lunes, 31 de enero de 2022

Manuel Gamio

 


Antropólogo y arqueólogo, nació y murió en la Ciudad de México (1893-1960). Abandonó sus estudios en la Escuela de Minería para radicarse en la finca de su familia en Santo Domingo, en los límites de Oaxaca, Veracruz y Puebla, donde aprendió náhuatl con los peones. Allí surgió su interés por los problemas sociales y económicos de los indígenas y del medio rural. Estudió arqueología con el doctor Nicolás León y con Jesús Galindo y Villa en el Museo Nacional (1906-1908), donde fue auxiliar de investigador en historia. Llevó cursos de arqueología en Columbia University bajo la dirección de Franz Boas (1909-1911). Fue miembro de la expedición arqueológica a Ecuador (1910). Obtuvo grados de Maestro de Artes (1911), de Doctor en Filosofía (1921) y de Doctor Honoris Causa en Letras (1948) en la propia Columbia. También obtuvo este grado en la UNAM (1951).

Gamio exploró en las cercanías de Azcapotzalco (1909) y en Chalchihuites, Zac. (1910); clasificó con Boas la cerámica del Valle de México, que llamó Tipo de los Cerros (1911); realizó la primera excavación en San Miguel Amantla, donde encontró tres tipos culturales, base de posteriores estratigrafías. Como jefe del Departamento de Antropología ordenó (1917) exploraciones en Copilco, Pedregal de San Ángel, para determinar si había objetos culturales bajo la lava, encontrando así la cerámica que llamó Arcaica o del Hombre del Pedregal; promovió que se investigara el montículo donde Cummings descubrió el monumento redondo de Cuicuilco; descubrió las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlan en el cruce de las calles Seminario y Guatemala, en la Ciudad de México; dirigió con Reygadas y Marquina las exploraciones del centro ceremonial de Teotihuacan llamado La Ciudadela, e hizo su restauración (1917-1920); y exploró en Yucatán y en Miraflores, Guatemala, C.A. (1925). A partir de esta fecha se interesó más por el problema del mejoramiento económico y social de los grupos humanos que por el aspecto histórico, constituyéndose así en el primer indigenista moderno. Desempeñó puestos importantes: director de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americanas; subsecretario de Educación Pública (1925); magistrado del Supremo Consejo de Defensa y Prevención Social (1930-1932); director del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (1938), y director del Instituto Indigenista Interamericano (1942-1960). Perteneció a treinta y una sociedades científicas del país y del mundo.

Sus obras principales: Arqueología de Azcapotzalco, México, 1912; Investigaciones arqueológicas en México 1914-1915, Washington, 1917; Monumentos arqueológicos en las inmediaciones de Chalchihuites, Zac., México, 1910; Forjando patria, México, 1916; Escandaloso fraude arqueológico, México, 1920;. El "Cerro del Conde", México, 1920; El censo de la población mexicana desde el punto de vista antropológico, México, 1920; Los cambios de gobierno en México, México, 1920; Álbum de colecciones arqueológicas seleccionadas por Franz Boas, México, 1921; El celibato y el desarrollo de la población en México, México, 1922; Los animales domésticos europeos y sus influencias en la cultura aborigen de México, México, 1922; Algunas sugestiones a los misioneros indigenistas, México, 1922; "Cultural Evolution in Guatemala and its Geographic and Historic Handicaps", en Arte and Archeology, 1926 y 1927; Las excavaciones del Pedregal de San Ángel y la cultura arcaica del Valle de México, México, 1932; Algunas consideraciones sobre la salubridad y la demografía en México, México, 1939; Algunas consideraciones sobre niveles culturales de los grupos indios y mestizos, ponencia presentada en Pátzcuaro, 1940; Calificación de características culturales de los grupos indígenas, México, 1942; Las características culturales y los censos indígenas, México, 1942; Consideraciones sobre el problema indígena en América, México, 1942; Exploración económico-cultural en la región oncocercosa de Chiapas, México, 1945; Consideraciones sobre el problema indígena, México, 1966; y Consideraciones sobre problemas del Valle del Mezquital, México, 1952. Escribió las novelas Estéril (1923) y Vidas dolientes (1937). Dirigió la obra La población del Valle de Teotihuacan, en tres volúmenes, que no ha sido superada (México, 1922).

