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viernes, 6 de marzo de 2026

Carmen Lomas Garza

 


Carmen Lomas Garza

Pintora y estampadora que exalta los valores más profundos de la cultura chicana a través de imágenes de la vida cotidiana del mexicano-americano y de los recuerdos de la historia familiar en un pueblito del sur de Texas. Nació en 1948 en Kingsville, Texas, hija de padre mexicano; su madre contaba con habilidades artísticas que reflejaba en su especialidad de pintar a mano las cartas de la lotería, que después Carmen plasmaría en su famosa serie sobre este tema. Desde niña decidió ser un artista profesional. Desde sus estudios de licenciatura está el doctorado en Artes es influida por el movimiento chicano y ha enfocado su arte a plasmar los detalles que describen la casa y la familia chicanas.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 12 de enero de 2026

La comida chicana


La comida chicana 

La cocina mexicana es una de las más ricas del mundo, junto con la china y la francesa, pero en Estados Unidos solo la comían los mexicanos que la trajeron como parte fundamental de su cultura y de su identidad. No se concibe una fiesta ni una celebración sin una sabrosa comida. No se concibe una humilde comida sin tortillas, frijoles y chile. 

La comida la trajeron consigo los mexicanos desde el siglo XVI. Se hacían tortillas en pequeños locales comunitarios y en los campamentos agrícolas en los años treinta y cuarenta. La tradición de la comida se mantuvo siempre en Texas y Nuevo México donde se ha transformado y enriquecido de modo singular. Todavía a fines de los años cincuenta era difícil encontrar variedades de chiles y otros ingredientes como el orégano y el epazote en supermercados de Illinois. Se elaboraban infames tortillas de lata que eran quebradizas. 

Desde hace unas dos décadas la comida mexicana se ha extendido por todo Estados Unidos. Las bases de datos de negocios registran más de 14 mil establecimientos como restaurantes mexicanos, la mayor parte desde luego en California y Texas. La comida se consume en todo el país. En Atlanta, donde no hay grandes asentamientos de mexicanos, hay por lo menos dos cadenas de restaurantes mexicanos con más de setenta establecimientos cuyos prósperos dueños dicen que más de la mitad de sus clientes no son mexicanos y no hablan español

Mission Foods, empresa subsidiaria de la mexicana Gruma, vende cada día en el sur de California más de 2 millones de docenas de tortillas, y en todo el país unos 3 millones de docenas, de maíz y de trigo. Mission Foods es la mayor empresa, pero representa solo el 12 por ciento del mercado, el resto está atomizado en pequeñas empresas. Se pueden encontrar en casi todos los supermercados del país los ingredientes necesarios para la comida mexicana. Cerca del 25 por ciento de los restaurantes tienen entre sus platillos regulares alguno mexicano como principal. ¿Por qué este enorme desarrollo? 

Se pueden ofrecer dos razones fundamentales. Una: el enorme incremento de la población mexicana y latina, que en sí misma es ya un gran mercado. La otra es más compleja: en los años cincuenta los norteamericanos se dieron cuenta de que su dieta abundante en carne, leche y huevos no era muy sana ingerida todos los días. Se descubrieron los estragos del colesterol y de la grasa. Que los alimentos enriquecidos perjudicaban y conducían a la obesidad. Al mismo tiempo, se popularizaron conocimientos científicos sobre la alimentación equilibrada y nutritiva, así como las llamadas comidas "étnicas", la mexicana y las orientales, con menos grasa y más verduras. Se descubrió el taco, alimento sabroso y barato. Sobre todo barato, en épocas en que crecía la distancia entre ricos y pobres. La palabra taco entró desde hace años en los diccionarios de lengua inglesa (Webster, 1970).


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 29 de diciembre de 2025

Américo Paredes

 


Américo Paredes

Padre del estudio del folklore chicano, uno de los más sobresalientes y prolíficos eruditos de la cultura chicana, quien mostró que el análisis del folclore, de las leyendas y canciones es un elemento clave para construir la historia cultural de los mexicanos-americanos. Nació en Brownsville, Texas, en 1915. Descendiente de una familia de mexicanos que en 1749 poblaron lo que ahora se conoce como Río Grande Valley, en Texas, heredó un profundo amor por las tradiciones y cultura mexicanas. Realizó sus estudios en la Universidad de Texas, en Austin, y obtuvo su doctorado en filosofía y letras en 1956. A la edad de 20 años se inició como escritor, publicando sus poemas en el periódico La Prensa de San Antonio. Dos años después publicó su primera colección de poesía Cantos de la adolescencia. A partir de entonces desarrolló una prolífica carrera como escritor y periodista. Sus obras, entre las que cabe mencionar With his pistol in his hands: a border balan and it's hero (1958); El cowboy norteamericano en el folklore y la literatura (1963); Estados Unidos, México y el machismo (1966), son verdaderas contribuciones al estudio de los grupos de origen mexicano que ha inspirado el trabajo de varios escritores chicanos y que le han valido el respeto de los más prestigiados académicos norteamericanos. Fue también pionero en la lucha por los centros de estudio chicanos en las universidades y dirigió el Centro de Estudios Transculturales e Historia Oral en la Universidad de Texas, en Austin. Recibió la orden mexicana del Águila Azteca en 1990.

[Falleció en Austin, Texas, en 1999]


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

miércoles, 22 de octubre de 2025

Las fiestas chicanas

 


Las fiestas chicanas


Las fiestas son una característica principal de la cultura latina que se transfiere a todas las comunidades en Estados Unidos. Con familia y amigos se celebran nacimientos, bautizos, cumpleaños y santos, la llegada de los quince años de las niñas. Se celebran las fiestas patrias y otras fechas patrióticas, el día de muertos, la semana santa, el santo patrón. Las fiestas se celebran en la casa, en la iglesia, en la calle y en las plazas públicas, e incluyen comida, bebida, baile y oraciones. En muchos pueblos de México se celebran fiestas especiales para recordar a los hijos ausentes. 

