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lunes, 29 de septiembre de 2025

Pacto celebrado entre la Revolución Constitucionalista y la Casa del Obrero Mundial, 1915



Pacto celebrado entre la Revolución Constitucionalista y la Casa del Obrero Mundial, 1915


En atención a que los obreros de la Casa del Obrero Mundial se adhieren el Gobierno Constitucionalista encabezado por el C. Venustiano Carranza, se ha acordado hacer constar las cláusulas que normarán las relaciones de dicho gobierno con los obreros, y la de éstos con aquél, para determinar la forma en que los obreros han de prestar su colaboración a la causa constitucionalista, suscribiendo, al efecto, el presente documento: por la Casa del Obrero Mundial, los ciudadanos Rafael Quintero, Carlos M. Rincón, Rosendo Salazar, Juan Tudó, Salvador Gonzalo García, Rodolfo Aguirre, Roberto Valdés y Celestino Gasca, nombrados en comisión ante el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo, por el Comité Revolucionario de la Ciudad de México, el cual, a su vez, representa a la Casa del Obrero Mundial, y por el Lic. Rafael Zubarán Capmany, secretario de Gobernación, en representación del citado Primer Jefe. 


1o. El Gobierno Constitucionalista reitera su resolución expresada por decreto de 4 de diciembre del año próximo pasado, de mejorar por medio de leyes apropiadas la condición de los trabajadores, expidiendo durante la lucha toda las leyes que sean necesarias para cumplir aquella resolución. 

2o. Los obreros de la Casa del Obrero Mundial, con el fin de acelerar el triunfo de la Revolución Constitucionalista e intensificar sus ideales en lo que afecta a las reformas sociales, evitando, en lo posible, el derramamiento innecesario de sangre, hacen constar la resolución que han tomado de colaborar de una manera efectiva y práctica por el triunfo de la revolución, tomando las armas, ya para guarnecer las poblaciones que están en poder del Gobierno Constitucionalista, ya para combatir a la reacción. 

3o. Para llevar a cabo las disposiciones contenidas en las dos cláusulas anteriores, el Gobierno Constitucionalista atenderá, con la solicitud que hasta hoy ha empleado, las justas reclamaciones de los obreros en los conflictos que puedan suscitarse entre ellos y los patrones, como consecuencia del contrato de trabajo. 

4o. En las poblaciones ocupadas por el Ejército Constitucionalista, y al fin de que éste quede expedito para atender las necesidades de la campaña, los obreros se organizarán de acuerdo con el Comandante Militar de cada plaza, para el resguardo de la misma y la conservación del orden. 

En caso de desocupación de poblaciones, el Gobierno Constitucionalista, por medio del Comandante Militar respectivo, avisará a los obreros su resolución proporcionándoles toda clase de facilidades para que se reconcentren en los lugares ocupados por las fuerzas constitucionalistas. 

El Gobierno Constitucionalista, en los casos de reconcentración, auxiliará a los obreros, ya sea como remuneración de los trabajos que ejecuten, ya a título de ayuda solidaria, mientras no se les proporcione trabajo, con objeto de que puedan atender las principales necesidades de subsistencia. 

5o. Los obreros de la Casa del Obrero Mundial formarán listas en cada una de las poblaciones en que se encuentran organizados, y desde luego en la Ciudad de México, incluyendo en ellas los nombres de los compañeros que protegen cumplir con lo que dispone la cláusula 2a. Las listas serán enviadas, inmediatamente que estén concluidas, a la Primera Jefatura del Ejército constitucionalista, a fin de que éste tenga conocimiento del número de obreros que estén dispuestos a tomar las armas. 

6o. Los obreros de la Casa del Obrero Mundial harán una propaganda activa para ganar la simpatía de todos los obreros de la República y del obrero mundial hacia la Revolución Constitucionalista, demostrando a todos los trabajadores mexicanos las ventajas de unirse a la revolución, ya que ésta hará efectivo para las clases trabajadoras, el mejoramiento que éstas persiguen por medio de sus agrupaciones. 

7o. Los obreros establecerán centros o comités revolucionarios en todos los lugares en que juzguen conveniente hacerlo. Los comités, además de la labor de propaganda, velarán por la organización de las agrupaciones obreras y por su colaboración en favor de la causa constitucionalista. 

8o. El Gobierno Constitucionalista fundará, en caso de ser necesario, colonias obreras en las zonas que tenga dominadas, para que sirvan de refugio a las familias de los obreros que hayan tomado las armas o que en otra forma práctica hayan manifestado su adhesión a la causa constitucionalista. 

9o. Los obreros que tomen las armas en el Ejército Constitucionalista y las obreras que presten servicios de atención o curación de heridos, u otros semejantes, llevarán una sola denominación, ya sea que estén organizados en compañías, batallones, regimientos, brigadas o divisiones. Todos tendrán la designación de “rojos”.


Constitución y Reforma Salud y Revolución Social 

Rafael Zubarán Capmany  Salvador Gonzalo García 

Rafael Quintero Rodolfo Aguirre 

Carlos M. Rincón Roberto Valdez 

Rosendo Salazar Celestino Gasca 

Juan Tudó 


Veracruz, 17 de febrero de 1915


(Tomado de Carr, Barry - El movimiento obrero y la política en México 1910-1929 ll. Secretaría de Educación Pública, Colección SepSetentas, #257, México, Distrito Federal, 1976)

lunes, 15 de septiembre de 2025

La organización de la CROM




 La organización


Desde el punto de vista formal, la CROM [Confederación Regional Obrera Mexicana] representaba todas las características de una organización democráticamente constituida. Su unidad básica era el sindicato de oficio, es el que se agrupaba los trabajadores de un ramo o de una fábrica. En el segundo nivel se hallaban las federaciones locales de una ciudad o de una región en que se producía principalmente una cosa. Estas federaciones integraban una federación estatal en cada entidad de la República. Por otra parte, la CROM emprendió la creación de federaciones industriales nacionales por oficios, logrando formar cuatro de éstas: Artes Gráficas, Obreros Portuarios, Ferrocarriles y Trabajadores de los Teatros

En teoría el ejecutivo de la CROM; es decir: su comité central, no debía ocuparse de otra cosa que de llevar a la práctica las decisiones de los congresos anuales. El párrafo que sigue es típico de la opinión que oficialmente representaban tanto Los líderes de la organización como sus propagandistas: 

Las bases de organización que se dio la CROM durante su primer año de vida resultaron ser psicológicamente sólidas, porque el carácter individualista del mexicano no admite mucho control desde arriba. Desde el punto de vista de su estructura interna, la CROM está armada internamente en forma menos compacta que, por ejemplo, el Trades Union Congress de La Gran Bretaña. Los sindicatos afiliados gozan de completa libertad para organizarse como mejor les parezca, con la única condición de que acepten las teorías generales del movimiento obrero

En la realidad las cosas eran muy distintas, como lo advirtieron algunos observadores extranjeros. En razón de su profunda participación en la política, las decisiones importantes de la CROM permanecían por lo general en secreto casi nunca eran reveladas ni siquiera a sus más altos funcionarios. 

El organismo interno que en la práctica tomaba las decisiones importantes era el conjunto de personas conocidos como Grupo Acción. Era encabezado por [Luis N.] Morones y lo integraban los socios de confianza del líder. No todos los dirigentes de la CROM formaban parte del Grupo Acción, que sólo en raras ocasiones tuvo más de veinte miembros; algunas figuras de gran influencia, como por ejemplo, Vicente Lombardo Toledano, nunca fueron miembros de este grupo, lo cual dio origen a muchos rencores y resentimientos contra Morones. La función del Grupo Acción era

…controlar todas las comisiones en los sindicatos y los puestos de elección popular, y para conseguirlo se dieron a la tarea de formar localmente y en cada sindicato un grupo con la misma denominación. 

