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jueves, 7 de noviembre de 2024

Luciérnagas y cocuyos

 


Luciérnagas y cocuyos


[El arqueólogo se deslumbra, textualmente en Palenque] Estaba tan anonadado como yo; en cuanto al guía, no comprendió ni vio nada al principio, pero la poderosa aparición se apoderó pronto de él, quien se arrodilló y empezó a rezar. Cuando la luna desaparecía detrás de la montaña como una flama que se extingue, la selva entera parecía iluminarse por millones de luciérnagas que revoloteaban en todos sentidos. Entonces, atraídos por la luz de una rama encendida que agitábamos, acudían hacia nosotros de todos lados a la vez y yo llenaba con ellas un saco de gasa azul que, colgado de la bóveda de la galería daba un lustre de mágicos efectos...


Désiré Charnay, en Iturriaga [Iturriaga, José N., El medio ambiente de México a través de los siglos. Crónicas extranjeras (antología), UNAM/Fundación Miguel Alemán, México, 2013], 2013, p.373 


[Ahora escribe Aviraneta de los adornos de unas "jarochas", como él las llama]: Tenían además un cinturón y pulseras de cocuyos, que son unos escarabajos, cucarachas o correderas, que tienen una luz fosfórica, como los gusanos de luz en Europa, con la diferencia que los cocuyos tienen una luz tan resplandeciente y extensa que parecen exactamente esmeraldas de noche. Estos cocuyos tienen por la parte de la cola unos anillos naturales por los que se van ensartando en seda torzal a manera de cuentas de rosario y forman los adornos más caprichosos para las mujeres. De noche se les ve volar por los bosques como si fueran murciélagos y en un número infinito. 

Eugenio de Aviraneta, en Iturriaga, 2013, pp. 221-222 


Hay muchas maneras de luciérnagas en esta tierra, y a todas las llaman ícpitl. Hay unas dellas; llaman cóquitl. Son como langustas, un poco más larguillas, y andan en tiempos de las aguas. Y voelan de noche muchas dellas, y tienen luz, así como una candela en la cola, y algunas veces alumbran más que candela como hacha de tea cuando es la noche muy escura. Algunas veces van volando muchas en rencle, y algunos bobos piensan que son aquellos hechiceros que llaman tlahuipuchme, que andan de noche y echan lumbre por la cabeza o boca. 

Otra luciérnagas hay que son como mariposas, y tienen en la cola luz. 

Hay unos gusanos que también tienen luz en la cola y relucen de noche. 

Otras luciérnagas hay que llaman azcapapálotl. También tienen en la cola lumbre. 

Otras luciérnagas hay que llaman cópitl. Tienen alas. A trechos cubren la lumbre y a trechos la descubren. Todas éstas andan de noche, y relumbran volando eceto los gusanos, que no vuelan. 

Hay un escarabajuelo que se llama máyatl. Es muy hermoso. Relúcenle las conchas como esmeralda. Ningún daño hace. 

Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, t.11 2000, p. 1056 


Durante la noche los destellos están a cargo de varios animalillos que tienen órganos luminosos, intermitentes como en las luciérnagas o continuos, como las dos manchas que sobre el tórax del cocuyo (coleóptero del género pyrophorus) simulan ser los ojos de un felino. Todos estos bichejos luminosos se llaman en maya cocay.

Manrique y Manrique, 1988, p.40 


[Otro animalillo ayudaba al exótico embellecimiento de las indígenas]: Se entretejen el pelo con cintas de colores vivos, dejándolos caer por el cuello formando trenzas negras y brillantes, o lo recogen bonitamente alrededor de la parte de atrás de la cabeza, entrelazando de flores y lo sujetan con un peine semicircular; y cuando hay alguna fiesta, se iluminan el pelo con un escarabajo llamado cucullo, que arroja una luz fosfórica. 

J.J. Williams, en Iturriaga, 2013, p. 292


(Tomado de: Vela, Enrique: Insectos en Mesoamérica. Usos y simbolismo, alimento y materia prima. Arqueología Mexicana, Edición especial #86. Editorial Raíces, México, 2019)

jueves, 25 de julio de 2024

El colibrí y el arte plumario

 



El colibrí y el arte plumario

Está el colibrí en el aire como una suntuosa joya agitada. Brilla entera la avecilla con la refulgencia de sus múltiples colores. Cintila en un perenne tornasol. Se oye un zumbido ligero con el apresurado batir de sus alas chiquitas. Mete el luengo pico, largo y delgado, como una aguja, entre el cáliz de las flores para sacarles miel que es su manutención, pero no hace esto el pajarillo parado en una rama sino volando aceleradamente delante de la flor; avanza y retrocede, se adelanta de nuevo y vuelve a recular, lleno de gracia y ligereza, como una cosa leve y esplendente. Vuela hacia atrás con la misma facilidad que para adelante. Con el rocío detenido en hojas o en pétalos es con lo que sacia su sed. El colibrí es un pequeña “flor de pluma” o “ramillete con alas” como se dice en las famosas décimas de La vida es sueño.

Era creencia general que con un colibrí muerto que se llevara debajo de las ropas y encima del pecho, se deshacían los mayores desdenes de los amantes y se lograba que el desamorado volviera pronto a acercarse muy rendido a quien se apartó, pues no había talismán más provechoso para conseguir y retener amores. El colibrí es el pájaro más pequeño que existe en toda la extensa ornitología mexicana, por eso se le dice pájaromosca, también le llaman chuparrosa, chupamirto y picaflor. Los antiguos aborígenes le decían huitzitzilin. Pero variaba la designación con que lo distinguían según fuese el color predominante que ostentaba; así si la tenía bermeja, encendida como una tuna, era tenachuitzitzilin; si verde, xiuhuitzitzilin; iztauitzitzitzilin si solamente había en él plumas blancas; y si azules quetzalhuitzitzilin; si le rodeaba el cuello un collarín amarillo, texcacozhuitzitzilin y cuando lucía variedad de colores brillantes entonces le nombraba cochiohuitzitzilin.

De las muy vistosas plumas de este pajarillo era, principalmente, de lo que hacían los indígenas los magníficos trabajos de mosaico, admiración de los ojos no sólo de los conquistadores, sino de todos cuantos vieron en España semejantes cosas lindas. Gran pericia y paciencia era menester para componer los exquisitos trabajos de plumería. Se hicieron mantos, túnicas, mitras, adargas de parada, rodelas, imágenes de santos y qué sé yo cuántos primores. Para asentar definitivamente una pluma necesitaba de mucha sabiduría el artífice; tomábala con dedos sutiles, la examinaba largamente, la veía por un lado, la veía por el otro, la veía al trasluz y luego ensayaba si convendría colocar ésta o colocar aquélla o la de más allá. Era una obra de meditación continua, de probaturas constantes. Por eso resplandecía con perfección asombrosa. No había nada superfluo en ella ni falto en lo necesario.

El capellán Francisco López de Gómara escribe en su Historia de las conquistas de Hernán Cortés que “lo más lindo sin duda –de la plaza del mercado- eran las obras de oro y pluma de las que contrahacen cualquier cosa y color y son los indios tan ingeniosos oficiales desto que hacen de pluma una mariposa, un árbol, una rosa, las yerbas y peñas, tan al propio que parece lo mismo que si estuviera vivo o natural. Y acontéceles no comer en todo un día poniendo, quitando parte y asentando la pluma, y mirando a una y a otra, al sol, a la sombra y a la vislumbre, por ver si dice mejor a pelo o contrapelo o al revés, de la haz o del envés; y en fin no la dejan de las manos hasta ponerla con toda perfección. Poco sufrimiento pocas naciones lo tienen, mayormente donde hay cólera, como la nuestra”.

En la Casa de las Aves que tenía Moctezuma en su ciudad de Tenochtitlan las había en abundancia de todas las especies conocidas en el Anáhuac sin que faltase una sola y se les sustentaba con los adecuados alimentos a que estaban acostumbradas en la región de que eran originarias. Había gente especial encargada de recoger sus plumas cuando pelechaban y aun quitabánselas con cuidadoso esmero y las guardaban en sitios apropiados para ser usadas después en los vestidos, armas, estandartes e insignias del fastuoso Emperador y en lindas cosas para adornar su anchurosa morada.

