La Historia de Mexico y de los mexicanos como se ha escrito: a través de diarios, de proclamas, de actas, de folletos, de libros. Los testimonios, los datos fríos, los análisis, las letras espontáneas de los corridos. Finalmente, nuestra historia. ¡No nos pierdas la pista!
Nacido en Guadalajara, en el estado de Jalisco, en 1794, murió en la misma ciudad en 1864. Cursó estudios de abogacía y fue ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos (del 18 de marzo de 1835 al 26 de febrero de 1836). Cuando falleció el general Miguel Barragán, presidente interino por la ausencia del general López de Santa Anna, que estaba batallando contra los texanos, la Cámara de Diputados, en su sesión del día 27 de febrero de 1836, lo designó presidente de la República, cargo que ostentaría hasta el 19 de abril de 1837. Durante su periodo presidencial, se produjeron algunos acontecimientos señalados, como la retirada de las fuerzas mexicanas del territorio de Texas, que se perdió por completo para México, debido a la derrota de Santa Anna y la promulgación por el Congreso, el día 30 de diciembre de 1836, de las Siete Leyes constitucionales. Corro convocó elecciones y cedió el poder a Anastasio Bustamante para retirarse a la vida privada.
(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)
Nació en Sayula, en el estado de Veracruz, en 1905; murió en Ciudad de México el 14 de mayo de 1983. Estudió leyes y fue magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Distrito y Territorios Federales, senador de la República, gobernador constitucional de Veracruz, en el período comprendido entre 1936 y 1940, y presidente del grupo de gobernadores que se constituyó para apoyar al Ejecutivo Federal en la expropiación petrolera (1938); dirigió la campaña para la Presidencia del general Manuel Ávila Camacho, fue posteriormente, de 1940 a 1945, secretario de Gobernación y, en 1946, asumió la Presidencia de la República, ostentándola hasta 1952.
Las consecuencias de la posguerra, ya muy evidentes en 1946, se agudizaron a continuación y afectaron considerablemente el periodo presidencial de Alemán, con una disminución de las exportaciones y un aumento del déficit en la balanza de pagos. Las reservas del Banco de México disminuyeron, pero, durante su presidencia, también creció la industria siderúrgica y las campañas sanitarias lograron que bajara de modo considerable la tasa de mortalidad.
Fue miembro de las academias Mexicana, Española, Colombiana y Nicaragüense de la Lengua y doctor honoris causa por varios universidades nacionales y extranjeras.
(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)
Nació en Cadereyta, Querétaro, el 26 de noviembre de 1820. A pesar de haber iniciado sus estudios tardíamente, los hizo con brillantez y alcanzó el título de abogado en 1852. Desde 1848 fue profesor en el Colegio de San Ildefonso. Incorporado al partido liberal en noviembre de 1855, fue nombrado oficial mayor de Relaciones Exteriores. En diciembre de ese mismo año, al ocupar la presidencia el general Ignacio Comonfort, sustituye a Juárez en el Ministerio de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública. En abril de 1857 se le nombra Ministro Plenipotenciario ante la Santa Sede. A su regreso fue designado diputado por Zumpango, México. Se negó a servir al Imperio y por ello sufrió prisión y destierro. Al triunfo de la República fue elegido diputado varias veces y finalmente secretario de Justicia e Instrucción Pública por segunda vez. Falleció el 5 de enero de 1883.
(Tomado de: Tamayo, Jorge L. (Introducción, selección y notas) - Antología de Benito Juárez. Biblioteca del Estudiante Universitario #99. Dirección General de Publicaciones, UNAM, México, D. F. 1993)
Abogado. Fue delegado al 2° Congreso Panamericano que se reunió de noviembre de 1901 a enero de 1902 en la/capital del país.
Diputado al Congreso de la Unión y ministro Plenipotenciario de México en Brasil, Argentina, Uruguay, Bélgica y Holanda. El 17 de septiembre de 1908 sustituyó a don Enrique C. Creel como Embajador de Mexico en Washington y el 25 de marzo de 1911 asumió la Secretaría de Relaciones Exteriores. Por Ministerio de ley fue Presidente de la República al renunciar el Gral. Díaz el 25 de mayo del propio año.
Entregó a Madero la Presidencia y salió a Italia; volvió el 5 de abril de 1912 a jefaturar el Partido Católico. Fue Gobernador del Estado de México. El "Pacto de la Ciudadela" le hizo Secretario de Relaciones de Huerta. Fracasó como aspirante a la Presidencia de la República. Acreditado Ministro de México en Francia el 14 de julio de 1913, no volvió más a México.
