Gerardo Fernández Noroña, líder profesional
Por Alejandrina Aguirre
¿Quién es el más nuevo y agresivo líder de los taxistas del DF? Gerardo Fernández Noroña. ¿El mismo que encabeza una de las más combativas asociaciones de deudores de la banca? El mismo. ¿Cómo es que ahora defiende a choferes de taxis? Es una historia interesante.
Fernández Noroña -un sociólogo de 39 años de edad, soltero y padre de dos hijos- dice que la primera vez que probó la injusticia fue en la primaria, a los 6 años de edad. -A mediados de los 60 -exagera- era aún común que maestras y profesores golpearan a los alumnos, para castigar las travesuras, desde entonces detesto el autoritarismo y los abusos. Todavía me siento como uno de aquellos niños, que muchas veces ni sabían por qué les pegaban.
Hijo de michoacano y defeña, el sociólogo fue el mayor de 5 hermanos, criados por parientes cuando el matrimonio de los padres se desintegró.
A Fernández Noroña le tocó en suerte (a los 5 años de edad) vivir con la abuela materna, una viuda que para mantener al crío hacía labores de costura y vendía de puerta en puerta cosméticos y productos de limpieza.
Poco después, abuela y nieto se mudaron a un departamentito en una unidad habitacional del IMSS en Tlalnepantla, donde se les unió una tía. -Eran mujeres "luchonas", que se daban tiempo para disfrutar de la vida y preocuparse por el sufrimiento de los demás, tal vez por su profunda religiosidad -evoca el nieto con gratitud.
Primeros pasos
Aunque en la primaria y secundaria se mostró estudioso pero más bien tímido -nunca participaba en los festivales escolares y prefería pasearse solo en los recreos- en la preparatoria se convirtió en líder estudiantil, para deslumbrar a una muchacha que le agradaba. El enamoramiento no duró; en cambio el gusto del chico por la popularidad fue tal que ya nunca quiso abandonar las mieles del liderazgo.
Luego de un fugaz coqueteo con la ingeniería, se matriculó en sociología en la UAM, plantel Azcapotzalco. Mientras era estudiante, Fernández se empleó en una clínica del IMSS, de donde lo corrieron por "revoltoso", porque organicé a los trabajadores eventuales para que defendieran sus derechos-, asegura. Para ganarse la vida dio clases en diversas preparatorias particulares, de donde invariablemente lo despidieron por su manía de exponer a los educandos las bondades del marxismo.
Recién graduado en 1983 -con una tesis sobre el sindicalismo y sus relaciones con el Estado mexicano- Fernández encabezó un movimiento de 15,000 familias que protestaron porque el IMSS decidió vender a inmobiliarias particulares los departamentos de diversas unidades habitacionales propiedad de la institución y alquiladas bajo el régimen de "rentas congeladas" (él habitaba una de esas viviendas). Al cabo, los departamentos se vendieron a los inquilinos y Fernández se aprendió valiosas lecciones que después aplicó en su carrera de líder.
Descubrió, por ejemplo, que ofertas y ventajas van en relación directa al ruido que uno sea capaz de provocar: su defensa de los inquilinos del IMSS fue tan tronante que, para neutralizarlo, lo invitaron a colaborar en la institución, impartiendo conferencias y cursillos sobre seguridad en el trabajo.
Simultáneamente, el joven se interesó por la política partidista y en 1986 fue candidato a diputado por el extinto PMS [Partido Mexicano Socialista], parte del Frente Democrático Nacional que ese año postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para la Presidencia. De ahí pasó al PRD y en 1990 renunció a su empleo en el IMSS para dedicarse de lleno al partido, sumado al enjambre de los seguidores más cercanos de Porfirio Muñoz Ledo que nunca fueron bien vistos por los altos mandos del neocardenismo. -Por 5 años me "congelaron" -relata- porque me rebelé contra los desmanes del comité ejecutivo del partido, dominado por los incondicionales de Cárdenas. No abandoné el PRD porque, a pesar de sus defectos, es el único partido verdaderamente preocupado por la democracia en este país. (En 1999 fue "perdonado" y lo admitieron en el CEN perredista).
