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jueves, 23 de octubre de 2025

María Margarita Marcelina Andrade Vallejo “Andrea”



María Margarita Marcelina Andrade Vallejo “Andrea” 

Por Alberto G. López Limón 


María Margarita Marcelina Andrade Vallejo cayó en combate el 14 de abril de 1977 al enfrentarse con elementos pertenecientes a la Brigada Blanca y de la División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia, cuando éstos habían detectado una de las casas de seguridad de la Liga Comunista 23 de septiembre, por lo cual realizaron un operativo en la Colonia Avante en el Distrito Federal donde, se suscitó un enfrentamiento armado [CNDH]. 

El 14 de abril de 1977 a las 7:30 horas elementos de la Dirección Federal de Seguridad y de la Brigada Especial instalaron un dispositivo de seguridad con la intención de detener a Francisco Alfonso Pérez Rayón (a) "La Papa", "Andrés" y Luis Miguel Corral García (a) "El piojo Blanco". En el momento de los hechos se acercaron al lugar varias patrullas de la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, cuyos tripulantes, al escuchar disparos de arma de fuego, acudieron en auxilio de los miembros de la Dirección Federal de Seguridad y de la Brigada Especial. Como resultado fue detenido-desaparecido Francisco Alfonso Pérez Rayón. Rayón fue trasladado a las instalaciones de la Brigada Especial, lugar donde se llevó a cabo su interrogatorio. 

La versión vertida por el Lic. Javier García Paniagua, entonces Director Federal de Seguridad, del 14 de abril de 1977, es falsa. La detención-desaparición de Francisco Alfonso Pérez Rayón y la muerte de Luis Miguel Corral García fueron el resultado de errores azarosos no de la delación, infiltración o investigación de los cuerpos de seguridad. Para empezar, la casa de seguridad en que se encontraban ambos, junto con otros de sus compañeros, fue detectada el 12 de abril de 1977 por la impericia como chofer, de uno de los elementos que vivían en ese domicilio. Al sacar su automóvil no se fijó y empujó a un motopatrullero. El oficial, que resultó ser parte de la escolta del General Arturo Durazo Moreno, entonces Director General de Policía y Tránsito, se levantó del suelo y de forma prepotente y amenazante desenfundó su pistola para amedrentar al conductor y a sus compañeros. En la parte superior de la casa la guardia de seguridad que se había percatado del incidente, creyendo que ya los habían descubierto y protegiendo a sus compañeros abrió fuego contra el policía. El enfrentamiento entre guerrilleros y escoltas se generalizó. Informada la central, de inmediato se giraron instrucciones para que decenas de agentes de la Dirección Federal de Seguridad, Brigada Blanca y División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia cerraran el cerco y detuvieran a los moradores. Varios activistas fueron detenidos y otros murieron. La mayoría de los habitantes eran mujeres. En un principio no sabían a quién habían detenido, ni que era una casa de seguridad de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Después del tiroteo pudieron identificar a Francisco Alfonso Pérez Rayón, quien detenido-desaparecido con vida fue inmediatamente trasladado a los separos de la Dirección Federal de Seguridad en Plaza de la República, donde fue sometido a intensas sesiones de tortura para que entregara las citas que tenía con otros miembros de su organización y el domicilio de otras casas de seguridad. Francisco era considerado por la policía como el principal responsable de la Liga Comunista 23 de Septiembre en la capital del país. Se conoce que Miguel Nazar Haro dio órdenes de que fuera ejecutado, pero se desconoce si se llevó a cabo la orden. Los demás detenidos fueron trasladados al Campo Militar No. 1

Como resultado de los interrogatorios, se montó un dispositivo de seguridad dos días después. El 14 de abril al asistir a una cita, a las 9 de la mañana, los agentes de la Brigada Blanca al intentar detener a los activistas frente al número 2366 de la Calzada de Tlalpan iniciaron un feroz enfrentamiento, muriendo en el acto Antonio Guerrero Arellano de la Policía Judicial Federal y quedaron lesionados Arturo Mateo Acosta de la Policía Judicial del Distrito Federal y un voceador de periódicos que se encontraba en el lugar de los hechos. Los diferentes cuerpos policiales de inmediato se hicieron presentes en la calle de Retorno 24, Colonia Avante, con el objetivo de cercar la casa marcada con el número 55, donde se encontraba la joven revolucionaria María Margarita Marcelina Andrade Vallejo (a) "Andrea", su hijo de dos años y dos sirvientas, María de los Ángeles y Silvia Espino Estrada. Margarita se enfrentó sola contra más de cien policías. Al comenzar la balacera Andrea tuvo a su lado a su hijo pero cuando se intensificó se lo entregó a María de los Ángeles. En un momento de tregua las sirvientas lograron entregarse a la policía y salvar al pequeño hijo de Margarita y Francisco Alonso. 

María Margarita logró lanzar dos bombas de fabricación casera. Finalmente, una bala salida de su propia arma le alcanzó el parietal derecho y si le produjo la muerte. La persecución y el número de policías aumentaron; se inició una cacería en las casas aledañas al número 55. Los cateos se realizaron en forma violenta, causando daños materiales. Las pesquisas continuaron durante tres horas en la Colonia Avante, Centinela y Educación. Horas más tarde su cadáver fue identificado por sus familiares, detenidos-desaparecidos durante 13 días del mes de septiembre de 1975, en el Campo Militar No. 1, con el objetivo de arrancarles cualquier dato que permitiera la localización de Margarita. Para acallar las protestas por la forma abusiva de ejercer el poder, la Dirección General de Policía y Tránsito presentó a tres de los activistas detenidos en la Colonia Casas Alemán: Aurora Castillo Mata (a) "Belén", José Luis Esparza Flores (a) "Carlos" y Antonio Orozco Michel (a)  "Michel". El esposo de Ma. Margarita Marcelina Andrade Vallejo, Francisco Alfonso Pérez Rayón, aún continúa detenido-desaparecido.