Al morir era Presidente del Tribunal de Arbitraje Internacional y su fama de probidad era reconocida por todas las naciones del mundo.
(Tomado de: Covarrubias, Ricardo - Los 67 gobernantes del México independiente. Publicaciones del Partido Revolucionario Institucional. Publicaciones mexicanas, S.C.L., México, 1968)
Vivió del ejercicio de su profesión de abogado en diversas ciudades de provincia. Escribe, además de poesía, obras de teatro, artículos y cuentos rurales. Perteneciente a la tradición clásica, alejado de las inquietudes intelectuales de su tiempo, frecuenta sin embargo a los poetas de la Revista Moderna. Algunos de los procedimientos que utiliza, con la relación entre música y poesía, son de carácter modernista. Los poemas mayores de Othón se inspiran en la naturaleza: el “Himno de los bosques”, la “Noche rústica de Walpurgis”, “Salmo de fuego”, “Pastoral”, “Ángelus domini”.
Otra constante de su obra poética es la nota elegíaca en la que destacan “El canto del regreso” y la “Elegía” a la memoria del maestro don Rafael Ángel de la Peña.
Pero la fama de Othón no descansa en el concepto trascendente de un paisaje que vivió y cantó en riquísima variedad de registros, sino en el “Idilio salvaje” (1906), un poema de amor desencantado que se publicó póstumamente, en el cual el desierto presta a su paisaje interior los elementos dramáticos que expresan una poderosa y amarga pasión.
(Tomado de: Anónimo - Antología. Poesía moderna y contemporánea en lengua española. Lecturas Universitarias 2. UNAM, Dirección General de Publicaciones, México, D.F., 1971)
(1858-1906) Con Manuel José Othón alcanzó nuestro lirismo la conciencia de su mayor honradez artística. La quietud -sólo aparente- de las formas tradicionales que este poeta gustó con delicadeza y aceptó sin academismo, no fue bastante por fortuna, a impedir en sus versos el brote de un manantial de aguas seguras y violentas, aunque -por las contribuciones con que la pasión humana las enriqueció- no siempre muy límpidas ni claras.
En sus poemas, de carácter menos bucólico que rústico y a pesar de los peligros del parecido de tono en que se desarrollan, no se advierte esa atmósfera estrecha, artificial, de la viciosa Arcadia en que otros poetas hispanoamericanos incurrieron al cantar las cosas y las emociones del campo. El recuerdo de Virgilio, de Horacio, de los latinos todos, pierde su consistencia tradicional en este escritor y se aligera de toda pesadumbre erudita al contacto de los modernos, que nutren su poesía y la vuelven más plástica y ágil.
“El paisaje de México que Othón escogió para el desarrollo de sus pequeños dramas líricos -dice de él un escritor contemporáneo- no es el de las costas del Golfo, ni la fría claridad del valle, sino la altiplanicie del Norte. También los tipos, en la poesía de Othón, escapan a las costumbres del lirismo mexicano. La mujer que atraviesa por sus estrofas no tiene nada de común con las melancólicas visiones de Nervo, ni con las frívolas amigas de Gutiérrez Nájera, ni con las figuras abstractas que dejan siempre, en los senderos ocultos de la obra de González Martínez, la huella de un símbolo. Más que la meditación reflexiva de sus compañeros, Othón expresa un sentir oscuro, dramático, de la pasión. Y no es ésta, acaso, la menor cualidad de su lírica”.
Bibliografía
Poesías, San Luis Potosí, 1880.
Poemas rústicos, México, Aguilar Vera, 1902.
Noche rústica de Walpurgis, Escalante, México, 1908.
El himno de los bosques, “Capullos”, San Luis Potosí, 1908.
(Tomado de: Cuesta, Jorge - Antología de la poesía mexicana moderna. Colección Lecturas Mexicanas, primera serie, #99. Presentación de Guillermo Sheridan. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V., México, D.F., 1985)
Es incuestionable que el problema de la tierra es uno de los más importantes en la historia mexicana. Desde la época colonial y hasta nuestros días se suceden innumerables debates acerca de las modalidades de la propiedad agraria, de las formas de su explotación y de los beneficios sociales que debe producir.
