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viernes, 30 de enero de 2026

Té, whisky y foot-ball

 


Té, whisky y foot-ball 


En 1900 los técnicos ingleses que trabajaban en las minas de Pachuca y Real del Monte dieron el primer paso en la historia del fútbol organizado en México cuando fundaron el Pachuca Athletic Club. Al año siguiente, sus paisanos de la capital los imitaron y pusieron en pie dos equipos, el del Reforma  Athletic Club y el British Club, el cual dependía del Casino Inglés. 

También por esas fechas, en Orizaba, un grupo de escoceses empleados en la fábrica textil El Yute organizó su escuadra. Dentro de los círculos británicos el gusto por el fútbol crecía, y desde 1900 hubo encuentros amistosos en la capital; el más celebrado de todos fue uno en el que escoceses e ingleses se enfrentaron en la cancha del Club Reforma. 

El fútbol comenzó a robarle aficionados al tenis y al criquet, y la idea de organizar un campeonato no tardó demasiado. En septiembre de 1902 hubo una junta en los salones del British Club. Ahí se fundó la Liga Amateur de Futbol Asociación y se anunció el comienzo de un torneo con la participación de los equipos del México Cricket Club, de los mineros de Pachuca y de los textileros de Orizaba, a quienes se envió invitaciones. 

El domingo 19 de octubre de 1902 la colonia británica, incluyendo el embajador George Greville, se dio cita en el campo que el México Cricket Club tenía en el Paseo de la Reforma para presenciar el silbatazo del referee S. H. Pope, iniciándose el primer juego oficial en México. El resultado favoreció al British Club sobre los de casa. Al final se escucharon muchos ¡hurra! y un grupo de hermosas ladies ofreció a los sofocados players deliciosas tazas de té.

Ahí arrancó la época inglesa del fútbol organizado en México. Durante los siguientes diez años todos los equipos participantes, nunca más de cinco, serían de extracción británica. Se jugaba por lo regular los domingos por la tarde y cada tiempo era de 35 minutos, porque se pensaba que en la altura de la Ciudad de México era imposible cubrir los 45 que marcaba el reglamento. 

Cada partido se volvió un acto social rodeado de rígidas reglas de cortesía y gentileza, que anteponían siempre el espíritu deportivo a cualquier desacuerdo dentro y fuera de la cancha. Cuando las escuadras capitalinas viajaban en tren a Pachuca u Orizaba, eran recibidas por una delegación del equipo anfitrión que les conducía al campo. Al acabar el encuentro se realizaba un convivio en el que había whisky y discursos a discreción. 

Así comenzó a desarrollarse el fútbol en México, hasta que otros temperamentos y otras costumbres llegaron a la liga. Para entonces los británicos ya habían sembrado la semilla del balompié.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

miércoles, 21 de enero de 2026

El sport porfiriano

 


El sport porfiriano 


Nadie sabe con exactitud cuándo desembarcó el fútbol en México y tampoco en qué momento pasaron los primeros balones de cuero por la aduana de Veracruz Lo cierto es que el viejo deporte inglés se arraigó en tierras nacionales durante la última década del siglo XIX.

En aquellos años se respiraba en México cierto clima de optimismo producto de la paz construida por el general Porfirio Díaz y de la creencia de que por fin el país parecía tomar la ruta de un progreso cuyo emblema eran las modernas locomotoras. Empeñado en lograr la prosperidad económica, el régimen porfiriano abrió las fronteras y atrajo de todo el mundo hombres ansiosos por hacer fortuna, quienes además de su ambición venían cargados de todas las novedades de la época.

Una de las prácticas que más llamaron la atención, difundida en especial por británicos y estadounidenses, fue el deporte. Para entonces, en muchos países, los deportes formaban parte de la educación impartida en los colegios e incluso en algunos se habían convertido en espectáculos públicos, como el association foot-ball en Inglaterra. 

Los mexicanos de la clase alta, ávidos por imitar aquello que pudiera ser catalogado como moderno, no tardaron en adoptar el sport como parte de su vida diaria, pues lo consideraron una de las "señales de progreso" que distinguían a las más civilizadas capitales del mundo. 

La mejor manera de hacer sport, tanto para los extranjeros como para los nacionales, era afiliarse a alguno de los clubes atléticos que en esa época comenzaron a fundarse. Los ingleses residentes en la capital mexicana inauguraron en marzo de 1894 el Reforma Athletic Club, donde inicialmente sólo se practicaban lawn tennis y cricket. Por su parte, los estadounidenses crearon en Churubusco el Country Club, punto de reunión de los aficionados al golf, y el Reforma Country Club, donde había espacio para el béisbol. 

Otros sitios similares eran el Mexican National Athletic Club y el Olympic Athletic Club, que promovía su skating hall de la calle de San Juan de Letrán. Mientras, un norteamericano de apellido Roberts difundía el gusto por la bicicleta en la Bicycle Riding School, que se ubicaba en el Paseo de la Reforma. 

Este furor alentó la aparición, en septiembre de 1896, de The Mexican Sportsman, quizá la primera revista especializada en deportes editada en México. En su edición bilingüe, afirmaba que el país vivía en plena efervescencia deportiva y consideraba el béisbol, el tenis, el ciclismo y el patinaje como los más populares. 

Al hablar del fútbol señalaba que no era el "estilo rugby" sino el "estilo asociación" el que podría ser adoptado más fácilmente en México. Al referirse a su práctica en la capital, decía: "Aunque nunca ha alcanzado buen éxito aquí, hay, sin embargo, un buen número de amigos de ese sport en la ciudad. De tiempo en tiempo los muchachos de los colegios ingleses hacen esfuerzos por organizar un partido, pero tales esfuerzos no han dado fruto, principalmente porque no ha habido competencia que levante entusiasmo.”

Meses más tarde, la revista calculaba que había en la ciudad entre 30 o 40 jugadores y que algunos de ellos lo practicaban con buen nivel antes de venir a México. Esos datos la animaron a lanzar la convocatoria para formar el primer club capitalino, lo cual sólo sería posible años después. 


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V.  Segunda edición, México, 1998)