(Tomado de: Aguilar Terrés, María de la Luz (compiladora) - Guerrilleras. Antología de testimonios y textos sobre la participación de las mujeres en los movimientos armados socialistas en México, segunda mitad del siglo XX. Ciudad de México, 2014).

lunes, 21 de agosto de 2023

Lo negro del "Negro" Durazo

 


V

La edad del crimen organizado

[...]

A la urgencia de una política judicial sobre derechos humanos se llega vía los crímenes del río Tula. La brigada Jaguar de la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD) al mando de Francisco Sahagún Baca, lugarteniente del jefe de la policía metropolitana Arturo Durazo Moreno, tortura y asesina a 13 colombianos y el chofer mexicano que los acompañaba. Los colombianos asaltantes de residencias y violadores, roban un banco y los "jaguares" típicamente, se inclinan por la "expropiación". Según parece, al morir el primer colombiano en la tortura, se opta porque los demás le hagan compañía. Los cadáveres, arrojados al sistema de drenaje, se asoman destrozados en el río Tula.

La opinión pública se conmueve y, un tanto inesperadamente, eleva la exigencia: derechos humanos. El periodista Manuel Buendía denuncia los hechos, y las pruebas sobre el comportamiento de los judiciales se acumulan. Al terminar el sexenio de López Portillo, concluye la impunidad de Durazo y un libro (un libelo melodramático) impulsa otro vuelco de la nota roja. Y a Lo negro del Negro Durazo (Editorial Posada, noviembre de 1983), el testimonio de José González y González, ex-jefe de ayudantes de Durazo, lo hace creíble en cinismo y las bravatas del protagonista y relator: "En mi vida de gatillero profesional, yo, Pepe González y González, autor del presente trabajo, comencé a matar desde los 28 años de edad, y teniendo en mi conciencia una cifra superior a 50 individuos despachados al otro mundo, agradezco la intervención de los funcionarios por cuyas gestiones no me quedaron antecedentes penales. Advierto que maté por órdenes de gente como Gustavo Díaz Ordaz, Alfonso Corona del Rosal y muchos más. Sólo cumplí órdenes."

En el libro de González, Durazo y su amigo y subalterno Francisco Sahagún Baca, son casi personajes de una novela de Jim Thompson. El único aval de Durazo (la amistad de infancia con el presidente López Portillo) lo autoriza para 6 años de abusos y destrucción. Y el exceso que protagoniza anuncia el exceso mayor, el de quien, conociéndolo, lo designa jefe de la policía de la gran capital. González refiere el saqueo de la ciudad, el envilecimiento del cuerpo policiaco, las extorsiones, los fraudes, las torturas, las ventas de protección al hampa, el esplendor del contrabando y el narcotráfico, la red del capitalismo alternativo. Y a todas horas el humor de la impunidad. Habla el general don Arturo:

-Mira pinche flaco, aprende hijo de tu chingada madre. ¿Cuántos años te has jodido y no tienes ni en dónde caerte muerto? Yo en cambio, ya soy accionista principal de este pinche changarro y no se los compro completo porque sería mucha pinche ostentación. (p. 78)

A González los agraviados no lo contradicen o desmienten. Su testimonio, el de un asesino confeso, no tiene valor moral, y mucho de lo que revela ya se sabe. Pero la escandalera, que mezcla indignación y relajo, es la toma de conciencia posible. Sí, a la metrópolis la ha "protegido" un ser codicioso y despiadado que hace edificar residencias faraónicas y "helénicas" en el Ajusco y en Zihuatanejo, con estatuas del escultor Ponzanelli, y ambiciones de Partenón. Sí, Durazo alterna con ministros de la Suprema Corte de Justicia y con figuras del espectáculo a las que protege y provee de droga. Sí, Durazo es lo que no nos merecíamos.

Un millón de compradores de Lo negro del Negro Durazo y (por lo menos) diez millones de lectores. Esta nota roja le permite al lector un vistazo a los sótanos del poder, tan afines a la cúspide, y lo aloja en el nuevo espacio de la ostentación criminal, ya no las prisiones sino el laberinto de oficinas de lujo, de restaurantes y colonias exclusivas, de juzgados en donde los narcotraficantes obtienen su libertad con fianzas descomunales, de campos de aterrizaje clandestinos, de asesorías especializadas en borrar las huellas del lavado de dinero, de discotecas en donde los vástagos del Establishment compran las sensaciones que sus padres obtuvieron a través del alcohol. Y queda arrinconada aquella nota roja cuyos casos solo dependen, artesanías del mal, de las pasiones humanas "de antes".

En 1983 Durazo huye de México. La DEA lo descubre en Río de Janeiro, adonde lo delata su afición por una vedette, y lo sigue hasta San Juan, Puerto Rico. Allí se le detiene y se le envía a Los Ángeles. El trámite de extradición es lento, y el proceso penal en México resulta inconvincente, al acusársele a Durazo de delitos menores.


(Tomado de: Carlos Monsiváis – Los mil y un velorios (Crónica de la Nota Roja). Alianza Editorial y CNCA, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D.F., 1994)