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lunes, 5 de julio de 2021

Gabriel Vicente Gahona, "Picheta"

 


Grabador, nació y murió en Mérida, Yucatán, (¿?-1899). Aun cuando en diciembre de 1845 el Congreso del Estado le concedió una beca para estudiar dibujo y pintura en Italia, no hay certeza de que haya disfrutado de ese estímulo, pues en esa época Yucatán afrontaba muy graves problemas internos. Sí parece que en 1846 estuviera en Europa, pues al año siguiente ejecutó por vez primera en Mérida el grabado en madera, cuya técnica desarrolló con una maestría que no tuvieron sus contemporáneos de México. Estas obras se publicaron en Don Bullebulle, "periódico burlesco y de extravagancias, redactado por una sociedad de bulliciosos". Formaban ésta José María García Morales, editor, y los colaboradores Cisneros, Carrillo Suaste, Barbachano y Gahona, éste con el seudónimo de Picheta (del italiano piceta, peseta). La publicación satírica apareció en 1847, en dieciséis entregas que formaron las 265 páginas del primer tomo, y en diecisiete (274 páginas) del segundo. Éste fue dirigido por Gahona, quien hizo en total un poco más de ochenta grabados, quince de cuyas tablas originales, en madera de zapote, se conservan en el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán. En 1949, Armando García Franchi y Francisco Vázquez hicieron una pulcra edición de 150 ejemplares, con una nota preliminar de Leopoldo Peniche Vallado. Dice éste: "La preferencia de Picheta por el motivo popular, acogido siempre con intención relevante, nunca deprimente, constituye la característica más saliente, más alta, más viva de sus creaciones. Esta circunstancia, tan poco frecuente en la época y en el medio en que se gestaron sus obras, unida a la elevada calidad de su técnica, hace de Picheta un artista de actualidad permanente."

Francisco Díaz de León había ya dado a conocer en DYN, The Review of Modern Art (México, diciembre de 1943) la obra de Picheta, en el artículo Gabriel Vicente Gahona, Mexican Artist of the XIX Century, que que después publicó en español bajo el título Gahona y Posada, grabadores mexicanos (FCE, México, 1968). Dice en ese texto: "Gahona es el primer grabador que en México, de modo abierto, se entrega a estudiar al pueblo; y esta fuente es la vitalidad de su obra, urgida siempre por las necesidades apremiantes del carácter especial del periodismo satírico. En ella participan el político, el obeso burgués, los tristes pensionistas del erario; la coqueta, el petrimetre; la mestiza, el globo aerostático y la hamaca... Su función es atisbar por todas las rendijas, para sorprender a la humanidad en ropas menores. Y el endiablado Picheta no deja en paz su afilado buril, ni siquiera para callar las cosas más íntimas."


Justo Sierra O'Reilly, en su traducción de Incidentes de viaje en Yucatán, de Stephens (1848), lamenta no haber podido incluir grabados que ilustrasen la obra con cuyo motivo reitera a Vicente Gahona la invitación para que emprenda una tarea de tan alta importancia. Picheta no lo hizo y poco de su obra artística llegó a conocerse después de la desaparición de Don Bullebulle; la fundación de una escuela de dibujo, pintura y grabado, en 1848, la decoración para una obra de teatro, en 1861, y más tarde la construcción de la Alberca Gahona, que decoró con esculturas de ballenas. En la época del Imperio, Gahona trabajó en la creación del Museo Yucateco y en 1880 fue electo presidente municipal de Mérida.

(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen V, - Gabinetes - Guadalajara)

miércoles, 31 de octubre de 2018

Luis G. Ledezma


Nacido en 1838, el poeta zacatecano Luis G. Ledezma sembró el último tercio del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX con centenares de epigramas, retruécanos y toda clase de ingeniosas alteraciones idiomáticas que el pueblo repetía regocijadamente.

Su conocimiento del idioma, adquirido mediante un reiterado ejercicio poético, lo llevó a convertirse en un formidable calumburista, en un desenfadado artífice del impudor literario. La malicia del mexicano en el aspecto erótico-sexual (caracterizado algunas veces por sublimidades freudianas), encontró así en Ledezma a su más fiel intérprete.

Rubén M. Campos, espigador impar del folklore literario de México, dice de él:

La obra epigramática de Luis G. Ledezma “corría anónima sin que el poeta se preocupara de reclamar la paternidad, orgullosos de saber y oír que todo el mundo rural y urbano repetía y aun prohijaba su producción literaria, pecaminosa y fuerte.”

“El arte de Ledezma consistía en vertebrar frases alteradas que aparentemente eran de una inocencia infantil, pero que escuchadas por oídos malos significaban dicterios que hacían desternillar de risa o sublevaban como un fuetazo.”

