Mostrando las entradas con la etiqueta francisco severo maldonado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta francisco severo maldonado. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de abril de 2025

Pacto social de los mexicanos, 1823

 



El pacto social de los mexicanos

[Loa a la independencia mexicana]

1823

Francisco Severo Maldonado 


Compatriotas: 

Ya sois libres, ya sois independientes: pero la independencia no basta por sí sola para hacer venturosa a la nación. Independientes son los Japoneses y los Chinos, independientes los Apaches y los Turcos, independientes las naciones más cultas de la Europea, envanecidas con sus constituciones y cartas o códigos políticos que a pesar del entusiasmo con que los aplaude la irreflexión o la ignorancia, no han bastado jamás para sacar de la abyección y la miseria a las grandes masas de los pueblos. Sólo un gobierno sabio e ilustrado, solo un gobierno que sepa abrazar todos los objetos de la pública y generar prosperidad bajo todos sus aspectos y atar todas sus relaciones, solo un gobierno montado sobre sus verdaderos quicios, cimentados sobre leyes dirigidas a afianzar infaliblemente a todos y cada uno de los ciudadanos sus derechos naturales e inviolables, única base y único fin de toda institución social, es el que puede haceros felices, preparar y consumar la regeneración política de los habitantes del vasto y opulento imperio mejicano. 

¡O águila sublime y generosa de Anáhuac! llegó por fin el fausto y bien hadado día en que, rotas las cadenas que impedían tu libre vuelo, puedas ya remontarte a la mayor altura. Apenas la fama de tu emancipación va a cundir y extenderse por la redondez de la tierra, cuando las naciones todas van a fijar sobre ti sus ojos perspicaces, o para celebrar el tino y la firmeza de tus primeros movimientos y recibir de ti lecciones de instrucción y de consuelo, o para mirar con desdén y compasión tu torpeza y extravíos. Ya que tus hijos han entrado más tarde, que los demás pueblos en la carrera de la libertad política; no, llenarán toda la elevación de tus altos y heroicos destinos, si alumbrados con la experiencia y luces de los gobiernos que les han precedido, no aciertan a formar un código que, asegurando tu felicidad interior por todos los medios, te convierta en el ídolo de todos los pueblos civilizados, y en un objeto de consolación y reconocimiento para todos los habitantes del mundo conocido. Tal debe ser forzosamente una ley orgánica y fundamental, deducida de las fuentes puras de la naturaleza, madre común de todos los mortales, y del incorrupto manantial del evangelio en que el mismo verbo santo, descendido del seno del padre de las luces, impuso a todos los hombres como una ley estrecha, la del amor recíproco y fraterno. 

Sí, mis amados compatriotas: la ley natural y la ley evangélica, éstas dos amables e íntimas hermanas que se ligan perfectamente y conspiran de consuno a la felicidad del hombre en el estado social, ved aquí las dos guías luminosas y brillantes que constantemente me han venido conduciendo en toda esta obra, que aunque dirigida desde luego a la nación española, porque tanto le conviene a ella, como a otras cualesquiera, y porque las circunstancias no me han permitido observar otro lenguaje, está sin embargo especialmente compuesta y formada para vosotros. Ilustre y generoso apóstol de la Puebla, inmortal y esclarecido Pérez, Troncoso, Herrera, Mier, Bustamante, Quintana Roo, Azcárate, Lloreda y algunos otros, que despreciando anatema fulminados por la superstición y el despotismo, sacudistéis en tiempo el baño de barbarie, adquirida en las escuelas españolas, y os habéis empapado en las buenas fuentes del derecho natural y público, vuestra concurrencia es la que imploro a nombre de la patria, uníos conmigo para zanjar los cimientos del imperio más firme, floreciente y duradero de todo el universo. * Sabios americanos, recomendables por vuestro acendrado patriotismo y por la profundidad y la extensión de vuestras luces, a vosotros toca censurar, criticar, adicionar y corregir este proyecto que tenga los defectos que tuviese, mejora notablemente la condición de todos los individuos de la generación presente, y remueve las causas radicales de los grandes males que aquejan a todos los estados, causas que han dejado intactas y vigentes los códigos inglés, francés y gaditano que solo tiene de español el nombre, pues en todas sus páginas respira lo galo y lo bretón con no pocos resabios del bárbaro y odioso feudalismo. Por desgracia no faltan entre nosotros algunos entusiastas  de ese plagio indecente y mal zurcido. Yo, para batirlo, no me valdré de otro argumento, que del irrefragable de los hechos, que de sus amargos y ominosos frutos. El ha dividido en bandos a la España, el ha desunido a los españoles a quienes debería haber unido estrechamente, el ha puesto a la nación en los bordes de su ruina. Extraño por cierto y azaroso beneficio, el que solo puede introducirse a la bayoneta, es decir, con el único argumento que propagó y mantiene vivo el islamismo en el oriente. Se cree comúnmente que la opresión y las desgracias de los pueblos no proviene de las leyes, sino de la de su transgresión o falta de observancia ¡ilusión peligrosa! ¡error grosero! Cuando la ley es buena, identifica a los gobernantes con los gobernados, todos y cada uno de los ciudadanos tienen un conocido interés en su más puntual, seguro, exacto y religioso cumplimiento. O americanos, adoptad el código que he tenido la noble osadía de proponeros, y bajad a los infiernos, sacad de sus abismos los espíritus más obcecados y confirmados en el mal para colocarlos en los puestos y empleos de todo género, y los veréis por una consecuencia inevitable, forzosa y necesaria de la buena legislación, obligados a conciliarse el amor, el respeto y la gratitud de los pueblos. Continuemos exponiendo este código, para que nuestros paisanos puedan convencerse de la certeza de nuestros vaticinios y promesas.


(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo III El constitucionalismo: un logro. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)