El Valle de México, 1844
Figuraos que os hayáis en lo alto de una montaña que se levanta hasta cerca de dos mil pies sobre el nivel del valle y nueve mil sobre el del mar. Sobre vuestra frente se extiende un cielo sin nubes del más acabado azul, y una atmósfera tan pura y diáfana que los objetos situados a muchas leguas de distancia se ven tan nítidamente como si se hallasen al alcance de la mano. De primer intento os impresiona la escala gigantesca: sentís como si estuvieseis contemplando un mundo. Ningún otro panorama de valles y montañas ofrece un conjunto semejante, porque en ninguna otra parte son las montañas tan altas y a la vez el valle tan espacioso y tan colmado de semejante variedad de tierras y aguas. El llano que se dilata a vuestros pies es por extremo liso: circúndalo un cinturón de doscientas millas de montañas prodigiosas, las más de las cuales han sido volcanes activos y que ahora están cubiertas unas de nieve y otras de bosques. Encierra grandes mantos de agua que más parecen mares que lagos; está sembrado de incontables aldeas, granjas y plantíos; de su suelo se levantan eminencias que en cualquier otra parte del mundo se llamarían montañas, pero que, vistas desde aquí, no parecen sino simples montículos fabricados por hormigas.
(Tomado de: Brantz Mayer, México, lo que fue y lo que es. México, Universidad Nacional Autónoma, 1953. Carta VII. La edición original es de 1844.
Tomado a su vez de: García Martínez, Bernardo - El territorio mexicano de 1940 a 1970. Historia de México, tomo 12 Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1974)

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