En las fiestas pueden participar unas cuantas familias o miles de personas. Según lo comenta Olga Nájera-Ramírez, "las fiestas deben entenderse como grandes ocasiones mediante las cuales se producen y distribuyen significados culturales". Pero para las comunidades de migrantes significan mucho más: sirven de relajación después de intensos días de trabajo, son un mecanismo efectivo de comunicación del grupo, una afirmación de la propia identidad frente a ambientes incomprensibles y hostiles y un mecanismo de transferencia de la identidad cultural a las nuevas generaciones. La organización de una fiesta genera la colaboración de muchas personas con tiempo y dinero. Son también un mecanismo de cooperación. 

Un caso notable es la celebración del 5 de mayo en Estados Unidos, la victoria de México sobre los franceses. Existen registros que se celebró en San Francisco en 1863, un año después de la batalla. El evento se ha ido transformando y es ahora celebrado, todos los años y en decenas de ciudades de Estados Unidos, por millones de latinos y grupos de norteamericanos que se han apropiado de la fiesta por diversas razones. Dicha fiesta se celebra en escuelas y plazas con desfiles, bailes y música. 

El día de la Independencia también se celebra el 16 de septiembre con desfiles después de la ceremonia del Grito de Dolores la noche anterior, en cientos de ciudades grandes y pequeñas donde existen comunidades mexicanas y centroamericanas que celebran la Independencia el mismo día.

Otra forma cultural que es a la vez fiesta, esparcimiento y deporte, son las charreadas, que se han traspuesto tal cual a Estados Unidos. Existen cientos de lienzos charros manejados como empresas por la comunidad. En algunos municipios, donde son fuertes las sociedades protectoras de animales, se impiden algunas de las suertes más "crueles" como tirar de los animales por la cola, pero nada más. Las charreadas pueden ser eventos elaborados y fastuosos, con banquete, música y baile o el espectáculo mismo de las suertes con reata y a caballo.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 25 de agosto de 2025

Mexicanos y latinos en las guerras de Estados Unidos


 

Mexicanos y latinos en las guerras de Estados Unidos 


A lo largo de las décadas los mexicanos y los latinos han servido con honor en las guerras de Estados Unidos, aunque éstas se hagan impopulares entre la población norteamericana, como sucedió con las de Corea y Vietnam

Los mexicano-americanos y los latinos han sido siempre ciudadanos leales al país donde nacieron y trabajan, a pesar de que defienden con fiereza sus derechos, que combaten la discriminación y tienen un amor profundo por sus raíces culturales.

El Departamento de la Defensa (USDD, 1990) estima que de 1941 a 1945 entre un cuarto de millón y medio millón de latinos sirvieron en todos los frentes de la Segunda Guerra Mundial; en otras palabras, de 2.5 a por ciento del total de las fuerzas. Las cifras son imprecisas porque no se mantenían archivos diferenciados para los latinos, salvo para un regimiento especial de puertorriqueños. Si la cifra fuera la más alta, sería una proporción mayor que la de la población latina de entonces. 

Para aprovechar la extraordinaria habilidad hípica de los mexicano-americanos de California, durante la Guerra Civil, en 1863, se autorizó la formación de un batallón latino, el Primer Batallón de Caballería Nativa bajo el mando del mayor Salvador Vallejo. En total 469 mexicanos sirvieron en las cuatro compañías del Batallón en California y Arizona. 

Diego Archuleta (1814-1884) fue el primer Brigadier General del Ejército norteamericano, a cargo de la milicia nuevomexicana durante la Guerra Civil. Hijo de una familia acomodada, fue educado en Durango y diputado en el Congreso de México. Después de la Guerra con México, trató sin éxito de encabezar dos rebeliones en 1846 y 1847. Más tarde, juró lealtad al gobierno americano e ingresó al ejército. Fue nombrado agente indio de los Estados Unidos, puesto al que lo ratificó Lincoln después de la Guerra Civil. 

Se han entregado a latinos 38 medallas de honor, la mayor distinción que otorga el presidente a nombre del Congreso, por su heroísmo en el campo de batalla. Los mexicano-americanos han recibido el mayor número de estas medallas. La primera fue para David Barkley Cantú por sus actos durante la Primera Guerra Mundial. Fue reconocido oficialmente hasta 1989, porque al registrarse en el ejército ocultó su origen mexicano. En esos tiempos no lo hubieran aceptado para combatir. 

El 7 de diciembre de 1941 los japoneses comenzaron a bombardear Pearl Harbor. Al día siguiente las primeras muertes registradas fueron de dos mexicanos, Felipe Trejo, de Santa Fe, Nuevo México, y Epimenio Rubí, de Winslow, Arizona.

Guy Gabaldón, del cuerpo de marinos, tiene la distinción de haber ayudado a capturar mil japoneses en 1944, el mayor número que ningún soldado en todas las guerras de Estados Unidos. Gabaldón nació en Los Ángeles y fue adoptado por padres japoneses-americanos que le enseñaron japonés desde pequeño. Sus dos hermanos pelearon en Europa, mientras sus padres y hermana fueron enviados a un centro de concentración durante la guerra. Con su conocimiento de la lengua, Gabaldón convenció a los soldados japoneses de que se rindieran, a pesar de que tenían órdenes de pelear hasta el último hombre. Luego, los trató con gentileza. 

Durante la guerra de Corea participaron muchos mexicanos de los barrios de Laredo, San Antonio, Los Ángeles y Chicago en todas las unidades armadas entre 1950 y 1953. Nueve latinos recibieron la Medalla de Honor. Durante esa guerra se usaron por primera vez en los combates aviones de turborreactor. Uno de los "ases" (término usado desde la Primera Guerra Mundial para señalar a los pilotos que derribaban más de cinco aviones enemigos) fue el capitán Manuel J. Fernández. Voló en 125 misiones de combate y derribó quince aviones enemigos. Esto lo colocó en el lugar 60 de todos los ases sumados desde 1916. 