Sin embargo, será a partir de los primeros años de este siglo, y muy particularmente desde el estallido revolucionario de 1910, cuando tales discusiones se agudicen, pues para muchos la reforma agraria será el único medio de lograr la independencia económica de México, su progreso social y el que llegue a constituirse como una nacionalidad verdadera. En esos años y sobre tales asuntos se produjo una obra que habría de constituir uno de los análisis más completos y certeros de la vida mexicana: Los grandes problemas nacionales, de Andrés Molina Enríquez (1866-1940).
Abogado, miembro de la judicatura en su estado natal, periodista y revolucionario, investigador y maestro de etnología en sus últimos años, este personaje mantuvo siempre una gran preocupación por analizar los problemas sociales y políticos de México. En 1895 publica Molina Enríquez su primer escrito importante sobre cuestiones agrarias, El evangelio de una nueva reforma. En 1902 sus reflexiones se hacen más precisas y da a luz otro trabajo: La cuestión del día: la agricultura nacional. Más tarde, en los primeros meses de 1909, y cuando (como el propio autor señala) se vivían en México momentos de “graves cuestiones políticas”, aparece la que sería su obra fundamental, Los grandes problemas nacionales.
Molina Enríquez es un producto típico del positivismo mexicano. Sus trabajos se llevan a cabo siguiendo los métodos de la sociología de su tiempo: es decir, que ateniéndose a los datos de la experiencia, intenta extraer de ellos las constantes del desarrollo social. Es el suyo un esfuerzo serio, riguroso, para comprender la totalidad de la vida nacional y organizar los resultados de sus análisis en una auténtica “sociología mexicana”.
En su explicación de las grandes cuestiones nacionales, Molina Enríquez parte de los siguientes presupuestos: las particularidades del territorio que ocupe serán determinantes en la vida de una sociedad, puesto que de él obtiene lo necesario para nutrirse y sobrevivir. A su vez, la manera como ejerza su dominio sobre tal territorio, es decir, sus formas de propiedad y aprovechamiento de los recursos agrarios, determinarán la forma particular de su vida social y política. Finalmente, Molina Enríquez piensa, con Spencer, que la ley general de evolución de las sociedades consiste en un ir de lo heterogéneo a lo homogéneo, pero a medida que una sociedad se integra sus miembros se diferencian, especializándose.
Armado con estas concepciones generales, Molina Enríquez emprende el análisis de la sociedad mexicana surgida con la Independencia y asegura que en ella no se ha dado ese doble proceso de integración y de diferenciación, porque en su seno existen simultáneamente todas las formas de propiedad de la tierra, lo cual resulta en un compuesto social cuyos elementos se hallan en estados muy diferentes de desarrollo y que él clasifica del modo siguiente: “criollos señores”, “criollos nuevos”, “indios” y “mestizos”.
Los criollos señores, tanto laicos como religiosos, son los herederos de los españoles. Los laicos, dueños de los latifundios y de las minas, aristocratizantes y católicos, representan la mentalidad conservadora. Los religiosos, no menos acaudalados que los laicos y con actitudes socialmente semejantes, ejercen dominio sobre el bajo clero, compuesto en su mayoría por indios, pero sin formar con ellos una unidad. El clero criollo agrupa también a su alrededor a una amplia gama de servidores laicos, principalmente administradores de sus bienes, que constituyen un sector reaccionario.
Los criollos nuevos son de origen europeo pero no español, con buenos recursos económicos, con gran capacidad para los negocios, y a quienes su falta de antecedentes católicos les permite una conducta social moderna y un espíritu abierto, liberal.
Los indios, divididos en tribus innumerables, incapaces de unirse al menos entre sí, en busca siempre de lo necesario para sobrevivir, son jornaleros en las grandes haciendas, soldados en las interminables luchas políticas de los caudillos –criollos o mestizos- a quienes siguen por razones emocionales, son otras veces clérigos de categoría ínfima. Sólo los indios que poseen propiedades comunales guardan una situación que rebasa la de mera subsistencia, pero todos tienen una conducta social aislacionista o indiferente.
Finalmente los mestizos, resultado ellos mismos de una asimilación racial y social, son los únicos capaces de absorber y superar, sintetizándolos, a los otros elementos sociales. Al reaccionar contra las limitaciones de la vida nacional, los mestizos se han convertido en rebeldes, en defensores de una vida social libre, desprejuiciada y dinámica.