El antropólogo peruano Luis E. Varcárcel dijo de él: "La obra de Gamio se emparenta con la de Bartolomé de las Casas y la de Tata Vasco. Sigue la salvadora tradición. Pertenece a la minoría de los hombres de América que no son cómplices, con su silencio, del crimen de genocidio que se ha venido repitiendo desde 1492. Don Manuel Gamio, desde su sitial de México, dirige, sin pausa, la gran cruzada. Le vemos enhiesto, desde Magallanes hasta Alaska, como un vigía, como un acucioso centinela."

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

domingo, 30 de enero de 2022

La metrópoli se embellece, 1943


(Anillo de Circunvalación, a la altura del cruce con General Anaya, viendo hacia el norte. Fuente: WEB)

La metrópoli se embellece.

*Una nueva avenida de cuarenta metros de ancho va a ser abierta para formar el primer anillo de circunvalación de la ciudad de México. 

(13 de septiembre de 1943)

Para formar el primer anillo de circunvalación de la ciudad de México se va a expropiar una gran extensión de casas a fin de abrir una nueva avenida de cuarenta metros de ancho que partirá de la calzada de La Viga, pasando por las calles de Vidal Alcocer, hasta llegar a la avenida del Trabajo, en una trayectoria de norte a sur.

Asimismo se trazará una calzada de oriente a poniente, haciendo la ampliación desde las calles de San Pablo en un ancho de veinticinco metros, hasta la avenida de los Insurgentes.

Los acuerdos correspondientes fueron tomados por la Comisión de Planificación del Distrito Federal en sus últimas sesiones y al efecto, con fecha primero del presente mes, el Diario Oficial publicó el decreto que declara de utilidad pública la ampliación de las calles de Vidal Alcocer y su prolongación hacia el sur, hasta las calles de Fray Servando Teresa de Mier.

Se especifica en el decreto que esta ampliación se hará con una latitud de cuarenta metros, para formar la rama oriente del primer anillo de circunvalación. Esta rama oriental se ligará con la calzada de La Viga, debiendo tener la misma anchura de cuarenta metros.

También se formará una plaza en las intersecciones de la rama oriente del primer anillo de circunvalación y la avenida de Fray Servando Teresa de Mier.

Las calles de San Pablo ampliadas en la latitud antes anotada, se prolongarán hacia el oriente con la misma latitud hasta establecer una liga con las calles de Carretones. Las calles de Olvera se prolongarán hacia el poniente hasta su intersección con la rama del primer anillo de circunvalación y se establecerá comunicación entre la segunda y la tercera calles. Se ampliarán a trece metros las calles de Ramón Corona y su prolongación hacia el oriente hasta la calzada de Balbuena; en el mismo sentido se prolongarán las calles de Uruguay hasta la rama oriente del primer anillo de circunvalación; se rectificará el alineamiento del paramento norte de la calle de Zavala y su prolongación hacia el poniente hasta el callejón de Manzanares; se modificarán los alineamientos de las calles tercera y cuarta de Manzanares; se ampliará a trece metros el callejón de San Simón; se rectificará el alineamiento de las calles tercera, cuarta y quinta del Rosario; se prolongará hacia el norte de la calle de la Cabala hasta la Plaza de la Soledad; se ampliará la Plaza del Carrizal, entre las calles de Carretones y Gómez Pedraza; se formará una plaza nueva frente al templo de la Soledad; se abrirá una calle para comunicar la plaza de San Lázaro con la calle de la Santa Escuela y se ampliará esta última calle en su extremo sur; finalmente, se rectificarán las calles de Nicolás Bravo, entre las de Alarcón y Héroes de Nacozari.

La simple enunciación de estas obras explica suficientemente la importancia de los trabajos que va emprender el Departamento del Distrito Federal para embellecer la ciudad y resolver los agudizados problemas de tránsito.

CUIDADO CON LOS COYOTES

La amplitud y extensión de las obras de urbanización, en opinión de autorizadas personas, hace posible la presencia de los coyotes que pueden entregarse a la tarea de comprar casas baratas, para después venderlas, en combinación con empleados carentes de escrúpulos, a precios altos, por lo cual los propietarios de fincas urbanas deben conocer pormenorizadamente los proyectos oficiales sobre el particular.

(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 3, 1936-1945. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)

miércoles, 26 de enero de 2022

Alberto Gallegos, otra ley fuga

 


Apenas habían transcurrido tres años, treinta y seis escasos meses cuando la sociedad volvió a conmoverse ante la presencia de otro espeluznante crimen, muy semejante al cometido por Luis Romero Carrasco, sólo que este último perpetrado en una sola víctima. También el instrumento asesino fue un grueso tubo, que en forma increíble y por la saña con que se ejecutó desbarató el cráneo de la acaudalada dama de sociedad, amiga de condes, reyes y otros miembros de la nobleza europea y altamente estimada en México. Ella era Jacinta Aznar, cariñosamente llamada por todos Chinta Aznar.

