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sábado, 14 de diciembre de 2019

Proclama de Ignacio López Rayón para medidas económicas y postura insurgente, 1810


Primera proclama del licenciado Don Ignacio Antonio López Rayón [en donde se requieren medidas económicas y postura insurgente ante los europeos]

23 de octubre de 1810

Ignacio López Rayón

El Licenciado don Ignacio Antonio López Rayón, por particular comisión del Excmo. Sr. don José Miguel de Hidalgo y Costilla, Capitán General del Ejército de Redención de estas Nobilísimas y muy felices Américas, etcétera.
Por cuanto entendió la superioridad de S.E. la coalición, inteligencias y reprobados arbitrios que se adoptaban de acuerdo con la sublevada estirpe de los Bonapartes, sobre la entrega, dimisión, saqueo, exterminio y total ruina de estos afortunados reinos; lleno del más glorioso entusiasmo, se resolvió a cualesquier coste, libertar la Patria de la voracidad del tirano y sus crueles enemigos.
A cuyo fin, convoca a todo americano que, conforme a los sentimiento de su corazón, preste a el intento cuanto por su persona y sus arbitrios sea capaz de franquear para el éxito de esta universal, justa, religiosa y santa causa, concurriendo con puntualidad, eficacia y celo a la ejecución de cuanto por sus respectivos jefes se les prevenga e imponga.

1° Siendo lo primero, que a todo europeo que voluntariamente no se presente al jefe más inmediato, se aprehenda su persona y se conduzca a la disposición de S.E.
2° Que los bienes, sean de la clase que fueren, reconocidos por de los referidos europeos, sean confiscados y puestos en secuestro y seguro depósito para la aplicación conveniente.
3° Que, por tanto, todo americano que haya girado comercios, compañías, relaciones y cuentas de que resulte acción, alcance y haber perteneciente a europeo, lo manifieste en el término de ocho días, so pena de incurrir en el enorme delito de traidor a la Nación.
4° Por cuanto al objeto y punto de vista de este plan de operaciones, no es otro que la manutención de nuestra santa religión y sus dogmas, la conservación de nuestra libertad y el alivio de los pueblos, los declara libres de la pensión de tributo: exento, asimismo, del gravamen que infiere el estanco de pólvora, naipes y papel sellado, dejando el tabaco en hoja, labrado y polvo, bajo el sistema que ha girado.
5° Que habiendo considerado lo gravoso que era al público el impuesto del seis por ciento que indistintamente se exigía de alcabala de todo efecto, y siendo conveniente mantener arbitrios para subvenir a los crecidos gastos de un ejército defensor y fiel custodia de la Nación, ha venido en moderarlo al tres por ciento en los efectos del país y al relacionado seis en los ultramarinos; declara de comercio libre todas las bebidas que se hallaban prohibidas bajo la anterior regla.
6° Sobre declarar, como revestido de la autoridad que ejerce por aclamación de la Nación, declara iguales a todos los americanos, sin la distinción de castas que adoptó el fanatismo: es consecuente que queda abolida la mísera condición de esclavo, y libre todo el que lo haya sido como cualquiera individuo de la Nación.
7° y último. Que debiendo concurrir cada individuo de por sí y todos en masa a la defensa de tan justa causa, deberán alarmarse conforme a las facultades de cada uno y circunstancias en que nos hallamos.

Todo lo cual he resuelto publicar por bando y fijar por rotulones para que, puesto en noticia pública, nadie pueda alegar ignorancia ni excusar las penas que tenga a bien imponer la Superioridad por la infracción de cualesquiera de los ya relacionados artículos, tendréislo entendido para su puntual y debido cumplimiento.

Tlapuxahua, octubre 23 de 1810. Licenciado Ignacio López Rayón.

(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)

jueves, 12 de septiembre de 2019

Bando suprimiendo las castas y aboliendo la esclavitud, 1810


Bando de Morelos

Suprimiendo las castas y aboliendo la esclavitud
17 de noviembre de  1810

José María Morelos

El Br. D. José María Morelos, cura y juez eclesiástico de Carácuaro, Teniente del Excmo. Sr. D. Miguel Hidalgo, Capitán General del Ejército de América.
Por el presente y a nombre de S.E., hago público y notorio a todos los moradores de esta América y establecimientos, del nuevo gobierno, por el cual, a excepción de los europeos, todos los demás habitantes no se nombrarán en calidad de indios, mulatos, ni otras castas, sino todos generalmente americanos. Nadie pagará tributo, ni habrá esclavos en lo sucesivo, y todos los que los tengan serán castigados. No hay cajas de comunidad y los indios percibirán los reales de sus tierras como suyas propias.
Todo americano que deba cualesquiera cantidad a los europeos, no está obligado a pagarla; y si fuere lo contrario, el europeo será ejecutado a la paga con el mayor rigor.
Todo reo se pondrá en libertad con apercibimiento, y si incurriese en el mismo delito o en otro cualesquiera que desdiga a la honradez de un hombre, será castigado.
La pólvora no es contrabando, y podrá labrarla todo el que quiera.
El Estanco de tabacos y alcabalas seguirá por ahora para sostener la tropa; y otras muchas gracias que concederá S.E. y concede para descanso de los americanos. Que las plazas y empleos estarán entre nosotros y no los pueden obtener los europeos, aunque estén indultados.

Cuartel General del Aguacaltillo, 17 de noviembre de 1810
José María Morelos, Superior Rey de S.E.

(Tomado de: Briseño Senosiain, Lillian; Ma. Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre (investigación y compilación) - La independencia de México: Textos de su historia. Tomo I Antecedentes. La lucha por la libertad. Coedición SEP/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. México, D.F., 1985)





miércoles, 5 de junio de 2019

Estados perdidos de México y la esclavitud




Los estados perdidos por México y la esclavitud

Una fase del movimiento antiesclavista [norteamericano] incluía la ayuda, para que escaparan esclavos durante la noche, a refugios seguros en el Norte, o, a través de la frontera, en el Canadá. Una red elaborada de rutas secretas para los fugitivos, conocida como “el ferrocarril subterráneo”, se estableció firmemente poco después de 1830 en todas las regiones del Norte. Las operaciones que tuvieron mayor éxito ocurrieron en el territorio del antiguo Noroeste. Solamente en Ohio se estima que no menos de 40,000 fugitivos esclavos escaparon hacia la libertad en los años de 1830 a 1860. En número de las sociedades locales antiesclavistas aumentaron a tal grado que en 1840 existían 2,000, con una totalidad de cerca de 2000,000 miembros.

A pesar de que el único objetivo de los abolicionistas activos era convertir a la esclavitud en un problema de conciencia para cada hombre y mujer, la gente del Norte, en conjunto, se mantenía aislada de cualquier participación en el movimiento antiesclavista. Ocupados como estaban con sus propios problemas, opinaron que la esclavitud era un asunto que los habitantes del Sur tenían que resolver por medios propios. Les parecía que la agitación desenfrenada de los fanáticos antiesclavistas amenazaba la integridad de la Unión, cosa mucho más importante para ellos que la abolición de la esclavitud. No obstante, en 1845, la adquisición de Texas y, poco después, las ganancias territoriales en el Suroeste como resultado de la guerra con México, convirtió el problema moral de la esclavitud en una cuestión política candente. Hasta ese momento, había parecido que la esclavitud se limitaría a regiones donde ya existía. Se le habían marcado sus límites por medio del Tratado de Misurí de 1820 y no había tenido oportunidad de traspasarlos. Pero ahora, con nuevos territorios anexados a la Unión, que parecían apropiados para una economía esclavista, la expansión de la “industria peculiar” nuevamente se convertía en una probabilidad real.


Muchos habitantes del Norte creían que, si la institución se mantenía dentro de límites cerrados, con el tiempo entraría en decadencia y moriría. Para justificar su oposición a la anexión de nuevos Estados esclavistas, señalaron, como precedentes obligatorios, las declaraciones de Washington y Jefferson y el Decreto de 1787 que prohibía la extensión de la esclavitud al Noroeste. Como en Texas ya existía la esclavitud, fue aceptada en la Unión, naturalmente, como un estado esclavista. Pero California, Nuevo México y Utah no lo tenían. Cuando los Estados Unidos, en 1846, se disponían a adquirir esas regiones, cuatro grupos principales hicieron sugestiones que entraban en conflicto entre sí. Los extremistas del Sur pretendían que todo el territorio adquirido de México pasara a los propietarios de esclavos. Los norteños, decididamente antiesclavistas, exigían que todas las nuevas regiones se cerraran a la esclavitud. Un grupo de hombres moderados sugirieron que se extendiera la línea del Tratado de Misurí hasta el Pacífico, con estados libres al Norte de ella y con estados esclavistas al Sur. Otro grupo moderado propuso que el problema se dejara a la “soberanía popular”, es decir, que el gobierno autorizara a los colonizadores a establecerse en el nuevo territorio con o sin esclavos, como quisieran, y cuando llegara el tiempo de convertir aquella región en estados, la gente misma diera solución al problema. Cada vez más, el peso de la opinión pública del Sur se inclinaba por el punto de vista de que la esclavitud tenía derecho a existir en todos los territorios; y cada vez más la opinión del Norte se inclinaba por el punto de vista de que no tenía el derecho de existir en ninguno. En 1848, cerca de 300,000 hombres votaron por los candidatos de un Partido de Tierra Libre que declaraba que la mejor política era “limitar, localizar y desanimar la esclavitud”.



El descubrimiento de oro en California, en enero de 1848, precipitó un torrente de buscadores de oro de todas las partes del mundo, que hicieron un total de más de 80,000 inmigrantes en el año de 1849. California se convirtió en un problema muy serio, pues forzosamente el Congreso tendría que determinar la situación política de esta nueva entidad antes de que pudiera establecerse un gobierno legal. Las esperanzas de la nación estaban puestas en el senador Henry, que, en dos ocasiones, en tiempos de crisis, había salido avante con arreglos mediadores. Esta vez, solventó de nuevo, una disputa regional peligrosa, con un plan bien trazado. Su transacción (después de ciertas modificaciones hechas por el Congreso) proponía, entre otras cosas, que se admitiera a California como un estado con una constitución de territorio libre (es decir, que se prohibiera la esclavitud), mientras que el resto de la nueva anexión se dividiera en dos territorios, el de Nuevo México y el de Utah, y que se constituyeran sin hacer mención de la esclavitud; que las reclamaciones de Texas sobre una parte de Nuevo México se satisfacieran con el pago de diez millones de dólares; que se estableciera una maquinaria más efectiva para capturar esclavos prófugos y regresarlos a sus amos; y que el comercio de esclavos (pero no la esclavitud) se aboliera en el Distrito de Columbia. Estas medidas -famosas en la historia norteamericana como el “Convenio de 1850”- fueron aprobadas, y el país respiró lanzando un suspiro de sincero alivio.

Durante tres cortos años, pareció que esta transacción había arreglado casi todas las diferencias. No obstante bajo la superficie, la tensión permanecía y crecía. La nueva Ley relativa a Esclavos Fugitivos ofendió profundamente a muchos norteños. Rehusaron tomar parte en la captura de esclavos, y, en cambio, ayudaron a los fugitivos a escapar. El “Ferrocarril Subterráneo” llegó a ser más eficiente y descarado en llevar a muchos a lugar seguro.

(Tomado de: Whitney, Frances - Síntesis de la historia de los Estados Unidos [An outline of american history]. Colección El mundo de hoy. Editorial Limusa-Wiley, S. A. México, D. F., 1966)