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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Los caminos indígenas y la Ruta de la Plata


 Los caminos indígenas y la “Ruta de la Plata”


Cruzaba la ciudad de México viejos caminos indígenas que llevaban, por los cuatro puntos cardinales, a las fronteras conocidas del virreinato. 

Hacia el norte, el camino conducía hacia nuevo México. Hacia el sur se dirigía a Oaxaca y Guatemala. Era penoso, pero seguro y preferido por los viajeros, por ser la mejor comunicación con la metrópoli, pues por mar era casi imposible llegar a Guatemala. Por él venían los correos con noticias de aquella capitanía general y de los puertos de Centroamérica en el océano Pacífico. 

Hacia el occidente, el camino llevaba a Acapulco, punto de partida y término del tornaviaje a las islas Filipinas. Pasando por tierras del marqués del Valle, seguía por tierra caliente, desolada y cruzada por ríos que sólo en temporadas de sequía se podían atravesar. Algunos virreyes recorrieron el camino a Acapulco en espera del navío que habría de llevarlos a Perú. 

El camino más cuidado y protegido, y también más transitado, era el que unía la Ciudad de México hacia el oriente con la Villa Rica de la Veracruz y la fortaleza de San Juan de Ulúa. La Nueva Veracruz era la puerta de entrada a Nueva España, adonde arribaba la flota con las noticias más importantes, puesto que venía de quien tenía los medios para hacerse oír y obedecer, las autoridades y viajeros que salían del virreinato y entraban en él, el azogue para trabajar las minas, el papel sellado de los documentos oficiales y las demás mercancías apetecidas por la sociedad criolla y peninsular. Por Veracruz salían asimismo los caudales con que contribuía el virreinato al sostenimiento de la monarquía y los productos del Nuevo Mundo, como cacao y cochinilla, que enriquecían la vida europea. Era el puerto malsano; cuando arribaba la flota o estaba preparando para zarpar, escaseaban víveres y alojamientos. Por ser lugar de paso, era alegre y bullicioso, de población heterogénea, en donde primero conocían muchas de las noticias que llegaban del mundo exterior. 

Los caminos novohispanos fueron, en buena medida, tributarios de la línea de comunicación a la que los españoles prestaron más atención y cuidado durante todo el período de su hegemonía en el Nuevo Mundo. Esta era la que partía de Cádiz con destino a Veracruz, pasaba por México y Acapulco, para extenderse por mar hasta Manila, en la isla de Luzón. Este extraordinario trayecto que unía a España con el fabuloso Oriente, pasando por mar y tierra, necesitó muchísimas disposiciones para mantenerlo integrado. Hay motivos suficientes para llamarlo la "ruta de la plata", aunque generalmente se designa con ese nombre la navegación que hacían flotas y galeones, cuando, una vez recogida la plata y mercancías provenientes de todas las provincias americanas en la Habana, salían con destino a España. Pero también funcionaba para el transporte de plata hacia el Oriente, pues de Nueva España salieron para Filipinas regularmente muchos navíos llevando la plata para pagar las ricas mercancías asiáticas y los sueldos de soldados de guarnición en las islas Filipinas. Mientras el dominio sobre cada trecho de la línea, sobre los yacimientos minerales que le daban nombre (de ahí la importancia del virreinato de Nueva España) y sobre el comercio que le daba vida, durante casi tres siglos, fue pericia y sabiduría de España; uno de los logros que le da derecho a figurar en la historia de las grandes naciones colonizadoras y civilizadoras. 


(Tomado de: Velázquez, María del Carmen - Política hispana en la primera mitad del siglo XVIII - Historia de México, tomo 7. Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1974)

miércoles, 4 de julio de 2018

Sebastián de Aparicio

Sebastián de Aparicio



Nació en Gudiña, Galicia, España, en 1502; murió en Puebla, Pue., en 1600. Llegó a Nueva España en 1533, fijando su residencia en Puebla, donde se dedicó primero a la agricultura y después al acarreo de mercancías de esa ciudad a Veracruz, del puerto a la Ciudad de México y finalmente de la capital del virreinato a Zacatecas. Se le atribuye la introducción de las carretas tiradas por bueyes y la apertura del camino a Zacatecas. Al cabo de algunos años adquirió un rancho entre Azcapotzalco y Tlalnepantla, donde volvió a dedicarse a las faenas del campo. Ya en edad avanzada, se casó dos veces, aunque se dice que vivió en perfecta castidad. A los 70 años, sintiéndose muy enfermo, cedió sus propiedades a las religiosas de Santa Clara de México y entró a servirlas en calidad de criado; y el 9 de junio de 1573 vistió el hábito de San Francisco, donde profesó al año siguiente. Fue destinado al convento de Tecali y después al de Puebla, cuya jurisdicción recorrió incesantemente recogiendo limosnas para la casa de religiosos. Se dice que obró milagros en vida y después de muerto, por lo cual el Papa Pío VI expidió decreto de beatificación. Su cuerpo se conserva en una capilla del templo de san Francisco en Puebla.


(Tomado de: Enciclopedia de México).