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viernes, 30 de agosto de 2024

"Maromero" Páez, el payaso de las cachetadas

 


"Maromero" Páez, el payaso de las cachetadas 


Y el circo llegó a los encordados. La solemnidad del guerrero y la solemnidad en el vestir se vieron seriamente trastocadas por Jorge Páez, llamado "Maromero" por su origen circense. Su estilo alocado de boxear y sus estrafalarias actitudes, antes, durante y después de los combates, dieron una nueva dimensión al deporte de los puños como un gran show. 

De payaso y trapecista, Jorge Páez pasó al boxeo profesional sin ninguna experiencia de amateur. Durante los primeros años, sus rivales no fueron de peligro pero "Maromero" se fue colocando insidiosamente en las listas de retadores para un título del mundo en peso pluma. 

Su oportunidad se presentó el 22 de septiembre de 1988. A favor tenía la sede, Mexicali, su tierra natal. En contra, la sólida carrera del campeón -versión IBF- Calvin Grove, invicto en 33 peleas. Y, por primera vez, Páez se enfrentaría a un clasificado mundial. ¡Vaya momento para hacerlo! 

Sin embargo, "Maromero" llegó a la pelea no sólo con el respaldo del público de Mexicali, sino con la idolatría de sus seguidores. Tenía cuatro años en el boxeo de renta, tiempo suficiente para crearse una aureola de ídolo. Aunque, también, a fines de los ochenta, era uno de los valores del pugilismo mexicano, y como tal se le apoyaba. 

Páez era un boxeador ágil y sorpresivo, dos armas de gran valor en el box cuando la dinamita no se manifiesta de manera importante imponente. Su vista era del lince y tenía un sentido de la distancia envidiable. Por lo mismo sus rivales sufrían para conectarlo. 

La pelea contra Grove fue de película. La campanada del round 15 anunció al "Maromero" que era su última oportunidad para llevarse el cinturón. Los jueces lo tenían abajo en el conteo. Páez buscó a Grove como una fiera y lo mandó tres veces a la lona en este último asalto. Fue suficiente para ganar el campeonato. 

Los medios fueron generosos con él pero también tuvo constantes críticas sobre su boxeo y su manera de “faltarle el respeto al ring”.

"Maromero" se convirtió en uno de los pugilistas más rentables a causa de su estrambótica imagen. Las televisoras norteamericanas se lo peleaban para conseguir las transmisiones de sus combates. Tal vez esa fue su ruina. Páez continuó con su misma táctica de siempre, no desarrolló nuevas actitudes y, con el tiempo, se volvió predecible para sus contrarios. 

Después de Grove enfrentó a una serie de boxeadores experimentados ante los cuales ya no tuvo nada que exhibir. Rafael Ruelas, Freddy Pendleton y Óscar de la Hoya. 

Fue un gran peleador pero nunca pudo dar el gran paso porque no quiso desarrollarse, rápidamente sus mejores armas se volvieron previsibles para sus contrarios.


(Tomado de: Maldonado, Marco A., y Zamora, Rubén A. - Cosecha de campeones. Historia del box mexicano II, 1961-1999. Editorial Clío Libros y Videos, S.A. de C.V., México, abril 2000)

miércoles, 17 de marzo de 2021

Rubén el "Púas" Olivares

 


Rubén Olivares: "voy a ser campeón del mundo"

Cuando Rubén Olivares, joven menudo de la Colonia Bondojo, se paró frente al tormentoso "Cuyo" Hernández para, más que pedirle, exigirle que lo entrenara porque quería ser campeón, la determinación y el hambre no lo dejaban en paz. Nadie esperaba que aquel muchacho de cara picada y dientes irregulares llegaría a ser uno de los mejores campeones de todos los tiempos.

