Secretos y otras hierbas
Ya está arriba, a veces sin permiso del operador, pues no lo pide; su edad indefinida lo mismo puede ser los 18 años, los 25 que los 30; un saco azul de ligera tela entre cazadora antigua y chamarra moderna le da paquete, la camisa blanca de cuello abotonado pero sin corbata, el cabello negro y liso, trigueña cenicienta la piel de la cara; los ojos vivos, el labio ágil, mediana la estatura. Una maleta de nailon, tipo viaje aéreo, lo acompaña, y un folleto bulle inquieto en su mano derecha.
"Señores pasajeros: disculpen que les distraiga su amable atención, vengo ofreciendo a ustedes El maravilloso antiguo formulario azteca de yerbas medicinales, manual imprescindible de los secretos indígenas".
Todos soltado de sopetón. En efecto, alcanza a verse y leerse la carátula blanca del folleto, donde en título rojo se anuncia: Antiguo Formulario Azteca de Yerbas Medicinales...
Después de la carátula viene el texto que naturalmente no se puede ver ni leer, pero el de la voz se encarga de acotar:
"Aquí en estas páginas encontrarán los enfermos crónicos el esperado remedio para sus enfermedades, que hasta ahora no han podido curar, porque es bien sabido de los señores pasajeros que nuestros antepasados aztecas encontraron en las hierbas el secreto milagroso de aliviar los padecimientos que tenían, y esto mucho antes de la era moderna en que aparecieron las medicinas de patente que se venden en farmacias y droguerías a precios que la gente pobre y enferma no puede comprar si no es haciendo grandes sacrificios".
Los señores pasajeros unos miran al elocuente orador con ojos maliciosos de a mí no me ves la cara de tarugo, ni creas que me la pegas; otros simplemente lo miran con frialdad; algunos reflexionan que ese hombre habla como un libro abierto, con la pura verdad, pues no hay como las yerbas medicinales; y a los que pudiéramos llamar activos pian pianito les van creciendo las orejas del interés y la complacencia:
-Irene, lo que yo andaba buscando: algo de las hierbas curativas.
-Pos ándale, cómprale uno.
Y como si el vendedor las adivinara:
"Por sólo cinco pesos el antiguo formulario de plantas medicinales que revela los secretos de nuestros antepasados para arrojar las piedras de los riñones, desbaratar los cálculos biliares, hacer que los niños arrojen las lombrices que tanto los debilitan, conocer las propiedades del limón para la debilidad sexual y el derrame de la bilis, y las yerbas extraordinarias que hacen que crezca el pelo para que ya no haya calvos. El guayacán para la tisis, el cuachalalate para las enfermedades de las señoras y todo por sólo cinco pesos".
Las señoras Irene y Clotilde abren sus portamonedas.
"Si ustedes, señores pasajeros, van a las calles de Guatemala entre Argentina y el Carmen, allí se los venderán por el doble o el triple; yo se los vengo ofreciendo en esta mínima cantidad para ayuda a los enfermos, para que sanen rápidamente".
Irene y Clotilde no esperan más.
-Oiga, a ver: denos uno.
Gato por liebre
Otro, aunque puede ser el mismo -pues la oferta varía a ritmo de la producción y el consumo, o sencillamente por las reservas o "sobrantes" de puestos de periódicos, librerías y editoras-, es el vendedor que apenas pone pie en el estribo del camión y ya está voceando el estribillo automático.
"¡Variedadeess! ¡Varieeeedadsss!"
"La revista que vale cinco pesos llévela usted por un peso. Oferta de propagandaaa. Profusamente ilustrada a todo color, papel de lujooo. Recetas escogidas para la buena mesa. El último grito de la moda. La vida de Elizabeth Taylor y Richard Burton. Oferta por un pesooo. Llévela por un pesooo. Los dos últimos números por uno cincuentaa. Llévese dos por uno cincuentaa. Cada número con una novela completa de Corín Tellado. Una novela completaa!".
El pregonero muestra en lo alto la revista, despliega rápidamente sus páginas para que el pasaje se dé un quemón. El pregonero, lo que se dice un hacha, un lince, un lobo de la mercadotecnia, ha ido mezclando con estrategia digna de director de relaciones públicas los ingredientes de su recitado: páginas a todo color; recetarios de alta cocina; figurines de la última moda y patrón para confeccionarse precioso vestido en casa sin recurrir a la modista cara e informal; y el argumento irresistible: una novela completa de Corín Tellado.
En cuanto la primera clienta se anima y desata la timidez haciéndole "pst, pst", otras dos seguirán en la demanda. Y ya no importará que los dos ejemplares por 1 peso 50 centavos sean del año del caldo, las recetas para servirse en el real comedor del Palacio de Buckingham, a precio de libras esterlinas, y los vestidos para lucirse en el concurso -vestido- de Miss Universo.
Cuadernos, revistas, folletos, libros.
Subió nuestro hombre, traje y hasta corbata, ambos acabándose de malos tratos y tristeza, desflejándose, desvaneciéndose; pero confiriendo al personaje aire de gravedad y competencia, como conviene a un vendedor de libros.
"...y lo que cuesta en librería veinticinco pesos yo se los vengo ofreciendo aquí en la mínima cantidad de cinco pesos, como oferta de la Editorial Azteca. Especial para esta época de exámenes en que los estudiantes no tienen a quien recurrir para que los auxililen convenientemente. Cinco pesos solamente lo que en cualquier librería de 5 de Mayo y en la misma Editorial Azteca, que los ofrece ahora como oferta de propaganda, cuesta veinticinco pesos. ¿Quién quiere el suyo? Para ayudarse en los exámenes. Para que no pague veinticinco pesos"...
-Pst, pst -hace una muchacha-, venga señor.
El libro luce en la carátula gris a buenas letras azul rey, el título.
Segundo curso de matemáticas
Álgebra-Tabla de logaritmos
Luce encerrado en sobre de plástico que lo ciñe fuertemente; hay necesidad para hojearlo o de un cortapapel o de uñas afiladas; la señora mamá que acompaña a su hija hace uso de este último instrumento. El libro no tiene de matemáticas, álgebra y tabla de logaritmos sino las pastas, porque lo que éstas encierran es el álbum Las Maravillas del Mundo, editado por Pasteles y Bizcochos, S. A.
(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

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