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viernes, 16 de diciembre de 2022

Fundación de Valladolid (Morelia)

 


Valladolid -como originalmente se llamaba Morelia- debió su fundación a una disputa sostenida entre el obispo Vasco de Quiroga y el virrey Antonio de Mendoza. "Tata" Vasco, defensor de los indios, quería instalar la capital de Michoacán en Pátzcuaro, donde se le facilitaría atender las necesidades de los múltiples indígenas avecindados en la comarca, pero los españoles no querían vivir junto a un obispo que condenaba sus atrocidades, y al cabo, con la protección del virrey, el 18 de mayo de 1541 fundaron su propia ciudad en el valle de Guayangareo. El rey aprobó que la nueva ciudad adoptara el nombre de Valladolid.

Todavía en 1580, según anotó un cronista, Valladolid "no era más que un ruin cortijo, con ocho o diez casas de españoles y los conventos de San Francisco y San Agustín", que estaban en proceso de construcción. El primero de ellos sólo fue terminado en el siglo XVII y modificado en el XVIII (hoy se haya convertido en un expendio de artesanías). El segundo data de las mismas fechas y en sus terrenos funciona ahora un gran mercado de antojitos.

La cantera de la ex Valladolid es de un color rosado que hermoseó sus espléndidos edificios, como la catedral, cuya construcción se inició en 1660 y se concluyó en 1744, el SeminarioTridentino, inaugurado en 1770, que ahora sirve de oficinas para el gobernador de Michoacán; el acueducto monumental, que tenía 253 arcos y alimentaba treinta fuentes públicas; el colegio de los jesuitas, terminado en 1660, que hoy se llama Palacio Clavijero y sirve como casa de la cultura; la calzada que desemboca en el santuario de Guadalupe, inaugurada en 1732, y un gran número de magníficas residencias particulares. En 1810 Valladolid contaba cerca de 14,500 habitantes y estaba clasificada como la quinta ciudad del país.

Pátzcuaro, Santa Clara del Cobre y otros pueblecitos michoacanos desarrollaron una arquitectura popular llena de encanto, que milagrosamente ha resistido el embate de las construcciones pseudo-modernistas añadidas a últimas fechas.


(Tomado de: Armando Ayala Anguiano - ¡Extra! Contenido. México de carne y Hueso III. Tercer tomo: La Nueva España (1). Editorial Contenido, S.A. de C.V., México, D.F., 1997)


miércoles, 3 de abril de 2019

Antonio de Mendoza



Fue Comendador de Socuéllamos, en la Orden de Santiago, Camarero del Emperador Carlos V, el primer Virrey de la Nueva España. Muchas y muy notables fueron las empresas que acometió este gobernante.


Recibió el nombramiento de tan alto cargo, en la ciudad de Barcelona, el 17 de abril de 1535, llegando a México el 15 de octubre del mismo año. Entre las obras más sobresalientes de su plausible administración, se cuentan, entre otras, la fundación de la primera imprenta de la Nueva España y de América, en el año de 1536. Más tarde, en 1537 se publica el libro titulado “Escala Espiritual” de S. Juan Clímaco. Quiso notablemente a los indios. Fue tal su celo administrativo y su interés por impulsar el progreso del país, que envió distintas comisiones por el interior de los dominio de la Nueva España, con el propósito de percatarse de las condiciones generales que privaban en dichas regiones. Entre las personas que enviara al desempeño de tales funciones, figuraba don Vasco de Quiroga, Ilmo. Obispo de Michoacán. Pocos virreyes tuvo la Nueva España que demostraran, como Antonio de Mendoza, tanto interés por la cultura. Fundó, el 6 de enero de 1536, el Colegio de Sta. Cruz de Tlatelolco, donde los educandos disfrutaron de una enseñanza avenida a aquellos momentos españoles; entre el profesorado figuraban personas de preclaro entendimiento y hondo saber, como Basacio, Focher y Sahagún. La influencia de las enseñanzas impartidas en el referido centro de estudios, pronto se hizo sentir en el desenvolvimiento de la vida nacional. Durante su mandato de virrey, llegaron al país varios científicos alemanes, encargados de realizar estudios relacionados con los minerales y de otros aspectos.


