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lunes, 20 de julio de 2026

Peñón del Rosario, Tlaxcala

 


Peñón del Rosario, Tlaxcala 

Descripción del lugar.- En la Sierra de Acopinalco o de Tlaxco en Tlaxcala, ya en las cercanías del poblado de Acopinalco del Peñón, está enclavado este peñón, una de las cumbres poco visitadas en relación con su belleza y posición geográfica. 

Cómo llegar.- El Peñón se encuentra a 6.5 Km de Tlaxco y a 25 km de Apizaco, al cual se llega por dos carreteras desde la Ciudad de México: la autopista a Puebla, saliendo en San Martín Texmelucan y pasando por Tlaxcala o bien por la de México por la de Texcoco-Calpulalpan. Al llegar al pueblo El Peñón, se deja la carretera para entrar por una calle paralela que se dirige al norte, en busca de la cañada principal. Como dato curioso, en una casa de techos de tejamanil, que llama la atención, se puede dejar el vehículo. 

La ruta se inicia por el fondo de la cañada donde se entra el bosque de pino, otra vereda que se le une, menos marcada, sube a la izquierda para seguir el recorrido. Continúa bordeando las grandes paredes del Peñón, al terminar éstas, de pronto, ganan altura para encontrar una vereda en filo que viene del Rancho del Rosario. 

Siguiéndola hasta el final, se llega a la base del Peñón por la parte posterior, aquí empieza prácticamente lo mejor del ascenso. La vereda sube entre un laberinto de peñas bastante empinadas, y aunque en algunas ocasiones hay que utilizar las manos, el ascenso es sumamente seguro. Ya en la cima, una pequeña escalera hecha con troncos ayuda a encontrar la cumbre de 3,380 msnm. Un extraordinario panorama domina la cima, abajo se puede admirar el Peñón del Loro y Los Gavilanes. 

Equipo necesario.- El que se requiere para media montaña. Este recorrido es ideal para aquellas personas que aunque no tengan experiencia en el montañismo, puedan disfrutar recorriendo a pie los senderos. Se recomienda llevar una piolita para facilitar el ascenso. 

Servicios existentes.- Ninguno. Se pueden encontrar en Apizaco restaurantes y hoteles. 

Duración de la excursión.- La mejor época del año para realizar este recorrido es la de secas. Se puede hacer en uno o dos días. El ascenso a paso moderado, se lleva a cabo en tres horas y media, aproximadamente.


(Tomado de: Guía México Desconocido, edición especial, Guía número 22, lugares para excursionar. Editorial Jilguero, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1995)


Un video del Peñón del Rosario, AQUÍ

lunes, 13 de julio de 2026

El otro Juan Diego

 


El otro Juan Diego 

Por A.C.

Cuenta la tradición que Juan Diego Bernardino era natural del pueblo de Santa Isabel Xiloxostla, Tlaxcala. En la primavera de 1541 penetró en un bosque de ocotes a orillas de una barranca. Angustiado por los estragos que la peste hacía entre los suyos, en el pueblo de Santa Isabel, resolvió recoger agua del río Zahuapan, que corría por ahí cerca, para aliviar un poco el malestar de los enfermos. De pronto salió a su encuentro una hermosísima mujer que le dijo: -Dios te salve, hijo mío. ¿A dónde vas? 

Cuando recuperó el habla, Juan Diego respondió: -Voy a llevarles un poco de agua del río a mis enfermos, que se mueren sin remedio. 

Ante la bondad del indio, la virgen le ordenó: -Ven conmigo. Te daré otra agua para que se extinga el contagio y salven no sólo tus parientes sino todos los que beban de ella, pues mi corazón ya no soporta tantas desdichas sin remediarlas. 

Acto seguido, la virgen hizo brotar un manantial perenne y dijo a Juan Diego: -Quien beba de esta agua quedará completamente sano. 

En la cumbre del cerro había una pequeña iglesia dedicada a San Lorenzo. Señalándola, la virgen ordenó: -Avisa a los religiosos de mi parte que en este mismo sitio hallarán una imagen mía que quiero que sea colocada en aquella capilla. 

Juan Diego llevó el agua a su gente y contó el milagro a los franciscanos. Éstos, después de meditar, enviaron al otro día a Juan Diego por el rumbo donde tuvo lugar la aparición y lo siguieron sin que él se diera cuenta. Muchas personas se unieron a la comitiva y al llegar al ocotal contemplaron que todos los árboles ardían sin consumirse, especialmente uno muy corpulento. Al día siguiente el árbol fue abierto por la mitad y en sus entrañas se encontraron una hermosa escultura de la virgen María. 

Actualmente el templo (a 2 km de Tlaxcala) es conocido como el Santuario de Ocotlán. Dicho acontecimiento ocurrió, según la tradición, 10 años después de la aparición en el Tepeyac.


(Tomado de: A. C. - El otro Juan Diego. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

viernes, 30 de mayo de 2025

Santuarios - San Miguel del Milagro

 


Santuarios - San Miguel del Milagro


Para el orgulloso pueblo tlaxcalteca, aliado y constructor de pueblos en las conquistas castellanas, debió de ser un motivo de gran decisión el que San Miguel, el príncipe de las milicias celestiales, se apareciera en su suelo, dejando como otras advocaciones su respectivo pocito de agua milagrosa. 

El ya muchas veces citado padre Francisco de Florencia S. J., también enriqueció las crónicas tlaxcaltecas con la "Narración de la milagrosa aparición que hizo el Arcángel San Miguel a Diego Lázaro de San Francisco, indio feligrés del pueblo de San Bernabé de la jurisdicción de Santa María Nativitas, estado de Tlaxcala", escrito en este colegio de San Pedro y San Pablo, el 6 de marzo de 1690.

Corría el año de 1631 cuando al indito de 16 o 17 años, Diego Lázaro de San Francisco, que iba en una procesión, se le apareció el Arcángel sin que los demás lo notaran, y le ordenó que comunicara al pueblo que en una barranca cercana haría brotar un manantial de agua milagrosa para curar las enfermedades. Cómo no cumplió dicha orden por temor a que no se le diera crédito, el Arcángel lo castigó y informó y enfermó de cocolixtli. Estando en extremo de muerte se le apareció de nuevo, pero ahora todos vieron una gran luz que llenaba la habitación, saliendo asustados. Cuando regresaron, lo encontraron sano y les narró que el Arcángel lo había llevado al lugar donde con su cayado hizo brotar el agua milagrosa y le dio la salud. Enseguida los demonios huyeron el tropel. 

El caudillo tlaxcalteca 

En 1645 el obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza, mandó construir el templo y la capilla para el pocito. Ésta cubre el brocal y tiene un relieve que representa el momento en que el Arcángel hace brotar el agua ante Diego Lázaro. La fachada de la iglesia es manierista, muy al gusto de Palafox. 