"Cuando yo descubrí quién era -cuenta el propio Olivares- y qué cosa me iba a justificar en el mundo, o sea, que me encantaban los madrazos y que iba a vivir de ello, el "Chilero" Carrillo me mandó a adquirir mi equipo y luego, ya con mi equipo de boxeo, me fui directo a ver al "Cuyo" Hernández para decirle que yo iba a ser campeón del mundo, y [él] se cagó de risa; [...] el "Chilero" [...] me tomó por su cuenta y me empezó a enseñar los secretos del boxeo. Lo primero que hice fue sombra. El "Chilero" me decía: "siéntate", "muévete" [...] luego me dijo: "Vamos a empezar por el escalafón", o sea a caminar lento, muy lento, con tu expresión corporal bonita; nada de parecer un pinche Cuasimodo".

Rubén entró al boxeo en el año de 1963 y el "Chilero" lo entrenó para las Olimpiadas de Tokio, de lo cual el "Cuyo" ni siquiera se preocupaba. Ingresó a la selección y de los cuatro contrincantes con los que se eliminó , noqueó a tres pero Fernando Blanco le ganó, gracias a la viveza y la experiencia ganadas a través de mucho tiempo dedicado al boxeo amateur. Las cosas en el Comité Olímpico se resolvieron, como siempre, en la trastienda y por recomendación. Un tanto descorazonado, Rubén le preguntó al "Chilero" qué iba a pasar ahora. Carrillo lo inscribió en el Torneo de los Guantes de Oro de 1964. Ganó el torneo sorprendiendo a propios y extraños; los nocauts le creaban fama de destructor y aguantador. Llegó a la final con la mandíbula fracturada, pero aun así derrotó a Juan Mancilla.

La opinión de todo el mundo es que Rubén Olivares nació para ser campeón. Lo cierto es que sin haber ganado ningún campeonato nacional lo presentaron rápidamente como contendiente al campeonato mundial de los pesos gallos. El primer título que disputó fue contra Lionel Rosse, el 22 de agosto de 1969. Este australiano, llamado "El Canguro de Melbourne", era conocido como verdugo de mexicanos. George Parnassus fue quien concertó el encuentro en el Forum de Inglewood, en Los Ángeles, California, y causó mucha expectación entre los mexicano norteamericanos y los aficionados latinos radicados en Estados Unidos.

El resultado de este combate sorprendió a los expertos pues Olivares venció a Rosse en el quinto round con una bella combinación de golpes, cinco para ser exactos: un jab, un gancho izquierdo arriba, un gancho de derecha a la mandíbula, castigó al hígado con otro gancho izquierdo para rematarlo con la derecha a la quijada. El "Canguro" cayó como regla. En ese momento había nuevo campeón mundial de peso gallo. Rubén había cumplido su primer sueño y el hambre había amainado.

Las diabluras del "Púas"

Una vez alcanzado el campeonato ante Lionel Rosse, el "Púas" saltó a la categoría de ídolo nacional. La prensa lo acosaba. La televisión no dejaba de apuntarle con las cámaras. Los dueños de cantinas donde pasaba a"echar la copa" se anunciaban como amigos del campeón. Su hablar cantado y cantinflesco lo parodiaron los cómicos de la época hasta el cansancio. Nadie podía dejar de notar las "diabluras" del campeón. La prensa lo seguía en sus desmanes y sus declaraciones podían hacer que se vendiera una buena tirada de los matutinos deportivos.

Vinieron las primeras defensas y los nocauts se sucedían uno tras otro. A la par que su fama crecía, el gimnasio lo cansaba. Como resultado, el 16 de octubre de 1970 perdió el campeonato mundial a manos del aguerrido guanajuatense Chucho Castillo, a quien ya había vencido meses antes, en lo que sería la primera victoria por decisión de su carrera. La pelea por el campeonato fue cansada; se trabó en un toma y daca del que salió perdiendo el "Púas".

Se concertó la revancha. La decisión se la dieron al de la Bondojo, quien volvió a lucir el gran fajín de campeón. Defendió su título varias veces y de nuevo lo perdería contra el mexicano Rafael Herrera. La báscula empezó a girar al ritmo de su fama. Decidió entonces trasladarse a la división inmediata superior. Se eliminó con Art Haffey para disputar el campeonato pluma, que conseguiría venciendo al japonés Zensuke Utagawa. La fortuna le sonreía de nuevo pero sus correrías y pachangas no dejaban de aparecer en la prensa deportiva. Los líos con su manager, Arturo "Cuyo" Hernández, se hicieron públicos y las declaraciones fueron cada vez más fuertes.