Arribó al país Fr. Alonso de Veracruz, famoso catedrático y hombre de vastísima cultura; es de significarse, además, entre las cosas que tuvieron lugar en su gobierno, que Motolinía dio comienzo, por entonces, a su obra titulada “Historia de los Indios de la Nueva España”; es creada la casa de estudios Titipitío (Michoacán); Hernán Cortés sale con rumbo a España, y en 1541 tiene lugar la última protesta de los indios, manifestada a través de actos hostiles a los gobernantes españoles; la ciudad de Valladolid (hoy Morelia) es fundada en el año de 1541, y al año siguiente se comienza la edificación de la ciudad de Mérida. Por entonces, el Emperador Carlos V expide las “Nuevas Leyes de Indias”, con la finalidad de terminar con el sistema de encomiendas. Más tarde, en 1546, Alonso de Motolinía edita el catecismo en idioma mexicano; en 1547 muere, en España, Hernán Cortés. La ciudad de Zacatecas recibe los primeros trabajos de su fundación. En 1550 llaman al Perú al virrey Antonio de Mendoza, y en lo que va del período de 1550 a noviembre de 1551, fecha en que toma posesión el nuevo virrey, don Luis de Velasco, tiene lugar la fundación de Guanajuato, y la Universidad experimenta mejoras sensibles en su organización y en su crédito, que es ampliado. Es de notarse que durante su gobierno tuvo lugar una peste terrible que causó la muerte de millares de personas. Por su comportamiento tan magnánimo que observó en tal situación, y por las obras que estaba llevando a efecto, recibió el nombre de “Padre de los Pobres”. En Cholula hizo entrega del mando de su gobierno a su sucesor don Luis de Velasco, partiendo después para Lima, Perú, donde murió el 21 de julio de 1552. Mucho hizo por el mejoramiento de la cultura y del progreso general del país, este virrey Antonio de Mendoza, que supo sentar las bases sobre las cuales se levantarían, en los períodos posteriores de gobierno, nuevas edificaciones materiales y de orden espiritual, dando ocasión a un amplio desarrollo en los destinos de la Nueva España.


(Tomado de: Soler Alonso, Pedro - Virreyes de la Nueva España. Biblioteca Enciclopédica Popular, #63,Secretaría de Educación Pública, México, D. F., 1945)

martes, 29 de mayo de 2018

Catedral de Morelia



Michoacán ha tenido cinco Catedrales: la primera, por Cédula real del 20 de septiembre de 1537, al disponer la reyna de España que se construyera la Catedral a juicio del virrey Antonio de Mendoza y de don Vasco de Quiroga, habiendo elegido la población de Tzinzunzan, un lugar muy habitado.

La segunda por cédula Real del 26 de agosto de 1539, fue trasladada a la ciudad de Pátzcuaro, que en aquella época, era un barrio de Tzinzunzan a la vez recreo de los reyes tarascos y por haber encontrado mejores condiciones.


La tercera el rey Carlos V expidió una Cédula Real el 11 de marzo de 1550, para edificar un gran templo, el cual quería Vasco de Quiroga tuviera suficiente espacio para recibir a los fieles, pero fue suspendida la obra al saberse lo falso del terreno por la proximidad de las aguas.


La cuarta, al ser trasladado el obispado a la ciudad de Valladolid en 1579, se escogió uno de los templos para sede del obispado.


La quinta, la actual Catedral se inició en 1640 y quedó terminada en 1744, destacándose majestuosamente en la bella y próspera ciudad.


