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sábado, 19 de septiembre de 2026

Juan Gabriel

 


Juan Gabriel, el último de los artistas del pueblo 

¿Cuántas serenatas se han ofrecido con sus canciones? ¿cuántos amores enfermos se han curado con lo que dice en ellas? En más de 25 años de compositor y cantante ha logrado hacer populares tantas canciones y vendido más discos que cualquiera de sus colegas legendarios. 

Juan Gabriel es el romántico indispensable en el México moderno, porque describe en sus temas grandes pasiones y se insinúa en ellas la ternura reconfortante que se produce en la intimidad de una pareja enamorada. 

Títulos vendedores lo sirve por cientos, y noches de triunfo con sus conciertos, por miles se cuentan y se recuerdan. Es el ídolo  popular que agradece a su cuna campirana y silvestre que sea la fuente primigenia de su inspiración, porque gracias a ella se hizo artista. 

Es bueno repetir que no se le puede comparar con nadie. Además, en esta etapa de su vida, sigue haciendo historia en la música mexicana. Disfrutar su actuación en los escenarios, lo mismo en el Palacio de Bellas Artes, el Auditorio Nacional o en un estadio de fútbol, además de escuchar repetidamente sus canciones, nos privilegian con ese derecho para hablar aquí de su calidad como cantautor. Desde joven superó la marginalidad social para demostrar la validez perenne de su propuesta musical y se ha permitido la libertad e independencia para defenderla. Eso es una verdad como también aquella, incuestionable, de que las rentas de sus discos han ayudado también a construir el nicho que ocupa, y a fin de cuentas, lo único que busca con sus canciones es hablar del amor, abierta y plenamente. 

Mauricio Peña


(Tomado de: Peña, Mauricio - Somos Uno, especial de colección, Las 100 estrellas del siglo XX. Año 7, núm. 1. Editorial Eres, S.A. de C.V., México, D.F., 1997)

viernes, 11 de septiembre de 2026

La generación del Ateneo

 


La generación del Ateneo 

En 1910, un grupo de inquietos intelectuales heterogéneo en cuanto a la edad y aún a la tesitura espiritual, pero hermanados por el ideal de renovar la mentalidad de los intelectuales mexicanos, fundaron el Ateneo de la Juventud (llamado también Ateneo de México). Los principales animadores del grupo fueron Antonio Caso, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Enrique González Martínez, Carlos González Peña y Pedro Enríquez Ureña, el gran dominicano que no conoció fronteras para su ferviente y generoso humanismo americanista. 

La meta inicial de estos hombres fue la de renovar las perspectivas de la inteligencia mexicana, superando el estereotipado y ya inoperante positivismo, cuyas premisas fundamentales (la sujeción inexorable del mundo de las leyes de la "causalidad" y el "determinismo", junto con la ambición, insostenible ya, de "unidad científica" conforme a las leyes y métodos con que trabajaban las ciencias naturales) sentíanlas caducas. 

En lugar de estos principios, que limitaban la comprensión del mundo en toda su complejidad y que, por lo mismo, impedían conquistar la verdad profunda de las cosas, los ateneistas se adhirieron con entusiasmo a ciertas líneas del pensamiento europeo de su época, a las que sentían más certeras y fecundas: el intuicionismo, que legitimaba la impresión de que la pura razón no es válida para penetrar en las capas más remotas y profundas de la realidad, la idea de mutación (inclusive de la materia misma) y, en consecuencia, el concepto de evolución creadora con todas sus insospechadas consecuencias en el cambio de la vida y del espíritu. 

De estos principios surgen, naturalmente, una nueva idea del mundo y una nueva idea de la libertad. La idea de un mundo que debe ser reinterpretado constantemente, y la idea de una libertad auténtica -puesto que el espíritu del hombre no está sujeto a las leyes naturales-, la libertad creadora

De hecho, esta meta inicial se vio muy pronto estrechamente vinculada a una paralela renovación de las ideas estéticas, la cual fue a recalar en un cambio apreciable de los principios de valoración de la creación artística concreta. El área más beneficiada con esta última manifestación del espíritu renovador de los ateneistas fue el de la cultura literaria, la cual resultó conmovida -especialmente a impulsos de Enríquez Ureña y de Alfonso Reyes por una nueva visión del fenómeno literario en sí, lo mismo que por nuevos criterios para su estudio y su valoración. Al mismo tiempo se actualizó y ventiló el gusto literario: a la devoción decimonónica por las letras francesas se agregó un ágil contacto con los autores españoles, sobre todo los del Siglo de Oro. Además se volvió a tener muy en cuenta el valor estético y formativo de las letras clásicas. 

Si bien la dramática convulsión nacional que trajo aparejada la Revolución mexicana interrumpió demasiado pronto la labor en equipo del Ateneo, el magisterio individual de sus miembros más calificados y perseverantes continuó despertando inquietudes y orientando vocaciones hasta bien entrada a la década de los cincuenta. En el campo de la literatura, el impulso inagotable de Alfonso Reyes es un ejemplo cabal de este magisterio.


(Tomado de: Magis, Carlos - La cultura literaria. Historia de México, tomo 12. Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V., México, Distrito Federal, 1974)

lunes, 7 de septiembre de 2026

Ricardo Montalbán

 


Ricardo Montalbán 


Reconocido actor de cine y televisión, cuya actuación y labor en Hollywood ha mejorado las oportunidades de los hispanos en esta industria, nació en la Ciudad de México en 1920. Antes de aparecer en la pantalla mexicana, ya había hecho pequeños papeles en producciones de Broadway, y a finales de los cuarenta, lo contrató la MGM como latin lover. Poco a poco fue logrando papeles estelares en series de televisión como "The Lorreta Young Show" y "La isla de la fantasía". Su carrera como actor de cine es también muy amplia. Entre las películas en las que participó están: Fiesta (1947), The Kising Bandit (1948), Neptue’s Daughter, Border incident (1949), Right Cross, Two Weeks With Love (1950), Across the Wide Missouri, Mark of the Renegade (1951), The Saracen Blade (1954), A Life in the Balance (1955), Sayonara (1957), Let no Man Write My Epitaph (1960), Sweet Charity (1969), Escape from the Planet of the Apes (1971), The Train Robbers (1973), Joe Panther (1976) y Star Trek II: The Wrath Khan (1982).


(Tomado de: Diaz de Cossío, Roger; et al. Los mexicanos en Estados Unidos. Sistemas Técnicos de Edición, S.A. de C. V. México, D. F., 1997)

lunes, 24 de agosto de 2026

Verónica Castro


 Verónica Castro, el encanto de unos ojos 

Durante los primeros diez o doce años de su carrera, parecía una artista destinada a ser únicamente una figura decorativa. Su belleza y encanto le aseguraban un sitio entre una clase de artista para complementar un buen elenco. Su despegue ocurrió realmente cuando la nombraron "Rostro" de El Heraldo de México, en 1970. Fue en aquella ocasión que le llegaron los contratos: debut formal en cine con la película El arte de engañar, telenovelas y sus primeras incursiones en la conducción televisiva al lado de un maestro de esa especialidad: Paco Malgesto. Tuvo éxitos en el teatro como la comedia Coqueluche; en los años ochenta repetiría esa obra en el cine con el título de Chiquita, pero picosa y los periodistas cinematográficos de México le entregaron la Diosa de Plata de Comedia. Pero es a partir de Los ricos también lloran y El derecho de nacer, que Verónica Castro se convierte en estrella grande y los privilegios ganados la entusiasmaron a grabar discos que también ha vendido con éxito. 