En esta doble heterogeneidad de la vida mexicana: la de las formas de la propiedad y la de los grupos humanos que la componen, encuentra Molina Enríquez la explicación del atraso político del país. Mientras existan tantas divergencias no podrá operar en México una organización política basada en la aplicación general de una ley constitucional. Así, el sistema de gobierno adecuado, socialmente necesario, tendría que ser el dictatorial, único capaz de entender y resolver situaciones particulares.
Por último, Molina Enríquez propone un remedio a la situación de México –que comprende pero no justifica-, y que consistiría en el fraccionamiento de los grandes latifundios, en la creación de la pequeña propiedad. Acuña además una tesis histórico-jurídica que justifique lo forzoso y legal de esa acción fraccionadora que deberá ser llevada a cabo por el estado. Durante el régimen colonial español –dice Molina Enríquez-, la propiedad de la tierra tenía el carácter de una merced real y era otorgada a título precario. Al llevar a cabo su independencia, la nación mexicana heredó esa soberanía antes ejercida por la corona. Ahora, al practicarla según las nuevas exigencias del país, pondría a éste en el camino seguro de su evolución social, es decir, de su integración como una nacionalidad verdadera.
Ha llegado el tiempo – escribía- en que el “interés social… tiene por fuerza que predominar sobre el interés privado, so pena que esta nación no pueda existir”.
(Tomado de: Eduardo Blanquel – El otoño del porfiriato. Historia de México, tomo 10, Etapa Reforma, Imperio y República; Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V. México, D.F., 1978)
Originario de Jalisco. Político y jurista de gran prestigio. Sus inicios en el servicio público fueron tempranos. Al triunfo de la Revolución de Ayutla (1855) ya participaba en la política del país. Santos Degollado, gobernador de Jalisco lo nombró su secretario particular. Por entonces también impartió las cátedras de Derecho Natural de Gentes, de Historia y Economía Política, y desempeñó el cargo de fiscal del jurado de imprenta.
Diputado al Congreso Constituyente de 1856, se hizo famoso con un discurso sobre la abolición de la Compañía de Jesús. Durante la Guerra de Reforma, actuó en las filas liberales, en su estado natal, y al terminar ésta es nombrado coronel del Batallón Hidalgo. Iniciada la Intervención Francesa se preparó con un grupo de jóvenes para resistirla.
En diciembre de 1863, fue nombrado gobernador de Jalisco. Al aproximarse los imperiales a Guadalajara, se trasladó a Mazatlán, para cumplir con la ley que prohibía permanecer en territorio enemigo; marchó después a Baja California, emigró a Estados Unidos a principios de 1866. En mayo de ese año, ya de regreso acompañó a Juárez en Zacatecas. En enero de 1868 se le llama al ministerio de Gobernación y pocos meses después renuncia a causa de las frecuentes pugnas con el grupo lerdista.
Posteriormente fue gobernador de Jalisco (1871-1875), secretario de Relaciones Exteriores, (1876-1878), en el primer gabinete presidido por Porfirio Díaz, y presidente de la Suprema Corte de Justicia (1878-1882). Autoridad en Derecho Constitucional, publicó Votos de Vallarta, obra en la que trata de diversos temas jurídicos y que es, todavía, obra de consulta. Murió en la mañana del último día de 1893.
(Tomado de: Jorge L. Tamayo - Antología de Benito Juárez)
Nació en Tenango del Valle, Estado de México, en 1897; murió en la Ciudad de México en 1959. En 1907 entró al Colegio de San José, en la capital de la república, cuando su padre era juez de Chalco; en 1911 a la Escuela Nacional de jurisprudencia. Antonio Caso expidió esta constancia: "En el año académico de 1916 Narciso Bassols fue el más distinguido de mis alumnos, por su clara inteligencia y su dedicación ejemplar". Dio clases de lógica y teoría del conocimiento en la Preparatoria y en 1919 se recibió de abogado. Ese año abrió un bufete junto con Joaquín Álvarez Icaza y fundó y se hizo cargo de la cátedra de Garantías y Amparos en Jurisprudencia. A partir de 1921 litigó ya solo y en 1925 se le nombró consultor del Departamento de Salubridad, primero, y luego secretario general del gobierno del Estado de México, al lado de Carlos Riva Palacio, por cuya causa dejó su despacho en manos de Ricardo J. Zevada, hasta junio de 1926 en que renunció a éste último cargo y volvió al ejercicio de su profesión y a sus clases. Por encargo del secretario de Agricultura y Fomento, redactó la Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas, reglamentaria del art. 27 constitucional (27 de abril de 1927) y publicó la Nueva Ley Agraria. En febrero de 1929 fue nombrado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional, donde creó la clase de derecho agrario y la Sección de Economía (antecedente de la Escuela de esa especialidad) e implantó los exámenes trimestrales. Esta última disposición provocó la huelga estudiantil que habría de conducir a la autonomía universitaria. En 1930-1931 intervino en la redacción de la Ley sobre la Liquidación de los Antiguos Bancos de Emisión, sosteniendo la tesis de que los billetes de esas instituciones que no se canjearan por bonos de la deuda bancaria, prescribirían en favor de la Nación, y presidió el comité liquidador.