Ella vivía sola en una palaciega casa de la Avenida Insurgentes, precisamente en el número 17, y ahí con frecuencia la visitaban sus amistades, todos ellos del sexo masculino ya que, inclusive, según lo pusieron en claro las investigaciones posteriores al crimen, tenía un amante al que se le conocía como Paco, pero cuya identidad jamás trascendió.

Poco antes de ser asesinada los vecinos de la mujer se percataron de que varios sujetos habían estado en el lujoso domicilio de la dama, y después notaron que ésta había desaparecido, pero como viajaba frecuentemente a Europa se pensó que estaba allá, en el Viejo Mundo, disfrutando su dinero y su tiempo.

La verdad era muy distinta. Ella no estaba en Europa y ni siquiera había salido de su mansión, pero esto sólo pudo saberse cuando la fetidez que reinaba en torno a su casa llegó a tal grado que se hizo indispensable llamar a las autoridades para que investigaran, quienes debieron romper los ventanales para poder penetrar a la vieja casona.

El cuadro que apareció ante los ojos de los policías comisionados para el caso resultaba inenarrable: un cuerpo de mujer en completo estado de putrefacción, con la cabeza deshecha a golpes, cubierto con sangre ya seca y encima sábanas y cobijas tratando de esconderlo.

Dentro de la residencia el desorden hallado daba cuenta del saqueo que se llevó a cabo, o que pretendió hacerse por parte de los asesinos.

Los periódicos dieron cuenta pormenorizada del crimen y la sociedad se alarmó, lo mismo por la pérdida de la señora, quien era ampliamente conocida por todos los círculos, como por la artera forma en que perdió la vida.

Las primeras investigaciones dirigían la posible culpabilidad del homicidio contra un muchacho que era mozo y hacía mandados a Chinta, pero más tarde surgieron sospechas contra el fotógrafo José Sánchez y, finalmente, la personalidad del motorista Pedro Alberto Gallegos creció como principal responsable.

Buscando librarse de toda culpa, Gallegos lanzaba imputaciones contra sus coacusados y de un sujeto que sólo se conoció como Paco y de quien se dijo era amante de la señora asesinada.

El motorista Gallegos, quien también en sus ratos de ocio practicaba la fotografía, afirmó haber presenciado un disgusto entre la señora Aznar y el tal Paco, porque ella se negaba a firmar "esos documentos" que a él le interesaban tanto.

La policía nunca creyó que Paco existiera y se dio a la tarea de encontrarlo, pudiendo establecer que las meseras del restaurante Lady Baltimore lo conocían porque, dijeron, solía acudir a ese sitio a tomar café con la señora Chinta Aznar.

Sin embargo, Paco se volvió ojo de hormiga y jamás nadie habló con él, ni tampoco se pudo obtener una descripción allegada a la realidad, aunque todos coincidían en que "era elegante y tenía un lujoso auto".

El crimen se cometió el 22 de enero de 1932, pero cuando fue descubierto, por el olor nauseabundo que salía de la mansión, había transcurrido un largo mes, según dijeron los médicos legistas encargados de examinar el cuerpo de la mujer.

Gallegos, un tipo peligroso, muy hábil y labioso, trataba de enredar a sus coacusados para encontrar la forma de salir sin culpa, pero los agentes sabían que si alguno de los tres detenidos era el responsable del abominable crimen ese era Gallegos.

Y lo presionaron. Sobre él cayó el consabido auto de formal prisión por el asesinato de Chinta y quedó sujeto al respectivo proceso e internado en la Penitenciaría del D.F.

Después de que sistemáticamente eludió admitir que él era el feroz homicida, Gallegos envíó una carta al juez que tenía su caso admitiendo en ella la total culpabilidad y librando de toda culpa a sus coacusados.

Manifestó que el día de los hechos, 22 de enero, acudió a Insurgentes 17 para llevar a Chinta Aznar unos letreros que le había pedido, para anunciar la venta de su residencia.

Estaba con ella, y en algún momento la señora le dio la espalda cosa que aprovechó él para tomar unas costosas joyas que se encontraban sobre un mueble.

La dama se percató de eso y le llamó la atención, sumamente indignada, diciéndole que no iba a permitirle esa actitud y que llamaría a la policía.

