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lunes, 10 de julio de 2023

Ya nunca más; sin PRI


Sin PRI:

CUAUHTÉMOC, ¿EL RELEVO?


De crédulos y cándidos, los mexicanos tenemos poco: casi todo el mundo se imaginó desde el principio que la "corriente democratizadora" y la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas habían salido de las altas esferas del gobierno; luego hubo dudas cuando los ataques contra el hijo de Tata Lázaro menudearon y él tocó temas como la corrupción de Pemex y el verdadero poderío militar, pero eso acabó en el retiro de Heberto Castillo. De nueva cuenta, no hubo nadie que no estuviera seguro de que el grupo en el poder jugaba con dos barajas: Salinas o Cuauhtémoc, Cuauhtémoc o Salinas.

Los analistas imparciales están divididos. Unos consideran que la determinación estaba tomada desde el principio, y que se impulsó a Castillo para no hacer las cosas demasiado evidentes. Otros piensan que las dos postulaciones surgieron espontáneamente y se dejaron correr hasta que los estrategas del comando mayor advirtieron dos hechos: uno, la muy real y muy alarmante fuerza de Manuel J. Clouthier; dos, que el número de seguidores de Cuauhtémoc sí crecía, pero no a costa del PAN, sino a expensas del PRI.

Abundan los indicios que sugieren que los segundos estaban o están en lo cierto. A toro pasado, ¿no es verdad que la directiva del PRI y los funcionarios federales nunca le pegaron fuerte al michoacano? ¿No es cierto que los tres partidos que inicialmente integraron el Frente Democrático Nacional (el PARM, el PPS y el PST) fueron siempre de invernadero, abonados y regados con el agua y los fertilizantes que sólo hay en los canales y bodegas de la Federación? ¿No tuvo el ingeniero Cárdenas tres veces más dinero que cualquier opositor (13,800 millones contra menos de un tercio de subsidio para el PRT, para el PMS y para el PDM y nada para los panistas, que no aceptaron fondos públicos) y "buena prensa" en medios afines al PRI o de algún modo alineados con él?

Y los del revés. Clouthier arrasó por primera vez en Yucatán, pero los agentes federales sabían que le había ido inesperadamente bien en Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco. Luego vino el alarde en Puebla; el domingo 7 de mayo fue la "toma" de la plaza de toros de Cuatro Caminos y se comprobó que había empuje panista en el DF y en el estado de México. Siguieron Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, la Macroplaza de Monterrey y, después de muchos titubeos e indecisiones, el PRI escogió el peor momento para anunciar el fallo sobre Monclova y... sobre el gobierno y su partido cayó el cierre parcial de setenta carreteras, de Chiapas a Baja California, a cargo de un panismo tan disciplinado y entrenado que no se registró en toda la república protesta formal de los automovilistas perjudicados. Luego, a mediados de junio, la "cadena humana por la democracia" llevó a las banquetas de dieciséis kilómetros de la avenida Insurgentes una multitud como nunca se había visto.

En ese momento deben haberse reanudado, si alguna vez se suspendieron, las negociaciones. Con rapidez, sin paciencia para los que quisieron poner objeción, a matacaballo: a Clouthier no lo habían detenido la campaña de prensa para impedir que lo postularan, ni las acusaciones de que estaba al servicio de los norteamericanos, ni la agresión en Ciudad Juárez en la que asesinaron a una niña, ni la falta de dineros públicos, ni las puertas cerradas de algunos medios informativos; era, es, una amenaza muy verdadera y muy grande, y había que lanzar contra ella todos los proyectiles disponibles... incluso un segundo candidato del grupo en el gobierno.

Cuauhtémoc Cárdenas respondió tal vez a la pregunta de qué pondrán en el sitio del PRI que ya no existe: pondrían las mismas siglas, u otras, con una tendencia a la izquierda, y llamarían a los pseudopriístas como Porfirio e Ifigenia para reconstruir los cuadros del partido, diseminados por Echeverría y desechados despectivamente por Jesús Reyes Herodes.

Un proyecto así se tropezó con varios peros. Uno: la candidatura "única" de izquierda no le restó votos al PAN, aunque posiblemente romperá el frente para la defensa del voto, en el que los blanquiazules parecían tener puestas muchas esperanzas, y desde luego contó en contra de Clouthier en las casillas, a la hora de las actas. Dos: consecuentemente, la maniobra tampoco aumentó el número de sufragios en favor de los candidatos del PRI. Tres: no será difícil que los jefes del PRI y del FDN se entiendan y formulen una estrategia común (si entendimiento y estrategia no existieron desde el principio), pero entre los subordinados de ambos bandos las hostilidades fueron de veras y no hubo manera de diluirlas, aunque eso no tuvo significado sino hasta después del momento crítico de la votación.

Y cuatro: ¿habrá sido enterrado del plan y le habrá dado su aprobación el cetemista Fidel Velázquez?

Y cinco: ¿qué pasará en los ámbitos financieros nacionales e internacionales si se extiende la noción de que hubo y hay un acuerdo "secreto" entre el PRI y los izquierdosos, y de que el frente cardenista de reconstrucción nacional o cualquier pancarta equivalente desplazarán al liquidado partido del gobierno y se instalarán en su lugar con igual jerarquía, parecidas atribuciones y... una media vuelta al tornillo ideológico hacia la izquierda? ¿Volverán así del extranjero los grandes capitales?


(Tomado de: Teissier, Ernesto Julio. Ya nunca más México en 1989. Política mexicana. Editorial Grijalbo, S.A., México, Distrito Federal, 1989)

jueves, 27 de abril de 2023

Mando de un solo hombre


Mando de un solo hombre:

¿OBSOLETO? ¿PRÁCTICO Y MODERNO?

No hay fórmulas pacíficas ni afables para salvar el presidencialismo como hasta ahora se ha practicado en México. Es un método que no necesariamente desaparecerá pero que si, se pretende que siga en vigor, demandará una dosis masiva de autoritarismo, la que podría o no acarrear conflictos sociales, en la inteligencia de que aún así el procedimiento se modificaría sustancialmente.

¿Debe el próximo presidente mantener el dominio sobre el poder legislativo -y que por favor nadie hable de "aceptación razonada" por parte de los congresistas del PRI, pues nadie recuerda que una iniciativa de ley enviada de Palacio recibiera una votación en contra- y poder mandar a un abogado de sus confianzas para encabezar el poder judicial?

El "no" salta instintivamente a los labios, pero el tema requiere algo más de análisis. En estos últimos años del siglo XX, los teorizantes que hablan en contra del mando supercentralizado casi no tienen nada nuevo que añadir, pero los que opinan favorablemente dicen tener de su lado "experiencias históricas recientes", señalan a las Cuatro Hermanitas de Asia (Corea del Sur, Formosa, Hong Kong y Singapur) como ejemplos de países bien manejados y prósperos, y subrayan que cada uno de ellos tiene un gobierno de "mano firme"; de allí continúan a la llamada Tesis de Heinlein, según la cual "una sociedad industrial verdaderamente progresista es incompatible con una democracia verdadera y operante".

Robert Heinlein, un escritor de ficción científica que prefiere imaginarse variantes sociales en vez de jugar con rayos mortales y naves interestelares, no explica muy claramente el por qué de su afirmación pero se apoya un poco en la capacidad destructiva de las tecnologías y presenta una afirmación en seco, muy manuable para los debates no muy rigurosos.