Lleva su heráldica y en el tímpano alberga la escultura en alabastro de San Miguel. Remata el frontón abierto el escudo de España, enmarcado por la cadena y el toisón. 


Datos que hay que tener al alcance de la mano 

Ubicación - En el municipio de San Miguel del Milagro en el estado de Tlaxcala.

Cómo llegar - Para visitarlo se toma la carretera a Puebla y pasando la caseta de San Martín Texmelucan se encuentra la desviación a Cacaxtla. Al iniciar el ascenso a la zona arqueológica se toma el camino a la derecha que indica San Miguel del Milagro.

Fecha de celebración - Día de San Miguel Arcángel el 29 de septiembre. 

Peregrinaciones - Todos los días del año.


(Tomado de: Quesada A, Emilio H. - Santuarios, Guía #21, México Desconocido, Edición Especial, Editorial Jilguero, S. A. de C. V., México, Distrito Federal, 1995)

lunes, 24 de marzo de 2025

Miguel Guridi y Alcocer

 


Guridi y Alcocer (Miguel) .-Nació en el pueblo de San Felipe Ixtacuiztla (E. de Tlaxcala). Hizo sus estudios en el seminario seminario Palafoxiano de Puebla, fue catedrático de Filosofía y Sagrada Escritura y censor de la Academia de Bellas Artes. En la Universidad de México fue graduado de doctor en Teología el 9 de octubre de 1790. Fue cura de Tacubaya y, nombrado diputado a Cortes, pasó a España en 1810. Volvió a México en 1813, y fue nombrado provisor y vicario general del arzobispado, y después cura del Sagrario. Escribió: Arte de la lengua latina. México, 1805. -Disertación sobre los daños que causa el juego. Representación de la diputación americana sobre las convulsiones de la América. Londres, 1812. -Curso de Filosofía moderna. Sermones. Tres tomos. Informes sobre la inmunidad eclesiástica. Discursos varios. Poesías líricas y dramáticas. Apología de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, México, 1820, y una larga y muy extraña relación de su propia vida.


(Tomado de: México en las Cortes de Cádiz (Documentos). El liberalismo mexicano en pensamiento y en acción. Colección dirigida por Martín Luis Guzmán. Empresas Editoriales, S. A. México, D. F. 1949)

sábado, 17 de septiembre de 2022

Expansión territorial y conquistas siglo XVI, II

  


Fundaciones

Las expediciones militares fundaron en su recorrido villas y fuertes que corrieron diferentes suertes. Unas se conservaron, otras con el tiempo se despoblaron y desaparecieron. Muchas de ellas originaron nuevos centros, que a su vez sirvieron de punto de partida para la penetración en territorios desconocidos.

Una de las principales fuerzas que movieron este avance paulatino a territorios inexplorados fue la misma que empujó a algunas expediciones militares: la búsqueda de metales preciosos. Pequeños grupos de hombres se internaban en tierras de chichimecas, impulsados por alguna vaga noticia acerca de la existencia de vetas. Los poblados fundados a causa de ello eran, a su vez, origen de otros.

Así como la expedición de Francisco de Ibarra tuvo su génesis en la zona minera de Zacatecas, se estimuló la formación de poblaciones en la zona del Bajío; en un principio fueron presidios (lugares donde estaba destacada una fuerza militar) y crecieron gracias al comercio que se efectuaba con la región minera. Tal es el caso de San Miguel el Grande.

Por 1554, los chichimecas comenzaron a asaltar y robar sistemáticamente las carretas que transitaban con mercaderías rumbo a Zacatecas. Al principio se intentó detener estos asaltos mediante una campaña militar, organizada por don Luis de Velasco, quien puso a Francisco de Herrera al frente de numerosos soldados. Pero esta fuerza no consiguió dominar a los indios, los cuales sistemáticamente se refugiaban en sitios inaccesibles ante la presencia de los soldados. Otras campañas militares, como la de Hernán Pérez de Bocanegra, consiguieron el mismo resultado.

Se vio, pues, que era indispensable buscar otra manera de proteger la seguridad de los caminos; la mejor manera de conseguirla sería fundar otras poblaciones además de San Miguel el Grande, que fueron Celaya, Aguascalientes y León. Pero estas fundaciones no bastaron para contener a los chichimecas, los cuales siempre encontraban un lugar o un momento propicio para atacar, de manera que se trató de lograr un acuerdo de paz con ellos. Un mestizo llamado Miguel Caldera estableció conversaciones con los indios y, finalmente, en la época de don Luis de Velasco el segundo, se logró la paz. El virrey comprometióse a darles carne para su sustento. En cambio, ellos aceptaron que se fundaran poblados de indios y de españoles en las regiones que habitaban. Así nacieron San Luis de la Paz, San Miguel Mezquitic y Colotlán.

También la ganadería originó el que se abrieran nuevos territorios a la expansión española. La rápida reproducción del ganado creó grandes problemas a la agricultura en las zonas centrales de Nueva España. Los cultivos de las regiones de Tepeapulco, del valle de Toluca, de Oaxaca y Jilotepec eran destruidos con mucha frecuencia por los rebaños; para evitarlo, el virrey ordenó que se dirigieran a zonas donde había grandes extensiones de tierra despoblada. Así fue como en los años posteriores a 1540 se inició el establecimiento de estancias ganaderas en tierras habitadas por chichimecas. Se introdujo la ganadería en los llanos de San Juan del Río, en la región de Apaseo y en Querétaro. Antes del descubrimiento de las vetas de plata, Guanajuato existía como estancia de ganado, propiedad de Pedro Muñoz. A medida que las regiones fueron aumentando su población, el ganado fue conducido más al norte; y con el tiempo llegó a ser una de las causas del nacimiento de grandes haciendas, como la de Francisco de Urdiñola, gobernador de Nueva Vizcaya, en Coahuila, a principios del siglo XVII.

Fundaciones hechas por indios.

El papel representado por los indios sedentarios en la colonización y población del virreinato de Nueva España es de suma importancia. Ya en las primeras expediciones que se llevaron a cabo para acrecentar el dominio español se encuentran los grandes ejércitos de indios aliados que las acompañaban. Pedro de Alvarado condujo tlaxcaltecas a Guatemala. De Tlaxcala, Huejotzingo y Cholula procedían los indios que auxiliaron a Nuño de Guzmán en la conquista de Nueva Galicia. Ibarra, Carbajal y Oñate utilizaron sus servicios, y cuando se consideró indispensable la colonización de Texas, los tlaxcaltecas fueron llevados también allí.

Pero no sólo se recurrió a ellos en las campañas militares, sino que como pacificadores fueron enviados para fundar en regiones alejadas de sus centros de origen. Se pensaba que ante el ejemplo de su vida, que transcurría en forma pacífica y organizada, los indios nómadas terminarían, a su vez, por aceptar ser reducidos. Así, fray Juan de San Miguel estableció con guamares, otomís y tarascos el pueblo de San Miguel, conocido actualmente como el Viejo para distinguirlo de la población española que se formó años después con el fin de detener los ataques de los chichimecas.

