Luis.

(Tomado de: Elmer Homero (Rodolfo Coronado) – El despiporre intelectual (Antología de lo impublicable). Colección El Papalote, #6. Editores Asociados, S. A. México, D.F., 1974)

miércoles, 31 de octubre de 2018

Luis G. Ledezma


Nacido en 1838, el poeta zacatecano Luis G. Ledezma sembró el último tercio del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX con centenares de epigramas, retruécanos y toda clase de ingeniosas alteraciones idiomáticas que el pueblo repetía regocijadamente.

Su conocimiento del idioma, adquirido mediante un reiterado ejercicio poético, lo llevó a convertirse en un formidable calumburista, en un desenfadado artífice del impudor literario. La malicia del mexicano en el aspecto erótico-sexual (caracterizado algunas veces por sublimidades freudianas), encontró así en Ledezma a su más fiel intérprete.

Rubén M. Campos, espigador impar del folklore literario de México, dice de él:

La obra epigramática de Luis G. Ledezma “corría anónima sin que el poeta se preocupara de reclamar la paternidad, orgullosos de saber y oír que todo el mundo rural y urbano repetía y aun prohijaba su producción literaria, pecaminosa y fuerte.”

“El arte de Ledezma consistía en vertebrar frases alteradas que aparentemente eran de una inocencia infantil, pero que escuchadas por oídos malos significaban dicterios que hacían desternillar de risa o sublevaban como un fuetazo.”

En 1923, año de la muerte de Luis G. Ledezma, su legado humorístico permanecía inédito (todavía hasta la fecha nadie se ha interesado en inventariarlo siquiera, que sepamos), y solamente algunos de sus amigos, como el mencionado Rubén M. Campos, nos han obsequiado con algunos ejemplos estupendos:

Un conocido yesero
dos Cupidillos vació
y a dos chicas los vendió
para adornar un ropero.
El papá negó el dinero
porque en el recibo dice:
“Pagan las niñas Eunice
y Guadalupita Mata
un par de pesos de plata
por dos niños que les hice.”

*

El ducho arpista Llorente
muy joven sordo quedó,
y el arpa después tocó
tan solo intuitivamente.
Pero Luz, muchacha ardiente
y arpista de gran talento,
viendo que el sordo irredento
ya el arpa no afinaría,
cuando el caso se ofrecía
le templaba el instrumento.
*
De pan apostó una torta
con Don Juan Pérez, María,
por ver quién más correría
en una distancia corta.
El taimado agarró el pan,
y la chica, ya en carrera,
le cogió la delantera
y, ¡claro! perdió Don Juan.

*

Aurora tiene un gorrión
y de él se preocupa tanto,
que casi derrama llanto
si lo sacan al balcón.
Si lo meten, su aflicción
es más desconsoladora.
Y con su pájaro Aurora
diariamente nos irrita,
pues si se lo meten, grita,
y si se lo sacan, llora.

El humorismo de Ledezma, sin embargo, baja de tono en otras ocasiones, sin perder su inevitable matiz satírico:


-Muchacho, lleva este apunte
a don Blas el de “La Selva”,
y dile que lo devuelva
después de que lo trasunte.

-Ya entiendo: llevo a don Blas
este papel y le digo
que lo devuelva conmigo
después de untárselo atrás.

Y una muestra de cómo Ledezma jugaba con el alfabeto:

B b y x a c

mi señor don Blas,

Y e t a i s  5 p

que le quiere dar.

Q k, c k i j

de tan buen papá,

V y a q d i a c

que se acueste el tal.


Fue también un malabarista ortográfico, como lo demuestra la correspondencia que se suscitó entre él y Ramón Valle, cuando este otro ingenioso humorista le envió la siguiente cuarteta laudatoria:

A Samuel (Luis G. Ledezma)
Samuel (coma) voto a tal
que tus versos todos juntos
son magníficos (dos puntos)
muy buenos (punto final).

Ramón Valle

*

A Ramón Valle
Leí con (admiración)
y al ver tu rima preciosa
(coma) me dije Ramón
(punto y coma) pero son
buenos mis versos o es cosa
de sueño (interrogación).
La respuesta no me calle
el autor de aquella letra
(otro punto y coma) Valle
(nueva coma) así lo impetra
este vate de mal talle
tonto (coma) rudo (etcétera)
de los disparates gusto
con mis versos repulsivos
y (entre paréntesis) justo
son duros como incisivos
(otra coma) causan susto
y hasta (puntos suspensivos)
Conque así diga el autor
del ingenioso cartel
qué encuentra de halagador
cuando emborrona papel
tan rústico trovador
como el estulto

Samuel.


(Tomado de: Elmer Homero (Rodolfo Coronado) – El despiporre intelectual (Antología de lo impublicable). Colección El Papalote, #6. Editores Asociados, S. A. México, D.F., 1974)


miércoles, 17 de octubre de 2018

Antonio Plaza

Antonio Plaza



Ningún poeta mexicano, incluidos Manuel Acuña, Amado Nervo y Ramón López Velarde – para citar sólo a los que más se han acercado a la veneración popular- logró adentrarse en la sensibilidad del pueblo, convirtiéndose en cantor de sus grandezas y miserias, de sus virtudes y sus vicios, de sus altanerías y de sus frustraciones, como Antonio Plaza. Ninguna voz poética más viril que la suya para zaherir al poderoso, para maldecir al perverso y defender al humilde. Su verdad, como acertadamente ha observado Rubén M. Campos, “quema como gota candente de plomo sobre carne viva”.

