martes, 27 de enero de 2026

El gobierno de Victoriano Huerta 2


 

El gobierno de Victoriano Huerta 2


Breve historia de la revolución mexicana 

** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones 

Jesús Silva Herzog


Capítulo 1 (Cont.)


Los gobernadores legítimos de los Estados que por temor o por otras causas, por coincidir con Huerta o con la idea de esperar el momento oportuno para combatirlo, fueron arbitrariamente depuestos y sustituidos por gobernadores militares. Algunos gobernadores de claro origen maderista como Rafael Cepeda, de San Luis Potosí y Alberto Fuentes D., de Aguascalientes, fueron encarcelados. En Morelos el general Juvencio Robles, famoso por sus crímenes horrendos, aprehendió por órdenes de Huerta al gobernador Benito A. Tajonar y a los miembros de la Cámara de Diputados. Lo mismo ocurrió en Querétaro, con pequeñas variantes en el procedimiento. De suerte que cuatro o cinco meses después del cuartelazo, todos los gobernadores eran soldados de probada lealtad a Victoriano Huerta. Inevitablemente con tantos hechos basados en la arbitrariedad crecía el descontento en la nación y se arrojaba leña a la hoguera revolucionaria. 

Por otra parte, Huerta bien pronto también traicionó a su amigo ocasional, el general Félix Díaz, destituyendo a los ministros que en el Gabinete lo representaban, y aplazando indefinidamente, con diferentes pretextos, la convocatoria a elecciones para Presidente y Vicepresidente de la República como se había convenido en el Pacto de la Embajada. El tal Pacto ya no tenía más valor, como dice la frase consagrada, "que el papel en que estaba escrito”.

Los ministros que renunciaron en los primeros meses del Gobierno del usurpador: Alberto García Granados, de Gobernación; Jorge Vera Estañol, de Instrucción Pública; Toribio Esquivel Obregón, de Hacienda; Manuel Mondragón, de Guerra y Marina; y más tarde Rodolfo Reyes, el amigo más cercano del sobrino de don Porfirio. 

"Pero para que la burla fuera más terrible y sangrientas -escribe Miguel Alessio Robles en Historia política de la Revolución- el general Huerta hizo que se pospusieran las elecciones presidenciales y continuar él en la Presidencia de la República. Nombró al general Félix Díaz embajador en el Japón, en misión especial, para que marchara a expresar al Mikado el agradecimiento de México por la representación diplomática que envió ese país con motivo del primer centenario de la proclamación de la independencia nacional. 

"Al tener conocimiento el Mikado que la misión diplomática mexicana estaba lista para salir de nuestro país y embarcarse rumbo al Japón, se apresuró a comunicar a la Cancillería de México que la familia imperial se iba a ausentar de Tokio, y que no regresaría a esa capital hasta el otoño próximo, y que, por lo tanto, era conveniente suspender ese viaje. El general Félix Díaz marchó entonces rumbo a Los Ángeles y San Francisco, donde fue recibido hostilmente por todos los mexicanos residentes en esas ciudades.”

Mientras tanto el terror iba imperando en la capital y en el resto del país. 

Huerta quería ahogar en sangre la protesta de los hombres de bien; quería establecer la paz costara lo que costara, sin detenerse ante la comisión de los crímenes más nefandos. Después de los asesinatos de don Francisco I. Madero, José María Pino Suárez, Gustavo Madero y Adolfo Bassó, fueron asesinados en la Ciudad de México y en las poblaciones cercanas, sin formación de causa en la forma más artera, numerosas personas honorables, patriotas y dignas, tan sólo por haber manifestado su desacuerdo con los procedimientos de Gobierno del militar desleal y sanguinario que desgobernaba desde el Palacio Nacional. 

El general maderista Gabriel Hernández, preso en la cárcel de Belén, fue asesinado pocas semanas después de la decena trágica por Enrique Cepeda, gobernador del Distrito Federal. La misma suerte corrió por aquellos mismos días en el Estado de Chihuahua el gobernador Abraham González, quien con antelación había sido depuesto de su cargo.

No se respetó la vida de los representantes populares a pesar de su investidura. El diputado Edmundo Pastelín fue asesinado el 13 de junio, el diputado Adolfo G. Gurrión el 17 de agosto, y el viril tribuno Serapio Rendón el 22 del mismo mes, también en agosto fue pasado por las armas un valiente periodista nicaragüense, Solón Argüello. Los gobernadores militares de los Estados colaboraban con su jefe en la tarea infernal de matar a diestra y siniestra a los sospechosos de inconformidad con el régimen espurio.

Pero lo que ya resultó intolerable para los miembros del Congreso de la Unión fue el asesinato del senador Belisario Domínguez el 7 de octubre. El patriota chiapaneco escribió un discurso temerario y viril, atacando de frente al general Huerta. 

La lectura del discurso de don Belisario Domínguez nos emociona todavía. Es un ejemplo de dignidad, de valor, de honradez. Él sabía bien que seguramente firmaba su sentencia de muerte, pero quiso cumplir con su deber de ciudadano y de senador de la República.

Según la opinión de algunos historiadores, el discurso fue pronunciado el 23 de septiembre. También hay la versión de que su autor no logró pronunciarlo. Todos están de acuerdo en que circuló con amplitud. Victoriano Huerta no podía perdonar tamaña audacia.

Se supo más tarde que antes de ser asesinado el senador Belisario Domínguez, el famoso cirujano Aureliano Urrutia, entonces ministro de Gobernación, le cortó la lengua por órdenes de Huerta. Obviamente no hay documento que pruebe lo anterior. Sucesos de esta naturaleza se vuelven leyenda y con el tiempo se confunden con la historia. 


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la revolución mexicana ** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986).

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