lunes, 5 de enero de 2026

Entrevistando a las pirámides 4 Xochicalco


Entrevistando a las pirámides 4 Xochicalco 


Le toca el turno ahora a la pirámide de Xochicalco. Para llegar a Tula, el entrevistador ha recorrido ochenta kilómetros desde la capital en dirección norte; ahora tiene que volver a la capital y recorrer ochenta kilómetros hacia el sur. ¿Es que no hay otras pirámides más cercanas a la Ciudad de México

Sí, las hay. Y dos de ellas, la de Cholula y la pirámide de las Serpientes, son, incluso, las más importantes después de las que ya conocemos. Pero un buen entrevistador de pirámides debe proceder por estricto orden cronológico. 

la era precortesiana no conoce cifras de años, ni esos conceptos nuestros de Antigüedad Clásica, Edad Media, Renacimiento, etc. La historia y la evolución histórica de la cultura se clasifica y denominan con arreglo a los sitios de los descubrimientos arqueológicos. Lo único que se conoce con mayor o menor claridad es la sucesión de las culturas dentro de una determinada zona, lo que nos permite hacer, en México, un recorrido a través de las diversas edades, desde la más remota antigüedad hasta los tiempos presentes. Esta ruta es la que sigue nuestro entrevistador de pirámides. No quiere que les ocurra a sus lectores lo que a los turistas de Roma, que se asombran de encontrar el Coliseo en un estado mucho más ruidoso que la basílica de San Pedro, a pesar de haber visitado ésta antes de ver aquél. 

Después de Tula le llega el turno a Xochicalco, pues ambas pirámides tienen, poco más o menos, la misma edad. La de Xochicalco declara a su entrevistador que no es, por su origen, una auténtica pirámide aunque lo es en sentido estereométrico, pues no fue construida con fines religiosos, sino con miras puramente estratégicas, como una ciudadela o fortificación para defenderse del enemigo. 

A pesar de ello, no hay en toda la meseta central de México ninguna otra tan ricamente esculpida. Los ornamentos y el friso de esta pirámide no son precisamente estilizados: las serpientes y las lenguas de fuego se retuercen aquí sobre un caballete de piedra con el mismo salvaje realismo que la cosa que quieren representar; la lava ardiente vomitada en otro tiempo por las montañas divinas que escupían fuego sobre los hombres de la tierra. 

-A mí -cuenta la pirámide de Xochicalco- me hizo célebre un alemán, el profesor Eduardo Seler, de Berlín, y yo, en justo pago, le hice famoso a él. Era en realidad filólogo y solo había venido a México a estudiar los dialectos de la Huasteca. Nos conocimos casualmente, un día en que vino a verme un arqueólogo mexicano que invitó al alemán a acompañarlo. Seler publicó algunas cosas acerca de mí; al principio, nadie quiso creerle ni dar crédito siquiera a las ilustraciones. Más tarde, hacia fines del siglo pasado, me puse de moda y era una verdadera peregrinación la que desfilaba por aquí constantemente. Ahora, me han dejado más tranquila, aunque la ciudad de Cuernavaca que se extienda mis pies se ha convertido en uno de los centros vacacionales y turísticos más visitados.


(Tomado de Kisch, Egon Erwin. Descubrimientos en México. Volumen 1. Prólogo de Elisabeth Siefer. Edición aumentada. Colección ideas, #62. EOSA, Editorial Offset, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1988)

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