Para quienes gustan de citarlo, sin embargo, el inconveniente es que con igual informalidad los partidarios de un sistema de frenos y contrapesos que aminore el poderío personal absoluto tienen para escoger, en México, ejemplos que van desde el absurdo risible hasta la tragedia negra: familiares y amistades designados en puestos de gabinete; amigos y amigas enriquecidos a lo tonto por medio de concesiones y contratos y negocios escandalosos; congresos que de pie vitorearon y aplaudieron a rabiar la primera gran devaluación de Echeverría y la "mexicanización" de la banca de López Portillo, para no hablar del día en que el candidato supuestamente amarrado, Mario Moya Palencia, recibió una ovación de los diputados por haberse presentado en el "augusto recinto" acompañado de Goyo Cárdenas, un célebre estrangulador de mujeres "rehabilitado". La broma de "es la hora que usted diga, señor presidente" tiene entre nosotros poca gracia, porque nos toca el nervio de la vergüenza ajena que nos dan los quinientos casos de abyección, indignidad y servilismo que cada uno puede mencionar.

Ciertamente un mandatario que tuviera la firme voluntad de impedir los actos de lambisconería podría lograrlo -lo consiguieron en sus respectivos periodos don Adolfo Ruiz Cortines y el licenciado Gustavo Díaz Ordaz-, pero al primero de esos personajes se le atribuye la reflexión de que "resulta extremadamente difícil aguantarle dos años de adulación y bajeza a un político mexicano". Los que saben de sicología explican la fragilidad de los poderosos ante el halago con la noción de que los seres humanos tenemos algo de narcisismo para equilibrar el instinto de autodestrucción, de modo que cuando un extraño coincide con lo que pensamos ya tiene andada una buena parte del camino.

 La necesidad de ponerle un punto final a la práctica del presidencialismo persiste y pasa por encima de todos los alegatos. La verdad es que se abusó y se abusa de él; que el pueblo mexicano está cansado de la prepotencia, que en ocasiones no es tanto del gobernante en turno como de quienes le rodean, pero de todas maneras a él es a quien se hace responsable por el silogismo de que si es capaz de echarlo a caminar debería ser capaz también de pararlo, y si no lo hace es porque no quiere; que al ejemplo de las Cuatro Hermanitas, cuyos jefes de estado practican un absolutismo solo ligeramente velado, pueden oponerse las evidencias de que el balance de los poderes dentro de un estado democrático funcionan sin problemas graves Y con grandes ventajas en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, España y otra decena de países que no tienen mucho que envidiar en materia de prosperidad y que representan desde la izquierda moderada hasta el conservadurismo, y desde las repúblicas hasta las monarquías.

El presidencialismo tiene desventajas políticas, económicas, sociales y de toda índole. Varios de los candidatos de la oposición a la presidencia lo impugnaron durante sus campañas, unos de frente y otros por inferencia; pero ninguno fue tan incisivo como el licenciado Antonio Ortiz Salinas, que en una conferencia en la Universidad Autónoma de Chihuahua, en diciembre de 1987, citó un caso que nadie puede ignorar.

Dijo que, en marzo de 1982, el entonces presidente José López Portillo pidió a dos personas que estudiaran "opciones para encarar la crisis económica". Esa pareja, en la que no estaban representados Hacienda y el Banco de México, le propuso en abril del mismo año la "nacionalización" de la banca, que de hecho ya era nacional. López Portillo solicitó luego la opinión de otras dos personas, a las que casi llegó a juramentar para que guardaran el secreto.

La noche del día último de agosto, el gobernante dio a conocer su decisión a una parte del gabinete, la indispensable para que la medida pudiera ponerse en práctica de inmediato. El día primero de septiembre, antes del informe, lo supieron otros colaboradores. Y allí sigue el texto de Ortiz Salinas:

"Se advierte que en este proceso de toma de decisiones no hubo conocimiento público previo, ni discusión o toma de opinión de otros sectores no intervinieron los funcionarios responsables del sector financiero [del gobierno] ni del sector privado, ni miembros del poder legislativo, ni de los medios de difusión, ni de ningún otro grupo de interés o depresión.

"La decisión fue tomada directa y personalmente por el presidente, sin otra opinión real que la del pequeño grupo encargado de preparar los documentos. La decisión así tomada es un claro ejemplo del presidencialismo en la toma de decisiones y del enorme poder concentrado en manos de una persona, así como evidencia de sus facultades reales de decisión, que le permiten actuar sin necesidad de negociación, consulta u opinión."

En El presidencialismo mexicano, un estudioso a quien ocasionalmente se considera muy cercano a las esferas oficiales muestra que tiene mucha independencia de criterio. El doctor Jorge Carpizo, rector de la UNAM, recuerda en ese libro que en 1976 el poder legislativo autorizó a Luis Echeverría a contratar créditos y empréstitos por 83,222 millones de pesos, pero él se fue de largo hasta 123,557 millones, un exceso del 48%, aparte de 100,000 millones que gastó sin molestarse en pedir la autorización de los diputados.

Conclusión del doctor Carpizo:

"...El presidente dispone en realidad de los fondos públicos como le parece, con una discrecionalidad absoluta, y la Cámara de Diputados ni siquiera se atreve a protestar, sino que busca argumentos para justificar esa situación…"

Y el remache:

"Pocas actitudes son tan peligrosas y tristes: en la práctica mexicana, el presidente y sus colaboradores no están sujetos a ningún control respecto a los gastos públicos, ni en cuanto a los empréstitos y créditos."


Queda todavía la sensacional sorpresa de otro estudioso del Derecho, cuyo nombre guardaremos para el final del capítulo. El jurista dice: "Creemos... con Montesquieu, que todo hombre investido de poder normalmente tiende a su abuso, y que es necesario implantar mecanismos institucionales que lo limiten".

(¿Para qué implantar otros, si los que existen serían suficientes? ¿Qué hay de malo con la división de poderes y con el respeto que el ejecutivo debería tenerles al legislativo y al judicial? ¿Para qué están allí, ya desde el enfoque de la organización de un estado democrático, las organizaciones intermedias de la sociedad civil, como los medios de información independientes, las agrupaciones gremiales, las cámaras empresariales y los clubes de servicio, para no mencionar sino unos cuantos? Hay un motivo para este pequeño olvido, pero lo veremos más tarde).

Mientras tanto continúa:

"El sistema mexicano es puramente presidencialista. El jefe del Ejecutivo federal es el mismo tiempo jefe del Estado y jefe del gobierno. La dirección política del gobierno federal es determinada libremente por el presidente, con independencia del poder legislativo; los colaboradores del presidente... son... auxiliares dependientes de su único titular... el presidente es políticamente independiente del congreso de la unión; esto es, no tiene que sujetarse a su opinión para imprimir a su gobierno las directrices que juzgue conveniente."

El hasta ahora incógnito jurisperito tiene más que decir:

"De manera directa o indirecta, el jefe del Ejecutivo controla también los nombramientos y el funcionamiento general del amplio sector público dependiente del gobierno federal."

En tres de los párrafos siguientes de su libro, el autor deja ver un poquito más de su pensamiento:

"Un fenómeno importantísimo para comprender la realidad del sistema político mexicano y el papel de la presidencia de la República es la organización del Partido de la Revolución Mexicana [quiso decir Partido Nacional Revolucionario] en 1929.

"Esta situación ha erigido al presidente de la República en el foco central de la vida política mexicana. El partido dominante [se refiere al PRI] provee la mayoría de los miembros del congreso de la unión, de las legislaturas de los estados y de los gobernadores de éstos, así como de los órganos municipales…

"De esta manera, el presidente de la República es constitucionalmente jefe del Estado y jefe de gobierno; políticamente es el jefe del partido dominante del país y árbitro de los diversos intereses que... presionan el poder público para obtener de éste actitudes y medidas benéficas para cada sector."

Y ahora sí, el título del libro: Estudios de Derecho Constitucional, editado por Porrúa en 1980.

Y el nombre del autor: Miguel de la Madrid Hurtado.


