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lunes, 9 de febrero de 2026

La retirada británica

 


La retirada británica 


Conforme avanzó el siglo XX el fútbol fue dejando de ser monopolio inglés. El gusto por el balón saltó las cercas de los exclusivos clubes británicos y apareció lentamente en otros rincones de la ciudad. Los patios de la Escuela Normal, del Colegio de Mascarones, del Instituto Williams, del Colegio Alfonso XIII de Tacubaya y del Colegio Francés de Puente de Alvarado, fueron los escenarios donde cientos de muchachos mexicanos, y algunos extranjeros, recibieron sus primeros rudimentos futbolísticos, en algunos casos ayudados por profesores religiosos que se remangaban la sotana para enseñarles los secretos del dribling. Este deporte era visto como un ejercicio que ayudaba a templar el carácter de los estudiantes y que además estimulaba su espíritu de grupo. De estas escuelas egresaron generaciones enteras de aficionados y practicantes del balompié. 

Entre los jóvenes de otras colonias extranjeras fue creciendo también el interés por formar sus clubes. Tal fue el caso de los franceses Emilio Spitallier, Lucien Dubernard y Charles Tardan, quienes en 1911 fundaron L'Amicale Française

Cinco chavales españoles cambiaron el rumbo del fútbol mexicano, en marzo de 1912, cuando crearon el Club España. Tres años más tarde, en el Casino Alemán se formó el Club Germania, cuyos miembros usaban, por cierto, un uniforme oscuro, por el que fueron apodados "Los Fúnebres”.

Los mexicanos comenzaron a asomar la cabeza en el fútbol capitalino a partir de 1910, cuando Alberto Sierra y el reconocido sportsman Alfredo B. Cuéllar fundaron el club México de San Pedro de los Pinos. Montaron su cancha en un terreno de la Condesa, que formaba parte del peculio de Jorge Gómez de Parada, un jovencito de la élite porfiriana, graduado en Inglaterra, que en 1909 había tenido el honor de alinear con el Club Reforma

Reforzado por algunos ingleses, el Club México ganó el campeonato de liga de 1912-13. Ya con la Revolución encima, el club de mexicanizó por completo; además integró a jugadores de extracción popular, como el delantero Serafín Cerón, el mediocampista "Borolas" Estrada y sobre todo el pintoresco portero Cirilo Roa. Su estilo duro y su actuar irreverente y pendenciero los convirtieron en el equipo del escándalo, algo que les valió el apoyo de la nueva afición que surgía en los barrios más pobres de la ciudad. 

No sólo el nombre de México y la camiseta roja atraían a la porra colorada, sino la posibilidad de que en cualquier juego se desatara la gresca, el relajo. Esa actitud no era extraña en un país que vivía desde 1910 el gran borlote nacional. 

Con el estallido de la primera guerra mundial se inició la retirada de los británicos de las canchas mexicanas. Muchos jugadores se alistaron y partieron al frente de batalla, dejando atrás los días de juego. El poderoso Club Reforma se desintegró en 1914; luego el Rovers, heredero del British Club, lo hizo en 1915.

El fin de la época británica puede verse ejemplificado en el destino de Arthur Hammond, el fino delantero inglés de quien la prensa mexicana dio noticia en julio de 1915: “todos Los amantes del fútbol recuerdan al inmenso jugador Hammond, aquel delantero admirable sin hipérbole, el mejor jugador que hemos tenido en México... no lo volveremos a admirar más; una terrible desgracia le ha sucedido en Europa. Se encontraba en las trincheras cumpliendo con su deber cuando una granada estalló a poca distancia de donde él se encontraba.”


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)

viernes, 30 de enero de 2026

Té, whisky y foot-ball

 


Té, whisky y foot-ball 


En 1900 los técnicos ingleses que trabajaban en las minas de Pachuca y Real del Monte dieron el primer paso en la historia del fútbol organizado en México cuando fundaron el Pachuca Athletic Club. Al año siguiente, sus paisanos de la capital los imitaron y pusieron en pie dos equipos, el del Reforma  Athletic Club y el British Club, el cual dependía del Casino Inglés

También por esas fechas, en Orizaba, un grupo de escoceses empleados en la fábrica textil El Yute organizó su escuadra. Dentro de los círculos británicos el gusto por el fútbol crecía, y desde 1900 hubo encuentros amistosos en la capital; el más celebrado de todos fue uno en el que escoceses e ingleses se enfrentaron en la cancha del Club Reforma. 

El fútbol comenzó a robarle aficionados al tenis y al criquet, y la idea de organizar un campeonato no tardó demasiado. En septiembre de 1902 hubo una junta en los salones del British Club. Ahí se fundó la Liga Amateur de Futbol Asociación y se anunció el comienzo de un torneo con la participación de los equipos del México Cricket Club, de los mineros de Pachuca y de los textileros de Orizaba, a quienes se envió invitaciones. 

El domingo 19 de octubre de 1902 la colonia británica, incluyendo el embajador George Greville, se dio cita en el campo que el México Cricket Club tenía en el Paseo de la Reforma para presenciar el silbatazo del referee S. H. Pope, iniciándose el primer juego oficial en México. El resultado favoreció al British Club sobre los de casa. Al final se escucharon muchos ¡hurra! y un grupo de hermosas ladies ofreció a los sofocados players deliciosas tazas de té.

Ahí arrancó la época inglesa del fútbol organizado en México. Durante los siguientes diez años todos los equipos participantes, nunca más de cinco, serían de extracción británica. Se jugaba por lo regular los domingos por la tarde y cada tiempo era de 35 minutos, porque se pensaba que en la altura de la Ciudad de México era imposible cubrir los 45 que marcaba el reglamento. 

Cada partido se volvió un acto social rodeado de rígidas reglas de cortesía y gentileza, que anteponían siempre el espíritu deportivo a cualquier desacuerdo dentro y fuera de la cancha. Cuando las escuadras capitalinas viajaban en tren a Pachuca u Orizaba, eran recibidas por una delegación del equipo anfitrión que les conducía al campo. Al acabar el encuentro se realizaba un convivio en el que había whisky y discursos a discreción. 

Así comenzó a desarrollarse el fútbol en México, hasta que otros temperamentos y otras costumbres llegaron a la liga. Para entonces los británicos ya habían sembrado la semilla del balompié.


(Tomado de: Bañuelos Rentería, Javier. Balón a tierra (1896-1932). Crónica del fútbol mexicano. Editorial Clío, libros y videos S.A. de C.V. Segunda edición, México, 1998)