Organizados en esa forma, los más listos y preparados se adueñaron de los puestos más jugosos que les rindieran mejor utilidad, y a los incondicionales, a cambio de un puesto inferior... se les comisionó para hacer escándalos, discutir y oponerse a todas las proposiciones que en los sindicatos se hicieron en contra del llamado grupo. La circulación de panfletos, libros y periódicos en que se atacaba a los líderes fue prohibida, y a todos los "enemigos" se les calificaron de "católicos" o de "rojos”.

En Puebla, por ejemplo, el Grupo Alpha procuró desde el principio ser la imagen fiel del Grupo Acción de la Ciudad de México.

Es evidente que la mayor parte de las maniobras políticas delicadas que hizo la CROM durante el gobierno de Calles fueron planeadas y discutidas por el Grupo Acción. El corolario de esta política fue la casi absoluta falta de información concreta sobre asuntos tales como la actitud de la organización hacia la táctica reeleccionista de Obregón. Cuando en 1928 se derrumbó la influencia política de la agrupación, en medio de la confusión surgida por el asesinato de Obregón, Lombardo Toledano y otros se apresuraron a acusar a Morones de realizar una especie de "diplomacia secreta" por encima de los dirigentes de la organización, diplomacia que consistía en el sacrificio de los mayores intereses de la clase obrera del país en aras de las egoístas luchas de facción. Morones fue obligado a presentar un informe que puso en evidencia la eficacia con que había logrado ocultar el curso y los resultados de su negociaciones con el gobierno.


(Tomado de Carr, Barry - El movimiento obrero y la política en México 1910-1929 ll. Secretaría de Educación Pública, Colección SepSetentas, #257, México, Distrito Federal, 1976)

domingo, 13 de julio de 2025

Convenio privado entre Álvaro Obregón y la CROM, 1919


Pacto secreto o convenio privado 


Puntos que, con el carácter de convenio privado, se presentan al C. Álvaro Obregón, como candidato de la clase obrera para ocupar la presidencia de la república. 


I. Nuestro deseo es que exista un ministerio especialmente para resolver todo lo relacionado con los intereses de los trabajadores, que se titule Ministerio de Trabajo, y que éste esté a cargo de persona identificada con las necesidades morales y materiales de los mismos.

II. Que mientras se lleva a efecto la iniciativa del punto Primero, sea nombrada una persona que tenga la identificación que señala el mismo punto, para que ocupe la cartera de Industria, Comercio y Trabajo. 

III. Que en la Secretaría de Agricultura y Fomento se dé cabida a un elemento suficientemente apto en el ramo, y que ese elemento le sean atendidas todas las indicaciones razonadas que sobre tal respecto haga. 

IV. Que para el nombramiento de las personas que señalan los puntos I, II y III se tome en consideración la opinión de los representantes del Partido Político que se formó a iniciativa de los suscritos; siendo condición para aquellos que reúnan las facultades propias para el desempeño del empleo. 

V. Que tan luego como esté aprobada la Ley del Trabajo, su promulgación sea inmediata, poniendo el Poder Ejecutivo de la Unión todo lo que esté en su parte para el mejor cumplimiento de la misma.

VI. Que se reconozca la personalidad legal al Comité Central de la Confederación Regional Obrera Mexicana para tratar directamente con el Ministerio de Trabajo, o en su defecto con el Poder Ejecutivo de la Unión, todos los asuntos relacionados con las agrupaciones de la República. 

VII. Que designe por lo menos un día de cada semana para efecto del punto anterior, salvo casos excepcionales que de suyo indicarán aquella necesidad. 

VIII. Que se den la facilidades necesarias para que puedan llevarse a la práctica todos los acuerdos tendientes a labrar el bienestar y progreso cultural de los trabajadores, a que han llegado en los Congresos Obreros efectuados en las ciudades de Saltillo, Coah.,  y Zacatecas, Zac., así como para los que se tomen en Congresos futuros. 

IX. Que se tomen en consideración las opiniones de los representantes de la organización Obrera del país, cuando se trate de llevar a cabo, por parte del Ejecutivo, reformas o procedimientos de interés general. 

X. Que se den las facilidades necesarias para la propaganda y organización obreras en el país. 

XI. Que se dé las facilidades necesarias para la propaganda de unificación obrera en el exterior de la República, con objeto de estrechar las relaciones de pueblo a pueblo, y así poder conjugar cualquier peligro internacional que pueda surgir. 


México, agosto 6 de 1919 


Álvaro Obregón    José F Gutiérrez 

Samuel O. Yúdico Ezequiel Salcedo 

Salvador Álvarez      Celestino Gasca 

Luis N. Morones      Eduardo Moneda 

Juan B. Fonseca Reynaldo Cervantes Torres 

Adalberto Polo José López Cortés


(Tomado de Carr, Barry - El movimiento obrero y la política en México, 1910-1929, ll. Secretaría de Educación Pública, Colección SepSetentas, #257, México, Distrito Federal, 1976)

lunes, 31 de marzo de 2025

Música de trinchera


 

Música de trinchera 

Mientras empezaban a confluir en la ciudad de México los primeros miembros de una bohemia magnífica que haría historia en la música mexicana, la Revolución desataba un intenso nacionalismo musical que era también expresión de rebeldía contra el exagerado afrancesamiento de la estirada sociedad porfiriana. 

Allá en la ensangrentada campiña los "Dorados", los "Pelones" y las soldaderas llenaban sus ocios y ahuyentaban el temor con canciones frescas y alegres como Cielito lindo, satíricas como La cucaracha, apasionadas como La Valentina y La Adelita o profundamente nostálgicas como la Canción Mixteca, que empezó a difundirse hacia el fin de la lucha. 

Asimismo, al quedar por fin relegadas las modas europeizantes, saltaron al primer plano algunas tonadas ya viejas para entonces, como Las tres pelonas, compuestas en 1893, y La barca de oro, cuyo autor había muerto en 1892. No menos extraordinario fue el resurgimiento "revolucionario" de la marcha Zacatecas estrenada en 1893. 

Pero su majestad el vals se negaba a rendirse y contraatacó con obras tan inspiradas como Río Rosa y Alborada, del duranguense Alberto Alvarado; Club verde de Rodolfo Campodónico; y sobre todo Ojos de juventud, con música de Arturo Tolentino y letra de Gus Águila. 

Fueron estos los últimos fulgores del vals, único género en el que los músicos mexicanos habrían logrado descollar.

Para divertir a Villa 

Las tres pelonas fue obra de Isaac Calderón, a quien le pareció muy gracioso el aspecto de sus tres hijitas que habían perdido el pelo a consecuencia de la epidemia de tifo que azotó al país en 1892. 

Nacido en 1860 en tierras michoacanas, Calderón era un hombre de aspecto enfermizo y suaves modales. Sin embargo, no vaciló en tomar las armas y participar en varios combates de la Revolución, aunque al iniciarse el conflicto ya pasaba de los 50 años y poseía un sólido prestigio como compositor y director orquestal. 

Varios cronistas de la época refieren que Las tres pelonas se cantaba con gran frecuencia entre los revolucionarios; más aún, el máximo admirador de la canción era Pancho Villa, quien gustaba de alegrarse haciéndola tocar una y otra vez, en ocasiones por espacio de horas enteras. Y entre sus "Dorados" era una de las tonadas más populares. 