Se acercó a la ventana con intenciones de abrirla y pedir auxilio y entonces, según el relato escrito del asesino, no le quedó otro camino que agredir a la señora.

Llevaba un tubo envuelto en unos papeles y lo sacó, comenzando a dar severos golpes contra la dama. Primero en la cabeza, la que le deshizo a golpes, y después en el cuerpo.

Ella cayó al suelo pesadamente y sin vida, mientras que Gallegos y compañía se dedicaban al saqueo, huyendo a la postre.

La confesión escrita resultó definitiva para condenar al chacal, y como en ella liberaba de culpa a los otros dos sujetos consignados con él se les dejó en libertad. Mientras tanto, él comenzaría a cumplir su larga condena de 20 años acordada por el juez.

Poco después se determinó que el feroz asesino, Pedro Alberto Gallegos, debería pasar a las Islas Marías para purgar en ese territorio la sentencia impuesta por el juez.

Se hicieron los preparativos y un día llegó a Lecumberri un piquete de soldados en pos del criminal, para hacer efectivo el traslado al Pacífico.

El torvo asesino, con caracteres físicos semejantes a los descritos por Lombroso, no podía ocultar el temor que ese "paseo" le producía y trató de evitarlo, pero no era posible. Junto con otros hampones de poca monta abordó el ferrocarril y el convoy partió.

Y cuando estaba en la estación de Lechería se produjo el desenlace de la tragedia de Insurgentes 17: las balas de los soldados que viajaban como escoltas del ferrocarril dispararon contra Gallegos cuando pretendió escapar.

En esa forma quedaba cerrado el caso de Chinta Aznar y una vez más la "ley fuga" había redituado utilidades de tipo social, porque deshacerse del criminal, que era Gallegos, resultaba una profilaxis de gran valor para las familias capitalinas y del país en general, que sintieron respirar con tranquilidad cuando se enteraron de lo sucedido.

Claro está que no faltaron algunas protestas de gente que no estaba de acuerdo con lo sucedido, argumentando que la "ley fuga" era una forma ilegal de matar.

Pero ¿acaso lo hecho por Luis Romero Carrasco y Pedro Alberto Gallegos no era, además de ilegal, sangriento, brutal e indebido?

La "ley fuga" había cumplido con su difícil cometido, la forma en que se hubiera efectuado realmente no importaba. Todo había sido en pro del castigo contra delincuentes, a quienes no tenía caso sostener en una prisión porque tarde o temprano retornarían a cometer más fechorías.


(Tomado de: Aquino, Norberto Emilio de - Fugas. Editora de Periódicos, S. C. L., La Prensa. México, D. F., 1993)

jueves, 20 de enero de 2022

Liberales en Cádiz, 1812

  


Mientras las guerrillas españolas y los soldados británicos combatían a los franceses, los liberales españoles pasaban el tiempo en Cádiz entre intrigas y peroratas. Cuando las cortes iniciaron sus procedimientos el 24 de septiembre de 1810, su primer acto fue declarar que estaban investidas con la soberanía de la nación española y que la regencia, como poder ejecutivo nacional que actuaba en representación de Fernando VII, debía reconocer esa soberanía mediante juramento formal. Fue entonces cuando el obispo de Orense prefirió renunciar a prestar juramento. El número de integrantes de las cortes fue muy variable en las distintas sesiones, pero según alguna fuente se componía de 158 diputados peninsulares y 53 americanos, aunque había entre estos últimos numerosos diputados suplentes. Un treinta por ciento de los diputados pertenecían al clero y un veinte por ciento eran funcionarios de gobierno; los demás eran abogados, militares y funcionarios locales en su mayoría. Desde un principio, predominaron en la asamblea los jóvenes liberales, quienes se habían nutrido de libros franceses, habían seguido modelos franceses en arte y literatura, y no veían razón alguna para optar por una política de corte británico. Al mismo tiempo temían la democracia pura y repudiaban el Terror que había ensombrecido el nombre de la revolución francesa.