(Tomado de: Casasola, Gustavo – 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976. Vol. 2. Editorial Gustavo Casasola, S.A. México, 1978)



miércoles, 14 de marzo de 2018

Dr. Manuel Abad y Queipo



Nacido en Santa María de Villalpedre, Asturias; muerto en el convento de Sisla, Toledo, España (1751-1825). En Salamanca obtuvo los bachilleratos en Derecho y cánones. Pasó a Guatemala con el arzobispo Monroy y allí se ordenó presbítero. Residió desde 1784 en Valladolid (hoy Morelia), donde el obispo Antonio de san Miguel lo nombró juez de capellanía, fondos eclesiásticos y obras pías. En 805 la Universidad de Guadalajara le otorgó el doctorado en cánones. El consejo de Indias, a la muerte de San Miguel, lo designó canónigo penitenciario de la catedral de Morelia, a la que sirvió hasta 1815.

En 1799 dirigió a Carlos IV una Representación al rey, sobre inmunidades del clero, en la que expone la situación de la sociedad virreinal y advierte los síntomas de descontento en la Nueva España.

En este documento propuso la abolición general de los tributos a los indios y castas, y de la infamia de derecho que afectaba a éstas; la distribución gratuita entre unos y otras de todas las tierras realengas; una ley agraria que otorgara al pueblo una equivalencia de propiedad en las tierras incultas de los grandes propietarios, por medio de locaciones de veinte y treinta años, en que no se pagasen alcabala ni pensión alguna; y la libertad irrestricta para establecer fábricas ordinarias de algodón y lana.

En 1804 se opuso a los intentos de Godoy de desamortizar los bienes de la Iglesia y en 1807 viajó a España en busca de su habilitación, pues su condición de hijo natural le vedaba aspirar a cargos de mayor jerarquía. Regresó con el puesto de previsor y vicario general y en 1810 la regencia lo nombró Obispo electo de Michoacán. Tomó posesión del cargo antes de que llegaran las bulas pontificias, que nunca consiguió.

Se opuso al movimiento de Independencia constante y enérgicamente, defendiendo siempre la soberanía española. Había sido amigo particular de Miguel Hidalgo, e inclusive cultivó amistad con quienes concurrieron a las juntas de Valladolid y San Miguel el Grande. Sin embargo, el 24 de septiembre de 1810 dictó y publicó el decreto de excomunión de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo por “perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos, perjuros, que han incurrido en la excomunión mayor del Canon: Siquis suadente Diabolo”. Los insurgentes impugnaron la legalidad de la excomunión, basados en la precaria investidura de Abad y Queipo.  

En 1815, éste envió un informe a Fernando VII, denunciando los desaciertos de Félix María Calleja y la falta de prudencia de Lardizábal, ministro de Indias. Fue llamado a España con el pretexto de que informara sobre el movimiento de Independencia, pero en realidad para que respondiera a las denuncias y cargos que se le hacían por sus “ideas liberales y benéficas en favor de las Américas y sus habitantes”. No obstante, el rey lo nombró ministro de Gracia y Justicia, el 24 de junio de 1816; pero tres días después fue suspendido y e le siguió proceso ante la Inquisición, acusado de ser amigo de los insurgentes, de vida irreligiosa y de ideas revolucionarias. Estuvo preso dos meses en las cárceles del santo Oficio. La revolución de 1820 lo designó miembro de la Junta Provisional, encargada de vigilar la conducta de Fernando VII, y posteriormente diputado a Cortes por la provincia de Asturias.

Obtuvo el obispado de Tortosa, pero tampoco logró las bulas papales. Y en 1824, ya octogenario y sordo, la reacción absolutista lo encarceló de nuevo en el monasterio de Sisla. Muchos de sus escritos fueron publicados en el Seminario político y literario y en el Observador de la República Mexicana. Una Colección de escritos más importantes apareció en la Ciudad de México en 1813, y su Testamento político en la Historia de Lucas Alamán.


(Tomado de: Enciclopedia de México, Enciclopedia de México, S. A. México D.F. 1977, volumen I, A - Bajío)