Los latinos participaron en la guerra de Vietnam en una proporción bastante mayor que la que tenían en la población, un 19 por ciento. Seis mil nombres están grabados en el muro que rememora en Washington a los muertos en Vietnam. 

Cerca del 4.5 por ciento de las fuerzas armadas norteamericanas son de origen latino y otro tanto son empleados civiles en todas las categorías. La partición va aumentando con lentitud.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 21 de agosto de 2025

Sandra Cisneros

 

Sandra Cisneros 


Poeta, cuentista y ensayista chicana de fama internacional. Hija de padre mexicano y madre norteamericana, nació en 1954 en Chicago. Además de escritora, ha trabajado como maestra de adolescentes con problemas, maestra de poesía y como profesora visitante en varias universidades de Estados Unidos. Esta escritora, que escribe en inglés incorporando muchas frases en español, ha sido invitada a leer su obra en México, Alemania y Suecia. Su obra The house of Mango Street, publicada en 1983, ha recibido muchos premios literarios como el "American Book Award"; en 1994 fue traducida al español por Elena Poniatowska. Su última colección de cuentos Woman Hollering Creeck and Other Stories (1991) ha sido traducida al español y otras lenguas. Sus cuentos son recreaciones llenas de humor de la realidad de ambos lados de la frontera. Reside en San Antonio, Texas y actualmente está escribiendo una novela. Es una de las escritoras chicanas que vive de sus regalías. En 1995 recibió el premio "Genius Grant", de la Fundación MacArthur, por 250 mil dólares.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 24 de julio de 2025

Luis Leal

Luis Leal


Es uno de los ejes alrededor del cual gira la historia de la crítica literaria latinoamericana y en particular de la literatura chicana. Nació en Linares, Nuevo León, en 1907 y emigró a Estados Unidos a la edad de 19 años; obtuvo la ciudadanía norteamericana después de haber participado en la Segunda Guerra Mundial. Su visión de ambos países le ha permitido anular fronteras y enlazar y conjugar tradiciones, folclore e historia en estudios que reafirman las raíces y la identidad de los mexicanos-americanos y que muestran sus contribuciones a la historia y la cultura americanas. Incansable promotor de la literatura mexicana y mexicano-americana, cuya prolífica labor como investigador y profesor universitario se ve reflejada en una veintena de libros y unos 300 artículos de crítica especializada y en la dirección de unas cincuenta tesis doctorales. A esta labor, hay que añadir su trabajo editorial en varias revistas literarias especializadas, así como en el National Chicago Council of Higher Education y su participación en la Comisión de la Literatura de las Américas de la Modern Language Association. Luis Leal, profesor emérito de la Universidad de Illinois, desde varios años ha escogido como su casa al Centro de Estudios Chicanos de la Universidad de California, en Santa Bárbara donde a sus casi 79 años de edad sigue contribuyendo al conocimiento de la literatura. Su obra ha enriquecido la trayectoria de la literatura mexicana de este siglo y ha elevado a la literatura chicana a la posición que hoy ocupa en el mundo de la academia. En 1991 recibió la orden mexicana del Águila Azteca. [Falleció en Santa Bárbara, California, en 2010]



(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 16 de junio de 2025

Judy Baca

 


Judy Baca


Reconocida pintora chicana y pionera del movimiento mural en Los Ángeles, fue fundadora, en 1974, del primer programa mural en esta ciudad y co-fundadora del Centro de Recursos Sociales y Artes Públicas en Venice, California, en el que fungió como directora de 1970 a 1980. Originaria de Los Ángeles, de abuelos mexicanos, nació en 1946. Estudió artes en la Universidad Estatal de California de Northridge. Después de realizar su maestría en arte, vino a México a estudiar el muralismo de “los tres grandes”. A finales de los sesenta, cuando el movimiento chicano estaba en pleno auge, comenzó a llevar su arte a la calle. Judy encontró en el mural la manera de poner su trabajo al servicio de su gente. Siempre se ha caracterizado por su trabajo interracial. Su obra más conocida “La gran muralla de Los Ángeles”, mural de media milla de longitud, sobre la historia de los grupos étnicos de California. Trabaja en un programa mural sobre la guerra, la paz, la cooperación, la interdependencia y el crecimiento espiritual conocida como “World Wall: A vision of the Future without Fear”, mural itinerante consistente en siete paneles de 10 por 30 pies.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

miércoles, 14 de mayo de 2025

Baldemar Velásquez

 


Baldemar Velásquez 


Es el símbolo de la lucha de los trabajadores agrícolas en el medio oeste norteamericano, seguidor de la huella de César Chávez. Nació en 1947 en Pharr, Texas. Como hijo de trabajadores agrícolas de origen mexicano, comenzó a trabajar en el campo a la edad de seis años y logró educarse a base de esfuerzos personales. En 1967 formó el Farm Labor Organizing Committee (FLOC), hoy la organización sindical de trabajadores agrícolas con mayor número de afiliados, cerca de 7000 en las áreas de Ohio y Michigan. En 1978 encabezó la huelga agrícola más grande en la historia del medio oeste norteamericano con más de 2000 trabajadores realizando el boicot a la sopa de tomate contra la empresa transnacional Campbell. Después de siete años de boicot y mostrando su visión política logró que por primera vez se elaboraran las reglas de las negociación de los derechos de los campesinos en esa región, a través de un comité independiente encabezado por el prestigiado economista John Dunlop. Así, logró sentar en la mesa de las negociaciones a la compañía internacional, a los rancheros y a trabajadores agrícolas.