Cuando don Luis de Velasco logró la paz con estos últimos, se llevaron cuatrocientas familias de tlaxcaltecas, que fundaron Tlaxcalilla (muy cerca de San Luis Potosí), San Miguel Mezquitic, San Andrés y Colotlán. Para evitar que Saltillo continuara despoblándose, Francisco de Urdiñola fundó muy cerca San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

Las poblaciones establecidas por las autoridades españolas con fines civilizadores tuvieron una organización especial que favorecía el que los indios ofrecieran menos resistencia a abandonar sus lugares de origen. A los habitantes se les dotaba de tierras y agua, se prohibía la proximidad de estancias propiedad de españoles, e incluso se limitaba su paso por ellas. Se les autorizaba tener ganados y poseer caballos, y sus parroquias eran administradas por frailes. No siempre se logró mantener estas condiciones, porque los españoles, que vivían o tenían estancias en las regiones donde estos pueblos se fundaron, trataban de obligarlos a trabajar en su provecho y procuraban apoderarse de las tierras que consideraban buenas, haciendo caso omiso de las disposiciones existentes para la protección de estos poblados. No fue posible conseguir la fusión de los indígenas llevados del centro con los nómadas que aceptaban reducirse, porque los primeros siempre miraron con menosprecio a los segundos.

Aparte los movimientos de población india, a los que nos hemos anteriormente, hubo otros hacia el norte, en que en forma espontánea un gran contingente de indios se dirigió en busca de la libre contratación a las zonas mineras y a las estancias de ganado.

La expansión misional.

A partir del territorio conquistado por Hernán Cortés, las órdenes religiosas extendieron sus labores misionales hasta regiones distantes y desconocidas. Los frailes seguían instaurando nuevos centros para la predicación, sin esperar que nuevos establecimientos de españoles dieran a los lugares una relativa seguridad. En esta actividad son muy conocidos fray Juan de San Miguel, quien predicando recorrió tierras que ahora pertenecen al estado de Guanajuato; fray Bernardo Cosin llegó al actual estado de San Luis Potosí; fray Andrés de Olmos evangelizó la Huasteca; fray Andrés de Segovia y fray Miguel de Bolonia, en 1541, fundaron el pueblo de Juchipila; fray Agustín Rodríguez, en 1581, predicaba en territorios inexplorados, los cuales en la actualidad pertenecen al estado de Chihuahua, y fray Juan de Larios, en 1674, fundó la misión de San Francisco de Coahuila. Los misioneros redujeron a muchos indios, que terminaron por adaptarse a la vida sedentaria, y facilitaron el posterior establecimiento de centros españoles, que encontraban en estos pueblos la mano de obra necesaria para sus estancias y haciendas.

Muchas veces la llegada de hacendados que trataban de obligar a los indios reducidos a que trabajasen en sus propiedades destruyó la labor de los evangelizadores, porque ellos, que habían aceptado paulatinamente la vida en los pueblos y que algunas veces difícilmente se habían sometido a la autoridad de los frailes, se rebelaban ante las exigencias de autoridades y propietarios de tierras, y se volvían a los montes o huían a las sierras, destruyendo las misiones y matando a la población blanca y a los misioneros.

A causa de ello, durante los siglos XVI y XVII, en el norte las misiones estuvieron constantemente expuestas a la destrucción, y el trabajo de los religiosos se vio muchas veces reducido a la nada; entonces volvían a empezar, construyendo nuevas misiones o reconstruyendo las perdidas.

Franciscanos y jesuitas fueron principalmente los encargados de la evangelización en tierras de chichimecas. Los franciscanos ejercieron las misiones principalmente en Zacatecas, Nueva Vizcaya (actualmente los estados de Durango y Chihuahua), Nuevo Reino de León, Coahuila y Texas; es decir, hacia el norte y este de Zacatecas.

Sinaloa (norte del estado que lleva ese nombre) fue punto de partida para los jesuitas; se extendieron hacia el este por la Sierra Madre Occidental, y hacia el norte por las regiones que llamaron Ostimuri, Sonora y Pimerías, en el actual estado mexicano de Sonora y en el norteamericano de California.

Expansión por necesidades de defensa.

Nueva España siempre tuvo problemas de defensa en la región septentrional. La amenaza que representaba el avance de los establecimientos franceses obligó a las autoridades españolas a ocuparse de la colonización de provincias, que no habían presentado atractivos suficientes a fin de mover a su poblamiento espontáneo.

En 1682, Roberto Cavelier, señor de La Salle, partió de Nueva Francia (Canadá) y exploró el río Mississippi de norte a sur hasta llegar a su desembocadura. El gobierno francés consideró que la comunicación fluvial con el golfo de México era de gran trascendencia y ayudó a La Salle para que en una segunda exploración se adentrara por el río en sentido inverso al de la expedición anterior.

Los exploradores llegaron a La Florida en el año 1684; costeando, pasaron frente a la desembocadura del Mississippi, al parecer sin advertirla. Continuaron navegando y desembarcaron en la bahía del Espíritu Santo, donde fundaron el fuerte de San Luis. La Salle exploró la región, siempre en busca del río, que no encontró. Viendo que los bastimentos se habían perdido, decidió ir por tierra en busca de auxilio. En el camino algunos de sus compañeros lo asesinaron y los hombres del fuerte quedaron abandonados a su ventura. Los indios, que advirtieron su precaria situación, los atacaron y mataron.

En la capital del virreinato de Nueva España se tuvo noticias del desembarco de los franceses, porque capturaron a unos piratas que hablaron sobre la fundación del fuerte de San Luis. De Cuba y Veracruz partieron navíos que recorrieron las costas del golfo de México sin encontrar al enemigo, aunque hallaron los restos de una nave.

Mientras tanto, los gobernadores de Nueva Vizcaya y del Nuevo Reino de León recibieron informes de los misioneros y de los indios sobre algunos extranjeros vestidos de hierro, que andaban entre los texas preguntando por las minas de plata, y los aconsejaban en contra de los españoles, a los que decían no debían obedecer porque no eran buenos. El capitán Alonso de León hizo prisionero a un francés, el cual no pudo proporcionar datos sobre el sitio que buscaban porque no había pertenecido a la fuerza de La Salle, sino a un grupo que había salido de Nueva Francia con intenciones de encontrarlo. El indio Juan Xaviata procuró los datos que finalmente permitieron en el año 1689 la localización de las ruinas del fuerte de San Luis en la bahía del Espíritu Santo.

Con el fin de evitar que en lo venidero los franceses pudieran ocupar esa región, en 1690 el rey ordenó que los franciscanos de Santa Cruz de Querétaro se encargaran de fundar misiones entre los texas. La primera fue la de San Francisco y, apoyándose en ella, otras que no tuvieron muy larga vida, ya que se abandonaron en 1694 debido a los problemas que presentaban su abastecimiento y mantenimiento.


