Bejarano, Padierna, el Frente Francisco Villa y López Obrador
Por L. R. C.
Esta historia prueba que la sociedad humana no puede vivir sin leyes. Cuando el Estado no implanta la ley de la civilización, la horda impone la ley de la selva.
La madrugada del 4 de noviembre de 1988, en las últimas semanas del gobierno de Miguel de la Madrid, granaderos y policías montados desalojaron a un centenar de familias que habían invadido terrenos sobre la carretera al Ajusco, al surponiente del DF. El incidente sólo provocó menciones menores en los medios, pero su repercusiones iban a tener largo alcance.
Por aquellos días como secuela de una huelga universitaria desatada meses atrás, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM aún estaba ocupada por estudiantes rebeldes. Ahí fueron a pedir ayuda unos cuantos de los desalojados del Ajusco, entre quienes se contaban familiares de alumnos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Los dirigentes estudiantiles les dieron albergue y les hablaron de otros grupos de paracaidistas desalojados en esos tiempos; ¿por qué no se unían todos los sin tierra para presionar más efectivamente al gobierno en demanda de viviendas? Por supuesto, los huelguistas universitarios estaban dispuestos a brindarles total apoyo.
Años atrás otro grupo de paracaidistas auto llamado "Allepetlalli" se había apropiado de un predio al que denominaron "Número Cero", perteneciente a la antigua hacienda El Molino, en la zona limítrofe de las delegaciones Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco del DF. Siguiendo la sugerencia de los universitarios, tras una breve estancia en la UNAM los desalojados del Ajusco recurrieron al grupo Allepetlalli y ahí hallaron no sólo cobijo sino también apoyo para la idea de formar una gran organización de paracaidistas.
El primer político que advirtió el potencial de los paracaidistas acantonados en El Molino fue, en los últimos días de 1988, el recién nombrado regente del DF, Manuel Camacho Solís:
-De entrada nos aplicó la táctica de prometer mucho y amenazarnos con la fuerza para obligarnos a aceptar lo poco que estaba dispuesto a dar -dice un funcionario del gobierno del DF que en aquellos años se contaba entre los dirigentes estudiantiles que ayudaron a organizar a los paracaidistas-. En diciembre de 1988 Camacho citó a los compañeros a una reunión en Tláhuac, les aseguro que el nuevo gobierno llegaba para implantar auténtica justicia social y los colmó de bellas promesas. Cuando regresaban del encuentro, una camioneta con el logotipo del DDF [Departamento del Distrito Federal] se le cerró y el auto en que iban los compañeros volcó, con un saldo de 5 lesionados. El único ileso fue uno de los líderes del movimiento, Eli Homero Aguilar, quien denunció los hechos y encabezó un grupo que esa misma semana irrumpió en el recinto de la Asamblea de Representantes para acusar a Camacho de tentativa de homicidio.
Si la idea del nuevo gobierno del DF era intimidar a los paracaidistas, resultó todo lo contrario: el 12 de febrero de 1989 los desalojados del Ajusco y sus anfitriones del "Número Cero" fundaron el Frente Popular Francisco Villa (FPFV) y las tierras de El Molino se convirtieron en las primeras que esta nueva organización ocupó plenamente y urbanizó a su manera.
Líderes históricos
De inmediato el frente empezó a exigir de Camacho el cumplimiento de sus promesas. -Las primeras legalizaciones de terrenos invadidos y las primeras casas construidas nos fueron otorgadas por el propio Camacho y su Secretario General de Gobierno, Marcelo Ebrard, y además nos permitieron organizar nuevas invasiones -dice un viejo líder-. Las primeras 170 casas del Frente fueron autorizadas por Ebrard y ni las gracias le dimos, porque él y Camacho Solís nos habían prometido más de un millar de viviendas.
Aunque el poder en la cúpula villista siempre fue compartido por varios líderes, el más encumbrado desde la fundación y hasta hace poco tiempo parecía ser Adolfo López Villanueva, un cuarentón con estudios de ingeniería civil, casado, padre de 3 hijos, amante de las fiestas de pueblo, la música y el baile, además de haber sido diputado por el PRD en la pasada legislatura local:
-El nombre de Francisco Villa lo tomamos para hacerle justicia al Centauro del Norte a quien la historia oficial estigmatiza como bandolero sin reconocer que la División del Norte fue causante directa de la caída de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta. Además Villa ha sido el único mexicano que invadió Estados Unidos y humilló a ese país prepotente, que se cree dueño del mundo.