El padre José de Acosta se queda suspendido, lleno de embeleso, ante el maravilloso arte plumario y asegura que esos objetos no parecían hechos de la materia colorida de que eran sino que se hallaban bien ejecutados a pincel y con excelentes colores. En el libro que compuso bajo el título de Historia Natural y Moral de las Indias escribe que “en la Nueva España hay copia de páxaros de excelentes plumas, que de su fineza no se hallan en Europa, como se puede ver por las imágenes de pluma que de allá se traen: las cuales con mucha razón son estimadas, y causan admiración que de plumas de páxaros se pueda labrar cosa tan delicada y tan igual, que no parece sino de colores pintadas, y lo que no puede hacer el pincel y los colores de tinte: tienen unos visos miradas un poco al soslayo tan lindos, tan alegres y vivos que deleitan admirablemente. Algunos indios, y buenos maestros, retratan con perfección de pluma lo que ven de pincel, que ninguna ventaja les hacen los pintores de España.

“Al príncipe de España, don Felipe, dio su maesthro tres estampas, pequeñitas, como para registros de diurno, hechas de pluma, y Su Alteza las mostró al rey Felipe nuestro señor, su padre, y mirándolas Su Majestad dijo: que no había visto en figuras tan pequeñas cosas de mayor primor. Otro cuadro mayor en que estaba retratado San Francisco recibiendo alegremente la santidad de Sixto V, y diciéndole que aquello hacían los indios, de pluma, quiso probarlo trayendo los dedos un poco por el cuadro para ver si era pluma aquélla, pareciéndole cosa maravillosa estar tan bien asentada, que la vista no pudiese juzgar si eran colores naturales de plumas o eran artificiales de pincel. Los visos que hace lo verde y un naranjado como dorado, y otras colores finas, son de extraña hermosura: y mirada la imagen a otra luz, parecen colores muertas, que es variedad de notar.

“Hácense las mejores imágenes de pluma en la provincia de Mechoacán, en el pueblo de Páscaro. El modo es con unas pinzas tomar las plumas, arracándolas de los mismos páxaros, muertos, y con un engrudillo delicado que tienen, irlas pegando con gran presteza y policía. Toman estas plumas tan chiquitas y delicadas de aquellos páxarillos que llaman en el Perú tominejos o de otros semejantes, que tiene perfectísimos colores en la pluma. Fuera de imaginaria usan los Indios otras muchas obras de pluma muy preciosas, especialmente para ornato de los Reyes y señores, y de los templos e ídolos. Porque hay otros páxaros de aves grandes de excelentes plumas y muy finas de que hacían bizarros plumajes y penachos, especialmente cuando iban a la guerra; y con oro y plata concertaban estas obras de plumería rica, que era cosa de mucho precio.”

Los mosaicos de pluma son una industria de procedencia mexicana y no sólo se trabajó en ella en los tiempos precortesianos, sino en la época virreinal, prueba evidente de ello es la Instrucción para el cobro de la Alcabala del año de 1754 en que estas cosas quedaban sujetas a pago.

En su Historia de la Nueva España, Alonso de Zorita, al enumerar los oficiales mecánicos que había en el México del siglo XVI, afirma: “Entre ellos hay oficiales de la plumería, de que hacen riquísimas imágenes que no los hay en ninguna ciudad, ni en el mundo como ellos.”

Como se fabricaron al principio, así se les siguió haciendo sin variación alguna; se conservaron los procedimientos tradicionalmente de unos a otros, sin modificar los métodos originales. El Abate Francisco Javier Clavijero habla con su saber acostumbrado de las varias manipulaciones que se seguían para la preciosa confección de estas plumerías:

“Nada –dice- tenían en tan alta estima los mexicanos como los trabajos de mosaico, que hacían con las plumas más delicadas y hermosas de los pájaros. Para esto criaban muchas especies de aves bellísimas que abundan en aquellas regiones, no sólo en los palacios de los reyes, donde mantenían, como ya hemos dicho, toda clase de animales, sino también en las casas de los particulares, y en ciertos tiempos del año les quitaban las plumas, para servirse de ellas con aquel fin, o para venderlas en el mercado. Preferían las de aquellos maravillosos pajarillos que ellos llaman huitzitzilen y los españoles picaflores, tanto por su sutileza como por la finura variedad de colores. En estos y otros lindos animales, les había suministrado la naturaleza cuantos colores puede emplear el arte y otros que ella no puede imitar. Reúnanse para cada obra de mosaico muchos artífices, y después de haber hecho el dibujo, tomado las medidas y proporciones, cada uno se encargaba de una parte de la obra; y se esmeraba en ella con tanta aplicación y paciencia que solía estarse un día entero para colocar una pluma, poniendo sucesivamente muchas, y observando cuál de ellas se acomodaba mejor a su intento.

Terminada la parte que a cada uno tocaba, se reunían todos para juntarlas y formar el cuadro entero. Si se hallaba alguna imperfección se volvía a trabajar hasta hacerla desaparecer. Tomaban las plumas con cierta substancia blanda para no maltratarlas y las pegaban a la tela con tzauthtli, o con otra substancia glutinosa; después unían todas las partes sobre una tabla, sobre una lámina de cobre y las pulían suavemente hasta dejar la superficie tan igual y tal lisa, que parecía hecha a pincel.

“Tales eran las representaciones de imágenes que tanto celebraban los españoles y otras naciones de Europa, sin saber que si en ellas era más admirable la belleza del colorido o la destreza del artífice, p la ingeniosa disposición del arte.

“Los mexicanos gustaban tanto de estas obras de pluma, que las estimaban en tanto más que el oro. Cortés, Bernal Díaz, Gómara, Torquemada y todos los otros historiadores que las vieron no hallan expresiones con que encomiar bastante sus perfecciones.”

Los indios tarascos sobresalían en este arte, vistoso y de extremada paciencia. Superaron con mucho a los nahoas, mixtecos, matlatzingas, totonacos, tzapotecas, huastecos y mayas. Los individuos de estas tribus adornaban con variadas plumas sus vestidos de combate, las ponían de todos los colores en sus luengos penachos, sujetas con mucha argentería o áureas ataduras, en sus rodelas en las que formaban dibujos graciosos, en sus ornamentos e insignias alegóricas y en otras cosas no sólo de uso en la guerra sino en la paz. Era todo ello brillante y vistoso, pero no hecho con el arte fino, y exquisito de los michoacanos, todo primor.

Infinidad de objetos hechos vistosamente de plumas envió Hernán Cortés tanto a Carlos V, como a señores de su corte, valedores del gran Conquistador, de los que sacó grandes ventajas y a quienes deseaba seguir teniendo gratos, como a personas encumbradas, de las que esperaba ayuda y favor en sus complicados negocios; y con mayor razón –fiel católico- los mandó a iglesias y a conventos en que estaban las veneradas vírgenes y santos a quienes se encomendó en los riesgos que tuvo en las jornadas de la conquista. A ellos debía haber salido con la vida en tantísimos peligros y le dieron fuerza y maña para vencerlos y con esos presentes quería testificar los beneficios recibidos.

Con este destino salieron cosas magníficas de plumería deslumbrante para iglesias y monasterios, en los que figura en primer término el de Nuestra Señora de Guadalupe en su natal Extremadura, y después para el de las Cuevas, de Sevilla, para el de San Salvador, de Oviedo, para el de Santo Tomás, de Ávila, para el de Santa Clara, de Tordesillas, para los franciscanos de Ciudad Real y de la Villa de Medellín, para los jerónimos, que eran muy sus amigos. También hizo regalo de estas bellas cosas a imágenes de su particular devoción, aparte de su Guadalupe extremeña, a Nuestra Señora la Antigua de Sevilla, a Nuestra Señora del Portal, muy venerada en la ciudad de Toro, al trágico crucifijo de Burgos, a Señor Santiago, de Galicia, a San Ildefonso en su capilla de la catedral de Toledo.

Estos presentes los formaban abundantes plumajes a manera de capas, medias casullas y mucetas, de todo lo cual se asegura que eran tan esplendentes como los rasos y los brocados de los ornamentos o de las vestiduras de las imágenes, y que no había ojos para admirar tanta hermosura. También en estas amplias ofrendas iban coseletes, ventalles, atadores, ramos, penachos y todo ello con bastantes adornos de oro y argentería muy bien labrada, y en bastantes se veían cerúleas turquesas o bien verdes y brillantes chalchihuites que teníanse por valiosas esmeraldas, a demás de la blancura de la concha y los cambiantes de nácar. Igualmente a monasterios e iglesias les ofreció don Hernando preciosas rodelas en las que lucía la gama de todos los colores y las enriquecía una resplandeciente suntuosidad de oro y plata.