(Tomado de: Camelo, Rosa - Expansión territorial y conquistas. Historia de México, tomo 6, México colonial. Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V. México, 1978)

lunes, 1 de febrero de 2021

Murales de Cacaxtla, 1977

 


Hallan en Cacaxtla murales mejores que los de Bonampak

*Logra EL UNIVERSAL básica primicia

*Palacio ceremonial del clásico tardío

*Restos de sacrificios de niños

Por MANUEL MEJIDO

Enviado Especial

CACAXTLA, Tlaxcala, a 9 de enero. -Acaba de descubrirse en este que fuera centro ceremonial de varias culturas mesoamericanas, un talud de veinte metros de largo por uno y medio de alto, con una serie de murales, donde se narran aspectos bélicos, que pueden ser determinantes para el estudio de las migraciones indígenas por el continente americano. Al pie del talud también se hallaron restos de niños mal formados que fueron sacrificados.

EL UNIVERSAL está en posibilidades de ofrecer esta primicia -aun con fotografías- que era celosamente guardada por el arqueólogo Daniel Molina, encargado de los trabajos de descubrimiento y restauración en este lugar desde el cual se dominan perfectamente los valles de Tlaxcala, Cholula, Puebla y Huejotzingo.

Estos murales, en opinión del profesor Desiderio Hernández Xochitiotzin, pintor y delegado en Tlaxcala de monumentos coloniales, están mejor conservados que los de Bonampak, fueron logrados con pinturas vegetales, y han resistido el paso de los siglos, pues datan de los años 700 a 900 después de Jesucristo.

Javier Lima Paredes, director de Turismo del estado de Tlaxcala, narró a EL UNIVERSAL la historia de estos hallazgos:

"En noviembre de 1975, cuando el gobernador Emilio Sánchez Piedras se encontraba en una gira de trabajo, vio a un campesino que estaba sacando objetos de un hoyo. Se aproximó al hombre y lo sorprendió con una figura precolombina en la mano. Al volver a la ciudad de Tlaxcala mandó que se investigara aquel lugar. Pidió la colaboración del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

"Fue comisionado para los trabajos exploratorios el arqueólogo Daniel Molina. En cuatro meses, descubrió un palacio ceremonial que data del clásico tardío, en el que concurren una serie de culturas mesoamericanas, pues tienen de maya, mixteca, zapoteca, teotihuacana y algo de Xochicalco, Morelos.

"No han podido ubicarse exactamente, pero en el palacio ceremonial existen reminiscencias xicalancas, que era un grupo mercenario que con el tiempo adquirió cultura por la influencia de Cholula. Los xicalancas vivían entre Matamoros, Puebla y Huajuapan de León, Oaxaca, y tenían su capital en Tilantongo (cerca de Acatlán).

"Los xicalancas, ante las presiones de los mexicas, se alojaron en Cacaxtla, que significa, en lengua náhuatl, "lugar de escaleras". Ahí construyeron una fortaleza de tipo ceremonial y guerrera, desde donde podían los valles de Tlaxcala, Cholula, Puebla y Huejotzingo.

"Durante los trabajos del arqueólogo Daniel Molina, fueron apareciendo varios estratos que habían cubierto los murales (los primeros en descubrirse se encuentran en la parte superior; los recientes, en el talud, en la parte inferior) del centro ceremonial. Al retirar uno de los estratos, aparecieron los murales, en lo que era propiamente la construcción. Estos, no narran aspectos bélicos. En cambio, los de abajo, los de talud sí, y en ellos se da gran dignidad al vencido, aunque lo representan con las vísceras de fuera.

"En todos los murales, los de la parte superior y los recientemente descubiertos, se nota el tres venado, los numerales, que son típicamente mayas. En los murales superiores hay cangrejos, caracoles, tortugas, todos estos símbolos de influencia marina, desconocida en Tlaxcala. Se supone que estos jeroglíficos pueden ser de influencia olmeca.


También se nota la serpiente emplumada, como Quetzalcóatl, no como Kukulcán de los mayas. Por eso se supone la influencia olmeca. Curiosamente, en el cercano pueblo de San Miguel del Milagro (a un kilómetro de Cacaxtla), se venera al Arcángel San Miguel, abatiendo, venciendo a una serpiente, que es el mito más grande de los pueblos prehispánicos.

"Precisamente por el centro ceremonial de Cacaxtla, se supone ahora que los misioneros españoles inculcaron la fe en el Arcángel San Miguel. Tuvieron el propósito de destruir el mito indígena de la serpiente emplumada. En la actualidad, durante el mes de septiembre. San Miguel del Milagro es visitado por miles de romeros de Puebla, del Distrito Federal, Tlaxcala, Morelos, Hidalgo y del Estado de México.

"En Cacaxtla, recientemente (aún no dado a la publicidad) se acaban de encontrar restos humanos de sacrificios de niños. Esta es una característica muy especial dentro de los rituales indígenas. Y, precisamente fueron hallados al pie del talud donde aparecieron los últimos murales.

"En la parte superior de la construcción hay una estela que tapó una parte de los murales, lo cual revela otra época de la existencia de Cacaxtla. En ese lugar, lo que sobresale en la jamba, es la presencia de dos danzantes, donde se nota -también hay caracoles en derredor- la influencia maya.

"Se considera que los murales de Cacaxtla son mucho más claros que los de Bonampak y los expertos suponen que la pintura es de origen vegetal. Además, por la técnica usada, se entiende que esas culturas indígenas conocían la técnica del aplanado, puesto que los murales y los pisos están perfectamente aplanados".

Hasta aquí la explicación de Javier Lima Paredes.


Se han tomado precauciones muy pobres para preservar de los elementos naturales a estas joyas recientemente descubiertas.

Están cubiertas -en el talud- por una serie de láminas en la parte superior; al frente y a los lados, en una extensión de 20 metros, sólo por mantas.

Es sabido que en esa parte de Tlaxcala las lluvias, al contacto con la tierra, producen carbono, el cual deteriora las pinturas.

Tal vez por falta de presupuesto, pero los trabajos de preservación en Cacaxtla son muy rudimentarios y dejan mucho que desear, sobre todo, si tomamos en consideración el inestimable valor de los murales y los restos del palacio ceremonial.


En los alrededores hay mucho por explotar todavía.

En un cerro que se encuentra frente a lo descubierto, hay señales inequívocas de una pirámide enterrada.