Ingratas fueron, paradójicamente, las regalías que pagaron los villistas a Calderón. En 1915 una partida de ellos lo capturó y lo fusiló sumariamente en un pueblo de Guanajuato, sin imaginar siquiera que se trataba del compositor favorito de su jefe. Calderón murió sin pedir clemencia. Y -piensa uno- tal vez habría podido salvar su vida con solo identificarse como autor de Las tres pelonas

Periodista y trovador 

En 1892, al morir Arcadio Zúñiga en un pleito callejero, como correspondía a su existencia tormentosa, solo tenía un par de años de haberse dedicado en ratos de ocio a componer canciones. Tenía a su muerte apenas 34 años de edad y su actividad principal era el periodismo de batalla, que le había acarreado incontables persecuciones y sobresaltos. 

Tanto en Guadalajara como en Colima fundó diversos periódicos de tono vitriólico y vida breve. En esta última ciudad empezó a desarrollar sus dotes musicales, alternando la pluma mordaz con la guitarra de canto siempre suave y melancólico. 

Como si supiera que le quedaba poco tiempo, en los últimos dos años de su vida compuso un buen número de canciones y alcanzó a ver cómo varias de ellas se hacían populares en la región. Pero su triunfo máximo lo obtuvo casi 20 años después de muerto, cuando su obra cumbre, La barca de oro, se difundió por todo el país y mantuvo su popularidad durante varias décadas. 

Luces y sombras del "Cielito Lindo"

-¿El Cielito Lindo muy mexicano? Ni pensarlo. ¡Es andaluz! -expresó la investigadora Margit Frenk Alatorre hace varios años en una entrevista periodística. Y agregó-: Si no, dígame, ¿dónde está la Sierra Morena? Ese cantar vino de España y es del siglo XVIII o posiblemente de antes. ¡Quién lo sabe!

Y para corroborar su dicho, extrajo de su archivo una tarjeta con una sorprendente estrofa: 

Por el Andalucía vienen bajando 

dos ojuelos negros de contrabando…

Desde que el Cielito lindo empezó a correr de boca en boca durante la Revolución hasta popularizarse en todo el país y lograr después una extraordinaria difusión mundial, la polémica en torno a la canción fue constante. Por un lado, hay quien asegura, como Margit Frenk Alatorre, que se trata de un viejo cantar español anónimo. Abundan también quiénes opinan que es, efectivamente, un antiguo cantar anónimo, pero nacido en México. En Alemania hay un buen número de musicólogos que juran que la canción es de algún ignorado compatriota suyo. Y todas estas "facciones" tienen pruebas o al menos argumentos que se antojan válidos. 

Lo cierto es que Cielito Lindo está registrada a nombre de Quirino Mendoza con el número 45701 en la Sociedad de Autores y Compositores, entidad que durante años recibió regalías de todo el mundo por su explotación comercial. Hasta que la melodía pasó al dominio público. Estas regalías permitieron a Mendoza una cierta holgura económica en sus últimos años de vida y aún después de su muerte representaron un considerable beneficio para sus descendientes. 

Hace tiempo, en una entrevista, su nieta, Gloria Mendoza de Moreno, declaró en su calidad de beneficiaria de las regalías: -El Cielito Lindo lindo era la canción de mi abuelo que más producía; algunas veces llegué a cobrar hasta 5,000 pesos cada cuatro meses en la Sociedad de Autores y Compositores. Después la pasaron al dominio público y las liquidaciones se redujeron a dos o trescientos pesos.

En cuanto al probable origen español del Cielito lindo, exclamó airadamente: -Mi abuelito no se refería a ninguna "Sierra Morena", sino a su esposa, que era de tez morena y que le inspiró la canción. 

Según estas palabras, la estrofa no decía en realidad: 


De la Sierra Morena, vienen bajando 

un par de ojitos negros, cielito lindo, de contrabando


Sino más bien: 


De la sierra, morena, vienen bajando…


Lo cual, decididamente, parece un tanto absurdo. 

Mendoza nació en el seno de una familia muy humilde en Tulyehualco, D. F., el 10 de mayo de 1858. Aunque su destino parecía estar en la agricultura, él se dedicó a la música y aprendió a tocar varios instrumentos. Sus primeros trabajos musicales fueron como organista de las iglesias de la región. Después ingresó al ejército y más tarde al magisterio. Según la narración de su nieta Gloria, era maestro rural cuando se enamoró de una maestra llamada Catalina Martínez, quien tenía un lunar cerca de la boca. Así, Quirino le cantaba: 


Ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca 

no se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca. 


Un mar de partituras y silencio


Quirino y Catalina se casaron y tuvieron tres hijos. Mendoza sostuvo trabajosamente a la familia enseñando solfeo y componiendo música "sobre pedido". Produjo una gran cantidad de piezas: 73 himnos, 102 canciones, pasodobles, foxes y marchas, 57 cantos escolares, 50 huapangos, polcas, mazurcas y chotises, y dos cantos religiosos. Sólo dos o tres de ellos llegarían a popularizarse. 

Según sus descendientes, Mendoza se mantuvo hasta su muerte inmerso en un mar de partituras, sin hacer nunca el menor comentario escrito o verbal acerca de las constantes acusaciones de plagio que se le lanzaban. Sin embargo, se dice que lo mató una broma al respecto. Cuenta su nieta Gloria: 

-El 10 de noviembre de 1957 exactamente 6 meses antes de cumplir un siglo de vida mi abuelito recibió la visita de un amigo suyo quien le dijo en broma: "Quirino, dicen que te van a meter a la cárcel porque te apropiaste del Cielito lindo, de Jesusita en Chihuahua y de Honor y gloria." Mi abuelo, aunque sabía que era broma, se enfureció. Trató de levantarse de su asiento y no pudo. En ese mismo momento una embolia cerebral le cortó la vida, lo enterramos poco después. 


Una cucaracha de padre desconocido 


Investigaciones infructuosas y discusiones acaloradas tampoco han aclarado el origen de otras canciones que alcanzaron gran popularidad entre los revolucionarios. Así, por ejemplo, de la famosísima La cucaracha se ha dicho que es originaria lo mismo de Tamaulipas que de Morelos, Campeche o Yucatán. 

Lo único que se sabe a ciencia cierta es que los carrancistas la conocieron en 1914, a poco de haber tomado la ciudad de Monterrey, y la difundieron por toda la nación. Pronto se convirtió en una de las tonadas favoritas de los villistas. Quien dio a conocer La cucaracha a los revolucionarios fue un periodista desempleado que se ganaba la vida tocando el piano en las cantinas regiomontanas. Rafael Sánchez Escobar se llamaba y refería que su madre -quien a su vez la había aprendido de una tía- le cantaba la curiosa canción cuando era niño. 


La canción de Valentina Gatica 


También en 1914 saltó a la fama La Valentina, de la que por vagas referencias se piensa que nació en Sinaloa hacia 1909, de autor anónimo. Unos cinco años más tarde se aplicó a una muchacha llamada Valentina Gatica, quien parecía hecha a la medida de la canción, o viceversa. 

Valentina era la guapa hija de un asistente del general Álvaro Obregón que, al morir su padre en la lucha, tomó el fusil y combatió como parte de la tropa durante varios años, con lo cual se convirtió pronto en una figura muy popular. Relatan los cronistas de la época que era una rara combinación de belleza y valentía, y que la asediaban desde generales hasta reclutas. Uno de tales cronistas comenta: "De no ser porque su nombre coincidía con el de la canción, habríasele aplicado con mayor acierto La Adelita, pues no solo era una "moza valiente" y "popular entre la tropa", sino que también "el mismo general la respetaba" y acaso aspiraba a sus favores.”


¿Quién fue La Adelita?