El rector Jorge Carpizo, por su parte, comentó: 

"El jefe real del PRI  es el presidente de la República, y nadie lo discute o duda... El hecho de ser jefe real... [le] otorga una serie de facultades situadas más allá del margen constitucional, como son... la designación de su sucesor, el nombramiento de los gobernadores, los senadores, de la mayoría de los diputados, de los principales presidentes municipales…"

Y allí es donde el rector de la UNAM abre la puerta para que entren los asegunes, porque a continuación dice que: 

"...es claro que el presidente saliente escoge a su sucesor, y tiene para ello un margen de libertad muy amplio; quizás su única limitación sea que el escogido no vaya a ser fuertemente rechazado por amplios sectores del país, lo que en realidad es difícil, o que... cometa un disparate garrafal."

Parte de la omnipotencia presidencial se comunica de alguna manera a los subalternos. En la ya célebre junta en la Universidad de California -donde los segundos de a bordo de los tres candidatos más populares sostuvieron el debate que sus jefes no quisieron tener en México-, Víctor Manuel Camacho Solís respondió que el PRI es muy fuerte porque tiene la mayoría de los votos, y al ejército de su parte.


(Tomado de: Teissier, Ernesto Julio. Ya nunca más México en 1989. Política mexicana. Editorial Grijalbo, S.A., México, Distrito Federal, 1989)

lunes, 3 de abril de 2023

Ya nunca más, gracias a la oposición

 

(Jesús Reyes Heroles)

Ya nunca más: gracias a la oposición

Enfrentarse al partido del gobierno en México fue, hasta hace unos años, algo que sólo hacían cuatro tipos de personas: los ilusos, los tercos, los negociantes y los paleros.

El ejemplo perfecto de los empecinados es el PRT [Partido Revolucionario de los Trabajadores], cuya fracción regiomontana se regodea con el autoimpuesto apodo de "los terkos". Los ilusos forman legión, en su mayor parte son de izquierda, y vienen, atrás, entre los que apoyan a Cuauhtémoc Cárdenas, son: el "movimiento al socialismo" [MAS], la "unidad de izquierda". Los paleros recibieron registro "condicionado" de Jesús Reyes Heroles, fueron indultados por Manuel Bartlett Díaz y se convirtieron en "traidores": el PARM [Partido Auténtico de la Revolución Mexicana], el PPS [Partido Popular Socialista], el PST [Partido Socialista de los Trabajadores]. Pero los ilusos también eran los panistas.

Eran. Treinta años atrás, en las tertulias priístas se soltaban risotadas cuando alguien repetía por enésima vez que en política los tarugos irremediables nada más venían con tres pintas: los que piden prestado para casarse, los que siembran de temporal y los que le van al PAN [Partido de Acción Nacional]. En algunas rancherías apartadas todavía cuentan el chiste, y aún lo festejan, pero las risitas ya son forzadas y no duran mucho.

Hay motivos de los que se quieran: en los veinticinco años desde 1961 hasta 1985, el PRI [Partido Revolucionario Institucional] duplicó el número absoluto de sus votos, pero el PAN quintuplicó los suyos; la proporción sobre la votación total se le cayó al PRI un 25%, mientras la de AN subía tantito más de 100%. No son cifras que pueden tranquilizar a un revolucionario que mire más allá de sus narices, especialmente si contempla el panorama mundial.

Pero no es únicamente el PAN el que se ha fortalecido espectacularmente, también los partidos del Frente Democrático Nacional [FDN] dieron la sorpresa, y la respuesta de los electores a las prédicas del PRT y del PDM [Partido Demócrata Mexicano] rebasó los cálculos más optimistas. Los únicos dos partidos cuya votación real ha disminuido en 1988 respecto de las que obtuvieron en los anteriores comicios presidenciales de 1982, y hasta en la elección de diputados federales de medios sexenio, en 1985, son el PRI y el socialista que ahora languidece bajo el nombre de PMS [Partido Mexicano Socialista].

En términos generales, pues, la oposición se vigoriza y el partido del gobierno declina. Era una tendencia visible desde hace veinte años -hay en las hemerotecas pruebas de que varios analistas la señalaron al principio de 1968, y la subrayaron en 1972-, lo diferente es que ya tomó velocidad e impulso, y encuentra una resistencia que es prácticamente nula en el PRI, combinada con un pataleo feroz, casi desesperado y hasta medio impúdico, de diversos órganos del gobierno. El partido de la revolución ya no puede hacer su propia defensa; el aparato oficial ha saltado a cubrir la brecha, con todos los inconvenientes políticos que eso tiene.

Ese triple fenómeno (un partido oficial agonizante, una oposición fortalecida y engallada, un grupo en el poder sin experiencia en el manejo de la política y con poco respeto para la opinión pública) ha cerrado definitivamente un capítulo de la historia nacional.

La situación política del país ha comenzado a cambiar profundamente, de raíz; el cambio puede tomar distintos derroteros y conducirnos a diferentes destinos, pero no puede detenerse: el último punto de regreso quedó probablemente tan atrás como el año de 1972. Pero esa historia, la de cómo fue "liquidado" el PRI, es harina de otro costal y costal de otra estiba, y la veremos a su tiempo. Lo del momento es reiterar que hay una serie de viñetas -presidencialismo imperioso, decisiones unipersonales, prepotencia priísta, desdén hacia la opinión pública, provocaciones de fanáticos religiosos en reversa, monopolio educativo, sindicalismo desenfrenado, prensa comprometida, empresarios opulentos al amparo de conexiones políticas- que ya vimos, o estamos a punto de ver, por última vez.

Repito que el cambio no necesariamente será inmediato, pero no puede tardar mucho: no un sexenio, ni siquiera la mayor parte de él, desde luego. Vuelvo a decir que podría venir de varios rumbos y llevarnos a diversas estructuras nuevas, pero que las condiciones y peculiaridades de la vida pública nacional que nos han sido familiares o ya se fueron o pronto se irán.

Ya nunca más.

Y eso debemos reclamárselo, o agradecérselo, a la oposición.


(Tomado de: Teissier, Ernesto Julio. Ya nunca más México en 1989. Política mexicana. Editorial Grijalbo, S.A., México, Distrito Federal, 1989)


lunes, 27 de febrero de 2023

Ya nunca más, así cayeron las fortalezas, 1988

 


Ya nunca más: así cayeron las fortalezas

En el mes de mayo de 88 los partidos de oposición se rebelaron y se revelaron: Cuauhtémoc Cárdenas derribó los obstáculos que impedían su entrada a los centros de educación superior y refrendó en la explanada de la rectoría de la UNAM con un mitin de muchas decenas de miles, el golpe que había logrado asestar en La Laguna, y que repetiría en Uruapan; Manuel J. Clouthier perspunteó el territorio con actos impresionantes en la provincia (Mérida, Puebla, Guanajuato, Querétaro, Jalisco, San Luis Potosí, Durango, Sinaloa, varios etcéteras) y remató con un triple alarde: la toma del Toreo, la concentración en la Macroplaza y, ya en el siguiente mes, la "cadena humana por la democracia"

Pero fue en junio cuando pudimos entender qué tan carcomidas estaban algunas de las maderas del barco insignia de la flota del gobierno. Ante un ataque decidido, feroz y bien planeado, los estrategas con la divisa tricolor se refugiaron en tres técnicas que habían usado antes pero sin llevarlas hasta sus últimas consecuencias como ahora trataron de hacerlo.

Acentuaron primero la táctica de "cono del silencio". Ya podía cualquiera de los antagonistas lograr lo que fuera, desde la concurrencia de una muchedumbre hasta una frase afortunada, que del sitio de su triunfo no saldría una palabra, ni una fotografía, ni una nota periodística que no fuera peyorativa o desinformadora. Era como si el pueblo o la ciudad hubieran quedado dentro de una campana de cristal: allí estaban pero no salían noticias, los habitantes no hablaban con los forasteros, los teléfonos no contestaban.