El resultado de las deliberaciones de las cortes fue la Constitución de Cádiz, firmada el 18 de marzo de 1812 por 184 diputados. En ella se afirmaba que "la Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios" y que "la soberanía reside esencialmente en la Nación..." La principal encarnación de esta soberanía eran las cortes, cuyos miembros debían ser elegidos mediante un complicado sistema de juntas electorales en diversos niveles. Las cortes tenían poder para legislar; pero "la potestad de hacer ejecutar las leyes reside exclusivamente en el Rey", quien también era responsable de mantener el orden público y la seguridad nacional. Así se estableció de hecho una rigurosa separación de los ramos legislativo y ejecutivo del gobierno. A diferencia de su ejemplo francés, no hubo en ella una declaración de los derechos del hombre; en cambio, estableció que "la religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única verdadera". El propósito fue crear un Estado unitario, una nación homogénea compuesta por ciudadanos libres e iguales, pero se hizo caso omiso de las hondas lealtades provinciales de tantos españoles, en la península y en América.

Una vez concluidas las deliberaciones acerca de la Constitución, las cortes procedieron a suprimir todos los derechos y las jurisdicciones feudales que seguían existiendo, y luego, el 22 de enero de 1813, votaron por abolir la Inquisición. Con ánimo aún más desafiante, en febrero de 1813 prohibieron a las comunidades religiosas pedir dinero para restablecer sus casas tras la salida de las tropas francesas, y de hecho les ordenaron no admitir novicios. Estos actos fueron los que llevaron a Wellington a criticar a los diputados, porque "no se preocupan más que de su estúpida Constitución y de cómo seguir en guerra con obispos y sacerdotes..." Sin embargo, lo que más lo inquietaba era que la Constitución no ofrecía protección a los derechos y propiedades de los terratenientes. Por su parte, José María Blanco y Crespo, español exiliado en Inglaterra, descalificó la Constitución como pieza literaria, simple documento que no guardaba relación con las realidades de la sociedad y la política españolas.

(Tomado de: Brading, David - Apogeo y derrumbe del imperio español. Traducción de Rossana Reyes Vega. Serie La antorcha encendida. Editorial Clío Libros y Videos, S.A. de C.V. 1a. edición, México, 1996)

jueves, 13 de enero de 2022

El valle de las perfectas, Jalisco

 

(Piedras bola. Fuente: El informador.com.mx)

Si le contáramos al mundo que en nuestras tierras está el lugar donde las piedras nacen, no nos creerían. No es que nos adjudiquemos la paternidad del pedrerío de nuestro planeta. Es sólo que somos los dueños del Valle de las Piedras Gigantes: las perfectas, las enigmáticas y las imponentes.

No son 10 o 20, son cientos de esferas redondas, gigantes, las que"decidieron" aparecer en la sierra de Jalisco y las que se bautizaron como piedras bola. Desde cuándo, cómo y por qué están allí nadie lo sabe: para los lugareños fueron las "canicas" con que jugaban los dioses prehispánicos, para otros las piedras bola son recuerdos que dejaron seres extraterrestres.

El arqueólogo Mathew Sterling expresó, al encontrar algunos ejemplares, que eran el resultado de artesanía indigena hasta que descubrió el valle repleto de ellas y señaló que todas las tribus prehispánicas hubieran sido insuficientes para poder esculpir y redondear con tal perfección tantas piedras y de tal tamaño. Estudios posteriores revelaron su antigüedad (40 millones de años) mucho antes de la aparición del hombre sobre este planeta. Así se descartó la posibilidad de que fueran resultado humano y se regresó a las dos versiones originales: las piedras bola eran canicas de dioses o recuerdos de E. T.

Sólo que el Valle de las Piedras Bola ya había sido descubierto por el mundo y los expertos siguieron llegando. Todos buscaban descubrir sus misterios: ¿Cómo llegaron a ser tan perfectas? ¿Por qué la gran variedad de tamaños? ¿Cómo es que que algunas se encontraban agrupadas y otras en fila?  Unas pesaban hasta 12 toneladas; ¡Alguien las acomodó asi! Y la mayor interrogante. ¿Cómo se había logrado la redondez perfecta en piedras de granito tan duro? ¿Sería este valle un centro ceremonial prehispánico? No, no había trazas de que esta área hubiera sido habitada... Más expertos recorrieron el área, o más bien las áreas, porque antes de llegar al valle mismo ya las piedras se van anunciando. Primero surgen cinco majestuosos ejemplares, más adelante en la misma sierra de Ameca parecen brotar otras de la nada hasta llevarnos adonde nacieron todas, al Valle de las Perfectas.

Algunas exhiben descaradamente esa perfección, otras no se animan a brotar por completo como si escondieran a propósito su redondez. Algunas asoman su curva sin decidirse a brotar de una buena vez, pero hay muchas más, ésas que aún no nacen pero que se guardan bajo la tierra esperando siglos para aparecer.