Los programas musicales han servido para que obtuviera el título de reina de la conducción televisiva, la mejor del sector femenino. Actualmente divide esa actividad con la de actriz, que por fortuna no ha desechado, y siempre nos asomamos a cada nueva telenovela que encabeza con el único deseo de disfrutar de su compañía, porque Verónica Castro es favorita de todos. 

Mauricio Peña 


(Tomado de: Peña, Mauricio - Somos Uno, especial de colección, Las 100 estrellas del siglo XX. Año 7, núm. 1. Editorial Eres, S.A. de C.V., México, D.F., 1997)

jueves, 13 de agosto de 2026

El cartel taurino en el siglo XIX

 


El cartel taurino en el siglo XIX 


José Francisco Coello 


¿Quién torea el próximo domingo? ¿Quiénes integrarán la cartelera la siguiente temporada? Esas incógnitas tienen respuesta cuando salen de las imprentas los carteles, en diferentes tamaños, que más tarde van a ser colocados en sitios donde los aficionados puedan enterarse de la participación de las figuras y la presencia de los encierros programados para la tarde de toros más inmediata. Gracias a esta convocatoria, el público se "retrata" inmediatamente en las taquillas de venta de boletos. 

En España los carteles anunciadores de toros surgen en 1737, y en la Nueva España los primeros avisos se publican durante la temporada de 1769; pero no es sino hasta 1815 cuando adquieren la formalidad de carteles. 

El cartel es un documento impreso que se convierte en anticipo del espectáculo taurino. Ilustrado con grabados, pinturas o fotografías, en su modalidad de "tira de mano", ofrece soberbias explicaciones de la futura tarde torera, destacando el nombre del torero de fama o la celebridad del encierro a lidiarse. Al paso de los años este anuncio se entronizó como aliado de la fiesta taurina, ya que se utiliza como instrumento de comunicación masiva para todos los que desean asistir a la plaza, convocados por el efecto fascinante que ejerce las leyendas representadas en ese vehículo de publicidad. 


El cartel taurino en el siglo XIX 

El toreo es un tema inagotable debido a las pasiones que desata. Desde el siglo pasado se ofrecía, a través del cartel, toda la información acerca de los protagonistas de la fiesta. Esta convocatoria era recreada con gran imaginación cada tarde de toros. 

Los autores del cartel taurino decimonónico manejaron un lenguaje coloquial admirable que logró trascender a todas las capas sociales. Dos de las plazas de toros, la de San Pablo, que funcionó de 1788 a 1821 y de 1833 a 1864, y la del Paseo Nuevo, de 1851 a 1867 -año de la prohibición que se impuso a las corridas de toros en la Ciudad de México-, se convirtieron en sitios de reunión muy concurridos. 


las 30 o 40 escenas que se conocen en los carteles realizados de 1855 a 1867, y que aparecen reproducidas en su mayoría sin firma, es muy probable que hayan sido recreadas por el trazo de dibujantes tan reconocidos como Ignacio Cumplido, Alejandro Casarín, Santiago Hernández, Constantino Escalante, José María Villasana, Campillo, iriarte y Luis G. Inclán. Al revisar la hemerografía decimonónica mexicana, verdaderas joyas del arte popular, encontramos gran semejanza entre los rasgos que aparece en dichos carteles con el resto de la obra de los autores mencionados. 

Las obras de José Guadalupe Posada y de Manuel Manilla enriquecieron estéticamente -a su manera- el cartel taurino de finales del XIX y comienzos del XX. Estos artistas populares, después de burilar las gestas taurinas del momento, se encargaron de apresurar en la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo la salida de "hojas volantes" donde diestros como Ponciano Díaz o Rodolfo Gaona se convertían en el foco de atención. 


En el cartel taurino del siglo XX fue decisiva la presencia del español universal Carlos Ruano Llopis avecindado en México, que hizo escuela, y su legado es de un valor incuestionable en lo que se refiere a su obra cartelista. Difundir su obra en infinidad de carteles es brindarle un merecido permanente homenaje. Entre sus alumnos más destacados estuvo Antonio Navarrete. Asimismo, Pancho Flores también forma parte del catálogo de los pintores cuyo trabajo es imprescindible para ilustrar el cartel taurino. 

En 1994 el INBA lanzó una convocatoria que dejó como experiencia el legado de Pinturerías, el cual reúne a importantes artistas de talla nacional e internacional. Este trabajo se reproduce actualmente en los también denominados "avisos al público" de la plaza de toros México, con nuevas tendencias plásticas y artísticas además de las tradicionales. 

El cartel taurino es pues un testimonio histórico que nos permite acercarnos anticipadamente a la corrida venidera, pero también es una evocación del pasado que no sólo se limita a informar quiénes participaron en tal o cual evento, sino que permanece como evidencia de las hazañas y cúmulo de las añoranzas para los amantes de la fiesta brava. 


José Francisco Coello Ugalde, maestro en historia de México por la UNAM, es investigador del acontecer histórico de la fiesta taurina en México.


(Tomado de: Coello Ugalde, José Francisco: El cartel taurino en el siglo XIX. México en el Tiempo. Revista de historia y conservación. Año 5 número 32, Editorial México Desconocido, S. A. de C. V. México, D. F., 1999)

lunes, 27 de julio de 2026

Angélica María



 Angélica María, la Novia de México 

La chava moderna pero recatada que se volvió modelo a seguir en la década de los sesenta. La novia perfecta. La niña que todas las madres mexicanas querían para sus hijos. Pero no bastaba con su imagen, había demostrado su talento, desde sus primeras actuaciones en cine, cuando apenas tenía cinco o seis años en las películas Pecado, Mala semilla y Los gavilanes. Desde entonces se empezaba a perfilar como una gran estrella, y ya nunca dejaría de despuntar. Otros filmes como Cinco de fresa y uno de chocolate y Mi esposa y la otra lo confirman.

Sus éxitos musicales "Edy, Edy" y "Johnny el enojón" la convirtieron en la popular rockera y baladista que mereció el sobrenombre de "La novia de México”.

Su carisma se apoderó también de la televisión, donde logró éxitos como Cartas de amor (su primera intervención), Muchacha italiana viene a casarse, Ana del Aire y la segunda versión de Corazón salvaje (también estelarizó la versión cinematográfica).

Con 60 películas y casi 50 discos de larga duración a cuestas, la estrella de Angélica sigue presente. Su interpretación de La mujer del año en teatro y sus actuaciones en las telenovelas La antorcha encendida y Bendita mentira han venido a recordarnos que el talento no piensa abandonarla. 