En cuanto a La Adelita, las discusiones y las dudas no son menores. Hay quienes sostienen que la canción fue escrita en Tampico, en 1915, por un capitán carrancista llamado Elías Cortázar, en honor de una joven del lugar que nunca correspondió a su amor. Se afirma que el capitán murió en combate y que la canción, tras sufrir algunas modificaciones, se popularizó entre los combatientes de las diversas facciones revolucionarias. 

Hay una segunda versión según la cual el autor fue el sargento carrancista Antonio del Río Armenta y la inspiración una enfermera llamada Adela Velarde Pérez. 

Adela Velarde murió en 1971, y hasta el último de sus días aseguró que la auténtica Adelita era ella. Para apoyar su aseveración mostraba una carta autógrafa del finado arzobispo metropolitano Luis María Martínez, que dice: "Para la auténtica Adelita, con mi bendición." O bien un decreto presidencial de 1963 en el que se le concedía una pensión por sus servicios prestados a la Revolución y una nota periodística en la que se decía que el Senado la había reconocido como la verdadera Adelita. Las pruebas, por supuesto, distan mucho de ser irrefutables. Con todo, si no era la auténtica Adelita, merecía serlo. A los 71 años de edad seguía siendo una mujer muy bien puesta, con rastros aún de la belleza de su juventud. Animada, sonriente, bien maquillada y con aretes de Adelita según la versión de José G. Cruz, parecía no conceder importancia al hecho de que padecía cáncer incurable. Era hija de una acaudalado comerciante de Ciudad Juárez, y entre sus ancestros se contaban varios revolucionarios españoles y el célebre luchador juarista Rafael Dondé. Todavía no cumplía 14 años cuando "le entraron unas ganas locas de irse a la Revolución", después de charlar con una exmaestra de escuela que había fundado el cuerpo de enfermeras de la Cruz Blanca. Y como el padre le negó airadamente el permiso ella, se fugó del hogar. El 7 de febrero de 1913 Adelita quedó incorporada a las tropas carrancistas del Coronel Alfredo Breceda. 

Aprendió a curar heridos y le tocó presenciar muchos combates: Camargo, Torreón, Parral, Santa Rosalía...

Adela decía haber conocido a Antonio del Río Armenta en plan de amigo y compañero, y afirmaba haberlo oído tocar en su organillo de boca una canción cuyo título y letra sólo conocería tiempo después: La Adelita. Según Adela, Antonio murió cuando corría al río en medio de una balacera para llevar agua a un herido. Ella corrió a auxiliarlo y él le dijo: -Ya me tocó a mí, Adelita. Estoy peor que coladera. Busque en mi mochila. Ahí tengo música escrita... para usted.

-Minutos antes de morir me declaró su amor. Murió en mis brazos. Sólo entonces supe que me había convertido en protagonista del corrido más popular de la Revolución -narraba Adela, sin advertir el fuerte olor a telenovela que despedían sus palabras. Tras el asesinato de Carranza, Adela Velarde regresó a Ciudad Juárez con un niño de la mano "a tragarme el platillo fuerte de pedir perdón a mi padre", según decía. Luego se trasladó a la ciudad de México, donde trabajó 32 años en la oscuridad de un puesto burocrático en la Secretaría de Industria y Comercio. En 1965 contrajo matrimonio con el coronel Alfredo Villegas, que tenía a la sazón 75 años y vivía en Del Río, Texas, a donde se llevó a vivir a Adela. Ésta murió en un hospital de San Antonio, Texas, tres días antes de cumplir los 71 años. 

Otras melodías revolucionarias 

Lo mismo que Arcadio Zúñiga, autor de La barca de oro, el músico zacatecano Genaro Codina alcanzó la fama nacional después de muerto y con una sola pieza: la marcha Zacatecas. Codina, que murió en 1901, estrenó esta marcha en 1893. Aunque al poco tiempo los zacatecanos la adoptaron entusiastamente como su himno, sólo después de 1910 ganó popularidad gracias a los revolucionarios, en particular los villistas. 

Una vez pasada la ola revolucionaria, gozo de enorme popularidad la fina canción de Marcos Jiménez: Adiós, Mariquita Linda. Y en 1917 empezó a difundirse por todo México una melodía hondamente nostálgica: La Canción mixteca, del oaxaqueño José López Alavés, con sus estrofas:

¡Oh, tierra del sol!

Suspiro por verte, ahora que, lejos 

yo vivo sin luz, sin amor 

y al verme tan solo y triste 

cuál hoja el viento 

quisiera llorar, quisiera morir 

de sentimiento. 

La canción que completa el grupo de las más populares en aquellos años es La pajarera, tomada de autor desconocido que transcribiera Manuel M. Ponce, el músico a quien se considera ampliamente como el creador de la canción mexicana moderna.


(Tomado de: Morales, Salvador y los redactores de CONTENIDO - Auge y ocaso de la música mexicana. Editorial Contenido, S.A. México, 1975)

jueves, 24 de octubre de 2024

Población mexicana en Estados Unidos 1900-1930

 


Población mexicana en Estados Unidos 

Segundo periodo 1900-1930


La primera década: (1900)

La tasa de emigración aumentó durante los primeros diez años del siglo XX debido al desarrollo de los ferrocarriles y la agricultura en el suroeste de Estados Unidos. El crecimiento decenal de los inmigrantes en la década 1890-1900 fue todavía de dos dígitos, 16 mil, mientras en la década siguiente fue de tres, 119 mil, siete veces más.

Cambió el patrón de migración, los mexicanos, antes sólo presentes en los territorios que fueron de México, empezaron a desplazarse hacia Illinois y otros estados, llevados por la construcción del ferrocarril y por la necesidad de mano de obra en las industrias de esa área

La segunda década: (1910)

La Revolución Mexicana (1910-1920) que cubre los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), llevó a Estados Unidos la primera gran oleada de inmigrantes mexicanos. Dos razones se sumaron para inducir la emigración, la Revolución en México y las necesidades adicionales de mano de obra tanto en el campo como en las fábricas de Estados Unidos, por los que se iban a la guerra. Según los censos, México perdió casi un millón de habitantes entre 1910 y 1921. Se estima que menos de medio millón emigraron en ese periodo; los demás fueron los muertos de la Revolución. 

Por la Revolución Mexicana personas de clase media y alta abandonaron el país en esos años. Pocas de ellas se quedaron. En términos numéricos no fueron muchas, pero fueron relevantes por su calidad intelectual. Los que se quedaron no solo revitalizaron lo mexicano en la comunidad en campos de la cultura, sino que impulsaron el liderazgo ya que al contar con recursos tanto económicos como intelectuales, alcanzaron altas posiciones en la sociedad norteamericana y lograron educar mejor a sus hijos. Algunas familias de abolengo en San Antonio tiene sus orígenes en esos inmigrantes. 

La necesidad de mano de obra, a partir de 1916 cuando Estados inicia su participación en la guerra, acalló con rapidez el temor creciente que estaba motivando la migración mexicana en algunos sectores conservadores de la sociedad norteamericana. 

La Ley de Inmigración de 1917, que imponía un impuesto personal a los mexicanos, restringía la entrada a los analfabetas y concedía una estancia máxima de seis meses para los inmigrantes bajo contrato, fue objeto de fuertes protestas por los empleadores y las autoridades federales tuvieron que eliminar dicha restricciones, situación que prevaleció hasta 1921. 

Además, se incrementaron también las migraciones al medioeste, en particular hacia Illinois, Michigan, Ohio e Indiana donde había industria pesada y empacadoras de carne. Miles de trabajadores mexicanos fueron llevados a Chicago para romper la gran huelga de 1919. Así, el aumento decenal de migrantes en 1920 sobrepasa el doble del que hubo al final de la década anterior, como se puede observar en la tabla 2. En total, acumulados en la década 1910-1920 emigró cerca de un cuarto de millón de personas. 