Mientras, siguen asombrando al mundo con su perfección: unas más rugosas que otras, quizá la edad que las delata; otras totalmente lisas, quizá la juventud. Todas exhibiendo su misterio, y más que eso, su magia, una que pretende desconocer la ciencia al afirmar que nuestras piedras bola son el resultado de cenizas volcánicas cristalizadas y solidifica das, producto de avalanchas de cenizas calientes que fueron tomando formas redondas hasta enfriarse.

Esta versión dejó satisfechos a los geólogos y arqueólogos, no así a los lugareños ni a nosotros que preferimos seguir creyendo que la fantasía en torno a las piedras bola les permite mantener su magia y la nuestra: la de creer que en nuestras tierras nacen las piedras más perfectas del mundo, unas que están al alcance de quien quiera adentrarse a la sierra de Ameca en Jalisco, a quien quiera llegar al poblado de Agualulco del Mercado para desde allí seguir, ya sea a dos pies o sobre cuatro patas, por un camino exhuberante de vegetación variada, entre caminos estrechos y subidas rocosas hasta llegar, cuatro horas después, a los bosques de robles y encinos que esconden y protegen el Valle de las Perfectas... el lugar en donde nacen las piedras bola.


(Tomado de: Sendel, Virginia - México Mágico. Editorial Diana, S.A. de C.V., México, D.F., 1991)


lunes, 10 de enero de 2022

El santo de los narcotraficantes y de los jodidos

 


92

El santo de los narcotraficantes y de los jodidos

Se llama Jesús Malverde y, dice el rumor, fue un bandolero generoso que ayudaba a los más necesitados, una especie de Robin Hood que le quitaba a los hacendados y le daba a los pobres. Tiene levantadas varias capillas dentro y fuera de México, en las que aparece junto a las imágenes de San Judas Tadeo, Juan Soldado y la Santa Muerte, protectores de quienes se dedican a las actividades ilícitas, pero también al lado de la universal Virgen de Guadalupe. Se le representa como un hombre alto y fuerte, de bigote y cejas espesas y negras, con la mirada generosa del que está seguro de sí mismo y peinado como Pedro Infante: un típico galán norteño.

Malverde nació, dicen por ahí, en 1888 en el estado de Sinaloa. Su fama como santo encuentra origen en su propia muerte, cuando fue herido por la Policía con un tiro que le causó una herida en la pierna y que se infectó hasta causarle la gangrena de la extremidad. Antes de morir, Malverde le pidió a su mejor amigo que lo entregara y que cobrara la recompensa, para que pudiera distribuir ese dinero entre la gente más pobre de la región.

Así, el rumor sobre Malverde se suma a los de otros ladrones emblemáticos, como Chucho el Roto. Entre los incontables milagros que se le atribuyen al santo de los malandrines, está el que asegura que el día mismo en que el capo Julio Escalante ordenó el asesinato de su hijo, quien había osado hacer negocios sin consultárselos. Malverde intervino para salvar al muchacho, que fue rescatado por unos pescadores de las aguas donde lo habían lanzado.

En recuerdo del día que murió, el 3 de mayo de 1909, sus devotos se vuelcan a las capillas y le ofrendan desde camarones hasta piedras, que recuerdan la forma en que el pueblo dice haberlo enterrado, cubriendo su cuerpo con rocas, pues las autoridades prohibieron darle cristiana sepultura.

La Iglesia católica no acepta su santidad, puesto que no hay registros probables de su vida y menos aún de que haya hecho milagros. También los historiadores cuestionan su existencia, atribuyendo sus aventuras a otra persona, llamada Jesús Juárez Mazo. Sin embargo, el director del Archivo Histórico de Sinaloa, Gilberto López Alanís, encontró en el año 2004, en los archivos del Registro Civil de Culiacán, un acta de nacimiento de 1888 que corresponde a un niño llamado Jesús, hijo de Guadalupe Malverde. El acta dice: "En Culiacán, a 5 de marzo de 1888, el juez del estado civil de esta capital hace constar que el encargado del registro civil de esta capital de Paredones ha remitido a este Juzgado un acta del tenor siguiente: En Paredones, a 15 de enero de 1888, ante mí, Marcelino Zazuela, compareció el C. Cecilio Beltrán, mayor de edad, soltero, jornalero y de esta vecindad, y presentó un niño vivo, nacido en este lugar hoy a las 5 de la mañana, a quien se puso de nombre Jesús, hijo natural de Guadalupe Malverde, mayor de edad, soltera, y de este punto. Fueron testigos de este acto los CC. Cipriano y Tiburcio Espinoza, mayores de edad, solteros, jornaleros, y de este don. La presente acta interesada exponente y testigos manifestaron su conformidad, ratificaron su contenido, no firmado, por no saber".