Para las atinadas combinaciones que hacían los mexicanos y las otras antiguas tribus antes citadas, empleaban muchas plumas de pericos, de cardenales, de zanates, de guacamayas, de coas, de correcaminos, y de otros muchos pájaros vistosos, pero que no igualaban a las finas de los colibríes usadas por los tarascos, llenas de espléndidos y perpetuos tornasoles. En la lengua tarasca se llaman tzinzun a estos leves pajarillos que abundan en las montañas próximas al lago de Pátzcuaro. Los indios michoacanos usaban con preferencia los maravillosos plumajes de tales avecillas de tan multicolores cambiantes, y solamente, de modo secundario, los de otros pájaros para ponerlos como fondo a los dibujos que elaboraban con las plumas de los chupamirtos y darles realce a así excedían a todos en belleza y primor.

En la Antigua Relación de las Ceremonias y Ritos y Población y Gobernación de los Indios de la Provincia de Mechoacán, hecha al virrey don Antonio de Mendoza, y conocida generalmente, ya abreviado su título, por Relación de Mechoacán, escrita por un fraile anónimo que se supone que no es otro sino Fray Martín de la Coruña, uno de los doce primeros apostólicos y seráficos varones que vinieron a la conversión de estas partes, en ese libro y en el capítulo que trata De la gobernación que tenía y tiene esta gente entre sí se enumeran con todas sus atribuciones los distintos diputados por la Corona para presidir como para cuidar las artes y oficios que de padres a hijos se venían transmitiendo los indios tarascos o purépechas desde época inmemorial.

“Habían uno llamado Uscurécuri, diputados que labran de pluma los atavíos para sus dioses y hacían los plumajes para bailar. Todavía hay estos plumajeros (1550), éstos traían por los pueblos muchos papagayos grandes colorados y de otros papagayos para la pluma y otros traían pluma de garzas, otros, otras maneras de plumas de aves.” Éstos eran los afamados mosaicistas que hacían tan admirables obras de plumas de colores en capas, rodelas, estandartes y paños de tapiz.

“Había otro diputado sobre las rodelas, que las guardaban y los plumajeros las labraban de plumas de aves ricas, y de papagayos y de garzas blancas. Había otro que tenía cargo de guardar todos sus jubones de guerra de algodón y jubones de guerra de plumas de aves.”

No solamente el padre José de Acosta afirma que “hácense las mejores imágenes de pluma en la provincia del Mechoacán y en el pueblo de Pázcaro”, sino que varios cronistas de esa región celebran con buenas alabanzas este arte, así el queretano Fray Alonso de la Rea en su seráfica Crónica de la Provincia de San Pedro y san Pablo, escribe en la página 39 de la segunda edición que es la que yo leo, que: “Aún no ha hecho pausa el orgullo de su inclinación, sino que corriendo impelida de su natural viveza, inventaron los tarascos cosas tan singulares como lo han sido las de pluma, cuyo origen apunté en el capítulo 6, y cuya fábrica, invención y artificio, sin hinchazón ni pompa, se llevan consigo los encarecimientos que pudiera referir en aquesta Historia. El modo de engarzar las plumas de diversos colores, es que después de haber cortado las plumas en partículas tan pequeñas que cada una parece un punto invisible, se coge una penca de maguey, y sobre ella con cola muy bien templada, se van organizando todas las plumas y hacen una iluminación tan vistosa, que parece niegan aquí desvanecidas las galas de su natural coordinación. Cada partícula se pone de por sí, con tanta presteza, como lo apercibe la facultad siguiendo las líneas y círculos del bosquejo sobre que se obra tan exquisito primor. Hácenos de este género de iluminación de pluma, imágenes, colgaduras, adargas, mitras y marlotas, con tan linda vista, que jamás la perspectiva tuvo mejor motivo para olvidar las galas de la Primavera.”

También en la voluminosa Crónica de la Provincia de San Pedro y San Pablo, pero compuesta por Fray Pablo de la Purísima Concepción Beaumont (México, 1874), en el tomo III y páginas 34 a 95 se lee lo siguiente:

“Inventó el ingenio del tarasco las cosas singulares de pluma con sus mismos nativos colores, asentando de la misma manera que lo hacen en un lienzo de los más diestros pintores con delicados pinceles. Solían en su gentilidad formar de estas plumas, aves, animales, hombres, capas y mantas para cubrirse, vestiduras para sus sacerdotes y templos, coronas, mitras y rodelas, mosqueadores, con otros curiosos instrumentos que les sugería su imaginación. Estas plumas eran verdes, azules, rubias, moradas, pardas, amarillas, negras y blancas, no teñidas por industria, sino como las crían las aves que cogían y mantenían vivas al intento, valiéndose hasta de los más mínimos pajarillos. El modo de engastar las plumas era cortarlas muy menudas; y en lienzo de maguey, que es la planta de la tierra, con cola, muy templada, iban organizando las plumas que arrancaban de uno a otro pájaro muerto con unas pinzas, y pegándolas a la penca o tabla; se valían de sus nativos colores para dar las sombras y demás necesarios primores que caben en el arte, según pedía la imaginación que querían pintar. Cada partícula se ponía de por sí, con tal presteza, que seguían la línea y el círculo del bosquejo, y la iluminación formaba en la pintura una vistosa primavera. De las plumas de estos y otros pájaros hacían estos indios sus plumajes, y aún imágenes de pluma tan particulares, principalmente en Pátzcuaro, que según refiere Acosta, se admiró el señor Felipe Segundo de tres estampas que dio a su hijo, el señor Felipe Tercero, su maestro: la misma admiración causó al Papa Sixto Quinto, un cuadro de N. P. San francisco que enviaron a su santidad, hecho de plumas por los indios tarascos. He visto láminas muy curiosas y acabadas de este género en gabinetes de curiosos en la Europa; y principalmente mi maestro el doctor Morán, uno de los sabios de la Academia de las Ciencias de París, apreciaba mucho, y con razón, dos láminas de santos, que adornaban su singular museo, cuya hechura de plumas de tan exquisitos colores era de lo más perfecto que se podía desear, a más de lo raro de la invención. No trabajan ya con tanto primor los tarascos las estampas que hacen de pluma, y en el día se escasean mucho estas obras de plumería.”

Y en su Americana Thebaida, página 26, Fray Matías de Escobar glosa estas frases con estas otras: “...forman letras del mismo modo, tan primorosas, no son más redondas las de molde, venciendo aquí las plumas a la imprenta”.

Pocas cosas quedan esparcidas por ahí del precioso arte plumario de los indios, el tiempo las acabó –“dellas destruye la edad”-, eran objetos leves y delicados en los que entran polillas y carcomas que los consumen y no dejan nada. Lo que quedó es, en su mayoría, de indudable origen michoacano, obras perfectas de las manos maestras de los tarascos. Las joyantes mitras del Escorial, las del Museo María Teresa, de Viena, las del Palacio Pitti, de Florencia, la gran adarga de parada de la Armería Real de Madrid, lo de nuestro Museo nacional y algo que anda en el comercio de antigüedades y en colecciones privadas, es lo que conozco de este exquisito arte en el que se anima el dibujo de la imagen con la distinción y hermosura de los colores de plumas menudas. He leído que existen mosaicos de esta especie en la rica colección Ambrass, pero no sé cuál es, ni en dónde está esa mentada colección.

Hay abundancia en muchas partes de México de estos colibríes leves y vistosos, pero apenas llegan los primeros fríos, desparecen y no se ve ni uno solo por esos campos y jardines; vuelven a llenar el aire con su belleza cuando entra la primavera. Surgen como otras tantas flores. Flores vivas y trémulas. Se decía por esta súbita desaparición que huían temerosos del invierno e íbanse a buscar las tierras calientes que les daban vida. Pero los colibríes no son aves migratorias que andan en pos de tónica tibieza, sino que tiene la extraña particularidad de caer en un largo marasmo durante toda la invernada. Se cuelgan por el pico de una rama y así permanecen con inmovilidad de muerte; se les caen las plumas como en pelecha, con lo cual toda su vistosidad queda trocada en una pura lástima. Tal vez de esto provenga la frase “ya colgó el pico Fulano”, que se aplica a quien ya no tiene ánimos para nada, que está el infeliz como para morir. Para el arrastre, dicen los castizos. El sopor de los colibríes es como el que mantiene inmóviles a otros animales y del que salen cuando llegan los templados y deliciosos días de la primavera, alegre renacer de la naturaleza, tiempo en el cual está todo en su mayor vigor y hermosura.

