¿Corales y peces marinos a más de dos mil metros de altura? Sí, y también erizos y almejas gigantescas, tortugas y tiburones. Toda una completa fauna del mar se encuentra en el noroeste de Chiapas, en altas montañas que fueron un día cubiertas por los mares. Así lo han probado los hallazgos de fósiles de las especies antes citadas. El primero en descubrirlo y establecer científicamente su origen fue probablemente el Dr. Federico K. G. Mullerried, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Su hipótesis de que esa parte del continente se hundió en el mar y que, quizás, todo Chiapas hubiera sido cubierta por el Atlántico y el Pacífico, tiene una base inconmovible: hay estratos o capas, uniformemente marinas, con un espesor de tres kilómetros y medio; la extensión nadie la conoce.
Y con ese misterio hay otro infinitamente apasionante: las pruebas de existencia de un gigantesco mar subterráneo todavía aprisionado pero desconocido en su ubicación.
Una serie de grupos de exploradores extranjeros planean iniciar la búsqueda, y su proyecto, que en mucho se asemeja a los de Julio Verne rumbo al centro de la Tierra, vendría a revelar una de las más asombrosas páginas de la historia de nuestro planeta.
Quizá pronto se conozcan los primeros resultados. Mientras tanto, no podemos sonreír escépticamente a menos que sepamos explicar por qué, en las altas sierras hay tantos fósiles marinos desde algas y corales hasta peces y reptiles.
(Tomado de: Möller, Harry. México Desconocido. INJUVE, México, D. F., 1973)
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