Intensificaron enseguida el priismo rabioso y excluyente de los medios de difusión. El tiempo en pantalla para Carlos Salinas de Gortari y sus partidarios se ensanchó y las notas televisadas, perifoneadas o escritas sobre sus contrincantes casi desaparecieron: en Imevisión todavía no hay menciones a cuatro de los cinco candidatos; en Televisa se calcularon ocho minutos para el PRI por uno -y no en el mejor tiempo, ni en días escogidos, ni en los canales de mayor penetración- para sus oponentes; en el radio sólo Radio Red se mantuvo imparcial; en los periódicos capitalinos usaron la fórmula de las ocho para el presidente, el cintillo para Salinas y tres o cuatro notitas de una columna en "los calcetines" para los demás.

Ordenaron, finalmente, un bombardeo nutridísimo sobre la psicología de los votantes indecisos con declaraciones triunfalistas y una cadena de encuestas en las que el ex secretario de Programación aparecía adelante de sus oponentes con ventajas increíbles. Desde los 20 millones de votos trompeteados por Jorge de la Vega hasta la famosa encuesta Gallup, los proyectiles de propaganda llovieron día y noche sobre televidentes, radioescuchas y leeperiódicos sin darles a los contrincantes del partido del gobierno ni los "dos dedos de orilla p'arrimar el cayuco", que tradicionalmente piden los jarochos.

Toda esa situación dio una vuelta de campana.

Como en el cuento de Humpty Dumpty, ni todos los caballos y todos los hombres del rey juntos, desde luego con los recursos del reino, pudieron cerrarle a Cuauhtémoc el paso a la UNAM, y allí quedó claro por primera vez que el "invencible" ya no era tal. Los hombres del FDN aplastaron los argumentos soflameros de la pureza académica, hicieron jirones los cuentos acerca de la paz necesaria para la investigación científica y pulverizaron las amenazas de que otros grupos podrían agredir a los cardenistas. El barro de los pies del gigante no solo perdió el barniz, sino que también apareció rajado.

al regreso de una particularmente favorable gira, Clouthier empezó el asedio contra el reducto de Televisa, cuyo propietario se había declarado priísta con todas sus consecuencias, entre ellas la de aquella equidad de ocho por uno "de acuerdo con los votos que sacaron". El panista hizo una declaración contra la cadena en el aeropuerto y de allí se fue a la avenida Chapultepec, donde dejó el primero de una larga línea de grupos que, plantados frente a la puerta principal del edificio de la empresa, sostenían unas pancartas en que afirmaban que sus programas noticiosos no decían la verdad. Emilio Azcárraga hizo equipo con hombres de carácter que tienen poder, saben usarlo y no ceden con facilidad a presiones, pero parece que el sistema de los blanquiazules golpeó en los ratings y en la credibilidad; el 23 de junio, un socarrón Manuel J. Clouthier fue entrevistado por Guillermo Ochoa y, lo que sea de cada quien, se despachó con la cuchara grande.

Dos días antes de que Televisa cambiara su actitud, Excélsior, considerado por muchos como el más poderoso de los periódicos capitalinos, arrió sus banderines de combate y, mandó a ocho columnas de primera plana, con dos bajadas a dos, una nota en que el PAN, su dirigente mayor y su candidato, aclaraban que jamás habían confesado anticipadamente su derrota porque estaban seguros de que ganarían. El más acometivo de los diarios había sido el primero en comprender que apuntalar al PRI contra viento y marea, contra la imparcialidad y a veces contra los hechos atestiguados por millones de personas, no aumenta el prestigio, no incrementa la credibilidad y no le sirve a nadie: ni al candidato ni a su partido ni al gobierno, ni mucho menos a la respetabilidad profesional del periódico.

Y en alguna parte del camino quedaron las encuestas -que fueron tantas tan patosamente forjadas, tan absurdamente exageradas que causaron risa- y las fanfarrias triunfalistas, unas y otras aplastadas por las proporciones tan descabelladas de sus fantasías.

La lección ha quedado clara: el mexicano medio quizás es todavía ignorante, falto de educación formal, pero ya nadie puede hacerlo comulgar con ruedas de molino, y el que lo intente tendrá que atenerse a las consecuencias, que pueden voltearle el chirrión por el palito.

De aquí en adelante, el manipuleo de la opinión pública tendrá que hacerse con procedimientos mucho más depurados, y si alguien se atreve tendrá que comenzar abajo de cero porque los programas puestos en práctica este año se estrellaron contra prejuicios y desconfianzas hacia el gobierno y sus amigos, sentimientos que antes no estaban allí; ergo, que el tiro salió por la culata.

Al "mexicano nuevo" podrán convencerlo; engañarlo fácilmente, de plano y en seco, no.

Ya nunca más.


(Tomado de: Teissier, Ernesto Julio. Ya nunca más México en 1989. Política mexicana. Editorial Grijalbo, S.A., México, Distrito Federal, 1989)


sábado, 8 de octubre de 2022

Corriente Democrática, 1986

 


Grupo político creado el 11 de julio de 1986 encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez para cuestionar el proceso de selección del candidato presidencial del PRI en 1987. 


(Tomado de: Roldán Quiñones, Luis Fernando. Diccionario irreverente de Política mexicana. Con ilustraciones de Helguera. Grijalbo/Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2006).


viernes, 2 de septiembre de 2022

Comisión de Concordia y Pacificación

 


COCOPA, Comisión de Concordia y Pacificación. Organismo parlamentario creado el 15 de marzo de 1995, integrado por diputados y senadores de los diferentes partidos políticos representados en el Congreso de la Unión para coadyuvar a la distensión y la pacificación en la zona de conflicto de Chiapas.

¿Quiénes integraron la 1a. COCOPA (LVI Legislatura, 1994-1997)?

*Sen. Luis H. Álvarez, PAN.

*Sen. Luis Felipe Bravo Mena, PAN.

*Sen. Heberto Castillo Martínez, PRD.

*Sen. Guillermo del Río Ortegón, PRD.

*Sen. Pablo Salazar Mendiguchía, PRI.

*Sen. Óscar López Velarde Vela, PRI.

*Lic. Juan Carlos Gómez Aranda, representante del Gobierno de Chiapas.

*Dip. Roberto Fuentes Domínguez, PAN.

*Dip. Rodolfo Elizondo Torres, PAN.

*Dip. César Chávez Castillo, PRD.

*Dip. Juan N. Guerra Ochoa, PRD.

*Dip. Jaime Martínez Veloz, PRI.

*Dip. José Antonio Michel Díaz, PRI.

*Dip. Marco Carlos Cruz Martínez, PT.

*Dip. Alejandro Moreno Berry, PT.


(Tomado de: Roldán Quiñones, Luis Fernando. Diccionario irreverente de Política mexicana. Con ilustraciones de Helguera. Grijalbo/Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2006).

lunes, 7 de marzo de 2022

El enemigo público número uno de México

 


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El enemigo público número uno de México

En la década de 1980 la sociedad recibió la noticia de un asalto de banco, pocos días después de otro que había sido llevado a cabo con el mismo estilo: espectacular, atrevido, violento y despreocupado. Ambos casos incluían un descarado desafío a la Policía.

El nombre del autor de ambos asaltos era Alfredo Ríos Galeana, de quien empezó a oírse en todos lados y sobre quien comenzaron a correr cientos de rumores. Para el momento de su aparición, Ríos Galeana ya era algo conocido: en los años setenta había sido comandante del temido Barapem (Batallón de Radio Patrullas del Estado de México), disuelto por órdenes del gobernador en turno a causa del gran número de quejas que habían sido pronunciadas por las arbitrariedades cometidas. 

Fue al quedarse sin trabajo, dicen los que saben, que Ríos Galeana organizó una banda delictiva para continuar con sus actividades ilícitas, pero ahora en forma privada. Sus conocimientos policiales le permitían estar siempre un paso adelante de sus perseguidores, aunque según el rumor, esto lo lograba gracias a que tenía infiltrados todos los cuerpos del orden.