Más tarde, peleó contra el nicaragüense Alexis Argüello. El combate se llevó a cabo en el patio preferido de Olivares, California. La pelea empezó con un "Púas" decidido a satisfacer a su público. Inteligente, se movía de aquí para allá, sin presentarle al nicaragüense un blanco fijo. Pero la porfía de Argüello y la confianza de Olivares llevaron el combate a un final inesperado. En el round 13 un gancho de izquierda del retador pescó al campeón, dejándolo derribado en la lona para recibir la cuenta fatídica.

Olivares volvió a hacer campaña entre los plumas para disputar, el 20 de junio de 1975 en California, el campeonato a Bobby Chacón. La pelea sólo duró dos rounds; en el primero pelearon cabeza con cabeza, golpe por golpe, sin marrullerías. Al comenzar el segundo round, la expectación creció entre el público: los jabs de Olivares laceraban la cara del campeón; se retiraron hacia las cuerdas, donde siguieron combatiendo tozudamente. Un cruzado de derecha depositó en la lona al campeón. Éste se levantó lentamente a la cuenta de ocho. El de la Bondojo se le fue encima con una andanada de golpes hasta derribarlo definitivamente.

Sin embargo, la carrera del famoso "Púas" había entrado en picada definitiva. En la primera defensa perdió contra el africano David Cottey por decisión dividida. 

Después de esto su trayectoria continuó en zigzag, con más bajas que altas. Ya no sería nunca el mismo muchacho que empezó con el deseo de"comer con manteca", como había declarado a un periodista sorprendido por la franqueza y la seguridad del ídolo en ciernes.

(Tomado de: Maldonado, Marco A., y Zamora, Rubén A. - Cosecha de campeones. Historia del box mexicano II, 1961-1999. Editorial Clío Libros y Vídeos, S.A. de C.V., México, abril 2000)

lunes, 13 de enero de 2020

Vicente Saldívar


A pesar de ser zurdo
Los primeros años de la década del sesenta le guiñarían el ojo a uno de los boxeadores más técnicos, cerebrales y disciplinado que nunca haya tenido el boxeo en México: hablamos de Vicente Saldívar, el "Zurdo de Oro". En 1960, como amateur, consiguió el título pluma del Distrito Federal, el nacional, el campeonato de los Guantes de Oro y representó a Mexico en las Olimpiadas de Roma. Contaba apenas con 17 años de edad.
Aún así, para los entrenadores no dejó de ser más que un aplicado púgil amateur con el agravante de ser zurdo, salvo para Adolfo "Negro" Pérez, quien pagó por el derecho de dirigirlo la cantidad de 5,000 pesos -aunque hay versiones que hablan de 14,000. Monto considerable porque se trataba, si acaso, de una promesa. Pero el "Negro" ya tenía al muchacho y sólo faltaba prepararlo para conseguir un campeonato.
El lanzamiento de Saldívar al profesionalismo atrajo la atención de la prensa. Al muchacho se le conocía como amateur y los medios declaraban que, a pesar de ser zurdo, era un "peleador muy espectacular", o "no por ser zurdo es peleador apagado y difícil". Los promotores no eran del gusto de contratar a púgiles cuya arma principal fuera su puño izquierdo.
Para casi todos los boxeadores, la provincia representaba la plaza del fogueo. Así, en febrero de 1961 Vicente debutó con un nocaut en el tercer asalto a Babe Palacios en la ciudad de Iguala, Guerrero. Sostuvo peleas en Oaxaca, León, Acapulco y Huachinango antes de hacer su debut en la capital del país. En todas sus peleas había despachado a sus contrincantes por la vía rápida. No había duda de su poderío, pero Saldívar no conseguía atraer a la afición.
Nocaut tras nocaut, Vicente se fue abriendo el espacio para la pelea grande a nivel nacional. El 8 de febrero de 1964 no tuvo problemas para vencer a Juan Ramírez, campeón del país en peso pluma, al cual derrotó de manera fulminante en el segundo asalto. Sin embargo, no hubo celebraciones frenéticas para el nuevo monarca.
Su trayectoria fue impresionante, no sólo por su golpeo demoledor, sino porque su pelea profesional número 25 se realizó bajo los reflectores que iluminaban el escenario de una pelea de campeonato mundial. El 26 de septiembre de 1964, se enfrentaba a un ídolo del pueblo mexicano: Ultiminio Ramos.