La tercera década: (1920) 

Los mexicanos siguieron llegando en números crecientes durante la primera parte de la década, pese a que los restriccionistas habían creado para entonces un ambiente hostil hacia los inmigrantes. El flujo tanto legal como de indocumentados había crecido y era evidente que decenas de inmigrantes se habían asentado en aquel país, lo que alarmó a los angloamericanos conservadores que atacaron a los mexicanos con todo tipo de argumentos racistas. Los debates que se dieron en esos años en el congreso estadounidense fueron candentes y constituyeron el primer precedente de fuertes discusiones sobre la migración mexicana al más alto nivel legislativo. 

Sin embargo la Ley de Inmigración de 1924 se aprobó sin restringir la inmigración mexicana, porque los representantes de los intereses económicos no tenían la certeza de que dada las cuotas impuestas para la inmigración europea, se pudiera satisfacer sus necesidades de mano de obra. Las discusiones sobre la inmigración mexicana cesaron cuando las condiciones económicas cambiaron hacia la mitad de la década y se reiniciaron con fuerza a fines de 1929, por el comienzo de la Gran Depresión. 

Las cifras acumuladas son ya menores que en la década anterior, 16 mil en 1930 contra 258 mil en 1920. Por primera vez, desde que comenzó la emigración de dos dígitos en 1900, el crecimiento se redujo. (Columna 3 de la tabla 2.)


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 6 de junio de 2024

Corrido Los Areneados de Benjamín, 1913

 


Los areneados de Benjamín

José Obregón

En mil novecientos trece,

cuando el caso sucedió,

al asesino de Huerta

Pesqueira desconoció.


"¡Viva Francisco I. Madero!"

gritó el pueblo entusiasmado,

y el grito de libertad

resonó en todo el estado.


De Álamos, en el distrito,

se escuchó de igual manera

por los pueblos y los ranchos,

menos en la cabecera.


Se hicieron bola los ricos,

considerando ser reyes,

felicitaron a Huerta

y quedaron como bueyes.


Hicieron un gran mitote

con Santini y con Marcor,

se comieron su guisote

y sólo quedó el olor.


"Tienes suerte Rafael",

Benjamín se lo decía,

el alazán te tumbaron

y nada se hizo la silla.


En poder de los huertistas,

se vieron en un hilito,

don Adolfo Goycolea

y Ávila el juez chapito.


Otálora con un solo ojo

vio a ochocientos federales

y los pagó a cinco pesos,

para colmo de sus males.


El gordo Ramón García,

también la pasó muy mal

por andar en compañía

del brigadier don Pascual.


Sacos de arena cargaron

de los cerros al arroyo

y sin aliento acabaron

pues no tuvieron apoyo.


Fue divertido el sainete

con los ricos y los curros,

pues el coronel Benjamín

los cargó como a los burros.


Vuela, vuela, palomita,

dile a Madero, sin pena,

que también los frailecitos

cargaron sacos de arena.


Vuela, vuela, palomita,

dile a Rosario Barriga,

que no toque las campanas

porque la llaga se aviva.


Ya con ésta me despido

y digo adiós a Benjamín,

puso al rico adolorido

y al huertismo le dio fin.


En abril de 1913, el coronel revolucionario Benjamín Hill, se presentó con sus tropas, en la plaza de Álamos, Sonora, para combatir a los huertistas que tenían la posesión de la misma y cuya defensa era organizada por el prefecto político del distrito Pánfilo Santini, enemigo personal de Hill. Las fuerzas de Santini estaban integradas por soldados regulares y por Defensas Sociales de la clase acomodada de Álamos.

El 17 de abril, Hill logró hacer rendir la plaza y el corrido del caso se llama de Los Areneados, porque Benjamín Hill impuso un castigo humillante a los curros, haciéndoles bajar en persona, de los cerros, los sacos de arena con que habían levantado las trincheras que usaron para parapetarse, Hill exigió, a la vez, un préstamo forzoso de treinta mil pesos, para remedio de sus tropas.

En el corrido se menciona a Ignacio L. Pesqueira quien, el 7 de marzo, como gobernador provisional de Sonora, lanzó un manifiesto, a la población del estado, explicando su rompimiento con el gobierno de Huerta, poco después se daría a conocer el Plan de Guadalupe, de Venustiano Carranza.


(Tomado de: Avitia Hernández, Antonio - Corrido Histórico mexicano (1910-1916) Tomo II. Editorial Porrúa, colección “Sepan cuántos…” #676. México, D.F. 1997)

viernes, 1 de marzo de 2024

El caracol y el sable VII

 


La burguesía, su orden y sus intelectuales

La ideología del porfiriato fue la de la burguesía mexicana. El propósito fundamental de sus expositores: Justo Sierra, Jorge Hammeken Mejía, Santiago Sierra, Justo Benítez y Telésforo García es la enmienda de la Constitución de 1857 y la crítica del liberalismo. En 1878, bajo el patrocinio de Porfirio Díaz, el grupo mencionado funda una revista política: La Libertad, en la que divulgan, tenazmente, las ideas de la nueva dictadura.

La Constitución de 1857 fue el tema principal de la crítica de los porfiristas. La consideraban antigua y utópica. "Sus autores -escribe con juvenil pedantería Justo Sierra- en gran parte estaban imbuidos en las falacias filosóficas ya añejas en 57." Los ideales de los reformadores, afirmaban, habían sido desvanecidos como el humo por la filosofía alemana, la aplicación del método experimental de los ingleses y la escuela positivista de Comte. En realidad, trataban de abolir un código cuyo acatamiento impedía el ejercicio de la tiranía.

La Constitución  de 1857 no era obra acabada. La aspiración de los reformadores no llegó a cumplirse. La guerra de intervención, el exilio y la muerte, hicieron imposible la reforma pacífica de la Constitución. No fue, por tanto, mayor obra la del grupo porfirista abolir las leyes fundamentales de la Constitución. Con el poder en manos de Porfirio Díaz, los soldados apercibidos en los cuarteles, el terror como arma política y las concesiones otorgadas a los empresarios norteamericanos, la burguesía necesitaba de un ideario que la justificara y que impidiera, jurídicamente, la disputa del poder por las clases a las que sometería. "La insensata aspiración de mando a favor de un motín de cuartel, simbolizado por don Porfirio Díaz -escribió Guillermo Prieto en 1877-, escindió en dos partes a los mexicanos: los que buscaban, en la la práctica del derecho, el progreso y la libertad dentro del orden legal, frente a los que pretendían derribarlo todo y erigirse en árbitros del país." La espada de Díaz había de lograr que la nación retrocediera, políticamente,a los días de la dictadura de Santa Anna. De la Reforma habría de conservar la separación de la Iglesia y el Estado -la desamortización, al fin, había servido para el enriquecimiento inicial de la burguesía- el culto retórico por la independencia y la orientación educativa. "La burguesía -dijo Justo Sierra- hace todos los días prosélitos, asimilándose a unos por medio del presupuesto, y a otros por medio de la escuela."

La ideología de la dictadura se sustentaba en un principio fundamental: salvar al país de la absorción por Estados Unidos. No era una idea nueva. Paredes y Arrillaga también la había expuesto a su manera. El grupo porfirista le da otra interpretación, ante la obra de Juárez y Lerdo: evitar la influencia norteamericana y procurar la inversión europea sin excluir el concurso de los burgueses mexicanos. La amenaza norteamericana "obligaba" a los porfiristas al asalto del poder. A partir de entonces, la burguesía amedrentaría al pueblo con la anexión, la conquista militar y la imposición de Estados Unidos. La "penetración pacífica", se pensó, era preferible a la dominación militar y a la pérdida de la nacionalidad. Parecía que la guerra de intervención no hubiera sido ejemplo de cómo un pueblo armado era capaz de derrotar a militares profesionales y hacer imposible la conquista de la República. La enseñanza de Juárez: Fe inquebrantable en el pueblo que lucha por su independencia, fue borrada por los cuentos en que Porfirio Díaz era la fuerza providencial. A partir de entonces la burguesía mexicana, disfrazando sus intenciones de patriotismo, enajena el país a los inversionistas extranjeros, se confabula con ellos para la explotación de los recursos naturales y afirma que lo hace para salvarlo de los generales.