Fray Bernardino de Sahagún, conocedor como nadie de cuanto hubo en el México precortesiano y en cuya Historia general de las cosas de la Nueva España no deja nada que tratar con maestría e indudable competencia, al escribir de las aves que aquí tienen ricas plumas, dice de los colibríes: “Hay unas avecitas en esta tierra que son muy pequeñitas, que parecen más moscardones que aves; hay muchas maneras de ellas, tienen el pico chiquito, negro y delgadito, así como aguja; hacen su nido en los arbustos, allí ponen sus huevos y los empollan y sacan sus pollos; no ponen más de dos huevos. Comen y mantiénense del rocío de las flores, como las abejar, son muy ligeras, vuelan como saeta; son de color pardillo. Renuévanse cada año: en el tiempo del invierno cuélganse de los árboles con el pico, allí, colgados se secan y se les cae la pluma; y cuando el árbol torna a reverdecer él torna a revivir, y tórnales a nacer la pluma y cuando comienza a tronar para llover entonces despierta y vuela y resucita. Es medicinal para las bubas, comido, y el que los come nunca tendrá bubas; pero hace estéril al que los come.” Abusiones, patrañas, digo yo, de las que abundan en todas las épocas. Vanas creencias populares que se meten con fuerte arraigo.

“Hay unas de estas avecitas –sigue diciendo el franciscano- que llaman “quetzalhuitzitzilin” que tiene las gargantas muy coloradas y los codillos de las alas bermejos, el pecho verde y también las alas y la cola; parecen a los finos “quetzales”. Otras de estas avecicas son todas azules, de muy fino azul claro, a manera de turquesa resplandeciente. Hay otras verdes claras, a manera de hierba. Hay otras que son de color morado. Hay otras que son resplandecientes como una brasa. Hay otras que son leonadas con amarillo. Hay otras que son larguillas, unas de ellas son cenicientas, otras son negras, estas cenicientas tienen una raya de negro por los ojos, y las negras tienen una raya blanca por los ojos.

“Hay otras que tienen la garganta colorada y resplandeciente como una brasa; son cenicientas en el cuerpo, y la corona de la cabeza y la garganta resplandeciente como una brasa.

“Hay otras que son redondillas, cenicientas, como unas motas blancas.”

Refiere el ya dicho Alonso de Zorita al tratar de un “pajarito que duerme la mitad del año, y de qué y cómo se mantiene”, que dice Fray Toribio que no quiere callar una cosa maravillosa que Dios muestra en un pajarito muy pequeñito, de que hay muchos en la Nueva España y lo llaman Vicicilim, y en plural Viciciltim, y que su pluma es muy preciosa, en especial la del pecho y cuello, aunque es poca y menuda, y que, puesta en lo que los indios labran de oro y pluma, se muestra de muchos colores; mirada derecha, parece como pardilla; vuelta un poco de la veslumbre, parece naranjada y otras veces como llamas de fuego; y aunque este pajarillo es muy pequeñito, tiene el pico largo como medio dedo, y delgado; y que como él y su pluma es estremado, también lo es su mantenimiento, porque solamente se ceba y se mantiene de la miel o rocío de las flores, y anda siempre chupándolas con su piquillo, volando de unas en otras y de un árbol en otro, sin se sentar sobrellas; y que por el mes de octubre, cuando aquella tierra se comienza agostar y se secan las yerbas y flores y le falta el mantenimiento, busca lugar competente donde pueda estar escondido en alguna espesura de árboles, y en algún árbol secreto pega sus pies en una ramita delgada, encogidito, y está como muerto hasta el mes de abril, que con las primeras aguas y truenos, como quien despierta de un sueño, torna a revivir y sale volando a buscar sus flores, que en muchos árboles las hay desde marzo; y aun antes, algunos han tomado destos pajaritos, hallándolos por los árboles, y los han metido en jaulas de cañas, y por el mes de abril revivían y andaban volando dentro hasta que los dejaban salir fuera; y dice que él mismo vio estar estos pajaritos pegados por los pies en un árbol de la huerta del monasterio de Tlascalan, y que cada año crían sus hijos y que él ha visto muchos nidos dellos con sus huevos; y que un día, estando un fraile predicando la resurrección general, trujo a comparación lo deste pajarito, y pasó uno volando por encima de la gente, chillando porque siempre va haciendo ruido...”

También el abate Clavijero habla en su Historia del pequeño huitzitzilin que no es otro que el ya tan mencionado colibrí y dice: “que es aquel maravilloso pajarillo tan encomiado por todos aquellos que han escrito sobre las cosas de América por su pequeñez y ligereza, por la singular hermosura de sus plumas, por la corta dosis de alimento con que vive, y por el largo sueño en que vive sepultado durante el invierno. Este sueño, o mejor decir, esta inmovilidad, ocasionada por el entorpecimiento de sus miembros se ha hecho constar jurídicamente muchas veces, para convencer la incredulidad de algunos europeos, hija sin duda de la ignorancia; pues que el mismo fenómeno se nota en Europa en los murciélagos, las golondrinas, y en otros animales que tienen fría la sangre, aunque en ninguno dura tanto como en el huizitzilen, el cual en algunos países se conserva privado de todo movimiento desde octubre hasta abril”.

Yo creía, al igual que una infinidad de buenas personas, que sólo el jugo azucarado de las flores constituía el alimento único e ideal de los colibríes, pero cuando supe que eso era muy secundario tuve una gran desilusión. ¿Cómo esas iridiscentes miniaturas, emanaciones de los rayos del sol, como los llamaban los antiguos mexicanos, habían de comer arañas, gusanos, y otros animalejos como cosa preferente? Miel, sólo miel, y perfumada miel de las flores. Darwin en una anotación de fecha 24 de septiembre de 1834 de su Diario, asienta que “aunque se los vea volar de una flor a otra en busca de comida, su estómago contiene de ordinario restos abundantes de insectos, que son los que, a mi juicio, buscan mejor que el néctar”. ¡A ver si no es esto penoso! No hay más remedio que creer lo que dice este famoso sabio.

Confieso que tuve infinita tristeza cuando supe semejante cosa, como la tuve también y muy grande, al leer -¿para qué lo leí, Señor?-, que un distinguido lepidopterólogo, Alberto Breyer, muy señor mío, para atraer algunos ejemplares de las más lindas mariposas, empleaba como cebo cerveza fermentada y queso de Limburgo, el más hediondo. ¿No es esto para decepcionar a cualquiera? Pero, ¡qué le vamos a hacer!, la vida está llena de grandes desengaños, cuando menos se espera llega uno y ¡zas! Nos hiere en pleno corazón.


(Tomado de: de Valle-Arizpe, Artemio. De perros y colibríes en el México antiguo. Cuadernos Mexicanos, año II, número 86. Coedición SEP/Conasupo. México, D.F., s/f)

lunes, 16 de octubre de 2023

El derrotismo tenochca

 


II

El derrotismo tenochca

Por Bernardino de Sahagún


Un macehual informó a Motecuhzoma, el emperador de México-Tenochtitlan, de la llegada a "orillas de la mar grande" de una como "torres o cerros pequeños que venían flotando por encima del mar" y transportaban gentes de "carnes muy blancas". Desde ese instante, el emperador, según sus allegados, "ya no supo de sueño, ya no supo de comida. Casi cada momento, suspiraba. Estaba desmoralizado", pues creía que era el cumplimiento de los ocho "presagios y augurios que se dieron todavía antes de que los españoles llegaran a estas tierras". Según informes recogidos por fray Bernardino de Sahagún, que constan en el libro XII de su Historia general de las cosas de Nueva España, los fenómenos que propiciaron la actitud derrotista de Motecuhzoma y su corte fueron los siguientes, de acuerdo con la versión castellana de Wigberto Jiménez Moreno.


Diez años antes de que los españoles llegaran por primera vez se mostró en el cielo una serie de funestos augurios, como un mechón de fuego, como una llama de fuego, como una aurora, que estaba extendida cuando fue visible, como enclavada en el cielo.

Estaba en su base ancha, arriba aguda. Hacia el centro del cielo, hasta el corazón del cielo subió, hasta el corazón del cielo subió.

Se veía allá en el oriente y alcanzaba su máximum a medianoche; cuando venía la aurora matutina, hasta entonces el sol la desalojaba.

Después de haber llegado se levantaba durante un año entero (en el año "doce casas" comenzó) y cuando se mostró provocó un gran estrépito. Se pegaron sobre la boca, se tenía gran miedo; abandonaron su ocupación habitual, se desesperaron.

En segunda augurio funesto fue aquí en México. Se quemó por sí mismo, se incendió sin que alguien lo hubiera encendido, encendiéndose por sí mismo, el templo del diablo Vitzilopochtli, el famoso lugar del nombre llamado Tlacateccan.

Parecía como si las columnas ardieran, como si del interior de las columnas saliera la llama del fuego, la lengua del fuego, el fuego rojo; muy rápido se quemaron las jambas de madera. Entonces surgió un gran estrépito y ellos dijeron: "Mexicanos, acudid rápidamente con vuestros cántaros para apagar el fuego."

Y cuando echaron agua encima para apagarlo, tanto más el fuego echó llamas; no podía ser apagado, ardía más.