Blanca Gómez


(Tomado de: Gómez, Blanca - Somos Uno, especial de colección, Las 100 estrellas del siglo XX. Año 7, núm. 1. Editorial Eres, S.A. de C.V., México, D.F., 1997)

jueves, 23 de julio de 2026

Secretos y otras hierbas

 


Secretos y otras hierbas 

Ya está arriba, a veces sin permiso del operador, pues no lo pide; su edad indefinida lo mismo puede ser los 18 años, los 25 que los 30; un saco azul de ligera tela entre cazadora antigua y chamarra moderna le da paquete, la camisa blanca de cuello abotonado pero sin corbata, el cabello negro y liso, trigueña cenicienta la piel de la cara; los ojos vivos, el labio ágil, mediana la estatura. Una maleta de nailon, tipo viaje aéreo, lo acompaña, y un folleto bulle inquieto en su mano derecha. 

"Señores pasajeros: disculpen que les distraiga su amable atención, vengo ofreciendo a ustedes El maravilloso antiguo formulario azteca de yerbas medicinales, manual imprescindible de los secretos indígenas". 

Todos soltado de sopetón. En efecto, alcanza a verse y leerse la carátula blanca del folleto, donde en título rojo se anuncia: Antiguo Formulario Azteca de Yerbas Medicinales...

Después de la carátula viene el texto que naturalmente no se puede ver ni leer, pero el de la voz se encarga de acotar:

"Aquí en estas páginas encontrarán los enfermos crónicos el esperado remedio para sus enfermedades, que hasta ahora no han podido curar, porque es bien sabido de los señores pasajeros que nuestros antepasados aztecas encontraron en las hierbas el secreto milagroso de aliviar los padecimientos que tenían, y esto mucho antes de la era moderna en que aparecieron las medicinas de patente que se venden en farmacias y droguerías a precios que la gente pobre y enferma no puede comprar si no es haciendo grandes sacrificios".

Los señores pasajeros unos miran al elocuente orador con ojos maliciosos de a mí no me ves la cara de tarugo, ni creas que me la pegas; otros simplemente lo miran con frialdad; algunos reflexionan que ese hombre habla como un libro abierto, con la pura verdad, pues no hay como las yerbas medicinales; y a los que pudiéramos llamar activos pian pianito les van creciendo las orejas del interés y la complacencia:

-Irene, lo que yo andaba buscando: algo de las hierbas curativas.

-Pos ándale, cómprale uno.

Y como si el vendedor las adivinara:

"Por sólo cinco pesos el antiguo formulario de plantas medicinales que revela los secretos de nuestros antepasados para arrojar las piedras de los riñones, desbaratar los cálculos biliares, hacer que los niños arrojen las lombrices que tanto los debilitan, conocer las propiedades del limón para la debilidad sexual y el derrame de la bilis, y las yerbas extraordinarias que hacen que crezca el pelo para que ya no haya calvos. El guayacán para la tisis, el cuachalalate para las enfermedades de las señoras y todo por sólo cinco pesos".

Las señoras Irene y Clotilde abren sus portamonedas.

"Si ustedes, señores pasajeros, van a las calles de Guatemala entre Argentina y el Carmen, allí se los venderán por el doble o el triple; yo se los vengo ofreciendo en esta mínima cantidad para ayuda a los enfermos, para que sanen rápidamente".

Irene y Clotilde no esperan más.

-Oiga, a ver: denos uno.


Gato por liebre 


Otro, aunque puede ser el mismo -pues la oferta varía a ritmo de la producción y el consumo, o sencillamente por las reservas o "sobrantes" de puestos de periódicos, librerías y editoras-, es el vendedor que apenas pone pie en el estribo del camión y ya está voceando el estribillo automático.

"¡Variedadeess! ¡Varieeeedadsss!"

"La revista que vale cinco pesos llévela usted por un peso. Oferta de propagandaaa. Profusamente ilustrada a todo color, papel de lujooo. Recetas escogidas para la buena mesa. El último grito de la moda. La vida de Elizabeth Taylor y Richard Burton. Oferta por un pesooo. Llévela por un pesooo. Los dos últimos números por uno cincuentaa. Llévese dos por uno cincuentaa. Cada número con una novela completa de Corín Tellado. Una novela completaa!".

El pregonero muestra en lo alto la revista, despliega rápidamente sus páginas para que el pasaje se dé un quemón. El pregonero, lo que se dice un hacha, un lince, un lobo de la mercadotecnia, ha ido mezclando con estrategia digna de director de relaciones públicas los ingredientes de su recitado: páginas a todo color; recetarios de alta cocina; figurines de la última moda y patrón para confeccionarse precioso vestido en casa sin recurrir a la modista cara e informal; y el argumento irresistible: una novela completa de Corín Tellado. 

En cuanto la primera clienta se anima y desata la timidez haciéndole "pst, pst", otras dos seguirán en la demanda. Y ya no importará que los dos ejemplares por 1 peso 50 centavos sean del año del caldo, las recetas para servirse en el real comedor del Palacio de Buckingham, a precio de libras esterlinas, y los vestidos para lucirse en el concurso -vestido- de Miss Universo.

Cuadernos, revistas, folletos, libros.

Subió nuestro hombre, traje y hasta corbata, ambos acabándose de malos tratos y tristeza, desflejándose, desvaneciéndose; pero confiriendo al personaje aire de gravedad y competencia, como conviene a un vendedor de libros. 

"...y lo que cuesta en librería veinticinco pesos yo se los vengo ofreciendo aquí en la mínima cantidad de cinco pesos, como oferta de la Editorial Azteca. Especial para esta época de exámenes en que los estudiantes no tienen a quien recurrir para que los auxililen convenientemente. Cinco pesos solamente lo que en cualquier librería de 5 de Mayo y en la misma Editorial Azteca, que los ofrece ahora como oferta de propaganda, cuesta veinticinco pesos. ¿Quién quiere el suyo? Para ayudarse en los exámenes. Para que no pague veinticinco pesos"...

-Pst, pst -hace una muchacha-, venga señor.

El libro luce en la carátula gris a buenas letras azul rey, el título.

Segundo curso de matemáticas 

Álgebra-Tabla de logaritmos 

Luce encerrado en sobre de plástico que lo ciñe fuertemente; hay necesidad para hojearlo o de un cortapapel o de uñas afiladas; la señora mamá que acompaña a su hija hace uso de este último instrumento. El libro no tiene de matemáticas, álgebra y tabla de logaritmos sino las pastas, porque lo que éstas encierran es el álbum Las Maravillas del Mundo, editado por Pasteles y Bizcochos, S. A.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

viernes, 3 de julio de 2026

Los Panchos y el cine

 


Los Panchos 

Yo siento en el alma tener que decirte 

que mi amor se extingue como una pavesa, 

y poquito a poco se queda sin luz…

Rafael Hernández, 

en las voces del trío Los Panchos 


Su difusión a través de la radio, sus discos Columbia en 78 RPM, sus discos de larga duración, y finalmente su elegante presencia en las películas mexicanas de los años cuarenta impusieron en la preferencia del gusto popular del continente a un trío inigualable -poco importaba que hubiera otros-: Los Panchos. 

Alfredo Gil, Chucho Navarro y Hernando Avilés, los integrantes del trío original, con sus canciones, especialmente los boleros, calaron hondo en la sensibilidad del público latinoamericano de entonces.

Acompañándose a la guitarra, con sus voces y con la fina interpretación de cada composición filtrada por su estilo, nos regalaron versos que ya forman parte del rico cancionero popular de nuestras tierras: "...tú diste luz al sendero/ en mi noche sin fortuna...", o aquellos otros: "...si nomás puedo causarte llanto, hay amor, olvídate de mí…”.