A partir de entonces ha firmado otros acuerdos con empresas como la Dean Foods. Con dos principios que han guiado su vida, su fe católica y la igualdad del ser humano, Baldemar ha llevado la lucha del trabajador del campo no sólo en el ámbito económico y político, sino en el familiar, involucrando la lucha con la educación, la vivienda y la situación migratoria. En 1994 el gobierno mexicano le otorgó El Águila Azteca en reconocimiento a su labor de defensa de los mexicanos trabajadores agrícolas. 


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

domingo, 6 de abril de 2025

Gloria Molina

 


Gloria Molina 


Primera mujer hispana electa Supervisora del Condado de Los Ángeles por el Primer Distrito, cargo que ocupa desde 1991. Nació en 1948 en Montebello, California, de padres mexicanos, creció en Pico Rivera y estudió en el Colegio del Este de Los Ángeles. Como estudiante empeñosa, que se hizo cargo de su familia desde los 19 años, logró graduarse en ciencia política en la Universidad de California en Los Ángeles. Después de algunos años de dedicarse a la docencia en el Este de Los Ángeles, con una gran sensibilidad combativa y consciente de las condiciones de marginación, abuso, ignorancia y pobreza de miles de mexicanos que vivían en esa parte de la ciudad angelina, decide incorporarse a la política afiliándose al Partido Demócrata en 1977, durante la administración del presidente Carter, es nombrada subdirectora de personal de la Casa Blanca y un año después regresa a California para ocupar la Dirección de Servicios Sociales y de Salud en San Francisco. Al poco tiempo se convierte en la asistente administrativa del congresista californiano Willie Brown, puesto que deja en 1982 cuando es electa asambleísta estatal por el 56 Distrito, convirtiéndose en la primera mujer hispana en la Legislatura Estatal de California. Como legisladora promovió tantos proyectos de ley como le fue posible para proteger a los mexicano-americanos. Cuando en 1987 es electa uno de los 16 concejales del Ayuntamiento de Los Ángeles, su misión se centró en poner en práctica esas leyes. Con un claro perfil político de luchadora, Gloria Molina destaca por su fortaleza y su fuerte compromiso con la comunidad de origen mexicano que representa. Recibió del gobierno de México la orden mexicana de El Águila Azteca en 1992. [Falleció en 2023].


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

domingo, 30 de marzo de 2025

Población mexicana en Estados Unidos 1970-1990

 



Población mexicana en Estados Unidos 1970-1990 


Quinto periodo: 1970-1990


La inmigración continuó, ya en número significativos, pues la situación de Estados Unidos era próspera y siguió mejorando el nivel de vida de su población. Se abrieron numerosas oportunidades de trabajo en todo el territorio porque muchos norteamericanos, incluso muchos mexicano-americanos ya no querían hacer trabajos pesados en el campo, la industria y los servicios. Tenían otras perspectivas. Al mismo tiempo, desde 1976 México empezó a entrar en una fuerte crisis económica de la que con altibajos no ha podido salir todavía 

Veinte años de crisis en México, una política norteamericana más liberal y menos represiva, la atracción que representan para sus parientes y amigos en México, la gran cantidad de mexicanos emigrados que ya trabajan en Estados Unidos, pero sobre todo el imán de la economía norteamericana, han dado como resultado enormes incrementos en el flujo migratorio, con lo que la población de origen mexicano se ha disparado: de 1970 a 1990 pasó de 5 millones 422,000 a 14 millones, ¡un incremento de 9 millones en tan sólo 20 años! 

En 1986, después de largos debates se aprobó una nueva ley de inmigración en Estados Unidos, conocida en México como la Simpson-Rodino. En realidad la versión que se aprobó fue la propuesta por los congresistas Simpson y Mazzoli en medio de la oposición de todos los líderes chicanos que la consideraban discriminatoria porque imponía multas a los patrones que contrataran indocumentados y propiciaba la discriminación laboral con todos los chicanos que tuvieran la apariencia de indocumentados. Hasta su nombre en inglés es amenazante: Immigration Reform and Control Act, IRCA.

Se temía en México que la aprobación de la ley fuera a dar lugar a deportaciones masivas, pero nada de eso ocurrió, quizá por dos razones. La primera porque la ley contenía una cláusula que regularizaba la situación migratoria de todos los que hubieran llegado antes de 1982. Por cierto que la labor de organizaciones como el Consejo Nacional de la Raza y el Fondo mi exicano Americano para la Defensa Legal y la Educación (NCLR y MALDEF, por sus siglas en inglés) fue decisiva para que se aprobara esa cláusula de amnistía. A ella se acogieron cerca de 2.3 millones de mexicanos indocumentados hasta entonces. La segunda razón fue que hubo presión por parte de los empleadores, sobre todo empresarios agrícolas de California, para no ser muy estrictos en su aplicación porque temían quedarse sin mano de obra barata para recoger las cosechas. Además, lograron una excepción para regularizar trabajadores agrícolas, a la que se apuntaron más de 650,000 mexicanos. En la práctica, la discriminación, aunque se dio, fue leve, y cambió entonces por completo la estructura de la comunidad mexicana recién llegada. Disminuyó el número de trabajadores indocumentados.

Una enmienda posterior a la Ley de Inmigración autorizó a los mexicanos a traer a sus familias, dos o tres personas por cada mexicano regularizado, que se aumentarían a la migración normal. Este proceso se ha dado durante los últimos años y cruzará las dos décadas, 1980-2000. Esto apoyaría los datos que muestran grandes crecimientos en estos años, como lo estima el Buró del Censo.

En la tabla 5 se muestra que para 1990 había una población total de 14 millones de personas, 4 millones 447 mil eran inmigrantes, es decir recién llegados, nacidos en México. 

Por su parte, el Buró del Censo norteamericano en su informe más reciente sobre la población residente en Estados Unidos nacida en el extranjero, señala que los nacidos en México eran, en 1994, 6 millones 264 mil, de lejos el grupo más numeroso. El siguiente grupo fueron los filipinos con un poco más de 1 millón de habitantes (Hansen, 1995).