Tercer augurio funesto: entre rayos y truenos se incendió un templo, una choza llamada Tzomolco, el templo de Xiuhtecutli, el dios del fuego. No llovía fuertemente, sólo lloviznaba, y ellos vieron en esto un augurio funesto; díjose que se trataba sólo de un rayo de verano; tampoco se oía un trueno.

Cuarto augurio funesto: cuando el sol todavía estaba presente, bajo un meteoro. Triple era: vino de la región del poniente del sol y se fue a la región oriente, como una lluvia fina de chispas; a lo lejos se ensancharon sus colas, a lo lejos se extendieron sus colas, al notarse esto, se levantó un gran estrépito que se excedió como un alboroto general de sonajas.

Quinto augurio funesto: el agua hirvió sin viento que la hiciera hervir, como agua hervida, como agua hervida con ruido de estallar. A lo lejos se extendió y mucho; subió en lo alto y las olas llegaron al basamento de las casas y los desbordaron, y las casas fueron atacadas por las aguas y se derrumbaron. Esto es nuestro lago de México.

Sexto augurio funesto: frecuentemente se oía una mujer que lloraba, gritaba durante la noche, gritaba mucho y decía: "¡Mis queridos hijos, nos partimos (nos arruinamos)!" A veces les decía: "Hijitos míos, ¿a dónde os llevaré?"

Séptimo augurio funesto: un día cazaron o metieron redes para aves la gente que vive cerca del agua, y cogieron un pájaro de color gris, ceniciento, como una grulla; entonces vinieron a mostrarlo a Motecuhzoma en la casa del color negro, el tlillancalmécac.

El sol ya estaba poniéndose, pero siempre había claridad; una suerte de espejo se encontraba encima (de la cabeza del pájaro), como un disco redondo con un gran agujero en el centro.

Allí aparecía el cielo, los astros, la constelación del taladrador del fuego. Y cuando miró otra vez la cabeza del pájaro un poco más allá, vio llegar algo como gentes (o cañas) enhiestas, como conquistadores armados para la guerra, llevados por venados. Y entonces el Rey convocó a los intérpretes y a los sabios y les dijo: ¿No sabéis lo que he visto, como gente (o cañas) que llega rectamente? Y ya querían contestarle lo que vieron, cuando desapareció (el pájaro); no vieron nada más.

Octavo augurio funesto: se mostraron delante la gente con frecuencia hombres monstruosos que tenían dos cabezas, pero un solo cuerpo. Los llevaron a la casa del color negro, el tlillancalmécac; allá los vio el Rey, y después de haberlos visto, desaparecieron.



(Tomado de: González, Luis. El entuerto de la Conquista. Sesenta testimonios. Prólogo, selección y notas de Luis González. Colección Cien de México. SEP. D. F., 1984)

lunes, 2 de enero de 2023

Huehuetlatolli: palabras al hijo


(Códice Florentino)

 Libro Sexto

De la retórica y Filosofía moral y Teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas, tocantes a los primores de su lengua, y cosas muy delicadas tocante a las virtudes morales.

[...]

Capítulo XX

 Del lenguaje y afectos que usaba el padre, principal o señor, para amonestar a su hijo a la humildad y conocimiento de sí mismo, para ser acepto a los dioses y a los hombres, donde pone muchas consideraciones al propósito con maravillosas maneras de hablar y con delicadas metáforas y propísimos vocablos.

1-"Hijo mío muy amado y muy querido, nota lo que te diré: Nuestro señor te ha traído en esta hora, donde te quiero hablar acerca de lo que debes guardar todos los días de tu vida; y esto hago porque eres mi hijo muy amado y muy estimado, más que toda piedra preciosa, más que toda pluma rica, que no tengo mas que a ti: tú eres el primero, el segundo y el tercero y el postrero.

2-He acordado, he pensado de decirte algunas cosas que te cumple, por la obligación que tengo que soy tu padre y madre (y) quiero hacer mi deber, porque mañana o ese otro día dios me llevará y quitará de sobre la tierra, porque es todopoderoso, porque estamos sujetos a la flaqueza humana y a la muerte y nuestra vida sobre la tierra es muy incierta.

3-Pues, hijo mío, nota y entiende lo que te diré. Vivas muchos días sobre la tierra en servicio de dios, y seas bienaventurado: Mira que seas avisado, porque este mundo es muy peligroso, muy dificultoso y muy desasosegado, y muy cruel y temeroso, y muy trabajoso y por esta causa los viejos con mucha razón dijeron: no se escapa nadie de las descendidas y subidas de este mundo, de los torbellinos y tempestades que en él hay; o de las falsedades y solazamientos, y dobleces, y falsas palabras que en él hay; muy engañoso es este mundo, ríese de unos, gózase con otros, burla y escarnece de otros, todo esta lleno de mentiras, no hay verdad en él, de todos escarnece.

4-Quiérote decir, hijo, lo que te conviene mucho notar y poner por obra, que es cosa digna de ser estimada y guardada como oro en paño, y como piedras preciosas en cofre, porque lo dejaron como tal los viejos y viejas, los canos y ancianos nuestros antepasados, que vivieron en este reino y señorío, conversaron entre la gente de este pueblo y tuvieron dignidad y principados.

5-Estos que fueron muy grandes señores y tuvieron la dignidad del reino y senado, no se ensoberbecieron ni se engrieron, mas antes se humillaron y anduvieron encorvados e inclinados hacia la tierra, con lloros y lágrimas y suspiros, no se estimaron como señores sino como pobres y peregrinos; estos nuestros antepasados, de quien descendemos, vivieron en grande humildad en este mundo, no vivían en presunción y soberbia y altivez y deseo de honras; 

6-y aunque vivieron en grande humildad, como está dicho, fueron reverenciados y tenidos en mucho y poseyeron las dignidades del reino, fueron señores y capitanes, y tuvieron autoridad para matar y para hacer guerras, y mantuvieron al sol y a la tierra, con carne y sangre de hombres; 

7-y aunque por la misericordia de dios fueron grandes y reinaron sobre la tierra y rigieron la república, que nuestro señor, que está en todo lugar, los encomendó, y juzgaron y trataron las causas de la república y consolaron, favorecieron a la gente popular, no por esc perdieron su humildad, ni se desvanecieron, ni hicieron cosas indignas de sus personas, 

8-y aunque eran ricos y poderosos y poseyeron muchos bienes que nuestro señor los dió, y gozaban de flores y de perfumes, y de mantas ricas de todas maneras, y tenían grandes casas, y gozaron de comeres y beberes de todas maneras, y poseyeron armas y atavios muy ricos y muy gloriosos, como son ricos barbotes, ricas borlas para la cabeza y orejeras muy ricas, de manera que hacian temblar a todos con S. M. ¿por esto perdieron, por ventura, algo de su humildad y gravedad? 

9-¿Por ventura desvaneciéronse, ensalzáronse? Por ventura, ¿por esto menospreciaron a los que eran inferiores o tuviéronlos en poco? ¿Por ventura por esta causa se les alteró el seso o perdieron el juicio? No por cierto; antes eran bien hablados y muy humildes y de gran crianza, y respetaban a todos, y se abajaban hasta la tierra y se tuvieron como nada, y cuanto mas eran honrados y estimados, tanto más lloraban y se entristecían, y suspiraban, y se inclinaban y se abajaban.

10-De esta manera, hijo mío, vivieron en el mundo los viejos de quien descendemos, tus abuelos y bisabuelos y tatarabuelos, que nos dejaron acá, de quien descendiste. 

11-Pon los ojos en ellos, mira sus virtudes, mira su fama y el resplandor y claridad que nos dejaron; mira el espejo y dechado que ellos dejaron y ponto delante de ti, y tenlo delante de tus ojos; mírate en él y verás quién eres; mira que tu vida la hagas semejante a la suya; mira que pongas su vida delante de tus ojos, y luego conocerás las faltas que tienes y las razas y manchas que hay en ti.

12-"Otra palabra quiero que oigas de mí, hijo muy amado, y nótala con gran diligencia: Sábete que has nacido en un tiempo muy trabajoso y en tiempo de mucha pobreza, porque yo, tu padre, estoy muy alcanzado, tengo mucha penuria; aunque nuestros antepasados fueron grandes y ricos, no heredamos de ellos aquella riqueza ni valor, mas antes tenemos gran falta de todas las cosas; la pobreza es la que se enseñorea, y tiene sobre nosotros su principado; somos tus padres ancianos y viejos, y muy necesitados.