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 7, 1976-1985. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987) 

jueves, 7 de noviembre de 2019

Xicoténcatl


Vamos a hablar de Xicoténcatl, el joven general tlaxcalteca, hijo del que llevó el mismo nombre y el mismo grado militar, y que era ya anciano al pisar Cortés el territorio mexicano.
Xicoténcatl aparece en la historia adornado por una parte de excelentes cualidades, y por otra, débil, transigiendo por algún tiempo con los enemigos de su patria. Sin embargo, su nombre y sus hazañas han pasado a la posteridad, y su gloria es mayor que la falta por él cometida.
Era ya general el joven tlaxcalteca cuando Cortés se presentó en Tlaxcala, y cuando la señoría discutió si debía o no concederse al jefe español el permiso que solicitaba para llegar a la capital. 
Xicoténcatl se adhirió a la opinión de su anciano padre, pronunciada por la guerra. En el primer encuentro con los españoles rechazó con gran energía las proposiciones de paz que se le hicieron, con la singular circunstancia, única en la historia, de haber proporcionado al enemigo víveres para que recobrase sus fuerzas antes de entrar a la lucha, a fin de que no atribuyese el éxito de la batalla a otra causa que no fuese el valor de los tlaxcaltecas. Xicoténcatl batió a Cortés con sólo dos mil hombres, forzó las trincheras, y peleó cuerpo a cuerpo.
La divergencia de opiniones, la conducta de la señoría, y las influencias de Maxixcatzin, frustraron las patrióticas miras del joven general y de los demás jefes que como él querían defender la patria. Entonces fue cuando Xicoténcatl apareció al lado de los conquistadores y figuró en sus filas para sojuzgar a los mexicanos, irreconciliables enemigos de los tlaxcaltecas, como es bien sabido.
Xicoténcatl, más tarde, abandonó las filas del invasor, de quien nunca llegó a ser un fiel aliado, como lo demuestra la altivez con que siempre le trató, y sobre todo, el hecho de no haber desplegado en su servicio el heroico brío y las grandes cualidades militares que ostentara al combatirlo. Mandóle perseguir Cortés, y Ojeda, que le aprehendió en Texcoco, y le ahorcó allí mismo. No satisfecho Cortés, embargó los bienes del guerrero y de su familia para adjudicarlos al rey de España.
No referimos las acciones de guerra en que Xicoténcatl tomó parte, porque sería prolija nuestra narración. Daremos, sí, una idea de lo que fue el valiente general, por medio del testimonio de una autoridad respetable en materia de historia.
Esta noble figura -dice el sabio Orozco y Berra- en su eruditísima Historia Antigua y de la Conquista de México-, maltratada en la pluma de algunos escritores, merece de toda justicia detenerse un poco en su presencia. Él sólo en todo su pueblo, se mostró patriota:manteniéndose firme contra los invasores, logró con su valor detener por algunos días la carrera victoriosa de los blancos, y cesó de combatir cuando no tuvo quien le acompañara al combate. Derrotado de continuo, no conoció el desaliento, volviendo a la pelea con doblado entusiasmo. Heroicos eran los civilizados acometiendo la inmensa muchedumbre que les rodeaba; pero mayor y de mejor temple era la heroicidad del bárbaro luchando contra la fortuna, la debilidad de sus compatriotas, contra los dioses invencibles y sus abrasadores rayos. Libre de las preocupaciones vulgares, leyó en el porvenir las desgracias que a su patria amagaban, y quiso conjurarlas; loables y meritorios fueron sus inútiles esfuerzos; si la fama no los ha pregonado cual debiera, es que la complaciente deidad sólo alaba a los triunfadores.”
El mismo historiador acabado de citar, refiere como sigue la muerte dada a Xicoténcatl por orden de Cortés: “En la ciudad (Texcoco) estaba preparada una horca muy alta, en la cual fue suspendido el guerrero, mientras un pregonero en recias voces decía la causa de su muerte. Así murió aquel bravo caudillo, el solo hombre patriota y previsor de Tlaxcala, que pudo leer en el porvenir la suerte preparada a su patria y a la señoría. Después de muerto, los guerreros se repartieron los fragmentos de la capa y del maxtlátl, teniéndose por dichoso el que podía alcanzar las reliquias del mártir. Herrera asegura que aunque orgulloso y valiente, murió con poco ánimo.
“se comprende: el guerrero indio no temía dejar la vida; titubeó ante la horca, suplicio infamante de los blancos, indigno de su nobleza y de su condición guerrera. Cortés guardaba absoluto silencio acerca del hecho. A Solís parece imposible que el jefe indio fuese ahorcado en Texcoco. Los acolhua ni algún otro de los aliados tenían simpatía alguna por el tlaxcaltecatl; la señoría dio su permiso para acto semejante; el ejército tlaxcaltecatl estaba dividido y a la sazón mandado por Chichimecatecuhtli, enemigo de Xicoténcatl: éste no tenía esperanza de salud por ningún lado. Por eso aquella ejecución, que pudo ser causa de un serio alboroto entre los aliados, pasó sentida en secreto por los buenos y difundió un profundo terror en la multitud.”
Oigamos ahora una brillante defensa del guerrero, hecha por el señor González en la obra intitulada Hombres ilustres mexicanos:
Hay muchas circunstancias -dice- que disminuyen el valor de la falta cometida por Xicoténcatl en sus últimos días; falta que ante el severo juicio de la historia amengua en algo la gloria del héroe. Pero nosotros observamos la conducta de otros personajes históricos a quienes venera el mundo, y nos inclinamos naturalmente a encontrar razones para disculpar a Xicoténcatl. Sucumbió éste a las manifestaciones del Senado y de la opinión de su país; participó del odio general en Tlaxcallan contra los mexicanos; pasó los límites de la obediencia debida a la autoridad y a la ley, y acompañó, aunque sin distinguirse en ningún combate, a sus antes enemigos y después aliados; conoció su falta; sintió el peso de la esclavitud, y abandonó el campo de éstos para ir al patíbulo, no por cierto, como traidor a su patria, sino como reo del delito de infidelidad a los conquistadores. Todo esto, que constituye la falta a que hacemos referencia, por grave que sea, es menor que la de otros héroes que el mundo venera a pesar de sus pasiones y de sus debilidades. Menos culpable nos parece Xicoténcatl siguiendo unos días a Cortes, que Temístocles ofreciendo los recursos de su valor y de su influencia a Xerjes, enemigo de toda Grecia; menos que Alcibiades, que instó a los espartanos para que fuesen a hacer la guerra y a destruir a Atenas su patria; mucho menos que Coriolano (Cayo Marcio) llevando una guerra desoladora a Roma y poniéndose al frente de los enemigos de la ciudad de Rómulo y de Numa. Pero para que se olvide la debilidad de Xicoténcatl, para que se le disculpe, le faltó nacer en Roma o en Grecia; le faltó un Píndaro que eternizase sus hazañas; le faltaron enemigos tan célebres como Artaxerjes y Agis; le faltó una esposa como Columbia, y una mujer como Virginia que le demostrase que obraba mal, y -permítasenos decirlo-, le falta algo la indulgencia de sus compatriotas.”
Como podría objetarse que la anterior defensa ha sido escrita por un mexicano, citaremos, en elogio de Xicoténcatl, las palabras de Prescott, a quien no puede tacharse de parcial. Dice, al concluir el capítulo tercero del primer tomo de su Historia de la Conquista de México:
La conducta de Xicoténcatl es calificada por los escritores españoles de bárbara y feroz. Es muy natural que ellos juzguen de esta suerte; pero los que están exentos de la preocupación nacional deben verlo de una manera muy diversa. Mucho hay que admirar en aquella alma elevada e indómita que como una magnífica columna se levanta sola y llena de majestad y grandeza sobre los fragmentos y las ruinas que la circuían por todas partes. Él dio muestras de perspicacia y sagacidad, puesto que, rompiendo el transparente velo de la insidiosa amistad ofrecida por los españoles, y penetrando el porvenir, entrevió las miserias en que iba a ser envuelta su patria y desplegó el noble patriotismo de quien intentaba salvarla a cualquier precio, y en medio del abatimiento universal, procura difundir en toda la nación el intrépido valor que a él le anima y alentarla a un último esfuerzo por conservar la independencia.”
Terminaremos diciendo que el sacrificio de Xicoténcatl se consumó en mayo de 1521.