La fama de Ríos Galeana, por supuesto, creció con cada golpe que asestó su organización que, según la gente, estaba compuesta por despiadados y sanguinarios asesinos, todos los cuales portaban armas de oro. En total, la banda de Ríos Galeana asaltó veintisiete bancos en un periodo de siete años, de 1981 a 1988. Y se dice que se sabía tan bueno que hasta tenía el descaro de advertir a la Policía sobre sus próximos robos.

La presión política y el asesinato de policías obligaron a los altos mandos a perseguir a Ríos Galeana como si se tratara de una fiera salvaje escapada de un zoológico. Tantos fueron los esfuerzos que lo detuvieron en varias ocasiones, aunque siempre era para verlo escapar. La primera vez fue en 1983, la segunda en 1984 y la tercera en 1985. Esta última la Policía lo encerró en el Reclusorio Sur, de donde Ríos Galeana escapó cuando diez de sus cómplices lanzaron una granada de mano en medio del tribunal que lo condenaría.

Así, la leyenda creció y creció, y con ella los rumores: se llegó a decir que Ríos Galeana había usurpado la personalidad del famoso cantante vernáculo conocido como el Charro del Misterio, que imitaba encapuchado a Javier Solís. Mientras tanto, su carrera delictiva continuaba en la ciudad de México y en los estados vecinos. Para entonces ya se le acusaba de robo, asociación delictuosa, porte y acopio de armas, homicidio, falsificación, evasión de presos y ataques sexuales.

Ríos Galeana cometió su único error a los sesenta y ocho años. Refugiado en Los Ángeles, California, decidió sacar una licencia de conducir. La Policía de esa ciudad lo detuvo y lo denunció ante su homóloga mexicana. Hasta ese momento, en 2005, había vivido en Estados Unidos casi veinte años, sin mayores sobresaltos ni preocupaciones, con los hábitos de un hombre de familia, como correspondía a un miembro de su congregación anglicana. El hombre de los mil rostros, por las cirugías plásticas a las que se sometió para evadir a la justicia, finalmente fue atrapado. A pesar de su edad avanzada, quienes lo consideran el enemigo público número uno de México siguen esperando oír que Ríos Galeana acaba de escapar de la cárcel. [murió el 4 de diciembre de 2019].


(Tomado de: Marcelo Yarza - 101 Rumores y secretos en la historia de México, Editorial Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2008)

jueves, 11 de noviembre de 2021

Juan A. Mateos

 


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Juan A. Mateos (1831-1913)

Guardaba cada batalla en su memoria o en los papeles sueltos en donde siempre escribía algún comentario o recuerdo que no quería se perdiera con el tiempo. En el campo de guerra se batía como si el fuego y el coraje dieran sentido a su vida. Pero el capitalino Juan Antonio Mateos era mucho más. Aquel 1854 había interrumpido su carrera de Leyes en el Colegio San Juan de Letrán de la Ciudad de México para luchar a favor de sus ideas liberales. El deber le había llamado a las armas, pero estaba seguro de que regresaría a la senda del conocimiento.

Así lo hizo en el momento en que la guerra se intensificaba. Aunque su participación en los campos liberales había sido trascendental, el destino le tenía marcadas nuevas y más importantes tareas. No por ello dejó de participar en grandes batallas, más aún después de enterarse de que su hermano Manuel había sido fusilado por órdenes del general conservador Márquez. Mateos no encontró consuelo hasta terminada la Guerra de Reforma, cuando por fin tuvo tiempo de escribir lo que había vivido como combatiente.

Sin embargo, aquella tranquilidad le duraría poco, pues la Intervención Francesa lo obligó a enfrentar a un nuevo enemigo. Esta vez su trinchera sería las de las letras. Por medio de varios artículos atacó la ocupación francesa y al llamado Segundo Imperio. Fue por uno de sus artículos, publicado en La Orquesta, que Mateos fue encarcelado.

La prisión no lo hizo cambiar de ideas. Una vez en libertad, volvió al ataque, esta vez criticando duramente el proyecto de colonización de Sonora. Ésta vez su castigo fue el destierro en San Juan de Ulúa y, meses más tarde, en Yucatán. Fue entonces que Mateos decidió volver a las armas. Con algo de fortuna logró ponerse a las órdenes de Porfirio Díaz, a cuyo lado luchó exitosamente en contra de las tropas invasoras. Mateos fue testigo y partícipe de la derrota final del imperio de Maximiliano y vio al poder republicano y progresista, en la figura de Benito Juárez, tomar las riendas del país. El capitalino no podía más que enorgullecerse de ello.

No descansó y siguió escribiendo, contando sus recuerdos de lo que había sucedido en el país y dejando crónicas fidedignas para la posteridad. Juárez le reconoció su aporte nombrándolo ministro de la Suprema Corte de Justicia. El abogado fue además diputado y director de la Biblioteca del Congreso, pero fue el soldado y el escritor el que ha pasado para siempre a la historia.


(Tomado de: Tapia, Mario - 101 héroes en la historia de México. Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2008) 

jueves, 16 de septiembre de 2021

Todo en Fidel era discreción

 

(Caricatura por Naranjo)

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TODO EN FIDEL ERA DISCRECIÓN... INCLUSO LA MUERTE

"El que se mueve no sale en la foto", ésta es, sin lugar a dudas, una frase perfecta para entender la figura de Fidel Velázquez, quizás uno de los líderes sindicales sobre los que más rumores se han creado. Que si se dormía en las conferencias, que si fue de ultraizquierda durante su juventud, que si amenazaba a los presidentes de la República con pararles el país, que si fue amante de las más bellas actrices mexicanas.

Hombre de disciplina radical, Fidel Velázquez representa como nadie al sistema político mexicano. Orador magnífico, fue líder de la CTM hasta su muerte, sucedida varios años después de lo esperado. Fue un hombre con un poder absoluto, capaz de amagar huelgas nacionales sin llegar jamás a una, dando a cada régimen lo que éste requería: disciplina, sometimiento, acarreados, cuerpos de choque. Destruyó el sindicalismo blanco y ahuyentó lo que él mismo llamaba "el fantasma comunista".

Pero si hubo un rumor que corrió sobre su humanidad fue el de su muerte. A Fidel Velázquez lo mataron muchos y muchísimas veces. Pero siempre, o casi siempre, resucitó.

La primera vez que lo enfermaron de muerte fue cuando tenía treinta años antes de que ésta sucediera. Todos los años el rumor sobre su delicado estado de salud aparecía no sólo en la prensa sino en las valoraciones políticas de los altos mandos, quienes debían preparar el cambio, acercarse a nuevos interlocutores, temer la desbandada obrera. Pero, como él lo dijo alguna vez en una entrevista, "la muerte es algo que tengo superado".

"Están ustedes hablando con un muerto", farfullaba en el interfón Fidel Velázquez Sánchez cuando se burlaba de los reporteros que corrían tras el enésimo rumor de su muerte.

Año tras año seguía ahí, y el rumor partía de nuevo: todas las enfermedades posibles, todos los desencuentros con grandes figuras, y él seguía ahí. Tan igual, que se llegó a decir que sólo tenía un traje, aunque en realidad tenía sesenta iguales.

Fiel a su partido, Fidel apareció en cuanto acto político fue necesario: ceremonias, asambleas, conferencias... ciertamente siempre vestido con el mismo traje oscuro, lentes negros, bien peinado. Hombre de fino sentido del humor, decía: "[Esos rumores] no me debilitan, me dan fuerzas porque he de tener poder para poder resucitar". En 1997 se cansó de vivir, y como siempre los tiempos son peores,: se perpetuó en la Güera Rodríguez Alcaine, su versión empeorada, que nos recuerda aquella frase del legendario Murphy: "Todo siempre puede ir a peor".