La convicción de que el mestizo era indolente, soñador, romántico, despilfarrador, irreflexivo, favoreció la tendencia a entregar los recursos naturales a los extranjeros. El pueblo era anárquico -aunque en la paz de los días del gobierno de Lerdo de Tejada, precisamente el grupo porfirista haya sido el organizador de revueltas, motines y asonadas- y las libertades individuales perjudiciales a la sociedad. El mexicano, "que mandar no sabe; obedecer no quiere", iba fatalmente a ser absorbido por los norteamericanos; la libertad de expresión, en tales condiciones era temible. A un pueblo anárquico, debía corresponder un gobierno fuerte; la ley debía amoldarse a los dictados de esa fuerza, cuyo poder era una delegación voluntaria de todos los individuos para procurar el orden político dentro de la libertad económica; la evolución impediría la revolución; el partido conservador, redimido por la "ciencia", era parte importante de la sociedad y su concurso indispensable; la paz, por sobre todo, garantizaba la colaboración de las fuerzas vivas del país; los pueblos tienen los gobiernos que merecen; en naciones como México, las tendencias disolventes son más enérgicas que las de cohesión y éstas son las únicas que pueden detener el progreso de la anarquía; los indios son "razas atrasadas", inferiores, que carecen de sentimientos patrióticos y mal pueden, alcoholizados como lo están, reclamar tierras y luchar por ellas; su amor a la tierra es el de los hombres primitivos; como seres inferiores, sin derechos, están incapacitados para sostenerlos; la tierra, por tanto, debe estar en manos de los que la hagan progresar; el beneficio de latifundista es el de la patria; los desórdenes se deben a la renovación frecuente de los funcionarios; la reelección es excepcionalmente recomendable y Díaz -y los gobernadores de los estados- eran hombres excepcionales; solo Díaz podía dar cima -la teoría del hombre necesario- a una obra compleja: la consolidación del crédito, factor de prosperidad; la organización fiscal, garantía de crédito; el progreso material, fuente de fortuna pública y de la potencia financiera. Todos los problemas, afirmaban los ideólogos porfiristas, dependen de uno solo: la paz. Porfirio Díaz explicaría en las siguientes palabras -no estrictamente suyas- el secreto de su gobierno: "No bien comenzaron a tenderse por los campos de la República Los rieles de los ferrocarriles y los alambres de los telégrafos, a mejorarse los puertos, a abrirse canales de riego, a deslindarse y adjudicarse las tierras baldías, la fuerza pública a acudir rápidamente a garantizar la vida y la propiedad y a perseguir y escarmentar el bandidaje; a fundarse colonias, a favorecer la explotación de nuevas culturas y el planteamiento de nuevas industrias; y, en suma, a desenvolverse todos los intereses y abrirse a nuevas perspectivas al trabajo perseverante y honrado, los estados comprendieron la misión del gobierno federal, sintieron su influencia bienhechora, palparon su afán por el bien público, lo reconocieron, no sólo como útil, sino como necesario, y desapareciendo las antiguas rencillas y los añejos antagonismos, se sintieron estimulados a colaborar, como han colaborado, a la conservación del orden. Tal es fundamentalmente, el secreto de la paz que impera en todo el territorio desde hace veinte años."

En los principios de la pacificación, hacia 1878, varias comunidades indígenas del Estado de Hidalgo se opusieron a la apropiación de sus tierras por particulares. Lucharon contra el despojo. Díaz hizo sentir su autoridad con violencia. Los redactores de La Libertad calificaron a los indios de trastornadores del orden público y comunistas. Los indios, que en conjunto eran juzgados como razas inferiores, al demandar la protección de la ley eran alborotadores, y al defender sus tierras, salteadores y comunistas. Francisco Islas, abogado defensor de los indios de Hidalgo, dirigió una carta a los redactores de La Libertad, explicándoles la actitud de las comunidades: "...lo que deseaban los pueblos del estado de Hidalgo no es más que justicia, y piden ante quien únicamente puede impartirla: los jueces de Hidalgo. ¿No creen ustedes, los redactores, que ya se hacen sospechosos los que para defender su causa, desfiguran los hechos y lastiman la honra, no ya de los individuos sino de los pueblos?"

Las respuestas de los redactores de La Libertad fue elaborar la teoría de la inferioridad de los indios y calificar todo acto lesivo a los latifundistas de comunismo.

A los obreros les fue aplicada una teoría semejante. Alcoholizados e ignorantes, era obra lenta, evolutiva, redimirlos por la escuela y la alimentación. 

Al consumar su obra el porfirismo, la burguesía juzgaba, no sin optimismo, ante la represión de las huelgas en Río Blanco y Cananea, que los trabajadores mexicanos eran resignados y sumisos y que, por temperamento, carecían de ambiciones: eran conformes y despreocupados. "¿Prospera el socialismo en México?" preguntaba El Imparcial el 22 de julio de 1906. Y respondiéndose a sí mismo el articulista, afirmaba: "...no puede existir el socialismo sino ahí donde el obrero tiene aspiraciones, en donde la competencia entre trabajadores es muy ruda y en donde la instrucción se ha difundido entre las clases laboriosas a un grado bastante para darles a conocer y hacerles comprender las teorías de los doctrinarios y los sistemas políticos y sociales de los reformadores." No era el caso de los obreros mexicanos. La mano de obra abundaba y no aspiraban a cambio social alguno. Los trabajadores eran vistos por la burguesía en actitud pasiva. "Esa paz de los espíritus -concluían los de El Imparcial- y ese modus vivendi a que hemos llegado entre el capital y el trabajo, deja, delante de nosotros, tiempo bastante para dar cima a nuestra reorganización económica."

El Estado había renunciado a intervenir en las relaciones del trabajo, a ser árbitro en los conflictos derivados de la apropiación de tierras. El sueño dorado de la burguesía: confinar al Estado al papel protector de sus intereses, con exclusión de las otras clases, se aceptó como una de tantas teorías de los redactores de La Libertad. Años más tarde El Imparcial calificaba las peticiones de los trabajadores, de que el gobierno federal interviniera, en estos términos: "Esta forma de intervención -la del arbitraje- de las autoridades en asuntos de esta índole [los del trabajo] sería la fórmula del más estupendo de los socialismos de Estado; sería la absorción de todas las libertades y de todos los derechos del hombre por las autoridades políticas y administrativas..." Los desvelos de Sierra, Hammeken, García, Limantur... habían tenido fruto en la educación de otras generaciones. Su ideología era la de la clase gobernante.