Su poesía, corrosiva y cáustica, solda o amputa, absuelve o condena, según el grado del mal en cada organismo y en cada espíritu, sin que el poeta se preocupe del efecto que fatalmente produzca. Esta cualidad le ganó en vida el odio del burgués, pero también le ganó el amor del pueblo.”


En muchas ocasiones hemos oído a un obrero, a un chofer de taxi, a un fígaro de barriada, a una mariposilla irredenta o a un militar inválido y desencantado de sus servicios a la patria, declamar de memoria a Antonio Plaza, algunas veces sin conocer siquiera la procedencia de los versos.


Y que el pueblo prohije la voz de un poeta, que la haga suya y que como tal la transmita a los demás, es un fenómeno que se ha producido en la historia de la literatura mexicana en honor de muy pocos: Sor Juana, “El negrito poeta”, Guillermo Prieto, Luis G. Ledezma, y hace poco Renato Leduc.


Pero no solamente la poesía de Antonio Plaza, sino también su vastísima producción festiva, son ya hijas del sentimiento popular. La selección que de él presentamos, por lo consiguiente, de lo menos que puede dejarnos satisfechos es de su novedad:



AUTOBIOGRAFIA HEROICA

El éxito no fue malo:
vencimos a los traidores.
y volví pisando flores
con una pata de palo.
 
 
EPIGRAMAS

Dijo la niña Isabel
cuando con Juan se midió:
-No somos iguales: él
tiene un dedo más que yo.


*
Mariquita, ella tan viva,
una noche resbaló,
y aunque cayó boca arriba
el vientre se le inflamó.


*
-Y ¿cómo es el Diablo, madre?
dime, para entretenernos.
-Es viejo, feo y con cuernos…
-No sigas: ese es mi padre.


*
Iban a matar a un chivo
y Cenobio lo evitó.
Su mujer le preguntó:
¿Para qué lo quieres vivo
cuando es inútil así?
El dijo entonces: “Señora,
lo que hago por él ahora
mañana lo harán por mí.”


*
Doña Manuelita Ocio
un pleito tiene enredado;
pero no encuentra abogado
que le mueva su negocio.


*
¡Lindos pies te ha dado Dios!
Bien mereces otros dos.
*
Hicieron guarda de aduana
marítima a Juan Castillo,
y a poco su bella hermana
resultó con un chiquillo.
Él, muy enojado, pronto
quiso matar al trofeo;
pero ella le dijo: “¡Tonto!
¿quieres perder el empleo?”


*
Ya no ejerce el doctor Lario:
¡ese sí es humanitario!
 
 
 
EPITAFIOS
 
Isabelita Meneses,
siendo tan pobre y tan bella,
al cielo se fue doncella:
pues murió a los quince meses.
*
La hermosa doña Ventura
descansa aquí boca arriba,
porque cuando estaba viva
le gustaba esa postura.
*
El chapucero Canuto
hace un año aquí llegó.
Pagó a la tierra tributo…
-Fue lo único que pagó.
*
El burócrata Dorantes
aquí reposa, como antes.
 
 
 
(Tomado de: Elmer Homero [Rodolfo Coronado] – El Despiporre Intelectual (Antología de lo impublicable). Colección El Papalote, #6. Editores Asociados, S. A. México, D.F., 1974)





Yo

Me hizo nacer la suerte maldecida,
de sombra y luz conjunto inexplicable;
que oculta en mi corteza despreciable
arde un alma grandiosa y descreída.
Llevo en mi frente, do la audacia anida
un mundo de ilusiones impalpable;
soy, en fin, un misterio impenetrable,
que me agito en el sueño de la vida.
Por el cielo a sufrir predestinado,
me llena el mundo de ponzoña y duelo;
mas yo siempre orgulloso y resignado
contra mi propia pena me revelo,
y en cada golpe, al mundo malhadado
doy mi desprecio, y mi perdón al cielo.
 

Dolce far Niente
 
 
Feliz yo que tendido boca arriba,
sin amo, sin mujer, sin nada de eso,
ni me duelo de Job, ni envidio a Creso,
ni me importa que el Diablo muera o viva.

 
Indiferente a lo que el doctor escriba,
en holganza constante me esperezo,
y después de roncar, canto el bostezo,
y después de cantar, Morfeo me priva.

 
Aquella maldición que Adán nos trajo
de que al hombre le sude hasta su lomo
para comer un poco su tasajo,

 
Por una chanza del Señor la tomo;
pues si yo he de comer de mi trabajo,
entonces, ¿la verdad?,,, mejor no como.
 
 *
 
EPIGRAMAS
 
Entraba un recién casado
al taller de un peinetero,
y oliendo a cuerno quemado
se paró muy asustado
a sacudir el sombrero.


*
Inés mira con enojo
a Pablito el diminuto:
pero el rico don Canuto
ese sí le llena el ojo.


*
“Qué tonta es mi hija Librada”,
dijo el buen Juan Acevedo;
sólo mi hija la casada
esa sí no se mama el dedo.
 

AMOR Y PROSA
 
Te adoro como a Dios –dije a Gregoria-
y si te inflama esta pasión ingente,
yo juro que mi cántico ferviente,
como Dios hará eterna tu memoria.

 
Con luz del cielo escribiré tu historia,
pondré bajo tu planta el sol ardiente.
La regia luna brillará en tu frente
y hasta en la gloria envidiarán tu gloria.

 
Mas ella ¡ay! Sus ojos picarones
en mí clavando, dijo con salero:
“Lindas son en verdad sus ilusiones;

 
Pero, responda usted, señor coplero:
¿con el sol y la luna y sus canciones
tendré casa, vestidos y puchero?”
 

(Tomado de: Antonio Plaza, Poesías. Editorial El libro español, México, D.F. 1963)