miércoles, 14 de marzo de 2018

Dr. Manuel Abad y Queipo



Nacido en Santa María de Villalpedre, Asturias; muerto en el convento de Sisla, Toledo, España (1751-1825). En Salamanca obtuvo los bachilleratos en Derecho y cánones. Pasó a Guatemala con el arzobispo Monroy y allí se ordenó presbítero. Residió desde 1784 en Valladolid (hoy Morelia), donde el obispo Antonio de san Miguel lo nombró juez de capellanía, fondos eclesiásticos y obras pías. En 805 la Universidad de Guadalajara le otorgó el doctorado en cánones. El consejo de Indias, a la muerte de San Miguel, lo designó canónigo penitenciario de la catedral de Morelia, a la que sirvió hasta 1815.

En 1799 dirigió a Carlos IV una Representación al rey, sobre inmunidades del clero, en la que expone la situación de la sociedad virreinal y advierte los síntomas de descontento en la Nueva España.

En este documento propuso la abolición general de los tributos a los indios y castas, y de la infamia de derecho que afectaba a éstas; la distribución gratuita entre unos y otras de todas las tierras realengas; una ley agraria que otorgara al pueblo una equivalencia de propiedad en las tierras incultas de los grandes propietarios, por medio de locaciones de veinte y treinta años, en que no se pagasen alcabala ni pensión alguna; y la libertad irrestricta para establecer fábricas ordinarias de algodón y lana.

En 1804 se opuso a los intentos de Godoy de desamortizar los bienes de la Iglesia y en 1807 viajó a España en busca de su habilitación, pues su condición de hijo natural le vedaba aspirar a cargos de mayor jerarquía. Regresó con el puesto de previsor y vicario general y en 1810 la regencia lo nombró Obispo electo de Michoacán. Tomó posesión del cargo antes de que llegaran las bulas pontificias, que nunca consiguió.

Se opuso al movimiento de Independencia constante y enérgicamente, defendiendo siempre la soberanía española. Había sido amigo particular de Miguel Hidalgo, e inclusive cultivó amistad con quienes concurrieron a las juntas de Valladolid y San Miguel el Grande. Sin embargo, el 24 de septiembre de 1810 dictó y publicó el decreto de excomunión de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo por “perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos, perjuros, que han incurrido en la excomunión mayor del Canon: Siquis suadente Diabolo”. Los insurgentes impugnaron la legalidad de la excomunión, basados en la precaria investidura de Abad y Queipo.  

En 1815, éste envió un informe a Fernando VII, denunciando los desaciertos de Félix María Calleja y la falta de prudencia de Lardizábal, ministro de Indias. Fue llamado a España con el pretexto de que informara sobre el movimiento de Independencia, pero en realidad para que respondiera a las denuncias y cargos que se le hacían por sus “ideas liberales y benéficas en favor de las Américas y sus habitantes”. No obstante, el rey lo nombró ministro de Gracia y Justicia, el 24 de junio de 1816; pero tres días después fue suspendido y e le siguió proceso ante la Inquisición, acusado de ser amigo de los insurgentes, de vida irreligiosa y de ideas revolucionarias. Estuvo preso dos meses en las cárceles del santo Oficio. La revolución de 1820 lo designó miembro de la Junta Provisional, encargada de vigilar la conducta de Fernando VII, y posteriormente diputado a Cortes por la provincia de Asturias.

Obtuvo el obispado de Tortosa, pero tampoco logró las bulas papales. Y en 1824, ya octogenario y sordo, la reacción absolutista lo encarceló de nuevo en el monasterio de Sisla. Muchos de sus escritos fueron publicados en el Seminario político y literario y en el Observador de la República Mexicana. Una Colección de escritos más importantes apareció en la Ciudad de México en 1813, y su Testamento político en la Historia de Lucas Alamán.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)



No hay comentarios.:

Publicar un comentario