(Tomado de: Marcelo Yarza - 101 Rumores y secretos en la historia de México, Editorial Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2008)





jueves, 19 de agosto de 2021

¿Qué opinaba Fernández de Lizardi acerca de la independencia?

 

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¿Qué opinión tuvo Fernández de Lizardi acerca de la Independencia?

José Joaquín Fernández de Lizardi, autor de El periquillo sarniento, la primera novela hispanoamericana, reprobó desde siempre la corrupción de las autoridades coloniales. En su periódico El Pensador Mexicano atacó ferozmente al gobierno virreinal de Venegas. En un artículo felicitó al virrey por su cumpleaños y le sugirió modificar una orden recién emitida. El virrey lo mandó encarcelar y prácticamente por él se suspendió la libertad de prensa.

Para el escritor, quien fue una de las figuras políticas y literarias más importante de la época, la insurrección de 1810 había sido una improvisación sin resultados sustanciales, aunque eso no quiere decir que rechazara las ideas del cura Hidalgo. Por el contrario, Fernández de Lizardi era partidario de la independencia y alababa la lucha de José María Morelos y Pavón. Esto se puede constatar en su artículo "Aviso patriótico a los insurgentes de la sordina". Dio su apoyo a las ideas proindependentistas de los representantes americanos que fueron a Cádiz. Al restaurarse la Constitución de 1812, analizó en detalle el documento político en otro de sus periódicos, El Conductor Eléctrico.

En 1821 el ejército español había logrado capturar a todos los insurgentes, con excepción de la guerrilla de Vicente Guerrero. Ese mismo año, en su panfleto Chamorro y Dominguín, publicó "Diálogo jocoserio sobre la Independencia de América", en donde dijo que el ejército realista era tan débil que la independencia se daría casi por sí misma.

Es muy conocida su novela El periquillo sarniento, producto precisamente de la censura, pues al no poder redactar sus notas periodísticas, su máxima especialidad, decidió volcarse en la narrativa. Nunca perdió la oportunidad de educar, pues estaba convencido de la extrema importancia que esto tenía para las personas y desde luego para forjar a la nueva nación en vísperas de emerger. Por eso su estilo adopta un estilo de sermón. Su principal preocupación no era hacer literatura, sino corregir los abusos que existían en esa época en la sociedad. Sin embargo, ninguna causa le preocupó más que la educación infantil, una herencia de José María Barquera, editor del primer periódico mexicano: El Diario de México.

Fernández de Lizardi terminó por unirse al partido de Agustín de Iturbide en esta lucha por la búsqueda de la independencia. En Tepotzotlán, donde creció, era director del periódico que leían las tropas del Ejército Trigarante. Antes de que Iturbide fuera coronado emperador, Fernández de Lizardi se proclamó a favor de un sistema republicano. Después prefirió adoptar la monarquía con un emperador local, pues de acuerdo con los Tratados de Córdoba existía la posibilidad de que un Borbón viniera a gobernar México. Aunque intentó influir en las decisiones de Iturbide para lograr la institución de la monarquía constitucional, no lo logró y tiempo después le rogó abdicar. Tras la muerte del emperador disculpó sus peripecias en una obra titulada "Unipersonal de don Agustín de Iturbide, emperador que fue de México".

En 1823, en su periódico El Hermano del Perico que Cantaba Victoria, Fernández de Lizardi advirtió que existía la posibilidad de una nueva conquista española. Entre los ideales reformistas de Fernández de Lizardi sobresale su creencia en la igualdad ante la ley, por supuesto en la libertad de prensa, en la elección directa de los legisladores y en la importación de tecnología con miras a acumular el capital en México.

(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)


jueves, 15 de julio de 2021

¿Era fácil conseguir armamento para los insurgentes?

 


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¿Era fácil conseguir armamento para los rebeldes?

Conseguir los materiales de la guerra y el financiamiento era muy difícil, pues además de los riesgos que se corrían con ello había escasez de armamentos. Para conseguir las armas y las municiones era preciso recurrir al extranjero y entrar en contacto con las principales potencias por medio del contrabando. Las potencias que en aquel entonces podían auxiliar a los rebeldes eran Inglaterra, Francia, Austria, Estados Unidos, los estados alemanes y Rusia. Pero en ese tiempo Europa era un campo de batalla. Manuel Palacios Fajardo, un enviado venezolano, logró entrevistarse con Napoleón Bonaparte, quien hizo gestiones con el gobierno norteamericano en sentido favorable. Inesperadamente Napoleón cayó y la escena política modificó de nuevo su curso. El nuevo monarca de la Casa de los Borbones, Luis XVIII, buscaba afianzar la monarquía. Francia decidió apoyar a España para defender su colonia y hostilizar en todo lo posible a los rebeldes. A los patriotas mexicanos no se les ocurrió ir a Francia porque en México el sentimiento era antinapoleónico. La opción más viable, y por otra parte más cercana, era recurrir a los Estados Unidos, país que tenía una política compleja, pues establecía como principio mantener en todo lo posible la neutralidad con España por el asunto pendiente de la adquisición de la Florida y a la vez aplaudía la posible emancipación de las colonias norteamericanas.

Hidalgo, ya en Guadalajara,se dio cuenta de la necesidad de conseguir armamento. En 1810 nombró a don Pascual Ortiz Letona para que fuera a los Estados Unidos. Pero la carencia de un puerto dificultó la comunicación con el extranjero. Letona tuvo que ir a Veracruz, que era una ciudad realista, y en el camino fue detenido.

En marzo de 1811 Bernardo Gutiérrez de Lara se presentó en la Hacienda de Santa María quien expresó su entusiasmo sobre la Independencia y se prestaba a ir a los Estados Unidos con la misión de pedir refuerzos. Hidalgo le dio instrucciones verbales y Gutiérrez de Lara se encaminó a la nación estadounidense. En esa época el secretario de Relaciones Exteriores era James Monroe, autor de la inmortal frase "América para los americanos" y que tanto malestar han causado las variables infinitas de su significado.

Gutiérrez de Lara llegó a Natchitoches, en Luisiana, para entrevistarse con Monroe. Ante la petición, el secretario le dijo que apoyaría en todo a la independencia de las colonias españolas. Le daría armas y municiones, además de 27000 hombres, no sin antes establecer una "buena" constitución para establecer la felicidad de sus habitantes. La sugerencia del día fue adoptar la misma Constitución de los Estados Unidos para así formar una potencia norteamericana verdadera. El comisionado mexicano se levantó furioso de su silla. Pero su perseverancia era una de sus virtudes y envíó a un comisionado a Haití para pedir auxilio a su presidente. Sin embargo, Haití era neutral y no quería ayudar. Gutiérrez de Lara se dedicó a comprar municiones en el sur de los Estados Unidos ocupación muy difícil ante la extrema vigilancia del gobierno virreinal.


(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

lunes, 12 de julio de 2021

Gonzalo N. Santos


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Sí, declaro que un pinche muerto

más o menos no me va a quitar el

sueño, que no me voy a rajar de un

hecho que yo haya cometido o mandado

cometer, ni aquí en la tierra ni en el

cielo, a donde seguramente tendré que

ir a rendir declaración de mi paso por

la tierra; o tal vez al infierno, pero como

soy de tierra tan caliente no me va a

afectar la temperatura.

Gonzalo N. Santos

Gonzalo N. Santos (1897-1978) fue un cacique violento, corrupto y arbitrario, miembro fundador del Partido Nacional Revolucionario (PNR), cinco veces consecutivas diputado federal y senador, y gobernador de San Luis Potosí de 1943 a 1949.

Modificó la Carta Magna para promover la reelección de Obregón y se opuso a la no reelección de las Cámaras, que dio por resultado -según sus propias palabras- "el aborregamiento del poder legislativo, borregada que continúa produciendo abundante lana hasta la fecha".