(Tomado de: Sosa, Francisco - Biografías de mexicanos distinguidos. Colección “Sepan cuantos…” #472. Editorial Porrúa, México, 1998)

jueves, 14 de marzo de 2019

Lienzo de Tlaxcala





Características físicas. 

La referencia que nos acerca más a las dimensiones del lienzo es de Alfredo Chavero, quien menciona que era una tira de tela de algodón que medía "cinco varas y cinco sesmas de largo por dos varas y media de ancho", lo cual equivaldría a 4.87 por 2.08 m de acuerdo con Martínez Marín. Chavero también menciona que "la pintura es a la aguada, y ejecutada por los pintores indígenas tlacuilos". La aguada es una técnica que permite combinar diferentes niveles de agua con pintura.



Contenido. 

Este documento contiene elementos tanto de origen prehispánico como colonial. Se compone de una escena principal que se encuentra en la parte superior central y 87 escenas más pequeñas que se leen de manera horizontal, comenzando desde el extremo superior izquierdo. La escena principal representa la estructura política de Tlaxcala. Las escenas más pequeñas se dividen en varias secciones temáticas que aluden a las fases históricas de la conquista, desde la llegada de los emisarios de Cortés a Tlaxcala, su recibimiento y la alianza que hicieron con los tlaxcaltecas, la matanza de Cholula y la derrota de Cuauhtémoc. A partir de la lámina 49 se pintó la participación tlaxcalteca en la guerra de conquista y las expediciones al occidente. Tras la descripción de la forma en la cual la provincia de Tlaxcala colaboró con Hernán Cortés y sus tropas en la conquista de Tenochtitlan, se deja ver el esfuerzo de las autoridades tlaxcaltecas por demostrar a la corona española el derecho que les asistía de hacer peticiones y ser acreedores de indulgencias.


(Tomado de: Sandra Amelia Cruz Rivera - Lienzo de Tlaxcala. Arqueológica Mexicana, edición especial #42, La colección de códices de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. Editorial Raíces, México, D.F., 2012)

sábado, 15 de diciembre de 2018

Inundación de México, 1449

 
 
 
El año de 1449, formidables aguaceros hicieron subir de tal suerte el nivel de los lagos, que se inundó completamente la ciudad de México, no pudiendo efectuarse el tráfico sino en canoas. Motecuhzoma, para salvar la capital de su imperio, consultó lo que debería hacerse, con Netzahualcóyotl, que pasaba por gran ingeniero; y éste le aconsejó que construyera un gran dique, como lo hizo, del que aún quedan restos, especialmente en las cercanías de San Cristóbal Ecatepec, que son conocidos con el nombre de albarrada vieja de los indios. Fue ésta una notable obra de ingeniería indígena, que corría como tres kilómetros dentro de la laguna –en partes muy hondas-, tenía más de quince metros de ancho, y más de doce y medio kilómetros de largo. Fueron estos los primeros trabajos para intentar el desagüe de la ciudad de México.

Los indomables chalcas aprovecháronse de los perjuicios que la inundación había causado en la ciudad de México, para insurreccionarse de nuevo y sacudir su dominio; pero fueron otra vez vencidos y sujetados por Motecuhzoma.

Según el Códice Mendocino, este monarca conquistó también Atotonilco y Tollan (hoy Atotonilco y Tula, en el estado de Hidalgo). Hueipóchtla, Axocápan, Xilotepec, Itzcuitlopilco, Tlapacoyan y Chalpolicxitlan, situados al norte de México.
 
Otros fenómenos meteorológicos
 
Los años siguientes, desde 1450 a 1452, sobrevinieron fuertes nevadas, fenómeno absolutamente extraordinario en el Valle de México, que provocó la pérdida de las cosechas. La nieve causó muchas muertes, pues según se dice, les llegaba a los hombres a la rodilla y los indígenas no estaban preparados para resistir un clima tan desapacible. Además, las nevadas derribaron varios edificios y ocasionaron la interrupción del tráfico en la ciudad, produciendo una epidemia de gripa.

Como si esto no fuera bastante, el año siguiente de 1453, el calor y la sequía fueron tan grandes, que impidieron la fructificación de las mieses; así es que en 1454, que fue la fiesta secular del fuego nuevo, agotadas las reservas, vino el hambre a sentar sus reales en el imperio.
 
El año del hambre
 
En vano fue que los reyes aliados de México, Texcoco y Tacuba abrieran sus graneros e hicieran distribuciones públicas y gratuitas de maíz, pues eran ineficaces estos recursos para combatir la necesidad pública. La miserable gente se alimentaba con las más sucias alimañas, con las raíces de las plantas, y con las yerbas de los tulares; y aun se dio el caso de que muchos mexicanos se vendieran como esclavos por un puñado de maíz, en tanto que otros, abandonándolo todo, emigraban a tierras más fértiles. Como los mercaderes totonacas se presentaban comprando esclavos a cambio de maíz, hubo necesidad de dictar leyes sobre el caso, determinando que las ventas sólo serían válidas cuando se hicieran por quinientas mazorcas, tratándose de un hombre, y cuatrocientas tratándose de una mujer.

Tras el hambre se presentó la peste, su obligada compañera, y los caminos y la ciudad se veían regados de cadáveres de los que perecían, ya del hambre, ya del contagio.
 