La burguesía fue obra de Porfirio Díaz y éste de la burguesía. La compenetración de uno y otra fue tarea del grupo científico, que hábilmente creó la doctrina indispensable para hacer frente a los problemas derivados de la consolidación de sus intereses. Su visión de la realidad mexicana sostuvo la dictadura. Las teorías descendieron de la redacción de La Libertad a los ministros -los más connotados de sus redactores fueron secretarios de Estado- y de ahí a las escuelas y a las oficinas públicas. Cada una de las teorías elaboradas por los científicos las traducía Porfirio Díaz en apotegmas. En el curso de la dictadura habrían de ser el código político del país. No pudo darse, en verdad, mejor ejemplo de afinidad entre la burguesía y el gobierno. El orden político dentro de la libertad económica se traduce en "Poca política y mucha administración"; los indios, raza inferior, en "El mejor indio es el que está a cuatro metros bajo tierra"; la asociación libre a Estados Unidos, en "Un buen embajador en Washington y los demás, sobran"; la autoridad ilimitada, en "Mátalos en caliente"; la obediencia lograda por el escarmiento, en "No me alboroten la caballada". La certidumbre de que el gobernante era un instrumento lo llevó a afirmar, ante la reiterada petición de que fuera Teodoro Dehesa el candidato a la vicepresidencia y no Ramón Corral, uno de sus epitafios: "En política no siempre puede hacerse lo que se quiere."

La identificación de la burguesía y Díaz fue madurando al paso de los años de su administración. Los estados de la República -imaginó Alfonso Reyes- eran como circunvoluciones de su cerebro. "Me duele Tlaxcala", gemía, llevándose la mano a alguna región de la cabeza, y una hora después, como traído por los aires, el gobernador de Tlaxcala estaba temblando frente a él. Los científicos, al ver consumada su obra, no dudaron al afirmar que Díaz había creado la condición esencial de la organización económica, social y política de la burguesía, como ésta había delegado, en Díaz, la suma de autoridad que permitió el desarrollo de una clase a costa de la miseria, la ignorancia y la muerte de millones de seres humanos.

El derrumbe

Hacia 1912 Dehesa observaba, con zozobra, los hechos políticos del país. Desaparecido el porfirismo había que recopilar los episodios para formarse un juicio sobre el derrumbe. No era el único propósito de Dehesa. Su polémica por carta con Limantour, respecto de las responsabilidades de uno y otro, la inspiraba el deseo de dictar un fallo contra los culpables. Dehesa representó, al fin de sus días de gobierno, al partido tuxtepecano; al porfirismo que calificara de "rojo" Mariano Cuevas; al grupo que no pocos consideraban, ingenuamente, que había corrompido Limantour con sus finanzas. Dehesa era uno de los mexicanos -acaso como disculpa de sus mismos actos de gobernante- que admiten la pureza de los actos de la autoridad y la vileza de quienes le rodean, como si el Estado dependiera de actos iluminados a salvo del acoso de los perversos. En sus cartas a Limantour  le hace reproches y lo inculpa. Limantour da por terminada la discusión en carta del 12 de febrero de 1912. "Se equivoca usted -le escribió- completamente, al creer que la "atmósfera de bienestar" que mis amplios recursos económicos me proporcionan, medios que no adquirí, como otros, después de haber desempeñado un puesto público, me impiden darme cuenta de las consecuencias que la interrupción de la paz puede tener para el progreso del país o de su subsistencia como nación independiente". Dehesa no le contesta y pide por carta a Francisco de P. Sentíes que le relate la conferencia que Díaz tuviera con Huerta y otros colaboradores al caer Ciudad Juárez en poder de las fuerzas revolucionarias de Villa y Orozco, el 10 de mayo de 1911. Sentíes, casi un mes más tarde, responde a Dehesa. Había que verificar cuidadosamente los sucesos y escarbar en la memoria hasta el último detalle. Su carta pertenece por entero a la anecdótica de los desastres políticos.

En la conferencia en casa de Díaz, estaban su hijo Porfirio, Limantour y los generales Huerta y González Cossío. Huerta encuentra al Presidente de la República, "vendado del cráneo a la mandíbula, que le habían fracturado, y visiblemente abatido por Los crueles dolores que sin duda le producía la fractura. Este daño tal parecía que aumentaba la sordera que padece como antiguo soldado acostumbrado al estruendo de los cañones. Indudablemente que el señor general Díaz, sordo y abatido por los crueles dolores que con toda seguridad  le afectaban todo el organismo y especialmente la cabeza, tenía la imperiosa necesidad de entregarse por completo a sus consejeros, observándose que, de éstos, al parecer, el señor Limantour era el que ejercía predominio e influencia decisiva. Y tan esto es así, que fue el señor Limantour quien, haciéndose cabeza, interrogó al general Huerta pidiéndole su opinión, en aquel entonces, sobre los últimos acontecimientos.

"El señor general Huerta, según ratificó, con toda intención se dirigió al señor general Díaz, gritándole al oído, que se auxiliaba acercando su mano al pabellón de la oreja, y le dijo: El señor Limantour me pide mi opinión sobre los últimos acontecimientos, pero yo pregunto: ¿a qué acontecimientos se refiere? El señor Limantour, visiblemente nervioso, respondió: ¿Cómo que a qué acontecimientos? ¡Pues al decisivo, a la caída de Ciudad Juárez!"

Huerta -y en su relato a Sentíes es probable que enalteciera su participación en la conferencia- no consideraba "acontecimiento decisivo" la ocupación de Ciudad Juárez. Como en los días de su bárbara campaña contra los indios mayas, Huerta afirma que si rechazaban una columna se mandaría otra y otra y otra hasta desalojar la plaza y hacer huir a los revolucionarios a Estados Unidos para que allí los capturaran. Según Huerta, Limantour respondió que no había elemento. Huerta le replica si no había dinero; Limantour le responde que había 70 millones de pesos. Huerta insiste, sin ironía alguna, que era mucho dinero "para tan poca cosa". Y así el diálogo, de absurdo en absurdo. No había caballos para el ejército federal en su imaginaria campaña contra la caballería de Villa y Orozco. Huerta, anticipándose a los revolucionarios de Pablo González, le dice que había que requisar todos los caballos, empezando por los de Limantour. También se habló de los zapatistas. Díaz, deteniéndose la mandíbula, pregunto a Huerta si podía salir a batir a los sureños. Salió Huerta, y ya en la zona de Zapata se enteró de que, "a puerta cerrada", había entregado Limantour al gobierno con enseres, dinero, y el propio dictador, a los revolucionarios.

¡De modo que la mandíbula, la firme mandíbula de don Porfirio, que parecía, como todo él, una parte de la geografía política del país, fue la causa, rota y doliente, del derrumbe de su dictadura! La conferencia evocada por Sentíes parece un grabado de Posada. El viejo dictador, vendado, sordo, quejoso, no oye lo que se le dice; le gritan y no entiende. ¿Caballos? ¿Villa? ¿Zapata? ¿Panchito? Acaso ya se iba cayendo desde la piel al alma.

Al subir por la escalerilla del Ipiranga alguien, contenido por la escolta militar, lo vio llorar. "¡Lágrimas de cocodrilo!", le gritó. Gimió Porfirio Díaz. Su mandíbula estaba rota.


(Tomado de: García Cantú, Gastón - El Caracol y el Sable. Cuadernos Mexicanos, año II, número 56. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

jueves, 2 de noviembre de 2023

La revolución popular de 1907

 


Editorial

La revolución que se inició a fines de septiembre del año pasado [levantamientos en Jiménez y Acayucan (septiembre, 1906), huelga de Cananea (junio 1906), y huelga de Río Blanco (enero, 1907)] y que está próxima a continuar, es una revolución popular de motivos muy hondos, de causas muy profundas y de tendencias bastante amplias. No es la revolución actual del género de la de Tuxtepec, de La Noria, verdaderos cuartelazos fraguados por empleados mismos del gobierno, por ambiciosos vulgares que no aspiraban a otra cosa que a apoderarse de los puestos públicos para continuar la tiranía que trataban de derribar, o para sustituir en el poder a gobernantes honrados como Juárez y como Lerdo de Tejada, a cuya sombra los bandidos no podían medrar.