El 21 de octubre de ese año el presidente Ortiz Rubio lo nombró secretario de Educación Pública, y el 4 de septiembre de 1932 lo ratificó en su puesto el presidente Rodríguez. Durante su gestión, se trató de introducir en los planes de estudios ciertas nociones sexuales para orientación de la juventud, se clausuraron las escuelas primarias que violaban el presentó de la enseñanza laica y se presentó al Congreso la iniciativa del nuevo art. 3° de la Constitución, todo lo cual le acarreó la animosidad de los organismos confesionales y de buena parte de la prensa. Aun siendo ministro, siguió auxiliando al Ejecutivo en materias de legislación, pues redactó en esa época la ley que creó Petromex. En un clima de grave agitación, renunció el 9 de mayo de 1934, pero ese mismo día fue designado secretario de Gobernación, cargo del que separó el 30 de septiembre siguiente (un día después de las elecciones generales) para no firmar el decreto que autorizaba el funcionamiento de garitos en los límites del Distrito Federal. Tras un viaje a Estados Unidos, el presidente Cárdenas lo nombró secretario de Hacienda el 1° de diciembre de 1934. En el curso de 7 meses hizo la reforma monetaria, modificó las leyes de impuestos y de crédito y las relativas al Banco de México, Pipsa, Seguros de México, Crédito Popular y Ferromex; preparó las leyes de seguros que después se promulgaron, obligó a la Compañía de Petróleo El Águila a cumplir con sus obligaciones fiscales, e impidió que los generales y políticos influyentes siguieran haciendo negocios. El 15 de junio de 1935, sin embargo, renunció "por lealtad al general Calles". En noviembre siguiente, el presidente Cárdenas lo nombró ministro en Londres y representante ante la Sociedad de Naciones, desde cuya tribuna defendió con tenacidad a Etiopía y a España, víctimas de la agresión fascista. A su regreso (principios de 1937), fundó la Editorial Revolucionaria, que publicó Bajo el hacha del fascismo de G. Salvemini, El dinero de Emile Burns, Geografía del capitalismo de W. G. Moore, ¿Puede durar el capitalismo? De Frederick Allen y otros títulos. Vinculado a Lombardo Toledano en la Universidad Obrera, marchó a España representando a la CTM ante la UGT y la CNT, para estar más cerca de las fuerzas republicanas durante la guerra civil; y luego a Oslo, en 1938, en compañía del propio Lombardo Toledano, para solicitar la solidaridad de la Federación Sindical Mundial en ocasión de la expropiación petrolera. En el otoño de ese año fue nombrado ministro de México en Francia, en cuyo carácter organizó el rescate de poco más de 10 mil republicanos españoles, detenidos en campos de concentración, y su envío a México en calidad de asilados. Vuelto al país a fines de 1940, el presidente Ávila Camacho le propuso ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia. "Mutilaría mi pensamiento -le contestó Bassols- si no le dijera que pesa en mi ánimo la convicción de que no debo aparentar una identificación política, que no siento, con las directrices que ha marcado usted a su gobierno... Más que una obra administrativa o judicial, creo estar obligado a desplegar enérgica acción de combate". Y en efecto, pronto fundó la Liga de Acción Política y su órgano Combate, semanario que hizo la crítica del revisionismo hasta agosto de 1941, en que las condiciones creadas por la Segunda Guerra Mundial lo obligaron a suspenderlo. La Liga, sin embargo, se mantuvo activa, y en 1943 lanzó como candidatos a diputados por el Distrito Federal al propio Bassols, a Víctor Manuel Villaseñor y a José E. Iturriaga, cuya elección popular fue escamoteada. A principios de 1944 hizo un viaje particular a Suramérica y en noviembre siguiente fue nombrado embajador en Moscú, hasta el 10 de mayo de 1946, en que regresó a México. En 1947 ayudó a crear el Partido Popular, del que fue vicepresidente, pero del cual se separó el 11 de octubre de 1949 al advertir que ese organismo estaría representado en el Congreso sin que hubiera mediado una verdadera reforma electoral. El propio año de 1949 concurrió en París, representando al general Lázaro Cárdenas, a la reunión que creó el Consejo Mundial de la Paz. En 1950 tradujo Keynes, economista vulgar. Cinco ensayos de autores extranjeros. Fue consejero del presidente Ruiz Cortines, pero dimitió al ocurrir la devaluación monetaria de 1954. En los años siguientes y hasta su muerte promovió la participación de distinguidos mexicanos en reuniones tales como el Congreso por el Desarme y la Cooperación Internacional, o bien en organismos como el Comité Mexicano Impulsor de la Lucha por la Paz, antecedente del Movimiento de Liberación Nacional. Murió en un accidente el 24 de julio de 1959. A lo largo de su vida escribió discursos, dictámenes, fundamentaciones, iniciativas, alegatos, ensayos y artículos que fueron recogidos en 1964 en Narciso Bassols: Obras, con introducción de Jesús Silva Herzog y preámbulo de Alonso Aguilar y Manuel Mesa.