Lo indudable es que el pueblo, especialmente los que ponen en riesgo su vida o van a cruzar la frontera con Estados Unidos, se encomienda a este bandido generoso o ángel de los pobres. Y que también los connotados narcotraficantes Rafael Caro Quintero -que como sabemos ofreció pagar la deuda externa-, Ernesto Fonseca Carrillo, don Neto; Miguel Ángel Félix Gallardo, el Padrino; y Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos, fueron o son sus fieles devotos.

(Tomado de: Marcelo Yarza - 101 Rumores y secretos en la historia de México, Editorial Grijalbo, Random House Mondadori, S.A. de C.V., México, D.F., 2008)


sábado, 8 de enero de 2022

Hongos sagrados, redescubrimiento en México

 


[...] En la historia en desarrollo de los hongos mexicanos, es obligado un reconocimiento especial a la contribución del sabio amateur (en el significado original, complementario, del término), R. Gordon Wasson. Él y su finada esposa. Valentina P. Wasson, redescubrieron, a mediados de los años cincuenta, el culto viviente del hongo entre los indios oaxaqueños, y eso los convirtió en objeto de atención mundial, no sólo a través de las páginas de la revista Life y en las publicaciones científicas sino también en su extraordinario libro Mushrooms, Russia and History (1957). En esas páginas Borhegyi y Wasson sugirieron una conexión entre los hongos sagrados de México y los hongos de piedra prehistóricos de Guatemala. 

Ésa fue la primera vez que se consideraba por escrito tal posibilidad. Pero esto nos lleva un poco adelante en nuestra historia, que propiamente debe de empezar en el siglo XVI, cuando Sahagún describió por primera vez los hongos alucinogénicos de tallo esbelto con pequeñas cabezas redondas que los aztecas llamaban teonanácatl, carne o alimento de los dioses. Bernardino de Sahagún explicó que éstos usualmente eran ingeridos con miel (como también se dice que los toman los lacandones), y que podían tener efectos agradables o aterrorizantes. 

Francisco Hernández (1651) fue más específico: mencionó tres tipos de hongos intoxicantes que eran reverenciados por la gente del México central durante la época de la Conquista. En el siglo XVII, Jacinto de la Serna y Ruiz de Alarcón aún se hallaban perturbados por la continua supervivencia de tales hongos en el ritual indígena, pero a partir de entonces desaparecieron de la literatura antropológica, sin que uno solo fuese identificado botánicamente; permanecieron tan ignorados que el botánico-economista Safford (1915) decidió que no habían existido en absoluto y que el teonanácatl ¡tuvo que haber sido peyote! 

El veredicto etnocéntrico de Safford llegó a ser aceptado ampliamente a pesar de algunas referencias históricas muy especificas, como la descripción de Sahagún: “Crece en los valles, entre la hierba. La cabeza es pequeña y redonda, el tallo largo y delgado.” Esta descripción difícilmente corresponde al cacto del peyote, que se da solamente en los altos desiertos semiáridos del norte. 

Una de las personas que no estuvieron de acuerdo con Safford fue el ya mencionado Dr. Reko, quien insistió en que las viejas fuentes estaban en lo correcto y que el uso de hongos alucinogénicos verdaderamente sobrevivía en los pueblos de las montañas de Oaxaca.

HALLADO AL FIN: UN CULTO DEL HONGO VIVIENTE EN MÉXICO 

A fines de los años treinta se demostraría que Reko tenía razón. En 1936 “Papá” Weitlaner encontró hongos mágicos por primera vez en las tierras mazatecas de Oaxaca. 

Envió una muestra a Reko, quien a su vez la mandó al Museo Botánico de Harvard, pero desafortunadamente ésta llegó muy deteriorada y no se pudo identificar. En 1938, Weitlaner, su hija Irmgard y el que después sería su esposo, Jean Basset Johnson, durante un viaje de campo a Huautla de Jiménez se convirtieron en los primeros extraños a los que se les permitió presenciar, aunque sin participar, a un ritual de curación de toda una noche en el que se comieron hongos. Johnson, quien perdió su vida en Noráfrica en 1944, describió la experiencia en un encuentro de la Sociedad Mexicana de Antropología en agosto de 1938 y en una ponencia más extensa que fue publicado por el Museo Etnográfico de Gothenburg (1939). 