La situación actual: hasta 1995 


La migración continúa. El Buró del Censo norteamericano estima que la población hispana en 1995 fue de 26.8 millones de personas de ambos sexos (Campbell, 1994). Suponiendo que la población de origen mexicano representaba el 65 por ciento de la hispana, ésta sería de 17.4 millones, un incremento en 5 años 3.4 millones sobre la población en 1990. 

En otras palabras, la velocidad de crecimiento en la presente década es mayor que durante la década 1980-1990. Sigue el gran flujo de inmigrantes estableciéndose en Estados Unidos. 

Una cuota inferior a las estimaciones del Buró del Censo la establece El Colegio de la Frontera Norte. Con una metodología refinada, basada en mediciones continuas realizadas a lo largo de la frontera, para 1994 indican que 800 mil mexicanos cruzaron la frontera para ir a trabajar a Estados Unidos. De ellos regresan 640 mil. Se quedan allá a residir más de un año, unos 140 mil, lo que daría 1 millón 400 mil por década. A estos números habría que agregarle los que llegan con visa y permanecen después de su vencimiento. Éste es un dato muy difícil de estimar. Cuando se levantan los censos, se registra a una parte de los que van y vienen, los migrantes y también a los descendientes de los que ya habitan allá, lo que explicaría por qué sus cifras son mayores y no comparables del todo.

El proceso actual es más complejo porque a los ciclos básicos anuales se superponen otros de mayor duración generados por los primeros. Muchos regresan después de 3 o 5 años de estancia. Esto se debe a cambios en lo que se cosecha y a modificaciones en la tecnología que generan trabajos durante doce meses. Las comunidades asentadas ya en Estados Unidos se extienden y generan otras nuevas. 

En conclusión, el fenómeno de la migración de mexicanos a Estados Unidos ha sido un proceso continuo y creciente, con algún altibajo durante las últimas quince décadas. Es un proceso ineluctable, estructural en ambas sociedades, afectado en lo fundamental por factores económicos y mucho menos por las políticas gubernamentales, cualesquiera que hayan sido.



(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

viernes, 7 de febrero de 2025

Julián Samora


Julián Samora


Fue pionero de los estudios mexicano-americanos en el medio oeste norteamericano, con una destacada trayectoria tanto en la labor docente y de investigación como en la lucha en pro de los derechos de la población de origen mexicano. Nació en Papagosa Springs, Colorado, en 1920. Sin mayores recursos, más que su aguda inteligencia Y tenacidad, logró conseguir las becas necesarias para estudiar y escalar el más alto de los peldaños siendo el primer mexicano-americano que obtuvo un doctorado en la Universidad de Washington, en San Luis Missouri. Como doctor en sociología y antropología dedicó su trabajo a la comunidad de origen mexicano y realizó estudios que sirvieron de base para la lucha por la reivindicación de sus derechos. Consciente de la importancia de hacer de los estudios chicanos una disciplina académica en las universidades, dirigió el primer Programa de Estudios Fronterizos México-Estados Unidos en la Universidad de Notre Dame, desde donde se unió a las principales luchas por los derechos civiles y el movimiento chicano. Su amplia obra escrita, que comprende más de treinta estudios y varios libros, es una verdadera denuncia contra la explotación a los trabajadores indocumentados, las condiciones de vida de los mexicano-americanos, el racismo y la segregación. Su activismo no se limitó al ámbito académico: así lo muestra su participación en la fundación del Consejo Nacional de la Raza y en la Comisión de Derechos Civiles. Recibió la orden mexicana del Águila Azteca en 1990. Murió en 1996.



(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

miércoles, 22 de enero de 2025

Población mexicana en Estados Unidos 1940-1970

 


Población mexicana en Estados Unidos 1940-1970


El programa brasero 1941-1964 


Durante la Segunda Guerra Mundial, a la que Estados Unidos se incorporó en 1941, el gobierno norteamericano, presionado por los empresarios agrícolas que dudaban no tener mano de obra para recoger las cosechas porque un alto porcentaje de trabajadores norteamericanos estaba en el frente de batalla o incorporados a la industria militar, negoció con el gobierno mexicano El que se llamó Programa Brasero", por medio del cual se contrataban trabajadores del campo para laborar en Estados Unidos. El programa se puso en marcha en 1942 y se renovó en 1948, ya terminada la Guerra Mundial. Los trabajadores eran transportados a la frontera, donde los colocaban en enormes corrales con un número colgado del cuello con el que el representante de su empleador lo identificaba. Antes de entrar a Estados Unidos eran obligados a desnudarse, para regarlos con líquido desinfectante. Una vez en territorio norteamericano dependían para todo de su empleador. 

Para México se aseguraba un ingreso de divisas y el trabajador podía emplearse en Estados Unidos con gastos de transporte, vivienda y comida pagados por el empleador norteamericano. Esta condición en realidad casi nunca se cumplió, porque a los trabajadores les descontaban estos gastos de sus sueldos cuando estaban ya en su lugar de trabajo. 

Miles de mexicanos emigraron a Estados Unidos y otros tantos ya no regresaron, muchos más llegaron durante el mismo periodo fuera del programa, indocumentados, porque existían fuentes de trabajo. Estados Unidos iniciaba una etapa de creciente prosperidad que duraría casi un cuarto de siglo. 

Con este programa el influjo de inmigrantes se manipuló a la medida de los intereses económicos de la vecina nación. Entre 1954 y 1959, cuando el número de indocumentados se estimó amenazante, entró en acción la Operación Wetpack [conocida en México como Operación espaldas mojadas. De aquí se generalizó la denominación de mojados aplicada a todos los trabajadores indocumentados] para deportar a miles de mexicanos. Las violaciones al acuerdo constantes; no se defendían los derechos de los trabajadores ni se les daban las condiciones adecuadas de vivienda. Eran discriminados y maltratados. Eso provocó muchas quejas en México sobre el Programa Brasero. En respuesta, Jaime Torres Bodet estableció el Comité Mexicano contra el Racismo. Por estas razones, que se fueron acumulando a lo largo de los años, el presidente Adolfo López Mateos, de acuerdo con el gobierno norteamericano, dio por terminado el programa en 1964. 