Era aquella, la del cuarenta, una década romántica, en la cual -según el gusto actual, que por un lado censura el kitsch y por el otro lo impone en las películas cursis. Prevalecía el bolero a través de las melodiosas voces de ese trío, siempre tomados en plano general o medio, estáticos, con un único atributo a su favor: su calidad. 

En aquellas películas -Callejera, Hipócrita, No me quieras tanto o Rayito de luna-, simple pretexto para el lucimiento de Marga López, Leticia Palma, Marta Roth o Brenda, por lo regular en un ambiente de falso cabaret, Los Panchos, al decir el bolero de turno, contribuían a redondear un argumento siempre en función en función de esas hermosas mujeres. 

Unos de los integrantes del famoso trío, Chucho Navarro, creó dos boleros que poco después pasaron a hacer películas, Perdida y Rayito de luna, ambas filmadas en 1949. La primera Unió a Ninón Sevilla con el músico-poeta Agustín Lara, en esa ocasión lejos de sus propias canciones, convertido en actor. Rayito de luna formó parte de todo lo hecho por Chano Urueta, cultor de diversos géneros en el cine mexicano, alguien que no desaprovechó oportunidad alguna para incluir en sus películas no sólo boleros, sino también mambos y can can. Alberto Sicardi, pareja de baile de la protagonista, Brenda, fue el coreógrafo de esta película. Ella, si mal no recuerdo, se llamaba Esmeralda en el filme, era disputada por David Silva, el galán, y otros. Y en medio de aquella codicia por la hembra exótica, envuelta en velos en los números bailables, en sets delirantes -tal vez si hoy viéramos la película nos parecería insólita-, aparecían Los Panchos, incongruentes pero auténticos en su interpretación del conocido bolero de Chucho Navarro: 

Como un rayito de luna 

entre la selva dormida,

así la luz de tus ojos 

ha iluminado mi pobre vida. 

Tú diste luz al sendero 

en mi noche sin fortuna, 

iluminando mi cielo 

como un rayito 

claro de luna. 

Rayito de luna blanca 

que iluminas mi camino,

así es tu amor en mi vida, 

la verdad de mi destino. 

Tú diste luz al sendero 

en mi noche sin fortuna,

iluminando mi cielo 

como un rayito 

claro de luna.


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

martes, 30 de junio de 2026

Gerardo Fernández Noroña, líder profesional

 


Gerardo Fernández Noroña, líder profesional 

Por Alejandrina Aguirre 

¿Quién es el más nuevo y agresivo líder de los taxistas del DF? Gerardo Fernández Noroña. ¿El mismo que encabeza una de las más combativas asociaciones de deudores de la banca? El mismo. ¿Cómo es que ahora defiende a choferes de taxis? Es una historia interesante. 

Fernández Noroña -un sociólogo de 39 años de edad, soltero y padre de dos hijos- dice que la primera vez que probó la injusticia fue en la primaria, a los 6 años de edad. -A mediados de los 60 -exagera- era aún común que maestras y profesores golpearan a los alumnos, para castigar las travesuras, desde entonces detesto el autoritarismo y los abusos. Todavía me siento como uno de aquellos niños, que muchas veces ni sabían por qué les pegaban. 

Hijo de michoacano y defeña, el sociólogo fue el mayor de 5 hermanos, criados por parientes cuando el matrimonio de los padres se desintegró. 

A Fernández Noroña le tocó en suerte (a los 5 años de edad) vivir con la abuela materna, una viuda que para mantener al crío hacía labores de costura y vendía de puerta en puerta cosméticos y productos de limpieza. 

Poco después, abuela y nieto se mudaron a un departamentito en una unidad habitacional del IMSS en Tlalnepantla, donde se les unió una tía. -Eran mujeres "luchonas", que se daban tiempo para disfrutar de la vida y preocuparse por el sufrimiento de los demás, tal vez por su profunda religiosidad -evoca el nieto con gratitud. 

Primeros pasos 

Aunque en la primaria y secundaria se mostró estudioso pero más bien tímido -nunca participaba en los festivales escolares y prefería pasearse solo en los recreos- en la preparatoria se convirtió en líder estudiantil, para deslumbrar a una muchacha que le agradaba. El enamoramiento no duró; en cambio el gusto del chico por la popularidad fue tal que ya nunca quiso abandonar las mieles del liderazgo. 

Luego de un fugaz coqueteo con la ingeniería, se matriculó en sociología en la UAM, plantel Azcapotzalco. Mientras era estudiante, Fernández se empleó en una clínica del IMSS, de donde lo corrieron por "revoltoso", porque organicé a los trabajadores eventuales para que defendieran sus derechos-, asegura. Para ganarse la vida dio clases en diversas preparatorias particulares, de donde invariablemente lo despidieron por su manía de exponer a los educandos las bondades del marxismo. 

Recién graduado en 1983 -con una tesis sobre el sindicalismo y sus relaciones con el Estado mexicano- Fernández encabezó un movimiento de 15,000 familias que protestaron porque el IMSS decidió vender a inmobiliarias particulares los departamentos de diversas unidades habitacionales propiedad de la institución y alquiladas bajo el régimen de "rentas congeladas" (él habitaba una de esas viviendas). Al cabo, los departamentos se vendieron a los inquilinos y Fernández se aprendió valiosas lecciones que después aplicó en su carrera de líder. 

Descubrió, por ejemplo, que ofertas y ventajas van en relación directa al ruido que uno sea capaz de provocar: su defensa de los inquilinos del IMSS fue tan tronante que, para neutralizarlo, lo invitaron a colaborar en la institución, impartiendo conferencias y cursillos sobre seguridad en el trabajo.

Simultáneamente, el joven se interesó por la política partidista y en 1986 fue candidato a diputado por el extinto PMS [Partido Mexicano Socialista], parte del Frente Democrático Nacional que ese año postuló a Cuauhtémoc Cárdenas para la Presidencia. De ahí pasó al PRD y en 1990 renunció a su empleo en el IMSS para dedicarse de lleno al partido, sumado al enjambre de los seguidores más cercanos de Porfirio Muñoz Ledo que nunca fueron bien vistos por los altos mandos del neocardenismo. -Por 5 años me "congelaron" -relata- porque me rebelé contra los desmanes del comité ejecutivo del partido, dominado por los incondicionales de Cárdenas. No abandoné el PRD porque, a pesar de sus defectos, es el único partido verdaderamente preocupado por la democracia en este país. (En 1999 fue "perdonado" y lo admitieron en el CEN perredista).

Deudores en rebeldía 

Las tribulaciones de Fernández Noroña con la banca dieron comienzo en 1992: solicitó un crédito hipotecario por 120,000 pesos. Dos años después, asegura, había cubierto 115,000 pesos entre pago de intereses y abonos al capital, pero su deuda, tras la devaluación de 1994, se elevó a 800,000 pesos. "Sólo la unión hace la fuerza", se dijo, y fundó la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca (de la cual sigue siendo presidente). Los jerarcas del PRD no le vieron entonces posibilidades al movimiento y dejaron al francotirador librado a su suerte. 

