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sábado, 12 de octubre de 2019

40,000 niños tuberculosos, 1940

40,000 niños tuberculosos concurren a las escuelas


*Problema alarmante
*Son enfermos en “estado no contagioso”, pero de todas maneras es un peligro latente .-Esfuerzos para detener el avance del mal.


(2 de agosto de 1940)


El 20% de la población escolar del Distrito Federal se encuentra en estado tuberculoso ya que son 40,000 de los 200,000 niños que concurren a las escuelas, los que, de acuerdo con los exámenes hechos por la Secretaría de Educación Pública, padecen la peste blanca, “en estado no contagioso”, se nos dijo, porque las lesiones causadas por este bacilo de Koch no están abiertas, pero de todos modos existe un peligro latente.
En el dispensario antituberculoso sito en el Centro Escolar Revolución se han estado haciendo estudios en los últimos días que indican la urgencia de internar inmediatamente a dos mil pequeños en franco estado tuberculoso que necesitan tratamiento rápido o, de lo contrario, están condenados a morir.
si se hiciera un cálculo sobre el porcentaje de niños tuberculosos en el Distrito Federal, y no solamente de los que concurren a las escuelas, los datos obtenidos acusarían más de 40% de lesionados. Con el objeto de obtener informes más amplios de este problema que aumenta pavorosamente la mortalidad infantil, recurrimos al doctor Salvador Ojeda, jefe del Departamento de Psicopedagogía de Educación Pública. Nos dijo que es realmente alarmante el número de pequeños tuberculosos ante cuyo problema la dependencia citada trata de realizar los esfuerzos que disminuyan las víctimas. Pero a pesar de las campañas, dispensario y sanatorios que se pongan en servicio, el remedio siempre resultará insignificante. “Es como una gota de agua en el desierto” y aun cuando existen los mejores deseos para combatir el mal, se necesitaría mucho entusiasmo y buena fe para evitar que la peligrosa enfermedad siga desatándose con perfiles fatales, nos dijo.
En el Preventorio Antituberculoso de Tacubaya se cuenta con 125 camas, ocupadas totalmente. A diario se presentan innumerables peticiones de padres de familia que requieren atención para sus pequeños. Esto ha originado el estudio de un proyecto que el Gobierno llevará a cabo en el presente año y para cuya realización van a destinarse más de dos millones de pesos. En primer término se levantará una escuela-granja de restitución; la ampliación del Preventorio en el Parque Lira hasta contar con 500 camas; la adquisición de un aparato portátil de rayos equis que puede llevarse de escuela en escuela para examinar a los escolares y principalmente la construcción de un gran sanatorio antituberculoso, destinado en especial a la población escolar y cuya realización se ha acordado también por el Comité de Lucha contra la Tuberculosis. Cooperará en forma muy importante la Secretaría de la Asistencia Pública, la cual se ha manifestado en la mejor disposición de beneficiar a los pequeños. 
El doctor Ojeda sonrió levemente cuando le preguntamos la causa de este verdadero desastre. “No comen, -nos dijo-, y viven en condiciones terribles. Cientos de pequeños se presentan a las escuelas sin haber desayunado. En fin, agregó, las causas usted las sabe, y las sabe todo el mundo. La tuberculosis de la niñez se debe a la miseria”.
La niñez mexicana y fuera del distrito Federal está desnutrida, padece simplemente hambre y falta de bienestar. Basta asomarse a las tinieblas de las vecindades abandonadas por Salubridad y el Departamento del Distrito para darse cuenta “de esas causas”. Los propietarios de una gran parte de las vecindades en las barriadas parecen los niños mimados a quienes se les exige apenas suavemente el cumplimiento de reglamentos de limpieza, higiene y construcciones mejores. Por otra parte, el Estado es incapaz económicamente de proporcionar alimentación también total a pequeños cuyos padres obtienen salarios tan exiguos que no pueden dar de comer a sus hijos.
El doctor Salvador Ojeda estima, sin embargo, que aun cuando el esfuerzo es insignificante debe hacerse y cree que los diversos sectores de la sociedad deberán fijarse, “antes de distraer su atención en asuntos de política”, en que el problema de la niñez es fundamental para el país. “La cooperación a resolver este problema -agregó nuestro entrevistado-, debe provenir de elementos particulares y oficiales”. ¿Y la tuberculosis en la población infantil de la República? El conocimiento del porcentaje es sencillamente pavoroso.