Al año siguiente, Estados Unidos aprobó una nueva ley de migración que establecía una cuota de 120 mil inmigrantes para todas las naciones del Hemisferio Occidental modificando el criterio anterior que le daba preferencia a los inmigrantes europeos. Los inmigrantes comenzaron a ser más visibles en la sociedad, y esto, para los sectores más conservadores, era amenazante por la idea que tenían de lo que debía ser la sociedad norteamericana.

1950-1970 

Son significativas las cifras de la tabla 4, pues ya se trata de millones de personas. La población total de origen mexicano que se estimaba en 1 millón 729,000 personas en 1930, había aumentado cerca del 10 por ciento en la década, para llegar a 1 millón 904 mil en 1940. Esta cifra tiene un incremento de 600 mil en 1950 y de ¡1 millón 100 mil en 1960! En la siguiente década el aumento fue aún mayor. Para 1970 la población total llegaba a 5 millones 422 mil personas. 

En esos años se consolida y acelera un proceso continuo de migración del campo a la ciudad. Los padres que pueden tratar de escapar del arduo trabajo agrícola a labores mejor pagadas y más descansadas y, desde luego, los hijos en general mejor educados, ya no quieren vivir tal como lo hicieron sus padres. 

Así, los mexicanos se establecen en barrios que tienen un rápido crecimiento. El uso de la mano de obra mexicana se diversifica, muchos trabajan ya en la industria y en los servicios y los trabajadores del campo son minoría. Los inmigrantes se vuelven urbanos. Se trata de considerables cantidades que viven en barrios marginados, en el este de los Ángeles, en Houston, San Antonio, Dallas, Chicago, Denver, en condiciones penosas de pobreza. 

La semilla del movimiento chicano está sembrada. Existen las masas descontentas que producen el caldo de cultivo. Masas formadas en su mayoría por hijos de mexicanos inmigrantes, los chicanos, aunque al movimiento acaban incorporándose muchos nacidos en México.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 26 de diciembre de 2024

Población mexicana en Estados Unidos 1930-1940

 


Población mexicana en Estados Unidos 1930-1940

Tercer periodo: 1930-1940


El mundo industrializado sufrió una fuerte crisis económica durante los años treinta, arrastrado por Estados Unidos. La crisis duró toda la década, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El grave desempleo acrecentó el odio y la represión contra los mexicanos que resultaron "chivos expiatorios" como en otras ocasiones de la historia pasada y reciente. 

Así la Gran Depresión, iniciada a fines de 1929, no solo redujo de un modo drástico la inmigración, sino que motivó la repatriación de varios miles de mexicanos. Familias enteras fueron divididas para no reunirse más. Rodolfo Corona establece en la tabla 3 una reducción en el incremento decenal de inmigrantes. Esta cifra podría tomarse como una buena aproximación, conservadora, al número neto de deportados: 263 mil, ya que si bien varias fuentes establecen en 400 mil el número de deportados, debe tomarse en cuenta que algunos pudieron regresar a lo largo de la década. 

Lo ocurrido en este periodo evidencia con claridad una de las características del fenómeno migratorio: se regula por las fuerzas económicas, la relación entre oferta y demanda. Cuando existe necesidad de mano de obra mexicana, el flujo crece, y se limita cuando esta mano de obra no se requiere. La política migratoria norteamericana, a su vez, ha respondido a ese principio.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 2 de diciembre de 2024

José Ángel Gutiérrez

 


José Ángel Gutiérrez 


Fue fundador de la Organización de la Juventud Mexicano-Americana (MAYO) y del Partido de la Raza Unida de Texas, organizaciones diseñadas para conquistar, a través de las urnas, el control de las instituciones políticas, económicas y educativas en aquellas comunidades donde los chicanos eran mayoría. MAYO inició su lucha a finales de los años sesenta en la zona de Winter Garden, Texas, tomando como centro de operación la población de Crystal City. Bajo la dirección de Gutiérrez, MAYO dio paso a la creación del Partido de la Raza Unida de Texas en 1970. Esta tercera opción política representó una oportunidad real de determinación política para la población de origen mexicano. No sólo tuvo éxito en las urnas, ganando cargos en la dirección de educación, alcaldías y municipios en Crystal City, Cotulla y Carrizo Springs, sino que su sola presencia atrajo la atención de los hispanos hacia la política y preparó el camino para futuros líderes políticos durante y después del movimiento chicano. A su activismo político se agregan sus más de veinte años de fructífera carrera académica en distintas universidades de la Unión Americana, reflejada en ensayos y libros como "Prodigy" o Ignacio García's United We Win: Armando Navarro's Mexican American Youth Organization: Avant Garde of the Chicago Movement in Texas. Es ahora Director del Centro de Estudios Mexicano Americanos de la Universidad de Texas en Arlington. Todos los ámbitos de su vida han estado marcados por la lucha permanente para fortalecer la dignidad de los mexicanos y darles un lugar en la sociedad norteamericana.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

jueves, 24 de octubre de 2024

Población mexicana en Estados Unidos 1900-1930

 


Población mexicana en Estados Unidos 

Segundo periodo 1900-1930


La primera década: (1900)

La tasa de emigración aumentó durante los primeros diez años del siglo XX debido al desarrollo de los ferrocarriles y la agricultura en el suroeste de Estados Unidos. El crecimiento decenal de los inmigrantes en la década 1890-1900 fue todavía de dos dígitos, 16 mil, mientras en la década siguiente fue de tres, 119 mil, siete veces más.