Lo que los dirigentes "históricos" como López Villanueva dejan muy en claro es que el Frente no nació para ser otro "grupo de presión", otra gavilla de mendigos con garrote en busca de dádivas y "huesos", como sí resultaron ser sus padrinos, los huelguistas universitarios de 1988 (uno de aquellos líderes, Carlos Ímaz, acabó como recolector de sobornos por cuenta del gobierno perredista del DF). -El Frente no se saciará con unos terrenos y unas cuantas casitas, porque lo que perseguimos es una transformación radical de la sociedad.
Otros dirigentes fundadores del Frente son José Jiménez, Alfredo Burgos, Enrique Cárdenas, Alejandro López Villanueva (alias "El Grandote", hermano menor de Adolfo, primero inculpado y luego exonerado del asesinato del magistrado Abraham Polo Uscanga) y Agustín Gómez Cázares, uno de los pocos ex líderes estudiantiles de 1988 que no acabaron empleados o becados por el gobierno.
Aboneros
Mientras tanto y sin relación directa con el FPFV, a fines de los 80 ya prosperaban en la gran ciudad y bajo nombres cambiantes, otros grupos de invasores dirigidos por liderzuelos entonces poco conocidos, como el joven René Bejarano y su esposa, Dolores Padierna.
Bejarano, conocido como "El Profesor" debido a su carrera magisterial (también estudió economía, pero nunca se tituló) y su esposa, una economista originaria de Guanajuato, dedicaron la mayor parte de sus años juveniles a formar, dividir y reformar grupos y movimientos políticos con nombres tales como "Coordinadora de Comedores Populares" o "Comités de Nutrición de Barrios y Vecindades”.
En 1985, lo que para muchos fue tragedia, para la pareja Bejarano-Padierna significó la oportunidad de extender sus actividades y convertirlas en gran negocio: tras el sismo que ese año devastó al DF fundaron la Coordinadora Única de Damnificados y la Unión Popular Nueva Tenochtitlan (aliadas, al principio, con el inventor del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, el notorio Rafael Aguilar Talamontes, "RAT"), rótulos bajo los cuales se lanzaron a desalojar con intimidación o violencia a los ocupantes de departamentitos real o supuestamente dañados por los sismos, dar a tales viviendas -con la mano de obra gratuita de muchos desesperados solicitantes de techo- una manita de yeso y pintura, subdividirlos con tablaroca y triplay y luego distribuir los habitáculos, a cambio de módico enganche y cómodas cuotas, entre las huestes de damnificados.
Bejarano y Padierna también fueron acusados de revender donaciones que del país y el extranjero llegaban por toneladas en esos días, pero nunca se les probó nada porque ninguna denuncia en su contra fue investigada a fondo.
Marabunta
En los 90 y arrastrando un enjambre de "grupos sociales" para meterlos en el aún joven PRD, el matrimonio siguió acumulando seguidores, dinero y averiguaciones previas por secuestro, lesiones, amenazas, despojo y fraudes, todavía congeladas en algún archivo de la Procuraduría capitalina.
En su momento el PAN denunció que Bejarano y Padierna eran propietarios de constructoras que intervenían en la edificación de viviendas para la Unión Popular Nueva Tenochtitlan y que con las ganancias estaban construyendo un hotel en Cuba. Bejarano respondió que todo era un complot para desprestigiarlo a él y al PRD y que atrás de la denuncia estaba la mano negra de la Secretaría de Gobernación.
Paralelamente, la pareja iba ganando posiciones en la estructura del PRD -en 1991 Bejarano fue nombrado consejero nacional del partido y poco después, diputado federal y presidente del PRD en el DF-, pero aún evitaba enredarse en tratos con el Frente Francisco Villa porque lo veía como un competidor incontrolable.
Sólo a partir de 1992, cuando fundaron dentro del PRD su propia "tribu", la Corriente Izquierda Democrática (CID, que después se haría famosa por distribuir en colonias populares leche contaminada con materia fecal), Bejarano y Padierna decidieron vincularse seriamente con el Frente Francisco Villa, como primer paso de la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas para conquistar el gobierno del DF.
Con el apoyo del Frente la tribu de Bejarano-Padierna se volvió tan fuerte que tras el encumbramiento de Cárdenas en 1997 "El Profesor" trepó al cargo de director general de Gobierno, verdadero "hombre fuerte" de la administración local.
El poder le dura hasta hoy: en 2000 fue ungido como secretario particular del jefe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador, y en 2003 convertido en diputado local y líder de la Asamblea Legislativa. En marzo pasado fue exhibido por televisión mientras se dejaba cohechar con 45,000 dolares y, aunque se vio obligado a solicitar licencia, no perdió el fuero y continúa en libertad, sin que las autoridades capitalinas ejerzan acción alguna en su contra. En cambio su sobornador, el empresario Carlos Ahumada Kurtz, fue encarcelado y sometido a juicio por fraude.