"Respetable público: me retiró del box"
La entrevista con Saldívar representaba la cuarta defensa del título de Ramos. A uno de los retadores lo había noqueado y con los otros dos alcanzó el triunfo por decisión. Éstas dos últimas peleas le habían restado a Ultiminio su fama de pegador fulminante. Sin embargo, nadie podía decir que la dinamita de sus puños estaba mojada. Saldívar había derrotado a todos sus oponentes por nocaut el año anterior, 1963. Aunque en sus últimas dos salidas obtuvo la victoria por decisión. Se encontraban en el ring dos boxeadores que podían acabar la pelea de un momento a otro. La seducción del nocaut atrajo a miles al coloso de Cuatro Caminos.
Eran tiempos de dedicatorias incuestionables. Las peleas estaban brindadas a algún personaje público casi por reglamento. Saldívar le dedicó la pelea al presidente López Mateos y al gobernador de Guanajuato. Los otros dos mexicanos que actuarían en la función eran el "Canelo" Urbina y José Medel, quienes brindaron su pelea al presidente municipal de Coronel, Guanajuato, y a Raúl Salinas Lozano, secretario de Industria y comercio, respectivamente. Al encuentro acudieron López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, ya entonces presidente electo. La taquilla fue un éxito.
Nunca en la historia del deporte se había recaudado tanto dinero: casi 1,850,000 de aquellos pesos.
Ultiminio llegó como favorito. En sus entrenamientos generaba una gran atención del público. Saldívar era un muchacho callado y disciplinado. En su gimnasio no era común tener una multitud arremolinada para verlo practicar. Dos estilos distintos de boxear, dos personalidades opuestas se enfrentaban ese 26 de septiembre de 1964.
La pelea empezó pareja. No se hicieron daño en los primeros cuatro rounds. A partir de quinto, el retador tomó la iniciativa, aunque estuvo a punto de caer en el octavo. El décimo asalto fue claramente para Saldívar el de Matanzas recibió una verdadera paliza. El undécimo round fue la conclusión del anterior. Entre las cuerdas y el retador, se encontraba un campeón que era molido a golpes. Se encendieron los focos rojos y la pelea concluyó. Saldívar era campeón del mundo. Tenía 21 años.
Saldívar se convirtió en un ejemplo de la disciplina boxística. Se preparaba a conciencia antes de cada pelea y no aceptaba visitas en sus entrenamientos. Tal vez por eso nunca alcanzó los niveles de idolatría de un Macias, un "Toluco" o un "Pájarito" Moreno. Pero Vicente daba un aviso al mundo del boxeo: el ring no estaba para dar sorpresas o golpes de suerte; la preparación y el cuidado personal se convertían en elementos centrales para un pugilista. El box estaba cambiando.
Las peleas que sostuvo en adelante fueron exclusivamente para defender su cinturón mundial pluma. Lo hizo exitosamente en ocho ocasiones.
Su retiro fue perfecto. El 14 de octubre de  1972 defendió su corona mundial de peso pluma ante el galés Howard Winston -a quien ya había derrotado un par de veces- en el Estadio Azteca. Momentos después de que el réferi detuvo la pelea en el duodécimo asalto y declaró a Saldívar vencedor, el campeón pidió el micrófono y dijo con acento sereno: "Respetable público. Me retiro del box. Muchas gracias." Posteriormente, ya en vestidores, confirmó: "Me voy entero."
Unos dijeron que se retiraba un gran campeón. Otros afirmaron que nunca demostró serlo, pues sus contrincantes no estaban a la altura del universo pluma. Lo cierto es que fue el boxeador más sólido que había tenido México hasta entonces.