Fernández Noroña no se dejó amilanar. Para capturar a sus primeros seguidores, se lanzó a las calles a invitar a los transeúntes a reuniones en parques públicos, donde los exhortaba a defenderse de las injusticias de la banca. Cuando la organización del perredista empezó a ganar los primeros juicios contra el embargo de bienes inmuebles de los socios, más y más morosos se unieron al sociólogo, que llegó a contar con 3,000 asociados en el DF, Guadalajara, Zacatecas, Acapulco, Tepic y Veracruz, cada uno de los cuales pagaba al líder 220 pesos mensuales por sus servicios de gestoría. 

Fernández Noroña organizó infinidad de marchas y plantones en diversos rumbos del DF. Adoptó un disfraz de luchador (el "Chupacabras", se autobautizó) e instaló sus oficinas en una tienda de campaña a un costado del Palacio Nacional, donde recibía un constante desfile de simpatizantes. 

Empezó a volverse famoso en marzo de 1996, cuando irrumpió con pancartas en la convención de los banqueros celebrada en Cancún. 

Para no perder vuelo, en julio Fernández Noroña se arrojó a los pies del presidente Ernesto Zedillo que salía del Palacio Nacional seguido de una cauda de reporteros. El mandatario se vio forzado a detenerse y ayudar al quejoso a ponerse de pie. Las fotografías del suceso dieron la vuelta a medio mundo. 

Romanticismo vs. marxismo 

Al año siguiente, otra vez en Cancún, Fernández Noroña intentó de nuevo colarse en la convención de los banqueros y fue detenido o secuestrado, según se vea, por judiciales federales disfrazados enfermeros que amenazaban con llevarlo a un manicomio. Para entonces el PRD ya no podía darse el lujo de ignorar a su ruidoso militante y pagó una fianza de 13,000 pesos para liberarlo. 

A partir de entonces, el movimiento de los deudores de la banca empezó a perder fuerza y Fernández Noroña decidió invertir parte de sus ahorros en adquirir taxis y ponerlos a trabajar en el DF, donde esperaba contar con ayuda de los funcionarios emanados de su propio partido. Pero dice que descubrió sucios manejos y decidió combatirlos: fundó el Movimiento Unificador de Taxistas que ya agrupa a varios centenares de agremiados (muchos de ellos, sus propios choferes) y se lanzó a denunciar la corrupción en la Secretaría de Transportes y Vialidad capitalina, aún dominada -asegura el líder- por enquistados priístas que extorsionan a los taxistas para desprestigiar al gobierno perredista. 

-Aunque en mi lucha he sufrido detenciones, represión y amenazas de muerte, además de ofertas de dinero, no cejaré en mi sueño de convertir a México en un país libre -entona con exaltación-. Soy un político romántico con ganas de ayudar a la gente, no un marxista dogmático. Como decía mi abuela: si socialista es el que procura que el pueblo tenga comida, vivienda, empleo, salud y oportunidades de viajar y desarrollar sus aptitudes, entonces yo quiero ser socialista. Toda la vida.


(Tomado de: Aguirre, Alejandrina. - Gerardo Fernández Noroña, líder profesional. Contenido #440, Contenido, S. A. de C. V., México, D. F., febrero del 2000)

jueves, 25 de junio de 2026

El indito de los guantes

 


El indito de los guantes 

¡Brrr! ¡Qué frío hace! Llegó el tiempo, o está llegando, de esconder el cuerpo, en casita o bajo los abrigos que lo defiendan. La hora de meter las manos en los bolsillos, alzarse las solapas del saco, hundir el cuello hasta las orejas, usar sombrero, protegerse los huesitos del "carcañal" y los tobillos que cómo duelen cuando hace frío. ¡Brrr!

Entonces nos viene que ni pintado el indito de los guantes. El mismo que aparece por las calles de la orgullosa Ciudad de México, tiende sus "ropas de abrigo" en las aceras y mientras llega el cliente, teje y teje su lana burda en incansable revolotear de manos y gruesas agujas. El inconmovible tejido, indiferente a la fría marejada de los transeúntes, más ardiendo por dentro la lumbre mansa de la paciente oferta. 

El indito que llegó temprano de los cien pueblecillos montaña atrás circundando el valle de México: el ayate al hombro, la mujer el hijo a la espalda: otro ayate de lana tierna, tibia, móvil. 

Llegó a la ciudad arisca, cruzó, aturdido, los rojos amarillos y verdes de los semáforos, se dejó arrastrar por el brusco aluvión del tránsito y "estableció" su tienda en el tropel de una esquina y del clima, o se puso a recorrer calles, la tienda al hombro, la familia al paso y por poco dinero teje y teje entre tanto convida guantes de lana cruda, medias y gorros con el adorno de relampagueantes tintes. Porque no se crea nadie que solo las grandes tiendas venden ropas de abrigo, ni nada más los alpinistas compran al indito de los guantes. 

Estos inditos que venden medias y andan descalzos; gorros de lana y usos y usan sombrero de petate, guantes y no los conocen. 

Ahora que por razones de la vieja costumbre y el alto encargo, hubo un indito que vistió guantes: don Benito Juárez; pero con qué dignidad de Gran señor de la patria; muy al contrario de otros indios que, cursis y rastacueros, usan guantes para no saludar la mano áspera y desnuda de los indios.


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

lunes, 22 de junio de 2026

Joaquín García Vargas “Borolas”

Joaquín García Vargas “Borolas”

(actor)

(1922-1993, Michoacán, México). La trayectoria de Borolas puede rastrearse en su paso por las carpas y el teatro de revista donde se fogueó y perfeccionó su curioso estilo de "no rompo un plato" para atacar con una notable habilidad verbal para el albur y el chiste rápido. Borolas fue un personaje de gran arraigo popular con su característico sombrero de hongo apoyando a otros cómicos protagonistas de sus filmes como Cantinflas en Sube y baja (1958) y Tin Tan: era el secretario de éste en El vizconde de Montecristo (1954), uno de los torpes ladrones de El rey del barrio (1949) y el fraudulento detective de El hombre inquieto (1954). Participó en películas como ¡Ay chaparros, cómo abundan! (1955) y comedias de corte musical de la Época de Oro como Al son del mambo (1950), La niña popoff (1951), ¡Qué lindo cha cha chá! (1954) o Club de señoritas (1955) en una filmografía que rebasa los 100 títulos, entre los que se incluyen Las leandras (1960) y Santa sangre (1989) de Alejandro Jodorowski, realizada poco antes de su muerte. 

Rafael Aviña


(Tomado de: Dueñas, Pablo, y Flores, Jesús. La época de oro del cine mexicano, de la A a la Z. Somos uno, 10 aniversario. Abril de 2000, año 11 núm. 194. Editorial Televisa, S. A. de C. V. México, D. F., 2000) 

lunes, 8 de junio de 2026

Edmundo O’Gorman

 


Edmundo O’Gorman


Historiador y teórico de la historia, buscador constante de la verdad pasada que define define el estado presente de las cosas y explica el choque -más que el encuentro- de las culturas, Edmundo O'Gorman dejó un importante legado bibliográfico y sentó las bases para una comprensión radicalmente distinta de México y de su devenir. 