Como riquillos
A partir del ascenso de Bejarano y el PRD al gobierno del DF, el índice de impunidad del Frente trepó al tope de la escala. Antes de 1997 el FPFV había acumulado 38 averiguaciones previas por fraude, despojo, allanamiento de morada, robo y lesiones, pero el único frentista detenido era un acusado de robo, a quien, 13 días después de asumir el poder Bejarano hizo poner en libertad.
Así protegido, el Francisco Villa creció más que nunca, pero también sufrió desgajamientos y convulsiones internas: en 1997, por ejemplo, un grupo disgustado con la "abejaranización" del Frente y su apoyo incondicional a Cuauhtémoc Cárdenas, formó su propia organización disidente, llamada Frente Popular Francisco Villa Independiente.
Las escisiones inevitables en los grupos de extrema izquierda, sin embargo, no frenaron la expansión del FPFV: a 15 años de haber llegado a EL Molino los frentistas lo han transformado, de un terregal sin servicios habitado por una horda inorgánica, en una autollamada "zona de vivienda popular" rígidamente sujeta a la autoridad del Frente.
En El Molino, como en todos los enclaves del Frente, sólo voceros especialmente autorizados pueden hablar con extraños, pero, cuando lo hacen, son bastante abiertos. Explican que los requisitos para ingresar son: estar casado o en unión libre estable y duradera, tener identificación oficial y acta de nacimiento y comprobar un ingreso formal o informal; el aspirante puede ser empleado u obrero, albañil, chofer, costurera, "vagonero" del metro, ambulante, burócrata o vendedor de mercancía robada o de contrabando, "pero no se admiten vagos", según enfatizó un informante.
Además de El Molino, el Frente ya tiene media docena de enclaves (el de Cabeza de Juárez y el de Tlatenco son los mayores), todos adquiridos por el sistema de primero invadir, a continuación construir ("a ver quién nos quita") y de inmediato presionar por todos los medios, pacíficos o violentos, para obtener la regularización del predio y la dotación de servicios o la tolerancia oficial para instalar tomas clandestinas de agua y "colgarse" de las líneas de electricidad.
En sus territorios el Frente monta sistemas de seguridad que muchas colonias y fraccionamientos podrían envidiar. La entrada de la policía a las "zonas de vivienda popular" está prohibida y ningún visitante puede ingresar sin permiso. Aun los campamentos más precarios están cercados con alambre de púas y malla ciclónica y la entrada sólo es posible a través de puertas celosamente vigiladas por frentistas que exigen a los extraños mostrar identificación y registrarse, "igual que en las colonias de los ricos", se enorgullecen.
Protección y disciplina
Los frentistas tienen sus propios "órganos de decisión", a veces muy autoritarios e inapelables, para regular la vida política interna y sus relaciones con lo que llaman "el exterior”.
En los terrenos regularizados como El Molino, el Frente ya construyó unidades habitacionales. Los edificios, de 4 pisos, tienen departamentos de 68 metros cuadrados, aunque en torno del asentamiento todavía quedan predios con casuchas de 25 o 30 metros cuadrados y techos de lámina de cartón enchapopotado. De acuerdo con Alejandro López Villanueva, "El Grandote", "hay compañeros encargados todo el tiempo de buscar terrenos susceptibles. Si el predio es de un particular se le presiona para comprárselo, y si es del gobierno, se presiona a los funcionarios para obligarlos a negociar”.
A los habitantes de los enclaves se les exige que mantengan limpios sus espacios. Los andadores y pasillos son estrechos -de no más de 3 m de ancho- y generalmente de tierra aplanada o apenas recubierta con grava o arena pero están limpios, porque los vecinos que ensucian o no colaboran para limpiarlos reciben sanciones. Otra obligación es pagar las cuotas (de 10 a 25 pesos por semana según el campamento) para los gastos de la organización y salarios de los dirigentes, cuyos montos son secretos.
-Está prohibido beber alcohol en la vía pública -explicó un vocero-. Pueden hacerlo en su casa, si quieren, pero se sanciona al que bebe fuera de su módulo: la primera vez se le llama la atención y si reincide, debe leer obligatoriamente algún libro de Hegel, Marx o Lenin, para reducarse. También debe realizar más labores de limpieza, de restauración o de vigilancia.
-Si alguien es atrapado por policías por tomar o escandalizar en la calle (fuera de un campamento), de inmediato se da la voz de alarma para protegerlo. Van 100 o 200 compañeros y acusan a los policías de prepotencia y brutalidad porque no podemos dejar en manos de esos delincuentes uniformados a nuestros vecinos, aunque la hayan regado -agregó el informante.