En 1923, año de la muerte de Luis G. Ledezma, su legado humorístico permanecía inédito (todavía hasta la fecha nadie se ha interesado en inventariarlo siquiera, que sepamos), y solamente algunos de sus amigos, como el mencionado Rubén M. Campos, nos han obsequiado con algunos ejemplos estupendos:

Un conocido yesero
dos Cupidillos vació
y a dos chicas los vendió
para adornar un ropero.
El papá negó el dinero
porque en el recibo dice:
“Pagan las niñas Eunice
y Guadalupita Mata
un par de pesos de plata
por dos niños que les hice.”

*

El ducho arpista Llorente
muy joven sordo quedó,
y el arpa después tocó
tan solo intuitivamente.
Pero Luz, muchacha ardiente
y arpista de gran talento,
viendo que el sordo irredento
ya el arpa no afinaría,
cuando el caso se ofrecía
le templaba el instrumento.
*
De pan apostó una torta
con Don Juan Pérez, María,
por ver quién más correría
en una distancia corta.
El taimado agarró el pan,
y la chica, ya en carrera,
le cogió la delantera
y, ¡claro! perdió Don Juan.

*

Aurora tiene un gorrión
y de él se preocupa tanto,
que casi derrama llanto
si lo sacan al balcón.
Si lo meten, su aflicción
es más desconsoladora.
Y con su pájaro Aurora
diariamente nos irrita,
pues si se lo meten, grita,
y si se lo sacan, llora.

El humorismo de Ledezma, sin embargo, baja de tono en otras ocasiones, sin perder su inevitable matiz satírico:


-Muchacho, lleva este apunte
a don Blas el de “La Selva”,
y dile que lo devuelva
después de que lo trasunte.

-Ya entiendo: llevo a don Blas
este papel y le digo
que lo devuelva conmigo
después de untárselo atrás.

Y una muestra de cómo Ledezma jugaba con el alfabeto:

B b y x a c

mi señor don Blas,

Y e t a i s  5 p

que le quiere dar.

Q k, c k i j

de tan buen papá,

V y a q d i a c

que se acueste el tal.


Fue también un malabarista ortográfico, como lo demuestra la correspondencia que se suscitó entre él y Ramón Valle, cuando este otro ingenioso humorista le envió la siguiente cuarteta laudatoria:

A Samuel (Luis G. Ledezma)
Samuel (coma) voto a tal
que tus versos todos juntos
son magníficos (dos puntos)
muy buenos (punto final).

Ramón Valle

*

A Ramón Valle
Leí con (admiración)
y al ver tu rima preciosa
(coma) me dije Ramón
(punto y coma) pero son
buenos mis versos o es cosa
de sueño (interrogación).
La respuesta no me calle
el autor de aquella letra
(otro punto y coma) Valle
(nueva coma) así lo impetra
este vate de mal talle
tonto (coma) rudo (etcétera)
de los disparates gusto
con mis versos repulsivos
y (entre paréntesis) justo
son duros como incisivos
(otra coma) causan susto
y hasta (puntos suspensivos)
Conque así diga el autor
del ingenioso cartel
qué encuentra de halagador
cuando emborrona papel
tan rústico trovador
como el estulto

Samuel.


(Tomado de: Elmer Homero (Rodolfo Coronado) – El despiporre intelectual (Antología de lo impublicable). Colección El Papalote, #6. Editores Asociados, S. A. México, D.F., 1974)


miércoles, 17 de octubre de 2018

Antonio Plaza

Antonio Plaza



Ningún poeta mexicano, incluidos Manuel Acuña, Amado Nervo y Ramón López Velarde – para citar sólo a los que más se han acercado a la veneración popular- logró adentrarse en la sensibilidad del pueblo, convirtiéndose en cantor de sus grandezas y miserias, de sus virtudes y sus vicios, de sus altanerías y de sus frustraciones, como Antonio Plaza. Ninguna voz poética más viril que la suya para zaherir al poderoso, para maldecir al perverso y defender al humilde. Su verdad, como acertadamente ha observado Rubén M. Campos, “quema como gota candente de plomo sobre carne viva”.

Su poesía, corrosiva y cáustica, solda o amputa, absuelve o condena, según el grado del mal en cada organismo y en cada espíritu, sin que el poeta se preocupe del efecto que fatalmente produzca. Esta cualidad le ganó en vida el odio del burgués, pero también le ganó el amor del pueblo.”


En muchas ocasiones hemos oído a un obrero, a un chofer de taxi, a un fígaro de barriada, a una mariposilla irredenta o a un militar inválido y desencantado de sus servicios a la patria, declamar de memoria a Antonio Plaza, algunas veces sin conocer siquiera la procedencia de los versos.


Y que el pueblo prohije la voz de un poeta, que la haga suya y que como tal la transmita a los demás, es un fenómeno que se ha producido en la historia de la literatura mexicana en honor de muy pocos: Sor Juana, “El negrito poeta”, Guillermo Prieto, Luis G. Ledezma, y hace poco Renato Leduc.