13-Hijo mío, si quieres ver esto, sea así, mira el hogar de esta casa, mira donde se hace fuego y verâs que no hay sino pobreza y grande necesidad, que apenas alcanzamos abastanza de comida y bebida, y asimismo padecemos necesidad de vestuario y por todas partes padecemos frío, no tenemos con qué nos cubrir; míranos y verás que todos los huesos se nos parecen de flaqueza y necesidad de mantenimientos, y esto por la bondad de nuestro señor y por nuestros pecados: y mira a tus primos menores y a tus primas, mira si tienen abundancia, mira si estan gordos y recios y si tienen las cosas necesarias, y si les sobran los mantenimientos y las vestiduras ¿no los ves cuales andan, en suma pobreza?

14-Todos están llenos de cumplida miseria (y) en tal estado, en tanta pobreza, no hay oportunidad de levantar la cabeza ni tener brío, porque esto sería cosa de borrachos y de gente vil, tener presunción o altivez en tanta pobreza y miseria como hay dentro de esta casa,  y como la tienen los que en ella moran, es ocasión de humildad, y de tristeza, y de traerla cabeza baja, porque en tal tiempo has nacido. 

15-Y para que te lo diga todo, escúchame, que tu primo hermano, el cual es mayor que tú, N., no to ves, no tomas de él ejemplo de la manera que dios le ha humillado que ya usa del regimiento del pueblo, ya está en dignidad, ya tiene poder para juzgar las causas de la gente popular y de sentenciar y castigar a los delincuentes;

16-ya tiene autoridad para matar a los criminosos, ya tiene autoridad para reprender y castigar porque ya esta en la dignidad y estrado, ya tiene el principal lugar, donde le puso nuestro señor; ya le Ilaman por estos nombres tacatlato, tlacatecutli, por estos nombres le nombran todos los populares; éste está puesto en la dignidad por la falta de personas más prudentes y más sabias para regir este señorío o reino, o pueblo; no hay personas nobles y de gran caudal y de gran genealogía, ya todos han faltado. 

17-Si hubiera uno tan solamente de aquéllos, hubiera nuestro señor señalado uno de ellos, y alguno de ellos tomado de la república por rey y señor. No sé en que ha de parar aquel mancebillo que está llorando por el oficio que tiene. Por ventura en el se perderá, o por ventura le ha puesto nuestro señor hasta que parezca otro mejor que haga mejor el oficio. No tiene por cierto falta de amigos y conocidos nuestro señor. 

18-A este tu primo hermano antes que tomase el cargo, bien viste como vivía. ¿Andaba burlando o haciendo niñerías? ¿andaba como desvergonzado y desbaratado? ¿andaba muy erguido? ¿No era muy humilde ?¿No era muy reverente? Cierto, andaba inclinado y sin muestra de ninguna pompa, ni fantasía: oraba a nuestro señor dios con gran devoción, velaba de noche y se postraba de rodillas y de codos a la media noche a orar y a suspirar delante de dios, y asi esta ahora en esta costumbre. 

19-Levantábase luego de mañana y tomaba la escoba y barría, y limpiaba con el aventadero los oratorios; y ahora ¿qué te parece, cómo vive? ¿Cómo anda? ¿Anda soberbio o fantástico? ¿Acuérdase por ventura que es señoror? Tan humilde es ahora y tan obediente, y así llora y suspira y ora con gran devoción a nuestro señor no ves ahora que jamás dice: Yo soy señor, yo soy rey. Asi vela de noche ahora, y así barre, y así ofrece incienso como de antes. Aunque tu eres primero, hermano mayor, sobrepújate hijo mío (a) este tu primo hermano mayor en todas las buenas costumbres.

20-Nota, hijo, esta palabra, que lo que te tengo dicho te sea espina y aire frío, que te aflija para que te haga humillar y volver en ti; mira, hijo, que has nacido en tiempo de trabajos y aflicciones, y te ha enviado dios al mundo en tiempo de gran pobreza; mira que yo soy tu padre, mira qué vida pasamos yo y tu madre, que no somos tenidos en nada, ni hay memoria de nosotros, aunque nuestros antepasados fueron grandes y poderosos, ¿dejáronnos aquella grandeza y potencia? No por cierto.

21-Mira a tus parientes y afines que no tienen ser ninguno en la república sino que viven en pobreza y como desechados, y aunque tú seas noble y generoso y de claro linaje, conviene que tengas delante de tus ojos cómo has de vivir; 

22-nota, hijo, que la humildad y el abajamiento de cuerpo y de alma, y el lloro, y las lágrimas y el suspirar, ésta es la nobleza y el valer y la honra; mira, hijo, que ningún soberbio ni erguido ni presuntuoso, ni bullicioso, ha sido electo por señor; 

23-ningún descortés, malcriado, deslenguado, ni atrevido en hablar, ninguno que habla lo que se le viene a la boca, ha sido puesto en el estrado y trono real; y si en algún lugar hay algún senador que dice chocarrerías o palabras de burla, luego le ponían un nombre tecucuecuechtli, que quiere decir truhán;

24-nunca a ninguno fue dado algún cargo notable de la república que fuese atrevido, o disoluto en hablar, o en burlar, estos tales se Ilamaban quaquachictin, que es nombre de hombres alocados, pero valientes en la guerra; también los Ilamaban a estos otomi otlaotzonxintin, que quiere decir, otomis trasquilados y alocados. 

25-Éstos eran grandes matadores, pero teníanlos por inhábiles para cosa de regir. Aquellos que rigieron los tiempos pasados las repúblicas, y los ejércitos de las guerras, todos fueron gente muy dada a la oración y devoción, a las lágrimas y suspiros, muy humildes, obedientes, no erguidos ni presuntuosos, muy cuerdos y prudentes, muy pacíficos y reposados.

26-Ya sabes, hijo mío, bien tienes en la memoria que el señor es como corazón del pueblo. A este le ayudaban dos senadores para lo que toca al regimiento del pueblo; uno de ellos era pilli y otro era criado en las guerras. El uno de ellos se llamaba tlacatecutli, y el otro tlacochtecutli

27-Otros dos capitanes ayudaban al señor para las cosas de la milicia: el uno de ellos era pilli y criado en la guerra, y el otro no era pilli; el uno de ellos se Ilamaba tlacatécatl y el otro se llamaba tlacochcálcatl.

28-De esta manera, hijo mío, va el regimiento de la república, y estos cuatro ya dichos, tlacatecutli, y tlacochtecutli, y tlacatécatl y tlacochcálcatl, no tenían estos nombres y estos oficios por heredad o propiedad, sino que eran electos por la inspiración de nuestro señor dios, porque eran más hábiles para ello. 

29-Nota bien lo que te digo, muy amado hijo mio, muy estimado, que no te ensoberbezcas ni te altivezcas si por ventura fueres tomado para alguno de los oficios ya dichos. 

30-Por ventura dios te llamará para alguno de ellos, o por ventura te quedarás sin ninguno y vivirás como hombre común y popular; y si fueres llamado y elegido para alguno de estos oficios, otra y otra vez te encargo que no presumas de ti, ni te estimes por grande y valeroso y principal, porque esto es cosa con que dios mucho se enoja.

31-Si por ventura merecieres alguna dignidad, y por ventura merecieres ser algo, si por ventura merecieres ser electo para alguno de los oficios ya dichos, sé humilde, y anda muy humilde o inclinado y baja la cabeza, y recogidos tus brazos, y date al lloro y a la devoción y tristeza, y a los suspiros, y a la sujeciôn de todos; sé sujeto a todos y humilde a todos.

32-Y nota, hijo mio, que esto que te he dicho de la humildad y sujeción y menosprecio de ti mismo, ha de ser de corazón, delante de nuestro señor dios. 

33-Mira que no sea fingida tu humidad, porque entonces decirse ha de ti titoloxochton, que es hipócrita; decir se ha de ti también titlanixiquipile, que quiere decir hombre fingido. 

34-Mira que nuestro señor dios ve los corazones y ve todas las cosas secretas, por muy escondidas que estén, y oye lo que revolvemos en nuestro corazón todos nosotros, cuantos vivimos en este mundo; mira que sea pura tu humildad y sin mezcla de ninguna soberbia; mira que tu humildad delante de dios sea pura como una piedra preciosa muy fina; mira que no muestres una cosa de fuera y tengas otra de dentro."


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

lunes, 28 de noviembre de 2022

Sahagún: Del agüero al ver una comadreja en su camino



 LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


[...]

CAPITULO VI

DEL MAL AGUERO QUE TOMABAN CUANDO VEÍAN QUE LA COMADREJA  O MOSTOLILLA ATRAVESABA POR DELANTE DE ELLOS CUANDO IBAN POR EL CAMINO O POR LA CALLE.