Deudores en rebeldía
Las tribulaciones de Fernández Noroña con la banca dieron comienzo en 1992: solicitó un crédito hipotecario por 120,000 pesos. Dos años después, asegura, había cubierto 115,000 pesos entre pago de intereses y abonos al capital, pero su deuda, tras la devaluación de 1994, se elevó a 800,000 pesos. "Sólo la unión hace la fuerza", se dijo, y fundó la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca (de la cual sigue siendo presidente). Los jerarcas del PRD no le vieron entonces posibilidades al movimiento y dejaron al francotirador librado a su suerte.
Fernández Noroña no se dejó amilanar. Para capturar a sus primeros seguidores, se lanzó a las calles a invitar a los transeúntes a reuniones en parques públicos, donde los exhortaba a defenderse de las injusticias de la banca. Cuando la organización del perredista empezó a ganar los primeros juicios contra el embargo de bienes inmuebles de los socios, más y más morosos se unieron al sociólogo, que llegó a contar con 3,000 asociados en el DF, Guadalajara, Zacatecas, Acapulco, Tepic y Veracruz, cada uno de los cuales pagaba al líder 220 pesos mensuales por sus servicios de gestoría.
Fernández Noroña organizó infinidad de marchas y plantones en diversos rumbos del DF. Adoptó un disfraz de luchador (el "Chupacabras", se autobautizó) e instaló sus oficinas en una tienda de campaña a un costado del Palacio Nacional, donde recibía un constante desfile de simpatizantes.
Empezó a volverse famoso en marzo de 1996, cuando irrumpió con pancartas en la convención de los banqueros celebrada en Cancún.
Para no perder vuelo, en julio Fernández Noroña se arrojó a los pies del presidente Ernesto Zedillo que salía del Palacio Nacional seguido de una cauda de reporteros. El mandatario se vio forzado a detenerse y ayudar al quejoso a ponerse de pie. Las fotografías del suceso dieron la vuelta a medio mundo.
Romanticismo vs. marxismo
Al año siguiente, otra vez en Cancún, Fernández Noroña intentó de nuevo colarse en la convención de los banqueros y fue detenido o secuestrado, según se vea, por judiciales federales disfrazados enfermeros que amenazaban con llevarlo a un manicomio. Para entonces el PRD ya no podía darse el lujo de ignorar a su ruidoso militante y pagó una fianza de 13,000 pesos para liberarlo.
A partir de entonces, el movimiento de los deudores de la banca empezó a perder fuerza y Fernández Noroña decidió invertir parte de sus ahorros en adquirir taxis y ponerlos a trabajar en el DF, donde esperaba contar con ayuda de los funcionarios emanados de su propio partido. Pero dice que descubrió sucios manejos y decidió combatirlos: fundó el Movimiento Unificador de Taxistas que ya agrupa a varios centenares de agremiados (muchos de ellos, sus propios choferes) y se lanzó a denunciar la corrupción en la Secretaría de Transportes y Vialidad capitalina, aún dominada -asegura el líder- por enquistados priístas que extorsionan a los taxistas para desprestigiar al gobierno perredista.
-Aunque en mi lucha he sufrido detenciones, represión y amenazas de muerte, además de ofertas de dinero, no cejaré en mi sueño de convertir a México en un país libre -entona con exaltación-. Soy un político romántico con ganas de ayudar a la gente, no un marxista dogmático. Como decía mi abuela: si socialista es el que procura que el pueblo tenga comida, vivienda, empleo, salud y oportunidades de viajar y desarrollar sus aptitudes, entonces yo quiero ser socialista. Toda la vida.
(Tomado de: Aguirre, Alejandrina. - Gerardo Fernández Noroña, líder profesional. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

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