Pero no solamente la poesía de Antonio Plaza, sino también su vastísima producción festiva, son ya hijas del sentimiento popular. La selección que de él presentamos, por lo consiguiente, de lo menos que puede dejarnos satisfechos es de su novedad:



AUTOBIOGRAFIA HEROICA

El éxito no fue malo:
vencimos a los traidores.
y volví pisando flores
con una pata de palo.
 
 
EPIGRAMAS

Dijo la niña Isabel
cuando con Juan se midió:
-No somos iguales: él
tiene un dedo más que yo.


*
Mariquita, ella tan viva,
una noche resbaló,
y aunque cayó boca arriba
el vientre se le inflamó.


*
-Y ¿cómo es el Diablo, madre?
dime, para entretenernos.
-Es viejo, feo y con cuernos…
-No sigas: ese es mi padre.


*
Iban a matar a un chivo
y Cenobio lo evitó.
Su mujer le preguntó:
¿Para qué lo quieres vivo
cuando es inútil así?
El dijo entonces: “Señora,
lo que hago por él ahora
mañana lo harán por mí.”


*
Doña Manuelita Ocio
un pleito tiene enredado;
pero no encuentra abogado
que le mueva su negocio.


*
¡Lindos pies te ha dado Dios!
Bien mereces otros dos.
*
Hicieron guarda de aduana
marítima a Juan Castillo,
y a poco su bella hermana
resultó con un chiquillo.
Él, muy enojado, pronto
quiso matar al trofeo;
pero ella le dijo: “¡Tonto!
¿quieres perder el empleo?”


*
Ya no ejerce el doctor Lario:
¡ese sí es humanitario!
 
 
 
EPITAFIOS
 
Isabelita Meneses,
siendo tan pobre y tan bella,
al cielo se fue doncella:
pues murió a los quince meses.
*
La hermosa doña Ventura
descansa aquí boca arriba,
porque cuando estaba viva
le gustaba esa postura.
*
El chapucero Canuto
hace un año aquí llegó.
Pagó a la tierra tributo…
-Fue lo único que pagó.
*
El burócrata Dorantes
aquí reposa, como antes.
 
 
 
(Tomado de: Elmer Homero [Rodolfo Coronado] – El Despiporre Intelectual (Antología de lo impublicable). Colección El Papalote, #6. Editores Asociados, S. A. México, D.F., 1974)





Yo

Me hizo nacer la suerte maldecida,
de sombra y luz conjunto inexplicable;
que oculta en mi corteza despreciable
arde un alma grandiosa y descreída.
Llevo en mi frente, do la audacia anida
un mundo de ilusiones impalpable;
soy, en fin, un misterio impenetrable,
que me agito en el sueño de la vida.
Por el cielo a sufrir predestinado,
me llena el mundo de ponzoña y duelo;
mas yo siempre orgulloso y resignado
contra mi propia pena me revelo,
y en cada golpe, al mundo malhadado
doy mi desprecio, y mi perdón al cielo.
 

Dolce far Niente
 
 
Feliz yo que tendido boca arriba,
sin amo, sin mujer, sin nada de eso,
ni me duelo de Job, ni envidio a Creso,
ni me importa que el Diablo muera o viva.

 
Indiferente a lo que el doctor escriba,
en holganza constante me esperezo,
y después de roncar, canto el bostezo,
y después de cantar, Morfeo me priva.

 
Aquella maldición que Adán nos trajo
de que al hombre le sude hasta su lomo
para comer un poco su tasajo,

 
Por una chanza del Señor la tomo;
pues si yo he de comer de mi trabajo,
entonces, ¿la verdad?,,, mejor no como.
 
 *
 
EPIGRAMAS
 
Entraba un recién casado
al taller de un peinetero,
y oliendo a cuerno quemado
se paró muy asustado
a sacudir el sombrero.


*
Inés mira con enojo
a Pablito el diminuto:
pero el rico don Canuto
ese sí le llena el ojo.


*
“Qué tonta es mi hija Librada”,
dijo el buen Juan Acevedo;
sólo mi hija la casada
esa sí no se mama el dedo.
 

AMOR Y PROSA
 
Te adoro como a Dios –dije a Gregoria-
y si te inflama esta pasión ingente,
yo juro que mi cántico ferviente,
como Dios hará eterna tu memoria.

 
Con luz del cielo escribiré tu historia,
pondré bajo tu planta el sol ardiente.
La regia luna brillará en tu frente
y hasta en la gloria envidiarán tu gloria.

 
Mas ella ¡ay! Sus ojos picarones
en mí clavando, dijo con salero:
“Lindas son en verdad sus ilusiones;

 
Pero, responda usted, señor coplero:
¿con el sol y la luna y sus canciones
tendré casa, vestidos y puchero?”
 

(Tomado de: Antonio Plaza, Poesías. Editorial El libro español, México, D.F. 1963)