Las fiestas son permitidas pero a las 10 de la noche se debe bajar el volumen de la música para no incomodar a los vecinos Los adolescentes también están sometidos a vigilancia y disciplina: si incurren en alcoholismo, drogadicción o desobediencia a sus padres, un miembro del Frente lo regaña oficialmente y, si reinciden, les aplica castigos que pueden ir desde privarlos de las actividades recreativas que cada domingo organiza en todos los enclaves una Comisión de la Juventud, hasta unos buenos azotes, si el caso lo amerita.
El robo dentro de las propiedades del FPFV también es severamente castigado, hasta con expulsión del culpable, pero nunca se entrega al acusado a las autoridades "externas”.
En cada enclave hay una comisión encargada de adoctrinar a los frentistas. -Es obligación adquirir ideología y asistir a mítines -explicó otro vocero- porque el objetivo del Frente no es construir viviendas sino elevar el nivel de vida y conciencia del pueblo. En los mítines se aprende a ser solidario y a tener conciencia de clase. Hay gente que al recibir un lugar para vivir deja de asistir a los mítines y de participar en las tareas comunitarias. Se les sanciona y se habla con ellos pero si de todos modos no participan son denunciados con carteles en las puertas de sus casas y anotados en una lista negra. No son expulsados sino aislados: se les aplica la ley del hielo. Con esta medida los amonestados generalmente vuelven a colaborar o, si de plano quieren marginarse, deben ofrecer en renta o venta su módulo y buscarse otro lugar donde vivir.
Actualmente el Frente está constituido por más de 21,000 familias en la Ciudad de México y 9000 en ciudades de provincia donde ya se efectúan invasiones para establecer enclaves como El Molino.
La mera verdad
Lo que no está claro es hasta qué punto podrá el Frente, expuesto a constantes presiones políticas y las tentaciones del poder, conservar alguna coherencia ideológica: -Nuestro objetivo último es instaurar el socialismo -explica el dirigente Adolfo López Villanueva. -A lo que aspiramos en esa primera etapa es a un sistema similar al que implantó Salvador Allende en Chile antes de ser derrocado por la CIA. En el Frente confluyen distintas tendencias ideológicas, pero todos coincidimos en que la lucha de clases es una realidad cotidiana y que el mayor enemigo del pueblo es el gobierno, cualquier gobierno, aunque se trate de uno integrado por nuestros aliados de hoy.
En lo anterior coinciden muchos viejos líderes del Frente, pero la organización ya parece escurrírseles de entre los dedos, cada día más infiltrada por los perredistas de la órbita de Bejarano y Padierna. Los movimientos políticos intestinos se han vuelto constantes. La más reciente revolución interna fue el ascenso de Álvaro Castillo, líder de la organización "Pantera" de taxistas piratas, al más alto nivel de la dirigencia frentista.
Miembro del FPFV desde 1990, con apoyo directo del gobierno perredista capitalino y en especial de Bejarano, en 1998 Castillo creó a los Pantera, con 10,000 integrantes que le pagan entre 50 y 100 pesos semanales por la protección que él les consigue del gobierno del DF. La agrupación maneja su propia base de datos computarizada con la más completa información sobre sus miembros en los de asociaciones afines , movilizables en una emergencia, hace como una red de comunicación más moderna que la policial.
Los Pantera no es la única agrupación de taxistas piratas del DF, pero sí la más influyente por gozar de tolerancia garantizada. En el PRD muchos creen que hoy por hoy Castillo representa mejor que nadie la tendencia dominante del Frente y que sus taxistas constituyen la mejor fuerza de choque que en caso de necesidad López Obrador podría lanzar a las calles. Lo mejor, dicen en el PRD, es que los Pantera son gente de pura acción, sin lastres ni prejuicios ideológicos. A diferencias de los viejos líderes del FPFV, el líder de los piratas ni habla de ideología: -Somos una gran familia que seguimos a López Obrador -asegura-. Si López Obrador es candidato en 2006, lo apoyaremos con todo.
-¿Ideología?- se mofa otro de los dirigentes de los Pantera. -Nuestra ideología es la de López Obrador y en el futuro será la que desde el gobierno nos dictw Andrés Manuel. Ésa es la pura verdad, lo demás son habladas.
(Tomado de: Cuevas, Luis Rubén - Bejarano, Padierna, el Frente Francisco Villa y López Obrador. Contenido #496. Editorial Contenido, S.A. de C. V. México, 2004)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario