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viernes, 29 de noviembre de 2024

Dolores del Río


 

Dolores del Río 

(actriz)

(1905-1983, Durango, México). Su nombre completo fue Dolores Asúnsolo López Negrete, hija de una familia aristocrática que perdió su fortuna con la Revolución Mexicana, la también sobrina de Francisco I. Madero emigró a la ciudad de México donde en 1921 contrajo matrimonio con Jaime Martínez del Río, un hombre adinerado por el cual conoció a Edwin Carewe, un productor de Hollywood. La pareja emigró a Estados Unidos, donde ella inició su carrera en 1925 al participar en el reparto de la película Joanna. Dolores alcanzó renombre desde el cine silente de Hollywood ya que fue una de las figuras más admiradas por su dinamismo y extravagante presencia fílmica, cualidades que le hicieron oscilar entre la vampiresa y la santa. Mientras estuvo casada con Jaime Martínez del Río destacó en su quehacer fílmico, posteriormente se divorciaron y la actriz se casó con el magnate de la Metro Goldwyn Mayer, Cedric Gibbons, al cual años después dejaría por Orson Welles, el gran amor de su vida. En los años 40 se transformó en una estilizada indígena al filmar en el cine mexicano, dirigida por Emilio "El Indio Fernández" y fotografiada por Gabriel Figueroa, cuyas obras representativas son María Candelaria y Flor Silvestre, ambas de 1943. Por su labor en el cine nacional recibió tres Arieles: en 1946 por Las abandonadas, en 1952 por Doña Perfecta y en 1954 por El niño y la niebla. Su última película fue Los hijos de Sánchez (1977). Murió en Newport Beach, California, el 11 de abril de 1983.

Lorena Ríos.


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

lunes, 8 de abril de 2024

Julio Bracho

 



Julio Bracho 

(director, 1909-1978. Durango, México)


A pesar de que Julio Bracho trabajó desde joven cono director teatral (fue creador de los teatros Orientación y Universitario), siempre trató de acercarse al cine: asistía a las filmaciones de La mujer del puerto (1933) y conoció a Einsenstein cuando filmó ¡Que viva México! (1931), lo cual influyó en él. Fue codirector de Redes (1936) durante 4 meses y el éxito vino con tres cintas: ¡Ay qué tiempos señor don Simón! (1941), Historia de un gran amor y Distinto amanecer, ambas de 1943, las cuales definieron su impecable técnica. Por sus actitudes, fue llamado por Schenk, director de la 20th. Century Fox en 1945, pero una enfermedad del magnate le impidió cerrar el trato. A cambio, el cine nacional se vistió de excelentes producciones como La mujer de todos (1936), La sombra del caudillo (1960, considerada por él como su mejor cinta, además de estar vetada por la política nacional) y Crepúsculo (1944). Es tal es la calidad de Bracho como director cinematográfico, que su película Distinto amanecer forma parte del acervo especial del Museo de Arte Moderno de Nueva York. También fue creador de la película Cada quien su vida (1959), basada en la obra teatral de Luis G. Basurto, donde retrata el ambiente cabaretil de los años 50 en un lugar que se llamó Cabaret Leda y hasta hace poco se le conoció como el Club de los Artistas, ubicado en una de las calles de la avenida Vértiz. Otro de sus logros fue la película Canasta de cuentos mexicanos, donde sale a relucir la idiosincrasia de los mexicanos. En suma, Bracho es quizás el observador más acucioso del cine mexicano.


Pablo Dueñas y Jesús Flores.


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús . La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000)

sábado, 30 de marzo de 2024

Hermila Galindo

 


Hermila Galindo 

Sufragio efectivo 

(1886-1954)


Una de las habilidades de Venustiano Carranza fue la de allegarse a colaboradores adscritos a distintos frentes ideológicos personajes tan diversos como Luis Cabrera, Félix F. Palavicini, Salvador Alvarado e Isidro Fabela llegaron a ser integrantes de su círculo más cercano también lo fue Hermila Galindo Acosta acérrima defensora de los derechos de la mujer y teórica del carrancismo.

Nació el 2 de junio de 1886 en Ciudad Lerdo, Durango, hija de Rosario Galindo y Hermila Acosta no conoció a su madre pues falleció a los pocos días de dar a luz su padre que tenía otra familia la dejó a la guarda de una de sus hermanas Hermila agradecería siempre a su tía Ángela por el amor, el apoyo y la comprensión que le brindó.

Cursó la educación básica en su estado natal y posteriormente viajó a Chihuahua donde estudió en el instituto industrial para señoritas donde aprendió taquimecanografía e inglés conocimientos que le permitieron valerse por sí misma a la muerte de su padre acaecida cuando apenas tenía 16 años.

Para sostenerse se inició en la docencia en colegios de Torreón y trabajó como mecanógrafa en bufetes jurídicos poco a poco su profesionalismo la llevó a ser contratada por personajes de mayor relevancia.

Sus vínculos con la política comercial del ingeniero Eduardo Hay, funcionario maderista que la invitó a la Ciudad de México y con quien compartió la experiencia de laborar en el Congreso de la Unión, donde conoció a detalle los procesos legislativos.

La muerte de Madero y la marcha de Hay a Sonora le produjeron un declive moral y económico, del que pudo resarcirse gracias a su adhesión a la causa constitucionalista, en la que llegaría a ocupar el puesto de secretaria particular de Carranza. A partir de entonces se convirtió en una de las principales estudiosas del feminismo a través de la lectura y difusión de La mujer en el pasado, en el presente y en el porvenir de Augusto Bebel y La educación femenina de John Stuart Mill.

En la fragua de la Revolución, destacó por su templanza y por la velocidad vertiginosa con la que ganó el protagonismo como periodista, conferencista e ideóloga. Viajó con Carranza a Veracruz a finales de 1914 participó en la elaboración de la Ley del Divorcio, que permitió por primera vez la disolución del vínculo matrimonial. A partir de ese momento, Hermila refrendó su compromiso con la igualdad de género.

En marzo de 1915 escribió su primera conferencia feminista, misma que tituló La reivindicación de la mujer mexicana. Poco después, El Pueblo inauguró una sección escrita por mujeres, de la que fue colaboradora recurrente. En su primer artículo refirió la necesidad de que las mexicanas participaran de lleno en la vida pública: "Yo creo que en compensación de la parte activísima que la mujer [...] ha tomado en todas las etapas de la revolución, los revolucionarios están obligados a darle [...] facilidades para que desarrolle sus facultades intelectuales [...] y pueda participar en la gran obra de emancipación política y reconstrucción nacional que se está efectuando." Con ese propósito, recorrió la República invitándolas a sumarse en pro de la democratización del país.

el 16 de septiembre vio cumplido uno de sus grandes anhelos periodísticos con la publicación del primer número de La mujer moderna, semanario del que fue directora y cuya meta fue explorar diversas formas de participación femenina en el espacio público. Estructurada por secciones, la revista incluía opiniones sobre el acontecer nacional, textos tocantes a la salud, higiene y nutrición, anécdotas históricas y lugares de interés, páginas de interacción lúdica que ofrecían premios a las lectoras por resolver acertijos, espacio para preguntas y respuestas, así como un apartado de literatura.

Desde esa tribuna, Hermila llevó a cabo fuertes críticas a la iglesia católica, a la que acusaba de haber encasillado a la mujer en el papel de sexo débil, valiéndose del fanatismo sostenido y fomentado por la curia. Desde su punto de vista, el sesgo anacrónico de ese discurso era aprovechado por las instituciones androcéntricas para mantener inalteradas sus jerarquías y privilegios.

A diferencia de los modelos femeninos avalados por la mayoría de los medios, el semanario dirigido por Hermila asignaba el epíteto de modernas a mujeres alejadas del espectáculo y la moda, es decir, ensalzaba a las profesionistas, profesoras y enfermeras, también revaloraba la vida y obras de las independentistas -como Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario- y de las soldaderas.

En el cenit de su fama, fue invitada al Primer Congreso Feminista celebrado en Yucatán el 13 de enero de 1916. El centro de la discusión se fundó en cuatro preguntas formuladas por el gobernador Salvador Alvarado, político que desarraigó el acendrado feudalismo local, promovió la educación sin distinción de clase y reflexionó sobre la realidad política femenina: "¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para manumitir a la mujer del yugo de las tradiciones? ¿Cuál es el papel que corresponde a la escuela primaria en la reivindicación femenina, ya que aquella tiene como finalidad preparar para la vida? ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener el Estado, y cuya tendencia sea preparar a la mujer para la vida intensa del progreso? ¿Cuáles son las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido, sino también dirigentes de la sociedad?”.

Escenario de los ponencias fue el teatro Peón Contreras, espacio que se convirtió en el centro neurálgico desde el que se trazaron los primeros esbozos del feminismo en México. Hermila presentó La mujer y el porvenir y las ideas en ella expuestas fueron consideradas radicales por gran parte del público asistente, incluso hubo quienes la acusaron de inmoral.

Para entonces era reconocida por haber "recorrido desde 1908 el camino [...] de muchos revolucionarios: primero fue reyista, después maderista, y por último constitucionalista, siempre trabajando [...] para altos oficiales de las facciones políticas". Gracias a su fama impuso su voz en contra del realce que había adquirido la maternidad después de 1821, pues consideraba que era un recurso que pretendía devolver a la mujer al hogar y limitar su valía al cuidado de los hijos. Sin embargo, para escándalo de las feministas más ortodoxas, ponderaba la maternidad responsable, que tenía como más alto principio la educación en la virtud de los futuros hijos de la patria.

también le preocupó que la mujer mexicana concibiera el matrimonio como una vocación que, de no cumplirse, la condenaría a una existencia marginal y ominosa. Quizás su propuesta más polémica fue la de una educación que permitiera la exploración de la sexualidad femenina libre de tabúes. Estas opiniones le ganaron duras críticas, incluso de los sectores progresistas. Hermila defendió su postura desde las páginas de La mujer moderna y pidió que la doctora Matilde Montoya evaluara, desde un punto de vista científico, la pertinencia de sus observaciones.

Cumplida su labor en México, la continuó fuera del país:


Preciso es que se sepa en el extranjero cuáles son nuestras ideas sobre la liberación de la mujer, cuáles son nuestros pensamientos sobre la necesidad de la unión entre todos los pueblos de alma española; es indispensable que se sepa la bondad del régimen político implantado en la República Mexicana por el señor Carranza. Si estas tres ideas son comprendidas en su verdadera significación en naciones extrañas, nuestro país tendrá necesariamente que le revelarse ante ellas como un país culto, y entonces será más factible estrechar los lazos de amistad con pueblos hermanos, base sobre la que se sentará más tarde la verdadera autonomía de la América Española.


Arribó a Cuba donde sumó seis intervenciones y advirtió: "El pequeño esfuerzo que [...] he hecho en pro del bienestar de mi país, esfuerzo débil, pero empapado de buena voluntad que espero no será estéril, porque en toda semilla, por minúscula que parezca a la vista, siempre se encuentra la génesis de un árbol.”

El 12 de diciembre de 1916 envió un documento al Congreso Constituyente en el que proponía el derecho al voto de la mujer, pero no como una concesión sino como un acto de estricta justicia. Un argumento que se esgrimió en contra fue que la mujer requería educación electoral. Desde el punto de vista de Hermila, la instrucción debía correr paralela a la conquista de sus derechos: "Es de estricta justicia que la mujer tenga el voto en las elecciones de las autoridades, porque si ella tiene obligaciones con el grupo social, razonable es, que no carezca de derechos. Las leyes aplican por igual a hombres y mujeres: la mujer paga contribuciones, la mujer, especialmente la independiente, ayuda a los gastos de la comunidad, obedece las disposiciones gubernativas y, por si acaso delinque, sufre las mismas penas que el hombre culpado. Así pues, para las obligaciones, la ley la considera igual que al hombre, solamente al tratarse de prerrogativas, la desconoce y no le concede ninguna de las que goza el varón.”

A pesar de contar con el apoyo de Carranza, la iniciativa no prosperó, pues los constituyentes consideraron que los movimientos a favor del sufragio femenino apenas emergían.

En ese mismo periodo intervino en el Segundo Congreso Feminista, celebrado nuevamente en Yucatán. En aquella oportunidad declaró: "La esfera de la mujer está en todas partes porque la mujer representa más de la mitad del género humano, y su vida está íntimamente ligada con la de la otra mitad. Los intereses de las mujeres y de los hombres no pueden separarse. La esfera de la mujer está, por lo tanto, donde quiera que esté la del hombre; es decir, en el mundo entero.”

En febrero de 1917, contra todos los usos de la época, se postuló para una diputación en la Ciudad de México. En entrevista con El Universal, explicó que su arrojo estuvo motivado por una carta que le envió un grupo de partidarias sugiriendo su postulación, no obstante la preeminencia de los candidatos varones. No encontrando un impedimento explícito a ejercer su derecho, decidió participar.

El programa de trabajo que propuso fue muy cercano a la recién aprobada Ley sobre Relaciones Familiares, influida por sus perspectivas. Las propuestas de Hermila "incluían la defensa de los intereses de madres y niños con relación al tiempo excesivo de trabajo; la exigencia de leyes que garantizaran la higiene matrimonial para defender a la mujer de las contaminaciones que degeneraban la especie, que la mujer fuera tratada en las leyes como mayor de edad pudiendo heredar bienes y administrarlos, etcétera”.

En la contienda electoral se enfrentó al general Ernesto Aguirre Colorado. En los periódicos se dijo: "Por esta señorita han aparecido en diferentes casillas más de quince votos firmados por las señoritas que se presentaron a votar." Cuando supo de su derrota, prometió al ganador que estaría pendiente de todas sus actuaciones, así lo hizo y reprochó públicamente sus intervenciones: "Como hemos dicho en nuestros números anteriores, Hermila [...] no se conforma con su derrota y todos los días embiste contra del candidato triunfante. Unas veces le censura su silencio, otra su fealdad y últimamente su cobardía. -"El puesto de usted está en la línea de fuego combatiendo a los zapatistas" -le dice en la última carta abierta que le ha dirigido.”

A mediados de año viajó a Durango, donde explicó las dificultades de su campaña en pro de la mujer: "La labor que yo me he echado sobre los hombros, es dificilísima, demasiado ardua, y he tenido que luchar contra lo que parecía muralla infranqueable de prejuicios y preocupaciones que daban margen a un estancamiento en la corriente de ideas relativas a la dignificación de la mujer: sobre mi personalidad, han caído comentarios y críticas que he sabido contrarrestar con altivez y con profunda fe en mi causa.”

En 1919 publicó su obra más ambiciosa, La doctrina de Carranza y el acercamiento indolatino. Los aspectos que ponderó a lo largo de las páginas fueron la soberanía nacional frente a la presión extranjera durante la Revolución, así como la promulgación de la ley del divorcio y su similar agraria. También moldeó a Carranza como un promotor de latinoamericanismo basado en el mutuo apoyo entre las naciones poco desarrolladas para hacer frente a la amenaza imperialista. Del mismo modo, describió cómo fue que, a raíz de su simpatías por el Primer Jefe, tomó la decisión de "abandonar la lucha meramente ideológica para lanzarme a la brega práctica, la que produce resultados efectivos, a la que de hecho tendrá que traer el mejoramiento político de nuestra patria”.

A sus ideas liberales se opusieron los consabidos prejuicios que dejaban en duda su capacidad para estudiar los problemas por los que atravesaba el país. Llena de incertidumbre, llegó a preguntarse por la autenticidad de sus convicciones, sin embargo, "la palabra VOLUNTAD, grabándose en mi cerebro, me impulsó a no desistir”.

El último ejemplar de La mujer moderna vio la luz el 16 de septiembre de ese año. Artemisa Sanz Arroyo refirió el carácter de Hermila, quien luchó "propugnando por [...] el sufragio femenino, del que fue un paladín incansable, como un legítimo galardón que la misma revolución triunfante otorgara a la mujer por sus meritísimos servicios a la causa constitucionalista. La causa feminista fue uno de sus más grandes anhelos y por lograr su triunfo, su constante batallar”.

La violenta muerte de Carranza fue una de sus mayores decepciones, pues con ella se diluían sus esperanzas de ver consumada la dignificación de la mujer. En 1923 se casó con Miguel Topete Guerra, con quien procreó a Hermila del Rosario el 8 de mayo de 1929. Al paso del tiempo se dedicó a la pintura y escribió un puñado de artículos que se publicaron esporádicamente. En 1939 se le reconoció como veterana de la Revolución y se le concedió una precaria pensión.

No participó en los movimientos feministas de medio siglo y falleció el 19 de agosto de 1954, un año después de que la mujer mexicana pudiera por fin ejercer el voto. Su lucha apasionada en favor del feminismo, el sufragismo y la democracia inauguró un sendero cuyos pasos han recorrido las insignes luchadoras sociales de México y América Latina.



(Tomado de: Adame, Ángel Gilberto - De armas tomar. Feministas y luchadoras sociales de la Revolución Mexicana. Aguilar/Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. de C. V. Ciudad de México, 2017)

lunes, 18 de septiembre de 2023

Juana B. Gutiérrez

 


La insurrección y la palabra

Juana B. Gutiérrez

(1875-1942)


Juana Belén Gutiérrez Chávez nació en San Juan del Río, Durango, el 27 de enero de 1875. "Este dato debe ser importante importantísimo, porque lo han anotado con minuciosa escrupulosidad en los registros de la cárcel, cada vez que he estado ahí".

Procedente de una familia de escasos recursos, fue hija de Santiago Gutiérrez y Porfiria Chávez. Su padre ejercía oficios de campo y orfebrería según lo demandara la población, a fin de ganar algunos centavos que le permitieran sostener la casa.

A pesar de la precariedad en que creció, logró acercarse a la lectura en forma autodidacta. Su condición de clase la hizo consciente, a muy temprana edad, de la explotación e injusticias de que era víctima el grueso de los trabajadores.

Se casó a los 17 años con Cirilo Mendoza, un obrero analfabeta a quien enseñó a leer y escribir. Sin embargo, "la muerte prematura de su esposo la dejó desde muy joven en estado de viudez y con tres hijos que alimentar: los pequeños Santiago, Julia y Laura Mendoza Gutiérrez". Santiago murió a corta edad, apenas unos años después que su padre, lo que significó un duro golpe para Juana.

su vocación contestataria la aproximó al pensamiento liberal en su vertiente federalista y anticlerical. Para difundir sus perspectivas, se sirvió de su pluma y se convirtió en periodista: "A sus 22 años empezó a colaborar como corresponsal en periódico liberales y opositores al régimen porfirista: en El Diario del Hogar, fundado por Filomeno Mata y en El Hijo del Ahuizote dirigido por Daniel Cabrera.

A pocos meses de su incursión en la prensa publicó un reportaje denunciando las condiciones de trabajo de los mineros de Coahuila, mismo que fue interpretado por el gobierno como un desafío y provocó su primer encarcelamiento. Mientras purgaba su condena, gente de la localidad suplicó por su excarcelación:


A la señora Mendoza la estimamos por su abnegación y su virtud irreprochable como esposa y madre, por su inquebrantable energía y por su claro talento que será mañana gloria de nuestras letras. Si la virtud y el talento merecen consideración, deseamos que esta vez se le guarden cumplidas a la señora Mendoza en atención a la desgracia que le aflige, pues no hace aún ni un mes que se murió su padre, y en atención a la estimación que le profesamos [...] No pedimos más que sin demora se le admita la fianza.


Apenas quedó en libertad reafirmó sus opiniones pasadas y se involucró con mayor brillo en la oposición ideológica a Porfirio Díaz. Viajó a Guanajuato en 1901 y desde ahí fundó el semanario Vésper, nombre que dedicó a su hijo fallecido, quien disfrutaba observando una estrella vespertina. El lema bajo el que se rigió la publicación fue ¡Justicia y Libertad!:


Y el periódico se publicó con gran regocijo del impresor que en muy poco tiempo se había llevado todos mis ahorros. Cuando estos hubieron concluido hice vender las cabras. ¡Mis cabras! Confieso que cuando llegó ese trance tuve el impulso de volverme a la montaña, un deseo desesperado de abrazar a la "Sancha", mi cabra favorita, de remontar a las cumbres, de ver el sol; aquel sol ardiente que reverberaba en las lomas y quemaba la frente... Sí, volver a la montaña... No, decididamente yo no me volvería a la montaña mientras Porfirio Díaz fuera Presidente.


Juana marcó un parteaguas en la historia de México, pues fue de las primeras mujeres en dirigir una publicación. Desde su primer número, Vésper contó con el respaldo de los Flores Magón:


La señora Juana de Gutiérrez de Mendoza, acaba de fundar en Guanajuato un periódico liberal, Vésper, destinado a la defensa de las instituciones liberales y democráticas. Los dos primeros números que tenemos a la vista desbordan entusiasmo y fe por la sagrada causa de la libertad. Vésper, está destinado a desempeñar importante papel en este momento en que los buenos mexicanos luchan contra el personalismo entronizado, para preparar el advenimiento de una era de progreso para nuestra Patria.


La sagacidad e ironía que esgrimía Juana en sus artículos dedicados al clero y al Estado provocaron la rabia del gobernador, quien ordenó incautar la imprenta y detener a la autora de los textos que consideraba oprobiosos. Gracias a la advertencia de un amigo, la joven logró burlar a sus captores.

Se trasladó a la Ciudad de México y reanudó la edición de Vésper en 1903, a pesar de sus dificultades económicas y de que ya era identificada como subversiva por los agentes de Díaz. Desde sus páginas, reprochó a los hombres omisos su tibieza ante el yugo que los despojaba de sus derechos:


Porque sois incapaces de defender a vuestros conciudadanos, por eso lo hacemos nosotras, porque soy incapaces de defender vuestra libertad, por eso hemos venido a defenderla para nuestros hijos, para la posteridad a quien no queremos legar sólo la mancha de nuestra ignominiosa cobardía. Porque no usáis de vuestros derechos, venimos a usar de los nuestros, para que al menos conste que no todo era abyección y servilismo en nuestra época.


En el mismo año figuró como primera vocal del Club Liberal "Ponciano Arriaga", puesto desde el que firmó una protesta por el cierre de publicaciones y el encarcelamiento de periodistas liberales, gracias a ello entró en contacto con Santiago de la Hoz, Elisa Acuña y Rosetti, Antonio Díaz Soto y Gama y Camilo Arriaga. A pesar de que su labor era más que visible, nunca fue avalada por asociaciones como la Prensa Asociada de México, integrada en su mayoría por hombres cercanos al régimen.

La agitación social generada por las reuniones entre los grupos disidentes derivó en la aprensión de sus cabezas más notorias -entre ellos los Flores Magón- bajo el cargo de sedición. Juana fue a visitarlos mientras purgaban su condena y descubrió la monstruosa desigualdad que insensibilizaba a los hombres y los arrojaba al abismo del crimen.

Ella también fue encarcelada al poco tiempo, cuando Díaz sintió que había erradicado los diarios de mayor circulación y decidió encargarse de los de menor tiraje. "Vésper, que hasta entonces había sido respetado, fustigó con indignación a la tiranía, y la tiranía llena de odio se despojó del último resto de pudor y arrojó a las galeras de Belém a la Sra. Gutiérrez de Mendoza [...] y a la Srita. Acuña y Rosetti de la misma publicación."

Cuando salió de prisión siguió los pasos de sus colegas y partió rumbo a Laredo, ya que el gobierno había amenazado con clausurar al medio que le permitiera escribir a cualquiera del grupo. Llegó a territorio estadounidense, acompañada por Elisa Acuña, gracias al apoyo incesante de su amigo Santiago de la Hoz

Ya reunidos en el exilio, los periodistas relataron sus peripecias:


Hace más de 3 años que se nos persigue, pero sin resultado. Los inicuos procesos contra periódicos independientes como Regeneración, Renacimiento, Excélsior, El Hijo del Ahuizote, Vésper, El Demófilo y tantos otros en que tuvimos parte, no nos desconcertaron y tampoco nos hicieron vacilar las vejaciones personales... Efectuando una violación a la ley como nunca antes se había visto ni aún en México, el autócrata Díaz ordenó al juez de la causa contra El Hijo del Ahuizote, Excélsior y Vésper que prohibieran la publicación de nuestros periódicos.


En Estados Unidos hubo una división en el grupo de liberales mexicanos. Camilo Arriaga -hijo de Ponciano Arriaga, constituyente de 1857- había asumido un liderazgo que ponderaba la negociación con Díaz por la vía democrática, mientras que Ricardo Flores Magón promovía luchar contra él por conducto del anarquismo. La facción encabezada por Arriaga, de la que Juana formaba parte, se trasladó a San Antonio para evitar que las fricciones trascendieran. Desde esa nueva sede operativa, Vésper volvió a editarse.

la ruptura definitiva de Juana y los Flores Magón se consumó en marzo de 1904, tras la muerte de Santiago de la Hoz. De acuerdo con Enrique Flores Magón, él y de la Hoz fueron a bañarse al río Bravo e, inesperadamente, un torbellino atrapó al segundo hasta que se ahogó. Sin embargo, otras voces acusaron al sobreviviente de haber asesinado a su compañero por rencillas ideológicas. Juana, entristecida por la suerte de su amigo, suscribió la versión del homicidio y se distanció de los anarquistas.

A principios de 1906, Regeneración saludó el regreso de Vésper, pero al poco tiempo de lo acusó de obstruir el crecimiento del Partido Liberal y a Juana de difamar a sus miembros más importantes:


Reconocemos a la Sra. de Mendoza el derecho de juzgarnos como mejor le plazca y hacer esfuerzos por arrebatarnos la confianza de los liberales en provecho de ella y de Camilo Arriaga, que quisieran estar en nuestro lugar. Desgraciadamente para ellos, nuestros correligionarios están probando que prefieren estar con los que hacemos trabajos prácticos [...] que con los que sólo saben criticar, sembrar divisiones y declararse a sí mismos los más aptos, los más honrados y los más dignos de confianza.


Juana reaccionó y emprendió una campaña de denuncia en contra de los excesos de los Flores Magón, a quienes acusó de manejar los fondos de las asociaciones liberales en su beneficio y de cobrar por las conferencias que impartían. Ricardo Flores Magón hizo todo cuanto pudo por desprestigiarla profesional y moralmente:


Cuando estábamos en San Antonio supimos, eso es asquerosísimo, que Doña Juana y Elisa Acuña y Rosetti se entregaban a un safismo pútrido que nos repugnó. Pudimos comprobarlo de muchas maneras, y descubrimos que en la capital de la República no se hablaba de otra cosa entre los que conocían a las señoras "liberales" que de sus asquerosos placeres.

[...]

Nosotros pensamos que era indecoroso que se nos viera unidos a esas mujeres y procuramos alejarnos de ellas, pero sin darles a entender que nos daban asco. Doña Juana estaba acostumbrada a que yo la mantuviera y cuando vio que no le daba más dinero se volvió enemiga mía y del grupo. Ahora ha visto que los correligionarios están con nosotros y nos ayudan en nuestros trabajos y eso le ha llenado de despecho y por eso ataca. Si a ella le ayudaran los correligionarios no haría tal. Pero cómo le han de ayudar si ya muchos están enterados de sus porquerías.


El encono aumentó cuando Juana puso en duda las intenciones altruistas de los que habían sido sus compañeros:


Cuando llegamos a Laredo, el primer proyecto que [los Flores Magón] nos expusieron fue... ¡Oh! Dios de las libertades, el matemático proyecto de dar en el Teatro de aquella ciudad CONFERENCIAS POLÍTICAS SOBRE NUESTRO PAÍS A PESETA LA ENTRADA [...] esos son los REDENTORES!(?) estos son los patriotas, estos son los miembros de la Junta Organizadora, estos son, en fin, los insultadores de mujeres que rugen de rabia y despecho porque hemos sido bastante dignas y amamos bastante a nuestra patria para no llevar sus desdichas al mercado, para no vender por una peseta sus infortunios [...] Creo que antes que ser socialistas debemos ser mexicanos y entiéndase bien, por los vericuetos que pretende guiar Regeneración, ni llegaremos a ser socialistas y dejaremos de ser mexicanos.


La división involucró incluso a Madero, quien era uno de los principales apoyos económicos de los opositores y tomó partido por el grupo de Juana. Los siguientes años fueron para ella de intenso activismo, pues además de su labor periodística se dedicó a fortalecer las filas del Partido a Liberal en la lucha antirreeleccionista. Por entonces hizo amistad con Dolores Jiménez y Muro, con quien promovió la creación de distintas agrupaciones dedicadas a la difusión de ideas reformistas en contra de Díaz. También se preocupó por la participación de la mujer en la vida social y política, lo que la llevó a fundar el Club Femenil Antirreeleccionista Hijas de Cuauhtémoc.

En 1910 apoyó la candidatura de Madero y dio a conocer "la visión que entonces ella tenía de sí y la independencia de carácter que sostendría a lo largo de su vida. Afirmaba estar en posesión de su libertad, en pleno uso de sus derechos y de su soberanía, sin yugos ni cadenas, sin preocupaciones ni prejuicios, desconociendo temores y abominando cobardías, para 'nosotros no hay tiranía posible y con ser así nos basta para ser inmensamente libres'".

La oposición fue nuevamente perseguida por los esbirros de un Díaz temeroso de perder la elección presidencial. Entre encarcelamientos y homicidios, Juana siguió en pie de guerra contra el gobierno generador de la desigualdad que tanto abominaba. Cuando estalló la Revolución, la periodista demostró ser una luchadora tenaz, participó en distintas sublevaciones y, cuando al fin Madero se alzó con la victoria, abogó por quienes habían caído presos en los distintos frentes.


Con la esperanza de presenciar la transformación social que se auguraba tras la caída de Díaz, Juana recorrió las regiones campesinas del centro del país. Acompañada por Dolores Jiménez, Gildardo Magaña, Santiago Orozco y Camilo Arriaga, descubrió que la precariedad y la explotación seguían vigentes, por lo que decidió apoyar la naciente lucha de Emiliano Zapata. La tensa situación de Morelos provocó fusilamientos sumarios de los simpatizantes del zapatismo, entre los que se hallaba Orozco. Para salvar la vida de su joven amigo y alertar de las atrocidades que ocurrían en Cuautla, Juana escribió una extensa carta dirigida a Madero:


La segunda vez que vine me encontré esta desgraciada Ciudad hecha un dolor de una sola pieza, horrorizada y atemorizada ante la amenaza de ser matada por el asesino Figueroa. El crimen se consumó; Figueroa fue Gobernador y el terror comenzó a reinar en Morelos. Los habitantes de ésta emprendieron la fuga y era doloroso contemplar el éxodo sombrío de este desgraciado pueblo que se marchaba qué sé yo a dónde en defensa de la vida.

Hicimos circular unas hojas sueltas invitando al pueblo para que se preparara para las elecciones de gobernador, a fin de que en ellas hiciera triunfar a su favorito Emiliano Zapata. Esto bastó para que la persecución se recrudeciera y fueran perseguidas hasta las señoritas en cuya casa yo me había alojado. A mí misma me llamó el presidente municipal [...] y me dijo que: "Como autoridad me prohibía que hiciera propaganda electoral en favor de Zapata." Yo me reí de él y continué mi trabajo porque esa es la voluntad de este pueblo y la mía. Los vecinos quisieron que viniera Santiago Orozco, mi hijo, y lo mandé llamar inmediatamente, tocándole estar aquí el día de las elecciones secundarias. Al terminar éstas, el presidente del Colegio Electoral invitó a los concurrentes a que hicieran una manifestación para dar cuenta al pueblo del resultado de las elecciones. Los manifestantes comenzaron a vitorear a Zapata y el tal Presidente que es un Sr. Balbuena, se dirigió al pueblo diciéndole que no aclamara Zapata porque la autoridad no quería. A su vez habló Santiago y dijo que el pueblo era soberano y estaba en su derecho al aclamar a Zapata. Después, y en un lugar privado, se reunió el pueblo y Santiago les habló de la convivencia de guardar un orden absoluto para evitar que los enemigos tuvieran pretextos para perseguirlos, pero que no desmayaran; que el presidente municipal le había dicho que este era un pueblo de ladrones y asesinos, de bandidos e incendiarios, pero él que sabía lo contrario, estaría siempre al lado de ese pueblo, aunque también le llamaran bandido, ladrón e "incendiario". [...] Al martes siguiente llegaron fuerzas de Figueroa al mando de Federico Morales, y a las 5 de la tarde aprehendieron a un hombre del pueblo, fusilándolo una hora después. En la madrugada de ese día yo salí para México, a caballo, acompañándome Santiago hasta Ozumba, de donde se regresó a ésta a instancia de los mismos vecinos.

En el mismo momento en que Santiago se disponía a ponerme un mensaje a México avisándome que sacaban a Marino, fue aprendido él. Un amigo me dio aviso por telégrafo de la aprehensión de Santiago, y me dirigí al Ministerio de Gobernación y al Procurador General en demanda de garantías. Debido a esto se suspendió la ejecución de Santiago que había ordenado Figueroa, quien ya imposibilitado para consumar ese asesinato más, lo mandó poner a disposición del juez de letras de esta Ciudad. Y aquí está, preso, sin que el juez de ni un paso en el proceso, ni haya medio alguno de ponerlo en libertad. Esto es sencillamente abominable y no se nota la ausencia de dn. Porfirio Díaz.

De suerte que, en los momentos en que lea Ud. esta carta, habrá llegado ya al puesto para cuya conquista contribuimos, y nosotros, los que hemos gastado todos nuestros elementos y toda nuestra existencia por conquistar la libertad, no podemos disfrutar ni de la libertad material, lo cual no deja de hacernos reír un poco.

Le ruego a Ud. que si le es posible, se sirva decirme qué puedo esperar de Ud. en este asunto, en la inteligencia de que la libertad de Santiago me importa más que mi propia vida.


Juana volvió a Morelos y se alegró de encontrar a Orozco con vida. Hacia finales de 1912 integró el "Comité Femenil Pacificador", que tenía como finalidad informar a las mujeres sobre los inconvenientes de nuevos levantamientos armados, para que ellas difundieran ese mensaje entre sus familiares y amigos.

Cuando ya había asumido mayor protagonismo en el movimiento de Zapata, la sorprendió la noticia del asesinato de Madero a manos de los golpistas encabezados por Huerta. Para entonces ya ostentaba un grado militar y era famosa entre la tropa por haber mandado fusilar a un soldado que violó a una joven después de una batalla.

En septiembre de 1913 cayó presa acusada de conspirar contra el gobierno En complicidad con el mismísimo jefe del Ejército del Sur. En la prensa, se difundió que pasaría poco tiempo en la cárcel de Belém, pues purgaría su condena en las Islas Marías. Su hija Laura guardó fiel recuerdo de los días aciagos de la detención de Juana, de la angustia que le atormentó hasta que supo de su paradero y de los rumores que la misma autoridad hizo circular asegurando que había delatado a sus compañeros de lucha.

Sus captores la sometieron a interrogatorios, amenazas y maltratos creyendo que lograrían doblegarla y obtener información invaluable para desarticular el movimiento de Zapata, pero ella mantuvo la entereza y logró engañarlos dándoles datos y nombres falsificados:


Urrutia creía que yo estaba haciendo las grandes revelaciones y habló con Chávez y Pita de tratar este asunto con Huerta. Aquello acabó por divertirme pero mi diversión duró poco. Urrutia ordenó que me deportaran a Quintana Roo. A las 2 de la mañana Urrutia volvió, insistiendo que revelara quiénes ayudaban a los rebeldes. Era muy tonto y muy aparatoso y trató de impresionarme presentándome un papel y lápiz para que "por última vez" escribiera a mis familiares. Y se retiró a otra pieza. Por una ventana del piso alto, vi llegar a los soldados de la gendarmería montada. Aquello sí no era broma. O tal vez lo sería, pero como las deportaciones eran muy acostumbradas, yo creí en mi inmediata deportación y una verdadera angustia me encogió el estómago. "Pues ahora sí que desintegré el gabinete de Victoriano Huerta" dije para mí sola. Pero aquella triste broma me sugirió una idea que traté de poner en orden inmediatamente. Como un rayo, con esa rapidez del pensamiento y de la necesidad apremiante, imaginé los sucesos. Todo se reducía a que salieran como yo me los imaginaba. Esperé, fumando desesperadamente, pero con una apariencia tan tranquila como me era posible simular. Media hora después volvió Urrutia, insistiendo en obtener revelaciones. -Bueno, respondí simulando enojo, ¿por qué me pregunta usted a mí?, si ustedes lo saben mejor, si ustedes mismos son los que ayudan a los rebeldes... -¿Qué está usted diciendo? gritó Urrutia en el colmo de su furia. -Eso mismo. -¿A quién se refiere usted?... dígalo enseguida. -No creo que usted ignore las actividades del Sr. Lic. Calero y sus amigos. No acababa de pronunciar esas palabras, cuando Urrutia gritó llamando a Chávez y a Pita, ordenándoles que inmediatamente aprendieran a Calero, que según recuerdo era senador o no sé qué. Urrutia dio una patada en el suelo y reiteró la orden con feos modos. Los esbirros salieron contristados. Urrutia dio varias vueltas por la estancia haciendo preguntas. Yo había recobrado todo el aplomo de que me era posible disponer ante una fiera como aquélla, regocijada por el magnífico resultado. Si aquello continuaba así, Atenor Sala me pagaría la trastada de poner sobre mi pista a la policía, y de más a más con la aprehensión de Calero, la gente del gobierno de Huerta se enredaria entre sí, y por el momento no me deportarían, dándome tiempo para intentar otro recurso... Calero fue detenido a aquellas horas Atenor Sala también, Palacios y otro señor que no reconocía yo, igualmente, y el lío estaba ya, entre ellos mismos... La culpa de esta lenidad la eché sobre el licenciado Rodolfo Reyes, que había ordenado al juez que favoreciera a Sala y socios. No aseguro que así haya ocurrido, pero sí creo que aquel lío influyó poderosamente en la caída de Urrutia, Reyes, etc. Teniendo la seguridad absoluta de que el general Robles dejó el Estado de Morelos a causa de mi revelaciones. En parte estaba logrado el objeto de mi viaje.


La estrategia de Juana dio resultado y causó confusión entre los mandos huertistas. Estuvo diez meses en prisión haciéndose pasar por delatora, gracias a lo cual quedó libre y pudo trasladarse de nuevo a territorio morelense. Retomó la actividad periodística en Vésper y fundó La Reforma, desde el cual escribió sobre la problemática de los indígenas en cuestiones de tenencia de la tierra, salud y educación.

La victoria de Venustiano Carranza sobre Huerta conllevó un intento de pacificación, sin embargo, la causa constitucionalista no reconoció a Zapata como líder revolucionario y lo tachó de bandido, al tiempo que zapatistas y villistas se aliaron al advertir que no tenían cabida en la nuevo proyecto de nación.

Juana, a través de sus publicaciones, fue artífice de la resistencia zapatista y una de las principales detractoras de Carranza, por lo que pisó nuevamente la cárcel en 1916, en esta ocasión acompañada por su hija Laura, quien era su asistente.

Después de pasar casi un año en la penitenciaría, Juana fundó la Colonia Agrícola Experimental Santiago Orozco, uno de los primeros proyectos autosustentables que se emprendieron en México. El objetivo era instalar una comunidad constituida fundamentalmente por indígenas que se dedicaran a producir sus propios alimentos sin intermediarios. Aunque se les otorgaron subsidios para la compra de instrumentos de labranza, no recibieron apoyo suficiente para convertir el experimento en una forma de vida.

En 1922 Juana se incorporó a la primera campaña de alfabetización nacional promovida por José Vasconcelos. Desempeñó su labor docente en Jalisco y Zacatecas, entidades por las que viajó sin descanso impartiendo clase incluso en los poblados de más difícil acceso. "Como reconocimiento a su desempeño como maestra misionera, en 1926 se le nombró inspectora de escuelas rurales en Zacatecas. [...] Además de sus funciones [...] funda y forma parte de una agrupación de indígenas llamada Consejo de los Caxcanes, cuya finalidad fue el rescate de los valores y la dignidad de la raza y la cultura indígena."

Al margen de sus trabajos como profesora, en 1924 publicó el libro Por la tierra y por la raza, en el que denunciaba la marginación indígena propiciada por el clero y proponía la adopción de modelos autóctonos para el desarrollo social. Los comunistas criticaron su acendrado nacionalismo. Posteriormente editó y distribuyó algunos folletos en los que opinaba acerca de la realidad política después de la Revolución. En el transcurso de la guerra cristera recibió el nombramiento de directora del Hospital Civil de Zacatecas y mantuvo intacta su vocación de servicio.

Para 1932 reapareció Vésper en la que sería su última etapa. Juana redactó un texto a modo de recapitulación de todo lo que esa pequeña publicación había significado para ella y en la lucha por la construcción de un país democrático, en el que la libertad de expresión fuera un derecho:


Fue en 1901, alborada de este siglo tormentoso, cuando Vésper surgió a la vida con firmezas de roca y rebeldías montaraces que nada ni nadie pudo quebrantar, porque Vésper no surgió de los invernaderos de la civilización, surgió de las montañas, entre la aspereza del monte y la inmensidad azul, a donde no pueden llegar las fragilidades de la civilización. Abriéndose paso por entre un breñal de dificultades, Vésper vivió quince años, quince años de una vida agitada, intermitente, viendo la luz casi siempre a hurtadillas, desde el escondite sitiado por sus perseguidores, desde las prisiones por sobre el hombro de los carceleros, desde el rincón sombrío, en la tierra extraña, allí donde alumbra apenas el triste sol de los expatriados... Hoy, la sementera está cubierta de brotes, no importa si apenas se advierten perdidos entre el espeso matorral; están allí demandando cultivo, y hay que darse a la tarea de cultivar la fecunda sementera. Este trabajo es duro, laborioso, difícil, pero no imposible. Vésper es de estirpe de labradores y hará a conciencia su tarea en el campo que ayer se regó con sangre de los suyos. Después de tres lustros de luchas más intensas mientras más calladas, Vésper vuelve ya con mañaneros fueros en la misma cumbre: ¡Justicia y Libertad!


A finales de esa década, Gildardo Magaña, su antiguo compañero de batalla, la invitó a participar en el gobierno de Michoacán como directora de la Escuela Industrial para Señoritas, en la que organizó cooperativas y estudió las condiciones de trabajo de los obreros. La vida aventurera y desafiante que llevó le impidió seguir trabajando, por lo que el gobierno le ofreció una pequeña pensión por los servicios que prestó a la patria. La escritora, revolucionaria y activista Juana B. Gutiérrez de Mendoza falleció el 13 de Julio de 1942, dejando tras de sí un ejemplo de insurrección y dignidad ante la pobreza y la injusticia.


(Tomado de: Adame, Ángel Gilberto - De armas tomar. Feministas y luchadoras sociales de la Revolución Mexicana. Aguilar/Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. de C. V. Ciudad de México, 2017)

jueves, 14 de julio de 2022

El ojo de Dios, Nayarit

 


Es un ojo mágico que nos mira, un ojo mágico y multicolor que nos observa, que nos guía y nos orienta. Es el "ojo mágico" como le han llamado actualmente a esta pieza de estambre y madera que los coras, los huicholes y los tepehuanos designan con el nombre de "Tsicuri", que en su lengua propia es un derivado del náhuatl.

Todos los colores del arcoíris y más tienen cabida, todos los tamaños, , un sinfín de variantes. Este emblema es el escudo de los habitantes del norte de Jalisco y de una pequeña porción de Zacatecas y Durango, donde todavía hay auténticos creyentes del primitivo embrujo.

Es el "Ojo de Dios" el que simboliza, encierra y describe algo más que un pensamiento, una filosofía, una manera de ser, una religión. Para nosotros podría ser una artesanía más, pero no. No es un simple adorno. El "Tsicuri" u "Ojo de Dios" es el principio y el final: es agua, fuego, aire y tierra; es el mapa donde viven todos los dioses.

Se ignora su origen, aunque se cree que antes de la llegada de Cortés, los huicholes y los coras lo fabricaban con fibras naturales, antecesores de los estambres y colores que hoy se utilizan. El primero en estudiar su significado fue Carl Lumholtz, en el año 1900, quien atraído por la magia del Nuevo Mundo llegó, como Humboldt, a estudiar los encantos de México.

Lumholtz definió al "Ojo de Dios" como una cruz de varillas entretejidas con hilo o estambre de diversos colores en forma de un cuadrado colocado diagonalmente. Este cuadrado es el centro de gravedad de otros que se colocan en cada uno de los extremos de la cruz, hasta completar un total de cinco.

Éste es el número mágico de los huicholes, el 5, porque son 5 los colores de los granos del maíz, 5 los dedos de la mano y 5 los días nefastos del calendario azteca. Éste es el significado del "Ojo de Dios". El centro es donde vive el hombre, es la comunidad. El cuadrado de arriba, que apunta al norte, es el mágico lugar donde nació el fuego, el abuelo fuego, en la cueva de Teacata.

El cuadrado de abajo es la laguna de Chapala, el punto sur, lugar de viento y agua. El cuadrado de la derecha apunta hacia su paraíso, posiblemente el lugar de origen de sus antepasados. Se trata del desierto de San Luis Potosí, cerca de Real de Catorce, en un lugar mágico, un cerro conocido con el nombre de "La Quemada", donde nació el Sol, donde el hermano mayor de los huicholes, Tamatz Cayaumari "El Gran Venado", levantó al Sol con sus grandes cuernos hacia el firmamento, haciendo posible la vida en el planeta.

Otra vez, se repite lo profundo, nada es casual.

No es un adorno caprichoso. Este cuadrado, el de la derecha, representa a "Huirikuta", el paraíso huichol adonde van las almas, de donde provino el Diluvio, donde crece el peyote... el cerro más mágico de toda América.

El cuadrado de la izquierda, que apunta hacia el mar, la costa de Nayarit y Jalisco, aún no ha sido descifrado.

Todo el "Ojo de Dios" en su conjunto, los cinco puntos cardinales del mundo huichol, indican también tres niveles de vida porque los cuadrados son concéntricos, indican también el cielo, la tierra superficial y el inframundo subterráneo. El "Ojo de Dios" no es una concepción plana del mundo, es la mágica idea del universo, las tres dimensiones, y aún más, el mapa celestial.

Cuando un huichol nace, tiene un "Ojo de Dios". Es un amuleto que lo protegerá durante la vida. En cada aniversario se irá agregando un rombo más, hasta completar cinco en total, y entonces el niño tendrá que cruzar la cordillera para depositar la mágica ofrenda, en forma de plegaria, ante el fuego en la caverna de Teacata.

México es mágico, como mágico es el "Ojo de Dios". Un símbolo que identifica no tan sólo a los huicholes sino el embrujo que conservamos de esta hermosa tierra frente a todo el mundo.


(Tomado de: Sendel, Virginia - México Mágico. Editorial Diana, S.A. de C.V., México, D.F., 1991)

viernes, 9 de abril de 2021

Francisco Gómez Palacio

 


Liberal duranguense de gran prestigio que actuó como civil en la guerra de Reforma y frente a la Intervención. Durante el porfiriato tuvo ingerencia en el desenvolvimiento de la Región Lagunera como gobernador de Durango.

(Tomado de:  Tamayo, Jorge L. (Introducción, selección y notas) - Antología de Benito Juárez. Biblioteca del Estudiante Universitario #99. Dirección General de Publicaciones, UNAM, México, D. F. 1993).

viernes, 4 de diciembre de 2020

Ricardo Castro

 

Ricardo Castro, nacido en Durango en 1864, conoció la fama desde niño: antes de cumplir 10 años logró popularizar varias melodías en su estado natal. Muy joven, se inscribió en el Conservatorio Nacional con el propósito de hacerse concertista y compositor. Siguió después un curso de perfeccionamiento con Julio Ituarte, famoso ya por sus adaptaciones sinfónicas de aires populares, y tal vez de él absorbió la tendencia mexicanista que matizó fuertemente la producción musical de su madurez. Su obra más importante dentro de esta tendencia fue la ópera Atzimba, estrenada en 1900.

Para entonces ya había hecho muchas giras por el país y por los Estados Unidos, donde se le admiraba, y también había compuesto obras muy variadas: desde óperas y sinfonías hasta valses y mazurcas. Pero Castro no alcanzó la fama con sus obras más importantes -casi olvidadas en la actualidad- sino con el vals Capricho, que al poco tiempo de su estreno quedaba incorporado al repertorio musical de los grandes valses. 


El triunfo internacional de este vals contribuyó mucho para que el gobierno federal decidiera costear el largo viaje de estudio por Europa que Castro anhelara tiempo atrás. En 1906 volvió a México con un buen número de partituras: varios conciertos y óperas, algunas obras menores y proyectos sinfónicos que quedaron inconclusos en su mayoría, pues en noviembre de 1907, a la edad de 43 años, Castro murió a causa de una pulmonía fulminante.

(Tomado de: Morales, Salvador y los redactores de CONTENIDO - Auge y ocaso de la música mexicana. Editorial Contenido, S.A. México, 1975)