Cambió el patrón de migración, los mexicanos, antes sólo presentes en los territorios que fueron de México, empezaron a desplazarse hacia Illinois y otros estados, llevados por la construcción del ferrocarril y por la necesidad de mano de obra en las industrias de esa área

La segunda década: (1910)

La Revolución Mexicana (1910-1920) que cubre los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), llevó a Estados Unidos la primera gran oleada de inmigrantes mexicanos. Dos razones se sumaron para inducir la emigración, la Revolución en México y las necesidades adicionales de mano de obra tanto en el campo como en las fábricas de Estados Unidos, por los que se iban a la guerra. Según los censos, México perdió casi un millón de habitantes entre 1910 y 1921. Se estima que menos de medio millón emigraron en ese periodo; los demás fueron los muertos de la Revolución. 

Por la Revolución Mexicana personas de clase media y alta abandonaron el país en esos años. Pocas de ellas se quedaron. En términos numéricos no fueron muchas, pero fueron relevantes por su calidad intelectual. Los que se quedaron no solo revitalizaron lo mexicano en la comunidad en campos de la cultura, sino que impulsaron el liderazgo ya que al contar con recursos tanto económicos como intelectuales, alcanzaron altas posiciones en la sociedad norteamericana y lograron educar mejor a sus hijos. Algunas familias de abolengo en San Antonio tiene sus orígenes en esos inmigrantes. 

La necesidad de mano de obra, a partir de 1916 cuando Estados inicia su participación en la guerra, acalló con rapidez el temor creciente que estaba motivando la migración mexicana en algunos sectores conservadores de la sociedad norteamericana. 

La Ley de Inmigración de 1917, que imponía un impuesto personal a los mexicanos, restringía la entrada a los analfabetas y concedía una estancia máxima de seis meses para los inmigrantes bajo contrato, fue objeto de fuertes protestas por los empleadores y las autoridades federales tuvieron que eliminar dicha restricciones, situación que prevaleció hasta 1921. 

Además, se incrementaron también las migraciones al medioeste, en particular hacia Illinois, Michigan, Ohio e Indiana donde había industria pesada y empacadoras de carne. Miles de trabajadores mexicanos fueron llevados a Chicago para romper la gran huelga de 1919. Así, el aumento decenal de migrantes en 1920 sobrepasa el doble del que hubo al final de la década anterior, como se puede observar en la tabla 2. En total, acumulados en la década 1910-1920 emigró cerca de un cuarto de millón de personas. 

La tercera década: (1920) 

Los mexicanos siguieron llegando en números crecientes durante la primera parte de la década, pese a que los restriccionistas habían creado para entonces un ambiente hostil hacia los inmigrantes. El flujo tanto legal como de indocumentados había crecido y era evidente que decenas de inmigrantes se habían asentado en aquel país, lo que alarmó a los angloamericanos conservadores que atacaron a los mexicanos con todo tipo de argumentos racistas. Los debates que se dieron en esos años en el congreso estadounidense fueron candentes y constituyeron el primer precedente de fuertes discusiones sobre la migración mexicana al más alto nivel legislativo. 

Sin embargo la Ley de Inmigración de 1924 se aprobó sin restringir la inmigración mexicana, porque los representantes de los intereses económicos no tenían la certeza de que dada las cuotas impuestas para la inmigración europea, se pudiera satisfacer sus necesidades de mano de obra. Las discusiones sobre la inmigración mexicana cesaron cuando las condiciones económicas cambiaron hacia la mitad de la década y se reiniciaron con fuerza a fines de 1929, por el comienzo de la Gran Depresión. 

Las cifras acumuladas son ya menores que en la década anterior, 16 mil en 1930 contra 258 mil en 1920. Por primera vez, desde que comenzó la emigración de dos dígitos en 1900, el crecimiento se redujo. (Columna 3 de la tabla 2.)


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 23 de septiembre de 2024

Población mexicana en Estados Unidos 1850-1900

 


Población mexicana en Estados Unidos 1850-1900 

Como puede observarse en la tabla 1 se estima que en 1850 quedaron 84 mil mexicanos de aquel lado de la frontera. Otros investigadores presumen que fueron cien mil, pero nunca mucho más. Al concluir la guerra entre México y Estados Unidos algunos miles decidieron abandonar todo para asentarse en Tamaulipas y Chihuahua. Los inmigrantes empezaron a llegar con lentitud y casi enseguida que terminó la guerra con Estados Unidos, cerca de 20 años antes de que se fijara con precisión la frontera. No se sabe con certeza cuántas familias fueron divididas por la guerra. Quizá el incremento en esas décadas se debió a procesos de reunificación familiar porque la mayoría de los inmigrantes llegaron de los estados del norte de México. De cualquier manera, la población mexicana en ese medio siglo pasa de 84 mil pobladores originales a 463 mil en 1900, un aumento de población de cinco veces. 

No existen estudios precisos sobre el proceso migratorio en esos años ya que la frontera era de hecho inexistente y el paso irrestricto. El periodo es largo, cubre desde los gobiernos de Juárez hasta los de Porfirio Díaz. En ese periodo se firmó el tratado de Guadalupe-Hidalgo, que quedó en letra muerta sobre todo en las cláusulas que les concedían derechos a los mexicanos que permanecieron. Esto coincidió con la llegada a los estados del sur norteamericano de gran cantidad de emigrantes europeos, debido tanto a la atracción de los hallazgos mineros como al desarrollo agrícola del área y a la construcción de los ferrocarriles. Después de la Guerra Civil norteamericana (1861-1865), el desarrollo industrial se incrementó de manera acelerada en todo el suroeste. 