La Guerra Florida o contra los enemigos en casa
 
Entonces, para aplacar a los dioses, que se suponían irritados, los sacerdotes decidieron que debía sacrificarse un gran número de hombres ordinariamente, sin esperar a tener cautivos hechos en guerra y que, para contar con ellos siempre, se hiciera un convenio con los de Tlaxcala, por el cual se señalase un campo donde combatieran los aliados con los tlaxcaltecas, simplemente para disponer de víctimas que sacrificar a los dioses, sin pretender los ejércitos combatientes ganar tierras ni señoríos, ni salir del campo señalado. Aceptada esta propuesta, se fijaron para tales combates las provincias de Tlaxcala, Huejotzinco y Cholula, que fueron llamados los enemigos de casa. En ella el número de los contendientes estaba igualado y, a consecuencia de ese pacto, no podían pasar los habitantes de esos lugares a México, ni a la inversa sin ser sacrificados. Esto explica por qué aquéllos señoríos no fueron conquistados por los mexicanos, a pesar de que otros muchos más poderosos y lejanos sí lo fueron.

La guerra que hacían –dice Pomar-, era cada veinte días, conforme a la cuenta de sus fiestas del año, de manera que una vez lo hacían con los tlaxcaltecas y otra con los huejotzincas, y ellos, por la propia cuenta, los aguardaban y los propios días en el campo y lugares de pelea, sin errarse jamás”.
 
(Tomado de: Alfonso Toro – Historia de México I, Historia Antigua)

miércoles, 19 de septiembre de 2018

José Agustín Arrieta


José Agustín Arrieta



Nació en Santa Ana, Chiautempan, Tlax., en 1802; murió en la ciudad de Puebla en 1874. Estudió pintura en la Academia de Puebla con los maestros Salvador del Huerto, Julián Ordóñez y Lorenzo Zendejas. En 1850 expuso en México el cuadro Eneas: en 1855, en Puebla, cuatro bodegones



y nuevamente en México, en 1865, el retrato de Juana Uranga de Arriaga y Joven leyendo frente a un espejo; en 1869, El último amor de la mujer, y en 1871 Una escena de familia y cinco bodegones. Sus mejores obras, que se apartan de los cánones de la Academia, representan escenas populares. El Museo Nacional de Historia conserva algunos buenos ejemplos de este género: Puesto de aguas frescas, Interior de pulquería y La sorpresa



el Museo Bello de Puebla, dos cuadros; otros tres la colección de Enrique Cabrera Bello, y la de Francisco Pérez Salazar China poblana con platón de mole y Costeño con fruta



En este último se evidencian, acaso más que en ningún otro, las altas cualidades del pintor. Los bodegones de Arrieta son de los cuadros decimonónicos más apreciados. Hay muestras excelentes en los museos Bello y del Alfeñique, en Puebla, y en poder de varias familias de aquella ciudad.


(Tomado de: Enciclopedia de México, tomo 1)

jueves, 16 de agosto de 2018

Clima de Anáhuac

Clima de Anáhuac

(José María Velasco - El Valle de México)


El clima de las tierras de Anáhuac es vario según su situación. Las marítimas son calientes, y por la mayor parte húmedas y malsanas. Su calor, que hace sudar aun en enero, es originado de la gran depresión de las costas respecto de las otras tierras, y de los montes, de arena que hay en sus playas, como se ve en la costa de la Veracruz, mi patria. La humedad proviene de las aguas que en gran copia se precipitan de las montañas que dominan las costas. En estas tierras calientes no hiela jamás, y en muchas ni aun tienen idea de la nieve, sino por la lectura de los libros o la relación de los extranjeros. Las tierras muy elevadas o contiguas a los altísimos montes eternamente cubiertos de nieve son frías, pero no tanto como las que son tenidas por tales en Europa. Los demás países mediterráneos en que estaba la mayor y mejor población de aquella tierra, gozaban y gozan de un clima tan benigno y dulce, que ni sienten los rigores del invierno ni los ardores del estío. Es verdad que en muchos de aquellos países hiela frecuentemente en el invierno y tal vez suele nevar; pero la leve incomodidad que ocasiona semejante frío no dura más  que hasta que nace el sol. No es menester otro fuego que el de sus rayos para calentarse en el mayor invierno, ni más refrigerio en tiempo de calor que el de la sombra. El mismo vestido que cubre a los hombres en los caniculares los defiende en enero, y todo el año el año duermen los animales a cielo descubierto.

Esta dulzura y apacibilidad de clima bajo la zona tórrida, es efecto de varias causas naturales incógnitas a los antiguos que la creyeron inhabitable, y a no pocos modernos que la reputan poco favorable a los vivientes. La limpieza y despejo de la atmósfera, la menor oblicuidad de los rayos del sol y su mayor demora sobre el horizonte en el invierno respecto de otras regiones más distantes de la equinoccial, contribuyen a disminuir notablemente el frío e impiden todo aquel horror que cubre a la naturaleza bajo las otras zonas. Se goza aun en aquel tiempo de la belleza del cielo y del verdor de las campiñas. Los días son entonces los más claros y las noches las más apacibles y serenas, cuando en las zonas templadas roban las nubes la vista del cielo y la nieve sepulta las bellas producciones de la tierra. No menores causas concurren en el estío a templar el calor. Las copiosas lluvias que bañan frecuentemente la tierra después de medio día, desde fines de abril o principios de mayo hasta septiembre u octubre, los altos montes coronados siempre de nieve y distribuidos por toda la tierra de Anáhuac, los vientos frescos que entonces soplan y la menor demora del sol sobre el horizonte respecto de las regiones de la zona templada, convierten el estío de aquellas felices tierras en alegre y fresca primavera.


Pero la apacibilidad del clima se contrapesa con las tempestades de rayos que son frecuentes en el estío, especialmente en las inmediaciones del volcán Matlalcueye o sierra de Tlaxcala, y con los terremotos que a veces se sienten, aunque con más susto que daño.


 A uno y otro efecto contribuye el azufre y otros materiales combustibles depositados en grande abundancia en el seno de aquella tierra. Las tempestades de granizo aunque no son más frecuentes que en Europa, han sido algunas veces notables por la enorme magnitud del granizo. En 1762 cayó en Huexotzinco una gran tempestad de granizo que alcanzó hasta la ciudad de Puebla, en donde entonces me hallaba.  En un monte vecino a Huexotzinco se hallaron granizos de tres libras, pero excede a este y a cuantos leemos en las historias el que cayó en las cercanías de Guadalajara en 1765, en que hubo granizos de más de 25 libras de peso. Arruinó esta tempestad algunos edificios rústicos y mató cuantos animales había en el campo. La relación que se me dio de esta tempestad en Valladolid de Michoacán, no me pareció creíble hasta que habiendo ido el año siguiente a Guadalajara, la reconocí cierta.