De este animalejo que se llama comadreja, o mostolilla, se espantaban y tomaban mal agüero cuando la veían entrar en su casa, o traspasar por delante de si, cuando iban por el camino o por la calle; y concebían en su corazón mala sospecha de que les había de venir algún mal, o que si algún viaje tomasen no les había de suceder bien, que habían de caer en manos de ladrones o que les habían de matar, o les habían de levantar algún falso testimonio; 

y por esto ordinariamente los que (se) encontraban con este animalejo les temblaban las carnes de miedo, y se estremecían y se les espeluzaban los cabellos; algunos se ponían yertos o pasmados, por tener entendido que algún mal les había de acontecer. 

La forma de este animal, acá  en esta tierra, es que son como los de España, que tienen la barriga y pecho blanca y todo lo demás bermejo.


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

jueves, 25 de agosto de 2022

Huehuetlatolli: palabras a la hija

  


Libro Sexto


De la retórica y Filosofía moral y Teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas, tocantes a los primores de su lengua, y cosas muy delicadas tocante a las virtudes morales


[...] 

CAPITULO XIX

QUE EN ACABANDO EL PADRE DE EXHORTAR A LA HIJA, LUEGO DELANTE DE ÉL TOMABA LA MADRE LA MANO, Y CON MUY AMOROSAS PALABRAS LA DECÍA QUE TUVIESE EN MUCHO LO QUE SU PADRE LA HABÍA DICHO Y LO GUARDARE EN SU CORAZÓN COMO COSA MUY PRECIOSA, Y LUEGO COMENZABA ELLA A DISCIPLINARLA DE LOS ATAVÍOS QUE HA DE USAR Y DE COMO HA DE HABLAR Y MIRAR Y ANDAR, Y QUE NO CURE DE SABER VIDAS AJENAS, Y QUE EL MAL QUE DE OTROS OYERE NUNCA LO DIGA. MAS APROVECHARIAN ESTAS DOS PLATICAS DICHAS EN EL PÚLPITO, POR EL LENGUAJE Y ESTILO QUE ESTÁN (MUTATIS MUTANDIS) A LOS MOZOS, Y MOZAS, QUE OTROS MUCHOS SERMONES.

"Hija mia muy amada, muy querida palomita, ya has oído y notado las palabras que tu señor padre te ha dicho: has oído las palabras preciosas y que raramente se dicen, ni se oyen, las cuales han procedido de las entrañas y corazón en que estaban atesoradas; y tu muy amado padre bien sabe que eres su hija, engendrada de él, eres su sangre y su carne, y sabe dios nuestro señor que es así, aunque eres mujer, imagen de tu padre. ¿Qué más te puedo decir, hija mía, de lo que está dicho? ¿Qué más puedes oír de Io que has oído de tu señor y padre?

El cual te ha dicho copiosamente lo que te cumple hacer y guardar, ni ninguna cosa ha quedado de lo que te cumple que no la haya tocado; pero por hacer lo que soy obligada para contigo quiérote decir algunas pocas palabras.

Lo primero es que te encargo mucho que guardes y que no olvides lo que tu señor y padre ya dijo, porque son todas cosas muy preciosas; porque las personas de su suerte raramente publican tales cosas, y que son palabras de señores y principales y sabios, preciosas como piedras preciosas muy bien labradas. 

Mira que las tomes y las guardes en tu corazón, y las escribas en tus entrañas; si dios te diere vida, con aquellas mismas palabras has de doctrinar a tus hijos e hijas, si dios te los diere. 

Lo segundo que te quiero decir es que mires que te amo mucho, que eres mi querida hija; acuérdate que te traje en mi vientre nueve meses, y desque naciste, te criaste en mis brazos; yo te ponía en la cuna, y de allí en mi regazo, y con mi leche te crié.

Esto te digo porque sepas que yo y tu padre somos los que te engendramos, madre y padre, y ahora te hablamos doctrinándote. Mira que tomes nuestras palabras y las guardes en tu pecho:

mira que tus vestidos sean honestos y como  conviene; mira que no te atavíes con cosas curiosas y muy labradas, porque esto significa fantasía, y poco seso y locura.

Tampoco es menester que tus atavíos sean muy viles, o sucios o rotos, como son los de la gente baja, porque estos atavíos son señal de gente vil y de quien se hace burla; tus vestidos sean honestos y limpios, de manera que ni parezcas fantástica ni vil; 

y cuando hablares, no te apresurarás en el hablar, no con desasosiego, sino poco a poco y sosegadamente; cuando hablares, no alzarás la voz ni hablarás muy bajo, sino con mediano sonido, no adelgazarás mucho tu voz cuando hablares ni cuando saludares, ni hablarás por las narices, sino que tu palabra sea honesta y de buen sonido, y la voz mediana; no seas curiosa en tus palabras.

"Mira, hija, que en el andar has de ser honesta, no andes con apresuramiento ni con demasiado espacio porque es señal de pompa andar despacio, y el andar de prisa tiene resabio de desasosiego y poco asiento; andando llevarás un medio, que ni andes muy de prisa ni muy despacio, y cuando fuere necesario andar de prisa hacerlo has así, (que) por eso tienes discreción; para cuando fuere menester saltar algún arroyo, saltarás honestamente, de manera que ni parezcas pesada y torpe ni liviana.

Cuando fueres por la calle o por el camino no lleves inclinada mucho la cabeza, o encorvado el cuerpo, ni tampoco vayas muy levantada la cabeza y muy erguida, porque es señal de mala crianza, irás derecha y la cabeza poco inclinada; no lleves la boca cubierta, o la cara con vergüenza, no vayas mirando a manera de cegajosa; no hagas con los pies meneos de fantasía por el camino, anda con sosiego y con honestidad por la calle.

Lo otro que debes notar, hija mia, es que cuando fueres por la calle no vayas mirando acá ni acullá, ni volviendo la cabeza a mirar a una parte ni a otra, ni irás mirando al cielo, ni tampoco irás mirando a la tierra; a los que topares, no los mires con ojos de persona enojada, ni hagas semblante de persona enojada; mira a todos con cara serena. Haciendo esto no darás a nadie ocasión de enojarse contra ti. 

Muestra tu cara y tu disposición como conviene, y de la manera que conviene, de manera que ni lleves el semblante como enojada ni tampoco como risueña. 

Mira también, hija, que no te des nada por las palabras que oyeres, yendo por el camino, ni hagas cuenta de ellas, digan lo que dijeren los que van o vienen; no cures de responder ni cures de hablar, mas haz como que no lo oyes ni lo entiendes, porque haciendo de esta manera nadie podrá decir, con verdad, dijiste tal cosa. 

Mira también, hija, que nunca te acontezca afeitar la cara o poner colores en ella, o en la boca, por parecer bien, porque esto es señal de mujeres mundanas y carnales; los afeites y colores son cosas que las malas mujeres y carnales lo usan, las desvergonzadas que ya han perdido la vergüenza y aun el seso, que andan como locas y borrachas; éstas se Ilaman rameras. 

Y para que tu marido no te aborrezca atavíate, lávate y lava tus ropas, y esto sea con regla y con discreción, porque si cada día te lavas y lavas tus ropas, decirse ha de ti que eres relimpia y que eres demasiado regalada; llamarte han tapepetzon ["Eres perlita de agua",  para hacer burla de la que se acicalaba demasiado],  tinemaxoch ["Eres un ramito de flores", para burlar a la mujer afectada en su limpieza y adorno].

"Hija mía, este es el camino que has de llevar, porque de esta manera nos criaron tus señoras antepasadas, de donde vienes; las señoras nobles, ancianas y canas y abuelas, etc., no nos dijeron tantas cosas como yo te he dicho, no nos decían sino algunas pocas palabras; decían de esta manera: 

Oíd, hijas mías, en este mundo es menester vivir con mucho aviso y recato. Oye esta comparación que ahora te diré, y guárdala y de ella toma ejemplo y dechado para bien vivir. 

Acá en este mundo vamos por un camino muy angosto y muy alto y muy peligroso, que  es como una loma muy alta, y que por lo alto de ella va un camino muy angosto, y a la una mano esta gran profundidad y hondura sin suelo, y si te desviares del camino hacia la una mano o hacia la otra, caerás en aquel profundo. Por tanto, conviene con mucho tiento seguir el camino.

Hija mía, muy tiernamente amada, palomita mía, guarda este ejemplo en tu corazón y mira que no te olvides que este te sera como candela y como lumbre todo el tiempo que vivieres en este mundo.

"Sólo una cosa, hija mía, me resta por decirte para acabar mi plática: si dios te diere vida, si vivieres algunos años sobre la tierra, mira, hija mía muy amada, palomita mia, que no des tu cuerpo a alguno; mira que te guardes mucho que nadie llegue a ti, que nadie tome tu cuerpo. 