Edmundo O'Gorman nació en la ciudad de México el 24 de noviembre de 1906. Su padre fue el ingeniero y pintor británico Cecil Crawford O'Gorman siguió la carrera de derecho y después de diez años de ejercicio profesional se sintió inclinado por la historia y la filosofía que había descubierto desde su primera juventud. A los 42 años obtuvo la maestría en filosofía y a los 45, el doctorado en historia. Entre 1938 y 1952 fue historiador del Archivo General de la Nación de 1940 a 1967 dio clases y dirigió el seminario de Historiografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 1978 la máxima casa de estudios le otorgó el doctorado honoris causa en reconocimiento a la estrecha y fructífera relación que mantuvo con ella a lo largo de su vida. 

Interesado por la actividad editorial, entre 1932 y 1959 estuvo al frente de Ediciones Alcancía y en 1933 editó cinco cuadernos de poesía. Se desempeñó con éxito en la pintura bajo la influencia de su hermano Juan, el célebre muralista. En 1964 recibió el Premio Nacional de Letras, en 1983 el Premio de Historia Rafael Heliodoro Valle y en 1986 el premio de la UNAM a la docencia. 

Sus principales ideas despertaron serias polémicas. En 1954 discutió ampliamente con Marcel Bataillon sobre dos diferentes concepciones de la tarea histórica. La disputa teórica que mantuvo con Miguel León Portilla en 1987 lo hizo renunciar renunciar a la Academia Mexicana de la Historia que había dirigido desde 1972. Los conceptos que ocasionaron la divergencia fueron "el descubrimiento de América", "el encuentro de ambos mundos" y la "fusión cultural". En vez de estos términos O'Gorman prefería usar los de "apoderamiento" y "dominación". 

A partir de 1967 y hasta su muerte, O'Gorman fue profesor emérito de la UNAM y miembro del Instituto de Investigaciones Históricas. Entre su vasta obra escrita destacaban La invención de América (1958) y México, El trauma de su historia (1977). Su libro Destierro de Sombras pretendía analizar desde una perspectiva histórica objetiva las apariciones de la virgen de Guadalupe. También participó en varias obras colectivas; editó y prologó La evolución política del pueblo mexicano, de Justo Sierra; México en 1554 y Túmulo imperial de Francisco Cervantes de Salazar, y las obras históricas de Fernando de Alva Ixtlixóchitl. Tradujo al español el Ensayo sobre el entendimiento humano de John Locke la Teoría de los sentimientos morales de Adam Smith y los Diálogos sobre religión natural de David Hume.

O'Gorman falleció a las 23:45 hrs. del jueves 28 de septiembre de 1995 a causa de insuficiencia cardíaca derivada de un padecimiento cerebral.


(Tomado de: Todo México 1996. Hechos de 1995. Resumen ilustrado de los acontecimientos más importantes registrados en México en 1995 para la actualización de la Enciclopedia de México. Kentucky, EUA, 1996)

lunes, 1 de junio de 2026

Jorge Negrete y el cine


 Jorge Negrete 

Guadalajara en un llano,

México en una laguna,

me he de comer esa tuna 

aunque me espine la mano…


Jorge Negrete, uno de los grandes ídolos del público latinoamericano, nació en 1911 en Guanajuato, México. Falleció 42 años después, a consecuencia de una cirrosis hepática, mientras realizaba una gira artística por Los Ángeles, California. Muy joven abandonó la carrera militar para dedicarse a estudiar canto. A los 26 años, como barítono, ya había triunfado en la radio. A la sazón, fue descubierto por el productor Gonzalo Varela, quien lo convirtió en la figura principal de La madrina del diablo (1937), su primera película, dirigida por Ramón Peón.

Desde entonces y hasta 1953, Jorge Negrete, como actor del cine azteca, nunca se bajó del estrellato; siempre encabezó los créditos de sus películas. Sólo en Juan sin miedo (1938) el nombre del torero Juan Silveti apareció antes que el suyo. A pesar de Pedro Infante y otros, todo parece indicar que, como cantante del cine mexicano, no hubo otra figura igual a la suya. En las películas que más fama le dieran, la música y las canciones eran, por lo regular, de la inspiración de Manuel Esperón, con letras de Ernesto Cortázar. 

Sin embargo, en un principio el afamado actor-cantante se mostró renuente a interpretar la música consustancial al ambiente ranchero. Tanto fue así que, a sus espaldas, mientras se hallaba en el exterior, Manuel Esperón compuso las canciones de ¡Ay, Jalisco, no te rajes! (1941). A su regreso, Negrete, colérico, dijo que él no era mariachi; con todo, al ir cantando las composiciones ("¡Ay, Jalisco, no te rajes", "Traigo un amor", "Fue casualidad" y otras), fue entusiasmándose y puso su corazón en ellas. Lo demás es historia. El éxito fue rotundo. En la cinta El mariachi a la fuerza hizo pareja con Gloria Marín, con quién trabajó en varias películas más. 

Libertad Lamarque consideró en su Autobiografía que fue "una gran equivocación" que ella y Negrete, dos mimados del público latinoamericano, no interpretaran tres o cuatro canciones en Gran Casino (1947), una de las películas que Luis Buñuel dirigiera en México, hoy considerada a pesar de no haber gustado en su momento, como un clásico de esta cinematografía. 

En Hollywood, Negrete incursionó solo una vez, sin trascendencia alguna: El rancho de las flores (1941). Años después, en 1950, Rafael Gil lo dirigió en Teatro Apolo, cinta rodada en España. Empero, lo más importante de su carrera, en lo que al cine respecta, sin duda estuvo como escenario a México, desde donde su popularidad se extendió a todo el continente latinoamericano. 

Aprovechándose inteligentemeante del éxito de filmes como El peñón de las ánimas, Me he de comer esa tuna, ambos de Miguel Zacarías, y de tantos otros en los que, además de actuar, cantaba, Negrete realizó giras triunfales por Buenos Aires, Lima, Madrid. En la Habana arrebató al público al cantar "La viuda alegre". Su contacto con la isla posibilitó, además, que grabara una composición antológica de Manuel Corona: “Longina”.

Negrete filmó cerca de 40 películas. En ellas se escucharían, entre muchas otras, canciones como "Caminos de ayer", de Gonzalo Curiel; "Una palabra, una oración", de Alfonso Esparza Oteo; ¡Ay, Jalisco, no te rajes!", "Cocula" y "Me he de comer esa tuna", de Manuel Esperón; "Ojos tapatíos", de Fernando Méndez Velázquez; "Cartas a Eufemia", de Rubén Fuentes, así como "Si tú te enamoraras", de su propia inspiración. 

En Reportaje, Negrete cantó "La que se fue", de José Alfredo Jiménez. Su episodio junto a María Félix -por allí desfilaron las más cotizadas estrellas del cine mexicano de entonces- es lo mejor de esta película, la penúltima que hizo dirigida por Emilio Fernández. En la última El rapto, una comedia ranchera también del Indio, se dejó escuchar en "El jinete" y otras memorables melodías propias del género que tanto cultivo. 

A pesar de la importancia de su voz, puesta al servicio del cine, al hacer un balance de su carrera se reconoce que Negrete tuvo "actuaciones dramáticas muy estimables" en Historia de un gran amor, de Julio Bracho, y en Canaima, de Juan Bustillo Oro, cuyo argumento descansa en la novela de Rómulo Gallegos.