Una revolución como aquellas que encabezó Porfirio Díaz o como las que antes de la guerra de Tres Años se siguieron una después de otra en nuestro desgraciado país; una revolución sin principios, sin fines redentores, la puede hacer cualquiera en el momento que se le ocurra lanzarse a la revuelta y bastará con apresar a los que hacen de cabecillas para destruir el movimiento; pero una revolución como la que ha organizado la Junta de Saint Louis, Missouri, no puede ser sofocada ni por la traición, ni por las amenazas, ni por los encarcelamientos, ni por los asesinatos. Eso es lo que ha podido comprobar el dictador y de ello proviene su inquietud. No está en presencia de un movimiento dirigido por aventureros que quieren los puestos públicos para entregarse al robo y a la matanza como los actuales gobernadores, sino de un movimiento que tiene sus raíces en las necesidades del pueblo y que, por lo mismo, mientras esas necesidades no sean satisfechas, la revolución no morirá, así perecieran todos sus jefes; así se poblasen hasta reventar los presidios de la República y se asesinase por millares a los ciudadanos desafectos al gobierno…


-Ricardo Flores Magón 

Revolución, n. 2. 8 de junio de 1907


(Tomado de: Armando Bartra (Selección) - Ricardo Flores Magón, et al: Regeneración, 1900-1918. Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas #88, Segunda Serie, México, D.F., 1987)

lunes, 3 de julio de 2023

Jesús Silva Herzog

 


Jesús Silva Herzog

(1892-1985)


En la ciudad mexicana de San Luis Potosí, capital del Estado del mismo nombre, ciudad de tradición histórica situada en el valle de San Luis, nació, en 1892, el economista Jesús Silva Herzog. 

Empezó sus estudios en el Seminario de San Luis, pero una grave enfermedad ocular lo obligó a abandonar la secundaria. En 1910, cuando Silva Herzog tenía dieciocho años, la Revolución estalló en México, y en pleno desarrollo de este agitado capítulo de la historia del país, su familia lo envió a Estados Unidos tras inscribirlo en la Pain up Town Business School de Nueva York, a la que asistió entre 1912 y 1914.

Al regresar a su ciudad natal, en 1914, escribió en los periódicos El Demócrata y Redención y, tras el triunfo del constitucionalismo carrancista, estuvo a punto de ser fusilado, pero se salvó gracias a su propia defensa realizada ante un consejo de guerra, que lo condenó a prisión. En 1917 fundó en San Luis la revista Proteo y, a finales de este mismo año, decidió mudarse a Ciudad de México, donde se inscribió en la Escuela de Altos Estudios de la Universidad Nacional de México, para graduarse en economía, disciplina de la que habría de ser con el tiempo uno de los especialistas más notables de su generación.


La generación constructiva


La violencia de su espíritu, la claridad de su análisis y su sensibilidad para comprender la realidad de un país dominado por la violencia y las desigualdades sociales, fueron las bases de las que se sirvió Jesús Silva Herzog para sustentar una corriente de pensamiento humanista dentro del país.

La generación de Silva Herzog, denominada constructiva, tuvo gran peso en la vida pública de México, entre los años treinta y cuarenta, y permitió consolidar muchos de los logros revolucionarios, como una expresión de esa generación, el pensamiento de Silva Herzog y la rigurosidad de sus investigaciones pudieron manifestarse en 1928, cuando fundó el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía.

Para un hombre de altas miras como Jesús Silva Herzog, la fundación de un instituto de investigación y de una revista no bastaron para crear una corriente de pensamiento capaz de influir en los círculos de decisión. Fue ésta la razón que lo llevó, en 1929, a intervenir en el primer proyecto del plan de estudios de una licenciatura en Economía, que permitiría crear cuadros para la gestión pública y privada.

Por ese entonces, la continuidad del poder había dado lugar a que el grupo gobernante fraguara distintas formas de dominio social, y tomara las medidas necesarias para la transformación de la economía agraria, de las viejas estructuras de la administración y la enseñanza públicas, de la salubridad y los servicios, que permitieron el resurgimiento de una burguesía nacional económicamente fuerte.

En este contexto, Jesús Silva Herzog desarrolló una intensa actividad docente, desde 1931 hasta 1963, como profesor de historia de las doctrinas económicas en la Escuela Nacional de Economía, institución que dirigió entre los años 1940 y 1942. En esta disciplina Silva Herzog publicó, en 1936, Antología del pensamiento económico desde el siglo XVI hasta David Ricardo y, en 1939, Historia y antología del pensamiento económico. Entre 1933 y 1934, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, ocupó la Subsecretaría de Instrucción Pública.

Como profesor influyente de la Escuela Nacional de Economía, Silva Herzog fundó una nueva revista, Investigación Económica, en la que formuló los lineamientos básicos de su pensamiento económico. En 1942, tras abandonar la dirección de la escuela, creó y dirigió hasta su muerte la prestigiosa revista Cuadernos Americanos, donde analizó aspectos relevantes de la industria petrolera, que ya era por entonces generadora de importantes riquezas, y cuyo control, junto con el del ferrocarril, México había logrado recuperar a través de la gestión del insigne presidente Lázaro Cárdenas. El análisis de la cuestión petrolera fue expuesta fue expuesto más a fondo por Silva Herzog en Petróleo mexicano. Historia de un problema (1941), México y su petróleo: una lección para América (1959) e Historia de la expropiación de las empresas petroleras (1964).

Silva Herzog analizó y mostró también su preocupación por los problemas sociales derivados de la reforma agraria, lo que reflejó en artículos y en libros de gran rigor científico, entre ellos El agrarismo mexicano y la reforma agraria (1959) y Breve historia de la Revolución Mexicana (1960). Los mecanismos aplicados en la reforma agraria, si bien paliaron momentáneamente la situación del campesinado mexicano, según Silva Herzog dejaron sin solución antiguos problemas al tiempo que originaron otros.


Un pensamiento global


Otro de los soportes más interesantes del pensamiento de Jesús Silva Herzog fue la globalidad que daba a sus análisis. Para él, la economía mexicana es una compleja tela de araña en la que se entretejen distintas fuerzas sociales, políticas y económicas en cuyo núcleo se halla el poder institucional, al margen de quien lo ocupe. En este sentido son reveladoras sus obras sobre la historia mexicana, entre las cuales destacan El pensamiento económico en México (1947), Trayectoria ideológica de la Revolución Mexicana (1963), El pensamiento económico, social y político de México: 1810-1964 (1967) y La economía política en México: 1910-1974 (1975).

Los méritos intelectuales de Jesús Silva Herzog y sus aportaciones al progreso económico y cultural del país le abrieron las puertas, en 1948, de El Colegio Nacional y, en 1956, de la Academia Mexicana de la Lengua. Aunque en los últimos años de su vida redujo considerablemente el volumen de trabajo, continuó siendo consultado por altos cargos del gobierno y ejecutivos de grandes empresas nacionales e internacionales, hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido en su casa de Ciudad de México, a los noventa y tres años, en 1985.


1892 Nace en San Luis Potosí, el 14 de noviembre, Jesús Silva Herzog.

1922 Se gradúa en economía en la Escuela de Altos Estudios de la UNAM.

1928 Funda el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía.

1933-1934 Ocupa la Subsecretaría de Instrucción Pública durante el gobierno de Lázaro Cárdenas

1936 Publica Antología del pensamiento económico desde el siglo XVI hasta David Ricardo.

1942 Crea y dirige la revista Cuadernos americanos.

1959 Publica México y su petróleo: una lección para América.

1975 Se publica La economía política en México: 1910-1974.

1985 Muere el 13 de marzo en su domicilio de Ciudad de México.


(Tomado de: Grandes personajes universales y de México. Océano Grupo Editorial, S. A. Barcelona, España, 1998)