(Tomado de: Francisco Javier Clavijero – Historia antigua de México)

lunes, 16 de julio de 2018

Tlahuicole

Tlahuicole, célebre general tlaxcalteca

 
(Tlahuicole, escultura por Manuel Vilar, 1851. Museo Nacional de Arte, México)


Entre otras víctimas es memorable en las historias mexicanas la que en uno de esos asaltos apresaron los huexotzincas. Había en la arma de Tlaxcala un famosísimo general  nombrado Tlahuicole cuyo valor no era inferior a la asombrosa fuerza de su brazo. La macana con que ordinariamente combatía era tan pesada, que otro soldado de moderadas fuerzas apenas podía alzarla del suelo. Su nombre era el terror de los enemigos de la república y todos huían del lugar donde él se presentaba con su macana. Este, pues, en un asalto que dieron los huexotzincas a una guarnición de otomíes, en el calor de la acción se metió incautamente en un lugar pantanoso, en donde no pudiendo moverse con tanta libertad como había menester, fue hecho prisionero y, encerrado en una fuerte caja de madera fue llevado a México y presentado a Moctezuma. Este rey, que sabía apreciar el mérito de las personas aun en sus propios enemigos, en vez de darle la muerte le concedió generosamente la libertad de volverse a su patria; pero el arrogante tlaxcalteca no aceptó el favor, pretextando que, habiendo sido cautivo, no osaba presentarse con tan grande ignonimia a sus nacionales; que quería morir como los demás prisioneros, en honor de sus dioses. Moctezuma, viéndolo tan renuente a volver a su patria y no queriendo, por otra parte, privar al mundo de un hombre tan célebre, lo fue entreteniendo en la corte con el ánimo de ganarle la voluntad y servirse de él en beneficio de la corona.


Entre tanto se ofreció la guerra con el rey de Michoacán, cuya ocasión y circunstancias ignoramos, y envió su ejército a Tlaximaloyan que era la raya de ambos reinos, a las órdenes de Tlahuicole. Este general desempeñó con valor la confianza del rey, y aunque no pudo desalojar a los michoacanenses del lugar donde se habían hecho fuertes, les hizo muchos prisioneros y les quitó mucho oro y plata y con estas ventajas volvió a México lleno de gloria. El rey le dio las gracias y le convidó de nuevo con la libertad, y no aceptándola el tlaxcalteca, le ofreció el empleo estable de tlacatécatl o general del ejército, a lo cual respondió Tlahuicole con bastante desenfado que no quería ser traidor a su patria; que deseaba morir sacrificado, pero pedía a su majestad que fuese en el sacrificio gladiatorio, que sería el más honroso a su persona por ser ese el destinado a los prisioneros de mérito.


Más de tres años estuvo este célebre general cautivo en México con una de sus mujeres que de Tlaxcala se había ido a hacer vida con él; lo cual solicitaron verosímilmente los mismos mexicanos, por la esperanza de que les dejase una gloriosa posteridad que ennobleciese con sus hazañas la corte y el reino de México. Al cabo de los años, viendo Moctezuma la obstinación con que desechaba todos los partidos que le ofrecía, condescendió finalmente a sus bárbaros deseos y señaló el día del sacrificio. Ocho días antes comenzaron los mexicanos a celebrarlo con bailes y, cumplido el término, en presencia del rey, de toda la nobleza y de inmenso pueblo, ataron de un pie, según el rito establecido, al cautivo tlaxcalteca al temalacatl o piedra grande y redonda donde se hacía semejante sacrificio.


Salieron sucesivamente a combatir con él varios hombres esforzados, de los cuales dejó, según dicen, muertos ocho y heridos unos veinte, hasta que habiendo recibido un fuerte golpe cayó en tierra fuera de sí, y antes de morir lo llevaron a la presencia de Huitzilopochtli, en donde le abrieron los sacerdotes el pecho y le sacaron el corazón y echaron a rodar su cadáver, según la costumbre, por las escaleras del templo. Así acabó este famoso general cuyo valor y fidelidad a su patria lo hubieran elevado al más alto grado del heroísmo, si se hubiera dirigido por mejores luces.


(Tomado de: Francisco Javier Clavijero - Historia antigua de México.)





lunes, 11 de junio de 2018

Axayácatl

Axayácatl


Sexto señor de los aztecas, sucedió a su padre, Moctezuma I, en 1469; murió en 1483. Su nombre significa Máscara de agua.

Bajo su reinado se amplió el dominio tenochca. De temperamento guerrero y audaz, atacó ante todo el vecino reino de Tlatelolco, famoso por su gran mercado y rival de Tenochtitlan por sus pretensiones religiosas, que lo llevaron al intento de edificar un gran santuario a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Axayácatl mató con su propia mano a Moquihuix, último rey de los tlatelolcas, en el Templo Mayor de la ciudad (1473). Pretendió, sin éxito, dominar a Tlaxcala. En una expedición guerrera a los Altos de Toluca, participó personalmente en la batalla, pero un guerrero matlatzinca le hirió tan gravemente una pierna, que el rey quedó cojo. Posteriormente realizó otras expediciones que afirmaron el dominio azteca en la región de los huastecos; reunió riquísimo botín en oro, plata y joyas de todas clases, que habían de caer en manos de los soldados de Cortés. Murió a la edad de 30 años. Le sucedió su hermano Tizoc.

Bajo Axayácatl las artes religiosas llegaron a su máximo desarrollo. En esa época se labró la gran Piedra del Calendario, que pesa más de 20 toneladas y tiene un diámetro de 4 metros. Durán (Historia I), Torquemada (Monarquía Indiana I), Tezozómoc (Crónica Mexicana) y otros historiadores ofrecen numerosos datos sobre el reinado de Axayácatl. Su nombre tiene las variantes de Axayaca, Axayacatzin, (Mendieta), Axáyatl (Sahagún), Jayacazi (Relación de Ichcateopan) y formas similares. Se atribuye a Axayácatl un poema elegíaco en celebración de Itzcóatl. He aquí la traducción del doctor Ángel María Garibay K.:


Tú festejado eres, divinos hechos hiciste.
Pero quedaste muerto donde el camino se tuerce.
Hechos desoladores hiciste.
No sin razón, dijo un hombre:
“El que persiste llega a cansarse:
ya a nadie sostiene en vida el que da la vida.”
Día de llanto, día de lágrimas:
triste está tu corazón.

(Tomado de: Enciclopedia de México)

sábado, 24 de marzo de 2018

Jerónimo de Aguilar


Jerónimo de Aguilar



Intérprete de Hernán Cortés, nació en Ecija, España, hacia 1489; muerto hacia 1531. Educado para el sacerdocio y establecido en Darién, naufragó en la costa de Yucatán y cayó en manos de indígenas mayas. Llegó a ser muy estimado por el cacique, debido a su castidad. Cuando Cortés fue a Yucatán en 1519, Jerónimo llegó hasta él y, posteriormente, le sirvió de intérprete, pues conocía la lengua maya de Yucatán. Doña Marina (Malinche) hablaba a la vez los idiomas náhuatl y maya, de modo que ella fue la colaboradora de Jerónimo en las pláticas con los totonacos, tlaxcaltecas y aztecas, aun antes de aprender español.


(Tomado de: Enciclopedia de México)