La necesidad de mano de obra atrajo con seguridad a algunos mexicanos, pero hasta la década de 1880 fue China el proveedor principal de mano de obra barata. Se firmó entonces la Ley de Exclusión de la Inmigración que prohibió la inmigración de chinos, y luego de otros asiáticos, a los que se les consideró un peligro por sus "incapacidades mentales morales y económicas" (Acuña, Rodolfo, América ocupada, Editorial Era, 1970), para las preservación de la pureza de los ideales anglosajones. A partir de entonces México se convirtió en la fuente principal de trabajadores. Resultaba más barato su traslado y podían regresar a sus lugares de origen cuando ya no se les necesitara. De aquí que hacia fin del siglo, con la frontera ya definida, la migración fue un poco mayor tal y como lo reflejan los números.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 1 de julio de 2024

Chicanos: términos y definiciones

 


Chicanos: términos y definiciones 


Cuando se hable de los mexicanos en Estados Unidos, se estará haciendo referencia a un grupo de habitantes que comenzó a definirse a partir de la Independencia de Texas y la terminación de la guerra en 1848, cuando perdimos más de la mitad del territorio. Antes, esos habitantes eran parte del Virreinato de la Nueva España y después de la República Mexicana.

Nos referiremos al total de la población de origen mexicano que habita en Estados Unidos, desde el que ayer cruzó la frontera hasta los descendientes de los pobladores originales, mestizos, que comenzaron a habitar hacia fines del siglo XVI, los territorios que ahora son el suroeste de Estados Unidos. 

No se ahondará en las causas de la guerra. Existen buenos textos históricos que dan cuenta de lo que pasó entre México y Estados Unidos desde la Independencia hasta la Revolución Mexicana. Académicos tanto norteamericanos como mexicanos han producido en los últimos años, trabajos serios que reconstruyen en su verdadera dimensión las causas y los hechos de la independencia de Texas y de la guerra México-Estados Unidos del siglo pasado. Poco a poco se han logrado acuerdos que califican a la guerra como una de conquista y expansión frente a un enemigo débil y desorganizado en lo político, a pesar de gestas heroicas como las del Batallón de San Patricio, donde un grupo de norteamericanos irlandeses peleó y murió del lado de México. Con lentitud se han quitado estereotipos y falsedades en los libros norteamericanos, aunque estos temas tienen todavía poca o nula importancia en los libros escolares de ambos lados de la frontera. 

No existe un término, aceptado por todos, que englobe a la población de origen mexicano. El término más general es mexicano-americano, traducción literal de los dos gentilicios en inglés, del mismo modo que se dice afroamericano o cubano-americano que es el más neutro en términos ideológicos. 


El término chicano comenzó a usarse durante los años veinte en el suroeste de Estados Unidos por personas y grupos de origen mexicano que querían distinguirse con claridad de la sociedad anglosajona dominante. Denotaba obrero mexicano inmigrado. Durante el Movimiento Chicano fue empleado por hijos de mexicanos como una especie de desafío para afirmar la identidad del grupo frente al resto de la sociedad. Personas menos activas en la política, más conformes con su suerte, la parte más conservadora de la comunidad se llamaban mexicano-americanos para distinguir su origen o, incluso, americanos. La connotación negativa del término chicano también se origina en los años veinte, usada por las élites intelectuales de refugiados de la Revolución, o por las mexicano-americanas, para distinguirse de los pobres campesinos harapientos. Este prejuicio subsiste hasta hoy. 

La palabra chicano ha perdurado para ciertas actividades artísticas, académicas y políticas. Se usa para referirse a los nacidos en Estados Unidos, pero que son hijos o nietos de personas nacidas en México.

Para unos este término es fuente de orgullo y, a otros, les es indiferente porque por regiones se han usado otros términos, como tejano o californio. Con los años, el uso ha ido adquiriendo prestigio e historia. Como dice Luis Leal, uno de los mayores expertos y críticos de la literatura chicana y mexicana: 


Los orígenes de la historia de los chicanos se remontan al siglo XII, cuando los indios mexicanos (de la palabra en náhuatl, pronunciada "meshica", se deriva la palabra mexicano, de donde a su vez se originó la palabra "[me]chicano") abandonaron la isla de Aztlán en busca, según la leyenda, del lugar que les había sido prometido por los dioses. En 1321, después de un largo peregrinar, encontraron la ciudad de Tenochtitlan (hoy, la ciudad de México) sobre una isleta en el lago de Texcoco localizado en el valle del Anáhuac. Años más tarde, cuando los aztecas (el pueblo de Aztlán) conquistaron la mayor parte de Mesoamérica, su rey, Moctezuma I Ilhuicamina (quien gobernó desde 1440 hasta 1469), deseoso de descubrir el origen de su pueblo, envió a sus brujos y magos en busca del lugar que habían abandonado sus antepasados. Fray Diego Durán en su Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, trabajo terminado en 1581, relata que los mensajeros encontraron Aztlán, la región conocida como Chicomóstoc (siete cuevas) al norte del Anáhuac. En nuestro siglo, durante la década de los años sesenta, los chicanos, esto es, el pueblo de origen mexicano que vive en Estados Unidos, motivados o ideales nacionalistas, dieron el nombre de Aztlán a los territorios que pertenecieron a la república mexicana hasta 1848. 


Para propósitos analíticos y descriptivos quizá resulte útil dividir a la comunidad en dos grupos: los recién llegados, nacidos en México, y los descendientes de inmigrantes que, al igual que los hijos de los pobladores originales se van integrando a través del tiempo a la sociedad dominante. 


La población mexicana forma parte de una comunidad mayor en donde se incluyen todos los habitantes de origen latinoamericano, caribeño y español, llamados latinos o hispanos. Del total de los latinos, unos dos tercios son de origen mexicano. el otro tercio lo componen habitantes de origen puertorriqueño, cubano, español y de otros países latinoamericanos, en especial de Centroamérica. Los términos se usarán indistintamente en el texto. 


También se usarán de forman de formas intercambiables las palabras mexicano, chicano o mexicano-americano, para referirse a los mismos grupos, aunque a veces el contexto aclare el significado preciso. De la misma manera, los términos migrante o emigrante significan lo mismo. Se usará también el término inmigrante para referirse a grupos que ya habitan en Estados Unidos.


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)