Johnson escribió que el uso del hongo parecía estar diseminado en toda la región mazateca; los chamanes o curanderos los usaban con el propósito de adivinar la causa de enfermedades, y se creía que los hongos, a los que se reverenciaba devotamente, eran los que hablaban durante la sesión y no los curanderos. Johnson también confirmó que los indios conocían no sólo una sino diversas variedades de hongos intoxicantes. 

En agosto de 1938, un mes después de la experiencia de Weitlaner y Johnson en Huautla de Jiménez, Schultes y Reko recibieron de los informantes indígenas del mismo pueblo muestras de tres distintas especies que, se les dijo, eran reverenciadas por la gente a causa de sus propiedades visionarias. Schultes tomó notas meticulosas de su morfología y en 1939 publicó la primera descripción científica. En 1956, el distinguido micólogo francés Roger Heim, director del Museo de Historia Natural de París, identificó una como psilocybe caerulescens; otra fue definida por el micólogo de Harvard, Dr. David Linder, como panaeolus campanulatus y subsecuentemente redefinida como p. sphinctrinus; y la tercera, como stropharia cubensis por el doctor Rolf Singer. 

Schultes y Reko, en su viaje de campo de 1938, también habían podido delimitar el área del uso del hongo sagrado más allá de los límites de la región mazateca hasta otros grupos indígenas del sureste de México. En los años posteriores se han agregado más poblaciones fungómanas a la lista, incluyendo, en 1970 y 1971, a la matlatzinca de San Francisco Oxtotilpan, un pequeño pueblo ubicado a cuarenta kilómetros al sudeste de Toluca en el Estado de México, y posiblemente también a los choles y los lacandones de las planicies mayas. Los matlatzincas, que pertenecen a la familia del lenguaje otomí, uno de los más viejos de México, han sido los primeros habitantes del México central identificados como consumidores de hongos alucinogénicos desde los siglos XVI y XVII; y los choles y los lacandones son, como ya se ha visto, los primeros grupos mayas entre los que se han hallado hongos sagrados en épocas históricas. En conjunto, ahora tenemos noticia de unos quince diferentes grupos indígenas, cada uno de ellos con su propio lenguaje, cuyos curanderos emplean hongos alucinogénicos.

Es muy probable que haya otros, incluyendo a los de habla maya de las planicies, y quizá incluso del altiplano, entre los cuales se descubrirá que la antigua práctica ha sobrevivido.


(Tomado de: Furst, Peter T. - Alucinógenos y Cultura. Colección Popular #190. Traducción de José Agustín. Fondo de Cultura Económica, México, 1980)

lunes, 3 de enero de 2022

La voz del fuego


El espectáculo terrible del fuego líquido que surge y se proyecta por los aires con el empuje que le dan las fuerzas ciegas desde el centro de la Tierra, puede usted verlo en un enorme cráter volcánico que mide casi dos kilómetros de diámetro (1,800 metros). Es la boca del ominoso Volcán de Fuego, el volcán de Colima, hermano del apacible nevado de Colima.

A una hora de camino por carretera, desde Atenquique, Jal., usted llega al pie del volcán. El camino hacia la cima es solamente practicable con un automóvil chico, de buena tracción.

Nunca olvidará usted ese recorrido, un poquitín peligroso pero sensacionalmente grato. Con el abismo a un lado y la lava quieta por el otro lado. De pronto, alto total mientras pasan los cendales de una nube. Queda usted suspendido casi en el vacío y dentro de un extraño silencio. Parece haberse detenido el movimiento del Universo. Luego, repentinamente se rasga el telón de la niebla y estalla la esmeralda del trópico abajo, en tanto se oye el ronco bufar de las bocas sulfurosas.

No hay mayor peligro. Hace mucho tiempo que el volcán de Colima no produce una erupción formal y no se cree que lo haga próximamente. Cuando su fuego y su lava y sus estremecimientos son mayores (como en 1913) sus cenizas llegaron más allá de la frontera con Guatemala. Este fenómeno se repitió recientemente el día 30 de enero de 1973.

Y por la noche el gran cráter de doscientos cincuenta metros de profundidad, se enrojece y surgen los tonos rojos del fuego que late abajo. Es un fascinante espectáculo terrible, de esos que hasta en los sueños se repiten para que la conciencia jamás los olvide.


(Tomado de: Möller, Harry. México Desconocido. INJUVE, México, D. F., 1973)