En aquellas películas de los años cuarenta y cincuenta -algunas producidas por él mismo y su hermano David-, por lo regular llenas de canciones, el plato fuerte de la época, Negrete hizo pareja con María Elena Marqués, Amanda Ledezma, Elsa Aguirre, Miroslava, Carmen Sevilla y otras. 

Figura carismática, hombre de recio carácter, hay que decir también que fue fundador de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), "una fuerza sindical y política de gran importancia" en México. 

Como homenaje póstumo, en 1955 el realizador Rafael J. Sevilla, con los números musicales de sus películas más importantes, a los que añadió el noticiero de sus funerales, armó el filme El charro inmortal.


(Tomado de: Calderón González, Jorge - Nosotros, la música y el cine. Universidad Veracruzana, Jalapa de Enríquez, Veracruz, 1997)

jueves, 28 de mayo de 2026

Reformas al Plan de Ayala, 1913

 


Reformas al Plan de Ayala 


Primero. Se reforma el artículo primero de este plan en los términos que enseguida se expresa: 

Artículo 1° Son aplicables, en lo conducente, los conceptos contenidos en este artículo al usurpador del poder público, general Victoriano Huerta, cuya presencia en la Presidencia de la República acentúa cada día más y más su carácter contrastable con todo lo que significa ley, la justicia, el derecho y la moral, hasta el grado de reputársele mucho peor que Madero; y en consecuencia la Revolución continuará hasta obtener el derrocamiento del pseudo mandatario, por exigirlo la conveniencia pública nacional, de entero acuerdo con los principios consagrados en este Plan; principios que la misma Revolución está dispuesta a sostener con la misma entereza y magnanimidad con que lo ha hecho hasta la fecha, basada en la confianza que le inspira la voluntad suprema nacional. 

Segundo. Se reforma el artículo tercero de este Plan, en los términos siguientes: 

Artículo 3° Se declara indigno al general Pascual Orozco del honor que se le había conferido por los elementos del Sur y del Centro, en el artículo de referencia; puesto que por sus inteligencias y componendas en el ilícito, nefasto, pseudo gobierno de Huerta, ha decaído de la estimación de sus conciudadanos, hasta el grado de quedar en condiciones de un cero social, esto es, sin significación alguna aceptable; como traidor que es a los principios juramentados.

Queda en consecuencia, reconocido como jefe de la Revolución de los principios condensados en este Plan el caudillo del Ejército Libertador Centro-Suriano general Emiliano Zapata. 

El general en jefe, Emiliano Zapata, rúbrica. Generales: ingeniero Ángel barrios, Otilio E. Montaño, Eufemio Zapata, Genovevo de la O, Felipe Neri, Cándido Navarro, Francisco V. Pacheco, Francisco Mendoza, Julio A. Gómez, Amador Salazar, Jesús Capistrán, Mucio Bravo, Lorenzo Vázquez, Bonifacio García, rúbricas. Coroneles: Aurelio Bonilla, Ricardo Torres Cano, José Alfaro, José Hernández, Camilo Duarte, Francisco Alarcón Francisco A. García, Emigdio H. Castrejón, Jesús S. Leiva, Alberto Estrada, Modesto Rangel, rúbricas. Teniente coronel: Trinidad A. Paniagua, rúbrica. Secretario, M. Palafox, rúbrica. 

Es copia auténtica de su original y la certifico: Emiliano Zapata, rúbrica.


(Tomado de: Silva Herzog, Jesús - Breve historia de la revolución mexicana ** La etapa constitucionalista y la lucha de facciones. Colección Popular #17, Fondo de Cultura Económica; México, D.F., 1986).

lunes, 25 de mayo de 2026

Café con piquete

 

Café con piquete 


Si usted, abstemio lector -de todos modos estimable- nunca se ha echado entre pecho y espalda, a eso de las tres de la mañana y en esquina cualquiera, un café con piquete, no sabe, entonces, lo que es canela. 

Pregúnteselo a los parranderos largos, a los trasnochadores tercos; a quienes trabajan a la intemperie nocturna o a la madrugada húmeda: peones de vía y pavimentos, voceadores, ruleteros, policías.

-Buenas, don Cuco... ¿Qué dice la cruda suerte?... 

-Caray, Meche, usted ni la burla perdona. Echeme un cafecito; pero como que se le va la mano. 

Meche saca de abajo del cajón -opulenta mesa- la botella del refino. A decir verdad la saca apenitas, por aquello de las cochinas dudas. No sea que la autoridá... Pero la autoridad llega en persona gendarmeril:

-¡Mechecita.. a ver una canelita!... ¡Sí: con su piquetito!...

Meche llena los jarros de barro; les echa su piquete: azúcar al gusto; menea el líquido con una cuchara; lo entrega. Bajo el cajón mesa, bien tapada no vaya a darle un resfriado, está la botella del refino; encima los jarros y tazas; las cucharas; al lado el recipiente del agua para lavar los trastos. 

Aunque canten por allí gallos desvelados, es noche cerrada, si acaso el parpadear de los ojitos de Santa Lucía; la lejana luz del arbotante dando traspiés por la mojada acera; y el trasnochador, pobrecito -si lo supiera usted- arrimándose el calor del brasero, donde la olla panzona, o el bote tieso "nomás gorgoritea".

¡Ahhh! -muy aspirada- se siente que vuelve el alma al cuerpo. ¡Ufffff! éstos son sorbos de pura vida. 

¡Si usted, lector, supiera lo que es canela!...


(Tomado de: Cortés Tamayo, Ricardo (texto) y Alberto Beltrán (Dibujos) – Los Mexicanos se pintan solos. Juego de recuerdos I. El Día en libros. Sociedad Cooperativa Publicaciones Mexicanas S.C.L. México, D. F., 1986)

lunes, 18 de mayo de 2026

El “Trío Veneno” y socios


 VIII 

El “Trío Veneno” y socios 


Los llamaban primero “Los Cuatro Ases de la Canción”. Eran Mario Talavera, Ignacio Fernández Esperón, Alfonso Esparza Oteo y Miguel Lerdo de Tejada. Años después, al morir este último, los restantes fueron conocidos como el "Trío Veneno", tal vez por el mordaz ingenio de que hacían gala en el ambiente bohemio. 

Si bien Lerdo de Tejada se significó por sus innovaciones musicales, su dinamismo y visión para crear fuentes de trabajo para los músicos nacionales, sus composiciones en términos generales pecaron de europeizantes y pocas de ellas lograron gran popularidad; su obra máxima fue la canción Perjura, de intenso sabor italiano. Por otra parte, Lerdo de Tejada fue muy respetado en el ambiente musical. 

En cuanto a sus tres colegas, aunque algunas de sus piezas conservaron rasgos de extranjerismo, la mayor parte siguió los lineamientos nacionalistas fijados por Manuel M. Ponce; así, el magnífico trío se erigió en pilar fundamental de la canción mexicana moderna y, por ende, en forjador de la Época de Oro que ya anunciaba su llegada. 

¿Cantar o componer? 

El veracruzano Mario Talavera, nacido en 1885, pudo ser un gran cantante de ópera o uno de los intérpretes de música popular más famosos de su tiempo, pero nunca concedió gran importancia a su extraordinaria voz de tenor. Tenía alrededor de 25 años de edad cuando concluyó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música; entonces se dedicó brevemente al género operístico y algunos críticos llegaron a comparar su voz con la de Caruso.