(Tomado de: Maldonado, Marco A., y Zamora, Rubén A. - Cosecha de campeones. Historia del box mexicano II, 1961-1999. Editorial Clío Libros y Vídeos, S.A. de C.V., México, abril 2000)

lunes, 26 de agosto de 2019

Ultiminio Ramos, la Pantera Negra



Ultiminio Ramos, la “Pantera Negra”


Al otro lado del Río Bravo estaba California; más allá del Golfo de México, la isla de Cuba. Mencionar estas dos regiones en los años cincuenta representaba hablar de box y de beisbol. Pero nuestro país sólo estaba en condiciones de competir en estas geografías con los pugilísticos guantes. Antes del triunfo de su Revolución en 1959, la rivalidad boxística entre México y Cuba era patente. Los nuestros viajaban a la isla y los cubanos regresaban la visita. A Mérida llegaron Diego Sosa y Mik Acevedo, y en la capital del país se presentaron “Lagartija” Reyes y Miguel Lassus. En la Habana causó sensación el púgil de Reynosa, KidAnáhuac”, cuyos combates contra Puppy García mantenían en suspenso a medio Cuba.
Con la victoria de los revolucionarios, Fidel Castro -el nuevo presidente de la isla- llevó a cabo profundas reformas en las estructuras sociales y económicas del país. Al deporte también le llegaron sus cambios. El gobierno revolucionario prohibió el ejercicio profesional de toda actividad deportiva. Muchos boxeadores decidieron, entonces, salir de la isla y buscar en otros lugares el dinero que proporciona la carrera de las orejas de coliflor.
El chachachá pugilístico llegó a México y para fines de 1961 la afición azteca vio desfilar a Luis Manuel Rodríguez, Pastor Marrero, Ultiminio Ramos, “Chuchú” Gutiérrez, Robinson García, Douglas Vaillant y José Legrá. Hubo boxeadores malos, buenos y fantásticos.
[...]
Llegó a México en 1961. Su récord era impresionante: cuatro años en el profesionalismo, invicto en 28 peleas -con sólo un empate ante Ike Chesnut-, 22 ganadas por la vía del cloroformo. En febrero de 1960 alcanzó el título cubano de los pesos pluma. Para fines de ese año era el segundo en su peso a nivel mundial. Peleó en Venezuela, Panamá y luego cayó en nuestro país, donde cosechó triunfo tras triunfo. Ese 1961, Ultiminio no dejó títere sin cabeza.
Después de su polémico debut en estas tierras ante Juan Ramírez, su estampa -”auténticamente boxística”- lució en espectaculares y sangrientos encuentros, sobre todo los que sostuvo ante Alfredo “Canelo” Urbina y KidAnáhuac”. Hacía tiempo que la afición mexicana no se metía de lleno al deporte de los puños. Los cubanos vinieron a revivir esa apagada determinación de los nuestros que, aunque derrotados por los caribeños, dieron muestras de coraje y valentía en el ring.
Ultiminio nació en Matanzas en 1941 y para nadie era un secreto en aquella tierra que su primer maestro de boxeo fue su hermana mayor. La vida en el barrio donde creció era dura por la cantidad de pandillas que se enfrentaban constantemente. Su hermana recuerda los pleitos del barrio: “Yo, a los once años, era capitana de una pandilla pero nuestros pleitos no eran a cadenazos ni con navajas para malherir a alguien, sino a golpes, haciéndose hombres los hombres y defendiéndonos bravamente las mujeres.” Bajo esas circunstancias se iría puliendo la infancia de Ultiminio.
Estaba hecho a la medida de la afición azteca:”Gran presencia sobre el ring, un estilo emotivo, sensacional, boxea estupendamente y cuando ataca es un rayo mortífero.” Y aunque era de una exagerada presunción, los fanáticos se le entregaron sin reserva. El público lo empezó a llamar “Pantera Negra”, Sugar Ramos y el “Huracán Cubano”.
Antes de conquistar el trono mundial de los plumas frente a Davey Moore, Ultiminio era ya el “Mexicano”, ídolo de las multitudes.



(Tomado de: Maldonado, Marco A., y Zamora, Rubén A. - Cosecha de campeones. Historia del box mexicano II, 1961-1999. Editorial Clío Libros y Vídeos, S.A. de C.V., México, abril 2000)