(Tomado de: Hemeroteca El Universal, tomo 3, 1936-1945. Editorial Cumbre, S.A. México, 1987)

sábado, 1 de diciembre de 2018

El temazcal

El temascal o hipocausto mexicano
 
 
 
Poco menos frecuente era entre los mexicanos y demás naciones de Anáhuac el baño de temazcalli, el cual siendo digno por todas sus circunstancias de particular mención en la historia de México, no la ha merecido a ninguno de los historiadores, entretenidos por lo común en descripciones de menor importancia; de suerte que si no se hubiera conservado hasta hoy entre los americanos aquel baño, se hubiera perdido enteramente su memoria. El temazcalli o hipocausto mexicano se fabrica por lo común de adobes. La hechura es semejantísima a la de los hornos de pan, con la diferencia de no estar construido sobre terraplén, sino al haz de la tierra; su mayor diámetro es de unas tres varas castellanas, su mayor altura un poco más de dos. Su entrada, que es también semejante a la boca de un horno, tiene la amplitud suficiente para que un hombre pueda entrar cómodamente en cuatro pies. En la puerta opuesta a la entrada tiene una hornilla con su boca hacia afuera por donde se le mete el fuego, y un agujero arriba por donde respira el humo. La parte por donde la hornilla se une a la bóveda del hipocausto, que es un espacio como de una vara en cuadro, está cerrada a piedra seca con tetzontli o con otra piedra porosa. El pavimento del baño es un poco convexo y como un palmo más bajo que el suelo exterior, la cual depresión comienza antes de la boca o entrada del baño. Junto a la clave de la bóveda tiene un respiradero como el de la hornilla. Esta es la estructura común del temazcalli, que representamos en la lámina del mismo; pero en algunas partes se reduce a un pequeño edificio o choza cuadrilonga, y sin bóveda ni hornilla pero más abrigada.

Cuando llega la ocasión de bañarse se mete en el baño una estera, una vasija de agua y un buen manojo de hierbas o de hojas de maíz; se enciende fuego en la hornilla y se mantiene ardiendo hasta dejar perfectamente inflamadas las piedras porosas que dividen el baño de la hornilla. El que ha de bañarse entra por lo común desnudo y las más veces o por enfermedad o por mayor comodidad lo acompaña alguno de sus allegados. En entrando cierra bien la puerta dejando un rato abierto el respiradero de la bóveda para evacuar el humo de la leña, que de la hornilla se insinúa en el baño por las junturas de las piedras. Después de cerrado este conducto apaga con agua las piedras inflamadas de las cuales se levanta inmediatamente un denso vapor que ocupa la región superior del baño. Entre tanto que el enfermo se mantiene tendido en la estera, su doméstico (si ya no lo hace él mismo por su mano) comienza a llamar el vapor hacia abajo con el manojo de hierbas un poco humedecidas, y a azotar suavemente al enfermo y en especial en la parte doliente. El enfermo prorrumpe inmediatamente en un dulce y copioso sudor, el cual se promueve o modera a proporción de la necesidad. Conseguida la evacuación deseada se da libertad al vapor, se abre la puerta del baño y se viste al enfermo o es transportado en su misma estera y bien cubierto a su cámara; pues regularmente se continúa el baño con la habitación, y tiene su entrada a algunas piezas interiores de la casa para mayor resguardo de los que se bañan.

Ha sido en todo tiempo muy usado este baño para varias especies de enfermedades, especialmente para fiebres ocasionadas de constipación de los poros. Lo usan comúnmente las mujeres después del parto y aun los que son mordidos o picados de animal ponzoñoso con buen efecto, y no hay duda de que es un remedio excelente para los que necesitan evacuar humores crasos y tenaces. Cuando se pretende del enfermo un sudor más copioso del que produce regularmente el baño, lo elevan del pavimento y lo acercan más al vapor, porque es mayor el sudor a proporción de la mayor elevación. Es hasta hoy tan común el temazcalli, que no hay población por pequeña que sea, que no tenga muchos.
 
 
(Tomado de: Francisco Javier Clavijero - Historia antigua de México)