En marzo de 1929, recién fundado el PNR, Gonzalo Escobar encabezó un movimiento contra Emilio Portes Gil que fue sofocado al poco tiempo, pero que sirvió de pretexto para que Gonzalo N. Santos lanzara un discurso en el que, además de amenazar a los opositores, auguraba el fracaso democrático del país:

"Camaradas de la Revolución, ¡a la guerra como a la guerra! Allá vamos a contestarles, en el terreno en que nos han citado. Quisimos demostrar ante el mundo entero que no queríamos una gota más de sangre en nuestra patria; que este ensayo cívico de este PNR resolviera las funciones cívicas del futuro; que el partido que se sienta más fuerte que nosotros y dueño de la razón, se nos enfrentase en el terreno del civismo, pero no quiere eso la reacción clerical."

Si estas palabras no lo hubieran hecho célebre, le habría dado fama la más conocida de sus frases: "La moral es un árbol que da moras o sirve para una chingada", la cual siguió al pie de la letra; como ejemplo, en 1929, durante la campaña electoral, amedrentó, ametralladora Thompson en mano, a los partidarios de José Vasconcelos.

Pero también lo distinguió su servilismo: la tarde del domingo 7 de julio de 1940, día de elecciones presidenciales, el candidato oficial Manuel Ávila Camacho recibió, como obsequio de Santos, una gran cantidad de insignias violentamente arrancadas por el cacique a los ciudadanos que vigilaban la casilla donde el presidente Cárdenas emitió su voto. Opositor a Almazán, esa mañana la había pasado aterrorizando a los seguidores del candidato.

Durante el período presidencial de Manuel Ávila Camacho, Santos preparó la iniciativa de ley para ampliar el periodo de los gobernadores de cuatro a seis años; aprobada esta ley, gobernó el estado de San Luis Potosí de 1943 a 1949, periodo durante el cual controló las fuerzas políticas del estado, incluyendo la prensa. Terminado su periodo, continuó manejando a su antojo a quienes lo sucedieron hasta que en 1957, ante la proximidad de las elecciones federales y las locales en San Luis Potosí, varios grupos de oposición intentaron desmantelar su cacicazgo.

Tras intensas y violentas movilizaciones sociales, en una de las cuales un agente disparó e hirió de muerte a un niño, el gobierno de Adolfo López Mateos negoció con los opositores al régimen de Santos el nombramiento de un gobernador interino en 1959. Después, durante las elecciones locales de 1961, el gobierno federal le dio la espalda a Santos. En 1978, el presidente López Portillo aprobó un decreto que expropiaba gran parte de las propiedades del cacique, quien murió el 17 de octubre de 1978 en la ciudad de México.

(Tomado de: Molina, Sandra – 101 villanos en la historia de México. Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F. 2008)


jueves, 20 de mayo de 2021

Brigada Blanca

 


Organismo contrainsurgente de élite constituida oficialmente el 7 de junio de 1976 con el nombre de Brigada Especial por Miguel Nassar Haro para perseguir y exterminar a los guerrilleros a mediados de la década de los setenta y principios de los ochenta.

¿Cómo estaba conformada la Brigada?

Eran aproximadamente 250 elementos; sus comandantes y las corporaciones que las integraron fueron:

Miguel Nassar Haro, comandante de la Brigada, Dirección Federal de Seguridad.

Florentino Ventura, Policía Judicial Federal.

Teniente Coronel Francisco Quiroz Hermosillo, Policía Militar Federal.

Jesús Miyazawa Álvarez, Policía Judicial del Distrito Federal.


(Tomado de: Roldán Quiñones, Luis Fernando. Diccionario irreverente de Política mexicana. Con ilustraciones de Helguera. Grijalbo/Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F., 2006).

lunes, 10 de mayo de 2021

Por qué tomaron los rebeldes el estandarte de la Virgen de Guadalupe como su imagen representativa


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¿Por qué tomaron los rebeldes el estandarte de la Virgen de Guadalupe como su imagen representativa? 

La devoción a la Virgen de Guadalupe en México es probablemente el factor religioso más importante en el país. Desde el siglo XVIII, pero en especial desde hace 200 años, tiene un papel fundamental en el sentido de la mexicanidad y de la identidad nacional. Así lo hizo saber fray Servando Teresa de Mier cuando en 1794 pronunció un sermón acerca de la Virgen de Guadalupe. El fraile regiomontano explicó que los antiguos mexicanos ya habían recibido la enseñanza cristiana antes de que llegaran los españoles, pues Quetzalcóatl era en realidad Santo Tomás. Éste cruzó el Atlántico para predicar la palabra de Cristo. Con estos argumentos ya no había justificación para la Conquista ni para la ocupación española. La aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531 le otorgó a la iglesia mexicana una espiritualidad propia. Ya no eran los misioneros españoles los portadores de la religiosidad; era la intervención directa de la Madre de Dios, quien escogió a un Indio como testigo de su aparición, lo cual le daba un sustento nativo y, lo más importante, americano.

Era una creencia muy difundida que la Virgen socorría a los pobres y a los oprimidos. La evocación de su nombre era un remedio para la sequía y las epidemias. Defendía a las clases menos privilegiadas de las injusticias de los ricos y poderosos. Los rebeldes incluso llegaron a creer que la Virgen de Guadalupe intervenía por medio de estrategias milagrosas en el campo de batalla.

Desde hace 200 años la iniciativa de utilizar el blasón de la virgen como símbolo de la insurgencia se le ha adjudicado a Hidalgo. Fue en parte una contestación al uso de la Virgen de los Remedios por parte de los realistas. Ignacio Allende, lugarteniente del cura, al igual que muchos otros testigos, subrayó la espontaneidad con la que el religioso eligió esta imagen como insignia. Esta acertada elección le dio al movimiento una legitimidad religiosa. Pero se tiene registro en el Archivo General de la Nación de una confesión judicial en la que Allende, en mayo de 1811, se muestra ambiguo en cuanto a la autoría de la elección: "por idea de alguno de la compañía". Aunque la paternidad de la idea por lo visto no está clara, lo contrario sucede en cuanto a la respuesta. La aprobación fue absoluta y determinó en gran medida (aunque no en su totalidad) el éxito del movimiento: la gente del pueblo que se unió al ejército de Hidalgo en 1810 de Dolores a San Miguel el Grande y finalmente a la ciudad de Guanajuato, llevaba el estandarte con la imagen de la virgen. Durante los años de la rebelión perduró el uso tanto de la iconografía como de la palabra. En el saludo cotidiano en plazas, zócalos, afuera de las casas o en los caminos la gente utilizaba algún tipo de seña: "¿Quién vive?" La contraseña era: "Nuestra Virgen de Guadalupe" o "América". El hecho de contestar "España" o "Nuestro Señor Fernando" significaba que se era realista. Además la ideología se portaba literalmente en las mangas, en donde era frecuente llevar todo tipo de insignias y distintivos. También se llevaba en los sombreros, que en el caso de los realistas era común ver los famosos "Fernanditos".

Miguel Hidalgo, como se acostumbra creer, eligió la imagen de la virgen sin mayor premeditación, pero el éxito de la elección residió en que liberaba a los criollos de sus orígenes españoles.

(Tomado de: Pacheco, Cecilia - 101 preguntas sobre la independencia de México. Grijalbo Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2009)

sábado, 14 de noviembre de 2020

El telegrama Zimmermann, 1917


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El telegrama Zimmermann

En 1917, el gobierno alemán reconoce que la Primera Guerra Mundial está a punto de dar un giro de 180 grados. Por error, uno de sus submarinos ha torpedeado y hundido el RMS Lusitania, un barco de pasajeros con bandera inglesa en el que viajaba un enorme número de norteamericanos. La entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra es cuestión de tiempo, a pesar de los intentos pacifistas del presidente Woodrow Wilson.