Si perdieres tu virginidad y después de esto te demandare por mujer alguno, y te casares con él, nunca se habrá bien contigo, ni te tendrá verdadero amor; siempre se acordará de que no te halló virgen, y esto será causa de grande aflicción y trabajo; nunca estarás en paz, siempre estará tu marido sospechoso de ti.

¡Oh hija mía muy amada, mi palomita! si vivieres sobre la tierra, mira que en ninguna manera te conozca más que un varón; y esto que ahora te quiero decir, guárdalo como mandamiento estrecho. Cuando dios fuere servido de que tomes marido, estando ya en su poder, mira que no te altivezcas, mira que no te ensoberbezcas, mira que no le menosprecies, mira que no des licencia a tu corazón para que se incline a otra parte; mira que no te atrevas a tu marido: mira que en ningún tiempo ni en ningún lugar le hagas traición, que se llama adulterio; mira que no des tu cuerpo a otro, porque esto, hija mía muy querida y muy amada, es una caída en una sima sin suelo que no tiene remedio, ni jamás se puede sanar, según es estilo del mundo; 

si fuere sabido, y si fueres vista en este delito, matarte han, echarte han en una calle para ejemplo de toda la gente, donde seras por justicia machucada la cabeza y arrastrada; de estas se dice un refrán: probarás la piedra y serás arrastrada, y tomarán ejemplo de tu muerte. 

De aquí sucederá infamia y deshonra a nuestros antepasados y señores, y senadores, de donde venimos, de donde naciste, y ensuciarás su ilustre fama y su gloria con la suciedad y polvo de tu pecado.

Asimismo perderás tu fama y tu nobleza y tu generosidad; tu nombre sera olvidado y aborrecido, de ti se dirá el refrán: que fuiste enterrada en el polvo de tus pecados.

Y mira bien, hija mía, que aunque nadie te vea, ni tu marido sepa lo que pasa, te ve dios, que esta en todo lugar, enojarse ha contra ti y despertará la indignación del pueblo contra ti, y se vengara como el quisiere o te tullirás por su mandado, o cegarás, o se te podrirá el cuerpo o vendrás a la última pobreza, porque te atreviste y te arrojaste contra tu marido, que por ventura te dará la muerte y te pondrá debajo de suspies, enviándote al infierno.

Nuestro señor misericordioso es, pero si hicieres traición a tu marido, aunque no se sepa, aunque no se publique, dios, que esta en todo lugar, él hará a venganza de tu pecado, que nunca tengas contento ni reposo ni tengas vida sosegada, y él provocará a tu marido que siempre esté enojado contra ti y siempre te hable con enojo.

Mira, hija mía muy amada, a quien amo tiernamente, mira que vivas en el mundo con paz y con reposo y con contento esos días que vivieres; mira que no te infames, mira que no amancilles tu honra, mira que no ensucies la honra y fama de nuestros señores antepasados de los cuales vienes; mira que a mi y a tu padre nos honres, y nos des fama con tu buena vida.

Hágate dios muy bien aventurada, hija mía primogénita, y llégate a dios, el cual está en todo lugar".


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

martes, 9 de agosto de 2022

Sahagún: Del agüero cuando un zorrillo entra en su casa



LIBRO QUINTO 


Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras. 

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CAPITULO IX

DEL AGÜERO QUE TOMABAN CUANDO UN ANIMALEJO MUY HEDIONDO QUE SE LLAMA EPATL ENTRABA EN SU CASA, U OLiAN SU HEDOR EN ALGUNA PARTE.

Tenían también por mal agüero los naturales de esta Nueva España cuando un animalejo cuya orina es muy hedionda entraba en su casa, o paría en algún agujero dentro de su casa; en tal caso luego concebían mal pronóstico, y era que el dueño de la casa había a de morir, y decían que la causa era porque este animalejo no suele parir en casa alguna sino en el campo o entre las piedras, en los maizales, donde hay magueyes o tunas.

También decían que este animalejo era imagen del dios que llamaban Tezcatlipoca, y cuando este animalejo expelía aquella materia hedionda que era la orina, o el mismo estiércol o la ventosidad, decían: 'Tezcatlipoca ha ventoseado".

Tiene esta maña este animalejo, que cuando topan con él en casa o fuera, no huye mucho, sino anda azcadillando de acá para allá, y cuando el que le persigue vaya cerca para asirle, alza la cola  y arrójale a la cara la orina o aquel humor que alanza, muy hediondo, tan recio como si lo echase con una jeringa; y aquel humor cuando se esparce parece de muchos colores, como el arco del cielo, y donde da queda aquel hedor tan impreso que jamás se puede quitar, o a lo menos dura mucho, ora dé en el cuerpo, ora dé en la vestidura y es el hedor tan recio y tan intenso que no hay hedor tan vivo ni tan penetrativo, ni tan asqueroso.

Y cuando este hedor es reciente, el que le huele no ha de escupir, porque dicen que si escupen, como asqueando, luego se le vuelve cano todo el cabello. 

Y por esto los padres y madres amonestaban a sus hijos e hijas que cuando olían este hedor no escupiesen, mas antes apretasen los labios. Si este animalejo acierta con su orina a dar en los ojos, ciega los ojos. 

Este animalejo es blanco por la barriga y pechos y negro en lo demás.


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)

lunes, 4 de julio de 2022

Sahagún: Del agüero cuando de noche oían aullar alguna fiera

 


LIBRO QUINTO 

Que trata de los agüeros y pronósticos, que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras.


CAPITULO I

DEL AGÜERO QUE TOMABAN CUANDO ALGUNO OÍA DE NOCHE AULLAR A ALGUNA BESTIA FIERA, O LLORAR COMO VIEJA, Y DE LO QUE DECÍAN LOS AGÜEROS EN ESTE CASO

En los tiempos pasados antes que viniesen los españoles a esta tierra, los naturales de ella tenían muchos agüeros por donde adivinaban las cosas futuras. 

El primer aguero de éstos es que, cuando alguno oía en las montañas bramar alguna bestia fiera, o algún sonido hacia zumbido en los montes o en los valles, luego tomaba mal aguero, diciendo que significaba algún infortunio o desastre que le había de venir en breve, o que había de morir en la guerra o de enfermedad, o que algún desastre o infortunio le había de venir, de que le habían de hacer esclavo a él o alguno de sus hijos, o que alguna desventura había de venir por él o por su casa. 

Habiendo oído este mal agüero, luego iba a buscar a aquellos que sabían declarar estos agüeros, a los cuales llamaban tonalpouhque, y este agorero o adivino consolaba y esforzaba a este tal, diciéndole de esta manera:

"Hijo mío, pobrecito, pues que has venido a buscar la declaración del agüero que viste, sábete que es cosa adversa y trabajosa lo que significa este tu agüero; esto no es porque yo lo digo, sino porque asi lo dejaron dicho y escrito nuestros viejos y antepasados;

así que, la significación de este tu agüero es que te has de ver en pobreza y en trabajos, o morirás, por ventura esta ya enojado contra ti aquel por quien vivimos, y no quiere que vivas más tiempo; 

espera con ánimo lo que te vendrá porque asi esta escrito en nuestros libros, de que usamos para declarar estas cosas, a los cuales acontece, y no soy yo el que te pongo espanto o miedo, que el mismo señor dios quiso que esto te aconteciese y viniese sobre ti; y no hay que culpar al animal porque él no sabe lo que hace, porque carece de entendimiento, de razón, 

y tu, pobrecito, no debes de culpar a nadie porque el signo en que naciste tiene consigo estos azares, y ha venido ahora a verificarse en ti la maldad del signo en que naciste; esfuérzate, porque por experiencia lo sentirás; mira que tengas buen ánimo para sufrirlo, y entre tanto llora y haz penitencia.

Nota lo que ahora te diré que hagas para remediar tu trabajo: haz penitencia, busca papel para que se apareje tu ofrenda, que has de hacer, compra papel e incienso blanco y ulli, y las otras cosas que sabes que son menester para esta ofrenda.

Después que hayas aparejado lo necesario, vendrás tal día, que es oportuno para hacer la ofrenda que es menester al señor dios del fuego; entonces vendrás a mi, porque yo mismo dispondré y ordenaré los papeles y todo lo demás, en los lugares y en el modo que ha de estar para hacer la ofrenda; yo mismo lo tengo de ir a encender y quemar en tu casa". De esta manera hacian los que oían el agüero arriba dicho.


(Tomado de: Sahagún, fray Bernardino de - Historia General de cosas de Nueva España. Numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…” #300. México, D.F. 1982)