(Tomado de: Enciclopedia de: Enciclopedia de México, tomo 2)
Una de las más destacadas personalidades del liberalismo mexicano. Nació en la ciudad de San Luis Potosí en 1811. Abogado a los veinte años, se le habilitó la edad al titularse. Diputado al Congreso de la Unión en 1843 y 1848; ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en el gobierno del presidente Arista (1852). Desterrado por Santa Anna, en Nueva Orleáns, estuvo en contacto con Juárez, Ocampo y otros mexicanos también desterrados. Regresó al triunfar el Plan de Ayutla. Gozó de gran popularidad y prestigio; siete distritos electorales le nombraron su representante al Congreso Constituyente de 1856; presidió la Comisión de Constitución. Discrepando con la Comisión, produjo su Voto particular sobre la Propiedad, en el que plasmó sus ideas sociales y agrarias. Se pronunció contra la ignorancia y miseria del pueblo, contra "las ventajas y privilegios que gozan los extranjeros en la industria" y contra el sistema feudal establecido en la "propiedad territorial-monopolizada por pocos y grandes señores". Gobernador interino de Aguascalientes en 1862 y gobernador del Distrito Federal en 1863; murió en San Luis Potosí el 1° de marzo de 1865.
(Tomado de: Jorge L. Tamayo - Antología de Benito Juárez. Biblioteca del estudiante universitario #99)
Nació en Puebla, Pue., en 1821; murió en la Ciudad de México en 1883. Estudió en el Real Colegio de Humanidades de Madrid (1831), pasando en 1836 a París a continuar sus estudios. Vuelto a México, hizo la carrera de abogado. Fue síndico y presidente del Ayuntamiento de la capital y magistrado del Tribunal de Justicia. Afiliado al partido conservador, formó parte del Consejo de Estado durante el tiempo de Maximiliano y se opuso a su abdicación. Políglota, sabía griego, griego, latín, hebreo, francés, inglés, italiano y alemán. Fue un inspirado poeta, miembro de la Academia Mexicana de Letrán y segundo director de la Academia Mexicana de la Lengua.
En compañía de su primo Antonio Escandón, obsequió a la ciudad de México el monumento de Cristóbal Colón que se conserva en el Paseo de la Reforma. Escribió: Proceso del maestro Fr. Luis de León (1854; 2da. Ed., 1856; 3ª. Ed., 1866); Officium parvum Beatae Mariae Virginis-Hebraice, Grece, Latine, Hispanice, Anglice, Germanice, Italice. Virgo Guadalupensis Mater Mexicanorum, Sedes sapientae, ora pro nobis. Cum Facultati Ordinarii (1870); “En la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora”, en Memorias de la Academia Mexicana, correspondiente de la Española (1876); “Invocación a la bondad divina”, en Memorias…; Algunos versos (México, S/a); “Don Martín Enríquez de Almanza, 4º virrey, de 1568 a 1580”, en El Liceo Mexicano, y “Seis sonetos Inéditos”, en Ábside (1941), publicados por Jesús García Gutiérrez. Tradujo el Cid, de Corneille, y La Conjuración de los Pazzi, de Alfieri.v. Alberto María Carreño: La Obra personal de los miembros de la Academia Mexicana, correspondiente de la Española (1946).