Hizo algunas giras exitosas por varios países, demostró que podía triunfar como cantante y después se dedicó a la composición. También en esta actividad se destacó inmediatamente. Pero ni la popularidad de sus bellas canciones Gratia Plena, China, Arrullo y otras, hizo olvidar a sus allegados el desperdicio de su privilegiada voz. 

¿Fue acaso demasiado bohemio para aceptar las renuncias y limitaciones que implica el canto? Lo cierto es que sus canciones fueron popularizadas principalmente por las voces de Jesús Pedraza, el doctor Alfonso Ortiz Tirado y Felipe Llera (por cierto, este último a diferencia de Talavera, supo combinar el canto y la composición, escribió canciones tan conocidas como La casita, cantó ópera e interpretó la canción mexicana formando dueto con su esposa su esposa Julia Irigoyen).

Enjuto y sonriente, el caballeroso Mario Talavera se destacó también como un conversador de gran ingenio y como una eficaz defensor y organizador de los compositores mexicanos. 

Las glorias de “Tata Nacho

Miembro destacadísimo del grupo precursor de la Edad de Oro fue el también "venenoso" Ignacio Fernández Esperón, mejor conocido como "Tata Nacho". Este sobrenombre, dicho sea de paso, se lo pusieron sus compañeros de juegos cuando, muy pequeño todavía, sufrió una grave caída en la que perdió parte de la dentadura y habló "como viejito" durante algún tiempo, mientras le hacían su dentadura postiza. 

"Tata Nacho" no se afilió a la bohemia: nació en ella. En su Oaxaca natal su casa era centro de reunión de artistas y literatos, pues el doctor Ignacio Fernández Ortigoza, su padre, era un gran aficionado a la música, la poesía y sobre todo la conversación. Por otra parte, su madre era pianista de considerable talento. Cuando la familia se estableció en la Ciudad de México, las tertulias se hicieron aún más frecuentes, ahora con la asistencia de figuras de la talla de Luis G. Urbina y Amado Nervo. Este ambiente pronto hizo sus efectos sobre el pequeño Nacho, quien a menudo abandonaba los juegos infantiles para ponerse a improvisar canciones. No pasaba de los seis años de edad cuando ya sorprendía a los invitados con sus composiciones. 

La catedral de la bohemia 

Estudió en la Escuela Normal de Maestros y desempeñó diversos trabajos de poca importancia y ajenos totalmente a la música. A continuación, su amor al campo lo confundió y decidió inscribirse en la Escuela Nacional de Agricultura: aún no se percataba de que su misión sería cantar a la campiña, no cultivarla. Desorientado, abandonó la escuela y empezó a frecuentar el estudio del pintor y escultor Ignacio Rosas; este lugar era, en plena Revolución, una pequeña catedral de la bohemia capitalina. 

Ahí conoció a la estrella del teatro frívolo María Conesa, al caricaturista Ernesto "Chango" García Cabral, al músico Miguel Lerdo de Tejada e incontables artistas y escritores no menos famosos. Y su vocación musical experimentó una exaltación definitiva. Según relatarían tiempo después algunos miembros del grupo, en una de las reuniones el poeta Francisco Orozco se mostró muy abatido porque lo había abandonado una jovencita que trabajaba como modelo para Rosas. "Tata Nacho" se sentó al piano y ejecutó para el poeta entristecido una de sus canciones, a la que adaptó rápidamente algunas frases alusivas al caso. Así nació Adiós mi chaparrita, canción que daría fama a Fernández Esperón y contribuiría grandemente a abrir las puertas del mundo musical a los compositores mexicanos. 

Afirmaban sus amigos que su otra gran canción, La borrachita, se completó también en el estudio de Rosas; se cuenta que esta vez "Tata Nacho" improvisó la letra inspirado en una hermosa muchacha que frecuentaba al grupo y a la que en esa ocasión se le pasaron un poco las copas:

Borrachita me voy 

para olvidarte;

te quero mucho, 

tú también me queres…

Poco tiempo después, viajó a Nueva York para estudiar música. Dos mexicanos que tenían allá un restaurante le habían ofrecido casa y comida gratuitas. Pero al llegar a la urbe neoyorquina, encontró el restaurante cerrado y para sobrevivir se empleó como escribiente en el consulado mexicano. 

Allá compuso, entre otras, su nostálgica Qué triste estoy. Volvió a México en 1927, recorrió todo el país haciendo investigaciones sobre música folclórica y en 1929 partió a Europa, donde permaneció estudiando y escribiendo música hasta 1937. 

En el Viejo Mundo compuso Nunca, otra de sus creaciones inolvidables. 

Sus viajes por otras tierras le permitieron comprobar la situación desventajosa que padecían los compositores mexicanos: totalmente desprotegidos y sin la posibilidad de vivir del producto de su música, estaban obligados a depender de la ayuda del gobierno, a dar clases o a trabajar como músicos para ganarse el sustento. Por ello, en 1939 decidió unirse a Alfonso Esparza Oteo y otros compositores con objeto de formar un sindicato. En 1948 éste se convirtió en la Sociedad de Autores y Compositores de Música. 

En los años siguientes dirigió el popular programa radiofónico Así es mi tierra, dedicado exclusivamente a la música folclórica. Fue director de la Orquesta Típica de la Ciudad de México y formó un conjunto llamado Rondalla Mexicana. 

En 1963 llegó a la cima de su carrera al ser electo presidente de la Sociedad de Autores y Compositores, y recibir el homenaje nacional que se le rindió a través de los grandes medios de difusión. 

El "Viejo Amor” de un villista

Completaba el "Trío Veneno" el compositor de Aguascalientes Alfonso Esparza Oteo, que había llegado a México todavía "oliendo a pólvora", pues los últimos años los había pasado en la Revolución, combatiendo con los villistas. 

Tenía grandes deseos de triunfo y éste llegó pronto. En sus alforjas traía melodías tan bellas que una editora de música empezó a publicarlas de inmediato. En poco tiempo, el joven Esparza Oteo se hallaba convertido en compositor famoso y en miembro distinguido de la bohemia. La apoteosis sobrevino cuando dio a conocer Un viejo Amor, canción que a medio siglo de distancia se sigue escuchando. 

Esparza Oteo desplegó también una actividad intensa como director artístico de radiodifusoras, director de orquesta y líder de los compositores. Realizó, asimismo, numerosas giras por todo el Continente.

Sus resonantes y frecuentes éxitos, sumados a los de "Tata Nacho" y Mario Talavera, ampliaron para la canción mexicana los cauces abiertos años antes por Manuel M. Ponce. Melodías de calidad tan elevada -y a la vez tan accesibles- como Dime que sí y Déjame llorar o las rancheras Pajarillo barranqueño y Te he de querer, consolidaron el nacionalismo musical, captaron para la canción mexicana el gusto de la gente de toda clase social y sembraron la simiente cuyo fruto sería la época de oro.


(Tomado de: Morales, Salvador y los redactores de CONTENIDO - Auge y ocaso de la música mexicana. Editorial Contenido, S.A. México, 1975)