En los pasillos del lobby político-militar alemán se discuten enardecidamente las opciones que se tienen para impedir que Estados Unidos combata en territorio europeo. Después de dos largos y tensos días, el único camino que se reconoce como viable es llevar la guerra hasta América. El problema es que, para lograrlo, los alemanes necesitan un aliado del otro lado del Atlántico, un país capaz de enfrentar, con el apoyo alemán y en su propio continente, a los norteamericanos. Es así como el nombre de México se baraja y, finalmente, se opta por tender un puente con el gobierno revolucionario de Venustiano Carranza. La propuesta cruza el océano encriptada en el famoso telegrama Zimmermann, cuyo contenido fue cifrado en series de cuatro y cinco números.

La propuesta de los alemanes no dejaba lugar a dudas, como demuestra la traducción del telegrama enviado por el gobierno teutón a Von Eckardt, quien debería entregarlo al presidente de México:

"Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin ningún tipo de restricción. Sin embargo, nos esforzaremos por hacer lo suficiente para mantener la neutralidad de Estados Unidos de América. En caso de no alcanzar este objetivo, proponemos a México una alianza basada en los siguientes puntos: hacer la guerra de manera conjunta y declarar juntos la paz. Nosotros [Alemania] aportaremos la ayuda financiera que sea necesaria y nos comprometemos a la reconquista de México de los territorios perdidos de Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [la de Von Eckardt]. Usted será el encargado de discutir con el presidente mexicano lo dicho, tan pronto como el estallido de la guerra con Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe, además, sugerirle que invite a Japón a adherirse a este plan, ofreciéndose como mediador entre Japón y nosotros. Hágale notar [al presidente de México] que el uso despiadado de nuestros submarinos hace previsible que Inglaterra pida la paz durante los próximos meses."

Para los germanos su plan no podía fallar, sin embargo, no contaban con dos cuestiones fundamentales que, a la postre, serían las determinantes. La primera, que México no bien había terminado con la violencia revolucionaria, por lo que el gobierno de Carranza estaba más preocupado por los conflictos nacionales que por los internacionales. La segunda, que el medio utilizado para enviar el telegrama Zimmermann no fue del todo seguro, de modo que los ingleses y los norteamericanos conocieron su contenido aun antes que el gobierno de nuestro país.

El telegrama, que incluso fue interceptado en dos ocasiones -por los criptógrafos Nigel de Grey y William Montgomery, miembros de la inteligencia inglesa Room 40, y por un espía denominado Señor H, quien lo obtuvo en la oficina de telégrafos de la ciudad de México-, podía haber cambiado la historia del mundo si hubiera alcanzado su cometido. Pero México no hizo caso a la propuesta de los alemanes, quienes además hubieron de enfrentar las consecuencias de sus intenciones, más cuando el telegrama, que había sido entregado por el almirante Hall al ministro de Relaciones Exteriores inglés, Arthur J. Balfour, quien se lo envió al embajador estadounidense en Inglaterra, Walter Page, llegó a las manos de Woodrow Wilson, precipitando la entrada de los norteamericanos en la guerra hasta entonces continental.

(Tomado de: Marcelo Yarza - 101 Rumores y secretos en la historia de México, Editorial Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2008)

jueves, 17 de septiembre de 2020

Claudio Fox


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Claudio Fox 1886-¿?

Los asesinatos monstruosos de la carretera de
Cuernavaca constituyeron una de las páginas 
 más patéticas y sombrías de nuestra turbulenta
 Historia Patria.

Miguel Alessio Robles

Claudio Fox fue Jefe de operaciones del estado de Guerrero, lugar donde consumó diversos actos criminales que le valieron la baja durante el mandato de Emilio Portes Gil. Pero su carácter sanguinario vio su clímax cuando perpetró el asesinato del candidato a la presidencia Francisco R. Serrano y trece acompañantes en Huitzilac, Morelos, el 3 de octubre de 1927.
Ya a fines de septiembre de ese año Serrano sabía que no tenía posibilidad de ganar las elecciones contra Álvaro Obregón, así que se alió al general Arnulfo R. Gómez, decididos ambos a evitar la reelección del general por medio de las armas si era preciso; su intención era aprehender a Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Joaquín Amaro el 2 de octubre, durante una exhibición de maniobras militares en los llanos de Balbuena. Consumado el golpe, designarían a un presidente interino y convocarían a elecciones. Confiado, Gómez salió con destino a Veracruz para movilizar tripas en caso de que el golpe en la ciudad de México fallara, y Serrano informó a la prensa que iría a Cuernavaca a festejar su santo.
El 2 de octubre, Serrano esperaba ansioso en la ciudad morelense las noticias de lo acontecido en el Distrito Federal. Al inicio del día siguiente se enteró de que el golpe había fracasado y, unas horas más tarde, él y sus acompañantes fueron aprehendidos. Joaquín Amaro había desarticulado rápidamente el intento de golpe mientras, en el Castillo de Chapultepec, Calles y Obregón decidían el destino de los prisioneros.
"¿Para qué traerlos a México, si de todos modos se ha de acabar con ellos? Es preferible ejecutarlos en el camino" expresó Obregón; Calles y Amaro consintieron. Joaquín Amaro mandó llamar a Claudio Fox, quien se presentó en el castillo de Chapultepec y recibió la orden por escrito:
"Sírvase marchar inmediatamente a Cuernavaca acompañado de una escolta de 50 hombres para recibir a los rebeldes Francisco R. Serrano y personas que lo acompañan, quienes deberán ser pasados por las armas sobre el propio camino a esta capital por el delito de rebelión contra el gobierno constitucional de la República". La orden estaba firmada por el presidente Plutarco Elías Calles y llevaba la bendición de Álvaro Obregón.
A Cuernavaca llegó  el mandato de trasladar a los prisioneros a Tres Marías, donde debían ser entregados al general Claudio Fox. Serrano y sus acompañantes fueron obligados a subir a los automóviles con las manos atadas con alambre de púas. La carretera fue cerrada entre Tres Marías y Huitzilac, donde los presos descendieron de los automóviles y fueron obligados a caminar a orillas de la carretera.
Serrano estaba acompañado por los generales Carlos A. Vidal, Miguel A. Peralta y Daniel Peralta; por los licenciados Rafael Martínez de Escobar -ex diputado constituyente- y Otilio González, el ex general Carlos V. Araiza y los señores Alonso Capetillo, Augusto Peña, Antonio Jáuregui, Ernesto Noriega Méndez, Octavio Almada, José Villa Arce y Enrique Monteverde. Fox ordenó su ejecución al coronel Marroquín, quien con una pistola en una mano, una ametralladora en la otra y la boca colmada de insultos no dejó a ninguno de los prisioneros con vida. 
Los cuerpos fueron trasladados al Castillo de Chapultepec, donde Álvaro Obregón, al llegar frente al cadáver de Serrano, dijo: "Pobre Panchito, mira cómo te dejaron", y señaló: "a esa rebelión ya se la llevó la chingada". Al día siguiente los diarios publicaron la versión oficial de los hechos: "El general Francisco R. Serrano, uno de los autores de la sublevación, fue capturado en el estado de Morelos con un grupo de sus acompañantes por las fuerzas leales que guarnecen aquella entidad y que son a las órdenes del general de brigada Juan Domínguez. Se les formó un consejo de guerra y fueron pasados por las armas. Los cadáveres se encuentran en el Hospital Militar de está capital".
Serrano fue sepultado en el Panteón Francés; tiempo después, casi de manera clandestina, catorce cruces fueron colocadas a un costado de la carretera vieja a Cuernavaca que dan testimonio, hasta nuestros días, del lugar donde Claudio Fox ejecutó la matanza de Huitzilac.

(Tomado de: Molina, Sandra – 101 villanos en la historia de México. Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F. 2008)